El viejo Almacén. BsAs

Surplus Approach

“Es necesario volver a la economía política de los Fisiócratas, Smith, Ricardo y Marx. Y uno debe proceder en dos direcciones: i) purgar la teoría de todas las dificultades e incongruencias que los economistas clásicos (y Marx) no fueron capaces de superar, y, ii) seguir y desarrollar la relevante y verdadera teoría económica como se vino desarrollando desde “Petty, Cantillón, los Fisiócratas, Smith, Ricardo, Marx”. Este natural y consistente flujo de ideas ha sido repentinamente interrumpido y enterrado debajo de todo, invadido, sumergido y arrasado con la fuerza de una ola marina de economía marginal. Debe ser rescatada."
Luigi Pasinetti


ISSN 1853-0419

Entrada destacada

Teorías del valor y la distribución una comparacion entre clásicos y neoclásicos

Fabio PETRI   Esta obra, traducida por UNM Editora, ha sido originalmente editada en Italia con el título: “Teorie del valore e del...

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16 ago 2014

El objetivo


Por Alfredo Zaiat

En la permanente tensión entre el mundo de los trabajadores y el de los empresarios existen momentos de relativa calma y otros de mayor disputa. Cuando la economía está en una fase recesiva la situación es de mayor conflictividad. Despidos, suspensiones y discusiones paritarias por aumentos de salarios adquieren mayor intensidad. En el debate público, esa contienda tiene tonos más o menos elevados según el protagonista y su grado de vehemencia para defender sus intereses. En este escenario de controversia sobre cómo se distribuye el ingreso, desplegado con mayor vitalidad en los últimos diez años, no se había registrado en este prolongado período una declaración más abiertamente en contra del poder adquisitivo de los trabajadores como la pronunciada por el titular de la Unión Industrial, Héctor Méndez. Dijo que el tipo de cambio está subvaluado y que la paridad cambiaria oficial debería ubicarse de 10 a 11 pesos por dólar. La experiencia histórica y la más reciente de enero de este año revelan que una devaluación como la propuesta por el líder de los grandes industriales tiene como consecuencia un muy fuerte castigo a los ingresos de los trabajadores por el golpe inflacionario que provoca. Mientras un sector sindical minoritario elige como método de lucha cortar la Panamericana, y otro mayoritario se dedica a defender al 10 por ciento de más altos salarios por la incidencia del Impuesto a las Ganancias, el bloque industrial del poder económico apunta al objetivo sin distraerse.

Las bruscas devaluaciones, como la propuesta por Méndez, son regresivas en términos económicos y muy perturbadores en términos sociales y, por lo tanto, causantes de inestabilidad política. Gran parte de los empresarios con sus amigables voceros busca reducir los salarios reales quejándose de los costos laborales y de la pérdida de competitividad amenazando con una menor vocación inversora. De esa forma tratan de lograr consenso social para una devaluación, y cuando no lo logran en la magnitud deseada porque algunos anticuerpos sociales y políticos se han creado a partir de traumas pasados, aceleran las presiones vía el mercado cambiario. En días posteriores a la embestida verbal de Méndez sobre el salario de los trabajadores, la plaza ilegal del dólar tuvo más movimientos superando los 13 pesos por unidad. No es una conspiración, sino simplemente una disputa de poder en la cual cada uno utiliza sus principales armas para dirimir cómo se distribuye la riqueza, y el mercado cambiario es uno de esos terrenos de pelea.

Economistas de orígenes ideológicos diversos, encerrados en el microclima de papers o de asesoramiento empresario, de-sestiman la existencia de ese conflicto concentrándose en la pérdida de competitividad por el supuesto atraso cambiario, que es la vía argumentativa para justificar la brusca devaluación que deprime el ingreso de los trabajadores. De una u otra forma sugieren que una fuerte devaluación lograría superar los “desequilibrios” acumulados en la economía. Como se sabe, el objetivo del equilibrio económico es una ilusión de laboratorio de la ortodoxia y, por lo tanto, las tensiones de competitividad existentes exigen un mayor esfuerzo de gestión y de aportes técnicos que la salida fácil de una devaluación precipitada.

La crisis cambiaria de fines de enero de este año es muy aleccionadora. Esa devaluación de poco más del 25 por ciento no mejoró la competitividad de la economía, no aumentaron las exportaciones y tuvo las consecuencias conocidas: alzas de precios, caída del salario real y recesión. Méndez y sus compañeros de ruta, como el productor agropecuario y secretario de la UIA, José Ignacio de Mendiguren, utilizan la tradicional muletilla de la falta de confianza para invertir por causa de las actuales condiciones económicas. Es extraña esa afirmación porque en lo que va del año la explicación de analistas de la city sobre la fortaleza del mercado bursátil, con cotizaciones de acciones y bonos en alza, es las buenas perspectivas que los inversores tienen sobre la economía argentina por las especulaciones políticas de cambios luego de las elecciones presidenciales de 2015. ¿Cómo se entiende esa diferencia de percepción? Existen dos posibles respuestas, que no son excluyentes. Una, esos industriales argentinos sólo invierten con fuertes subsidios estatales, para luego de obtener ganancias por esos emprendimientos fugar una parte y otra destinarla a comprar campos. La otra es que son rentistas y fugadores seriales de capitales independientemente del régimen de gobierno (dictadura o democracia), partido político (radical o peronista) o política económica (neoliberal o heterodoxa).

Para ese bloque de industriales, la devaluación tiene el objetivo de disminuir el salario real de los trabajadores, pero también la de valorizar sus capitales fugados en dólares medidos en moneda doméstica, lo que les permite adquirir activos a menor precio. Aunque el discurso convencional insista con que la devaluación, o sea una moneda local depreciada, es un importante motor del crecimiento del Producto y de aumento de las exportaciones industriales, la evidencia empírica muestra que ese resultado no se verifica.

