El viejo Almacén. BsAs

Surplus Approach

“Es necesario volver a la economía política de los Fisiócratas, Smith, Ricardo y Marx. Y uno debe proceder en dos direcciones: i) purgar la teoría de todas las dificultades e incongruencias que los economistas clásicos (y Marx) no fueron capaces de superar, y, ii) seguir y desarrollar la relevante y verdadera teoría económica como se vino desarrollando desde “Petty, Cantillón, los Fisiócratas, Smith, Ricardo, Marx”. Este natural y consistente flujo de ideas ha sido repentinamente interrumpido y enterrado debajo de todo, invadido, sumergido y arrasado con la fuerza de una ola marina de economía marginal. Debe ser rescatada."
Luigi Pasinetti


ISSN 1853-0419

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Teorías del valor y la distribución una comparacion entre clásicos y neoclásicos

Fabio PETRI   Esta obra, traducida por UNM Editora, ha sido originalmente editada en Italia con el título: “Teorie del valore e del...

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9 nov 2020

El Acelerador de la Inversión en Paraguay

 

 

 

Por: @elExcedente

Ante la estrepitosa caída de la actividad económica mundial debido a la pandemia, y la recesión que acusa al país, se utiliza una retórica en la que el sector privado debe ser “el motor” de la recuperación de la senda de crecimiento económico posterior. Con este discurso rimbombante, lo que se quiere decir realmente es que el Estado debe dar un paso al costado para generar una recuperación en la confianza y en las expectativas del sector privado. Es decir, debemos dejar al sector privado tranquilo y sin obstáculos para que “se anime” a invertir de nuevo. Este relato está muy bien representado en la opinión del ex Ministro de Industria y Comercio, Gustavo Leite, que enfatizó que se debe reducir el Estado y dar prioridad al sector privado en una reciente entrevista.

Esta frase se utiliza con más vehemencia cuando se critica a algunos sectores políticos que proponen subas impositivas progresivas para hacer frente a los gastos públicos de la crisis. La crítica argumenta que un aumento en los tributos será una barrera para que los privados inviertan, obstaculizando así la actividad económica y una recuperación. La solución para estos últimos pasa por mejorar “el clima de negocios”, mantener los impuestos bajos o inclusive reducirlos, disminuir la tasa de interés, simplificar trámites, etc. En otras palabras, que el Estado, directa o indirectamente, se encargue de aumentar la rentabilidad del sector privado a través de la disminución de sus costos, asumiendo que esto devendrá inevitablemente en más inversiones y así en la recuperación.

Otras visiones dentro de la misma línea también piensan que un programa de austeridad o, específicamente, de recorte de gastos “superfluos” del Estado, generará un choque de confianza en el sector privado, animándolo e incentivándolo a invertir. Por lo tanto, una política fiscal “responsable y prudente” de corte ortodoxo se vuelve también un determinante de la inversión privada. A esta política se la denomina comúnmente “austeridad expansiva”.

Si bien es cierto que el sector privado juega un papel fundamental en economías mixtas de mercado, no pretendemos discutir si el sector privado deberá actuar o no, porque la respuesta nos parece una obviedad. Lo que queremos discutir aquí es cómo actúa el sector privado, es decir, bajo qué incentivos se moviliza y específicamente cuáles son los determinantes para que invierta.  Afirmar que la inversión privada es determinada por la confianza y un mejor clima de negocios o, por otro lado, por el aumento de la demanda final, nos lleva a conclusiones diferentes, y por lo tanto, caminos distintos a la recuperación económica.

Demanda e inversión

Primero que nada, hay que definir a la inversión. Para eso es útil pensar en la “dualidad” de la inversión. La inversión es un gasto que moviliza la actividad en el corto plazo, pero también es un gasto que “crea capacidad”, es decir, genera bienes que son capaces de reproducir otros bienes, como una fábrica, una planta, una carretera, etc. En otras palabras, la inversión aumenta el PIB potencial, la capacidad máxima de bienes que puede producir nuestra economía.

Una vez dicho esto nos podemos encontrar a grandes rasgos con dos visiones de los determinantes de la inversión privada. Una de ellas, relacionada más al neoclasicismo o algunas corrientes keynesianas, sugiere causales de índole más “subjetivistas” que están dadas o son “exógenas”, dicho de otro modo, no depende de la actividad económica per se, sino que es algo externo a ella; aquí pueden entrar la confianza, las expectativas, el clima político, los animals spirits keynesianos, etc.

Por lo tanto, desde esta óptica la inversión es autónoma, depende de factores fuera de la actividad económica. Es muy importante aclarar que si la inversión tiene este comportamiento, es la demanda la que se ajusta a la capacidad creada por la inversión inicialmente, lo que quiere decir que la inversión determina una capacidad máxima de la economía y su utilización está dada por la misma capacidad o por la “oferta”. Aquí la inversión causa el nivel de actividad. También es importante aclarar que desde esta visión son posibles los “excesos de demanda” o cuellos de botella inflacionarios de pleno empleo.

