El viejo Almacén. BsAs

Surplus Approach

“Es necesario volver a la economía política de los Fisiócratas, Smith, Ricardo y Marx. Y uno debe proceder en dos direcciones: i) purgar la teoría de todas las dificultades e incongruencias que los economistas clásicos (y Marx) no fueron capaces de superar, y, ii) seguir y desarrollar la relevante y verdadera teoría económica como se vino desarrollando desde “Petty, Cantillón, los Fisiócratas, Smith, Ricardo, Marx”. Este natural y consistente flujo de ideas ha sido repentinamente interrumpido y enterrado debajo de todo, invadido, sumergido y arrasado con la fuerza de una ola marina de economía marginal. Debe ser rescatada."
Luigi Pasinetti


ISSN 1853-0419

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Teorías del valor y la distribución una comparacion entre clásicos y neoclásicos

Fabio PETRI   Esta obra, traducida por UNM Editora, ha sido originalmente editada en Italia con el título: “Teorie del valore e del...

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31 jul 2015

Humillación Pedagógica


por JOSÉ LUÍS FIORI



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Alexis Tsipras: "Asumo la responsabilidad de firmar un texto en el que no creo, pero tengo que implementarlo. La dura verdad es que se nos ha impuesto un camino de  mano única" Globo O, 17/07/2015 
Es muy difícil identificar las causas y establecer culpas, cuando uno está hablando de procesos históricos enormemente complejos, tales como el rápido agotamiento del proyecto de unificación europea.

La actual crisis griega es sólo un punto en una trayectoria de erosión y de declive que comenzó hace mucho tiempo, tal vez incluso en el momento de la unificación alemana, o en el momento el proyecto se expandió de manera irresponsable, incluyendo a 28 países completamente diferentes y desiguales. Por no hablar de la importancia decisiva que tuvo la creación de la moneda única - el euro - sin el respaldo de una autoridad fiscal unificada y soberana. Pero ahora esta historia ya es pasado, y el proyecto diseñado por la generación de Schuman, De Gasperi, Adenauer y Delors, ha terminado. Y lo mismo puede decirse de su nueva versión diseñada por Helmut Kohl y François Mitterrand, en la década del 80. La importancia económica y demográfica de Grecia es pequeña, dentro de la UE, el PIB griego no llega al 2% del PIB europeo, pero el tamaño de la humillación Griega trasciende las cifras económicas y el simbolismo democrático, y se ha convertido en un aviso y una advertencia, sobre todo para las otras potencias europeas.  

En julio de 2015, la inflexibilidad y el despotismo alemán definitivamente enterraron la utopía de la solidaridad ciudadana y la responsabilidad compartida que impulsó la primera generación de los europeistas; y la "Europa social" fue completamente derrotada por la "Europa de los mercaderes", que hablaba F. Mitterrand. El resentimiento griego quedará reprimido a la espera de la venganza, pero la desconfianza mutua entre Francia y Alemania debe aumentar al igual que el euroescepticismo inglés. Y para el resto de la humanidad, es la noticia de la muerte de la última gran utopía del siglo XX: el fin de los “egoísmos nacionales” europeos. En términos inmediatos, el nuevo plan de austeridad impuesta a los griegos, repite casi todas las cláusulas fracasadas en los dos planes anteriores, aprobadas en 2010 y 2012.

Al mismo tiempo, incluye una nueva cláusula extremadamente importante, la creación de un fondo administrado por los acreedores administrar los 50.000 millones de euros obtenidos por la venta de los activos nacionales griegos. Una cláusula que recuerda la historia del siglo XIX y presenta un fantasma atemorizante en el horizonte europeo del siglo XXI. Resumiendo la historia: a mediados del siglo XIX, había dos posiciones importantes dentro de la élite europea (y en particular la élite Inglesa) con respecto a la mejor manera de relacionarse con el "resto del mundo" 

Por una parte, se alineaban los seguidores de Adam Smith y Lord Shelbourne, que consideraban que la simple superioridad económica Inglesa - acentuada por la Revolución Industrial - sería capaz de asegurar sus intereses y ventajas en todo el mundo, sin necesidad de conquistas territoriales y coloniales. Por otro lado se alinearon los partidarios de Disraeli, Palmerston, Cecil Rhodes y otros que defendían la necesidad de expansión territorial, la conquista colonial y la civilización de los pueblos no europeos. La posición de Smith se impuso en la primera mitad del siglo XIX, pero Disraeli y Rodhes prevalecieron abrumadoramente a partir de 1850.