La investigación El mito del crecimiento económico dirigido por el tipo de cambio competitivo, de Alejandro Fiorito, Nahuel Guaita y Silvio Guaita, y ACA señala que existe una interpretación bastante difundida tanto en gran parte del convencionalismo como en la heterodoxia, sobre el papel que juega una devaluación en el crecimiento de las exportaciones industriales, como causante de la expansión del PBI y por ende del empleo. Explican que “no surge a partir de los datos para la Argentina que el tipo de cambio fuese el que genera los canales de demanda que permite el crecimiento. Por el contrario, estudios tanto para Brasil, México y Argentina muestran que en realidad el comercio exterior se manifiesta poco elástico ante cambios del tipo de cambio y con él también el crecimiento del Producto”. Precisan que las elasticidades del comercio para las cantidades exportadas e importadas por la Argentina entre 1993-2008 muestran la baja elasticidad que tienen los volúmenes de comercio al tipo de cambio real multilateral. Esto significa que una moneda doméstica depreciada no se ha traducido en un alza adicional de las exportaciones. La mejora del comercio exterior, como la registrada en los últimos años, responde más “a cambios en el ingreso y la utilización de la capacidad de los países socios, que en los precios relativos de los productos exportados”, ilustra esa troika de economistas.

Como se mencionó, una devaluación fuerte se trasmite a los precios, deprime el salario real y consiguientemente la capacidad de gasto de los trabajadores, como se verificó en el primer trimestre de este año, costos que todavía se siguen padeciendo, e induce una recesión que permite mejorar la cuenta corriente de la balanza de pagos. Pese a estos evidentes resultados, un grupo de industriales con su secta de economistas mediáticos insisten con el concepto “barato” del tipo de cambio para abordar la cuestión de la competitividad de la economía.

En el espacio Debates Económicos de este diario, de los lunes, se publicó el 11 de noviembre del año pasado una opinión de Nahuel Guaita que ofrece un argumento contundente para prevenirse de los devaluacionistas: “El fervor por devaluar parece que les hace perder de vista que las exportaciones son poco y nada sensibles a las variaciones del tipo de cambio real; en cambio están mucho más atadas a la evolución de la demanda mundial. También existe el impacto negativo en la distribución del ingreso debido a la caída del salario real. Por otra parte, dada la dependencia de la economía argentina de equipo y bienes de capital importados, y su baja elasticidad a las variaciones de tipo de cambio real, no se asegura una disminución de las importaciones por el simple cambio de un precio relativo. Al contrario, la balanza de pagos termina peor y sólo una fuerte alza en el desempleo la equilibra. Si las devaluaciones a priori no son favorables al crecimiento del Producto, a posteriori no se ve bien cómo serían favorables, puesto que la caída en la demanda agregada induce un efecto negativo sobre la productividad sistémica de la economía”.

Así se entiende cuál es el objetivo del reclamo de Méndez y sus socios de un dólar de 10 a 11 pesos: una caída del salario real y más desempleo para disciplinar a los trabajadores y enfriar de ese modo las demandas por una mejor distribución de la riqueza.

Original: Pagina 12

1 feb 2014

Non piangere per noi, Italia!

 Por Roberto Lampa y Alejandro Fiorito


L’intervento “palla o piede” sulla situazione argentina di Alberto dello scorso 25 gennaio, oltre che onorare e rinverdire i fasti della tradizione dello stopper italiano – quello che, da Scirea a Bergomi fino a Tassotti e Giacomo Ferri, andava dritto alle gambe dei fantasisti latinoamericani di turno, senza tanti complimenti o melliflui ghirigori – ha il grande merito di rompere il velo d’ipocrisia che da mesi avvolge il dibattito sul nostro paese, del quale si parla molto e a sproposito, perché in realtà ogni riferimento è puramente strumentale a giustificare o demonizzare le decisioni di politica economica che investono l’Eurozona e l’Italia.  

In questo modo, i pasdaran del rigore europeista dicono in soldoni “se abbandonerete l’unione monetaria, farete la fine dell’Argentina del 2001!” mentre sul fronte opposto si controbatte “se non usciremo dall’Euro, non potremo mai riprenderci come invece ha fatto l’Argentina, svalutando la sua moneta nel 2003”.

Pur non essendo equidistanti da queste posizioni (ed anzi, ritenendo la prima un non senso, dato che vari paesi periferici hanno già fatto la fine dell’Argentina del 2001) confessiamo, in tutta sincerità, di non aver mai voluto essere parte di questa dialettica tutta primo-mondista. Quello che a noi interessava nel famoso articolo apparso su “Il Manifesto” (ops…si può dire su goofynomics? [NdC: sarebbe meglio di no...]) era in soldoni smentire la ridda di voci catastrofiste che circolavano sull’Argentina (un titolone del Fatto parlava addirittura di default imminente!) e, in secondo luogo, criticare la teoria Neo-Strutturalista degli argentini Frenkel e Rapetti (ripresa da Alberto), che in quei giorni (Rapetti sembra essersi smarcato, nel frattempo) chiedevano a gran voce un cambio drastico della politica economica argentina attraverso una forte svalutazione del peso, l’aumento dei tassi d’interesse, la riduzione della spesa pubblica ed il raffreddamento della domanda domestica per abbassare l’inflazione, aumentare la competitività e continuare così a crescere attraverso le esportazioni.