Por otro lado, tenemos una segunda concepción del fenómeno, en la que la inversión no es exógena o autónoma, sino endógena. Se concibe a la inversión como inducida por la actividad económica o, mejor dicho, por el nivel de demanda efectiva: se invierte donde se espera vender mayores cantidades. Aquí, al contrario de la visión anterior, es la capacidad la que se ajusta a la demanda. En suma, se invierte cuando el producto crece, es decir, el PIB potencial se amplía cuando crece la economía o el PIB efectivo. Por lo tanto, el nivel de actividad es el que causa la inversión. De alguna forma, lo que quiere decir esta última explicación es que las economías que crecen, invierten, y no que las economías que invierten, crecen. Para este principio entonces, hay que crecer para invertir.

Para ponerlo en términos más simples, si comparamos el crecimiento de las economías al de un recipiente con agua que varía de tamaño (capacidad productiva) con un flujo (demanda efectiva) que también se altera, ¿crece primero el recipiente (la capacidad) y el contenido debe adaptarse, o crece primero el contenido (la demanda) y luego la capacidad se adapta? Si partimos de la primera visión de corte neoclásico, crece primero el recipiente (a través de la inversión autónoma, por la confianza o algo parecido) y luego se adapta el flujo de agua en él, dando lugar a la posibilidad del que recipiente se llene (ejemplo original aquí). Si partimos de la segunda visión, primero crece el flujo, que genera la inversión y posteriormente el recipiente se amplía.

A nuestro parecer, es la segunda visión, llamada “principio del acelerador de la inversión”, la que puede explicar de manera más robusta teórica y empíricamente la determinación de la inversión en economías de mercado. Una explicación más certera de la inversión nos ayudará a encontrar un camino o una política económica adecuada a la recuperación y a definir qué roles pueden jugar los distintos sectores e instituciones.

¿Cómo es que la inversión se ajusta a la variación del producto o a la demanda? Básicamente se puede explicar por el principio de ajuste del stock de capital, a través del cual la inversión va ajustando la capacidad productiva de la economía a la evolución de la demanda efectiva.  En base a este principio es que, dada la tecnología, las empresas desean instalar un stock de capital que provea una capacidad productiva que les permita atender los niveles esperados normales de demanda efectiva a lo largo de la vida útil del equipamiento con una cierta holgura de capacidad ociosa planeada, que sirve para atender los picos transitorios de demanda y/o aumentos inesperados en la tendencia de la demanda efectiva (Serrano).

En conclusión, la inversión puede ser explicada como un residuo de un factor acelerante, es decir, como consecuencia del crecimiento del producto, que a la vez está determinado por el crecimiento de la porción de demanda autónoma que no crea capacidad.

Por lo tanto, es la demanda efectiva la que genera el crecimiento de la capacidad productiva, es decir, el crecimiento de largo plazo a través del acelerador de la inversión. Se invierte donde hay demanda, y no por otro tipo de explicación como la confianza o las expectativas. Un “buen clima de negocios” es generado por coyunturas de rápido crecimiento de los gastos autónomos.

¿Cuáles son estos gastos autónomos que aceleran la inversión? Son los gastos que no dependen del ingreso corriente o no son inducidos por otro tipo de gasto. En este caso, podemos citar al gasto público, las exportaciones y el consumo autónomo (determinado principalmente por el crédito). En lo que respecta al gasto público, esto significa y abre la posibilidad de sostener procesos de crecimiento guiados por el Estado, con sus respectivas restricciones.

Inversión y producto en Paraguay

Si nos fijamos en los datos de Paraguay para probar parcialmente dicha teoría, es decir, si la inversión se mueve cuando se mueve el producto, una primera mirada al comportamiento de los datos de la inversión y el producto parecen indicar que las tasas de crecimiento de ambas variables se mueven de manera conjunta en el largo plazo. En el gráfico se observa el comportamiento de las series anuales de inversión en capital físico (serie en azul) y el producto (serie en rojo) para el periodo 1962-2018 de Paraguay. Un simple análisis econométrico nos muestra que ambas series están cointegradas. Puede afirmarse, de esta manera, que existe una relación de largo plazo entre la inversión y el producto, tal como se espera que ocurra por los efectos del acelerador de la inversión. (Puede consultar el desarrollo de la econometría aquí).

Gráfico 1. Evolución de las tasas de crecimiento de la inversión y el producto. Serie 1962-2018 (Fuente: elaboración propia a partir de datos del BCP).

Si, como se vio a lo largo de este artículo, la inversión dependiera de las variaciones esperadas de la demanda efectiva, y estas últimas, a su vez, dependieran de los cambios en los gastos autónomos que no generan capacidad, podemos plantear la siguiente interrogante: ¿Cómo se originará la demanda efectiva que justifique el aumento de la inversión en los periodos siguientes? Surgen aquí dos escenarios posibles. Uno de esos escenarios es el de esperar mayor demanda externa. Es decir, esperar que aumenten las exportaciones. Esta opción queda supeditada al crecimiento de los principales socios comerciales del país y la demanda que estos tengan por los productos locales.

El otro camino posible es que el Estado lidere el proceso de crecimiento impulsando el gasto público en los periodos siguientes. Esto requiere adoptar un enfoque de finanzas funcionales, en el que el objetivo principal sea el crecimiento económico. En este sentido, el gasto público, más que un elemento estabilizador en periodos recesivos, puede ser el principal motor de crecimiento. Este proceso puede inducir cambios en la inversión privada de manera a que se ajuste la capacidad productiva al nivel de utilización normal.

