El viejo Almacén. BsAs

Surplus Approach

“Es necesario volver a la economía política de los Fisiócratas, Smith, Ricardo y Marx. Y uno debe proceder en dos direcciones: i) purgar la teoría de todas las dificultades e incongruencias que los economistas clásicos (y Marx) no fueron capaces de superar, y, ii) seguir y desarrollar la relevante y verdadera teoría económica como se vino desarrollando desde “Petty, Cantillón, los Fisiócratas, Smith, Ricardo, Marx”. Este natural y consistente flujo de ideas ha sido repentinamente interrumpido y enterrado debajo de todo, invadido, sumergido y arrasado con la fuerza de una ola marina de economía marginal. Debe ser rescatada."
Luigi Pasinetti


ISSN 1853-0419

Entrada destacada

Teorías del valor y la distribución una comparacion entre clásicos y neoclásicos

Fabio PETRI   Esta obra, traducida por UNM Editora, ha sido originalmente editada en Italia con el título: “Teorie del valore e del...

26 jul 2011

El mundo al revés europeo: ¿Por qué el enesimo acuerdo europeo es un paso atrás?




por Sergio Cesaratto

¿Cómo juzgar el enésimo acuerdo europeo “para salvar a Grecia'', fechado para el jueves 21 de julio? Los mercados financieros ya han dado su veredicto: el viernes 22, el diferencial entre el bono del tesoro italiano a diez años y de los bonos alemanes era todavía de 258 puntos básicos (2,58%), un nivel insostenible para las finanzas públicas italianas.
La siguiente semana se ha iniciado (en el momento de escribir este documento) con la degradación de la deuda soberana griega de nuevo por Moody , y se extiende aún más con los bonos italianos y españoles. Estos habían saltado más de 300 puntos a principios de julio, y no cayeron mucho después de las medidas restrictivas fiscales adicionales del gobierno italiano. Los mercados se dan cuenta de la inutilidad de estas maniobras que sólo deprimen las economías en un esfuerzo de Sísifo "para reequilibrar la situación, lejos de resolver los desequilibrios europeos que están en el origen de la crisis.1)

Los dos principales aspectos del acuerdo son los siguientes:
-la participación de la banca privada en el alivio de la carga de la deuda griega;
-la ampliación del rango de actividad del Fondo Europeo de Estabilidad Financiera (EFSF), creado en mayo de 2010 con mejores condiciones de crédito a los tres pequeños países de la periferia, Grecia, Irlanda y Portugal (GIP), y nuevas tareas.

No voy a decir mucho sobre el primer punto. Los bancos europeos han aceptado una reestructuración limitada de sus créditos y un pequeño corte de pelo . Que el costo del ajuste recaiga sobre los beneficios de los bancos es positivo. No estoy seguro de que esto ocurra, no de todos modos en la escala requerida. Curiosamente, la mayor parte de las pérdidas se imponen a los bancos griegos, y muy poco a los bancos alemanes y franceses.

El EFSF (y el Mecanismo Europeo de Estabilidad-ESM que reemplazará al anterior en 2013) es un fondo financiado por los gobiernos europeos y creado con el fin de sostener la deuda soberana de la periferia europea, como lo hizo con Grecia, Irlanda y Portugal desde el pasado mes de mayo . Cabe destacar que el año pasado, el BCE también intervino para sostener la deuda soberana de los PIGS, pero en 2011 se ha abstenido de tomar medidas (en principio prohibidas por los Estatutos Europeos). Después de que el reciente acuerdo de la EFSF que en primera instancia, era proporcionar un nuevo préstamo a Grecia y reprogramar los préstamos anteriores a GIP bajando la tasa de interés hasta el 3,5%. Esto sería positivo, si no fuera por el hecho de que Italia y España debieron incrementar su propia deuda, pagando tasas de interés del orden del 6%, para prestar a GIP al 3,5% (al contrario del Tesoro Alemán que puede cobrar el dinero al 2% y prestar al 3,5%).

La fragilidad de la EFSF es de hecho patente: el endeudamiento griego se mantiene vivo por el aumento de la deuda italiana y española, un círculo vicioso. Por esta razón, en mayo pasado, dijimos que la única novedad en Europa es que el BCE estaba tímidamente empezando a intervenir (pero, como hemos dicho, por un corto tiempo).
Sobre estas bases frágiles, el SESF ha asignado nuevas tareas: mantener la capitalización de los bancos, siempre que sea necesario, e intervenir en el mercado abierto para mantener los bonos soberanos siempre que el BCE lo crea necesario - supuestamente en el caso de la dramática turbulencia financiera. En esto los gobiernos europeos han completado su obra de arte de poner el mundo al revés: tradicionalmente, es la autoridad fiscal, que pide al banco central, con su armamento ilimitado, para intervenir. En Europa es todo lo contrario - increíble, pero cierto.

Finalmente, para completar la obra maestra, la EFSF incluso ha garantizado que el BCE va a cubrir cualquier pérdida de capital que podría incurrir si los bonos griegos comprados el año pasado (cuando se intervino tímidamente) fuesen a default. Por lo general, es el banco central que garantiza la deuda soberana, y no al revés (con el Tesoro garantizando a los activos de los bancos centrales). Quos Deus vult perdere, dementat prius (“Los dioses enloquecen pronto a los que desean perder”).

Así que el verdadero ganador en el acuerdo europeo, un ganador pírrico, por supuesto, es que el BCE (ver New York Times). El BCE definitivamente puede lavarse las manos sobre intervenir para sostener, como corresponde a un banco central, la deuda soberana europea.

