El viejo Almacén. BsAs

Surplus Approach

“Es necesario volver a la economía política de los Fisiócratas, Smith, Ricardo y Marx. Y uno debe proceder en dos direcciones: i) purgar la teoría de todas las dificultades e incongruencias que los economistas clásicos (y Marx) no fueron capaces de superar, y, ii) seguir y desarrollar la relevante y verdadera teoría económica como se vino desarrollando desde “Petty, Cantillón, los Fisiócratas, Smith, Ricardo, Marx”. Este natural y consistente flujo de ideas ha sido repentinamente interrumpido y enterrado debajo de todo, invadido, sumergido y arrasado con la fuerza de una ola marina de economía marginal. Debe ser rescatada."
Luigi Pasinetti


ISSN 1853-0419

Entrada destacada

Teorías del valor y la distribución una comparacion entre clásicos y neoclásicos

Fabio PETRI   Esta obra, traducida por UNM Editora, ha sido originalmente editada en Italia con el título: “Teorie del valore e del...

Mostrando entradas con la etiqueta desacople. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta desacople. Mostrar todas las entradas

28 oct 2014

La economía política del orden económico internacional: Regímenes de política económica y el desacople de la tendencia de crecimiento de los países en desarrollo en los años 2000s.




Michal Kalecki

Piero Sraffa





















Franklin Serrano
Grupo de Economía Política,
Instituto de Economía, Universidad Federal de Rio de Janeiro (IE-UFRJ)

Creo que, desde el principio, sería útil aclarar que mi investigación y la del grupo de economía política de la IE-UFRJ, del cual formo parte, no es "multidisciplinaria" y no trata de “relaciones internacionales”. No es multidisciplinaria porque se focaliza en sólo dos aspectos que para nosotros, como para cualquier variante del pensamiento materialista, son estructurantes fundamentales: el poder político (inclusive militar) y la economía.

Después de todo, autores tan antiguos como Petty o tan recientes como Jared Diamond demuestran que el excedente económico es una precondición objetiva mínima para la existencia de economías con una compleja división del trabajo y de sociedades jerarquizadas en clases. Del mismo modo, no estudiamos “relaciones internacionales” en general, sino sólo los aspectos políticos y económicos estructurales de esas relaciones. Aunque el objeto de estudio es básicamente el mismo, no creo que se pueda clasificar exactamente lo que hacemos con la etiqueta de economía política internacional. La llamada economía política internacional tradicional basa su análisis, en lo que respecta a los aspectos económicos, en el enfoque neoclásico con su visión idealizada del funcionamiento del mecanismo de mercado, que considero poco consistente en términos teóricos y totalmente irrealista en términos empíricos.
Mi trabajo no pertenece exactamente tampoco a la llamada economía política internacional crítica (de autores como Magnus Ryner, por ejemplo), término que significa básicamente la EPI que utiliza enfoques heterodoxos de economía. Aquí el problema es que, a diferencia de los investigadores de EPI (ortodoxa o crítica), no tengo un conocimiento profundo (ni, confieso, mucho interés) en un área de conocimiento donde, a pesar de notables contribuciones concretas para el análisis del mundo en que vivimos, por desgracia la academia parece perder un tiempo y energía desproporcionados en debates sobre la definición de lo que sería EPI, cuál es su método, objeto, estatus filosófico, etc.

Lo que yo hago es simplemente la vieja economía política clásica del excedente, en la tradición que comenzó con Petty, Quesnay, Smith, Ricardo y Marx, debidamente actualizada y profundizada con las contribuciones analíticas de Kalecki, Sraffa y sus seguidores. En términos de método de investigación concreto hago uso del método simple, pero útil, de la vieja CEPAL de tomar siempre en cuenta el marco histórico estructural relevante, que permite entender la economía y la política mundiales (y nacionales) como siendo al mismo tiempo jerarquizadas e históricamente condicionadas. Lo que, después de todo, es lo mínimo que se espera de estudios estructuralistas o materialistas que no pretenden deducir a priori alguna “ley de la historia” (como el materialismo dialéctico de la ortodoxia marxista), sino sólo entender los procesos sociales.

