El Viejo Almacen -Bs.As.

Surplus Approach

“Es necesario volver a la economía política de los Fisiócratas, Smith, Ricardo y Marx. Y uno debe proceder en dos direcciones: i) purgar la teoría de todas las dificultades e incongruencias que los economistas clásicos (y Marx) no fueron capaces de superar, y, ii) seguir y desarrollar la relevante y verdadera teoría económica como se vino desarrollando desde “Petty, Cantillón, los Fisiócratas, Smith, Ricardo, Marx”. Este natural y consistente flujo de ideas ha sido repentinamente interrumpido y enterrado debajo de todo, invadido, sumergido y arrasado con la fuerza de una ola marina de economía marginal. Debe ser rescatada."
Luigi Pasinetti


ISSN 1853-0419

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24 jul. 2011

Sobre Apagones, Ley de Say y Economías Profit-led






por Fabián Amico


José Tapia ha realizado diversas críticas a un reciente texto mío sobre la relación entre ciertas visiones marxistas y el crecimiento de las economías capitalistas (ver). En primer lugar, me critica que adjudico a Marx la posición de que el nivel de producto viene dado por la Ley de Say. Como es sabido, Ricardo y James Mill sostuvieron que los desajustes de la producción, con algunos sectores con excesos de oferta y otros (contrabalanceando) con excesos de demanda, son de naturaleza transitoria. Solo Malthus, entre las figuras prominentes de la época, creía que los excesos de oferta podían ser persistentes, pero se basó en un razonamiento defectuoso.

Marx criticó abiertamente a Ricardo y su posición sobre la Ley de Say. Consideró que el dinero es un determinante crucial de la posibilidad de un “exceso generalizado de mercancías”. Dada la famosa secuencia D – M ... P … M´- D´, las dos fases (D – M y M´- D´) ya no necesariamente deben coincidir en el tiempo como en el trueque. Y no hay razón para que esto resulte confinado a unos pocos sectores y no se traslade al agregado. En la visión de Marx, Ricardo podía rechazar esta posibilidad solo negando que el capitalismo es un sistema monetario.

Pero las diferencias entre Marx y Ricardo tienen menos que ver con la estructura teórica subyacente (Garegnani, 1984), que con el peso asignado a ciertos rasgos institucionales del capitalismo (los mercados de dinero y crédito) que impedirían un ajuste suave. En cualquier caso, Marx consideraba las crisis como desviaciones temporarias (aunque inevitablemente recurrentes) respecto de la posición "normal" o del sendero caracterizado por la igualdad de oferta agregada y demanda agregada (Mongiovi, 1990). Como escribió el propio Marx:

“Cuando Adam Smith explica la caída en la tasa de ganancia por una sobreabundancia de capital, está hablando de un efecto permanente y eso está mal. En contraste con esto, la transitoria sobreabundancia de capital, el exceso de producción y las crisis son algo diferente. Crisis permanentes no existen” (Marx, 1861-3, énfasis agregado).

Dumenil & Levy (1999), por ejemplo, tratan de explicar esta convergencia hacia un equilibrio de largo plazo articulada con las fluctuaciones y crisis cíclicas. Así, en Marx el nivel general de actividad “gravitaría” alrededor de ese equilibrio de largo plazo con una utilización normal de la capacidad productiva y, de hecho, la tendencia de la economía sería gobernada por la Ley de Say: la demanda determinaría los niveles de actividad en el corto plazo, pero en el largo plazo el crecimiento sería determinado por condiciones de oferta. Por tal razón, Marx y los clásicos (con excepción de Malthus) tenían opiniones similares acerca de la naturaleza temporal de la crisis, aún mostrando posiciones diferentes respecto de la Ley de Say (Ricardo y James Mill aceptandola sin condiciones, John Stuart Mill con una aceptación condicionada y Marx rechazándola abiertamente, pero sin abandonar su causalidad subyacente).

Una de las implicaciones de la Ley de Say es que si los capitalistas cometen un error y producen una cantidad mayor a la consistente con la demanda agregada ex ante, la demanda agregada ex post subirá y corregirá el error. Pero de acuerdo con la teoría keynesiana, un error ex ante de los empresarios llevará a una acumulación no deseada de inventarios y una consiguiente reducción en el nivel de actividad, hasta que el valor de la producción sea igual al gasto planeado. Dicho de otro modo: la Ley de Say afirma que cualquier nivel de producción que se produce se vende, mientras que la teoría de la demanda efectiva afirma que la economía tenderá a producir el nivel de producto que puede ser vendido.

Dado que el análisis clásico no da ninguna explicación del nivel de producto (agregado o sectorial), cobra relevancia la teoría de la demanda efectiva de Keynes y Kalecki para la determinación del nivel del producto agregado. En los clásicos y en Marx, la Ley de Say es una herramienta que permite identificar el equilibrio macroeconómico según el cual el ahorro iguala a la inversión. Y refleja el supuesto de que esta condición de equilibrio se alcanzará a cualquier nivel de producción. Pero una vez que se dispone de una verdadera teoría del producto, consistente con el modelo clásico, la Ley de Say ya no es necesaria para neutralizar la posibilidad de desequilibrios persistentes de este tipo.