Conclusión: la demanda impulsa la inversión

En conclusión, una futura recuperación de la inversión debe entenderse como una recuperación del crecimiento de la demanda. No hay posibilidad de que un “aumento de la confianza” implique sistemáticamente un aumento de los gastos de inversión, a menos que exista un aumento de la demanda final que lo justifique (Braga & Lara, 2019). Por lo tanto, cualquier discurso que afirme que los impuestos frenarán la inversión privada, no tiene en cuenta que lo que realmente frena la inversión privada es la insuficiencia de demanda. Más allá de una rentabilidad positiva, la demanda impulsa la inversión.

Como dijimos, Paraguay tiene dos opciones para la recuperación de la inversión. O se aumenta el gasto público o aumentan las exportaciones, que no dependen de nosotros, sino del crecimiento del mundo. Lo más probable es que si el crecimiento de las exportaciones resulta insuficiente o mediocre, los gastos públicos tendrán que hacer mucho más que limitarse a “generar confianza”, y así fungir de “motor” de la recuperación.

Original: ACA

 

Trabajos citados

Braga, J., & Lara, F. (abril de 2019). ¿De dónde vendrá la demanda que justifique
 la recuperación de la inversión?

Serrano, F. (s.f.). Notas sobre el Ciclo, la Tendencia y el Supermultiplicador.

 

9 jun 2016

Consumo e inversión




Por Enrique Aschieri *
Es recurrente que en el debate público actual, se defina y reproche como experiencia populista a aquellas que se desenvolvieron cabalgando sobre la incentivación al consumo, menospreciando o lo que es peor contrariando las inversiones. Aunque las pruebas sobre lo que afirman brillan por su ausencia, la lógica cartesiana que los anima los hace aparecer como el último refugio de la racionalidad: más ahorro, esto es menos consumo y volcar la diferencia así obtenida a la inversión, y el crecimiento asegurado sobre bases muy firmes. Pura y lisa lógica cartesiana. El asunto es que al capitalismo realmente existente se lo puede acusar de muchas, muchas cosas, pero de una no: ser cartesiano. El sistema capitalista realmente existente cuanto más consume más invierte y si no hay mercado previo nadie se pone a producir; es decir, no se invierte. De manera que en el mundo tal cual es, la inversión resulta una función creciente del consumo.

Bajo la lógica señalada, de la inversión como función creciente del consumo, ambicionar el impulso a la inversión o al menos evitar que recule cuando las metas enunciadas buscan premeditadamente que el consumo final decline o que se ajuste a lo que se considera sus posibilidades reales; o sea, por debajo del nivel a que –con cierta perversidad– alentó llegar el populismo, como se lo suele declarar abierto o embozado, deviene en una mera ilusión sin ningún sustento en los datos reales de las condiciones de funcionamiento del sistema. Pero es una ilusión peligrosa. No da los resultados que se esperan, porque no puede dar los resultados que se esperan, y el gambito puede durar hasta que la sociedad civil comienza a comportarse como Tarzán. Es esto lo que no le conviene a nadie.

No obstante, y en medio de este escenario de misiones imposibles ¿qué pasa si un buen día, de golpe y porrazo, por la razón que fuere, le llueven al país miles de millones de dólares? Incluso, ¿no sería provechosa la disciplina impuesta de que al haber menos consumo del acostumbrado tramposamente por el populismo se apresura el ritmo de la inversión, pues se puede consagrar la parte del león de estos llovidos ingresos adicionales a la compra e instalación de bienes de capital, importando máquinas para construir altos hornos para producir acero para hacer chapa para hacer más automóviles y aires acondicionados, en un par largo de lustros? ¿Durante esta hipotética etapa los trabajadores industriales estarían aferrados al piso, con ingresos tan interesantes que les permitiría consumir cosas reales, por caso esos mismos automóviles y aires acondicionados, en vez de las ficciones a las que mal acostumbró el desangelado populismo?

Lo cierto es que al razonar con la buena voluntad de esa manera, a la inversión y el consumo se los trata como magnitudes inversamente proporcionales, que es lo que son por naturaleza. La excepcional entidad del sistema capitalista es que éste puede funcionar solamente por tratar al consumo y la inversión como directamente proporcionales entre sí, mientras que esto es objetivamente imposible, ya que el consumo y la inversión son los dos componentes de una dimensión dada, es decir, el ingreso nacional. Contradictorio en vez de cartesiano. Es que este dilema es una de las manifestaciones de las contradicciones fundamentales del capitalismo, entre la producción social y la apropiación privada. Como corolario, tomando como punto de partida la perspectiva en baja del ingreso de los argentinos, ningún empresario –mono o multinacional– instalaría fábricas aquí. Sin embargo, sin nuevos medios de producción los ingresos de los argentinos no pueden ser aumentados. Y si se plantea esquivarle al bloqueo por medio de producir sólo para exportar, sucede que a excepción de los productos primarios estandarizados, tal operación luce ir más allá de la “fiabilidad” del capitalismo tradicional. En cualquier caso, nunca se había visto sin ingredientes geopolíticos de consideración. Lo único que lloverá, si llueve, será deuda.

En realidad, las posibilidades de incrementar la inversión con salarios deprimidos están restringidas a la economía planificada por el Estado, no regulada por el mercado. Es entonces una suprema ironía y el último absurdo que partidarios tan decididos de la libre empresa alienten un capitalismo en el que para maximizar el crecimiento del producto prevalezca, muy fuerte, la planificación central, a la que deploran. Curioso, muy curioso, es que parecen ni estar enterados de la contradicción inscripta entre los fines que persiguen y lo medios que necesitan. Las consecuencias políticas de esta inadvertencia pintan como no menores.

