El viejo Almacén. BsAs

Surplus Approach

“Es necesario volver a la economía política de los Fisiócratas, Smith, Ricardo y Marx. Y uno debe proceder en dos direcciones: i) purgar la teoría de todas las dificultades e incongruencias que los economistas clásicos (y Marx) no fueron capaces de superar, y, ii) seguir y desarrollar la relevante y verdadera teoría económica como se vino desarrollando desde “Petty, Cantillón, los Fisiócratas, Smith, Ricardo, Marx”. Este natural y consistente flujo de ideas ha sido repentinamente interrumpido y enterrado debajo de todo, invadido, sumergido y arrasado con la fuerza de una ola marina de economía marginal. Debe ser rescatada."
Luigi Pasinetti


ISSN 1853-0419

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16 nov 2014

Premio Nobel de Economía: Otro ortodoxo


Tirole no es sinónimo de keynesianismo, sino de una síntesis entre políticas neoliberales y cierto tipo de regulación estatal de la actividad económica.

 Por Roberto Lampa y Andrés Lazzarini *

Hace menos de un mes, una parte significativa de la opinión pública y de los medios económicos que no comulgan explícitamente con la llamada escuela marginalista o neoclásica recibió con cierta expectativa que el Nobel de Economía 2014 haya sido otorgado al economista francés y profesor de la Toulouse School of Economics Jean Tirole.
De acuerdo con el comité de expertos encargado de elegir al ganador del Nobel, el premio a Tirole se debe “because he has clarified how to understand and regulate industries with a few powerful firms”, es decir, por haber contribuido al mejor entendimiento de los mecanismos que operan en mercados no competitivos y las regulaciones de los mismos.

El Premio Nobel a este economista aparecería, entonces, como un reconocimiento por parte de la disciplina de que los mercados normalmente no serían competitivos y que, por ende, hay que regularlos. Sin embargo, no es ésta la postura que ha caracterizado la entera producción científica de Tirole.
Licenciado en Ingeniería y doctor del MIT, Jean Tirole es el director de la prestigiosa fundación Jean-Jacques Laffont, que representa el centro de formación más importante de la escuela “dirigista” francesa. Este enfoque, hegemónico en la Academia de Francia, no es sinónimo de keynesianismo, sino de una síntesis entre políticas neoliberales y cierto tipo de regulación estatal de la actividad económica.
De hecho, Jean Tirole es uno de los principales exponentes de lo que se conoce en la disciplina como la Nueva Organización Industrial (NOI) surgida en los años ’70 y ’80. Su libro de 1988, The Theory of Industrial Organization, es el manual indiscutido para cualquier estudiante avanzado en esos temas. A diferencia de la llamada Vieja Organización Industrial (VOI) de los años ’50 y ’60, del cual Sylos Labini fue uno de sus principales teóricos, la NOI se aparta de aquélla por haber introducido Teoría de los Juegos al estudio de mercados oligopólicos no competitivos.

En un sentido amplio, los mercados competitivos son aquellos en los cuales no existen barreras a la entrada de nuevas firmas, de manera tal que la libre competencia garantizaría retornos uniformes en todos los sectores. La observación de las economías de mercado ha dado como resultado que no se verifican retornos uniformes a lo largo del tiempo; la VOI precisamente surgió como un reconocimiento de esta realidad empírica (en el caso de Sylos Labini, este autor desarrolla parte de los resultados teóricos alcanzados por Sraffa en 1925 y 1926, donde queda desechada en términos lógicos la posibilidad de construir curvas de oferta marshallianas sobre la base de los rendimientos variables).

Para las teorías de la organización industrial tradicionales, el objetivo es tratar de demostrar que los distintos retornos entre los sectores (y en el interior de cada mercado) se deben a la estructura de los mercados y al comportamiento de las firmas que generan barreras al ingreso de nuevas firmas. En su análisis de mercados oligopólicos, Sylos Labini demuestra que, siguiendo el principio de full cost pricing, en dichos mercados las grandes empresas líderes, que gozan de una mayor eficiencia dada por mejores técnicas respecto de las no líderes, tenderán a fijar un precio ligeramente por debajo del precio que excluye a las empresas menos eficientes del mercado, debido al sencillo hecho de que las firmas más eficientes no estarían interesadas en iniciar “guerra de precios”, puesto que los costos podrían exceder los beneficios. Así las empresas más eficientes seguirían obteniendo ganancias por encima de las normales, resultante de las diferentes tecnologías usadas por ellas.