Este cambio de rumbo, sin embargo, lo importante es que la transición de una estrategia a otra se produjo sin mayores traumas dentro de la élite europea, por el camino "natural" del mercado, sin grandes “conspiraciones imperiales". El proceso se repitió muchas veces y es fácil de sintetizar, porque todo siempre comenzó con la firma de un "acuerdo comercial" entre Europa y fuera de Europa, que implica la apertura de las fronteras económicas de los "no europeos", a cambio de la compra de su bienes primarios, y su fácil acceso a los préstamos de los bancos franceses e Ingleses. Un "cambio" que operó durante los períodos de expansión, pero que entraba en crisis en los períodos de recesión internacional, cuando los países endeudados eran obligados a hacer "ajustes fiscales" sucesivos que agravaban los problemas y obligaban a una renegociación permanente de la deuda, hasta el momento en que los países y los bancos acreedores imponen la creación de "comités de administración", que asumían la supervisión fiscal y financiera de los países endeudados.  

Además, cuando la situación económica empeoraba, los europeos se sentían con el derecho a invadir el territorio y presentar y someter a los endeudados a su dominación colonial. Como el caso paradigmático de Egipto, donde la crisis económica de los años 70 del siglo XIX puso fin a un ciclo de euforia modernizante, llevando a la renuncia del Quediva Ismail Paxá, en 1879, seguida de la declaración de la moratoria en 1880, de la formación de la Comisión Administración (externa) de la deuda en 1881 y de la invasión Inglesa y el sometimiento de Egipto a la condición de colonia y el protectorado británico de entonces entre 1882 1952. 

 Es una tontería hacer comparaciones macroeconómicas apresuradas, o asumir que se repite la historia mecánicamente. Pero es importante no hacer la vista gorda porque el nuevo plan de austeridad griego no va a resolver los problemas financieros de Grecia, y Grecia no va a pagar su deuda en los términos actuales. En este caso, ¿cuál es el siguiente paso de Europa y de Alemania en particular? Además, es también importante que los "no europeos" aprendamos de la historia, debido a que las políticas de austeridad funcionan sólo en casos excepcionales, de los países que contaran con desafíos o factores externos favorables, y un poder político cohesionado y con una enorme capacidad movilización ideológica y social de sus pueblos. 

Fuera de esto, las políticas de austeridad han tendido a agravar la situación que querían corregir, y se convirtieron - en la práctica – en una herramienta de sumisión cada vez mayor de los países fragilizados, a los planes geopolíticos y geoeconómicos de las grandes potencias y sus corporaciones privadas que operan y se expanden en conjuntos.

Original: ACA


3 jul 2015

Grecia en el borde



Sobre el diseño no sustentable de la "zona Euro". 
Traducido de la página de Matías Vernengo, Naked Keynesianism




“he discutido en gran medida el debate entre Sergio Cesaratto y Marc Lavoie de la naturaleza de la crisis europea, es decir, si es una crisis de balanza de pagos o una de soberanía monetaria.

Cesaratto sostiene que una crisis de la balanza de pagos es posible en una unión monetaria, y que la crisis financiera de la zona euro es de hecho una crisis de balanza de pagos. En efecto, Pérez y Vernengo (2012) sugieren lo mismo, a pesar de que ese documento ha sido escrito para sugerir que la crisis no era fiscal, según la hipótesis de la corriente principal, y las políticas reales perseguidos por la Troika, que requieren un ajuste fiscal como solución (presumiblemente porque el problema era fiscal).

En la hipótesis de la balanza de pagos o Cesaratto, el problema sería que no hay pagos de transferencias federales a partir de los países excedentarios hacia los países deficitarios para ayudar a compensar el impacto negativo del déficit de CA en el PIB y el saldo de presupuesto. O más correctamente, que no hay transferencias fiscales del gobierno federal a las unidades federadas, como se ha demostrado en el caso por Nate Cline y David Fields aquí para el caso de Estados Unidos.

Sin embargo, como señaló Lavoie, la crisis de la zona euro parece haber sido causada principalmente como resultado de un problema bancario inicial, que se transformó en un problema de deuda pública. En otras palabras, la emisión de moneda, y el funcionamiento de la unión monetaria parecen estar en el centro de la crisis, no la balanza de pagos. La unión monetaria elimina claramente el riesgo de tipo de cambio, pero no el riesgo país, lo que podría explicar los diferenciales de tasas de interés entre los países del euro.

Marc sugiere que el sistema de pagos interbancarios, el denominado TARGET2 (en tiempo real automatizado transeuropeo de Sistema de Transferencia de liquidación bruta), utilizado por el Banco Central Europeo (BCE) puede ser visto como estar en el centro del problema. En su ejemplo, si una empresa española importa automóviles de una empresa alemana, el BCE acredita la firma alemana en un banco alemán y debita la española en su banco corresponsal. No hay límite a la posición deudora de que el Banco de España, el banco central español, puede incurrir en el BCE. La capacidad de sobregiro del BCE es ilimitada. * Así que en este punto de vista la solución sería que la capacidad de sobregiro BCE para crear las condiciones para la periferia del euro para seguir funcionando sin austeridad. Por otra parte, esto podría ser resuelto si el BCE comprara los bonos de los países miembros.