* Economista, docente de la UNM.

Original: Pagina 12

27 oct 2015

Brasil: no es profit led otra vez

 ¿La demanda y la rentabilidad estimulan la acumulación de capital?
Un análisis para el Brasil


Posteamos un paper sobre Brasil donde se muestra la influencia del nivel de capacidad utilizada en el crecimiento. Para la Argentina se publicó en Revista Circus ACA un paper en similar dirección.


 por Henrique Morrone

 Resumen
El objetivo de este artículo consiste en probar si la participación de los beneficios
en el producto y la capacidad utilizada afectan (causan en el sentido de Granger) a
la acumulación de capital en el Brasil durante el período 1950-2008. Se emplea la
metodología desarrollada por Toda y Yamamoto (1995) para verificar la hipótesis de
no causalidad de Granger. Los resultados indican que la capacidad utilizada causa, en
el sentido de Granger, la acumulación de capital en la economía brasileña y, por otra
parte, que la participación de los beneficios en el producto no causa, en el sentido de
Granger, la razón inversión-capital nacional. Esto corrobora la propuesta kaleckiana
centrada en el papel fundamental del acelerador y sugiere que la economía del Brasil
puede crecer con concentración o desconcentración del ingreso, siempre que haya un arreglo institucional adecuado.

Los resultados indican que el acelerador aumentaría la acumulación de capital, incrementando el nivel de actividad económica. De acuerdo con las estimaciones obtenidas, el crecimiento se produciría a través de la concentración o desconcentración del ingreso. En las economías se alternarían períodos de expansión impulsada por los salarios con períodos determinados por las ganancias, al tratarse de un fenómeno de corto o mediano plazo. Los factores principales serían el efecto acelerador y el arreglo institucional necesario para estimular la expansión. Los regímenes de crecimiento cambian a lo largo del tiempo, por lo que se sugiere proceder con cautela y profundizar las investigaciones para determinar el régimen actual de la economía brasileña.

ver todo el trabajo aca

27 sept 2015

Autonomous demand and the Marglin-Bhaduri model: a critical note





 Source: http://wps.aw.com/wps/media/objects/1409/1443513/plotter/weildataplotter.html


por Riccardo Pariboni

Resumen
Dentro de la teoría macroeconómica post-keynesiana, la contribución de Marglin y Bhaduri (Marglin y Bhaduri, 1990; Bhaduri y Marglin, 1990) sobre la relación entre la distribución y el crecimiento de los ingresos se ha afirmado progresivamente como un modelo de referencia, uno que se ha originado y todavía da lugar a un montón de trabajos teóricos y empíricos. Dada esta popularidad, en la literatura relacionada, a menudo se afirma que la única pregunta que queda abierta es empírica - evaluar econométricamente si una economía en particular es dirigida por el salario o el beneficio . En este ensayo, voy a argumentar que algunas cuestiones teóricas, relacionadas con este modelo y para la literatura inspirada en ella, sin embargo, se pueden plantear. En particular, el tratamiento de la inversión parece ser el aspecto menos convincente del enfoque à la Marglin-Bhaduri. Más específicamente, parece posible plantear algunas dudas acerca de una influencia a largo plazo independiente de la tasa de ganancia o de la participación en los beneficios de la inversión, influencia que no es, en general, justificada o explicada en detalle por esta literatura, y que en cierta medida simplemente se da por sentada. Se verá que, si el modelo Marglin-Bhaduri está integrado con una consideración explícita de los componentes autónomos de la demanda, la distribución del ingreso no ejerce ninguna influencia permanente en la tasa de crecimiento de la economía y en la tasa de acumulación. Coincidiendo este resultado con el supuesto usual, hecho en modelos Post-keynesianos de crecimiento y la distribución, que utilización de la capacidad es la variable de ajuste en el equilibrio de inversión y  ahorro conduce a resultados paradójicos que cuestionan la plausibilidad de una función de acumulación como la  usada en el modelo de Marglin -Bhaduri.

Abstract 
Within Post-Keynesian macroeconomic theory, the contribution by Marglin and Bhaduri (Marglin and Bhaduri, 1990; Bhaduri and Marglin, 1990) on the relationship between income distribution and growth has progressively asserted itself as a benchmark model, a reference point that has originated and still gives rise to plenty of theoretical and empirical works. Given this popularity, in the related literature it is often claimed that the only open question left is an empirical one - to assess econometrically whether a particular economy is wage or profit-led. In this essay, I will argue that some theoretical issues, related to this model and to the literature inspired by it, can nonetheless be raised. In particular, the treatment of investment appears to be the least convincing aspect of the approach a là Marglin-Bhaduri. More specifically, it seems possible to raise some doubts about an independent long-run influence of the profit rate or of the profit share on investment, influence that is not in general justified or explained in detail by this literature and that to some extent is simply taken for granted. It will be shown that, if the Marglin-Bhaduri model is integrated with an explicit consideration of the autonomous components of demand, income distribution does not exert any permanent influence on the rate of growth of the economy and on the rate of accumulation. Matching this result with the usual assumption, made in Post-Keynesian models of growth and distribution, that capacity utilization is the adjusting variable in equilibrating investment and savings leads to paradoxical results that question the plausibility of an accumulation function like the one used in the Marglin-Bhaduri model.