El objetivo de Sylos Labini era tratar de dar cuenta de una realidad empírica (mercados no competitivos) fundando su teoría en causas objetivas, en este caso en la existencia de discontinuidades tecnológicas como origen de la barrera a la entrada y por ende la coexistencia de grandes, medianas y pequeñas firmas: por ende, la solución consistía en reformas estructurales hechas por el Estado, con el objetivo de reformar profundamente los mercados mismos.

Sin embargo, en paralelo con estos enfoques fue tomando forma la explicación de los mercados no competitivos por razones no tanto objetivas o estructurales (como se apuntaba anteriormente) sino por razones de comportamiento de las firmas, las cuales deberían planear distintas estrategias anticipatorias de aquellas de potenciales rivales. Por ejemplo, Modigliani fue uno de los primeros teóricos en remover los fundamentos objetivos del enfoque de Sylos Labini a favor de otro más bien subjetivo enraizado en el comportamiento racional de las firmas. En otras palabras, se introduce la teoría de los juegos para explicar el comportamiento de mercados no competitivos.

Simplificando, podemos decir que Tirole profundiza y desarrolla enormemente esta línea de investigación. Sin embargo, introducir la game theory en la organización industrial no representa en sí mismo una ruptura heterodoxa, sino, más sencillamente, un intento de encontrar condiciones formales para mostrar analíticamente que algún equilibrio podría existir. Detrás de todo está todavía la idea de que la intervención sólo estaría justificada ante “fallas de mercado”, y que si los mercados no son competitivos, esto se debe a una cuestión subjetiva (de behaviour de los agentes económicos) y no estructural. En este sentido, Tirole insistió mucho sobre la estructura jurídica de los contratos que ligan las empresas en el mercado y la importancia, por parte del Estado, de crear un rubro de incentivos y disincentivos para las empresas mismas, mostrándose escéptico sobre las reformas estructurales de los mercados mismos.

Por eso, a propósito del Nobel a Tirole, Paul Krugman dijo: “En la ausencia de un modelo general de oligopolio, las contribuciones de la Nueva Organizacion Industrial al menos nos permitieron contar unas cuantas historietas: fue liberador pero no es suficiente”.
Por la misma razón, un destacado economista heterodoxo francés como Jean Gadrey acusó en varias circunstancias a Tirole de ser el inspirador de las privatizaciones de los noventa (implementadas sobre todo por el gobierno socialista Jospin), ya que en ese entonces la liquidación de empresas estatales estaba acompañada por la introducción de una legislación reguladora de la competencia.

En tiempos más recientes, Tirole mantuvo esta misma postura frente a la crisis de 2008, proponiendo (en el artículo Leçons d’une crise) una nueva regulación del sector financiero que desincentivara las conductas predatorias (pero que no restringiera la libre circulación de los capitales) y la creación de una unión bancaria entre los países miembros del Euro.
Asimismo, en 2009 Tirole fue autor de una importante investigación sobre el clima para el Conseil d’Analyse Économique francés (2009), en la cual tomaba posición en contra de la introducción de normas técnicas anti-contaminación para las empresas y proponía la creación de un mercado único donde las mismas empresas pudieran intercambiar derechos a contaminar.

En segundo lugar, la cercanía de Tirole con el mainstream económico es todavía más fuerte si consideramos sus contribuciones sobre el mercado de trabajo.

En un estudio de 2003, junto al economista jefe del FMI Olivier Blanchard (“Contours of employment protection reform”), proponía al gobierno francés una reforma laboral que permitiera la absoluta libertad de despidos para las empresas, a condición de pagarle una indemnización al trabajador despedido. A su juicio, el pago de dicha indemnización hubiese transformado el despido mismo en una puesta en libertad del trabajador, por lo cual habría resultado aceptable.

A distancia de una década, Tirole ha reiterado esta postura con fuerza: después que se conoció su victoria del Premio Nobel, en una breve entrevista concedida el lunes 13 de octubre a France Info, Tirole admitió que en el país existe “un clima totalmente deteriorado” a la hora de que los jóvenes se incorporen al mercado de trabajo. Concluyendo sin dar lugar a dudas que: “Francia necesita modernizarse para dar más oportunidades a los jóvenes (...). Hay que modificar el mercado de trabajo para ayudar a los jóvenes”.

No sorprende, entonces, la reacción entusiasta en Twitter del primer ministro socialista Manuel Valls (muy cuestionado por su ortodoxia neoliberal) apenas se conoció la noticia del Nobel a Tirole. Lo que sí sorprende, con tristeza, es el festejo de algunos pensadores en el campo de la economía heterodoxa.