Sin embargo, las reglas del euro implican que el BCE no puede comprar deuda soberana, y, por lo tanto, el mecanismo por el cual se crea normalmente un activo libre de riesgo queda excluido. La creación del activo libre de riesgo es la función esencial del banco central en relación con la estabilidad financiera. Según Lavoie la configuración de la zona euro debería haber incorporado un banco central que sostenga y compre  grandes cantidades de valores emitidos por los gobiernos nacionales participantes.

Mi argumento, discutido brevemente aquí antes, es que las hipótesis de Cesaratto y Lavoie son una y la misma. Las visiones de balanza de pagos y de soberanía monetaria de la crisis europea son dos caras de la misma moneda. El hecho de que los servicios de sobregiro involucrados en el sistema TARGET2 se podrían utilizar para crear crédito para financiar los desequilibrios en euros, o que el BCE podría comprar bonos del gobierno en el mercado secundario no excluye el hecho de que la crisis actual es, en ausencia de estas políticas, el resultado de la incapacidad para gestionar un déficit CA. En el ejemplo anterior, el origen de la posición deudora del Banco de España es una importación de automóviles alemán, que presumiblemente corresponde a una posición de déficit en cuenta corriente.

En este sentido, la crisis europea es causada por las fallas del diseño del euro, pero también es la que obliga a los bancos de los países a sobreendeudarse-o sobreimportar, para luego ajustar mediante la reducción de sus importaciones a través de la austeridad, y, por lo tanto, aumentar su capacidad de repago. Tenga en cuenta que dejar el euro (en particular, el caso de Grecia, es decir Grexit), implicaría un cierto grado de depreciación de la moneda de nueva creación, podría no ser suficiente (o incluso necesario) para resolver la crisis. He hablado de ello aquí antes. Yanis Varoufakis, el ministro de Finanzas griego, también ha sido escéptico acerca dela depreciación y Greexit.

* Marc compara TARGET2 a Keynes bancor, y sugiere que Keynes podría ser, además de Mundell, el padre del euro. Dos cosas vienen a la mente. Creo que, en principio, las reglas de ajuste basado en la austeridad, están más cerca de Mundell de Keynes (pobre Keynes, este lío institucional no debe ser depositado en él). En segundo lugar, el plan de Keynes también implica que hay una necesidad de que los países con superávit para financiar los déficit. Lo que realmente importa en esto es que crea el sobregiro, que tiene el poder de crear dinero, por así decirlo. Normalmente eso no tiene nada que ver con tener excedentes. Los gobiernos nacionales no están en superávit en contra de sus subunidades. A nivel mundial los EE.UU. es un país deficitario, y sigue siendo el de la emisión de la moneda global".

2 jul 2015

Límites para el Grexit


Por Claudio Scaletta

Grecia, desde Argentina, no interesa por un súbito despertar internacionalista. Tampoco por las notables similitudes con el proceso del fin de la convertibilidad, sino porque es el emergente del ocaso de un modelo económico que está sumergiendo al mundo en depresiones de largo plazo. Sí es cierto, no obstante, que los economistas que comprenden la recuperación local posterior a la dura crisis de 2001-2002 podrían ser muy buenos asesores para el camino de un potencial Grexit, una alternativa posible pero remota, pues el gobierno de Syriza debe pasar este domingo por las horcas caudinas de una voluntad popular asustada, bombardeada desde todos los rincones por los “indecibles padecimientos” que le aguardarían en caso de romper el statu quo del ajuste permanente. Una sociedad que, además, experimenta a pleno la vivencia nada sutil de un corralito y a la que nada le gustaría más que regresar al espejismo de una “normalidad europea”.
Pero imaginando incluso un triunfo del “no” en el referéndum del domingo, pues muchos destacan tanto la torpeza de los voceros de la UE como la habilidad del premier Alexis Tsipras para movilizar el hartazgo del pueblo por la recesión interminable, el camino recién comenzaría. Si quedarse en la zona del euro supone condenarse a un estancamiento que sacrificaría a no menos de una generación, un punto que no merece mayor debate pues los resultados están a la vista, salir supone un cambio absoluto de paradigma.

