El viejo Almacén. BsAs

Surplus Approach

“Es necesario volver a la economía política de los Fisiócratas, Smith, Ricardo y Marx. Y uno debe proceder en dos direcciones: i) purgar la teoría de todas las dificultades e incongruencias que los economistas clásicos (y Marx) no fueron capaces de superar, y, ii) seguir y desarrollar la relevante y verdadera teoría económica como se vino desarrollando desde “Petty, Cantillón, los Fisiócratas, Smith, Ricardo, Marx”. Este natural y consistente flujo de ideas ha sido repentinamente interrumpido y enterrado debajo de todo, invadido, sumergido y arrasado con la fuerza de una ola marina de economía marginal. Debe ser rescatada."
Luigi Pasinetti


ISSN 1853-0419

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16 abr 2017

Tipo de cambio e industria: no repetir siempre lo mismo





Por  Fabián Amico* y Alejandro Fiorito**



El debate argentino actual presenta ciertas paradojas. Hay un reconocimiento de que las fuertes devaluaciones, como las de 2014 y de 2016, producen inflación y son recesivas al reducir el salario real. Al mismo tiempo se reclama por un "atraso" del tipo de cambio real que estaría afectando las importaciones, y la producción y el empleo industrial.



              Fuente: BCRA y Fiel.
Ante todo, es importante registrar que la devaluaciones de 2014 y de 2016 tuvieron un fuerte efecto contractivo sobre la propia actividad industrial. La producción fabril ingresó en una zona de contracción persistente en marzo de 2014 que perduró casi un año. La devaluación de fines de 2015 determinó una nueva fase contractiva industrial y aún no muestra síntomas de recuperación. La misma tendencia describió el empleo industrial.
Es fácil comprobar que la producción industrial se correlaciona negativamente con el tipo de cambio real multilateral (TCRM), o lo que es equivalente: el crecimiento industrial está asociado positivamente con la apreciación del TCRM. Entiéndase bien: esta no es una propuesta de política. Simplemente es un hecho estilizado.
Las devaluaciones llevarían a la caída del salario real, y esto implicaría una contracción del mercado interno, reduciendo la demanda dirigida a la industria. Esto es cierto, aunque solo parcialmente. Es verdad que menores salarios reales suponen menor demanda de bienes industriales de consumo para los asalariados. Pero más que nada supone que el grado de utilización de los todos los sectores que (directa o indirectamente) atienden esa demanda se reduce. Este menor grado de utilización de la capacidad induce una caída mucho mayor de la inversión privada. Luego, el menor gasto en bienes de capital, equipos e insumos y bienes de capital implica una reducción de la demanda para el conjunto de industrias que los producen, lo que amplifica la contracción inicial. De allí la altísima correlación entre la formación de capital y la dinámica de la producción industrial.


              Fuente: Indec.

Además, el desplome del nivel de actividad en 2016 no fue sólo por la devaluación y la caída salarial, sino también por el fuerte ajuste fiscal. Menores transferencias sociales y contracción real del gasto público (consumo e inversión) disminuyen la demanda agregada y el consumo, e inducen también el derrumbe de la inversión privada, llevando por el mismo mecanismo al estancamiento de la actividad industrial.
Frenkel, et al ("Movimientos de capital y comportamiento de la inversión en Argentina", 1997) mostraron que "la inversión agregada depende exclusivamente de la demanda actual y del comportamiento pasado de la demanda y la inversión", y no del TCRM o de las rentabilidades sectoriales (transables). La inversión privada respondía a un "modelo de acelerador flexible", lo que indica que la demanda agregada tiene efectos perdurables sobre el producto potencial.
El otro aspecto observado es que el "atraso" del TCRM estaría induciendo la suba de las importaciones, debido al encarecimiento doméstico frente a la competencia externa. Es cierto que existe un comportamiento "atípico" de las importaciones de bienes de consumo, las cuales históricamente muestran una correlación (alta y positiva) con el nivel de actividad. Pero en 2016, con el PIB cayendo, las importaciones de bienes de consumo aumentaron. Ciertos economistas adjudican esta suba "atípica" a la supuesta apreciación del TCRM. Pero este argumento tiene dos problemas. Primero, existe mucha evidencia empírica que muestra que las importaciones son muy poco elásticas al cambio en los precios relativos y al revés, están muy asociadas a las variaciones del PIB doméstico.
     Fuente: Indec.
Segundo, el TCRM en 2016 resultó en promedio un 13% mayor que en 2015 (datos del BCRA). Entonces, ¿cómo puede ser que el aumento de las importaciones se deba al "atraso" cambiario si el TCRM en 2016 es más "competitivo" que el de 2015? O ¿por qué ese "salto" no se produjo en 2015, con el TCRM más "atrasado"?
           

