El viejo Almacén. BsAs

Surplus Approach

“Es necesario volver a la economía política de los Fisiócratas, Smith, Ricardo y Marx. Y uno debe proceder en dos direcciones: i) purgar la teoría de todas las dificultades e incongruencias que los economistas clásicos (y Marx) no fueron capaces de superar, y, ii) seguir y desarrollar la relevante y verdadera teoría económica como se vino desarrollando desde “Petty, Cantillón, los Fisiócratas, Smith, Ricardo, Marx”. Este natural y consistente flujo de ideas ha sido repentinamente interrumpido y enterrado debajo de todo, invadido, sumergido y arrasado con la fuerza de una ola marina de economía marginal. Debe ser rescatada."
Luigi Pasinetti


ISSN 1853-0419

Entrada destacada

Presentación en la Feria del libro de Economía Política de Massimo Pivetti.

En el stand de la Universidad en la Feria del libro realizamos la presentación  del libro  Economía Política de Massimo Pivetti, de UNM edi...

29 oct 2022

Dinero, inflación y déficit: evitar el fundamentalismo

 

  20221029_tipo_cambio_oficial_gp_g

 

La idea de que la inflación sería causada por la emisión monetaria es tan ampliamente difundida que prácticamente no merece discusión ni verificación alguna. En este enfoque, el intento de “vivir por encima de los propios medios” conduciría a un gasto (público) excesivo. La expansión del déficit requeriría una mayor asistencia del Banco Central. Pero el creciente repudio de la moneda (debido a la inflación) lleva al Gobierno a pagar tasas crecientes, llevando los pasivos monetarios del BCRA y la deuda pública del Tesoro a una trayectoria insostenible.

La idea de esta nota no es negar que la economía argentina tiene serios problemas de deuda, dolarización e inflación, sino sugerir un marco conceptual alternativo que permita una comprensión más realista de las causas de esos problemas en línea con algunos avances registrados en la práctica de las políticas económicas.

La mayor parte del dinero moderno en las sociedades actuales toma la forma de depósitos bancarios, pero con frecuencia el origen de estos depósitos es confuso. Como observan los analistas del Banco de Inglaterra, o varios estudios del BIS (Bank for International Settlements), considerado el “banco central de bancos centrales”, existe una idea errónea según la cual los bancos actúan como meros intermediarios, prestando los depósitos de los ahorradores. Así, los depósitos son creados por la decisión de ahorrar de las familias y luego los bancos prestan esos depósitos a los prestatarios.

En realidad, cuando las familias ahorran más dinero en sus cuentas bancarias, esto supone que eligieron no consumir parte de sus ingresos. Así, ese ahorro que va a un depósito se realiza a costa de los depósitos que de otro modo habrían ido a las empresas en pago de bienes y servicios. Por tanto, es claro que el ahorro en sí mismo no aumenta el volumen de los depósitos o “fondos disponibles” que los bancos pueden prestar.

El principal problema de esta concepción es que, al considerar a los bancos como meros intermediarios, ignora el hecho fundamental de que los bancos comerciales privados son creadores de dinero. Al revés de lo que sugieren los manuales, en la práctica el acto de prestar crea depósitos. Esta creación de dinero tiene lugar mediante simples cambios en los balances de los bancos. Un banco crea un depósito en el mismo instante en que otorga un crédito. De tal forma que el banco primero otorga el crédito (abre un depósito a favor del deudor) y luego ajusta el nivel de reservas bancarias.

De este aspecto deriva otra concepción errónea muy usual: que el Banco Central determina la cantidad de préstamos y depósitos controlando la cantidad de dinero que emite (base monetaria), el enfoque del “multiplicador monetario”. Pero esta teoría no es una buena descripción de la realidad. En vez de controlar la cantidad de reservas, los bancos centrales hacen la política monetaria fijando el precio de las reservas (la tasa de interés). En la práctica, no es el aumento de la emisión de base monetaria la que genera aumento de las reservas bancarias y por vía del multiplicador genera créditos, sino que al aumentar los créditos los bancos ajustan su nivel de reservas, como explica el prestigioso especialista Chales Goodhart. La creación de dinero es liderada por la demanda solvente de crédito y determinada por decisiones de los bancos, porque –aspecto crucial– los bancos no están obligados a prestar. Luego estos ajustan su nivel de reservas y así determinan parcialmente la propia base monetaria.

Dinero y precios. Esto cambia bastante las cosas, en particular la forma de considerar la relación entre dinero e inflación. En el largo plazo ninguna teoría niega que la cantidad de dinero y el nivel de precios se mueven en la misma dirección. El punto en verdad son las relaciones de causalidad: ¿el dinero causa los precios o es al revés? El premio nobel de Economía James Tobin explicó que la alta correlación entre precios y dinero podía llevar al peligro de incurrir en una causalidad falsa, consistente en asumir que, si un evento sucede después de otro, el segundo es consecuencia del primero. Por ejemplo: los precios aumentan porque aumenta la cantidad de dinero. El razonamiento podría peligrosamente parecerse a este: como el gallo siempre canta antes de que salga el sol, entonces el canto del gallo “provoca” la salida del sol.

En línea con la práctica de los bancos centrales, en los últimos años una nueva perspectiva cobra progresiva aceptación entre los economistas del mainstream. La idea es que el dinero en el mundo actual es un fenómeno endógeno. ¿Qué significa esto? Significa que los bancos centrales utilizan las tasas de interés nominales como instrumento de política, mientras que los agregados monetarios juegan un papel puramente pasivo. Como lo expuso claramente el expresidente del Banco de Canadá, Charles Bouey, en 1999: “Nosotros no abandonamos a los agregados monetarios, ellos nos abandonaron”. Así, la cantidad de moneda no estaría al inicio de la cadena causal de la inflación, sino al final.

Inflación y déficit. El déficit fiscal aparece en el debate público de Argentina como una “enfermedad crónica” consecuencia de una inclinación hacia el populismo y sería la causa de la elevada inflación, la pobreza y el estancamiento. Básicamente, sería el resultado de malas decisiones de los responsables de las políticas públicas.

Sin embargo, si se indagara sobre la evolución fiscal de otros países, podríamos encontrar un resultado desconcertante. ¿Qué pasa si observamos la evolución de los déficits fiscales en tiempos “normales”? El punto sorprendente es que, en tiempos “normales” el déficit fiscal permanente es la norma en todo el mundo desde hace mucho tiempo. Un relevamiento del economista Fernando García Díaz, basado en datos del monitor fiscal del FMI, reveló que la proporción de países con déficit fiscal varía con el ciclo económico global, pero siempre es mayor al 50%. En los últimos años rondó el 80%. En 2020, obviamente, prácticamente todos los Estados del planeta fueron deficitarios. Y la mitad del total lleva al menos diez años con déficit. Por último, los superávits duran muy poco.

El déficit fiscal parece ser la norma del Estado moderno, y no una rareza argentina. ¿Será una enfermedad? La contrapartida del déficit público es un “superávit” del sector privado, ya que el Gobierno pone con una mano (gasto) más de lo que retira con la otra (impuestos). Un superávit fiscal permanente implicaría un endeudamiento creciente del sector privado y claramente la deuda pública es mucho más sostenible que la deuda privada.

De facto, cuando se compara la trayectoria del déficit fiscal de la Argentina con otros países de la región no surgen diferencias muy significativas. En particular, ninguna diferencia puede razonablemente explicar las enormes diferencias en términos de alta propensión a la devaluación y por ende elevada inflación. De hecho, en los años 2000, la Argentina fue el país que más devaluó su moneda en términos nominales en América Latina según Cepal (ver gráfico). Y según el BIS ocupó el primer lugar en el podio mundial.

Obviamente, esto no significa que el Gobierno puede gastar todo lo que se le antoje. Los países que no emiten moneda internacional de reserva (como el dólar americano) pueden ver limitado su crecimiento por –entre otras razones– la escasez de divisas, como ocurre hoy en la Argentina. Lo expuesto simplemente significa que hay que tomar con mucho cuidado la idea de que esta situación (escasez de reservas, alta inflación, presión cambiaria) esté siendo causada por el déficit fiscal o por el “exceso” de expansión monetaria. No debe olvidarse que, recientemente, la Argentina realizó un experimento crucial, reduciendo el déficit fiscal prácticamente a cero y cortando la emisión de base monetaria. Y el intento fracasó estruendosamente. Es hora de comenzar a revisar los fundamentos analíticos de la política económica a favor de un enfoque menos fundamentalista y más pragmático para abordar un problema que resultó más complejo de lo que se pensaba.

*Economista de la Universidad Metropolitana para la Educación y el Trabajo. Licenciado en Economía (UBA) y doctorado por la Universidad Federal de Río de Janeiro
 

16 sept 2022

Monetarismo y bimonetarismo

 

Posteamos la versión extendida de la nota publicada recientemente en Le Monde Diplomatique sobre la economía argentina que discute causas de los problemas inflacionarios y dolarización en la Argentina muy debatidos tanto en visiones ortodoxas como heterodoxas.