Por lo tanto, puede volver a su papel de cazador de cualquier fantasma de inflación, especialmente en Alemania, un papel que este país quiere para el BCE, ya que es esencial para salvaguardar su modelo mercantilista. En un trabajo notable, Guido Tabellini (aquí y aquí) rompió las filas de los conservadores de Chicago-Harvard-Bocconi conexión italiana (Alesina, Perotti, Zingales, Giavazzi), que apoyan la idea de una “restricción fiscal expansionista”, que tienen por objeto el dar un papel activo al BCE para calmar los mercados. Pongo este artículo en mi blog bajo el título de ''Tabellini visita el Instituto Levy”.
Tan claramente sostenido por Mallaby en el Financial Times comentaba el acuerdo europeo:
''
La verdad es que, incluso en Estados Unidos, la crisis de crédito se realiza principalmente por el banco central. En los oscuros días después de la caída de Lehman, Hank Paulson, secretario del Tesoro, le pidió al Congreso $ 700 mil millones de rescate de los fondos. Se lo dio - pero no antes de hacer entrar en pánico a los mercados por el rechazo de la primera vez.

Incluso entonces, la intervención del Tesoro fue superada en forma masiva por la Reserva Federal, que bombeó $ 3.300 millones a los mercados en dificultades. Resulta que los mejores prestamistas de última instancia son, de hecho, los prestamistas tradicionales de última instancia, los bancos centrales que no tienen que lidiar con los parlamentos lentos, pero que pueden imprimir dinero. Su responsabilidad por la estabilidad financiera es sin duda igual a la de su responsabilidad de combatir la inflación. De hecho, los europeos que miran con envidia a los EE.UU. Cabe recordar que, cuando la Reserva Federal fue establecida en 1913, su objetivo central fue la crisis de crédito ....

Si el BCE de Jean-Claude Trichet realmente imitara a la Fed, la proteccion de Italia y España, se podría establecer de inmediato. Simplemente podría declarar que está dispuesto a comprar bonos soberanos emitidos por ambos. La combinación de la deuda neta soberana de Italia y España es de unos € 2.200 bn. Mr. Trichet podría plausiblemente prometer comprar todo el lote - lo que garantizaria que nunca lo tenga que hacer 2)
.

Por lo tanto, no sólo se hizo el reciente enésimo acuerdo Europeo que no aporta una solución satisfactoria, sino que también fue un paso atrás en dejar que el BCE permanezca en su espléndido aislamiento. Mas aun se espera, irresponsablemente, incrementos de la tasa de interés del BCE en el futuro próximo.

Muchas soluciones inteligentes se han presentado para tapar la crisis europea, incluidas las realizadas por Varufakis-Holland. La idea básica consiste en transferir una parte sustancial de las deudas de los Estados miembros a una autoridad europea, transformándola en una deuda europea. Esto llevaría, de acuerdo con los proponentes, a menores tasas de interés tanto en la nueva deuda europea conjunta (que se ha re-financiado mediante la emisión de los famosos eurobonos), 3) y en las por ahora más manejables deudas locales restantes. No estamos seguros, sin embargo, que incluso sin la garantía de una política monetaria acomodaticia de un nuevo BCE, esta adecuada solución podría funcionar apropiadamente.

Sólo un proactivo banco central, prestamista de última instancia de los Estados y los bancos, puede proteger a la deuda soberana de los momentos de pánico financiero (y una enorme deuda europea, sin un Estado federal detrás de él, con un poder tributario propio, probablemente sería más frágil).Sea como sea, paradójicamente, tapar la crisis financiera sería la parte más fácil de la solución de la crisis europea.

De hecho, los planes inteligentes y un banco central proactivo puede tampón de la situación, pero no puede resolver la falla de origen de la Unión Monetaria Europea (UEM): el bloqueo de una serie de economías muy diversas, que históricamente se basó en los ajustes del tipo de cambio para equilibrar sus las relaciones comerciales, en una especie de esquema de patrón oro. Reorientar esta situación requeriría de mucho más: un plan de inversión europeo, 4) políticas proactivas fiscal y monetaria, un cambio del modelo mercantilista alemán. Sólo una rebelión, sobre todo de los jóvenes educados de Europa del Sur, podría mover las cosas en la dirección correcta. Pero el colapso de la UME puede ser más rápido.

[1] Para los que puedan leer italiano, hay una serie de contribuciones mias y de otros colegas no ortodoxos italianos sobre la crisis europea se encuentran en http://politicaeconomiablog.blogspot.com/ y www.economiaepolitica.it. Aportes más académicos en Inglés están aquí y aquí.
[2] Para confirmar esto, el jueves 12 de julio, los rumores de una intervención del BCE para frenar un ataque especulativo contra la deuda soberana italiana. El BCE no ha intervenido realmente.
[3] Los Estados miembros pueden por supuesto, seguir pagando los intereses de las partes de su deuda se han transferido a las elecciones europeas.

[4] En este sentido, el acuerdo europeo retóricamente menciona un plan Marshall para Grecia: put your money were your mouth is como los anglosajones dirían.



English version: Ideas

25 jul 2011

Sobre las Fluctuaciones del Producto y la Inversión: Aquiles y la Tortuga









Por Eduardo Crespo*




En su furibunda respuesta a Fabián Amico, José Tapia indica que existen pruebas muy fehacientes de que la inversión fluctúa más que el producto, es decir, estaría probado que la inversión crece más que el producto durante las expansiones y que cae más que éste en períodos de contracción. Tapia coloca esta evidencia como prueba de que es la inversión quien determina al producto y no a la inversa. Lo apuntado por Tapia es un hecho estilizado que está fuera de discusión. Sin embargo, no es una prueba de la causalidad apuntada por él. Es decir, que la inversión fluctúe más que el producto no indica que la misma ‘cause’ el producto o que el crecimiento del producto sea una variable dependiente de la tasa de ganancia normal.
Veamos el asunto con un poco más de detalle. Tenemos la conocida ecuación referida del crecimiento del stock de capital:

s/v u=gk
s=S/Y
v=K/Y*
u=Y/Y*

Donde ‘s’ es la tasa de ahorro; ‘S’ el ahorro agregado; ‘Y’ el producto efectivo; Y* el producto normal para un dado stock de capital; ‘K’ el stock de capital agregado; ‘v’ la relación capital-producto normal (porque está referida al producto normal); ‘u’ el grado de utilización de la capacidad productiva; ‘gk’ la tasa de crecimiento del stock de capital.

