El viejo Almacén. BsAs

Surplus Approach

“Es necesario volver a la economía política de los Fisiócratas, Smith, Ricardo y Marx. Y uno debe proceder en dos direcciones: i) purgar la teoría de todas las dificultades e incongruencias que los economistas clásicos (y Marx) no fueron capaces de superar, y, ii) seguir y desarrollar la relevante y verdadera teoría económica como se vino desarrollando desde “Petty, Cantillón, los Fisiócratas, Smith, Ricardo, Marx”. Este natural y consistente flujo de ideas ha sido repentinamente interrumpido y enterrado debajo de todo, invadido, sumergido y arrasado con la fuerza de una ola marina de economía marginal. Debe ser rescatada."
Luigi Pasinetti


ISSN 1853-0419

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Fabio PETRI   Esta obra, traducida por UNM Editora, ha sido originalmente editada en Italia con el título: “Teorie del valore e del...

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27 oct 2015

Brasil: no es profit led otra vez

 ¿La demanda y la rentabilidad estimulan la acumulación de capital?
Un análisis para el Brasil


Posteamos un paper sobre Brasil donde se muestra la influencia del nivel de capacidad utilizada en el crecimiento. Para la Argentina se publicó en Revista Circus ACA un paper en similar dirección.


 por Henrique Morrone

 Resumen
El objetivo de este artículo consiste en probar si la participación de los beneficios
en el producto y la capacidad utilizada afectan (causan en el sentido de Granger) a
la acumulación de capital en el Brasil durante el período 1950-2008. Se emplea la
metodología desarrollada por Toda y Yamamoto (1995) para verificar la hipótesis de
no causalidad de Granger. Los resultados indican que la capacidad utilizada causa, en
el sentido de Granger, la acumulación de capital en la economía brasileña y, por otra
parte, que la participación de los beneficios en el producto no causa, en el sentido de
Granger, la razón inversión-capital nacional. Esto corrobora la propuesta kaleckiana
centrada en el papel fundamental del acelerador y sugiere que la economía del Brasil
puede crecer con concentración o desconcentración del ingreso, siempre que haya un arreglo institucional adecuado.

Los resultados indican que el acelerador aumentaría la acumulación de capital, incrementando el nivel de actividad económica. De acuerdo con las estimaciones obtenidas, el crecimiento se produciría a través de la concentración o desconcentración del ingreso. En las economías se alternarían períodos de expansión impulsada por los salarios con períodos determinados por las ganancias, al tratarse de un fenómeno de corto o mediano plazo. Los factores principales serían el efecto acelerador y el arreglo institucional necesario para estimular la expansión. Los regímenes de crecimiento cambian a lo largo del tiempo, por lo que se sugiere proceder con cautela y profundizar las investigaciones para determinar el régimen actual de la economía brasileña.

ver todo el trabajo aca

29 jul 2012

¿Consecuencia de la crisis internacional?