 

 

Fabián Amico, Franklin Serrano, y Matías Vernengo[*]

 Bimonetarismo hoy en día es el nombre dado al elevado grado de dolarización informal. La combinación de alta inflación con la dolarización ha llevado a varios analistas, ortodoxos y hasta algunos heterodoxos, a considerar la propia inflación como causa central del bimonetarismo. Por caminos diferentes, estos autores sugieren que los déficits fiscales financiados por emisiones monetarias del banco central tendrían un papel en la aceleración inflacionaria, las desvalorizaciones cambiarias y en el bimonetarismo.

En el argumento ortodoxo, la inflación de demanda, causada por el financiamiento monetario del déficit fiscal, sería la causa del bimonetarismo argentino (1). De otro lado, hay una variante heterodoxa que apunta a la inflación y las devaluaciones como la base del bimonetarismo, aunque reconoce que la inflación argentina es de costos e influenciada por el conflicto distributivo. En esta visión, los déficits fiscales tendrían un papel en la aceleración inflacionaria, supuestamente porque la moneda creada a partir de los déficits se transferiría al sector privado, que los transformaría en dólares, presionando el tipo de cambio y la inflación por esa vía (2). Para algunos grupos heterodoxos, al contrario, el alto grado de dolarización resultaría de problemas específicos de la Argentina, de especuladores que jugarían en contra de la moneda nacional. Sería un patrón de acumulación de los sectores internacionalizados, que promoverían una estrategia de endeudarse externamente para fugar (3). Sin embargo, hay diversos países que también tienen elites internacionalizadas, y alto grado de dolarización, pero baja inflación. Y otros, como el Brasil, que tuvieron alta inflación y no se dolarizaron. Tampoco se puede culpar a la inflación o a los déficits fiscales. Simplemente no hay evidencia empírica favorable sobre una relación entre déficit fiscal, base monetaria e inflación en Argentina (4).

Acá se busca argumentar que la situación argentina no resulta ni del supuesto populismo macroeconómico, ni de una supuesta desaparición del peso como moneda, ni del comportamiento idiosincrático de los especuladores financieros locales. Una explicación satisfactoria debe venir de la fragilidad de las cuentas externas, y no fiscales, del país, en un contexto de inflación de costos movida por una puja distributiva donde los trabajadores argentinos, por suerte, todavía tienen fuerte poder de negociación. Esta fragilidad externa es agravada por la presión cambiaria que resulta de la política monetaria, y no de la fiscal. Son las tasas de interés por debajo de la tasa de retorno de los activos financieros en dólar que explican el bimonetarismo. El bimonetarismo argentino responde a regularidades macroeconómicas que no son difíciles de explicar.

 

El bimonetarismo se combate con diferenciales de tasas de interés positivas

Para muchos analistas, el final de Bretton Woods, cuando Estados Unidos abandona la paridad con el oro, hace poco más de 50 años, marcaría el inicio del final de la hegemonía del dólar. Sin embargo, como había notado Maria da Conceição Tavares, lo que en realidad ocurrió fue el retorno de la hegemonía estadounidense. Esto delimitó el inicio del patrón dólar flexible, donde el dólar es la moneda estatal estadounidense y al mismo tiempo la moneda internacional (5). La fuerte subida de las tasas de interés por Paul Volcker al final de los años 1970, para combatir la inflación, llevó a la crisis de la deuda y forzaron a un ajuste brutal de la periferia, particularmente en América Latina.

La subida de las tasas estadounidenses y la fuga de capitales, con las devaluaciones que se siguieron, fueron de un lado inflacionarias, por el efecto de las devaluaciones sobre los costos de los bienes importados y de los precios de los bienes transables, y del otro contractivas, por el efecto negativo de la inflación en los salarios reales y en el gasto privado. En el contexto del retorno de la democracia, y las presiones por recomposición salarial, las espiral cambio-precios-salarios, además de la indexación, conllevaron a una fuerte aceleración de la inflación. El déficit fiscal en este contexto no tuvo ningún rol en explicar la inflación, y la creación de moneda doméstica se dio endógenamente para satisfacer a las necesidades del funcionamiento de la economía, a la tasa de interés fijada por el banco central.

Los planes de estabilización llamados heterodoxos de los años 80, que se fundaron en la noción de la inflación inercial, y en el congelamiento de precios y salarios, no pudieron frenar la espiral cambio-precios-salarios, simplemente porque los dólares para frenar la tendencia a devaluaciones recurrentes no estaban. Y aunque se impusieron fuertes controles de capitales de corto plazo, y en algunos países las altas tasas de interés domésticas ayudaron a evitar la salida de capitales y una mayor tendencia a devaluar, no fueron capaces de atraer capitales externos y acumular reservas. Los mercados financieros permanecían cerrados para la periferia latinoamericana. En los años 1990, la mayoría de las economías latinoamericanas pudieron resolver sus problemas de deuda externa y controlar y reducir la inflación. La alta inflación y en algunos casos la hiperinflación, quedaron como cosas del pasado. En gran medida, la estabilización fue posible por la reversión de los flujos de capital, propiciada por la renegociación de las deudas externas en el marco del Plan Brady y la reducción de las tasas de interés en el centro. Las reformas del llamado Consenso de Washington eran la contrapartida política del retorno dos flujos de capital externo privado que permitieron la estabilización. En el caso argentino esto fue posible con el Plan de Convertibilidad de Domingo Cavallo. La entrada de dólares permitió controlar el tipo de cambio y parar la espiral cambio-precios-salarios que realimentaba el proceso inflacionario. Inicialmente, eso permitió un aumento de los ingresos de los trabajadores, pero enseguida el salario real cayó y tendió a estancarse por los cambios en la legislación laboral y el alto desempleo, que debilitaron considerablemente el poder de negociación sindical.

En la visión conservadora, la estabilidad había sido posible gracias al alejamiento de las políticas populistas, representadas en el caso argentino por el abandono de la plataforma económica del partido Peronista por Carlos Menem. La austeridad fiscal, y el control de las emisiones monetarias – que supuestamente financiarían a los déficits fiscales, y que de acuerdo con esa lógica monetarista conformarían la causa central de la inflación – eran el fundamento económico de la estabilidad. Entre los años 1980 y los 1990 a Argentina había recuperado la democracia, la estabilidad de precios, y lo único que quedaba pendiente era la recuperación del desarrollo y el crecimiento, que en esa visión vendría de aceptar las reglas neoliberales del juego e integrarse en la economía global.

Los efectos sociales de esas políticas en la región fueron negativos, con bajos niveles de crecimiento, aunque mayores que en la década perdida de los 1980, y aumento del desempleo, desigualdad y de la pobreza. A partir de la victoria electoral de Hugo Chávez en 1998, una ola de gobiernos de izquierda se impuso en buena parte de la región, como reacción a las reformas neoliberales. Para muchos, el retorno del populismo presagiaba la vuelta de la inflación, sin resolver el problema del crecimiento. Además, la inflación, se esperaba, traería nuevamente otro problema perenne de la región, la dolarización, o el bimonetarismo. El argumento conservador sugería que la inflación también explicaría el alto grado de dolarización de las economías de la región que no podían tomar prestado en moneda doméstica a largo plazo, y eran forzadas a endeudarse en moneda extranjera, el infame pecado original. Los agentes económicos optaban por poner sus ingresos en dólares, frente a una inflación que devaluaba los activos en moneda doméstica.

La acumulación de déficits en la cuenta corriente, y la baja performance exportadora, después de una apertura comercial muy amplia y rápida, que encaminó a buena parte de la región a un patrón de especialización relacionado con la producción de commodities, que se mantiene hasta hoy, cada vez más direccionadas hacia los países asiáticos, con China a la cabeza, eventualmente demostraron la falta de dinamismo del proyecto neoliberal. Las crisis del Tequila, la brasileña y la argentina, entre 1994 y 2002, son la evidencia de la insostenibilidad de los regímenes de cambio fijo en condiciones de apertura financiera. Pero después de la crisis de la punto-com, en el 2001, que obligó a la Fed a bajar las tasas de interés, y del crecimiento de los mercados globales, liderados por China, y el boom de los precios de las commodities, que empezó en 2002, subiendo el valor de las exportaciones de la región, la situación cambió. Estos cambios, junto con una mejor administración de la cuenta financiera de la balanza de pagos por muchos de los países periféricos, ayudaron a reducir a la restricción externa de los países en vías de desarrollo. Entre las medidas adoptadas se abandonaron los regímenes de cambio fijo o de convertibilidad, dando lugar a un tipo de cambio flotante pero fuertemente administrado, políticas de acumulación de reservas internacionales, y el pago de los préstamos al Fondo Monetario Internacional (FMI) para librarse de su condicionalidad (6).

Hasta la Argentina, el único de los países de la región que había caído en default, por el endeudamiento externo insostenible durante la convertibilidad, pudo renegociar la deuda externa, a pesar de no haber podido normalizar totalmente la situación con los fondos buitres. El país volvió a crecer, por lo menos hasta poco después de la crisis financiera global del 2008-9, sin mayores problemas y con inflación relativamente moderada. En este ambiente internacional más favorable, las primas de riesgo para países emergentes sufrieron una fuerte reducción (9). La caída de la prima de riesgo permitió que muchos países periféricos pudieron tomar prestado en moneda doméstica en los mercados internacionales, aunque no mantuvieron un ancla cambiaria. La excepción a la norma fue la Argentina, donde la inflación empezó a acelerarse, y donde sucesivos gobiernos, de izquierda y de derecha, fueron incapaces no solo de estabilizar la economía, sino tampoco de eliminar el bimonetarismo crónico. De hecho, en la primera década del nuevo milenio, el FMI reconoció que “los latinoamericanos están dando más valor a sus propias monedas” (FMI, 2010), en línea con una notoria caída en la dolarización en la región, y mencionaba que la única excepción era Argentina.