Para ejemplificar la cuestión partimos de una situación en la cual el grado de utilización es normal, es decir, asumimos u=1 (Y=Y*). Supongamos que s=0,1 y que v=2. Es decir, tenemos una tasa de ahorro del 10% del producto y la relación capital-producto normal es igual a 2. También para simplificar asumamos que el stock de capital no se desgasta, es decir, la tasa de amortización es nula.

Si con estos datos colocáramos la condición de que el grado de utilización se mantiene en su nivel normal (u=1) período tras período, la economía y el stock de capital estarán creciendo al 5% de un período al otro. Hasta ahora sólo hemos definido las condiciones de un crecimiento del producto con grado de utilización normal sin establecer ninguna relación de causalidad. Introduzcamos, entonces, una relación de causalidad. Pongamos que la inversión persigue al producto, argumento que defiende Amico y que rechaza Tapia. Supongamos que de un período al otro, por cualquier motivo, el producto pasa a crecer a una tasa mayor al 5%, por ejemplo, al 10%.

Si no modificamos ningún otro dato, de un período al otro el producto (Y) habrá crecido un 10%, el stock de capital (K) lo habrá hecho en un 5,5%, es decir, gk=0,055 (s=0,1; v=2; u=1,1), y el grado de utilización acabó siendo mayor al normal (u>1).

Al inicio del período siguiente el stock de capital, y consecuentemente el producto normal (Y*), son mayores, como ya se indicó, en un 5,5%. Si quienes deciden las inversiones desean que su nivel de utilización de la capacidad instalada sea normal, lo lógico es que aumenten su tasa de inversión (I/Y=S/Y). Ahora bien, ¿a qué nivel deberían hacerlo? Si el producto sigue creciendo al 10% período tras período, lo lógico sería aumentar la tasa de inversión hasta un nivel gracias al cual el stock de capital pueda alcanzar aquel nivel que garantiza una utilización normal de la capacidad.


Veamos algunos ejemplos, si la tasa de inversión ahora pasa a ser del 20% (s=0,2), el volumen agregado de inversión estará creciendo al 10% todos los períodos. Sin embargo, a dicha tasa el stock de capital NUNCA va a alcanzar aquel nivel que garantiza una utilización normal. Y el motivo es que en el período inicial bajo análisis el producto creció más que dicho stock, y a partir de ahí, para tasas de crecimientos idénticas (10%), la diferencia inicial no se recupera jamás. Para que el stock de capital alcance dicho nivel el volumen de inversión, al menos durante un tiempo, debería crecer a una tasa MAYOR al 10%.

Y esto es precisamente lo que muestra la evidencia empírica apuntada por Tapia. Es decir, que durante las expansiones el volumen de inversión crece a una tasa MAYOR que el producto. El razonamiento es simétrico para el caso en el cual el producto pasa a crecer a una tasa menor de un período al otro. En esta situación, si el grado de utilización va a tender a retornar a su nivel normal, lo es esperable sería que el volumen de inversión crezca a una tasa aún MENOR a aquella del producto al menos por un cierto período de tiempo. Y esto, también confirmaría lo apuntado por Tapia: durante las desaceleraciones la inversión crece a una tasa MENOR al producto.


Una explicación más simple

Podemos explicar todo esto con un ejemplo más simple y didáctico. Pongamos que tenemos una carrera entre dos contrincantes, otra vez, entre Aquiles y la Tortuga. Al inicio ambos arrancan a la misma velocidad, pongamos, a 10 Km por hora, y se mantienen en la misma línea. En algún momento del recorrido Aquiles acelera y aumenta su velocidad a 12 Km por hora y le saca una determinada ventaja, una distancia, a la Tortuga.

Si la tortuga empieza a correr también a 12 km/h la distancia entre ella y Aquiles dejará de aumentar, pero no se va a reducir hasta tanto la tortuga no corra a una velocidad MAYOR a 12 km por hora…
De igual modo, si ambos arrancan a 10 km/h y en un punto del recorrido Aquiles desacelera y empieza a correr a 8 Km por hora, la tortuga le sacará una determinada distancia. Si luego la tortuga también empieza a correr a 8 Km por hora, la distancia que inicialmente le sacó a Aquiles se mantendrá contante hasta tanto la tortuga decida correr a una velocidad MENOR a 8 km por hora…

En síntesis el PERSEGUIDOR (o furgón de cola) verá obligado a correr a velocidades mayores, o menores, que su PRESA en la medida en que ésta se le escale y se le quede rezagada… Y si observamos las trayectorias respectivas vamos a comprobar que quien persigue acelera o desacelera en forma más pronunciada que su presa…

En otras palabras, la evidencia que Tapia ofrece a su favor es perfectamente compatible con la idea de que la inversión sigue al producto ‘como furgón de cola’, es decir, con aquello que indica el acelerador.

Ahora bien, ¿compatibilidad en este caso indica causalidad? ¿Esta evidencia empírica podría también ser compatible con la idea de que es el producto el que sigue a la inversión?
Sí, siempre y cuando podamos observar las siguientes situaciones:

1) Durante las expansiones el grado de utilización (u) debería DISMINUIR.
2) Durante las contracciones (y desaceleraciones) el grado de utilización debería AUMENTAR….

Si alguien encuentra evidencia empírica de esto último habría que darles la razón a Tapia y Astarita… Entre los marxistas que defienden estas nociones rara vez se distingue entre tasa de ganancia normal y efectiva, el grado de utilización de la capacidad en general nunca se menciona, etc. En fin, es sorprendente que buena parte de la profesión (¿por motivos ideológicos?) haya abandonado algo tan simple e intuitivo como el acelerador para reemplazarlo por nociones tan ridículas como el crecimiento profit-led.