Por Eduardo Crespo *
En coincidencia con el agravamiento de la crisis europea, las economías sudamericanas comenzaron a sufrir una desaceleración. Muchos analistas, incluidos los gobiernos de Argentina y Brasil, consideran que dicha crisis es el principal obstáculo que está frenando a nuestras economías. Sin dudas existe un paralelismo entre ambos fenómenos. Brasil, por caso, pasó de crecer un 7,5 por ciento en 2010 a los actuales guarismos que rondan el 0 por ciento. La industria crecía 10,5 por ciento en igual período y en los últimos doce meses cayó 1,8 por ciento. Pero antes de concluir que la crisis internacional es la causante de estos resultados, se deben analizar los presuntos canales de transmisión que unen a la primera con los segundos.
Las dos vías principales de causalidad son la comercial y la financiera. Si bien las exportaciones brasileñas se desaceleraron, están creciendo al 5 por ciento anual. El país tampoco sufrió sobresaltos financieros. El Banco Central cuenta con 360 mil millones de dólares de reservas, el saldo comercial no se deterioró y el endeudamiento en moneda extranjera es inexistente. Aunque la conexión entre la crisis internacional y la desaceleración brasileña pueda parecer obvia, un simple balance de la evidencia disponible apunta en otra dirección: la política económica del gobierno de Dilma Rousseff.
Desde los primeros meses de 2011, año en que tomó posesión la nueva administración, hasta agosto del mismo período, y respondiendo a una mayor inflación interanual ocasionada principalmente por una suba de los precios internacionales, el Banco Central brasileño comenzó a subir la tasa básica de interés. Esta política tiene el efecto conocido de reducir la inflación mediante la apreciación cambiaria al costo de desguarnecer la producción transable doméstica frente a la competencia extranjera, generando un esquema de precios que tiende a provocar desindustrialización. Quizás por este motivo, y ante los magros resultados, en el último cuatrimestre de 2011 el gobierno de Rousseff optó por cambiar la estrategia antiinflacionaria y decidió iniciar una paulatina pero persistente reducción de la tasa básica de interés, al tiempo que el real sufría una leve devaluación frente al dólar.
Aunque esta decisión en hipótesis debía tener efectos expansivos, el gobierno resolvió atenuarla mediante una medida contractiva, reemplazando la mayor laxitud monetaria y cambiaria con un severo –y hasta ahora no corregido– ajuste fiscal. Los gastos de consumo del gobierno, que habían crecido al 5,6 por ciento durante el período 2004-2010, crecieron sólo el 0,4 por ciento en 2011. La inversión pública pasó de crecer a una tasa del 7,5 por ciento en el mismo lapso a caer un 12 por ciento en 2011. El gobierno envió al Congreso un presupuesto federal congelado en 2012 y lo mismo se anticipa para 2013. Los salarios de amplias franjas de trabajadores estatales se encuentran fijos en términos nominales desde 2010, circunstancia que propagó una ola de huelgas en todo el país. Este conjunto de medidas contractivas se contagió al consumo privado, que ya estaba muy afectado por el alto grado de endeudamiento de los hogares, y también a la inversión privada que reaccionó muy rápidamente al freno general.
En el caso argentino, el vínculo entre las condiciones internacionales adversas y la desaceleración doméstica tiene mayores fundamentos si se incluye a Brasil como un elemento decisivo en la reversión de la tendencia. Dado que el desempeño industrial local depende en gran medida de Brasil, debido a la importancia del sector automotriz, la caída de las exportaciones a este país tiene impactos significativos. Otros mercados, como el chino, también presentan una tendencia negativa. Sin embargo, no parece existir una conexión clara, por ejemplo, entre la performance exportadora y la desaceleración de la construcción. La política fiscal, contrariando la más sencilla receta keynesiana, parece acompañar el ritmo declinante de la recaudación. Las principales provincias, incluida la ciudad de Buenos Aires, están realizando recortes de gastos, aumentando impuestos y tarifas, suspendiendo contratos temporarios, interrumpiendo obras de infraestructura. El gasto público nacional se estabilizó en términos nominales, y en plena desaceleración el superávit primario tiende a aumentar. Cualquiera sea el impacto de la crisis internacional, por ahora las políticas domésticas no ayudan a contrarrestar el viento de proa.
* Economista, profesor de la Universidad Federal de Río de Janeiro.

4 sept 2011

Sacando la Demanda Efectiva de la Galera



Por Fabián Amico


Astarita volvió a la carga con una nueva (extensa) crítica , aunque sigue sin poder responder cuestiones básicas y entiende mal lo que quiere criticar. Dice que “en la opinión de Amico, afirmar que la economía está liderada por la inversión, o la acumulación, equivale a sostener que el crecimiento potencial de la economía está dominado por la ley de Say”, cuando no tiene evidencia textual de tal cosa. Sostuve lo que muchos economistas heterodoxos (sraffianos, kaleckianos, postkeynesianos) dicen, a saber: 1) que la inversión es fundamental “porque es el principal canal de crecimiento del producto potencial y el mecanismo fundamental de impulso de la productividad y de la actualización tecnológica” (ver Amico, Fiorito & Hang, 2011, pág.71); 2) que es una variable inducida por el crecimiento esperado de la demanda efectiva dada la relación capital-producto.

Luego Astarita se mete en un problema del cual no logra salir. Dice:

“Fabián Amico, y otros economistas kichneristas han planteado (véase Amico, Fiorito y Hang, 2011) que la inversión no depende de las ganancias, sino del crecimiento esperado de la demanda y de la relación capital-producto. Pero si esto es así, no habría motivos endógenos para que ocurra una crisis; en una economía en expansión, ¿por qué va a debilitarse la inversión, si ésta depende de la demanda que se está expandiendo? El giro hacia la crisis permanece inexplicado”.