La mayoría de los países de la región, gobernados por partidos con diferentes tendencias políticas, fueron capaces de mantener crecimiento y estabilidad de precios con un cambio flotante, metas inflacionarias, y acumulando reservas en dólares. Por lo general, la inflación había sido controlada porque el régimen de metas de inflación, con tasas de interés elevadas, había logrado mantener la estabilidad del tipo de cambio (induciendo incluso fases de apreciación nominal), en un contexto de baja resistencia salarial como resultado de la restructuración neoliberal de las décadas precedentes. En ese contexto, casi todas las economías de la región pudieron no solo acumular reservas, sino también tomar prestado en dólares con diferenciales de interés bajos, y en moneda doméstica, reduciendo considerablemente el endeudamiento en moneda extranjera, y el bimonetarismo.  Así, mientras –por ejemplo- en Brasil surgió un déficit de cuenta corriente externa hacia 2007, la cuenta de capital, que registra los flujos de capitales externos, se hizo fuertemente positiva desde 2006 y permitió una significativa acumulación de reservas. En Argentina, en cambio, hubo una acumulación de reservas hasta 2009, generada casi enteramente por la cuenta corriente. Pero cuando la cuenta corriente tendió a hacerse negativa hacia 2010, la cuenta de capital siguió siendo negativa y el nivel de reservas internacionales se estancó y luego comenzó a declinar, a contramano del resto de la región.

 El grueso de la acumulación de reservas en la región se dio a partir de la crisis financiera global, cuando las tasas de interés estadounidenses cayeron prácticamente a cero, y los superávits de cuenta corriente, relacionados con el boom de commodities ya habían desaparecido. O sea, la acumulación de reservas se dio en gran parte por la entrada de flujos de capital. La existencia de un elevado nivel de reservas en un contexto de bajo endeudamiento en moneda extranjera, favoreció un ambiente en el cual los países no tenían problemas para importar los bienes necesarios y hacer frente a los pagos de intereses de la deuda en dólares.

En la Argentina, la recuperación de la economía se había hecho con una fuerte renegociación de la deuda externa, que fue reducida considerablemente y se encontraba en niveles sostenibles. Pero esto había ocurrido en un contexto de tasas de inflación superiores al promedio del de la región. Esa inflación, que se encontraba por entonces en el 25 por ciento anual, no era problemática ya que no había impedido una fuerte recomposición salarial con reducción de la pobreza durante los gobiernos kirchneristas, al menos hasta 2013. Sin embargo, el deslizamiento persistente del tipo de cambio, y los reajustes salariales mantenían una inflación moderadamente alta.

El aumento de los salarios reales por encima de la productividad causaba la disminución de los márgenes de ganancia, particularmente en los sectores transables, que son mayormente tomadores de precios internacionales y por ende no pueden repasar los mayores costos laborales a precios. Así, frente al creciente malestar empresario, el gobierno se veía forzado a ajustar persistentemente el tipo de cambio nominal, a los fines de, al menos, compensar esa menor rentabilidad. La tendencia a la devaluación erosionaba el rendimiento esperado en dólares de los activos financieros domésticos y estimulaba una dolarización creciente, especialmente en un contexto de tasas de interés relativamente bajas.

En ese contexto, el gobierno optó por imponer controles de capital (el denominado “cepo cambiario”), que inicialmente logró frenar las fugas de capital, pero no impidió la tendencia a la devaluación ni disminuyó la pérdida de reservas ni la presión cambiaria. Los controles cuantitativos de capital (esto es, las restricciones al acceso al mercado cambiario) generan espontáneamente un mercado paralelo ilegal, donde no es posible la intervención del banco central. Surge así una prima o brecha entre la cotización oficial del dólar y los tipos de cambio paralelos que, a medida que se acrecienta, estimula maniobras de subfacturación de importaciones y sobre facturación de exportaciones. Asimismo, incentiva toda clase de operaciones de arbitraje entre el mercado oficial y el paralelo.

Las restricciones a la compra de dólares fue la consecuencia de un diferencial de rendimientos que favorecía sistemáticamente el dólar por sobre cualquier activo en moneda doméstica y conducía a un proceso de devaluaciones sin control. En este punto descansa la “racionalidad” de los controles de cambios: permiten una desvinculación parcial (aunque temporaria) entre las tasas de interés internas y las externas. Pero la conexión inevitablemente persiste a través de los mercados paralelos de divisas (tanto formales como informales) y por esa vía terminan afectando la cotización oficial y las reservas.

Asimismo, como los controles son la respuesta a una tendencia a la devaluación (provocada por los incentivos a la dolarización), las expectativas de devaluación terminan produciendo el anticipo de compras de los importadores y el retraso en la liquidación de los exportadores, intensificando la presión sobre el tipo de cambio oficial y el nivel de reservas.

Así, la alta tasa de ganancia asociada con la especulación en el mercado de cambio fue la consecuencia de un diferencial de tasas de interés negativo, o sea, tasas de interés nominales internas más bajas que la suma de las tasas externas más la prima de riesgo, más la desvalorización nominal esperada. Esto hacia racional optar por mantener activos en dólares, y la caída de las reservas en dólares, que empezaron a quedar en niveles bajos.

Es en ese contexto, que Macri ganó las elecciones y asumió el gobierno, negociando con los fondos buitres en términos favorables para ellos, y eliminando los controles de capital. Como era de esperarse, una fuerte devaluación contractiva ocurrió, y la inflación se aceleró, a pesar del discurso sobre el final del financiamiento monetario del déficit fiscal. Al mismo tiempo, el nuevo gobierno, una vez resuelto el problema legal con los últimos detentores de la deuda externa, pudo entrar al mercado financiero internacional, y los flujos de capital en dólares hacia el país volvieron.

Pero las tasas de interés se mantuvieron bajas, con diferenciales negativos, con la excepción de un periodo breve en 2017, con lo que seguía siendo favorable retener dólares, y la entrada de capital, que consistió básicamente en una duplicación de la deuda externa en dólares, poco después revirtió en una salida de capitales aún más intensa (9). En verdad, el gobierno cambió deliberadamente su política monetaria y cambiaria hacia finales de 2017, cuando decidió bajar las tasas de interés y estimular una mayor devaluación, para contrarrestar el atraso cambiario y el empuje de los salarios reales. Hacia marzo y abril de 2018 esa estrategia hizo eclosión con la crisis de la deuda y condujo a un colapso cambiario. Esto puede estar ligado a una estrategia de acumulación de la burguesía local relacionada con el capital financiero global, pero tal estrategia solo fue ventajosa porque el diferencial de las tasas de interés siguió siendo negativo. El peso no deja de ser moneda, aunque dado el diferencial negativo de tasas comprar dólares es más rentable.

 

La economía política del bimonetarismo

Los diferenciales de tasas de interés nominales negativos, son la razón de ser del bimonetarismo, y estas han sido mantenidos tanto por los gobiernos nacionales y populares, como por los que buscan una alternativa liberal. Eso es, posiblemente, el único punto en común entre esos dos grupos. Pero las razones para las tasas bajas que generan diferenciales negativos son divergentes.

Entre los grupos kirchneristas (como para buena parte de la heterodoxia en economía) las tasas de interés interno bajas son vistas como una forma de reducir los rendimientos del capital financiero, y como condición necesaria para promover la expansión de la economía y la mejor distribución de los ingresos. La elevación de las tasas de interés, se presume, tendría un efecto negativo sobre el crédito y sobre la inversión de las empresas y la actividad económica. No obstante, la inversión privada no es función de la tasa de interés, sino que depende de la demanda efectiva esperada. Además, el gobierno siempre podría subsidiar el crédito a través de los bancos públicos.

Otro grupo, los chamados nuevo-desarrollistas, ven al tipo de cambio real alto, competitivo y estable como una precondición para el crecimiento, y suponen que la tasa de interés alta tendría el efecto de reducir el ritmo de las devaluaciones nominales del tipo de cambio, conllevando a la sobrevalorización del tipo de cambio real, reduciendo las exportaciones, con un efecto negativo sobre el crecimiento. La percepción en esa visión es que el tipo de cambio real alto es favorable al crecimiento, pero como hay resistencia salarial, en compensación habría un nivel de inflación más elevado.

Pero hay otro tradeoff más relevante para entender la situación argentina, que no es entre tipo de cambio real alto para crecer o tipo de cambio bajo para estabilizar, sino entre tipo de cambio y salarios, y que siembra dudas sobre el efecto del tipo de cambio real alto sobre el crecimiento. En realidad, en países predominantemente exportadores de commodities, que son tomadores de precios en los mercados internacionales, el tipo de cambio real tiene poco efecto sobre el volumen exportado. El efecto principal del aumento del tipo de cambio real es distributivo. Una depreciación cambiaria tiene efectos contractivos sobre la economía, no solo a corto plazo, sino sobre el crecimiento, porque reduce los salarios reales. El empeoramiento de la posición de los trabajadores, que tienen mayor propensión a gastar, implica, para niveles equivalentes de gasto autónomo, menores niveles de producto efectivo y de inversión inducida de las empresas.