Es a partir de este punto, entonces, donde comienzan las principales diferencias con el caso argentino. Lo primero que se repite es que “Grecia no tiene soja”. Luego del shock de salida de la convertibilidad en el verano de 2001-2002, a los pocos meses comenzaron a entrar los dólares de la cosecha, una potente inyección de recursos a los que se sumaron los ahorros de divisas implícitos en la cesación de pagos y el efecto riqueza de los connacionales que supieron poner a resguardo sus divisas. Estos dólares son los que alimentaron la puesta en marcha de la capacidad instalada ociosa. El país salió adelante con recursos propios, un proceso que fue acompañado por precios internacionales muy favorables que se conjugaron con la retroalimentación del estímulo a la demanda y el mercado interno: el resultado, una década de crecimiento a tasas chinas. Cuando los voceros de las finanzas globales amenazan a los griegos con que podría “ocurrirles lo mismo que a Argentina” es evidente que alguna de las dos partes desconoce de qué está hablando. La opción argentina sería fantástica para Grecia.

Pero no es el caso. Si bien en los últimos años Grecia redujo su déficit comercial, que en 2008 rondaba los 40.000 millones de euros, alcanzando un leve superávit en 2014, se trata de un efecto más recesivo que estructural. De acuerdo a los números del Banco de Grecia las exportaciones de bienes fueron de 23.480 millones de euros el año pasado y las importaciones de 41.330 millones, mientras que las exportaciones de servicios fueron de 31.150 millones y las importaciones de 11.531 millones. Sumando ambos componentes, bienes y servicios, se obtiene un escaso superávit comercial de 1769 millones de euros. A muy grandes rasgos, Grecia exporta servicios turísticos y marítimos, algo de sus astilleros y agroindustria, e importa fundamentalmente alimentos y energía. Como tiene importantes refinerías, la caída de la demanda por la recesión significó un aumento en las exportaciones de combustibles, que son las explican el pequeño superávit del último año. El panorama de recursos propios no es desesperante, pero tampoco muy alentador. El contexto mundial es, además, muy desfavorable, con recesión en toda Europa. El dato positivo es que su principal rubro de exportación, los servicios turísticos, es uno de los pocos del mundo con elasticidad positiva al tipo de cambio, es decir que las “exportaciones” aumentan frente a mejoras cambiarias. Una salida del euro supondría una devaluación importante, en particular dadas sus escasas reservas internacionales, de apenas unos 5000 millones de euros. Las devaluaciones siempre son contractivas, pero esto sería equilibrado por dos factores, por un lado la elasticidad del tipo de cambio del turismo, por otro, buena parte de los euros que se fugaron en el último tiempo lo hicieron al colchón y es probable que comiencen a regresar al circuito económico, aunque sea porque los griegos tendrán que vivir y las empresas funcionar. Un dato importante es que buena parte de los costos de un Grexit ya se pagaron: salida de divisas, recesión y control de capitales. El principal efecto positivo, sin la menor duda, sería la recuperación de la política monetaria, lo que permitiría pensar en un plan de desarrollo con direccionamiento del crédito, pero estos son procesos que se concretan, en el mejor de los casos, en el mediano plazo. En el corto sería indispensable recurrir parcialmente al crédito, obviamente extra europeo. Hay conversaciones y planes con Rusia para que la nación helénica sea el centro de distribución de los hidrocarburos rusos en Europa y China está muy interesada en el puerto de Atenas, dos datos geopolíticos muy potentes para Estados Unidos y su gran colonia europea.

Pero si desde la economía el camino del Grexit aparece menos terrible que la lenta agonía de la permanencia en el euro bajo condiciones disciplinarias, la posibilidad geopolítica de salida es remota. Primero, y menos importante, porque no es la voluntad de Syriza ni el mandato del pueblo griego. La promesa de Tsipras al electorado siempre fue terminar con la austeridad, pero sin salir del euro. Tener un plan económico que morigere la profundidad del ajuste y que se financie mediante una reestructuración de la deuda. El referéndum del domingo, al margen de cómo quieran presentarlo los negociadores europeos, no es contra Europa ni contra el euro, sino contra las condiciones draconianas que se le intentan imponer a Grecia. Tsipras llama al referéndum para consolidar no sólo su frente interno, sino el de su propia coalición de gobierno, en la que conviven extremistas y moderados. También para enviar una señal dura a la troika de que el ajuste tiene límites políticos muy concretos. El segundo aspecto, el más importante, es el geopolítico. Al margen de la exaltación punitiva de las tribus nórdicas, conducidas por economistas ultramontanos que harían palidecer al propio José Luis Espert, son muchas las voces que parecen advertir el alto costo económico y simbólico de una salida de Grecia. No sólo por la mala señal hacia el resto de la periferia en problemas, los vilipendiados PIGS, con un impredecible efecto contagio y de gran incertidumbre para ahorristas y acreedores de estas naciones, quienes ahora sabrían que les pueden soltar la mano, sino porque al sur de Grecia reaparecen las presiones de los movimientos islámicos, al oeste está Rusia y los capitales chinos permanecen expectantes. Aunque Alemania sienta que no necesita a Grecia en la UE, es difícil creer que Estados Unidos permanezca indiferente ante lo que para cualquier analista racional se vislumbra como el inicio de una crisis financiera regional sin precedentes.