To read the paper 


25 sept 2012

Sraffa y la Inversión Inducida



Nos envía desde Roma Franklin Serrano una "perlita", poco conocida de Sraffa, respecto a su posición respecto al papel del gobierno en controlar la demanda efectiva y garantizar que las inversiones se mantengan positivas (acelerador de la inversión) estabilizando con demanda autónoma el crecimiento de la economía.

"En la primavera de 1963 o en el otoño" de 1964, le pregunté a Sraffa como es que él no había preferido tomar como dato, la tasa de salario, sino la tasa de ganancia y había sostenido que el nivel de esta última podría ser influenciado en particular por los niveles de tasas de interés monetario.
Él me respondió que en el pasado los empresarios, al decidir cuánto invertir, estaban fuertemente influenciados por el crecimiento general de la economía y la forma en que se había manifestado este crecimiento en los periodos anteriores.
Actualmente en cambio –estamos en el ´63-´64, estos inversores esperan que las autoridades serán capaces de regular el crecimiento del sistema adecuándolo a un nivel de crecimiento normal. Esperan, por lo tanto, que la rentabilidad de sus inversiones volverá rápidamente al nivel normal. También los banqueros razonan de esta manera. Es así como las tasas de interés representan un indicador de la tasa de ganancia normal.
Es por eso que ya no existen más “las oscilaciones del pasado, y por lo tanto el crecimiento del sistema es más estable”.
(p.200) Terenzio Cozzi "Un teoria con un grado di libertad" en  riccardo bellofiore (editado por) "Tra teoria economica e grande cultura europea: piero sraffa" franco angeli, Milano, 1986


In Italiano
"Nella primavera del 1963 o nell' autunno del 1964, ho chiesto a Sraffa come mai egli avesso preferito assumere come dato, non il tasso di salario, ma il tasso di profitto e avesse sostenoto que che il livello de quest'ultimo poteva essere influenziato in particolare dai livelli dei tassi dell' interesse monetario.
Mi rispose che nel passato gli imprenditori , nel decidere quanto investire, erano fortemente influenziati dall' andamento generali dell' economia e da come si erano manifestati questi andamenti nei periodi ricenti. Al primo acceno di cadutta di livelli produtivi, decidevano bloccare gli investimenti. Attualmente invece - siamo nel 63' o 64' - essi si aspettano che la autorità saranno comunque in grado di regolare l' andamento del sistema riportandolo in condizioni di crescita normale. Si aspettano, quindi, che la redditività dei loro investimenti tornerà rapidamente al livello normale. Anche i banchieri ragionano in questo modo. Ecco perché i tassi di interesse rappresentano un indicatori del tasso di profitto normale.
Ed ecco perché questo non ha piu' le oscillazioni del passato, e cosi la crescita del sistema è piu' stabile.

 (p.200) Terenzio Cozzi "Un teoria con un grado di libertà" in riccardo bellofiore (a cura di) "Tra teoria economica e grande cultura europea: Piero Sraffa" franco angeli, Milano, 1986





25 jul 2011

Sobre las Fluctuaciones del Producto y la Inversión: Aquiles y la Tortuga









Por Eduardo Crespo*




En su furibunda respuesta a Fabián Amico, José Tapia indica que existen pruebas muy fehacientes de que la inversión fluctúa más que el producto, es decir, estaría probado que la inversión crece más que el producto durante las expansiones y que cae más que éste en períodos de contracción. Tapia coloca esta evidencia como prueba de que es la inversión quien determina al producto y no a la inversa. Lo apuntado por Tapia es un hecho estilizado que está fuera de discusión. Sin embargo, no es una prueba de la causalidad apuntada por él. Es decir, que la inversión fluctúe más que el producto no indica que la misma ‘cause’ el producto o que el crecimiento del producto sea una variable dependiente de la tasa de ganancia normal.
Veamos el asunto con un poco más de detalle. Tenemos la conocida ecuación referida del crecimiento del stock de capital:

s/v u=gk
s=S/Y
v=K/Y*
u=Y/Y*

Donde ‘s’ es la tasa de ahorro; ‘S’ el ahorro agregado; ‘Y’ el producto efectivo; Y* el producto normal para un dado stock de capital; ‘K’ el stock de capital agregado; ‘v’ la relación capital-producto normal (porque está referida al producto normal); ‘u’ el grado de utilización de la capacidad productiva; ‘gk’ la tasa de crecimiento del stock de capital.

Para ejemplificar la cuestión partimos de una situación en la cual el grado de utilización es normal, es decir, asumimos u=1 (Y=Y*). Supongamos que s=0,1 y que v=2. Es decir, tenemos una tasa de ahorro del 10% del producto y la relación capital-producto normal es igual a 2. También para simplificar asumamos que el stock de capital no se desgasta, es decir, la tasa de amortización es nula.

Si con estos datos colocáramos la condición de que el grado de utilización se mantiene en su nivel normal (u=1) período tras período, la economía y el stock de capital estarán creciendo al 5% de un período al otro. Hasta ahora sólo hemos definido las condiciones de un crecimiento del producto con grado de utilización normal sin establecer ninguna relación de causalidad. Introduzcamos, entonces, una relación de causalidad. Pongamos que la inversión persigue al producto, argumento que defiende Amico y que rechaza Tapia. Supongamos que de un período al otro, por cualquier motivo, el producto pasa a crecer a una tasa mayor al 5%, por ejemplo, al 10%.