En contrapartida, sería de esperarse que, en los grupos más liberales, la preocupación con la inflación los obligaría a tener una perspectiva opuesta sobre la tasa de interés. Y es verdad que una vez que la economía se había empezado a recuperar en 2017, el Banco Central intentó subir las tasas para frenar la aceleración inflacionaria de los dos primeros años del gobierno macrista. De hecho, desde diciembre de 2015 se instauró un régimen de metas de inflación, donde el banco central debe subir la tasa de interés cuando la inflación se encuentra fuera de la meta fijada por la autoridad monetaria. A comienzos de 2016 la tasa de interés básica subió significativamente, pero más tarde comenzó a disminuir. Sin embargo, para el gobierno de entonces esto presentaba dos problemas. Por un lado, una tasa de interés elevada es vista, por estos grupos liberales, como contractiva por sus presumidos efectos sobre la inversión privada. Pero esto es erróneo y de hecho la actividad y inversión privada aumentaron en 2017 pese al aumento de la tasa de interés real. Por otro lado, a fines de 2017 el gobierno forzó al banco central a reducir aún más la tasa de interés para estimular una mayor devaluación. El resultado es conocido. Con la reducción de las tasas, la continua fuga de capitales, y la reducción de las reservas, el gobierno fue obligado a buscar financiamiento del FMI, dejando una situación próxima de un nuevo default. En última instancia los tres grupos ven a las tasas de interés bajas como necesarias, y de cualquier forma como no siendo centrales en explicar el bimonetarismo.

Finalmente, hay autores que, como nosotros, son favorables a un diferencial de tasa de interés positivo, pero que sin embargo suponen que, en un ambiente de alta inflación, esta también sería la causa del bimonetarismo. La inflación alta haría que el peso pierda su función de reserva de valor y esta sería la causa de la dolarización de activos. Por eso el diferencial de tasas positivo no sería suficiente para evitar a tendencia de fuga hacia el dólar. Serían necesarias también “medidas drásticas” para reducir a inflación. Por ejemplo, dice Eduardo Crespo: “la propia inflación no es un proceso neutro en esta relación. Es difícil imaginar que el tipo de cambio nominal pueda mantenerse estable por mucho tiempo cuando imperan elevados niveles de inflación que aprecian el tipo de cambio real en períodos de tiempo cortos, lo que significa niveles de rentabilidad decrecientes para todas las actividades que compiten con la producción del exterior. Tarde o temprano esta situación tenderá a reflejarse en las expectativas de devaluación nominal o en presiones políticas para ‘actualizar’ el tipo de cambio, como se ve en la actualidad” (10).

Se supone que cierto nivel mínimo del tipo de cambio real sería necesario, y por lo tanto el cambio nominal solo podría mantenerse estable si la inflación fuera controlada. Además, supuestamente la inflación y la perdida de la función de reserva de valor del peso haría difícil mantener déficits fiscales. Por eso, el: “déficit fiscal en este caso se vuelca a la adquisición de activos externos. Los pesos que salen por una ventanilla no son retenidos por el sector privado, sino que entran por la ventanilla de las reservas internacionales y alimentan la devaluación subsiguiente” (10). En este contexto la inflación y el déficit fiscal sí cumplirían un papel en explicar la dolarización de activos en el contexto argentino.

A partir de este diagnóstico, además del diferencial de tasas positivo, se proponen una serie de medidas, algunas discutidas en el entorno de Sergio Massa. Primero, una devaluación del dólar oficial, para cerrar la brecha con el dólar blue, y la manutención de un tipo de cambio estable para controlar la inflación. Además, queda implícito que un ajuste fiscal sería necesario para frenar las devaluaciones.

Para nosotros, estas medidas adicionales al diferencial de tasas positivo son problemáticas. La propuesta de una desvalorización nominal para cerrar la brecha, supone que como la inflación disminuye el tipo de cambio real, lo que impone niveles de rentabilidad decrecientes para todas las actividades (y no solo las transables), tarde o temprano esta situación tendería a reflejarse en mayores expectativas de devaluación nominal o en presiones políticas para “actualizar” el tipo de cambio. Ciertamente, la disminución del tipo de cambio real no puede ser un fenómeno persistente. No obstante, hoy el tipo de cabio real con el dólar es 30% superior al nivel de comienzos de 2018. ¿Debería ser más alto para favorecer la rentabilidad y frenar las expectativas de devaluación?

Si la disminución del tipo de cambio real engendra expectativas de devaluación nominal, ¿por qué razón en Brasil en los años 2000, aún con una apreciación real mayor que en Argentina, las expectativas eran de apreciación (y no de devaluación como en nuestro caso)? En un rango bastante amplio de valores, la distribución del ingreso es mayormente “arbitraria”, fuertemente condicionada por factores políticos y por las relaciones de poder entre trabajadores y empresarios. De facto, hay también un tipo de cambio real máximo que corresponde a los salarios reales deseados por los trabajadores (11).

Asimismo, con la gradual recuperación del poder de negociación de los asalariados, una gran devaluación nominal solo puede acelerar todavía más a la inflación y en breve lapso solo conduciría a una nueva recuperación salarial y, otra vez, una disminución del tipo de cambio real. Una gran devaluación puede ser inevitable, pero será fuertemente inflacionaria y con escasas reservas del banco central puede conducir a un proceso de devaluaciones más que contribuir a estabilizar las expectativas cambiarias. Además, la idea de establecer nuevamente un ancla cambiaria, con fijación del tipo de cambio nominal, traería de nuevo los conocidos problemas especulativos que generó la convertibilidad. Finalmente, el supuesto efecto del déficit fiscal sobre la expansión de la base monetaria y su inmediata fuga hacia dólares, es un error de diagnóstico.

En muchos países el banco central no puede prestarle directamente al tesoro, como es posible en Argentina o Canadá. Pero en todos, el banco central fija la tasa básica de interés nominal relevante para o mercado interbancario, comprando y vendiendo títulos en el mercado para alcanzar la tasa deseada y mantenerla ahí. La oferta de moneda es endógena y no hay problema para mantener los déficits públicos. La parte del déficit fiscal en moneda nacional que el mercado no retiene en moneda doméstica puede ser financiada por el banco central al nivel de la tasa básica de interés. Si esta tasa es suficientemente alta para generar un diferencial positivo que torne a los activos en pesos más rentables que el dólar, no habrá efecto sobre el tipo de cambio, independiente de la existencia o del tamaño del déficit fiscal. Por otra parte, justamente porque la cuantidad de moneda disponible en la economía es endógena, el sector privado puede obtener crédito en pesos y comprar dólares cuando sea conveniente. En suma, lo esencial es tener un diferencial de tasas de interés positivo (12).

Ni la inflación explica el bimonetarismo, una vez que resulta de los aumentos de los costos de los bienes importados y transables, y de la resistencia salarial, ni tampoco hay porque pensar que un ajuste fiscal tenga un efecto sobre la demanda de dólares, más allá de los efectos de la reducción de importaciones que solo vendría con la caída del producto y del empleo, e igual se convertiría en fuga de capital si los diferenciales de tasas siguieran negativos.

 

Lo que se puede y lo que no se debe hacer

Subir las tasas de interés para generar un diferencial de tasas positivo, teniendo en cuenta la actual situación de la Argentina, donde la prima de riesgo es alta y las devaluaciones han sido elevadas, encuentra mucha resistencia. Muchos sugieren que a esta altura tasas de interés elevadas no serían más capaces de frenar una corrida contra el peso. Sin embargo, incluso en la hipótesis de que una gran devaluación fuera inevitable, la suba de la tasa de interés es, de cualquier forma, una condición necesaria para acumular reservas, ya sea atrayendo más capital externo o, más importante, desestimulando la compra de dólares y la fuga de los residentes. Además, la disminución del ritmo de las devaluaciones nominales por cierto reduciría gradualmente las expectativas sobre el ritmo de las devaluaciones subsecuentes, acumulando reservas externas para estabilizar el mercado.

Es sabido que el déficit energético es el principal obstáculo por el lado de la balanza comercial, y que por lo tanto la inversión pública, y el apoyo a la inversión privada, en el transporte y subministro de gas natural son la forma de reducir la demanda por dólares de la economía real. Un ajuste fiscal duro imposibilitaría la persecución de estas políticas.

A partir de estas medidas de reducción de la fragilidad externa, real y financiera, sería posible evitar la aceleración inflacionaria descontrolada y posibilitar políticas de ingreso negociadas para reducir la inflación a niveles razonables, manteniendo y posiblemente recuperando los salarios reales. La reducción del déficit fiscal para controlar a base monetaria no tendría ningún impacto en la demanda especulativa por dólares. Para combatir el bimonetarismo hay que empezar por abandonar de una buena vez todo tipo de monetarismo.