Esto revela sus dificultades para razonar en términos de un enfoque diferente. Si la hipótesis es que la inversión depende del crecimiento esperado de la demanda, “¿por qué va a debilitarse la inversión, si ésta depende de la demanda que se está expandiendo?”, evidentemente solo podría ocurrir porque la demanda deja de expandirse. Es como si yo intentara “refutar” su tesis de que la inversión depende de tasa de ganancia, diciendo que “¿cómo entonces va a caer la inversión si las ganancias aumentan?”, a lo cual él me diría –con su lógica- que sería porque las ganancias se debilitan. Después dice:

“Aquí el malthusiano-keynesiano (¿”malthusiano”?) interrumpe, impaciente (¿impaciente?). ¿Para qué van a invertir los capitalistas, si tienen capacidad ociosa?”.

Dice que hay dos razones:

“Primero, capitalistas que se han mantenido líquidos pueden considerar conveniente comprar empresas y otros medios de producción o transporte que se han devaluado con la crisis”.

OK. Supongamos un modelo de dos capitalistas. Hay recesión. Uno le compra la empresa al otro. ¿Por qué va a aumentar la inversión (la capacidad productiva)? Luego dice:

“también en determinado punto entra dinero en el mercado accionario. Estas inyecciones de líquido son elementos reactivadores, y mejoran las condiciones del crédito de las empresas”.

¿Por qué las inyecciones de liquidez serían reactivantes? Es extraño porque Astarita criticó la idea –que nunca sostuve- de que la expansión monetaria puede ser per sé reactivante , y ahora sugiere que “las inyecciones de líquido son elementos reactivadores” (¿?). Con esto, sigue preso de una lógica monetarista, ya que solo en los modelos neoclásicos la demanda global puede depender de la oferta monetaria. En las visiones heterodoxas (keynesianas y kaleckianas), dado que la oferta monetaria es una variable endógena, esta no puede determinar la demanda global (como prueba está el quantitative easing). El punto central es que si los inversores no gastan (y esto es probable porque tienen una propensión a consumir muy baja) no hay recuperación alguna. Y, finalmente, aunque mejoren “las condiciones del crédito de las empresas”, ¿quién va a pedir un crédito para inversión en medio de la recesión si no hay a quién venderle? Luego dice:

“En segundo término, se recuperan los inventarios. Así como en el inicio de la crisis los capitalistas tratan de bajar inventarios rápidamente, a los primeros síntomas de recuperación de la demanda, recomponen inventarios”.

¡Extraordinario! Los inventarios se recuperan… pero, como el mismo Astarita dice, tal recuperación responde a los primeros “síntomas” de una recuperación previa… ¡de la demanda! (y no de las ganancias). Tomando prestada una metáfora de Joan Robinson, podría decirse que Astarita “¡puso el conejo en la galera a plena vista del público!.

El problema de fondo es que Astarita no comprende el rol de los gastos autónomos “improductivos” como rasgo básico del motor de crecimiento de las economías capitalistas. En este caso, la respuesta a la pregunta: ¿por qué, en determinado punto de la fase alcista se debilita la demanda?, no encierra ningún misterio. A su vez, habiendo entendido esto, su pretensión de vincular tal caída de la demanda con una disminución de la tasa de ganancias carece de sentido.

Un ejemplo. Asumamos que la fase de alza (el pico) no es necesariamente un máximo. Es simplemente el punto al cual llegó la economía dada una cierta expansión de la demanda (no hay “pleno empleo”). Como dice Astarita, tenemos salarios y ganancias. Entonces:

Y = Cw+Ck+I

O sea Y (producto) es igual al consumo de los trabajadores (Cw) más el consumo de los capitalistas (Ck) más la inversión (I). No hay estado ni comercio exterior. Haciendo el Cw inducido (cY) y la inversión inducida (I=gY.v) queda:

Y = Ck / (1-c-gv)

Y la economía crece a la tasa dada por Ck (gasto autónomo) dado el multiplicador (1/(1-c-gv). En este modelo, el producto (Y) crece al ritmo de aumento del gasto autónomo Ck (dado el multiplicador) y el crecimiento se debilita cuando se reduce el ritmo de aumento de esa demanda autónoma, sin necesidad de que existan cambios en la ganancia normal. Precisamente, el crecimiento por demanda es posible debido a la autonomía, al menos parcial, de algunas de las fuentes de demanda, y solo se puede hablar de crecimiento impulsado por demanda, cuando al menos una parte de la demanda es independiente (autónoma) del propio crecimiento . En el modelo simple antes bosquejado, ese gasto autónomo es el consumo capitalista, puesto que es una demanda que no resulta inducida por las decisiones de producir. En un modelo más amplio y realista, otras fuentes de demanda autónoma serían el gasto público y las exportaciones. Luego, la inversión –para ser sustentable- seguirá la tendencia de esos gastos autónomos: no puede aumentar sin un mercado que la justifique. En este contexto, y como enseñaba Kalecki (basado en Marx), la única ganancia que cuenta es la realizada. Toda otra ganancia es apenas potencial.