Original: Pagina 12

7 feb 2015

El efecto Zorba

Por Claudio Scaletta




Luego de un lustro de hiperajuste recesivo, el más grande registrado en Occidente, el pueblo griego le dijo basta al austericidio. Syriza, cuyas siglas significan Coalición de la Izquierda Radical, llegó al poder y ya gobierna el país de la mano de su joven y carismático líder Alexis Tsipras. Si bien el origen de la agrupación fue un desprendimiento del viejo Partido Comunista Griego, que derivó luego en variantes más moderadas de “eurocomunismo”, no se trata estrictamente de una izquierda radical como se la entiende en la política latinoamericana, sino de una forma de lo que, también aquí, se denomina “populismo”. Los rótulos, sin embargo, son una limitación a la hora de comprender un fenómeno que podría transformar el statu quo de la política económica europea y mundial.

Parece mucho, pero lo que hoy manifiesta el caso griego es la disputa entre dos modelos de de- sarrollo: el ajuste permanente que privilegia el equilibrio contractivo de las cuentas públicas, cuya contrapartida siempre fue la concentración del ingreso, y la desarticulación del Estado benefactor, versus un enfoque centrado en la inclusión social y la redistribución progresiva del ingreso, con énfasis en el estímulo a la demanda agregada como conductora del crecimiento sostenido. Sepultadas las ruinas del llamado socialismo real y avanzado el siglo XXI, la verdadera dicotomía de la economía política dejó a un lado la contradicción entre capitalismo y revolución para trasladarse a la puja intracapitalista entre ortodoxia excluyente y heterodoxia incluyente de raíz keynesiana-kaleckiana.

El desafío griego es entonces doble: político, a la hegemonía de la Unión Europea con centro en Alemania, bajo una evidente asimetría de poder, y económico, a los modelos de ajuste estructural impulsados por el ganador de época: el poder financiero representado en Europa por las decisiones de la “troika” FMI, Banco Central Europeo (BCE) y Comisión Europea (CE). El partido que se disputa en Grecia, en el estadio del laboratorio de la historia, concentra la atención tanto de quienes conducen la política mundial, como de los científicos sociales. Observar desde la platea será también una experiencia fascinante, más cuando los desafíos griegos se parecen mucho a los que enfrentó, enfrenta y seguirá enfrentando la economía argentina en particular y de Latinoamérica en general.
Pasemos, pues, al laboratorio.

La entrada al euro

Grecia ingresó al euro en 2003. Por entonces Italia ya tenían indicadores de deuda y déficit bastante deteriorados y quedaban pocas excusas para seguir dejando fuera a Grecia. Años después, en 2009, se descubriría que los parámetros de Maastricht para ingresar en la Eurozona se habían cumplido gracias a la contabilidad creativa de Goldman Sachs.
Entre 2003 y 2009, el principal gasto de Grecia fue el militar. Durante muchos años el país fue el principal comprador de armas de Alemania, y el tercero de Francia. Se estima que estos gastos explican unos 150 mil millones de dólares de la deuda pública. A fines de 2009, asumió Yorgos Papandreu de la mano del Pasok, el Partido Socialista Panhelénico, y se transparentó que la crisis era peor de lo que se creía. Aunque el contagio no fue inmediato, en Europa comenzaban a sentirse los efectos de la crisis estadounidense de 2008 vía el estallido de la burbuja inmobiliaria en Irlanda. A fines de 2009, el panorama emergente en Grecia después de seis años dentro del euro era el de un país altamente endeudado en una moneda que no emitía. Las acreencias no eran sólo del sector público, también del privado, tanto empresas como bancos habían aprovechado la “plata dulce” que fluyó con la entrada al sistema monetario europeo. Los acreedores eran fundamentalmente bancos alemanes y franceses, que participaron también del auge de una pequeña burbuja inmobiliaria. Todavía hoy el 45 por ciento de las hipotecas tienen distintos grados de irregularidad.

AUSTERIDAD Y RESCATES

Por esta época, se iniciaron políticas de austeridad draconianes. Había razones muy reales para impulsarlas. El déficit fiscal alcanzaba un increíble 15 por ciento del Producto y el balance comercial era desastroso. Las exportaciones eran de apenas unos 20.000 millones de dólares y las importaciones de alrededor de 60.000 millones. El gap externo se financiaba con entrada de capitales.
Las fuentes de ingreso de divisas de la economía griega son el turismo y el transporte marítimo. Existe algo de agricultura y un pequeño sector industrial, en parte de alta tecnología, aunque con costos altos.