En segundo lugar, Tapia objeta parte de mi crítica alegando que si bien el aumento de la inversión hace aumentar el producto, “el aumento de la inversión forma ya parte del aumento de la demanda agregada”. El mecanismo sería que el aumento de las ganancias induce un aumento de la inversión y esta estimula una suba en la demanda y el producto. Sin embargo, si la rentabilidad aumenta pero el mercado se contrae, ningún empresario va a instalar nueva capacidad productiva si no tiene a quién venderle. Si un capitalista tiene capacidad ociosa –como ocurre en las crisis y recesiones-, ¿por qué habría de arriesgar capital en la forma de equipos e instalaciones ante un mercado que se contrae? Ni Tapia ni Astarita pueden responder esta pregunta sencilla porque asumen la causalidad implicada en la Ley de Say (i.e., la oferta engendra la demanda).

Luego Tapia incurre en otra confusión. Cuando afirmo que la tasa de ganancia efectiva aumenta con la demanda (y por ende Tapia capta en sus test un efecto de la demanda sobre el grado de utilización) cree que estoy diciendo que las ganancias “son demanda” y hace toda una perorata sobre este punto. Volviendo a las cuentas nacionales (ver desarrollo en “Izquierda y economía vulgar: Marx no tiene la culpa”) tenemos:

r = (u/v) [1 – (w/p)l]

Donde la tasa efectiva de ganancia (r) depende inversamente de la tasa de salario real (w/p, dada exógenamente) y positivamente del grado de utilización de la capacidad (u). De este modo, la tasa de ganancia efectiva (r) varía positivamente con el nivel de utilización (u). En los auges el grado de utilización sube, y esto sube la tasa de ganancia efectiva. A la inversa, en las recesiones el grado de utilización cae, y con ello cae la tasa efectiva de ganancias. Lo que Tapia no alcanza a ver es que es la demanda la variable que actúa estimulando la inversión incidiendo sobre el grado de utilización.

Así, hay una correlación entre los niveles de utilización y la tasa de ganancia efectiva producto de las oscilaciones de la demanda agregada. Cuando Tapia se topa con el resultado estadístico según el cual la tasa de ganancia efectiva “explicaría” el nivel de inversión, en realidad está captando el impacto de la demanda sobre el nivel de utilización y de éste sobre la inversión. De modo que, en verdad, es la demanda (y no la ganancia) la que determina el ritmo y la forma de la acumulación de capital. Así, Tapia está capturando el efecto acelerador, es decir, la influencia la demanda sobre los cambios en el nivel de utilización y de éste sobre la acumulación de capital.

En tercer lugar, dice que yo sostengo que “la inversión no tiene el papel clave” que Astarita y él le atribuyen, al decir que “la inversión no es la locomotora del sistema, sino que es su furgón de cola”. Esto es falso. En un trabajo reciente, donde se explica el mecanismo del acelerador, por el cual la inversión reacciona ante la demanda, se dice:

“Este canal es fundamental para la política macroeconómica y para la estrategia de desarrollo porque la inversión es el principal canal de crecimiento del producto potencial y el mecanismo fundamental de impulso de la productividad y de la actualización tecnológica” (Amico, Fiorito & Hang, 2011, pág.71, énfasis agregado).

Al decir que la inversión es el “furgón de cola” del sistema se está aludiendo a la causalidad: la inversión aumenta porque la economía crece y no a la inversa. Es, por ende, una variable inducida. Tapia mismo considera a la inversión tan fundamental y endógena como yo, solo que él creé que es inducida por ganancias.

Curiosamente, como toda demostración de que la economía estadounidense es profit-led, dice que “caben muy pocas dudas” de ello (sic) y que “varios autores han dado un sí relativamente claro a esa pregunta”. OK, pero ¿es este un argumento? Tapia defiende el test de “causalidad” de Granger como si fuera un sinónimo de causalidad teórica. Sostiene que la prueba de Granger indica si los valores de una variable A se explican mejor con auxilio de los valores anteriores de la variable B. Y ofrece un ejemplo. Dice:

“…si la variable A son los apagones, las interrupciones del suministro eléctrico, y la variable B son las condiciones climáticas, es evidente que hay causalidad tipo Granger desde B a A, porque los apagones se explican a menudo por tormentas o periodos de temperaturas extremas, mientras que las condiciones del suministro de electricidad no contribuyen de ninguna forma a explicar las condiciones meteorológicas”.

Tapia confunde otra vez las cosas. La causalidad en el sentido de Granger refiere a una precedencia temporal, como surge del propio ejemplo. ¿O quizás Tapia creé que las tormentas son la causa de los apagones? En verdad, una tormenta no es condición necesaria para un apagón. Por eso dice “a menudo” (este punto me fue señalado por Nahuel Guaita en una crítica a Tapia). Quizás los problemas de mantenimiento del sistema eléctrico sean la causa de que en las tormentas se produzcan apagones. Luego Tapia me increpa: “¿Es que acaso cree Amico que la noción de causalidad no es aceptable?”. ¿Cuál causalidad?