Si no modificamos ningún otro dato, de un período al otro el producto (Y) habrá crecido un 10%, el stock de capital (K) lo habrá hecho en un 5,5%, es decir, gk=0,055 (s=0,1; v=2; u=1,1), y el grado de utilización acabó siendo mayor al normal (u>1).

Al inicio del período siguiente el stock de capital, y consecuentemente el producto normal (Y*), son mayores, como ya se indicó, en un 5,5%. Si quienes deciden las inversiones desean que su nivel de utilización de la capacidad instalada sea normal, lo lógico es que aumenten su tasa de inversión (I/Y=S/Y). Ahora bien, ¿a qué nivel deberían hacerlo? Si el producto sigue creciendo al 10% período tras período, lo lógico sería aumentar la tasa de inversión hasta un nivel gracias al cual el stock de capital pueda alcanzar aquel nivel que garantiza una utilización normal de la capacidad.


Veamos algunos ejemplos, si la tasa de inversión ahora pasa a ser del 20% (s=0,2), el volumen agregado de inversión estará creciendo al 10% todos los períodos. Sin embargo, a dicha tasa el stock de capital NUNCA va a alcanzar aquel nivel que garantiza una utilización normal. Y el motivo es que en el período inicial bajo análisis el producto creció más que dicho stock, y a partir de ahí, para tasas de crecimientos idénticas (10%), la diferencia inicial no se recupera jamás. Para que el stock de capital alcance dicho nivel el volumen de inversión, al menos durante un tiempo, debería crecer a una tasa MAYOR al 10%.

Y esto es precisamente lo que muestra la evidencia empírica apuntada por Tapia. Es decir, que durante las expansiones el volumen de inversión crece a una tasa MAYOR que el producto. El razonamiento es simétrico para el caso en el cual el producto pasa a crecer a una tasa menor de un período al otro. En esta situación, si el grado de utilización va a tender a retornar a su nivel normal, lo es esperable sería que el volumen de inversión crezca a una tasa aún MENOR a aquella del producto al menos por un cierto período de tiempo. Y esto, también confirmaría lo apuntado por Tapia: durante las desaceleraciones la inversión crece a una tasa MENOR al producto.


Una explicación más simple

Podemos explicar todo esto con un ejemplo más simple y didáctico. Pongamos que tenemos una carrera entre dos contrincantes, otra vez, entre Aquiles y la Tortuga. Al inicio ambos arrancan a la misma velocidad, pongamos, a 10 Km por hora, y se mantienen en la misma línea. En algún momento del recorrido Aquiles acelera y aumenta su velocidad a 12 Km por hora y le saca una determinada ventaja, una distancia, a la Tortuga.

Si la tortuga empieza a correr también a 12 km/h la distancia entre ella y Aquiles dejará de aumentar, pero no se va a reducir hasta tanto la tortuga no corra a una velocidad MAYOR a 12 km por hora…
De igual modo, si ambos arrancan a 10 km/h y en un punto del recorrido Aquiles desacelera y empieza a correr a 8 Km por hora, la tortuga le sacará una determinada distancia. Si luego la tortuga también empieza a correr a 8 Km por hora, la distancia que inicialmente le sacó a Aquiles se mantendrá contante hasta tanto la tortuga decida correr a una velocidad MENOR a 8 km por hora…

En síntesis el PERSEGUIDOR (o furgón de cola) verá obligado a correr a velocidades mayores, o menores, que su PRESA en la medida en que ésta se le escale y se le quede rezagada… Y si observamos las trayectorias respectivas vamos a comprobar que quien persigue acelera o desacelera en forma más pronunciada que su presa…

En otras palabras, la evidencia que Tapia ofrece a su favor es perfectamente compatible con la idea de que la inversión sigue al producto ‘como furgón de cola’, es decir, con aquello que indica el acelerador.

Ahora bien, ¿compatibilidad en este caso indica causalidad? ¿Esta evidencia empírica podría también ser compatible con la idea de que es el producto el que sigue a la inversión?
Sí, siempre y cuando podamos observar las siguientes situaciones:

1) Durante las expansiones el grado de utilización (u) debería DISMINUIR.
2) Durante las contracciones (y desaceleraciones) el grado de utilización debería AUMENTAR….

Si alguien encuentra evidencia empírica de esto último habría que darles la razón a Tapia y Astarita… Entre los marxistas que defienden estas nociones rara vez se distingue entre tasa de ganancia normal y efectiva, el grado de utilización de la capacidad en general nunca se menciona, etc. En fin, es sorprendente que buena parte de la profesión (¿por motivos ideológicos?) haya abandonado algo tan simple e intuitivo como el acelerador para reemplazarlo por nociones tan ridículas como el crecimiento profit-led.


*Profesor de la Universidad Federal de Rio de Janeiro

24 jul 2011

Sobre Apagones, Ley de Say y Economías Profit-led






por Fabián Amico


José Tapia ha realizado diversas críticas a un reciente texto mío sobre la relación entre ciertas visiones marxistas y el crecimiento de las economías capitalistas (ver). En primer lugar, me critica que adjudico a Marx la posición de que el nivel de producto viene dado por la Ley de Say. Como es sabido, Ricardo y James Mill sostuvieron que los desajustes de la producción, con algunos sectores con excesos de oferta y otros (contrabalanceando) con excesos de demanda, son de naturaleza transitoria. Solo Malthus, entre las figuras prominentes de la época, creía que los excesos de oferta podían ser persistentes, pero se basó en un razonamiento defectuoso.