*Profesor de la Universidad Federal de Rio de Janeiro

24 jul 2011

Sobre Apagones, Ley de Say y Economías Profit-led






por Fabián Amico


José Tapia ha realizado diversas críticas a un reciente texto mío sobre la relación entre ciertas visiones marxistas y el crecimiento de las economías capitalistas (ver). En primer lugar, me critica que adjudico a Marx la posición de que el nivel de producto viene dado por la Ley de Say. Como es sabido, Ricardo y James Mill sostuvieron que los desajustes de la producción, con algunos sectores con excesos de oferta y otros (contrabalanceando) con excesos de demanda, son de naturaleza transitoria. Solo Malthus, entre las figuras prominentes de la época, creía que los excesos de oferta podían ser persistentes, pero se basó en un razonamiento defectuoso.

Marx criticó abiertamente a Ricardo y su posición sobre la Ley de Say. Consideró que el dinero es un determinante crucial de la posibilidad de un “exceso generalizado de mercancías”. Dada la famosa secuencia D – M ... P … M´- D´, las dos fases (D – M y M´- D´) ya no necesariamente deben coincidir en el tiempo como en el trueque. Y no hay razón para que esto resulte confinado a unos pocos sectores y no se traslade al agregado. En la visión de Marx, Ricardo podía rechazar esta posibilidad solo negando que el capitalismo es un sistema monetario.

Pero las diferencias entre Marx y Ricardo tienen menos que ver con la estructura teórica subyacente (Garegnani, 1984), que con el peso asignado a ciertos rasgos institucionales del capitalismo (los mercados de dinero y crédito) que impedirían un ajuste suave. En cualquier caso, Marx consideraba las crisis como desviaciones temporarias (aunque inevitablemente recurrentes) respecto de la posición "normal" o del sendero caracterizado por la igualdad de oferta agregada y demanda agregada (Mongiovi, 1990). Como escribió el propio Marx:

“Cuando Adam Smith explica la caída en la tasa de ganancia por una sobreabundancia de capital, está hablando de un efecto permanente y eso está mal. En contraste con esto, la transitoria sobreabundancia de capital, el exceso de producción y las crisis son algo diferente. Crisis permanentes no existen” (Marx, 1861-3, énfasis agregado).

Dumenil & Levy (1999), por ejemplo, tratan de explicar esta convergencia hacia un equilibrio de largo plazo articulada con las fluctuaciones y crisis cíclicas. Así, en Marx el nivel general de actividad “gravitaría” alrededor de ese equilibrio de largo plazo con una utilización normal de la capacidad productiva y, de hecho, la tendencia de la economía sería gobernada por la Ley de Say: la demanda determinaría los niveles de actividad en el corto plazo, pero en el largo plazo el crecimiento sería determinado por condiciones de oferta. Por tal razón, Marx y los clásicos (con excepción de Malthus) tenían opiniones similares acerca de la naturaleza temporal de la crisis, aún mostrando posiciones diferentes respecto de la Ley de Say (Ricardo y James Mill aceptandola sin condiciones, John Stuart Mill con una aceptación condicionada y Marx rechazándola abiertamente, pero sin abandonar su causalidad subyacente).

Una de las implicaciones de la Ley de Say es que si los capitalistas cometen un error y producen una cantidad mayor a la consistente con la demanda agregada ex ante, la demanda agregada ex post subirá y corregirá el error. Pero de acuerdo con la teoría keynesiana, un error ex ante de los empresarios llevará a una acumulación no deseada de inventarios y una consiguiente reducción en el nivel de actividad, hasta que el valor de la producción sea igual al gasto planeado. Dicho de otro modo: la Ley de Say afirma que cualquier nivel de producción que se produce se vende, mientras que la teoría de la demanda efectiva afirma que la economía tenderá a producir el nivel de producto que puede ser vendido.

Dado que el análisis clásico no da ninguna explicación del nivel de producto (agregado o sectorial), cobra relevancia la teoría de la demanda efectiva de Keynes y Kalecki para la determinación del nivel del producto agregado. En los clásicos y en Marx, la Ley de Say es una herramienta que permite identificar el equilibrio macroeconómico según el cual el ahorro iguala a la inversión. Y refleja el supuesto de que esta condición de equilibrio se alcanzará a cualquier nivel de producción. Pero una vez que se dispone de una verdadera teoría del producto, consistente con el modelo clásico, la Ley de Say ya no es necesaria para neutralizar la posibilidad de desequilibrios persistentes de este tipo.

En segundo lugar, Tapia objeta parte de mi crítica alegando que si bien el aumento de la inversión hace aumentar el producto, “el aumento de la inversión forma ya parte del aumento de la demanda agregada”. El mecanismo sería que el aumento de las ganancias induce un aumento de la inversión y esta estimula una suba en la demanda y el producto. Sin embargo, si la rentabilidad aumenta pero el mercado se contrae, ningún empresario va a instalar nueva capacidad productiva si no tiene a quién venderle. Si un capitalista tiene capacidad ociosa –como ocurre en las crisis y recesiones-, ¿por qué habría de arriesgar capital en la forma de equipos e instalaciones ante un mercado que se contrae? Ni Tapia ni Astarita pueden responder esta pregunta sencilla porque asumen la causalidad implicada en la Ley de Say (i.e., la oferta engendra la demanda).