Algunos de los temas de economía política que estudio se refieren a aspectos de la economía mundial y las relaciones económicas y de poder entre los países y sus clases. Pero no constituyen un nuevo objeto, y mucho menos la necesidad de fundar una nueva disciplina o ciencia social. En estos estudios es evidente que los elementos geopolíticos son esenciales, pero no me parece que las complejas relaciones económicas y políticas entre los estados nacionales de economía capitalista de hoy puedan ser reductibles a alguna ley general del movimiento de la lógica del poder, deducible a priori y válida en todas las épocas -ya sea neorrealista o en la nueva visión de Fiori.

Por otra parte, la forma de organización capitalista de las economías modernas genera ciertas regularidades y peculiaridades en su funcionamiento y en los impactos de las políticas de los estados sobre ellas. Cualquier análisis relevante, tanto de la economía como de la propia política internacional, debe tener en cuenta estas particularidades y, entonces sí, los instrumentos de la teoría económica del moderno enfoque del excedente (después de Kalecki y Sraffa) son fundamentales, sobre todo para escapar ya sea del irrealismo deductivista neoclásico -que intenta reducir todo a su restrictiva noción de lo que es "económico" (la racionalidad y sus cambios)- como también del viejo (es decir, no neoclásico) institucionalismo, que trata de reducir todo a lo político y no comprende adecuadamente el funcionamiento real de los mecanismos de mercado, el papel de la competencia, de la demanda efectiva, de la negociación salarial, la forma en que se determinan las variables económicas a partir de ciertas instituciones. Por esto, practico una versión actual de la vieja economía política.

Pero basta de metodología. Creo que la mejor forma de ilustrar lo que se ha dicho más arriba es mostrando lo que mis colegas y yo en el grupo de economía política de la IE-UFRJ hacemos. El grupo trabaja con muchos temas, pero elegí un trabajo que Carlos Medeiros, Fabio Freitas y yo estamos preparando, para dar una idea del tipo de investigación en curso en el grupo. El artículo, que todavía está en la etapa inicial de elaboración, se inscribe en el marco de nuestras investigaciones sobre los elementos de continuidad y de cambio en el orden económico internacional en los años 2000.

El artículo tiene un doble objetivo. El primero consiste en argumentar que, a pesar de la reciente desaceleración económica mundial y de las turbulencias ligadas a los cambios esperados en la política monetaria de EE.UU., de hecho ocurrió a partir de los años 2000 un desacoplamiento en la tendencia del crecimiento económico del conjunto de los países en desarrollo en relación a la tendencia de crecimiento de los países desarrollados. Este proceso fue parcialmente oscurecido por la mayor sincronización de los ciclos económicos entre estos dos grupos de países, pero es perceptible cuando centramos nuestro análisis en las tendencias de crecimiento observadas en la economía mundial en la década de 2000.

El segundo objetivo, a su vez, será intentar mostrar que el mejor desempeño relativo de los países en desarrollo se explica por las mejores condiciones externas que enfrentan las economías en desarrollo en el período en cuestión. Esta mejora, a su vez, fue causada por cambios en las políticas económicas del conjunto de las economías en desarrollo.

El orden económico internacional a partir de los años 2000 contiene elementos de continuidad y cambio en relación a lo observado en los años 90. En este sentido, el trabajo destaca tres aspectos principales: uno de continuidad y dos de cambio. Hay una continuidad en la predominancia del patrón dólar flexible y de los grandes flujos de capital privado internacional. Sin embargo, parece que se han producido dos cambios importantes, a saber: 1) el desacoplamiento de la tendencia de crecimiento de los países en desarrollo y 2) el aumento de los precios relativos de las commodities. Tanto el desacoplamiento del crecimiento como el cambio de la tendencia de los precios relativos de las commodities tienen  importantes causas comunes en los cambios verificados en las políticas económicas del conjunto de los países en desarrollo (y no sólo en China).