 

--------------

(1) Eduardo Levy-Yeyati, Luciana Díaz Frers, Sandra Elena y Federico Bragagnolo (2012) “Salvemos al peso: notas económicas para la batalla cultural contra el dólar,” Centro de Implementación de Políticas Publicas para la Equidad y el Crecimiento, Documento de Trabajo No 107.

(2) Scaletta, C. (2022), “Dólar e inflación: los botones que hay que apretar para no devaluar,” El Destape, 17 de julio.

(3) Wainer, A. (2021), “Del Estancamiento a la Crisis, o cómo Macri Agravó la Vulnerabilidad de la Economía Argentina,” en ¿Por qué Siempre Faltan Dólares? Buenos Aires: Siglo XXI.

(4) Amico, F (2021), “Argentina en medio de un shock de inflación internacional,” Universidad Nacional de Moreno, Documento de Trabajo No 2.

FMI (2010). Dollarization Declines in Latin America, FINANCE & DEVELOPMENT, March 2010, Volume 47, Number 1.

(5) Serrano, F. (2004), “Relações de Poder e a Política Macroeconômica Americana, de Bretton Woods ao Padrão Dólar Flexível” in J. L. Fiori (org.), O Poder Americano, Petrópolis: Vozes.

(6) Wray, L. R (1998), Understanding Modern Money. Cheltenham: Edward Elgar.

(7) Serrano, F. (2013), “A Mudança na Tendência dos Preços das Commodities nos Anos 2000: Aspectos Estruturais,” OIKOS, Volume 12, No 2.

(8) Aidar, G. and Braga, J (2020), “Country-Risk Premium in the Periphery and. the International Financial Cycle 1999-2019,” Investigación Económica, No 313.

(9) De Lucchi, J. M. y Vernengo, M. (2019), “Cambiemos y el Retorno del Monetarismo como Doctrina Social en la Argentina,” Revista Márgenes, No 5, septiembre.

Amico, F. (2020),La macroeconomía de Macri: Adiós represión financiera, bienvenido nuevo default” Revista Circus, No 7.

(10) Crespo, E. (2022), “Como Evitar la Desaparición del Peso,” Le Monde Diplomatique, 278, agosto.

(11) Vernengo, M. (2022), “The Inflationary Puzzle,” Catalyst, Volume 5, No 4.

(12) Serrano, F. y Pimentel (2017) “Será́ que “Acabou o Dinheiro”? Financiamento do gasto publico e taxas de juros num pais de moeda soberana,” Revista de Economia Contemporânea, volume 21, No 2  y Amico, F. 2021 op. cit.

18 may 2022

Breves notas sobre la contribución teórica de Piero Sraffa

 

 Por Vivian Garrido Moreira

Investigadora posdoctoral del PPGEco-UFSC.

 traducido al español por Diego Almada, Nelson Denis y Joaquín Sostoa para El Excedente.


 RESUMEN

Este trabajo consiste en una revisión general y preliminar de algunos elementos fundamentales presentes en el libro de Sraffa de 1960, con especial énfasis en su crítica interna básica a la estructura teórica neoclásica. Esta crítica se da a partir del problema de ordenación de técnicas proveniente de cambios distributivos y de la presencia de capital heterogéneo. Por eso, también se realiza una breve revisión de la llamada “curva salario-ganancia”, utilizada como marco teórico para determinar la elección de técnicas, y, en consecuencia, el ordenamiento de estas. Serán analizados, siempre de manera preliminar, desde el ejemplo de una economía que produce solo un bien básico, pasando también por la producción de un bien no básico y de más de un bien básico. Inicialmente será analizado el caso hipotético del capital homogéneo y después se introducirá el caso general, de capital heterogéneo, para luego finalizar el artículo con los elementos básicos de la crítica de Sraffa a la noción neoclásica de capital. 1) 2)

 

1. Introducción
Las contribuciones de Sraffa para la teoría del valor (precios relativos) y la distribución tienen dos aspectos, uno constructivo y uno crítico. El enfoque constructivo es la propuesta de reanudación del enfoque clásico del excedente, que abarca los elementos analíticos comunes a los fisiócratas, Smith, Ricardo y Marx. El aspecto crítico es hacer una crítica interna del enfoque marginalista o neoclásico de equilibrio general de largo plazo. La reanudación del enfoque del excedente es inicialmente defendida por Sraffa en su introducción a las obra de Ricardo, publicada en 1951. El desarrollo de este enfoque y la crítica a la noción neoclásica de capital son realizadas en el libro Producción de mercancías por medios de mercancías, publicado originalmente en 1960. A lo largo de estas breves notas, trataré de ilustrar la naturaleza más básica de los principales resultados de ese libro, desde los positivos hasta los críticos, haciendo referencia a los casos más simples donde ellos pueden surgir. De ninguna manera pretendo agotar, ni siquiera profundizar el tema, solamente procedo a dar una familiarización al pensamiento de este importante pero poco difundido autor, lo que ocurre por la complejidad de su trabajo como por el carácter avasallador de su crítica a la estructura de pensamiento dominante en la teoría económica todavía hasta hoy. 

Puede decirse que esta crítica de Sraffa vino, en cierto modo, a acabar con la denominada “controversia del capital”, una confrontación de ideas sobre la naturaleza y el papel de los bienes de capital, que tuvo lugar entre los economistas de la Universidad de Cambridge y los economistas del MIT (EUA) entre los años 1950 y 1960. Además del propio libro de Sraffa, una profundización de la visión crítica de la noción de capital en la teoría neoclásica puede hacerse con las obras de Garegnani (1966), Garegnani (1970), Pasinetti (1966) y Kurz & Salvadori (1995, capítulo 14). Sobre la parte positiva del trabajo de Sraffa, puede ser encontrado a detalle, pero también de manera didáctica, en los trabajos de Freitas & Serrano (2008) y Bhering (2016).


Las notas de este trabajo se presentarán de la siguiente manera. En la sección 2 se desarrollará la clásica curva salario-ganancia y la fundamentación de la relación inversa entre esas dos variables distributivas para una economía que produce solo un bien básico con capital homogéneo. Luego se introducirá un bien no básico (sección 3), y la heterogeneidad del capital (sección 4), finalizando la base teórica de análisis que fundamentará el problema central del capital en la teoría neoclásica, dado por la reversión de intensidad del capital y/o por el retorno de las técnicas (sección 5) seguido finalmente por el desmontaje de la estructura teórica neoclásica, tanto por el lado de la “curva de oferta” como de la “curva de demanda” de capital (sección 6). El artículo finalizará con un brevísimo comentario sobre la concepción de la “mercancía-patrón”, que viene a ser una solución presentada por Sraffa al problema de la medida invariable de valor perseguida por Ricardo a lo largo de su obra, y también una solución alternativa de Sraffa para la relación entre distribución y precios relativos en economías que producen más de un bien básico, como se analizará a lo largo del texto.


2. La relación inversa entre la tasa de salario real y la tasa general de ganancia


Para explicar esta relación de la manera más simple posible, comencemos con el caso de una economía con dos sectores y capital homogéneo, aquella en la que el sector que produce el bien de capital tiene la misma razón física K/L que el sector que produce el bien de consumo, o, para simplificar, una economía que produce un solo tipo de bien, que es, al mismo tiempo, el único bien de consumo y su propio medio de producción. Este bien se produce solamente utilizando como insumo trabajo homogéneo y cantidades del mismo tipo de bien como único insumo. El producto neto de esta economía (Y) se distribuirá entre la nómina de salarios reales wL y la masa de ganancias rK (donde r es la tasa de ganancia uniforme y K la cantidad física del mismo producto utilizado como capital en la producción):

Y = wL + rK
wL = Y - rK
w = Y/L - rK/L

que es la ecuación de una recta con intersección Y/L y pendiente K/L.

Con K homogéneo, cada técnica posible simplemente comprende, por definición, una relación K/L diferente, luego, eso corresponde a una inclinación diferente en la recta descrita anteriormente. Siendo una de las variables distributivas exógenas, suponga el salario, la elección de la técnica vendrá dada simplemente por la que dé la mayor tasa de ganancia. Y varía de manera ordenada con regularidad (por ejemplo, siempre que el salario cae, se elige la técnica más intensiva en trabajo). En el ejemplo, dos técnicas: I y II.


Las condiciones técnicas de producción determinan diferentes técnicas posibles, dadas por la posición e inclinación de las curvas; y la elección de la técnica dependerá de las técnicas disponibles y la distribución de ingresos (que determina, por ejemplo, el salario actual para que luego se pueda maximizar la ganancia eligiendo la técnica que lo permita). En el diagrama anterior, la técnica I es claramente más intensiva en capital que la técnica II porque con la caída de la tasa de ganancia (interés), la empresa pasa de II a I. O con la caída de los salarios, pasa de la I a la II, o sea, menores salarios se corresponden gradualmente a la elección de una técnica más intensiva en trabajo (menos intensiva en capital = técnica II).
Si asumimos ahora que hay una infinidad de técnicas diferentes para producir el producto, pero mantenemos la hipótesis de que en cada uno de ellos el capital es homogéneo, tendremos una situación en la que la técnica elegida y la relación capital-trabajo (K/L) varía continuamente con la variación de la tasa de ganancia (y salario). Este, por cierto, es el caso neoclásico (las isocuantas neoclásicas presuponen capital homogéneo), como lo detallaremos más adelante.