Marx criticó abiertamente a Ricardo y su posición sobre la Ley de Say. Consideró que el dinero es un determinante crucial de la posibilidad de un “exceso generalizado de mercancías”. Dada la famosa secuencia D – M ... P … M´- D´, las dos fases (D – M y M´- D´) ya no necesariamente deben coincidir en el tiempo como en el trueque. Y no hay razón para que esto resulte confinado a unos pocos sectores y no se traslade al agregado. En la visión de Marx, Ricardo podía rechazar esta posibilidad solo negando que el capitalismo es un sistema monetario.

Pero las diferencias entre Marx y Ricardo tienen menos que ver con la estructura teórica subyacente (Garegnani, 1984), que con el peso asignado a ciertos rasgos institucionales del capitalismo (los mercados de dinero y crédito) que impedirían un ajuste suave. En cualquier caso, Marx consideraba las crisis como desviaciones temporarias (aunque inevitablemente recurrentes) respecto de la posición "normal" o del sendero caracterizado por la igualdad de oferta agregada y demanda agregada (Mongiovi, 1990). Como escribió el propio Marx:

“Cuando Adam Smith explica la caída en la tasa de ganancia por una sobreabundancia de capital, está hablando de un efecto permanente y eso está mal. En contraste con esto, la transitoria sobreabundancia de capital, el exceso de producción y las crisis son algo diferente. Crisis permanentes no existen” (Marx, 1861-3, énfasis agregado).

Dumenil & Levy (1999), por ejemplo, tratan de explicar esta convergencia hacia un equilibrio de largo plazo articulada con las fluctuaciones y crisis cíclicas. Así, en Marx el nivel general de actividad “gravitaría” alrededor de ese equilibrio de largo plazo con una utilización normal de la capacidad productiva y, de hecho, la tendencia de la economía sería gobernada por la Ley de Say: la demanda determinaría los niveles de actividad en el corto plazo, pero en el largo plazo el crecimiento sería determinado por condiciones de oferta. Por tal razón, Marx y los clásicos (con excepción de Malthus) tenían opiniones similares acerca de la naturaleza temporal de la crisis, aún mostrando posiciones diferentes respecto de la Ley de Say (Ricardo y James Mill aceptandola sin condiciones, John Stuart Mill con una aceptación condicionada y Marx rechazándola abiertamente, pero sin abandonar su causalidad subyacente).

Una de las implicaciones de la Ley de Say es que si los capitalistas cometen un error y producen una cantidad mayor a la consistente con la demanda agregada ex ante, la demanda agregada ex post subirá y corregirá el error. Pero de acuerdo con la teoría keynesiana, un error ex ante de los empresarios llevará a una acumulación no deseada de inventarios y una consiguiente reducción en el nivel de actividad, hasta que el valor de la producción sea igual al gasto planeado. Dicho de otro modo: la Ley de Say afirma que cualquier nivel de producción que se produce se vende, mientras que la teoría de la demanda efectiva afirma que la economía tenderá a producir el nivel de producto que puede ser vendido.

Dado que el análisis clásico no da ninguna explicación del nivel de producto (agregado o sectorial), cobra relevancia la teoría de la demanda efectiva de Keynes y Kalecki para la determinación del nivel del producto agregado. En los clásicos y en Marx, la Ley de Say es una herramienta que permite identificar el equilibrio macroeconómico según el cual el ahorro iguala a la inversión. Y refleja el supuesto de que esta condición de equilibrio se alcanzará a cualquier nivel de producción. Pero una vez que se dispone de una verdadera teoría del producto, consistente con el modelo clásico, la Ley de Say ya no es necesaria para neutralizar la posibilidad de desequilibrios persistentes de este tipo.

En segundo lugar, Tapia objeta parte de mi crítica alegando que si bien el aumento de la inversión hace aumentar el producto, “el aumento de la inversión forma ya parte del aumento de la demanda agregada”. El mecanismo sería que el aumento de las ganancias induce un aumento de la inversión y esta estimula una suba en la demanda y el producto. Sin embargo, si la rentabilidad aumenta pero el mercado se contrae, ningún empresario va a instalar nueva capacidad productiva si no tiene a quién venderle. Si un capitalista tiene capacidad ociosa –como ocurre en las crisis y recesiones-, ¿por qué habría de arriesgar capital en la forma de equipos e instalaciones ante un mercado que se contrae? Ni Tapia ni Astarita pueden responder esta pregunta sencilla porque asumen la causalidad implicada en la Ley de Say (i.e., la oferta engendra la demanda).

Luego Tapia incurre en otra confusión. Cuando afirmo que la tasa de ganancia efectiva aumenta con la demanda (y por ende Tapia capta en sus test un efecto de la demanda sobre el grado de utilización) cree que estoy diciendo que las ganancias “son demanda” y hace toda una perorata sobre este punto. Volviendo a las cuentas nacionales (ver desarrollo en “Izquierda y economía vulgar: Marx no tiene la culpa”) tenemos:

r = (u/v) [1 – (w/p)l]

Donde la tasa efectiva de ganancia (r) depende inversamente de la tasa de salario real (w/p, dada exógenamente) y positivamente del grado de utilización de la capacidad (u). De este modo, la tasa de ganancia efectiva (r) varía positivamente con el nivel de utilización (u). En los auges el grado de utilización sube, y esto sube la tasa de ganancia efectiva. A la inversa, en las recesiones el grado de utilización cae, y con ello cae la tasa efectiva de ganancias. Lo que Tapia no alcanza a ver es que es la demanda la variable que actúa estimulando la inversión incidiendo sobre el grado de utilización.