* Profesores de la Maestría en Desarrollo Económico, Unsam.

Original: Pagina 12

15 oct 2013

Las miles de burbujas del mercado financiero







Emiliano Brancaccio e Marco Veronese Passarella
Emiliano Brancaccio e Marco Veronese Passarella
Emiliano Brancaccio e Marco Veronese Passarella
Por Emiliano Brancaccio y Marco Veronese Passarella




El Premio Nobel de Economía 2013 fue otorgado a Fama, Hansen y Shiller por su análisis en la predicción del comportamiento de los mercados financieros. Aunque ha sido refutado a nivel científico, la teoría de los mercados financieros eficientes sigue dominando la escena política

Los estadounidenses Eugene Fama (Universidad de Chicago) , Lars Peter Hansen (Universidad de Chicago) y Robert Shiller ( Universidad de Yale ) son los ganadores del Premio Nobel de Economía en 2013 , en virtud de su análisis en la predicción del comportamiento de los mercados de activos financieros y bienes raíces. Dentro de los motivos de la elección de este año, la Academia Sueca de las Ciencias ha puesto mucho énfasis en los elementos de continuidad entre la investigación académica de los estudiosos premiados. De hecho, como veremos , su éxito se deriva principalmente de los elementos de ruptura entre su análisis y la extensa literatura que se ha desarrollado en los últimos años en torno a ellos.