Riteniamo che i recenti sviluppi della congiuntura economica argentina più che smentire confermino il nostro punto di vista, che, vogliamo ricordarlo, si basava su un’altra diagnosi, denunciava altri rischi e suggeriva un’altra direzione per superarli. È tuttavia indispensabile una premessa per il lettore del primo mondo: capire la particolarità delle economie latinoamericane significa scordarsi per un po’ i dibattiti convenzionali tra grandi economisti ed aver letto almeno un pochino i classici della scuola strutturalista: Raul Prebisch, Celso Furtado e la teoria non-monetaria dell’inflazione di Julio Olivera. Ciò che accomuna questi pensatori è, in estrema sintesi, che ciò che vale nelle economia sviluppate non può essere traslato sic et simpliciter al Latinoamerica dove certi luoghi comuni (o perfino certe evidenze empiriche) vengono puntualmente smentiti.

Che cos’è accaduto dunque, in Argentina?

A partire dal 2003, lo sganciamento dal dollaro e l’andamento favorevole dei prezzi delle materie prime alimentari hanno reso possibile un cambio drastico della politica economica, in precedenza dettata dal FMI: espansione fiscale invece dell’austerità; espansione monetaria invece degli alti tassi d’interesse; fine dell’indipendenza della banca centrale; integrazione regionale e un maggior grado di protezionismo verso il resto del mondo invece del libero mercato imposto con la forza militare a partire dalla fine dei Settanta. Ciò si è tradotto in altissimi tassi di crescita e drastica riduzione della disoccupazione, oggi al 6,8%.
In maniera non dissimile dal passato, questa strategia di crescita impone però il massimo di attenzione per quanto riguarda le riserve internazionali in dollari, sennò si rischia di cadere dalle stelle alle stalle, in base al paradosso del ciclo stop and go:  la forte crescita del Pil innesca un’impennata delle importazioni (maggiore della crescita delle esportazioni) che genera un crescente disequilibrio di conto corrente della bilancia dei pagamenti. Per arrestare questo fenomeno si ricorre a una drastica svalutazione, che, dato il contesto di crescita, fa schizzare l’inflazione fuori controllo, peggiora la distribuzione, raffredda l’economia e annulla gli effetti della crescita economica precedente, condannando il paese a un perenne sottosviluppo

Tra il 2003 ed il 2011, le importazioni sono cresciute in media del 16,6% annuale mentre le esportazioni soltanto del 6,3% annuale. Ciò ha determinato un deficit nelle partite correnti, tuttavia la forte crescita ha permesso di contenerlo a livelli inferiori al resto della regione
Tuttavia, tra l’agosto e il dicembre 2011 un fortissimo attacco speculativo colpisce duramente le riserve. In vista delle imminenti elezioni presidenziali, i media oppositori iniziano una campagna martellante in base alla quale la presidentessa starebbe pensando ad una mega svalutazione post-elettorale del peso. Nel pieno rispetto della legge, avviene così un’enorme “corrida cambiaria”, che determina una fuga all’estero di quasi 11mila milioni di dollari.

Come conseguenza, il governo introduce rigidi controlli ai capitali e al mercato della valuta straniera, di fatto ristretto alle sole imprese e non più ai cittadini.

Come contro-conseguenza, nasce quindi un mercato nero del dollaro, con quotazioni molto superiori di quella ufficiale.

Entrambi questi elementi permettono la nascita di una enorme macchina della speculazione finanziaria e fondiaria (gestita da imprese multinazionali, banche estere come HSBC e grandi proprietari terrieri) che nel 2013 ha portato a un crollo delle riserve in dollari, passate da 42.000 milioni a 30.000 milioni. Che cosa è successo?    

Le banche estere con filiale negli Stati Uniti, garantivano l’afflusso di dollari al mercato nero attraverso un meccanismo simile al pronti contro termine: il cliente comprava in pesos un titolo della Borsa di Buenos Aires ma quotato anche a Wall Street; quindi apriva un conto corrente all’estero e lo rivendeva a New York ricavando dollari, da rivendere in Argentina al mercato nero o da depositare all’estero.

Dal lato delle importazioni, le tante multinazionali che operano nel paese (automobilistiche, farmaceutiche etc.) sono costantemente ricorse alla sovrafatturazione delle componenti inviate dalla casa madre per approvvigionarsi di dollari extra da rivendere al mercato nero o trafugare all’estero. In più, la quasi totalità delle imprese hanno anticipato le quantità da importare per avere subito in mano dollari, che avrebbero più avanti rivenduto al mercato nero, confidando nel continuo apprezzamento del dollaro illegale.

Dal lato delle esportazioni, infine, le grandi esportatrici della soja e del settore primario hanno letteralmente smesso di esportare nel 2013, confidando nella forte meccanizzazione che permette di conservare il raccolto per anni, sotto vuoto in enormi silos. Visto infatti l’andamento del mercato nero del dollaro il loro interesse era aspettare il punto più alto della svalutazione per vendere il raccolto e approvvigionarsi di dollari, da rivendere al mercato nero o nascondere all’estero.

Ma perché le imprese hanno potuto anticipare l’import e il settore primario ritardare l’export senza fallire o soffrire perdite? Perché per eccesso di “zelo keynesiano” il governo ha mantenuto tassi d’interesse reali negativi che hanno permesso ad entrambe di finanziarsi prendendo prestiti vantaggiosi, in attesa della speculazione.

Del resto, cosa ancor più grave, anche in termini nominali è esistito un differenziale tra tasso d’interesse domestico e resto del mondo.

Attenti, non vogliamo qui affermare che sia giusto il rigore della politica monetaria o che gli economisti keynesiani abbiano torto a priori, ma solo che l’esistenza di un differenziale nominale negativo col resto della regione (e talvolta lo stesso primo mondo) ha determinato che questi stessi capitali, frutto della speculazione, prendessero, in ultima istanza, la via della fuga all’estero (FAE).