En este ejemplo, donde solo tenemos un bien que es al mismo tiempo insumo y producto, el trigo se puede utilizar como una buena ilustración. El trigo se produce utilizando trigo como insumo. Cuando un determinado bien es utilizado como insumo (sea directo o indirecto) en la producción de todos los bienes de la economía, es denominado por Sraffa como “bien básico”. Los bienes no-básicos, a su vez, son aquellos que no se ajustan a esta definición. De ello se deduce que en este sector tanto las ganancias como el capital adelantado pueden ser medidos en la misma unidad física (cantidad de trigo). Esto, a su vez, hace posible la determinación de la tasa normal de ganancia de la economía basada únicamente en el conocimiento de la tasa de salario real y las condiciones técnicas de la producción de trigo. Si consideramos dadas a la tasa de salario real y a las condiciones técnicas de la producción de trigo, como es sugerido por la teoría clásica del excedente, entonces la tasa de ganancia obtenida en la producción de trigo, que será maximizada como se muestra arriba, una vez obtenida, no se puede cambiar. Esto se da a partir de una cantidad física, es decir, una parte del excedente producido.


3. Introduciendo un bien no-básico


Vamos a introducir un bien no básico, convirtiendo insumo y producto en bienes diferentes entre sí y solamente uno de ellos ingresando en la producción de ambos bienes, y verificar lo que sucede con nuestro modelo simplificado. Por ejemplo, si el bien básico fuera el trigo, que era tanto el insumo como único bien consumido por los trabajadores, el bien no básico (un bien de consumo “de lujo”) puede ser el tejido.
En este caso, ¿cuál será la tasa de ganancia obtenida de la producción de tejidos? En principio, la tasa de ganancia en la producción de trigo podría ser diferente de la tasa de ganancia obtenida en la producción de tejidos. Sin embargo, aquí entra la condición de libre competencia tendiente a provocar la igualación de las tasas de ganancia. Y el factor clave: la tasa de ganancia hacia la cual gravita la economía será, necesariamente, aquella obtenida en el sector que produce el bien básico. Esto es inevitable, una vez que la tasa de ganancia obtenida del trigo en nuestro ejemplo se obtuvo de un excedente físico, de modo que, en estas circunstancias, la única forma en que ocurre esta igualación es que la tasa de ganancia en la producción de tejido se ajuste a la tasa de ganancia obtenida en la producción de trigo. 

Este excedente físico del que se obtuvo la tasa de ganancia en cuestión no ha cambiado con la incorporación de un bien no básico al sistema, por lo que la determinación fundamental de la tasa de ganancia no cambió. Como el bien no básico, el tejido, no entra como insumo ni en la producción de trigo ni en la producción de tejido, ni es parte de la canasta que conforma el salario real, nada que altere sus propias condiciones de producción cambia las condiciones estructurales de la generación excedente, que es el producto neto de esta economía. De todos modos, la elección de la técnica en la producción de tejido, dado que la producción de tejido no interfiere en la tasa general de ganancia de la economía, será simplemente basada en un criterio de minimización de costes. Ya el trigo, que es un bien básico, tiene su técnica elegida con criterios de maximización de ganancias y si no fuera producido, impide que se produzca cualquier otro bien, poniendo directamente en riesgo la reproducción del sistema económico. El producto neto continúa apenas pudiendo "aumentar" o "disminuir" según la productividad de los insumos o "factores de producción ", es decir, los bienes básicos que son los que entran en la determinación de las relaciones salario-ganancia. En verdad, la curva salario-ganancia de esta economía no sufrió ninguna alteración en su determinación y sigue siendo dada precisamente por la ecuación Y = wL + rK, con las mismas variables que antes.


Lo único que cambia cuando se modifican las condiciones de producción del bien no básico que introducimos en el modelo es tan solo su precio, provocando únicamente que el precio de los demás bienes, si se miden en este bien, cambien proporcionalmente. Sin embargo, si las condiciones de producción (y por ende los precios) de los bienes básicos se mantuvieran inalteradas, las curvas de salario-ganancia tampoco se alterarían, y si la variable distributiva exógena (salario) tampoco es alterada, los precios relativos de los bienes en la economía tampoco sufrirían cambios. Ahora, la determinación del precio del tejido no es nada aleatoria. Tenga en cuenta que, en principio, el productor de tejidos podría cobrar cualquier precio para su producto, pero, debido a la competencia, el "precio de equilibrio" del tejido terminará siendo exactamente el que dé una tasa de ganancia en el sector del tejido igual a la tasa de ganancia en el sector del trigo.

Entonces podemos concluir que, en este modelo, los datos de la teoría clásica del excedente siguen siendo suficientes para determinar la tasa de ganancia y la conclusión obtenida anteriormente de que los salarios y las ganancias están inversamente relacionados.


4. Introduciendo capital heterogéneo


Para introducir la heterogeneidad del capital de la forma más simplificada posible, consideremos ahora un modelo de dos bienes con diferentes relaciones K/L para su producción; un bien de consumo que entra en la canasta de consumo de los trabajadores, por ejemplo, pan; y un bien de capital, que continuará siendo el trigo. O sea, ahora, con capital heterogéneo, tenemos dos bienes básicos. Una “técnica” ahora consistirá en dos métodos: un método específico para producir el bien de consumo (pan) y un método que produce el bien de capital (trigo), que es utilizado para producir los insumos directa e indirectamente necesarios (trigo y pan) para producir el bien de consumo final (pan). Vamos a suponer adicionalmente que la economía se encuentra en estado estacionario (la inversión neta es cero), y que, por tanto, el producto neto de la economía consiste en una cierta cantidad de pan. Midiendo el producto neto de la economía en unidades de este bien de consumo (pan) tenemos que:

Y = wL + r pk K

Donde L es la cantidad de trabajo total directa e indirectamente utilizado para producir el producto neto Y, w es el salario real medido en cantidades del bien de consumo, r es la tasa de ganancia y pk es el precio del bien de capital en términos del bien de consumo (el precio relativo del bien de capital en relación al bien de consumo) y pkK es el valor del capital (medido en bienes de consumo) usado para producir el producto neto. Observe que en este caso, si quisiésemos mantener la relación salario-ganancia como una recta, tendríamos que modificar el eje r que debería pasar a ser rpk. Como queremos que el eje siga siendo r, pero como, al cambiar w, se altera pkK (pues las composiciones K/L son diferentes entre el bien de consumo y el bien de capital, luego un cambio en el salario altera el precio relativo entre los dos bienes de esta economía), y como ahora el “capital” está siendo medido como pkK, entonces el valor del capital cambia cuando cambia w y la alteración de la curva en cuestión estará dada ahora por el valor de la relación capital-trabajo (pk.K/L) (y ya no se mide físicamente como en el caso del capital homogéneo).


Con la suposición de capital heterogéneo, aquí a través de dos bienes básicos, cuando se modifica la distribución entre salarios y ganancias, el precio relativo del bien de capital, y con él el valor del capital utilizado (pk.K) para producir el producto neto de esta economía con una técnica dada, debe cambiar. Veamos: para producir el producto neto de esta economía se utilizó capital y trabajo. Si el salario cae, el costo de producción disminuye un poco y, luego, aumenta la tasa de ganancia. Pero si al caer el salario, el precio del bien de capital utilizado en la producción cae también, entonces el costo de producción disminuye un poco más, luego el aumento en la tasa de ganancia es todavía un poco mayor; por eso, en este caso la relación salario-ganancia en vez de ser una recta es una curva convexa en relación al origen. 

Resumidamente: si el bien de capital es menos intensivo en capital que el bien de consumo ((K/L)k < (K/L)c), la relación salario-ganancia es no lineal y convexa en relación al origen (forma de hipérbola). Ahora, si el método utilizado en la producción del bien de capital fuese relativamente más intensivo en capital que aquel que es utilizado para la producción del bien de consumo((K/L)k > (K/L)c), el precio relativo del bien de capital aumentará siempre que el salario caiga (y disminuirá con el aumento del salario real), de modo que la tasa de ganancia (medida en bienes de consumo en el gráfico) se verá parcialmente frenada, haciendo la relación salario-ganancia cóncava en relación al origen (forma de parábola). Y si la relación K/L es la misma en la producción de los dos bienes, la relación salario-ganancia es una recta, ya que efectivamente el capital es homogéneo en ese caso:

Por lo tanto, cuando incorporamos el capital heterogéneo en nuestro modelo, notamos que, ahora, cada vez que cambia la distribución del ingreso, cambian los precios relativos (en este caso, como solo tenemos dos bienes, el precio relativo entre el bien de capital y el bien de consumo) simplemente porque la composición K/L de estos bienes es diferente, haciendo diferente el peso relativo, sea del salario o de la ganancia, en el precio de los bienes tratados. Luego, para cada nueva configuración distributiva, en general, un nuevo precio relativo entre los dos bienes será generado. O sea, se hace imposible conocer su valor relativo en términos reales, en el sentido de cuál es la participación relativa del excedente contenido en cada uno de ellos. Sraffa muestra entonces que, para economías con más de un bien básico, la solución de la determinación de la tasa de ganancia y de los precios relativos tendrá que ser hecha por una de dos maneras:


1- O de forma semejante a la que obtuvimos en el modelo con apenas un bien básico (capital homogéneo), que puede ser llamada solución secuencial, en la cual, partiendo de las técnicas y del salario real dados se determina el excedente físico y, a partir de él la tasa de ganancia con la cual serán calculados los precios de las mercancías…sin embargo, con capital heterogéneo esta solución se vuelve bastante compleja, ya que es fácil notar que el “excedente físico” deja de ser trivial como el trigo y pasa a ser un conjunto de mercancías. Los intentos de Ricardo y Marx de medir este excedente en trabajo (o en un bien numerario representativo como el oro) infelizmente también son imprecisos, sufriendo de los mismos problemas generales de la compleja relación entre los cambios en la distribución y de los precios relativos. Esta posibilidad de solución secuencial fue desarrollada por Sraffa a través de la llamada “mercancía-patrón”, una mercancía artificial que cumple la función de medida invariable de valor buscada por los economistas clásicos y que veremos brevemente al final de estas notas.