Perteneciente a una familia de origen siciliano que emigró a Boston a principios del siglo pasado, Eugene Fama es uno de los defensores más intransigentes de la libertad de los mercados financieros y su desregulación completa. Esta posición política suele justificarse por sus partidarios sobre la base del argumento de que el mercado hace un mejor uso de toda la información disponible pertinente para determinar el precio de los activos , y cualquier nueva información se incorpora de inmediato en los precios de los activos. En el caso del mercado de valores, por ejemplo, la cotización actual refleja la información disponible sobre el valor actual de los dividendos futuros esperados. Si, por lo tanto, los precios derivados de negociación se determinan con base en el uso óptimo de toda la información disponible, no se puede aspirar a utilizar la misma información para especular, es decir, de "ganarle al mercado".
A partir de esta tesis, los seguidores de Fama han llegado a la conclusión de que el mercado de valores es el mejor juez de sí mismo: cualquier intervención para regular la bolsa, como todos los otros mercados, terminaría por alterar el proceso de determinación de los precios mediante la mejor información disponible, y por lo tanto se puede considerar el criterio más eficiente para la asignación de los recursos disponibles. Aunque abiertamente proviene de los análisis de Fama, en realidad  la vulgarización no refleja bien su grado de sofisticación. Baste señalar, por ejemplo, que a pesar de que ha hecho importantes contribuciones en apoyo de la idea de que el mercado determina los precios usando toda la información disponible, el economista de Chicago también señaló que los precios también dependen de la teoría según la cual se procesa la información. Después de la crisis que estalló en 2007 Fama ha reconocido que hoy en día existe una gran incertidumbre en torno a la elección de la teoría correcta, vale decir, la interpretación correcta del funcionamiento del sistema económico. Esta incertidumbre, sin embargo, no parece ser en su opinión, una razón para silenciar a los divulgadores de su pensamiento: en efecto, en un contexto en el que no existe un consenso acerca de cómo elegir el modelo adecuado de la interpretación del mundo que nos rodea, parece depender aún la mayor parte del argumento de que el libre mercado es todavía el mejor criterio de asignación, y por lo tanto no debería ser aprovechado por los intentos de regulación política.
La tesis de Fama disfrutó de un enorme éxito en la comunidad académica internacional. Sin embargo, incluso antes del estallido de la crisis, la evidencia empírica tiende a refutar fuertemente en cambio, la idea de la eficiencia de los mercados financieros. El caso de la bolsa de valores es emblemático en este sentido. Si los precios actuales de las acciones simplemente reflejan la información disponible sobre los dividendos futuros esperados entonces la variabilidad de los precios debería ser más baja que el de los dividendos, explicándolo en términos intuitivos, estos últimos deben variar más a medida que se determinan en una etapa posterior dado que incorporan nueva información que en el momento de la fijación de precios no estaban disponibles. En un famoso artículo publicado en 1981, sin embargo, Shiller ideó un test econométrico del que fluía un resultado exactamente opuesto: la volatilidad de los precios de mercado de valores de renta variable es muy superior al de los dividendos, hasta cinco veces más y en algunos casos incluso más allá. Es evidente, por lo tanto, los precios no pueden ser considerados un mero reflejo de los dividendos futuros. Otras fuerzas los afectan, y el reto científico es individualizarlas.
Los defensores de la teoría de los mercados eficientes han tratado de explicar los resultados de Shiller sobre la base de la idea de que los precios actuales de las acciones no sólo dependen de los dividendos futuros, sino también en las preferencias de los agentes económicos entre consumo presente y consumo futuro, lo que en su opinión determina el volumen de ahorro y por lo tanto también la demanda de las acciones. Estas preferencias tienden a cambiar durante las diversas fases del ciclo económico: por ejemplo, durante una recesión el consumo presente se reduce, la preferencia hacia ella por lo tanto aumenta, lo que cambia la demanda de las acciones y por lo tanto también sus precios de mercado, al margen de los cambios en los dividendos futuros. Esta explicación, sin embargo, fue refutada por las pruebas econométricas posteriores entre los que destacan los desarrollados por el tercer ganador, Lars Hansen. Las pruebas, entre otras cosas, parecen indicar que el ciclo económico tiene muy limitada influencia en las decisiones de la compra de los títulos, y por lo tanto no puede constituir una justificación válida para la variabilidad de los precios excesivos en relación con los dividendos.
Los resultados de Shiller han encontrado ulterior evidencia aún en el análisis de otros mercados, como los de los bonos y las monedas. Al igual que los precios del mercado de las acciones, fluctúan mucho más que los dividendos futuros, así también en otros mercados los precios tienden a alejarse de los valores que deben derivarse de los datos "fundamentales " del futuro. Si se toma como conclusión general de que la alta variabilidad de los precios es debido al hecho de que los mercados financieros están dominados por factores psicológicos imponderables, capaces de generar ondas de euforia o pánico: las llamadas "burbujas especulativas”, las cuales inflan y revientan contribuyendo a la inestabilidad de toda la economía, generando ciclos de auge y depresión de la producción y el empleo. Esta interpretación, de la que fue Shiller un defensor, abrió el camino para la llamada las finanzas del comportamiento, una rama de la investigación económica que trata de explicar la dinámica de los mercados financieros sobre la base de la idea de que el comportamiento de los agentes económicos no puede siempre describirse como racional. Es una línea de investigación que puede presumir de ilustres predecesores, entre ellos Charles Kindleberger , y John Kenneth Galbraith . En la versión actual, sin embargo, parece dar lugar a la idea de que, si los agentes fuesen perfectamente racionales, los precios reflejarían las informaciones "fundamentales " y por lo tanto una solución de libre mercado podría resultar eficiente. Una conclusión, esta, que en muchos aspectos no resulta satisfactoria , y que se presta a la crítica de aquellas líneas de investigación alternativas , según la cual la "burbuja" no constituye tanto una anomalía determinada por la irracionalidad de los individuos, sino que representa una necesidad vital del actual régimen de acumulación capitalista , basado en la centralidad del mercado financiero.
Ante el avance de sus muchos críticos, Fama no parece haberse desalentado mucho. Recientemente, de hecho, parece que extremó su posición, afirmando que al final "no existen las burbujas ", y que el mercado financiero sería aún "la víctima de la recesión, y no la causa". Tal actitud, a primera vista, podría ser confundida con el último enroque de un gobernante de la ciudadela académica, ahora más cerca de la defenestración. La verdad, sin embargo, es que a pesar de que ha perdido mucho de su atractivo científico, la retórica liberal de Fama estaría más acorde con el momento político actual de lo que se puede imaginar.
Después de todo, el régimen de acumulación impulsado por el mercado financiero está en crisis una y otra vez en los últimos años, bajo los golpes de los daños que se causó a sí misma. Pero ningún movimiento político se ha atrevido hasta ahora ni siquiera a que se formulen preguntas. Podríamos decir, entonces, que a pesar de su ineficiencia, el mercado financiero y sus apologistas están oponiendo una resistencia efectiva a las presiones de la crítica. El futuro por lo tanto es probable que sea una vez más de Fama y sus seguidores, más que de Shiller. Y la "represión financiera", que Keynes abogó en los años treinta y que, al menos en parte, fue capaz de lograr, pero por el momento sólo es una quimera.