Questo differenziale di rendimento (linea rossa nel grafico) si può agevolmente costruire sottraendo dal tasso di interesse base nazionale (i) la sommatoria di tasso d’interesse base internazionale (i*),  spread sui titoli (ρ) e tasso di svalutazione attesa nel mercato spot (Sе):

Insomma, la forte differenza di rendimento nominale tra pesos e dollari ha determinato l’inefficacia dei controlli di capitale.

Di fronte a questo scenario complicato, il governo ha giocato lo spariglio: ha svalutato il peso sul dollaro  fino a quota 8 ed ha liberalizzato l’accesso all’acquisto di dollari (ovviamente esiste un tetto massimo in base al reddito dichiarato). Allo stesso tempo, ha aumentato il tasso di interesse di riferimento per il settore agricolo (il cosiddetto tasso Badlar, attualmente al 21%).

La strategia del governo mira a tenere il cambio inchiodato ad 8 per far fallire il mercato nero ed obbligare gli esportatori a esportare. Allo stesso tempo, esiste anche la convinzione che le importazioni saranno ora più care e che, di fronte a un cambio stabile, non verranno più anticipate. Ovviamente, mantenere questo cambio implicherà il sacrificio di ulteriori riserve, stimato tra i 5mila e i 10mila milioni di dollari, una cifra senza dubbio importante. Al riguardo, si vocifera però che la banca centrale brasiliana si stia preparando a venire in soccorso, dati l’abbondanza di riserve (oltre 320.000 milioni di dollari) e il fatto che il crollo argentino avrebbe l’effetto di una tsunami sulla regione.

Se questi sono i fatti, a noi interessa rimarcare una serie di implicazioni.

In primo luogo, che questi interventi non implicano necessariamente l’abbandono del modello di crescita che l’Argentina ha sin qui adottato se, per esempio, verranno implementate misure compensatorie per i redditi più bassi colpiti dalla svalutazione e se venisse segmentato il tasso d’interesse, in modo da contenerne gli effetti recessivi su consumo e impiego, mantenendolo basso per le famiglie e gli investimenti produttivi. Del resto, il permanere a zero dei tassi d’interesse nei paesi sviluppati permetterebbe anche ad un aumento moderato del tasso argentino di essere efficace, specie se accompagnato da una riduzione dello spread.

La presentazione, questa settimana, dei piani di intervento PROGRESAR (sussidio per i giovani neet che si riscrivano alla scuola o all’università, per un totale equivalente a 1.375 milioni di dollari) e FONDEAR (credito agevolato per le imprese che operino in settori ad alto valore aggregato, per un totale di 1.250 milioni dollari) sembrerebbero rafforzare questa ipotesi.

In secondo luogo, che la situazione attuale non smentisce nessuna delle nostre critiche alla diagnosi di Frenkel e Rapetti.

Intanto, perché la svalutazione appena compiuta non aveva affatto come obiettivo né l’aumento dell’export né stimolare la crescita economica (per la cronaca, il PIL quest’anno chiuderà al +5,1% e la disoccupazione è al minimo storico del 6,8%). Il suo obiettivo era infatti interrompere la fuga di capitali e spezzare le reni alla speculazione fondiaria e finanziaria per salvare questo modello di crescita. A che serve dunque sacrificare oltre misura il salario reale se come mostrano differenti contributi (Fiorito, Guaita & Guaita; Berretoni & Castresana; VERNENGO) le esportazioni e le importazioni argentine sono inelastiche rispetto al tasso di cambio?
Del resto, a nostro avviso la stessa inflazione non dipende da eccesso di domanda ed emissione (come argomentano a più riprese Frenkel e Rapetti) ma, piuttosto, dall’effetto trascinamento del forte prezzo dei prodotti primari esportati sui prezzi interni (anche a noi piace mangiare la carne argentina e mangiamo pane e farinacei!), dal conflitto distributivo (a partire dal 2009, anno in cui il salario reale recupera il potere d’acquisto perso nel 2003) e dal ritmo della stessa svalutazione (che a dispetto dei luoghi comuni è stata del 61% rispetto allo scorso gennaio 2013) Del resto, anche l’utilizzo della capacità produttiva installata oggigiorno è ben al di sotto delle possibilità dell’economia argentina, che pertanto non si trova in una condizione artificiosamente surriscaldata. Nemmeno può dirsi che il tasso di cambio reale fosse in ritardo rispetto al resto della regione determinando un problema di competitività, ad esempio data l’enorme apprezzamento nominale del real.

Tasso di cambio reale bilaterale con USA (100=2000)
Fonte: Frenkel & Rapetti, (2011), p.16

Infine, neanche il deficit fiscale rappresentava un problema tipicamente argentino, che anzi poteva contare su un saldo primario  di parte corrente  in linea con la media del resto della regione in % dil PIL:

http://www.cepal.org/de/publicaciones/xml/2/45172/Serie_MD_116.pdf

http://www.eclac.org/publicaciones/xml/4/50484/EstudioEconomico2013completo.pdf

Insomma, il 2014 sarà pure un anno complicato per l’Argentina ma non ci sentiamo di fissare già la data del funerale di questo paese. Non piangete per noi dunque, amici italiani.
P.S. Roberto Lampa è un italiano cui ai 33 anni “pe’ potè campa’ j’ha tuccate emmigrà” (parafrasando un capolavoro del trash anni 80). Alejandro Fiorito è invece figlio di padre italiano ed esperto nella coniazione di neologismi italo-argentini. Li pagano, rispettivamente, l’Università di Buenos Aires e quella Nazionale di Lujan. Entrambi, guardano con dolore alla situazione italiana e auspicano che la vicenda Argentina possa stimolare risolutezza e decisioni drastiche per uscire dalla crisi che sta stritolando il paese. 
Originale: Goofynomics
 