23 may 2010

Las políticas de Demanda son necesarias y posibles



Roberto Ciccone -
Economista y Profesor de Uniroma Tre-Roma

Una de las premisas del artículo de Cristiano Antonelli es bastante aceptable: el pesimismo sobre la capacidad del sistema económico para superar la crisis actual de forma espontánea y volver a los niveles de actividad y tasas de crecimiento relativamente altas. No estoy de acuerdo en cambio en las líneas de intervención, en particular para la economía italiana, que propone Antonelli, y en parte derivada de la interpretación que da de las causas de la grave situación económica que estamos viviendo.
Un desacuerdo general se genera sobre el enfoque global de las políticas propuestas por Antonelli, que, como él subraya, deberían consistir en políticas "de oferta" más que de una política de la demanda, y esto es en referencia a las necesidades más inmediatas de salida de la depresión, o sobre un horizonte a más largo plazo, en lo que respecta al desarrollo de la economía italiana. Para uno y para otro orden de problemas Antonelli sugiere que la estrategia es mejorar el grado de especialización de la producción italiana: en el corto plazo no impedir la contracción de las actividades menos competitivas y concentrar el apoyo del público en los más prometedores en términos de eficiencia, y largo plazo a través de la intervención pública destinada a dar un impulso a la innovación tecnológica dentro del "modelo de especialización " considerado más adecuado para nuestra economía. En esta línea de acción, por lo tanto, se centra en un riguroso proceso de selección, no tienen espacio las maniobras expansivas de la demanda agregada. Según Antonelli las políticas "keynesianas” serian en general ineficaces para el área económica que puso en su lugar porque, dada la integración del mercado se traduciría en aumentos de las importaciones en lugar de un aumento del producto domestico. En particular para Italia, entonces, a este tema Antonelli agrega que la existencia de altos niveles de deuda pública no permitiría nuevos aumentos en el gasto público.

La idea de que el apoyo a la innovación tecnológica, centrada en las industrias más capaces de resistir la competencia (dejando que "el mercado" borre el resto del campo) puede resultar en una intervención suficiente para la depresión y la reanudación del desarrollo se une a la interpretación simplista que da Antonelli causas de la crisis. Según Antonelli, esto se debe enteramente al exceso de capacidad generada por las olas anteriores de inversiones tecnológicas, y por lo tanto requiere que la superación de una serie de nuevos avances tecnológicos abran nuevas oportunidades de inversión. Quedan entonces completamente ignorados aquellos factores estructurales que al menos algunos economistas consideran que son las raíces de la crisis, a saber, el drástico cambio en la distribución del ingreso, de franjas bajas o centrales a los que están más altos en términos de renta per cápita, ocurrido en las últimas décadas en muchas partes del mundo, y sus efectos depresores sobre la demanda agregada-en algunos casos, como en los EE.UU., compensado por un determinado período el aumento de endeudamiento de las familias, hasta rationem redde de la crisis financiera que implicó parte del sistema bancario.