La deuda externa de entonces rondaba el 130 por ciento del PIB, y muchos analistas advertían que era impagable. En el mismo 2010 llegó, no sin demoras, el primer programa de rescate por alrededor de 110 mil millones de euros. La estrategia de la troika fue alargar la crisis para darles tiempo a los bancos alemanes y franceses a que descarguen sus papeles griegos. El camino fue prestarle al sector público a través de distintos fondos e instrumentos financiados por el sector público europeo y que con este dinero Grecia les pague a los bancos. Pero los fondos no alcanzaron y fue necesario recurrir a un nuevo rescate, esta vez por alrededor de 150 mil millones de euros adicionales.

Reestructuraciones

A pesar de los dos rescates, las obligaciones siguieron sin poder pagarse, por lo que Grecia impulsó dos renegociaciones voluntarias de su deuda con acreedores privados. La primera fue en 2011 y significó una quita del 50 por ciento. La segunda, en 2012, sobre el 50 por ciento que quedaba recortó otro 75 por ciento. Como los bancos extranjeros ya habían abandonado su exposición, los principales afectados fueron los fondos de pensión y los bancos griegos. Mientras tanto, a los acreedores públicos se les siguió pagando el ciento por ciento. Hoy los principales acreedores son el BCE y el fondo de estabilización. Aunque la quita fue más grande que la de Argentina, fue sólo con los privados. En tanto se sumaron dos préstamos por algo más 260.000 millones de euros más papeles en torno de los 30.000 millones que compró el BCE, unos 290.000 millones adicionales.
Al presente, la deuda pública ronda el 175 por ciento del PIB. Los fondos de los rescates se destinaron a pagar capital e intereses de deuda, recapitalizar bancos, y una parte menor, el 11 por ciento, a financiar gasto público. Los principales vencimientos ocurrirán este año, por unos 20 mil millones. Comienzan ya a fines de febrero. Aunque en 2014 se consiguió un superávit primario, el excedente no alcanza para pagar los próximos vencimientos. La situación es de déficit financiero.
Aunque en 2009 era imposible negar la necesidad de un ajuste, el problema fue cómo se instrumentó. La austeridad podría haber sido mucho menor si también se hubiese involucrado a la totalidad de los acreedores, es decir, si se hubiese ensayado una reestructuración con quita y no sólo una transferencia de los pasivos desde los privados a los Estados, privilegiando el rescate de los bancos alemanes y franceses.

Escarmiento

Si la troika pretendía un escarmiento para el mal alumno, los resultados globales de las políticas de austeridad iniciadas en 2009 muestran que lo consiguió. El ajuste fue del 10 por ciento del PIB en cuatro años, el mayor registrado en el mundo occidental. Previsiblemente, se provocó un parate tremendo en la economía: el Producto cayó 25 puntos. El desempleo total subió al 27 por ciento y el juvenil superó el 50. Unos 200.000 jóvenes, mayormente con alta capacitación, abandonaron el país, mientras las oligarquías fugaron capitales. En tres años el costo salarial griego cayó más del 20 por ciento. Las jubilaciones y pensiones se redujeron el 45 por ciento. Entre la población infantil la pobreza superó el 40 por ciento, mientras que uno de cada tres griegos es pobre. También reaparecieron enfermedades que habían sido erradicadas, subió la mortalidad infantil y se multiplicaron las muertes por falta de tratamientos de sida.

A perpetuidad

Si bien los pagos de deuda, a pesar del volumen global del endeudamiento, no son tan grandes debido a los relativos bajos intereses, son suficientes para seguir en déficit a pesar del impresionante ajuste. La proyección, entonces, era seguir aumentando el superávit primario en un marco de descalabro social y recesión. Además se necesitaría un tercer rescate, lo que aceleraría las demoradas privatizaciones y se daría una nueva vuelta de tuerca sobre el mercado de trabajo, con más despidos. Vale recordar que antes del segundo rescate se estableció un ambicioso programa de privatizaciones que se suponía recaudaría 50.000 millones de euros, pero nunca se instrumentó a fondo. De hecho, apenas asumió, el nuevo gobierno frenó dos procesos muy cuestionados, el del puerto del Pireo, en Atenas, el más importante de Grecia, y el de la compañía eléctrica.