Por último, Tapia no comprende mi frase “las ganancias (demanda) preceden a la inversión, en tanto la inversión no tiene por qué preceder a las ganancias (demanda)”. La frase significa simplemente que el test econométrico que él realizó puede interpretarse más adecuadamente de otro modo: en lugar de decir que las ganancias “causan” la inversión, podría entenderse perfectamente en el sentido de que la demanda “causa” la inversión, ya que –como se explicó- la demanda impacta sobre el grado de utilización y esto induce el aumento de la inversión (a su vez, no necesariamente la inversión precede o “causa” la demanda). Es decir, la variable omitida (la demanda efectiva en nuestro caso) es la que “causa” la suba de la inversión. Las tormentas no necesariamente producen apagones.


Referencias:

Amico, F., Fiorito, A. & Hang, G. (2011). “Producto potencial y demanda en el largo plazo: hechos estilizados y reflexiones sobre el caso argentino reciente”, Cefid-Ar, Documento de Trabajo Nº 35, Enero de 2011.

Duménil, G. & Lévy, D. (1999). ”Ser keynesiano en el corto plazo y clásico en el largo plazo”, Análisis Económico, 1999, XIV (segundo semestre).

Garegnani, P. (1984). "Value and Distribution in the Classical Economists and Marx," Oxford Economic Papers, Oxford University Press, vol. 36(2), pages 291-325, June.

Marx, K. (1861-3). “Theories of Surplus Value”, Chapter XVII, Ricardo’s Theory of Accumulation and a Critique of it. (disponible en http://www.marxists.org/archive/marx/works/1863/theories-surplus-value/ch17.htm). O en español, en Teorías de la plusvalía, tomo II, Edit. Cartago, 1975, pág. 426.

Mongiovi, G. (1990). “Notes on say's law, classical economics and the theory of effective demand”, Contributions to Political Economy (1990) 9,69-32.

1 comentario:

Nahu dijo...

Estimado Jose A. Tapia, solo quiero marcar algunos puntos de su respuesta a Fabián Amico.

Usted dice:
“Por ejemplo, si la variable A son los apagones, las interrupciones del suministro eléctrico, y la variable B son las condiciones climáticas, es evidente que hay causalidad tipo Granger desde B a A, porque los apagones se explican a menudo por tormentas o periodos de temperaturas extremas, mientras que las condiciones del suministro de electricidad no contribuyen de ninguna forma a explicar las condiciones meteorlológicas.”
Esta muy claro en su afirmación que la causalidad refiere a precedencia temporal. O acaso usted esta diciendo que una tormenta o temperaturas extremas causan apagones???? Esas dos situaciones que usted cita como causa, no son condiciones necesarias para un apagón, como usted mismo dice cuando usa la palabra: “a menudo”.
Es decir, no se esta diciendo que una tormenta o temperatura extrema causa problemas en el suministro de electricidad. Sino simplemente que, las primeras anteceden a la segunda en un sentido temporal.
De otra manera podría decirse, que un mal mantenimiento del servicio eléctrico, en época de tormentas, causa apagones.
Entonces, son las tormentas o el mal estado de la línea lo que causa apagones??? O ambas????

La causalidad de Granger tiene que ver más con precedencia temporal que con causalidad.
Como usted encuentra ejemplos econométricos donde se muestra la causalidad que defiende (causalidad errónea según su definición, porque la precedencia temporal nada dice sobre que variable causa a otra), yo puedo citarle muchos otros donde se muestra lo contrario. Ergo, cual es la correcta??? La correcta viene determinada a nivel teórico, donde no puede haber inconsistencias lógicos…..

“The flows of time clearly plays a central role in these definition. In the author´s opinion is little use in the practice of attempting to discuss causality without introducing time, although philosophers have tried to do so. It also folllows from the definitions that a purely deterministic series, that is, a series wich can be predicted exactly from its past terms such as a nonstochastic series, cannot be said to have aby causal influence other than its own past. This may seem to be contrary to common sense in certain special case.”
Granger, C. W. J. (1969): Investigating Causal Relations by Econometric Models and Cross-Spectral Methods. Econometrica, 37, 424-438.

Por otro lado, creo que usted al no entender lo que Amico afirjma, desvirtúa sus palabras y además dice no entenderlo:
“De todas formas, lo más importante es lo que Amico dice al final del pasaje
citado, a saber, que “las ganancias (demanda) preceden a la inversión, en tanto la inversión no tiene por qué preceder a las ganancias (demanda)”. La frase de
Amico, de forma un tanto confusa por el uso de paréntesis, dice que las ganancias son o constituyen demanda. La frase parecería sugerir también que la inversión no lo es, pero eso no está tan claro (y de las inferencias y atribuciones infundadas hay que huir en las ciencias sociales —si no se quiere caer en la superchería y el cantinflismo de los políticos— como de Satán).”

Luego parece que si entiende, cuando finalmente afirma:
“En cualquier caso, lo que sí está claro es que, según Amico, las ganancias son demanda y, por lo tanto, en una interpretación keynesiana, mostrar que las ganancias preceden la inversión es mostrar que la demanda precede a la inversión.”

Atentamente

Nahuel Guaita