Luego Tapia incurre en otra confusión. Cuando afirmo que la tasa de ganancia efectiva aumenta con la demanda (y por ende Tapia capta en sus test un efecto de la demanda sobre el grado de utilización) cree que estoy diciendo que las ganancias “son demanda” y hace toda una perorata sobre este punto. Volviendo a las cuentas nacionales (ver desarrollo en “Izquierda y economía vulgar: Marx no tiene la culpa”) tenemos:

r = (u/v) [1 – (w/p)l]

Donde la tasa efectiva de ganancia (r) depende inversamente de la tasa de salario real (w/p, dada exógenamente) y positivamente del grado de utilización de la capacidad (u). De este modo, la tasa de ganancia efectiva (r) varía positivamente con el nivel de utilización (u). En los auges el grado de utilización sube, y esto sube la tasa de ganancia efectiva. A la inversa, en las recesiones el grado de utilización cae, y con ello cae la tasa efectiva de ganancias. Lo que Tapia no alcanza a ver es que es la demanda la variable que actúa estimulando la inversión incidiendo sobre el grado de utilización.

Así, hay una correlación entre los niveles de utilización y la tasa de ganancia efectiva producto de las oscilaciones de la demanda agregada. Cuando Tapia se topa con el resultado estadístico según el cual la tasa de ganancia efectiva “explicaría” el nivel de inversión, en realidad está captando el impacto de la demanda sobre el nivel de utilización y de éste sobre la inversión. De modo que, en verdad, es la demanda (y no la ganancia) la que determina el ritmo y la forma de la acumulación de capital. Así, Tapia está capturando el efecto acelerador, es decir, la influencia la demanda sobre los cambios en el nivel de utilización y de éste sobre la acumulación de capital.

En tercer lugar, dice que yo sostengo que “la inversión no tiene el papel clave” que Astarita y él le atribuyen, al decir que “la inversión no es la locomotora del sistema, sino que es su furgón de cola”. Esto es falso. En un trabajo reciente, donde se explica el mecanismo del acelerador, por el cual la inversión reacciona ante la demanda, se dice:

“Este canal es fundamental para la política macroeconómica y para la estrategia de desarrollo porque la inversión es el principal canal de crecimiento del producto potencial y el mecanismo fundamental de impulso de la productividad y de la actualización tecnológica” (Amico, Fiorito; Hang, 2011, pág.71, énfasis agregado).

Al decir que la inversión es el “furgón de cola” del sistema se está aludiendo a la causalidad: la inversión aumenta porque la economía crece y no a la inversa. Es, por ende, una variable inducida. Tapia mismo considera a la inversión tan fundamental y endógena como yo, solo que él creé que es inducida por ganancias.

Curiosamente, como toda demostración de que la economía estadounidense es profit-led, dice que “caben muy pocas dudas” de ello (sic) y que “varios autores han dado un sí relativamente claro a esa pregunta”. OK, pero ¿es este un argumento? Tapia defiende el test de “causalidad” de Granger como si fuera un sinónimo de causalidad teórica. Sostiene que la prueba de Granger indica si los valores de una variable A se explican mejor con auxilio de los valores anteriores de la variable B. Y ofrece un ejemplo. Dice:

“…si la variable A son los apagones, las interrupciones del suministro eléctrico, y la variable B son las condiciones climáticas, es evidente que hay causalidad tipo Granger desde B a A, porque los apagones se explican a menudo por tormentas o periodos de temperaturas extremas, mientras que las condiciones del suministro de electricidad no contribuyen de ninguna forma a explicar las condiciones meteorológicas”.

Tapia confunde otra vez las cosas. La causalidad en el sentido de Granger refiere a una precedencia temporal, como surge del propio ejemplo. ¿O quizás Tapia creé que las tormentas son la causa de los apagones? En verdad, una tormenta no es condición necesaria para un apagón. Por eso dice “a menudo” (este punto me fue señalado por Nahuel Guaita en una crítica a Tapia). Quizás los problemas de mantenimiento del sistema eléctrico sean la causa de que en las tormentas se produzcan apagones. Luego Tapia me increpa: “¿Es que acaso cree Amico que la noción de causalidad no es aceptable?”. ¿Cuál causalidad?

Por último, Tapia no comprende mi frase “las ganancias (demanda) preceden a la inversión, en tanto la inversión no tiene por qué preceder a las ganancias (demanda)”. La frase significa simplemente que el test econométrico que él realizó puede interpretarse más adecuadamente de otro modo: en lugar de decir que las ganancias “causan” la inversión, podría entenderse perfectamente en el sentido de que la demanda “causa” la inversión, ya que –como se explicó- la demanda impacta sobre el grado de utilización y esto induce el aumento de la inversión (a su vez, no necesariamente la inversión precede o “causa” la demanda). Es decir, la variable omitida (la demanda efectiva en nuestro caso) es la que “causa” la suba de la inversión. Las tormentas no necesariamente producen apagones.


Referencias:

Amico, F., Fiorito, A. & Hang, G. (2011). “Producto potencial y demanda en el largo plazo: hechos estilizados y reflexiones sobre el caso argentino reciente”, Cefid-Ar, Documento de Trabajo Nº 35, Enero de 2011.

Duménil, G. & Lévy, D. (1999). ”Ser keynesiano en el corto plazo y clásico en el largo plazo”, Análisis Económico, 1999, XIV (segundo semestre).

Garegnani, P. (1984). "Value and Distribution in the Classical Economists and Marx," Oxford Economic Papers, Oxford University Press, vol. 36(2), pages 291-325, June.

Marx, K. (1861-3). “Theories of Surplus Value”, Chapter XVII, Ricardo’s Theory of Accumulation and a Critique of it. (disponible en http://www.marxists.org/archive/marx/works/1863/theories-surplus-value/ch17.htm). O en español, en Teorías de la plusvalía, tomo II, Edit. Cartago, 1975, pág. 426.

Mongiovi, G. (1990). “Notes on say's law, classical economics and the theory of effective demand”, Contributions to Political Economy (1990) 9,69-32.

"El modelo es conflictivo"


Reportaje a Eduardo Crespo

por Claudio Scaletta.