Crisis política

Antonis Samaras, el líder de Nueva Democracia, un partido de centroderecha apoyado por Angela Merkel, asumió en 2012 en medio de la crisis política que provocó la caída de Papandreu. Su ascenso se produjo en medio de una campaña de miedo a lo que podría pasar si el país salía de la Eurozona. Todavía hoy los griegos no quieren salir del euro. Dicho en términos argentinos, la situación es similar a la de fines de la convertibilidad. Pero el punto es que Grecia está en el 2001 desde 2010. Samaras advirtió pronto que necesitaría un tercer rescate, algo extremadamente impopular. Esta percepción fue la que estuvo por detrás del adelantamiento de las elecciones. El ex primer ministro sabía que perdería y que ganaría Syriza. Su apuesta seguramente era que Syriza hiciera una coalición con Pasok u otro partido pro euro como To Potami, que decía que iba a moderar a Syriza. De haberse producido alguna de estas alianzas se hubiese generado una coalición inestable que seguramente impediría una negociación dura con el BCE, es decir, hubiese conducido a un fracaso y seguramente a nuevas elecciones, con el peso de este fracaso a cuestas.

Pero algo salió mal. Nadie imaginaba que los Griegos Independientes, con los que se alió Syriza, un partido antieuropeo y antiausteridad, aunque también antiinmigrantes, vinculado con la iglesia ortodoxa y nutrido por la derecha sindical, conseguiría diputados. El panorama inesperado fue que con bajas concesiones, básicamente el Ministerio de Defensa y algunas segundas líneas, Syriza consiguió una alianza muy estable que a sus 149 diputados, a sólo dos de la mayoría absoluta, sumó otros 13. Un dato poco conocido es que antes de aliarse con Griegos Independientes, Tsipras tentó al Partido Comunista, que consiguió 15 diputados, de los que no obtuvo respuesta.

Original: Pagina 12

2 feb 2015

Pablo Bortz sobre Grecia- reportaje


 Por Claudio Scaletta
Pablo Bortz es doctor en Economía de la Universidad Tecnológica de Delft, Países Bajos. En su reciente y notable tesis doctoral estudió cómo los flujos financieros, en especial las deudas externas, públicas y privadas, interactúan con el crecimiento y la distribución del ingreso en países en desarrollo, situación que incluye a la periferia europea. Asiduo visitante de Grecia y seguidor de su proceso económico, dialogó con Cash desde Ginebra, Suiza, donde reside en la actualidad. Bortz analiza el escenario de alianzas que podrían beneficiar al gobierno de Syriza, pero pronostica un muy probable boicot europeo, situación que finalmente empujará a Grecia a salir de la Eurozona. A partir de ese momento los desafíos de corto plazo, en el marco de la recuperación de instrumentos de política económica, serán mantener los precios de los alimentos y conseguir divisas.

¿Cuál cree que será la estrategia de política monetaria de Syriza?

–Creo que Tsipras no puede decir que quiere salir del euro. El vendió al pueblo griego que pelearía con dignidad por mejores condiciones, pero dentro del euro. Si quiere quedarse tiene dos caminos. Uno es lo que alguien denominó “hacer el juego de la confianza”, asumir un discurso no rupturista, pro mercado, y ver qué puede conseguir con cara de bueno. La otra es “la estrategia de la dignidad”, que es más que un eslogan político. Significa comenzar a avanzar y obligar a que el freno lo ponga el otro. Por ejemplo, ante la pregunta de cómo se financiará, contestar: “Con un plan de rescate, o con una reestructuración de la deuda que baje intereses”. La deuda griega es alta, pero los intereses no lo son tanto. Si se consigue solamente bajar 2 o 3 puntos del PIB en intereses, ya habría margen para hacer política fiscal. Luego es necesario avanzar parando las reformas en el mercado de trabajo, parar las privatizaciones, avanzar hasta dónde se pueda y en todo caso que le doblen la mano. Y plantarse. Esa es la estrategia de la dignidad. La de la confianza ya se ensayó cinco años, ya la intentó Hollande en Francia, por ejemplo, y también fracasó. Angela Merkel se los comió a todos crudos. Por eso es necesario avanzar con la antiausteridad, con estímulos fiscales, reincorporando trabajadores. La nueva secretaria de Trabajo, por ejemplo, fue directora del Levy Institute, que ayudó a diseñar en Argentina el Plan Jefes y Jefas. Ellos ya tienen armado un plan así para Grecia, una política de empleo expansiva.

¿Entonces la estrategia es la misma tanto para irse como para quedarse en el euro?

–Sí, y está bien. No pueden decir que van a defoltear. Los bancos griegos todavía tienen bonos de la deuda griega que usan como garantía para pedir financiamiento al BCE. Si el BCE no les presta más, y una excusa para no prestarles es que no tienen buena garantía, se acaba el euro en Grecia. Se va a un corralito. Eso es el 2001.

Partiendo de que la estrategia es la misma cualquiera sea el caso, cabe preguntarse si Europa dejará que Grecia se salga con la suya avanzando en contra de lo que hasta ahora fue su dogma de política económica.