El proceso de "catching-up" de los países en desarrollo en el período fue resultado de la gran mejoría en las condiciones externas que determinan la restricción de balanza de pagos de la periferia en los años 2000 en relación a la difícil situación prevaleciente en la década de los 90 (cuya segunda mitad fue llamado por algunos la "media década perdida"). Después de la escasez absoluta de divisas de la década perdida de los años 80, una gran cantidad de capital extranjero fluyó intensamente hacia la periferia que pasó por un proceso de apertura financiera en los años 90. Al mismo tiempo, se observó una baja tasa de crecimiento del valor de las exportaciones en dólares, cuyo valor era inferior en promedio a las tasas de interés internacionales, lo que causó problemas de sostenibilidad en los procesos de endeudamiento externo.
Además, los flujos de capital de corto plazo fueron importantes para la gran mayoría de los países en desarrollo, incluidos algunos de los países más dinámicos del este asiático, lo que llevó a problemas de liquidez induciendo crisis de la balanza de pagos. La situación externa resultó agravada por los regímenes de tipo de cambio fijo, el proceso de liberalización del comercio, las privatizaciones y otras reformas neoliberales que llevaron a un rápido crecimiento de las importaciones y al empeoramiento de la competitividad de las exportaciones de los países en desarrollo. Después de la secuencia de crisis del este asiático (1997), Rusia (1998) y Argentina (2002), las perspectivas para el resto de los años 2000 parecían sombrías para muchos analistas (incluido yo mismo).

Sin embargo, las predicciones pesimistas no se confirmaron. Los hechos son bien conocidos. En la década de 2000 hubo una recuperación relativamente rápida de la economía de Estados Unidos después de la crisis de la burbuja "punto com" y un fuerte aumento de la demanda interna en China y otros países asiáticos. Esta década tampoco fue mala para la mayoría de las economías en desarrollo. ¿Cómo fue esto posible?


continuar leyendo

Bajar en Español

24 oct 2014

SOSTENIBILIDAD E IMPLICANCIAS DEL “DESACOPLE” ENTRE EL CENTRO Y LA PERIFERIA EN EL CONTEXTO LATINOAMERICANO


Por Fabián Amico

Documento de Trabajo Nº 57 Mayo de 2014


Introducción

En los años 2000 cobró forma un hecho inusual en la historia económica moderna: el PIB de los países en desarrollo creció a tasas significativamente más elevadas que las de los países desarrollados. Además, a diferencia de lo ocurrido en la denominada “edad de oro” de capitalismo occidental, etapa en la cual el centro y la periferia crecieron a tasas similares, en los años 2000 se verificó también una brecha positiva a favor de los países en desarrollo en la evolución del PIB per cápita, algo que no había ocurrido en los últimos sesenta años.1

El fenómeno actual no puede ser considerado como un episodio coyuntural o cíclico (como enseguida resultará evidente en el trabajo) y merece ser analizado en profundidad puesto que muestra una marcada persistencia.2 El presente trabajo tiene por objetivo principal analizar las razones, implicancias y sustentabilidad del actual proceso de “desacople” (decoupling) entre el centro y la periferia poniendo el foco en América Latina como región.

Ciertamente esta tendencia tuvo mucho que ver con un cambio en las condiciones globales, entre las cuales se destaca el vertiginoso crecimiento chino, su papel central en la determinación de los términos de intercambio entre bienes industriales y materias primas, y las bajas tasas de interés en Estados Unidos. La hipótesis de este trabajo es que estas condiciones internacionales, junto con los cambios en la política económica de algunos países periféricos tras las crisis de los años 90, posibilitaron el fenómeno conocido como “desacople” (decoupling) en los años 2000 en las tasas de crecimiento de la periferia y el mundo desarrollado.

Asimismo, un análisis más detallado pondrá en evidencia que no existe nada de automático en este fenómeno del “desacople”. El “efecto China”, su robusto crecimiento, no se traduce “automáticamente” en tasas altas y sostenidas de crecimiento para el resto de la periferia, y depende –en una buena medida- de políticas autónomas de la propia periferia.