2- O por el método de las ecuaciones de precio simultaneas. Sraffa también mostró que, en rigor, la mercancía-patrón, aunque conveniente, no es estrictamente necesaria para resolver el problema central de la determinación de los precios relativos de las mercancías. El autor ofrece una solución alternativa que comprende una ecuación de precios para cada mercancía, todas escritas a partir de los métodos de producción y dada una variable distributiva (como el salario real que usamos en el ejemplo de capital homogéneo), más una ecuación que define un numerario cualquiera, dado por una de las mercancías (tomando la ecuación de precios de esa mercancía y haciéndola igual a uno). Sraffa muestra, a partir de eso, que siempre es posible determinar, simultáneamente, la tasa de ganancias y los n-1 precios relativos y que esta solución es válida para cualquier número de bienes básicos que se quiera disponer en una economía, o sea, para cualquier configuración de capital heterogéneo.


Infelizmente no hay espacio en estas breves notas para detallar las ecuaciones simultáneas ni la mercancía-patrón. Sin embargo, lo que es fundamental dejar claro es que, cualquiera que sea la solución adoptada, el sistema de Sraffa con “n” bienes básicos mantiene todavía la conclusión principal de que las condiciones técnicas y una de las variables distributivas, esto es, lo exógeno en la teoría del excedente, continúan siendo suficientes para determinar la otra variable distributiva y todos los precios relativos de la economía. También, en cualquier circunstancia, salarios y ganancias permanecen inversamente relacionados. Nótese todavía que la tasa de ganancia normal, aquella que rige y determina la gravitación de los precios de producción, deberá ser determinada en los sectores que producen los bienes básicos de la economía. Solamente los bienes básicos determinan las relaciones salarios-ganancias posibles en una economía de forma coherente y consistente con la capacidad de generación de un excedente. Esto quiere decir que los precios de ahí derivados (formados con base en la tasa de ganancia normal) expresan las condiciones reales de producción agregada, esto es, el costo de producción más el valor efectivamente agregado por el proceso productivo.


Aclarados estos importantes aspectos, estamos ahora listos para analizar la elección de técnica en una economía con capital heterogéneo y así mostrar de forma simplificada la crítica de Sraffa a la teoría neoclásica. Sin embargo, antes de continuar necesitamos una categoría más de análisis. Como ahora la inclinación de la curva salario-ganancia se encuentra en valor, lo que hace que ella cambie a pesar de que la relación K/L permanezca constante para cada técnica, tenemos que pasar a utilizar, como parámetro de identificación de cuál es la técnica físicamente más intensiva en capital o trabajo, el producto (neto) por trabajador. Para esto basta con observar el intercepto vertical (en el eje w) de cada técnica. En él r = 0, luego Y = wL, o sea que w = Y/L: a este nivel de salario todo el producto neto es distribuido para los trabajadores. Cuanto más alto es el intercepto, mayor es el producto por trabajador obtenido por un mismo número de trabajadores, entonces, consecuentemente, más intensiva en capital es la técnica en cuestión. Vamos a suponer que existen dos técnicas alternativas disponibles para producir el producto neto de esta economía. Para simplificar los gráficos supondremos que en la técnica I por casualidad la razón física capital-trabajo en la producción del bien de capital es idéntica a la razón física capital-trabajo de la producción del bien de consumo, y por lo tanto la relación salario-ganancia correspondiente es lineal. Por otro lado, supondremos que en la técnica II la producción del bien de capital utilizado es más intensivo en capital que el sector que produce el bien de consumo ((K/L)IIk > (K/L)IIc). Por lo tanto, la relación entre el salario real y la tasa de ganancia en la técnica II es parabólica.


Vemos que, para cualquier salario encima de wa, la técnica I es la que maximiza la tasa de ganancia y, por lo tanto, es la que tenderá a ser adoptada. Si el salario cae por debajo de wa es la técnica II la que será más rentable y pasará entonces a ser adoptada. De esta forma, cuando el salario real cae de un nivel por encima de wa a un nivel por debajo de este valor, hay un aumento en la tasa de ganancia y, coherentemente con lo que se espera en la teoría neoclásica, el salario menor llevó a la elección de una técnica que posee un menor producto por trabajador una vez que Y/L II < Y/L I. En este caso, la caída del salario real a un nivel un poco inferior a wa redujo el costo de la mano de obra. A pesar de que el precio relativo del bien de capital y el costo relativo del capital de la técnica II (que es más intensivo en trabajo que la técnica I) aumentó, este aumento no fue suficiente para eliminar la ventaja de costos de la técnica II para salarios abajo de (más próximos a) wa.


5. Capital heterogéneo y la imposibilidad de ordenación de técnicas
5.1. Reversión de la intensidad de capital


Sin embargo, las cosas son muy diferentes si hiciéramos el mismo análisis partiendo de un nivel de salario real mucho más bajo, el wb. En el gráfico anterior vemos que cuando el salario pasa de un nivel ligeramente superior a wb a un valor inferior, habrá un cambio de técnicas, esta vez de la técnica II a la técnica I, que ahora es la más rentable. El problema es que este desplazamiento que tiene lugar alrededor del punto wb, como señaló Sraffa, contradice completamente la teoría neoclásica. 

Primero, es fácil ver que, aunque el salario real se ha reducido, la economía ha comenzado a operar en un sistema con un coeficiente de mano de obra menor (y una producción por trabajador mayor), ya que Y/LII < Y/LI. Además, contrariamente a lo que debería ocurrir según el supuesto “principio de sustitución” neoclásico, la tasa de ganancia ha aumentado y el sistema elegido tiene una relación capital-trabajo mayor que el sistema anterior, ya que el intercepto vertical de la técnica I es mayor. Este cambio de la técnica II a la I cuando el salario cae por debajo de wb o, lo que es lo mismo, el cambio de la técnica I a la II cuando el salario aumenta por encima de wb, ilustra el caso más simple posible de lo que se conoció en la literatura crítica sraffiana como el fenómeno de “reversión de la intensidad de capital” (“reverse capital deepening”), es decir, cuando la tasa de ganancia disminuye y la relación capital-trabajo disminuye en lugar de aumentar (y viceversa). Este fenómeno ocurre en la dirección opuesta a lo que supone la teoría neoclásica, es decir, utiliza relativamente más en lugar de menos del “factor de producción” que se ha encarecido, lo que demuestra que no es posible derivar lógicamente funciones de demanda “bien comportadas” de factores de producción en economías que tienen capital heterogéneo.


5.2. Regreso de técnicas


Si miramos el gráfico anterior como un todo en lugar de centrarnos en uno de los dos puntos de cambio en las técnicas, podemos ilustrar otro fenómeno que contradice completamente la idea neoclásica. Observamos que a medida que aumenta la tasa de ganancia se elige inicialmente la técnica I. Cuando la tasa de ganancia aumenta aún más, la técnica I es superada por la técnica II. Sin embargo, para tasas de ganancia aún mayores, se vuelve a utilizar la técnica I. El retorno de la misma técnica física (compuesta por los mismos dos métodos de producción, uno para el bien de consumo y otro para el bien de capital) en dos tramos totalmente diferentes de niveles de tasa de ganancia (o salario real), uno muy bajo y otro bastante alto, es lo que los críticos sraffianos llaman “regreso de técnicas” (“reswitching of techniques”).
La posibilidad de devolver la misma técnica a diferentes niveles de precios de los factores muestra que es simplemente imposible, en el caso general, obtener cualquier ordenamiento de las técnicas en términos de su mayor “intensidad de capital físico” independientemente de la distribución entre salarios y ganancias. Si la técnica I se adoptó inicialmente a niveles bajos de la tasa de ganancia, se podría suponer que era más intensiva en capital, y que a mayor tasa de ganancia (interés) mayor tendencia a abandonar esta técnica, pero como exactamente la misma técnica se puede adoptar a tasas muy altas de ganancia (interés) cualquier argumento de este tipo no tiene sentido.