6 ene 2014

Turismo y restricción externa

Por Silvio Guaita *


En una economía periférica, durante períodos de crecimiento, pueden producirse cuellos de botella debido a la escasez de divisas. Es decir, la expansión económica puede verse restringida por la falta de dólares, necesarios para el funcionamiento de la economía. Ante esto existen tres opciones: se disminuye la tasa de expansión de la economía o se incrementa la oferta de divisas y/o se sustituyen importaciones. Si en una economía con estas características, existiese un gobierno cuyo objetivo es promover el crecimiento económico con inclusión social, la primera opción debería descartarse por razones obvias. Una menor tasa de crecimiento del producto desacelera la reducción del desempleo, así como la generación de puestos con mejor remuneración para los mismos, e impide la inclusión social de una gran parte de la población que tiene trabajo pero no se encuentra registrada.

La segunda y/o tercera opción es la única alternativa. Para esto se podría apuntar, entre otras opciones, a reducir el gasto realizado por los habitantes que van a vacacionar al extranjero. Una pregunta interesante es saber si la disminución de este gasto, por un aumento del costo de adquisición de los bienes y servicios extranjeros a través de un impuesto a las compras, por ejemplo, va a generar un ahorro de divisas a nivel macroeconómico, no sólo en el corto plazo sino también en el largo plazo. Es decir, si se van a consumir menos dólares a través del tiempo.
Suponiendo que existe un nivel de ingreso a partir del cual un habitante puede y comienza a demandar bienes y servicios en el extranjero, es esperable que en una economía en expansión (ingreso per cápita creciendo) en la que se promueve la reducción de la desigualdad e inclusión social, exista cada vez una masa mayor de individuos por encima de dicho nivel.

Ergo, un impuesto a las compras en el extranjero reduce en un primer momento la cantidad de bienes y servicios que se pueden comprar con un ingreso dado. Pero esta caída es de carácter temporario, ya que el ingreso de la población que vacaciona en el extranjero no es fijo. En otras palabras, a menos que se esté aumentando el costo de viajar al extranjero de forma continua, dicho encarecimiento sólo retrasa lo inevitable. En una economía en expansión tarde o temprano se produce un aumento del ingreso de la población, que compensa la pérdida de poder adquisitivo generada por el impuesto.

En segundo lugar, indudablemente se produce un desaliento a vacacionar en el extranjero. Pero el número de individuos disuadido es pequeño. Esto se debe a que el aumento del impuesto afecta mayormente a aquellas personas que tienen un ingreso muy cercano al requerido para vacacionar fuera del país. Hay una gran porción de individuos que puede financiar sus viajes con tarjetas de crédito, tomando créditos o apelando a ahorros anteriores, sin necesidad de tener que disminuir sus gastos.

En tercer lugar, puede suponerse que el impuesto a las compras con tarjeta es lo suficientemente fuerte como para generar que una gran cantidad de individuos desista de viajar al extranjero y decida vacacionar dentro del país. En ese caso se incrementará el gasto interno, aumentando la demanda de bienes y servicios nacionales. Como muchos de ellos requieren insumos importados para ser fabricados, paralelamente se incrementarán las importaciones. Al mismo tiempo, el ingreso per cápita de la población se incrementará por la mayor actividad económica interna, generando que viejos y nuevos individuos tengan mayores ingresos para gastar en el extranjero.

Por lo tanto, ante la ausencia de una política de sustitución de importaciones coherente que disminuya la demanda de dólares a nivel agregado (realizada a partir del estudio y análisis de una matriz insumo producto), dicho impuesto no alterará significativamente el consumo de dólares o incluso lo empeorará.
En cuarto lugar, si dicho aumento en el costo de los bienes y servicios extranjeros va acompañado de una devaluación sostenida por goteo, posiblemente se vea reducido el consumo de divisas a corto plazo, pero debido a la caída de la actividad económica interna por la pérdida de poder adquisitivo de la población. Es decir, la regresividad de la devaluación y su incapacidad para inducir cambios estructurales en la economía, solamente disminuirá el consumo de dólares de forma coyuntural, dejando inalterada la tendencia a un mayor consumo de dólares en el largo plazo.

En conclusión, un gobierno que promueve el crecimiento económico con inclusión social debe tomar medidas de política económica coherentes con dichos objetivos. El encarecimiento del tipo de cambio para vacacionar en el extranjero no puede por sí solo revertir las tendencias a nivel macroeconómico, tanto en el corto y largo plazo, de consumo de divisas. A menos que la misma se complemente con políticas sustitutivas consistentes, se seguirá observando una incoherencia entre objetivos y resultados.

* Licenciado en Economía (UBA).

Original: Pagina 12

6 dic 2013

Sustitución de importaciones ¿Cuáles sí y cuáles no?