El trabajo está organizado del siguiente modo. La sección I discute la importancia del “desacople” según la visión que expusiera Lewis hace más de treinta años. La sección II indaga sobre las características del “desacople” en los años 2000. La sección III discute los factores que hicieron factible este “desacople”, haciendo centro en la tendencia de los precios de las commodities, el rol del tipo de cambio en los términos de intercambio de la periferia y el de los flujos de capitales, analizando la sostenibilidad y probable persistencia de estos factores.

La sección IV discute los mecanismos de transmisión en el comercio Sur-Sur y los vínculos posibles entre la exportación de commodities y el desarrollo industrial, focalizando el análisis en la sustentabilidad externa del proceso.

La principal conclusión del trabajo es que, pese a que los factores que hicieron posible el desacople (los términos de intercambio, el crecimiento chino y las bajas tasas de interés en el centro) pueden considerarse persistentes, los mismos mecanismos que crean condiciones favorables para el comercio de los países periféricos también imponen dificultades para la reanudación de su industrialización. La creciente centralidad de la economía de China y su creciente impacto en los términos de intercambio, y en los parámetros de la competitividad internacional, cambian drásticamente las condiciones básicas en las que se deben concebir las estrategias de desarrollo de estos países. En este contexto, las experiencias recientes de crecimiento en la periferia (particularmente en América Latina), si bien no enfrentan los mismos problemas de vulnerabilidad externa que en el pasado, encuentran ya crecientes dificultades para continuar estos procesos sin cambiar el patrón hasta hoy predominante de crecimiento económico. Esos cambios no pueden ser inducidos meramente por el comercio y sin duda solo serán el resultado de políticas internas más abarcativas y profundas.

29 nov 2013

La Argentina y Brasil: Dos casos anómalos de la Economía Global


 
Por Eduardo Crespo, economista y profesor de la Universidad Federal de Río de Janeiro -UFRJ-
 
La tendencia más sobresaliente de la economía mundial contemporánea es el llamado ‘desacople’ (decoupling, en inglés) de las tasas de crecimiento de las economías denominadas emergentes con relación a las observadas en los países desarrollados. Desde inicios del Siglo XXI, en forma sistemática el conjunto de las primeras crece entre 3 y 6 puntos porcentuales más que los segundos. Aunque las fluctuaciones cíclicas experimentadas por ambos grupos guardan un estrecho paralelismo entre sí, en el cual emergentes y desarrollados crecen o se desaceleran en simultáneo, las tasas a las que esto ocurre difieren en forma continua a favor de los primeros.
Esta tendencia a la convergencia en los niveles de ingreso per capita, en tanto fenómeno general, constituye un hecho relativamente inédito en la historia del capitalismo, sistema donde la divergencia suele ser la norma. Entre los motivos que se suelen apuntar para interpretar esta novedad se destacan las bajas tasas de interés internacionales y fundamentalmente el proceso de industrialización asiático –y chino en especial– que tiende a abaratar los productos industriales modificando los términos de intercambio a favor de los productores de commodities.
 
En este propicio escenario, la mayoría de los emergentes mejoró sus indicadores de fragilidad financiera, acumuló reservas internacionales, redujo su endeudamiento externo, aumentó sus niveles de empleo y elevó sus salarios. En resumidas cuentas, esta es la tendencia que algunos analistas llaman ‘viento de cola ’–expresión que en la Argentina se utiliza principalmente para ningunear los éxitos del Gobierno–. Aunque algunos comentaristas interpreten que esta bonanza está llegando a su fin (1), entendemos que no existen motivos estructurales para suponer que se trata apenas de una condición pasajera y que todo volverá, en breve, a la normalidad.
La industrialización asiática llego para quedarse y el propio proceso de crecimiento diferenciado está acelerando el comercio “sur-sur” y los flujos financieros al interior del bloque de los emergentes. La acumulación generalizada de reservas y el creciente protagonismo chino, tanto en el comercio como en la Inversión Extranjera Directa mundiales, redujeron la dependencia de éstos con relación al mundo desarrollado.
La mayoría de los emergentes salió con comodidad de la crisis internacional y algunos hasta se animan a visualizar la tradicional restricción externa como una terrible enfermedad del pasado, hoy fácilmente atendible con las nuevas medicinas de la economía mundial. Una eventual suba de las tasas de interés en EE.UU. o Europa podrá moderar los pronósticos más optimistas, pero difícilmente revertirá la tendencia. Si la crisis mundial pasó con facilidad para los emergentes, es dudoso que una suba de tasas de dos o tres puntos porcentuales pueda ocasionar un daño mayor (2).
Cuando se observa con detalle al interior de estos grandes bloques, sin embargo, surgen diferencias notables. El grupo de países de América Latina y el Caribe, por ejemplo, exhibe una performance bastante pobre en comparación con las otras regiones que conforman el bloque de los emergentes. En forma persistente nuestra región crece a tasas más bajas que las observadas en el Africa Subsahariana y los países asiáticos en desarrollo.