6. La crítica a la lógica interna del sistema neoclásico de equilibrio general


Los ejemplos de reversión de la intensidad de capital y el retorno de las técnicas no son excepciones o rarezas, sino ocurrencias comunes y probables. En efecto, su posibilidad de ocurrencia sólo requiere que el capital sea heterogéneo, es decir, el caso general de toda economía real. Tenga en cuenta que, en nuestro ejemplo con dos técnicas, siendo solo una de ellas con capital heterogéneo, ya es imposible no tener un intercambio de técnicas porque hay dos intersecciones entre las técnicas. Pero ¿qué hay detrás de estos fenómenos? En nuestro ejemplo, cuando el salario cae por debajo de wb, se eligió la técnica más intensiva en capital en lugar de la técnica más intensiva en mano de obra, pues si bien esta caída ha abaratado el costo de mano de obra, a estas tasas de ganancia relativamente altas, el efecto del aumento del precio del bien de capital al encarecer la técnica II es tan intenso que compensa con creces la supuesta ventaja que tendría esta técnica a bajos salarios al usar más mano de obra por unidad de producción. 

Esto es perfectamente posible, porque con capital heterogéneo, como la relación salario-ganancia de cada técnica puede ser no lineal, nada impide que las relaciones salario-ganancia de dos técnicas se crucen dos veces, como en el gráfico anterior. La concreción de estos ejemplos hace que el análisis teórico de Sraffa migre a un nivel de crítica a la teoría neoclásica que llega a su estructura central. Como el caso general es el del capital heterogéneo, ahora es inevitable preguntarse cómo se podría mantener el mecanismo de equilibrio general neoclásico en una situación en la que es imposible garantizar que el mercado del factor de producción “capital” se comporte de manera predecible. Y aquí es donde Sraffa expone, de manera totalmente segura, la inconsistencia fundamental del marco teórico neoclásico sobre el factor capital, de la siguiente manera:


6.1. La crítica de Sraffa a la "curva de oferta" de capital


Un supuesto general del régimen de competencia es una tasa uniforme de ganancia a largo plazo. Si la tasa de ganancia es la misma sobre el stock de capital de todos los sectores, entonces estos “capitales” que componen estos stocks deben ser del mismo “tipo”. Si fueran diferentes, producirían productividades (marginales) diferentes y tendrían que corresponder a tasas de ganancia diferentes. Por lo tanto, la uniformidad de la tasa de ganancia presupone que el capital es homogéneo. Sin embargo, dado que el capital es heterogéneo, la teoría neoclásica busca “homogeneizar” el capital, midiéndolo no en unidades físicas, sino a través de su valor monetario (en rigor, este es el valor real, y para ello el valor monetario relativo de los distintos bienes de capital debe ser constante). Pero esto es precisamente lo que debe determinarse en el mercado de capitales, en función de las cantidades ingresadas (dotación) y demandadas en este mercado. Esto hace que lo que ahora se denomina “dotación” (valor de la dotación de capital) llevado al mercado dependa de la tasa de ganancia misma y, por lo tanto, cambie junto con ella (o, en otras palabras, cambie con la distribución del ingreso). En estas condiciones, se hace imposible decir cuál es la dotación de capital, que, por lo tanto, permanece indeterminada.


6.2. La crítica de Sraffa a la "curva de demanda" de capital


Cuando el capital es heterogéneo, las “unidades” de capital difieren entre sí, es decir, mientras algunas unidades contienen más trabajo que “capital”, otras contienen relativamente menos unidades de trabajo incorporadas. Entonces, cada nueva “unidad” de capital agregada a la producción cambia simultáneamente la cantidad de trabajo total utilizado, que por lo tanto ya no se da. Pero si la cantidad de trabajo varía todo el tiempo, es imposible medir la productividad marginal del capital, porque para medir el producto marginal de un factor, se cambia la cantidad utilizada de ese factor, dadas las cantidades de los otros factores. Es decir, si no es posible determinar la productividad marginal del factor, en este caso el capital, no es posible determinar su curva de demanda, según la teoría neoclásica.


6.3. Disolución del sistema neoclásico de equilibrio general


Para resumir la crítica al sistema neoclásico: 1- si no es posible determinar la dotación del factor capital y: 2- si no es posible determinar la curva de demanda del factor capital, entonces: no es posible determinar el equilibrio en el mercado del factor capital. En consecuencia, tampoco es posible determinar el equilibrio en el mercado del factor trabajo, ya que es necesario conocer la dotación de capital para medir la productividad marginal del trabajo y de ahí su curva de demanda. Por lo tanto, si no es posible determinar el equilibrio en el mercado de factores, no conoceremos las cantidades elegidas de los factores, que son las que determinan la técnica elegida que garantiza el equilibrio a largo plazo. Pero si no conocemos la técnica elegida, no podremos saber la(s) cantidad(es) de producto producido. Sin la(s) cantidad(es) de producción, tampoco podremos conocer los precios de equilibrio del mercado de bienes finales, del mismo modo que no conocíamos ya los precios de los factores. Finalmente: el equilibrio general a largo plazo es completamente indeterminado y se convierte en un concepto inútil.


7. La mercancía-patrón


Terminemos entonces con una breve explicación de la mercancía-patrón, probablemente la contribución positiva más ingeniosa de Sraffa a la teoría del valor y la distribución.
En una economía compleja con numerosos bienes de capital heterogéneos, la determinación de las curvas de salarios-ganancias, por el método secuencial descrito en la sección 4, requiere la elección de un numerario de valor invariable, es decir, que tenga la característica de que su propio precio (y solo este) no cambiaría como resultado de un cambio en la distribución. Sraffa ideó una “mercancía-patrón” imaginaria, compuesta por un agregado de bienes, en una combinación muy peculiar, un promedio ponderado, de todos los bienes básicos producidos en la economía. Esta ponderación se hace de tal manera que esta “mercancía-patrón” no es más que una especie de capital homogéneo, en el siguiente sentido: tanto los insumos como los productos de esta economía contienen un peso igual en su composición física de bienes básicos, en todas las etapas de producción. 

En otras palabras, el capital (o capitales) es homogéneo con la producción (o con los productos). Aunque podríamos pensar que, en el estándar de la industria, todos los bienes contienen la misma composición K/L, esto puede tomarse analíticamente como si todos fueran efectivamente el mismo bien. Esto significa que la curva de salario-ganancia de una economía dada, cuando se evalúa en la mercancía-patrón de esta economía, es una línea recta exactamente como vimos en el caso del capital homogéneo y de la cual podemos extraer los mismos subsidios analíticos para determinar, por ejemplo, la tasa de ganancia de esa economía. Así, en la mercancía-patrón, para una tasa de salario dada (y, como siempre, conociendo la tecnología) la tasa de ganancia se puede determinar en términos físicos, es decir, en la mercancía-patrón, como sucedió primero en Ricardo, con el trigo (Napoleoni, 1979). Y a partir de eso, se pueden determinar los precios relativos de la economía. 

La ponderación que se utilizará en el cálculo de la mercancía-patrón es única para cada economía, de acuerdo con sus características estructurales productivas. En la práctica, por lo tanto, la mercancía-patrón es solo un número índice con un peso específico para cada caso. Esto significa que cada economía tendrá una mercancía-patrón que la represente. Pero, en cualquier caso, su propiedad fundamental permanece: si el salario en términos de unidades de mercancía-patrón aumenta, la tasa de ganancia cae linealmente.


8. Conclusión
La contribución de Piero Sraffa a la teoría económica se puede resumir en dos frentes: uno positivo, retomando el enfoque clásico del excedente para el cuerpo de análisis económico; otra crítica, de deconstrucción de la teoría neoclásica, a través de su crítica al “capital” como factor de producción. El libro de 1960 cumple estas dos tareas al estudiar los efectos de los cambios en la distribución entre salarios reales y la tasa de ganancia sobre los precios relativos de las mercancías. Sraffa muestra que bajo estas condiciones es posible generalizar la idea clásica de que existe una relación inversa entre el salario real y la tasa general de ganancia para cualquier número de bienes, lo que confirma, en condiciones más generales, los resultados centrales del enfoque clásico. También muestra que, en el caso general del capital heterogéneo, los cambios en la distribución generan cambios en los precios relativos de los productos que invalidan la teoría neoclásica (o marginalista) del capital tanto del lado de la oferta como de la demanda.


Bibliografía
Bhering, G. (2016) Anotações Matemáticas sobre Teoria dos Preços e Distribuição. Texto didático do Grupo de pesquisa em economia política, IE- UFRJ.
Freitas, F. , Serrano, F. (2008) Abordagem Clássica do Excedente. Texto didático do Grupo de pesquisa em Economia Política, IE-UFRJ.
Garegnani, P. (1966). Switching of techniques. The Quarterly Journal of Economics, 80 (4): 554-567.
Garegnani, P. (1970). Heterogeneous Capital, the Production Function and the Theory of Distribution. The Review of Economic Studies, 37 (3): 407–436.
Kurz, H. & Salvadori, N. (1995). Theory of production: a long-period analysis. Cambridge, UK: Cambridge University Press.
Napoleoni, C. (1979). O pensamento econômico do século XX. Rio de Janeiro: Paz e Terra.
Pasinetti, Luigi L. (1966). Changes in the Rate of Profit and Switches of Techniques.The Quarterly Journal of Economics, 80 (4): 503-517.
Sraffa, P. (1985[1960]) Produção de Mercadorias por Meio de Mercadorias, Coleção Os Economistas, São Paulo: Nova Cultural.