¿Qué significa ser un economista heterodoxo?
En términos muy generales puede decirse que heterodoxo en teoría económica es quien no comparte la visión dominante representada por la tradición marginalista y/o neoclásica, cuyo núcleo teórico principal es la teoría del equilibrio general. Pero una vez dicho esto debe aclararse que dicha definición abarca muchísimas tradiciones que son a veces contrapuestas unas con otras: post-keynesianos, kaleckianos, sraffianos, marxistas, schumpeterianos, evolucionistas, institucionalistas, etc. Hasta los llamados ‘austríacos’, quienes defienden el marginalismo a ultranza, se consideran a sí mismos ‘heterodoxos’ porque rechazan las actuales formulaciones del equilibrio general. Por otro lado, también debe aclararse que la ‘ortodoxia’ hoy en día no tiene nada de homogénea, ya que la integran numerosas vertientes que son a veces contradictorias entre sí.


¿Entonces somos todos heterodoxos?
(Risas…) No, no; hoy en buena parte de la heterodoxia pueden identificarse algunos puntos en común. El principal es que dado que la economía naturalmente no tiende a emplear todos los recursos, los niveles de producción y de empleo están determinados por la demanda agregada. Es la demanda la que tiende a determinar la oferta de productos (y en buena medida también la oferta de recursos) y no a la inversa. Esta visión es compartida por todas la heterodoxias que de distintos modos defienden la teoría de la demanda efectiva de Keynes y Kalecki y constituye el ABC de la macroeconomía para estas tradiciones. Otro punto clave es que la distribución del ingreso no es un resultado únicamente económico. En la determinación de las variables distributivas, como el salario, la tasa de interés u otras que afectan la distribución del ingreso, como el tipo de cambio, participan numerosos elementos de carácter político e institucional. De aquí se desprenden otras cuestiones o puntos. Los precios relativos no son indicadores de escasez de recursos, ya que según esta concepción estos no tienden a ser escasos y sus precios no responden a mecanismos exclusivamente económicos. Así, una parte significativa de la heterodoxia interpreta los precios relativos a partir de las condiciones de producción y distribución en los términos planteados por la tradición clásica de economía política cuyos autores más representativos fueron Smith, Ricardo y Marx. Y alternativamente otras vertientes heterodoxas interpretan los precios relativos partiendo de los costos de producción siguiendo distintas versiones de la llamada ‘teoría de la competencia imperfecta’ originada en la Universidad de Cambridge. Con distintos matices, ajustes y aclaraciones, entiendo, ambas concepciones son compatibles. Y una última cuestión: El dinero no es neutral. Los aspectos monetarios y financieros tienen efectos reales en la economía, es decir, afectan la producción, el empleo y la distribución del ingreso incluso en el largo plazo. En este marco, los distintos regímenes monetarios, como el patrón oro en el siglo XIX, la convertibilidad en la Argentina de los 90s, los regímenes de metas de inflación, el Euro en Europa y tantos otros afectan el desempeño de las variables fundamentales del sistema.


¿Hasta dónde es heterodoxo el actual modelo?
Este modelo tiene varios elementos de raíz heterodoxa. La política de gasto público se fundamenta, al menos de modo implícito, en la convicción de que la economía no posee mecanismos automáticos que la conduzcan al pleno empleo de recursos. Medidas como la AUH, la universalización del sistema de jubilaciones y pensiones, el aumento del salario mínimo, el esfuerzo del gobierno por preservar un tipo de cambio ‘competitivo’, el congelamiento de tarifas, y tantas otras, sólo pueden sustentarse si se admite que la distribución del ingreso no es un fenómeno exclusivamente económico sino que está influido también por decisiones políticas y condiciones institucionales.
De igual modo, los intentos por reducir la inflación mediante la intervención del gobierno en las negociaciones paritarias, la promoción de mecanismos compensatorios al tipo de cambio ‘competitivo’ como las retenciones móviles y el congelamiento de tarifas, indican que los precios no son, al menos para el gobierno, ‘indicadores de escasez’. Finalmente, el rechazo a la idea de que el Banco Central debe ser una entidad ‘independiente’ que sólo debe velar por la estabilidad monetaria, también indica que para este gobierno las condiciones monetarias y financieras no son neutrales y sí tienen efectos importantes sobre el desempeño económico de largo plazo.


¿Cuáles considera los principales aciertos de la política económica desde 2003?
La política activa de gasto público unida a la convicción de que el crecimiento del mercado interno sólo podrá sustentarse si se logra sortear la llamada restricción externa de divisas. Los esfuerzos por preservar un tipo de cambio competitivo, el proceso de desendeudamiento en moneda extranjera, la promoción de exportaciones y la incipiente política de sustitución de importaciones van en esta dirección.


¿Y sus limitaciones?
La principal es que se trata de un modelo conflictivo. Como se pretende intervenir en forma manifiesta en la fijación de algunas variables que afectan la distribución del ingreso, como el tipo de cambio o los precios domésticos en relación a los internacionales (por ejemplo, mediante retenciones), el conflicto aparece como un resultado casi inevitable. Y este conflicto difícilmente tenderá a aminorar en la medida que las condiciones de empleo y de vida sigan mejorando. Y en este marco, la inflación aparece como una de las secuelas más molestas, lo que termina socavando la posibilidad de intervenir con éxito en la fijación institucional de dichas variables. Por caso el tipo de cambio real.


¿La inflación y el retraso cambiario son efectos del modelo?
La inflación responde a dos circunstancias centrales: la puja distributiva interna y la suba de precios internacionales. Lo segundo escapa a nuestro control y sólo podríamos amortiguar sus efectos apelando a la conocida receta consistente en apreciar el peso con relación al dólar o mediante políticas que desdoblen los precios locales de los internacionales, por caso, mediante retenciones móviles. Pero para implementar esto último, así como para intervenir en la puja distributiva cuando el nivel de desempleo es bajo, se precisa de un gran poder político que hoy en día está ausente. En estas circunstancias es muy difícil evitar la apreciación cambiaria.