por Silvio Guaita y Nahuel Guaita 
Con la llegada del nuevo gabinete, uno se pregunta si se está cambiando algo para que nada cambie o si se está cambiando algo para que ciertas políticas cambien. Una de las políticas que debería modificarse es la concerniente a la sustitución de importaciones. Más precisamente, debe corregirse la forma en la que se la lleva adelante.
En primer lugar, el objetivo de la misma es generar un ahorro macroeconómico en divisas para relajar la restricción externa. La forma de medir este ahorro puede realizarse a través de una matriz insumo producto, particularmente una matriz de coeficientes de importación y una matriz de coeficientes técnicos nacionales. En otras palabras, se requiere de matrices que expresen la proporción de insumos importados y nacionales que utilizan los distintos sectores de la economía para realizar su producción.
A partir de esas dos matrices y con un vector estimado de precios de productos importados se está en condiciones de calcular lo que definimos,  en un trabajo presentado en el congreso de AEDA de este año, como ahorro neto en divisas (AND). Dicho ahorro es definido como la diferencia entre el ahorro bruto en divisas (ABD) y el costo en divisas de producción (CDP).
El ahorro bruto en divisas es el ahorro instantáneo en divisas generado por el cese de la importación de un bien. En otras palabras, el ABD se define como la cantidad importada de un bien (j) por su respectivo precio (p*). Dicho ahorro, por definición, siempre es positivo. Si se deja de importar un bien, dejando todo lo demás constante, es imposible no obtener un menor gasto en divisas. Por otro lado, el costo en divisas de producción se define como el costo en divisas directo e indirecto de producir internamente un bien que antes se adquiría en el extranjero. En otras palabras, incluye no sólo el gasto en divisas realizado por el sector que va a producir dicho bien (por ejemplo, el sector automotor) sino también todos los gastos en divisas realizados por los restantes sectores de la economía que debieron incrementar su producción para satisfacer la demanda de insumos de dicho sector.
Se deduce entonces que la fabricación de un bien puede generar un ahorro neto en divisas, positivo o negativo, dependiendo del tamaño de estos dos componentes. Un ahorro neto en divisas negativo significa que el costo en divisas de fabricar un bien internamente es superior al de adquirirlo en el extranjero. Por lo tanto, dicho bien no debería ser fabricado nacionalmente. Mientras que un positivo ahorro neto en divisas implica que el costo de producción de un bien antes importado es inferior a la adquisición del mismo en el exterior. La producción de este último debe ser impulsada.
Un ejemplo
Veamos un caso ficticio. Supongamos que el sector que fabrica automóviles demanda insumos importados, por ejemplo estéreos, por US$ 100 millones. El Estado decide sustituir importaciones en dicho sector y restringe la importación de estéreos. En este caso, el ABD sería igual a US$ 100 millones y, consecuentemente, dichos insumos comienzan a ser producidos internamente. Ahora bien, la fabricación de los equipos en territorio nacional puede requerir nuevos insumos importados, que son un costo directo para el sector productor de estéreos pero un costo indirecto para el de automóviles. Al mismo tiempo, los insumos nacionales utilizados para la fabricación de estéreos pueden contener algún componente extranjero. Notar que esta desagregación de la producción puede continuar casi infinitamente.
Por lo tanto, es esta concatenación de gastos en divisas hacia atrás, la que no puede ser ignorada. La misma debe calcularse a partir de un algoritmo matricial que permite tener en cuenta los gastos en divisas realizados por toda la economía para que el sector fabricante de automóviles sustituya por producción nacional la importación de estéreos. Supongamos que luego de realizado dicho cálculo, a partir de las matrices mencionadas anteriormente, se obtiene que el costo en divisas directo e indirecto para fabricar los estéreos (CDP) es igual a US$ 75 millones. En este caso se obtendría un AND de US$ 25 millones. Por lo tanto, el costo en divisas de fabricar los estéreos en suelo nacional es inferior al costo de demandarlos en el extranjero.
Dado esto, su producción puede y debe ser estimulada ya que relaja la restricción externa a nivel agregado. En resumen, es necesario contar con un instrumento que describa la estructura y las interrelaciones existentes en la economía, como las matrices insumo producto, para poder determinar coherentemente cuáles son los bienes candidatos a ser fabricados internamente. De otro modo, el ahorro en divisas queda en manos del azar. Ergo, los resultados pueden ser totalmente opuestos a los inicialmente buscados.
La implicancia de política económica de la realización de estos cálculos es relevante: no cualquier bien puede, ni debe, ser producido internamente si el objetivo es relajar la restricción externa.
*Lic.  en economía (U.B.A)
**Lic.  en economía (U.B.A)
Original: El Economista