Esta visión de los orígenes de la crisis sugiere que la salida de la depresión no puede prescindir de una corrección para estas tendencias de hecho, tanto en lo que respecta a la distribución del ingreso como a la demanda agregada. En esta situación, el problema de la distribución, que en gran medida coincide con la disminución de la cuota de los salarios en la renta nacional, se ve acentuada por el aumento del desempleo y las consiguientes dificultades que una recuperación salarial es destinada a cumplir con las negociaciones salariales entre trabajadores y empresas. Esto lleva a la necesidad de una acción redistributiva del Estado (o en general del sector público) a través de la política fiscal de varias maneras que esta puede asumir. Pero la gravedad de la situación recomienda complementar la política redistributiva, que se presume posible sólo de forma gradual, un aumento de los niveles de demanda que se plantee como suficientemente estable y por lo tanto puede tener un impacto positivo no sólo en los niveles actuales de producción, en las perspectivas de aumento de la capacidad de producción y por lo tanto de la inversión. Las condiciones actuales están lejos de justificar la expectativa de una expansión espontánea y persistente de la demanda privada, se deduce que en este frente es una necesidad la intervención, la política fiscal y, en particular un programa de gasto público que eleve la tendencia de los niveles de la actividad económica, tanto directamente como en los efectos que tienen sobre el gasto privado.
A las propuestas ahora presentadas sumariamente parecerían aplicársele las ya mencionadas objeciones planteadas por Antonelli, la del aumento relativo de las importaciones causada por un aumento de la demanda, y la otra relacionada con el obstáculo que una deuda pública ya elevada constituirían las políticas fiscales expansivas. A partir de la segunda cuestión, si se acepta que la relación entre el saldo de la deuda pública y el producto interno constituye una medida significativa de la deuda (como por otra parte se establecen las normas de la unión monetaria), entonces los efectos de la relación un programa de la política fiscal debe ser valuado teniendo en cuenta no sólo el posible aumento de la deuda, sino también el efecto de aumentar el producto interno que esas políticas son capaces de determinar, ya sea directa o indirectamente, por lo que es concebible que estas políticas pueden producir una reducción del ratio de deuda/pbi respecto a lo que de otro modo se realizaría. No obstante, sería difícil negar que un valor mayor del ratio de deuda/pbi que se asocia con mayores niveles de producción y el empleo sea "Pareto preferible” para la comunidad, que un valor más alto de la relación causado por un producto nacional, más abajo o estancada.

En cuanto al aumento de las importaciones es difícil ponerse de acuerdo con Antonelli acerca de la posibilidad de que los altos niveles de demanda agregada se dirijan exclusivamente, o incluso preferentemente a los productos extranjeros: no es difícil ver por qué tan drástica eventualidad debe darse sólo de incremento de la demanda y no ya a los niveles actuales, ya que claramente no sucede. El problema para discutir es más bien, uno no nuevo, sobre el mayor volumen de las importaciones, y por lo tanto el déficit comercial, que puede ser el resultado de un aumento del producto interno. En primer lugar hay que señalar que esta es sólo una posible consecuencia del crecimiento económico, y no, como Antonelli presentó la cosa, una prerrogativa especial de las políticas de expansión de la demanda: en otras palabras, el problema se refiere al proceso de desarrollo, y se plantea también en relación con los efectos previstos de las políticas de crecimiento definibles “de oferta” -como las recetas tradicionales basadas en la moderación salarial y la flexibilidad en el empleo de trabajo. Dicho esto, medidas como las propuestas por Antonelli y, en general, las estrategias de política industrial para mejorar la capacidad de exportación pueden entonces ser útiles junto a la expansión de la demanda, por lo que las medidas también son concebibles en las articulaciones de bajo o incluso cero contenido directo de importaciones, como supuestamente sería el caso, por ejemplo, de inversiones en infraestructura o construcción pública. No hay que olvidar, por último, el hecho de que la pertenencia a la unión monetaria europea, que de alguna manera nuestra economía ha tomado el instrumento de tipo de cambio, los medios, en cambio, la ventaja de que un déficit comercial en contra de «zona del euro no genera la deuda en moneda extranjera. Y para concluir con lo que es casi obvio, y parece en cambio utópico respecto a la presente filosofía de la política económica europea, los países miembro de la unión monetaria se beneficiarían de manera general y multiplicada si las políticas expansivas se aplicaran (tal vez de manera coordinada) a nivel de toda el área de la unión y que al valor común se agrega el hecho que una cuota importante de los flujos comerciales se mantendría dentro de la misma zona.

16 abr 2010

Sobre el Impacto de los Shocks de Demanda en la Inflación



Por Franklin Serrano

A Joan Robinson (1982) le gustaba contar la historia que Kalecki una vez había definido la economía ortodoxa como “la ciencia de confundir stocks con flujos”. Al día de hoy en las discusiones sobre cómo combatir la inflación, parece que es más la confusión sobre los niveles, las tasas de incremento y la aceleración. Acá nos preocuparemos de una sola pregunta (para ampliar ver en español Serrano, 2006) (english): ¿Cuál es el impacto en los precios de un shock de demanda? ¿Incrementa el nivel de precios, causando una tasa positiva de inflación o acelera permanentemente la tasa de inflación?.