Referencias bibliográficas
Brancaccio, E. (2005). “Stock market and bubbles”, Quaderno DASES Università del Sannio, 7.
Brancaccio, E. e Passarella, M. (2012). L’austerità è di destra. E sta distruggendo l’Europa, Milano, Il Saggiatore.
Cassidy, J. (2010), “Interview with Eugene Fama”, New Yorker, January.
Fama, E. (1970). “Efficient capital markets: a review of theory and empirical work”, Journal of Finance, 25, pp. 383-417.
Shiller, R.J. (1981). “Do stock prices move too much to be justified by subsequent movements in dividends?”, American Economic Review, 71, pp. 421-436.
Shiller, R.J. (2009). Euforia irrazionale. Alti e bassi di borsa, Il Mulino, Bologna. - See more at: 






Original: Economia y Politica

Un Nobel para el olvido


 Eugene F. Fama, Lars Peter Hansen y Robert J. Shiller


 Por Matías Vernengo *

El premio del Banco de Suecia en Memoria de Alfred Nobel –un galardón que no está entre los originales Premios Nobel– muestra los límites de la visión convencional de la economía que tanto daño hizo en la Argentina y evidencia lo poco que cambió la profesión desde la crisis de 2008. El galardón fue dedicado a los desarrollos sobre el mercado financiero de Eugene Fama y Lars Peter Hansen, de la Universidad de Chicago, y Robert Shiller, de la Universidad de Yale.
La idea más controvertida entre las que desarrollaron los autores es la noción de los mercados financieros eficientes (efficient market hypothesis) de Fama. Esa idea sugiere que los precios de los activos financieros, en presencia de agentes racionales y perfecta información, están determinados por las preferencias de los agentes económicos, la tecnología y la dotación de factores productivos. En otras palabras, los precios de los activos financieros se establecen por los llamados fundamentos del mercado, la oferta y la demanda.

La idea no tiene ninguna relación con el viejo concepto de Adam Smith sobre la famosa “mano invisible” del mercado. Smith creía que la mano invisible obligaba a los agentes económicos a buscar la mayor tasa de ganancia y así el proceso de competencia forzaba, en el largo plazo, la gravitación alrededor de los precios de mercado. Sin embargo, los precios de largo plazo, una vez determinada la tasa de ganancia uniforme, dependían exclusivamente de sus costos de producción, que Smith veía relacionados con el trabajo comandado. Los precios eran determinados por los costos. La demanda, relativamente fija a largo plazo, tendría así un papel menor. Los mercados eran eficientes para Smith porque permitían no la determinación de precios que vaciaban los mercados sino que permitían la acumulación de capital en su busca incesante por la ganancia.

Entender la diferencia es importante porque la idea de los mercados eficientes de Fama sugiere que éstos determinan los valores óptimos en el corto plazo, y que cualquier tipo de regulación les quita eficacia. Como los precios de corto plazo reflejan los fundamentos del mercado, la sugerencia implícita en la hipótesis de Fama es que las burbujas son imposibles. Una posición difícil de defender frente a los eventos de los últimos 30 años como la burbuja de la hipotecas subprime, que tuvo efectos devastadores en la economía global.

Los trabajos de los otros dos galardonados balancean el premio en la misma forma que sucedió con el premio de Gunnar Myrdal, pionero keynesiano y líder de la Social Democracia Sueca, recibido juntamente con Friedrich Hayek en 1974. El trabajo de Hansen sugiere que hay razones racionales por las cuales las burbujas pueden ocurrir, por lo general, suponiendo que hay elementos autorrealizables en las expectativas de los agentes, no directamente relacionadas con los fundamentos, que afectan los precios de los activos financieros. Shiller es quien fue más lejos en su afán de mostrar que las burbujas especulativas sí existen.

Shiller sugirió que hay elementos comportamentales y psicológicos, algunos netamente irracionales, que explican la dinámica de los precios de los activos financieros. Junto con otro Nobel de Economía, George Akerlof, Shiller trató de revivir elementos de la teoría keynesiana. Sin embargo, al contrario de los autores de la vieja economía política clásica y del propio Keynes, las ideas de Shiller están basadas en la noción de que los problemas de los mercados resultan de imperfecciones y no del modo mismo en que operan los mercados.

En ese sentido vale recordar la verdadera respuesta heterodoxa a la hipótesis de los mercados financieros eficientes de Fama: la hipótesis de la fragilidad financiera de Hyman Minsky, economista post-keynesiano. Minsky sugería que las estructuras financieras cambian endógenamente a medida que la economía capitalista avanza. Los agentes económicos aceptan, frente a la competencia, cargar niveles de deuda más elevados y estructuras financieras mas riesgosas. Desde esta visión, las crisis financieras y las burbujas especulativas son la norma del funcionamiento del capitalismo.

* Profesor de la Universidad de Bucknell. Maestría en Desarrollo Económico de la Unsam.

original: Pagina 12