28 nov 2013

Keynesianismo sin límites Falta una orientación comercial estratégica

Por Silvio Guaita*
Aceptadas la teorías de crecimiento lideradas por la demanda, no es esperable un aumento de la inversión (o de re-inversión de utilidades obtenidas en períodos anteriores) sin un aumento de la demanda efectiva. Ahora bien, garantizado dicho incremento, el límite al crecimiento de la expansión de la capacidad productiva se encuentra dado por la disponibilidad de divisas, es decir, la restricción externa. Esto se debe a que más del 80% de los bienes que se adquieren en el extranjero pertenecen a la categoría de bienes intermedios y de capital. Es decir, los incrementos en la inversión interna implican aumentos considerables de las importaciones, las cuales deben ser pagadas con divisas.
Focalizar
Para relajar esta restricción, se debe reducir el multiplicador de bienes importados. En otras palabras, se debe reducir la cantidad de bienes extranjeros que se demandan cuando se incrementa la producción interna. Dos sectores en los que podría empezarse a encarar un proceso sustitutivo (dado los elevados déficits en sus balanzas comerciales), buscando qué bienes o insumos pueden ser producidos internamente a un costo en divisas inferior al costo de compra en el exterior son el sector energético y la industria de autopartes.
Por otro lado, en un segundo escalón, figuran la industria ferroviaria y la industria militar, particularmente la naval, no por sus déficit comerciales sino debido a su capacidad de generar eslabonamientos productivos, hacia adelante y hacia atrás, cuando se expanden.
En primer lugar, el desarrollo de un sistema de ferrocarriles nacional o interprovincial permitirá reducir los costos de transporte de mercancías, mejorando la competitividad de la economía. Es entendible, dado el estado actual de los ferrocarriles, que se priorice la compra de material ferroviario importado (chino) a corto plazo. Pero dicha política de importación debe ser abandonada a mediano y largo plazos, simplemente porque no contribuye al crecimiento y desarrollo de la producción nacional ni a relajar la restricción externa.
En segundo lugar, la industria naval, dada la extensión del mar de la Argentina y la necesidad de contar con buques que patrullen el mismo, puede ser aprovechada para desarrollar eslabonamientos productivos hacia adelante y hacia atrás.
Recientemente, tres buques de guerra chinos, de los más avanzados con los que cuenta dicho país hasta la fecha, visitaron la Argentina. La versión oficial del motivo de la visita es “incrementar el conocimiento mutuo, fomentar la amistad y profundizar la cooperación”. En un sistema global, de competencia interestatal (tanto económica, como tecnológica y militar), es difícil creer que dichos buques estuvieron de paseo o sin ningún interés adicional además de la exhibición del creciente poder militar chino. Ahora bien, en un mundo donde los océanos siguen dominados por una única superpotencia, particularmente por los portaaviones de Estados Unidos, la hipótesis de intimidación queda descartada.
Pero la hipótesis comercial cobra importancia. Cuatro razones existen para no comprar “buques de guerra a China” e intentar fabricar propios. En primer lugar, la no disponibilidad de divisas para realizar este tipo de adquisiciones en el extranjero. Segundo, la importación de este tipo de bienes no sólo consume divisas sino que también aborta la posibilidad de desarrollar la industria nacional y de aumentar la productividad de la economía. Tercero, la no necesidad de contar con buques tan avanzados dadas la imposibilidad e improbabilidad de ocurrencia de un conflicto bélico en el que la Argentina se vea involucrada. Finalmente, dado que tuve la oportunidad de visitar el destructor y la fragata china, a pesar de que son de última generación, los marineros chinos apelaban para explicar todo su sistema de armas a los sistemas creados por los norteamericanos.
Por lo tanto, antes de comprar “tecnología china” o material bélico chino no probado en conflictos, es preferible adquirir tecnología original directamente de los mejores fabricantes de armas a nivel mundial, es decir, Estados Unidos.
En resumen, la expansión de la demanda es una condición necesaria pero no suficiente para garantizar el crecimiento y desarrollo. La sustitución de importaciones y la integración económica con otros países también es relevante. Pero las posibilidades de expansión productiva no serán las mismas si se promueve una integración con China a que si se busca una integración estratégica con Brasil. El primero, es una locomotora de demanda de alimento para cerdos y un oferente de todos aquellos bienes que los dólares obtenidos con dicha venta pueden comprar. Mientras que el segundo, si se construyen cadenas de valor adecuadamente, puede ser el centro de demanda de bienes intermedios y de capital, que necesitan y deben ser producidos en nuestro país, y paralelamente ser un oferente de productos finales para el resto del mundo.
El futuro de la estructura productiva argentina también dependerá de esta decisión.
*Lic. en Economía (U.B.A)
Nota original aquí.

19 nov 2013

Una explicación alternativa a la “Formación de Activos Externos” en Argentina



   Formación de activos externos y diferencial 2006:1-2011:9

Por Matías De Lucchi (1)
       Silvio Guaita (2)
        Nahuel Guaita (3)

1.      Introducción

Desde agosto de 2007 hasta septiembre-octubre de 2011, la Formación de Activos Externos (FAE) del sector privado no financiero adquirió en promedio un nivel significativo que se fue mostrando cada vez más preocupante con los decrecimientos de los superávits de cuenta corriente y la caída en las reservas internacionales.  Desde entonces, la cuestión de la “fuga de capitales” ha sido debatida intensamente en Argentina, (ver ACA)  o dicho de otro modo, ha vuelto nuevamente a ser un fenómeno de discusión. Sin embargo, a pesar de la experiencia que Argentina tiene en esta materia, todavía no se vislumbra ningún tipo de consenso sobre las causas de la FAE, ni siquiera entre los economistas argentinos heterodoxos.

En general, predominan dos tipos de explicaciones con implicancias políticas opuestas. En primer lugar, se encuentra la explicación que hace hincapié en la apreciación del tipo de cambio real. Según esta visión, la apreciación cambiaria habría ingresado a un umbral de incompatibilidad con la estabilidad del sector externo. Las altas tasas de crecimiento económico que se experimentaron en la última década habrían creado un exceso de demanda que el Gobierno nunca quiso corregir. El “populismo” fiscal habría generado inflación, y por ende apreciación cambiaria. Además, la tasa de interés real negativa agravaría la “escasez de ahorro” y por lo tanto la “falta de inversión”. En otras palabras, la FAE estaría expresando las expectativas racionales de los agentes que, a partir del supuesto de la PPP, estarían convencidos de que la maxi devaluación es inevitable. Dicho de otro modo, el dólar estaría “barato” con respecto a un tipo de cambio de “equilibrio”.  De esta manera, la solución a la salida de capitales pasaría por un ajuste fiscal y una fuerte devaluación que corrija los “desequilibrios macroeconómicos”.

En la vereda de enfrente se encuentran las explicaciones sociológicas y políticas. Por alguna razón histórica desconocida, los argentinos tenedores de riqueza líquida habrían desarrollado un compromiso cultural con la moneda y la economía norteamericana en detrimento del desarrollo argentino. En este sentido, como sería natural que resistan a la política cambiaria de un Gobierno nacional y popular, la salida pasaría por el reforzamiento de los controles cambiarios y la punición económica.  

2.      Un enfoque alternativo
Sin embargo, desde un enfoque clásico-keynesiano ambas explicaciones generan varios interrogantes. En primer lugar, aún en un contexto de economía abierta y con movilidad de capitales no hay motivos para suponer que el Gobierno pueda perder el control de la política monetaria (y cambiaria) mientras cuente con márgenes de maniobra externa. Por lo tanto, la negación de la “trinidad imposible” sugiere que los agentes no forman expectativas racionales ni la economía tiende a un tipo de cambio natural o de equilibrio.