¿Cómo se resuelve, entonces, el problema de la inflación en dólares?
Insisto, si no se cuenta con un respaldo político significativo, no se puede resolver, por lo menos en el mediano plazo. Sin embargo, como medidas complementarias, se deberían impulsar políticas industriales y tecnológicas de largo plazo que nos permitan exportar (o sustituir importaciones) para así contar con cierto grado de libertad frentes a los vaivenes de la cotización del dólar. En otras palabras, una política de desarrollo restringida al dólar competitivo está condenada al fracaso. En un país conflictivo como la Argentina, donde los conflictos distributivos se traducen como inflación, esta política tiende a autodestruirse en la misma medida en que tiene éxito a la hora de generar empleo y salir de una recesión profunda.


¿Cree que en los próximos años puede reaparecer la restricción externa?
Sin dudas, ahora estamos favorecidos por términos de intercambio muy favorables. Pero si la producción local, el empleo, y sobre todo las inversiones, siguen creciendo, me parece inevitable que empecemos a sufrir ciertos aprietos externos en un tiempo no muy lejano.

El espejo argentino

Desde la ortodoxia se repite que el crecimiento actual no responde a los logros intrínsecos, sino que es casi una externalidad del “viento de cola” ¿Crecemos sólo por los precios de las commodities?
Ayuda, pero no lo es todo. Los términos de intercambio de varios países mejoraron más que los argentinos, por caso, los de Brasil y Chile, pero ambos países crecieron bastante menos que Argentina.


¿Cómo puede impactar localmente una crisis en Europa y Estados Unidos?
Podría afectar como lo hizo hasta ahora, mediante la salida de capitales y probablemente reduciendo los precios de nuestras materias primas exportables. Sin embargo, esto último es cada vez más dependiente de las condiciones asiáticas, principalmente las chinas. En la medida en que Asia siga creciendo como lo viene haciendo lo más probable es que sigamos favorecidos por ‘el viento de cola’. Por otro lado, la continuidad de la crisis en Estados Unidos muy probablemente significará que las tasas de interés internacionales seguirán siendo bajas, hecho que nos favorece.


¿La economía mundial corre el riesgo de una crisis sistémica?
Sí, sobre todo en lo que se refiere a EE.UU.


¿Grecia y los PIIGS en general deben mirarse en el espejo argentino?
Sí, en casi todos esos países el default abierto, o enmascarado con eufemismos, es inevitable. Pero muy probablemente con ello no alcance y deban, a la larga, salir del euro para recuperar competitividad internacional.

Palos para la academia

Quienes se formaron en la universidad de los años ’90 ¿Encuentran un panorama educativo muy distinto en el presente?

En Argentina algo está cambiando. En los últimos años hay no sólo un mayor presupuesto universitario, sino también una mayor apertura académica. En Buenos Aires no sólo hay una mayor apertura en la UBA, sino también en varias otras universidades que han crecido en el Gran Buenos Aires.


Usted estudio en distintos países, ¿Cómo evalúa la actual formación de los economistas en Argentina?

Yo todavía la veo bastante mala… La mayoría se formó en una tradición marginalista ortodoxa, pero pocos son los que entienden bien incluso los fundamentos de dicha tradición. Y en general se desconocen casi completamente los aportes de autores fundamentales. A modo de ejemplo, pocos economistas formados en Argentina entienden bien la teoría keynesiana o kaleckiana que dieron origen a la macroeconomía.


¿Por qué reside en Brasil?
Porque en Brasil hay comunidad académica, un ámbito universitario donde se puede progresar intelectualmente discutiendo e intercambiando con los colegas. En Argentina eso está aún muy lejos. La mayoría no investiga. A ello se le agrega la inestabilidad institucional. Mucha gente ligada al ámbito universitario volvió de Europa o Estados Unidos y se reinstaló en universidades, en el Conicet mediante el Plan Raíces, pero muchos también temen por su futuro si llega a cambiar el gobierno y si con ello retornan las políticas de ‘austeridad’ que tanto mal le hicieron a las universidades y a la investigación en la Argentina.

Original: La Mañana de Neuquen

21 jul 2011

Financial Times cree que las agencias de calificación hicieron un buen trabajo


Por Matias Vernengo


Un raro artículo en el Financial Times, por Jude Webber, afirma que la recuperación de Argentina "no es tan atractiva, como algunos de sus defensores sugieren". Tiene un montón de errores de hecho y verdades a medias. Sólo un ejemplo. Dicen que la inversión de Argentina del 19,4% del PIB el año pasado fue muy baja. ¿Comparado con qué? Con Los EE.UU. que estaba en 15,9%, o con Argentina en 2002, cuando fue de alrededor del 10%?

¿Así que el problema con Argentina es que no es China?

Además, ellos dicen que “la economía Argentina es sólo una sexta parte del tamaño de Brasil y una tercera parte de México", y va a ser superada por Colombia. Lo único que se olvidó de decir es que la población de Argentina es sólo una cuarta parte de los brasileños y el 40% de los mexicanos, y que si se mide el PIB en dólares, ya que las monedas de Brasil y México están apreciadas, sería sobreestimar el PIB de esos países y subestimar al de la Argentina. Los datos del Banco Mundial ubican al Ingreso Nacional Bruto Argentino (YNB) en Paridad de Poder Adquisitivo (PPP) en el nivel de México (alrededor de U$S 14,000 en 2009) y por encima de la de Brasil (cerca de 10.000 dólares.). Estos parecen más que simples errores, y es inaceptable que se publiquen este tipo de cosas.

Por no hablar de que la idea de que la "recuperación" (Argentina ha pasado el pico del ciclo anterior en 2005, pero ¡está bien vamos a llamarlo una recuperación!!!) es riesgosa y es extraña (esto para la gente que no vio ningún riesgo en la convertibilidad!!!!).