Posteriormente a Friedman y Phelps mucha gente piensa que usualmente un único shock de demanda agregado, que para nuestros propósitos definiremos como algo que genera una brecha de producto positivo (Yef-Y*>0), lleva a una permanente aceleración de la inflación, esto es, un paso incremental en la tasa de inflación.
Formalmente, siendo p la tasa incremental del nivel de precios corriente, y siendo u la razón del producto efectivo sobre el producto potencial (o empleo sobre la capacidad de empleo) y b un parámetro podemos tener:

p-p-1= b(u-1)

No es muy claro el por qué la gente piensa en esta vía, en tanto existe una arrasadora evidencia de que por lo menos en cada lugar en el mundo los coeficientes de persistencia de la inflación son menores que uno por lo menos desde la gran moderación de los tempranos 1980 en los países ricos y desde la mitad de 1990 en la mayor parte de la periferia.
Ahora si ellos agregan menos que uno (en Brasil el máximo estimado que he visto es 0.6) el impacto de un único shock de demanda no puede ser totalmente persistente. Entonces el impacto de un shock único de demanda es sobre el nivel de inflación y no sobre su aceleración.
Formalmente, sea a el coeficiente con un retardo de la inflación p-1 (por simplicidad asumimos un solo período sólo) . Tenemos entonces:

p = b(u-1)+ a p-1

que tenderá rápidamente a:

p = b(u-1)/(1- a)

lo cual significa que la inflación tenderá a cero tan rápido como el shock de demanda termine y la brecha de producto este cerrada.
¿Esto significa que entonces que este shock de demanda causa un efecto en el nivel de inflación más que en su aceleración, como en los días de la buena y vieja curva de Phillips?
Bueno, no realmente. Y si esto pasa, es otra cosa. Hay una gran cantidad de evidencia estadística que muestra que la tasa de utilización de la capacidad y la tasa de desempleo tienden a mostrar una reversión a la media (la primera más claro y rápido que la segunda).
Sin embargo y por el contrario, existe una gran cantidad de evidencia estadística de que los niveles de producto y empleo exhiben histéresis fuerte o plena, lo que significa que cualquiera sean las causas de sus ciclos es también lo que causa su tendencia o para ponerlos en palabras de alguien que conoció esto muchas décadas atrás: “De hecho, la tendencia de largo plazo es solamente un cambio lento de los componentes una cadena de situaciones de corto plazo: no tiene una existencia independiente”(Kalecki, 1968, sección I).
Ok, pero ¿entonces qué? La cosa es que esta abrumadora evidencia de fuerte histéresis muestra que cualquier incremento en el producto (o empleo) que es suficientemente persistente llevará con él un incremento endógeno en los niveles de producto potencial o capacidad (y empleo).

Si y cuando esto ocurre la brecha de producto se cierra a sí misma, no por un descenso en el crecimiento de la demanda agregada y sí por un incremento inducido en el crecimiento de la oferta agregada (como es explicado en los modelos de acelerador flexible que induce a la inversión como el "Supermultiplicador Sraffiano", Serrano, 1995)

Nótese que cada modelo econométrico singular que usa el ahora trendy (no pun implied) filtro estadístico para medir la brecha de producto exhibirá estos fuertes efectos de histéresis en el producto potencial.

Pero si tomamos estas dos partes de evidencia estadística juntas (puede verse en Braga, 2006), v.g. la persistencia parcial de la inflación y la fuerte histéresis del producto potencial, el impacto total de largo plazo de un shock de demanda permanente será primero un efecto temporario en el nivel de la tasa de inflación que no perdurará, aún si el crecimiento de la demanda no es cambiado , porque luego el nivel del producto potencial se pondrá al día con los mayores niveles de demanda y la brecha de producto se cerrará. Cuando esto sucede el gap cae y vuelve a cero y no existe más la inflación de demanda. Al final, el impacto permanente del shock de demanda será un incremento permanente en el nivel de precios. Nótese que es el único efecto de largo plazo de la demanda sobre la inflación aún para lugares donde es fácil encontrar un impacto significativo de la variable shock de demanda sobre la curva de Phillips, la cual no es, dicho al pasar, definitivamente el caso de Brasil (Serrano, 2008).

Referencias
Braga, J. “Raiz unitária, inércia y histerese: el debate sobre las mudanças de la NAIRU na economía americana nos años 1990”, IE-UFRJ, Ph.D. dissertation
Kalecki, M. “Trend and Cycle”, Economic Journal, 1968
Robinson, J. “Shedding darkness”, Cambridge. Journal of economics”,1982; 6: 295-296
Serrano, F. (2006). “Mind the gap: hysteresis, inflation dynamics and the sraffian supermultiplier” IE-UFRJ, mimeo
Serrano, F (2006) “Interés , cambio y el sistema de metas de inflación en el Brasil”, IEUFRJ, mimeo