  Fuente: BCRA. 
Indudablemente este aumento no se debe a la apreciación del TCRM, sino a la política comercial, es decir, el recorte del sistema de licencias no automáticas y otros recursos de regulación del comercio exterior, lo que provocó la suba inusual de importaciones de bienes de consumo. Por eso esa suba no se verificó en 2015 cuando el TCRM tenía un nivel significativamente más bajo.
Por otro lado, el aumento de las importaciones de automóviles de alta gama se debe a la fuerte reducción de los impuestos internos dispuesta por del gobierno y al blanqueo de capitales. Dado que el 80% de estos autos no se producen en el país, su importación no supone una pérdida significativa de empleo, aunque insumen muchas divisas que no estarán disponibles para financiar insumos y bienes de capital en un (cada vez más lejano) escenario de crecimiento.
Algunos economistas sugieren que un nivel "adecuado" (más alto) del TCRM podría reemplazar más eficazmente a la protección comercial. Sin embargo, dicho nivel (más "competitivo") suele ser efímero: persistentemente, cada devaluación es seguida por una aceleración inflacionaria y una nueva apreciación cambiaria real. Pero además los mecanismos "no precio" se han revelado como más efectivos.
En general, la penetración de importaciones responde a causas más profundas. Por ejemplo, en los sectores más "sensibles" al cambio de precios relativos (como textiles, calzado, juguetes y muebles), tanto en el lapso 2002-2008 (cuando el TCRM era considerado convencionalmente como "competitivo"), como en la fase 2008-2012 (cuando el TCRM ya no era considerado competitivo y se apreciaba persistentemente) las importaciones crecían a tasas muy importantes, similares en los dos períodos, y más rápido que la producción doméstica.
Sin dudas, existen muchos factores sin relación con el TCRM que explican esa performance, como las diferencias de diseño, calidad, servicios post-venta, innovación tecnológica, generación de nuevos productos, logística, condiciones crediticias y financieras, etc. Difícilmente este desafío pueda resolverse manipulando el TCRM, o lamentándose por lo efímero de su nivel "competitivo". Si se buscan resultados distintos, es preciso no hacer siempre lo mismo.


Original: Pagina 12

*Economista. Director de Revista Circus
** Profesor de Política Económica de Universidad Nacional de Moreno



17 ago 2015

China: Competitividad no-precio

 

 

 


Por Alejandro Fiorito *

Las recientes devaluaciones de China acumulando un 4,4 por ciento desde el martes pasado han generado diversas especulaciones sobre las consecuencias que podrían inducir. La posibilidad de la ocurrencia de una “guerra de monedas”, por ejemplo, entre el dólar y el yen, y el encadenamiento devaluatorio de otras economías vinculadas comercialmente como el euro y la rupia en pos de recuperar la competitividad perdida.
Las autoridades chinas han confirmado que fue una devaluación “de una sola vez” en pos de corregir el tipo de cambio con mayor información del mercado en su determinación y sin ningún viso de convertirla en una tendencia devaluatoria. Sin embargo, algunos especialistas, manifestaron su sospecha que el ceder lugar a las determinaciones de mercado del tipo de cambio, encubre en realidad el abaratar los productos chinos para dar un impulso a sus decrecientes exportaciones (8,3 por ciento en el último año).

Pero sólo un extendido consenso convencional sobre un “optimismo” de las elasticidadesprecio del comercio hace decir que una devaluación puede tener tan importante efecto de corrección en el comercio. Fundamentalmente cuando China ha hecho en todos estos años un enorme trabajo de mejoras de productividad real con revaluaciones. En efecto, algunas regresiones chinas, muestran al revés, que existe allí también una inelasticidadprecio agregada, esto es que las variaciones del tipo de cambio (no el nivel) tienen un efecto limitado en exportaciones e importaciones en general. Así, la principal consecuencia de las devaluaciones es una redistribución regresiva al interior de dichas economías. El comercio depende de la elasticidadingreso: si crece el mundo, crecen las exportaciones chinas, y si crece el país, crecen las importaciones.

El proceso de fuerte industrialización china que se potenció dislocando a las industrias manufactureras regionales desde los noventa, logró cambiar los precios relativos internacionales (viento de cola) por medio de muy bajos costos laborales pero fundamentalmente por una creciente productividad laboral, transmitidos por sus exportaciones de manufacturas industriales al mundo desde el 2002 a partir de su entrada en la OMC.

Se suele considerar que China crece liderado por exportaciones pero sin embargo, el grueso del impulso de demanda que motoriza el alto crecimiento chino hasta hoy (7 por ciento es enorme en este contexto mundial) es demanda doméstica y no externa. El error surge al hacerse comparaciones incorrectas como el de exportaciones sobre producto (X/PIB), que sería similar a comparar ventas sobre ganancias, por ejemplo, Malasia en el 2006 reportó un 104 por ciento a dicha relación, pero eso no significa que el sector exportador es más grande que la economía misma. Para comparar correctamente, hay que sacar el contenido importado de las exportaciones y restar los insumos que provienen de otros sectores domésticos.
Así, las recientes medidas habría que ubicarlas más bien, en un tema de una corrección financiera como el “carry trade” que involucraba una segura revaluación del yuan y a su intento de integrar la canasta de monedas del DEG del FMI, más que a un tema comercial.

China es un socio estratégico de EE.UU.

Es un error suponer que existe hoy desde China el intento de desplazar con su moneda al dólar como moneda de reserva mundial. El renmimbí no es aún siquiera una moneda convertible, mientras que el dólar se mantiene estable desde hace años con el 64 por ciento de las tenencias en el mundo incorporando a los bancos centrales de otros países (Cofer 2015).

China es un socio estratégico de Estados Unidos y estas medidas más allá de su carácter coyuntural, son consensuadas con la economía principal. En la guerra fría, la estrategia de Estados Unidos en limitar el avance de la ex URSS lo llevó a un plan de sostenimiento económico de la recuperación de Japón, luego Corea y Taiwán y cuyo último país en “invitar a desarrollar” fue precisamente China, desde la reunión cumbre entre Nixon y Mao en 1972. El juego actual de China –y hasta que no llegue a disputar otros terrenos como el control militar de los océanos con Estados Unidos– no cuestionará la hegemonía económica norteamericana ni sobre la moneda sino más bien que apuntará a establecer su hegemonía regional.

* Profesor UNLU y coordinador en SID baires.

Original: Pagina 12