Brasil
Brasil es el principal sospechoso de empujar el promedio de crecimiento regional hacia abajo. Excluyendo algunos años puntuales, el país crece en forma sistemática por debajo de la media mundial, regional y, desde luego, de los emergentes. Los motivos son domésticos y, más precisamente, políticos. La mayoría de los países del mundo envidiaría las condiciones financieras de Brasil. Cuenta con más de US$ 370.000 millones en reservas internacionales, es acreedor neto en moneda extranjera, coloca deuda en títulos nominados en su propia moneda y los términos de intercambio de sus exportaciones se estabilizaron en niveles elevados, pese a la moderaba reducción reciente.
Sin embargo, sus élites económicas y políticas optan por la ortodoxia fiscal, el combate religioso a la inflación y se contentan con crecer a tasas mediocres para no promover subas salariales o indeseables conflictos distributivos.
La Argentina
Otro caso anómalo es la Argentina. En parte debido a su traumático pasado financiero y al default de 2001, el país hasta el momento no pudo aprovechar las favorables condiciones financieras internacionales. Una vez reducido su superávit de cuenta corriente –como consecuencia del crecimiento 2003-2011– comenzó a sufrir una renovada penuria en materia de divisas debido a su persistente déficit en la cuenta capital.
Si bien en esta historia existe una incuestionable herencia recibida, también es obligado apuntar errores recientes. Desde ámbitos cercanos al Gobierno se evalúa la salida de capitales como una ‘fuga’ que debe ser punida en términos policiales y morales, y que se intenta explicar apelando a una curiosa adhesión cultural de los argentinos por el dólar o a una perversidad intrínseca de los empresarios locales. Mientras tanto, el país mantuvo un persistente diferencial negativo en términos de tasas de interés ajustadas por el riesgo país y las expectativas de devaluación, como lo señalan en un trabajo reciente Juan Matías de Lucchi, Nahuel Guaita y Silvio Guaita (3).
Como salida a esta situación, el Gobierno optó por el denominado ‘cepo’, mecanismo que apunta a frenar la salida de divisas impidiendo la entrada. Con este instrumento el Banco Central le cedió a los especuladores la fijación de un tipo de cambio paralelo, que tiende a arrastrar al oficial, al tiempo que estimula la subfacturación de exportaciones y la sobrefacturación de importaciones. Hoy sufrimos una inédita escasez de divisas en un mundo donde los dólares abundan. Los recientes cambios en el Gabinete –en especial en el Ministerio de Economía– representan una oportunidad irrepetible para corregir el rumbo, retomar el crecimiento a tasas elevadas y volver a ser un ejemplo destacado de la trayectoria de desacople de las economías en desarrollo.
(1) Por ejemplo, Eduardo Levy Yeyati http://www.lanacion.com.ar/1631955- crisis-que-crisis
(2) Le debo esta observación al profesor Franklin Serrano, de la Universidad Federal de Río de Janeiro.
(3) http://grupolujan-circus.blogspot. com.br/2013/11/una-explicacion-alternativa- la.html
 
Original: ACA