El país tiene superávit en cuenta corriente, altos niveles de reservas y la deuda nominada en moneda extranjera increíblemente reducida. ¿Cómo es que esto peligroso? Parece que tienen más confianza en las opiniones de las agencias de calificación que los datos duros. De hecho, el artículo dice que la presidente (Cristina Fernández de Kirchner) "cree que las agencias de calificación calificaron mal a la crisis financiera." Yo también tenía la impresión de que las agencias de calificación dieron calificaciones triple A de los bonos de alto riesgo. ¿Era eso una correcta evaluación de su riesgo en la visión de Financial Times? ¿Es sólo su creencia o es un hecho? ¿Los periodistas FT conocen la diferencia? ¿Ellos sólo informan sobre lo que la gente cree, y no se fijan (si esta comprobación es en realidad es necesaria) si es verdad o no ?

PS: Voy a dejar los temas de la inflación para otro post. No se ocupará de la absurda implicación que los quioscos que venden Clarín fueron cerrados debido a que el periódico fue crítico con el gobierno. Los problemas tienen más que ver con las relaciones de la empresa Clarín con la dictadura asesina de la década de 1970, que le dio una posición cuasi-monopolística en papel de periódico. De hecho, este gobierno tiene un récord increíble de la defensa de los derechos humanos y los que fueron oprimidos durante la última dictadura argentina.

Original: Naked Keynesianism

17 jul 2011

Mundell-Fleming sin curva LM: la tasa de interés exógena en Economias Abiertas

















Por Franklin Serrano* y Ricardo Summa**


In this paper we critically evaluate the Mundell-Fleming model in the light of the heterodox approach of the exogenous interest rate. We criticize the assumptions of exogenous money markets, "perfect" international capital markets and inelastic exchange rate expectations. We show that none of the main results of the Mundell-Fleming model on the relative effectiveness of fiscal and monetary policies are sustained, both in floating and fixed exchange rate regime. We conclude that the central bank has the power to determine the domestic interest rate exogenously even in open economy with free capital mobility and that there is no market mechanism that ensures automatic adjustment of the interest rate and exchange rate.

Este trabajo evalúa críticamente el enfoque de Mundell-Fleming, a la luz del abordaje heterodoxo de una tasa de interés exógena. Criticamos los supuestos de mercados de dinero exógenos, mercados de capitales internacionales "perfectos" y expectativas cambiarias inelásticas. Mostramos que ninguno de los principales resultados del modelo Mundell-Fleming sobre la eficacia relativa de las políticas fiscales y monetarias se mantienen. Llegamos a la conclusión de que el banco central tiene el poder para determinar la tasa de interés interna exógenamente, incluso en una economía abierta con libre movilidad del capital y no hay ningún mecanismo de mercado que asegure el ajuste automático de la tasa de interés y del cambio de divisas.




Una visión crítica del modelo Mundell-Fleming nos permite extraer tres conclusiones principales. La primera es que el punto de vista analítico, la hipótesis de la tasa de interés determinada por una fuente exógena de dinero no es realista en una economía cerrada e inadecuada en una economía abierta, lo que implica que las intervenciones no esterilizadas en la práctica son una excepción más que la "regla del juego".
La segunda es que el problema central en materia de la conducción de la política económica no es el régimen de tipo de cambio, ni la elección de la política monetaria o fiscal como la más eficaz. El problema central es la cuestión de la libre movilidad de los flujos de capital a corto plazo. Es la libre movilidad lo que hace difícil mantener la paridad en el tipo de cambio fijo, porque una vez que se difunden las expectativas de devaluación es difícil de evitar un empeoramiento endógeno de la curva BP, y la consiguiente necesidad de aumentar las tasas de interés internas.
Es la libre movilidad también lo que hace inviable un régimen de flotación limpia, puesto que la endogeneidad de las expectativas puede llevar a la continua apreciación o depreciación del tipo de cambio nominal, forzando al gobierno a intervenir mediante la compra o venta de moneda extranjera, directa o indirectamente a través de la manipulación de las tasas de de interés.

Así, es la libre movilidad del capital que elimina grados de libertad de las políticas expansionistas, ya sean fiscales o monetarias. Por otro lado, debido a la asimetría de la balanza de pagos, no hay ningún mecanismo automático para prevenir o corregir tasas de interés muy altas en comparación con las tasas internacionales o las políticas fiscales excesivamente contractivas.

Finalmente, el análisis anterior confirma la idea de que incluso en una economía abierta con libre movilidad de los flujos de capital a corto plazo, la tasa de interés es exógena en el sentido de ser operativamente una variable de política económica bajo el control directo del banco central.

Esto debido a los problemas y las asimetrías discutidos en el trabajo significa que, en principio, el banco central puede fijar la tasa de interés en cualquier nivel deseado. Sin embargo en la práctica este poder está limitado por diferentes consecuencias sobre la situación de balanza de pagos y sobre la evolución del tipo de cambio de un determinado nivel de tasa de interés básica elegida por las autoridades monetarias.

El hecho de que al mismo tiempo el banco central fija la tasa de interés y por otro lado existe libre movilidad de capitales no siempre hace sostenible por mucho tiempo dicha tasa de interés. Esto deja en claro que no quiere decir que el banco central tiene un poder absoluto, sino que, siendo realistas, simplemente no hay mecanismo endógeno de ajuste automático de interés en el sistema de intereses, tipos de cambio y balanza de pagos.

Todo esto hace inevitable que el régimen de tipo de cambio es siempre parcialmente administrado tanto con la compra y venta de divisas por el banco central o a través de la manipulación de la tasa interna de interés, y que por lo tanto hace que sean útiles las medidas de control de capital (en particular la imposición de las entradas de flujos de capital extranjeros a corto plazo), por lo que permite ampliar los grados de libertad para la política macroeconómica, tanto monetaria como fiscal.


Acceso al Paper en Portugues

* Profesor Associado, Instituto de Economia, Universidade Federal do Rio de Janeiro, Brazil.
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Professor Adjunto, Instituto de Economia, Universidade Federal do Rio de Janeiro, Brazil.