–Creo que Alemania esperaba un tercer rescate, alguna reestructuración, pero que no se abandone la austeridad. Porque por un lado está la cuestión de la reestructuración, conseguir que el costo del servicio se reduzca en un par de puntos del Producto, pero manteniendo el vasallaje, y por el otro está el tema de austeridad y las privatizaciones. La troika estaba probablemente dispuesta a aceptar lo primero, pero nunca lo segundo. Porque si se acepta esto último sería difícil seguir imponiendo ajustes en otras economías, como por ejemplo en España, Italia o Portugal. Pero incluso en materia de reestructuración, Alemania sólo está dispuesta, en el mejor de los casos, a prolongar plazos, nunca a una quita. Y Syriza quiere una quita.

¿Cómo cree que reaccionarán los países que, como España, podrían beneficiarse de que a Grecia le vaya bien?

–Es obvio que el actual gobierno de España estará siempre muy en contra de Syriza, porque tiene un Syriza adentro, que es Podemos. Si bien Podemos puede parecer menos orgánico que Syriza, cuenta con importantes apoyos académicos y puede seguir la curva de aprendizaje. Syriza pasó del 5 por ciento en 2010 al 25 en 2012 y al 36 en 2015. Pasó de no ser nada, al principal partido de oposición y a partido de gobierno. No tenía estructura inicialmente aunque sí venía de una tradición política. Pero si a Syriza le va bien, Podemos podría llegar al poder. Seguramente un aliado será Irlanda. Su ministro de Finanzas ya dijo que apoyaba una conferencia europea para tratar la problemática de las deudas soberanas. Recordemos que la deuda de Irlanda pasó del 30 al 110 por ciento del PIB en un año sólo por rescatar a tres bancos. La duda es qué harán países como Francia e Italia. Creo que Syriza le refleja a la socialdemocracia europea su fracaso y cobardía para combatir la austeridad. Personajes como François Hollande podrían boicotear a Syriza porque los hace quedar mal o bien aprovechar la circunstancia para volver a las fuentes. Lo mismo en el caso de Italia. Por acá pasa la esperanza de Syriza.

Además del disgusto por la independencia, el resto de lo que se conoce de las medidas económicas de Syriza también molesta.

–Sí, va a contramano porque se trata de políticas fiscales expansivas y de freno a las privatizaciones. Por lo que se dijo, se anunció y se conoce hasta ahora, van a subir el salario mínimo, habrá una condonación fiscal para la gente de bajos ingresos, incluidas pequeñas empresas, seguramente habrá un plan de empleo (habrá que ver qué tan grande), se seguirán reincorporando trabajadores en el sector público. Ya se reincorporaron los suspendidos sin salario. Un desafío a mediano plazo será que se desarrolle una política industrial. Es complicado por las reglas de la Unión Europea, pero tienen la idea de armar un banco de desarrollo. Alemania lo tiene.

¿Usted cree que finalmente Grecia abandonará el euro?

–Mi opinión es que debe dejarlo. Pero también creo que la mejor forma para irse es que la echen, que el BCE les corte el financiamiento a los bancos y que deba irse. Eso le permitirá decirles a los votantes que se plantaron con dignidad, que no los dejaron.

¿Europa no tiene nada que perder si Grecia decide salir?

–Aunque podría existir alguna pérdida monetaria si no hay reestructuración voluntaria, las verdaderas pérdidas para Alemania serían políticas si acepta el plan de estímulo fiscal griego, pérdidas para con los otros países de la Eurozona. Creo además que al sector financiero alemán no le interesa que Grecia se quede, por eso van a boicotear cualquier iniciativa.

¿Cuáles cree que serán los pasos de Syriza frente a este escenario?

–El desafío es torcerle la mano a Merkel, que es una política muy hábil, y no será fácil, lleva las de perder. La única carta de negociación que tiene Syriza es ser el primero en irse. Si se va a corto plazo tiene dos desafíos. El primero es mantener el precio de los alimentos. Salir del euro significa devaluar, porque Grecia no tiene casi reservas, y el país es importador neto de alimentos y energía. Aquí tiene que aplicar la inversa a las retenciones a las exportaciones, un estímulo a las importaciones. El segundo es conseguir divisas. Grecia no tiene soja, pero tiene el turismo, que es su único sector con una buena elasticidad-precio. Si Syriza se va en marzo, de julio a septiembre tendrá un aluvión de turistas del norte de Europa. No es lo mismo irse en marzo que en septiembre. Y a mediano plazo tiene que tener una política industrial. Igual, entre tantas contras debe destacarse que saliendo del euro se recupera la capacidad de llevar adelante políticas fiscales y monetarias, aunque todo siempre y cuando se consigan divisas.
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