En realidad, el largo plazo responde a la “sucesión de cortos plazos” donde los agentes forman expectativas largamente adaptativas. A su vez, en condiciones de solvencia externa, el Banco Central posee los mecanismos para influenciar dichas expectativas si interviniese persistentemente para fijar la tasa de interés y el tipo de cambio nominales.  Asimismo, aún en un contexto de gran incertidumbre sobre la evolución del tipo de cambio spot, el Banco Central puede determinar las expectativas de devaluación a través de su intervención directa en el mercado forward.

Por otro lado, es difícil pensar que los tenedores de riqueza liquida actúen persistentemente y colectivamente en función de intereses directamente políticos y no financieros. Por supuesto, en determinadas situaciones de debilidad cambiaria, grandes agentes financieros podrían apostar conspirativamente a una devaluación. Pero esta situación no podría prosperar por mucho tiempo sino se consuma la devaluación misma, pues las pérdidas por apostar persistentemente en el sentido errado imponen ciertos límites asociados a la rentabilidad normal.

Por estos motivos, es necesario desarrollar una línea de investigación alternativa para entender la determinación de los flujos de capitales de corto plazo en una economía abierta y que no emite moneda internacional. En este sentido, la FAE puede ser largamente explicada por el diferencial negativo entre los rendimientos nominales financieros locales y los internacionales en un marco donde la movilidad de capitales no es perfecta y no existen activos de sustitución perfecta. Por este motivo, mientras los activos “internacionales” (eufemismo para el dólar o títulos públicos norteamericanos) son “libres de riesgo”, a los activos locales se le imponen una prima de “riesgo país” (eufemismo para riesgo de default)  

Para nuestros fines analíticos macroeconómicos, el diferencial de rendimientos se puede construir restándole a la tasa básica de interés local (i) la sumatoria de la tasa básica de interés internacional (i*), la prima de riesgo país (ρ) y la tasa de devaluación esperada en el mercado spot (Sе).

Esto significa que cuando el diferencial es negativo (positivo) se esperará una salida (entrada) neta de capitales. De este diferencial, quizás, lo más importante es comprender los determinantes de las expectativas de devaluación. Desde nuestro enfoque, asumimos que las expectativas sobre el tipo de cambio spot están determinadas por la trayectoria pasada del tipo de cambio. Por lo tanto, con márgenes suficientes de maniobra externa, el Banco Central puede determinar las expectativas del sector privado simplemente interviniendo persistentemente en el mercado spot. Sin embargo, en economías de alta volatilidad como la Argentina es posible que el periodo de ajuste de las expectativas privadas a la política cambiaria en el mercado spot pueda no ser el deseado por el Banco Central. En este sentido, el Banco Central puede reforzar su política cambiaria interviniendo también en el mercado forward, o sea fijando no solo tipo de cambio spot sino también el futuro. De esta manera, la tasa implícita en el mercado de futuros es un proxy de las expectativas de devaluación de todo el sector privado. Así, el diferencial queda determinado de la siguiente manera:

Por supuesto que existen otras variables a tomar en cuenta como impuestos a los flujos de capitales entre otros costos de transacción. Pero como nuestro objetivo no apunta al análisis del diferencial entre dos activos en particular, evitamos hacer supuestos que, para nuestros fines, no alteran sustancialmente el fenómeno macroeconómico analizado. 
Conclusión

La corroboración empírica de este enfoque para una explicación alternativa a la fuga de capitales en Argentina plantea desafíos concretos en torno a la política monetaria y cambiaria. En otras palabras, en un contexto donde el saldo de cuenta corriente no es lo suficiente para cubrir la salida de capitales, sin al mismo tiempo perder reservas internacionales, de lo que se trata es de corregir el diferencial de rendimientos. A su vez, en un contexto de desdoblamiento cambiario de hecho, los desafíos son mayores.

En este contexto, una alternativa razonable pasaría por formalizar el desdoblamiento cambiario creando un mercado legal spot y forward de divisas para fines financieros y turísticos. De esta manera, el Banco Central podría intervenir directamente fijando el tipo de cambio financiero y al mismo tiempo liberar las controles cuantitativos de divisas. Es importante entender que no habría motivos para esperar un “overshooting” en el mercado del dólar financiero por el simple hecho de legalizarlo. Pero aun esperándose un escenario así, el Banco Central tendría las reservas internacionales  (y eventualmente el financiamiento contingente) para fijar el tipo de cambio financiero y contener su devaluación (y por ende las expectativas de devaluación). Siguiendo este razonamiento, es posible una reunificación cambiaria al cabo de determinado periodo si el tipo de cambio financiero nominal se mantiene elevado y estable mientras el dólar comercial avanza a través de mini devaluaciones para intentar corregir la apreciación.
Asimismo, dependiendo de la composición en la corrección del diferencial, la tasa de interés también podría ser alterada con compensaciones de políticas financieras si su impacto sobre el crédito al consumo (y crédito hipotecario, casi inexistente) fuese significativo. 


En fin, más allá de las combinaciones de política monetaria, de lo que se trata es de avanzar hacia un diagnóstico que no tenga que ver con supuestos neoclásicos ni con conspiraciones infundadas, sino con el entendimiento de las determinaciones de los flujos de capital de corto plazo en una economía periférica.   


Para seguir leyendo el resto del trabajo y corroboración empírica, ver ACA



[1] MS en Economía (IE-UFRJ), investigador, docente de la Maestría en Desarrollo Económico (UNSAM)
[2] Lic. en Economía (UBA) e investigador.
[3] Lic. en Economía (UBA) e investigador