Así, hay una correlación entre los niveles de utilización y la tasa de ganancia efectiva producto de las oscilaciones de la demanda agregada. Cuando Tapia se topa con el resultado estadístico según el cual la tasa de ganancia efectiva “explicaría” el nivel de inversión, en realidad está captando el impacto de la demanda sobre el nivel de utilización y de éste sobre la inversión. De modo que, en verdad, es la demanda (y no la ganancia) la que determina el ritmo y la forma de la acumulación de capital. Así, Tapia está capturando el efecto acelerador, es decir, la influencia la demanda sobre los cambios en el nivel de utilización y de éste sobre la acumulación de capital.

En tercer lugar, dice que yo sostengo que “la inversión no tiene el papel clave” que Astarita y él le atribuyen, al decir que “la inversión no es la locomotora del sistema, sino que es su furgón de cola”. Esto es falso. En un trabajo reciente, donde se explica el mecanismo del acelerador, por el cual la inversión reacciona ante la demanda, se dice:

“Este canal es fundamental para la política macroeconómica y para la estrategia de desarrollo porque la inversión es el principal canal de crecimiento del producto potencial y el mecanismo fundamental de impulso de la productividad y de la actualización tecnológica” (Amico, Fiorito; Hang, 2011, pág.71, énfasis agregado).

Al decir que la inversión es el “furgón de cola” del sistema se está aludiendo a la causalidad: la inversión aumenta porque la economía crece y no a la inversa. Es, por ende, una variable inducida. Tapia mismo considera a la inversión tan fundamental y endógena como yo, solo que él creé que es inducida por ganancias.

Curiosamente, como toda demostración de que la economía estadounidense es profit-led, dice que “caben muy pocas dudas” de ello (sic) y que “varios autores han dado un sí relativamente claro a esa pregunta”. OK, pero ¿es este un argumento? Tapia defiende el test de “causalidad” de Granger como si fuera un sinónimo de causalidad teórica. Sostiene que la prueba de Granger indica si los valores de una variable A se explican mejor con auxilio de los valores anteriores de la variable B. Y ofrece un ejemplo. Dice:

“…si la variable A son los apagones, las interrupciones del suministro eléctrico, y la variable B son las condiciones climáticas, es evidente que hay causalidad tipo Granger desde B a A, porque los apagones se explican a menudo por tormentas o periodos de temperaturas extremas, mientras que las condiciones del suministro de electricidad no contribuyen de ninguna forma a explicar las condiciones meteorológicas”.

Tapia confunde otra vez las cosas. La causalidad en el sentido de Granger refiere a una precedencia temporal, como surge del propio ejemplo. ¿O quizás Tapia creé que las tormentas son la causa de los apagones? En verdad, una tormenta no es condición necesaria para un apagón. Por eso dice “a menudo” (este punto me fue señalado por Nahuel Guaita en una crítica a Tapia). Quizás los problemas de mantenimiento del sistema eléctrico sean la causa de que en las tormentas se produzcan apagones. Luego Tapia me increpa: “¿Es que acaso cree Amico que la noción de causalidad no es aceptable?”. ¿Cuál causalidad?

Por último, Tapia no comprende mi frase “las ganancias (demanda) preceden a la inversión, en tanto la inversión no tiene por qué preceder a las ganancias (demanda)”. La frase significa simplemente que el test econométrico que él realizó puede interpretarse más adecuadamente de otro modo: en lugar de decir que las ganancias “causan” la inversión, podría entenderse perfectamente en el sentido de que la demanda “causa” la inversión, ya que –como se explicó- la demanda impacta sobre el grado de utilización y esto induce el aumento de la inversión (a su vez, no necesariamente la inversión precede o “causa” la demanda). Es decir, la variable omitida (la demanda efectiva en nuestro caso) es la que “causa” la suba de la inversión. Las tormentas no necesariamente producen apagones.


Referencias:

Amico, F., Fiorito, A. & Hang, G. (2011). “Producto potencial y demanda en el largo plazo: hechos estilizados y reflexiones sobre el caso argentino reciente”, Cefid-Ar, Documento de Trabajo Nº 35, Enero de 2011.

Duménil, G. & Lévy, D. (1999). ”Ser keynesiano en el corto plazo y clásico en el largo plazo”, Análisis Económico, 1999, XIV (segundo semestre).

Garegnani, P. (1984). "Value and Distribution in the Classical Economists and Marx," Oxford Economic Papers, Oxford University Press, vol. 36(2), pages 291-325, June.

Marx, K. (1861-3). “Theories of Surplus Value”, Chapter XVII, Ricardo’s Theory of Accumulation and a Critique of it. (disponible en http://www.marxists.org/archive/marx/works/1863/theories-surplus-value/ch17.htm). O en español, en Teorías de la plusvalía, tomo II, Edit. Cartago, 1975, pág. 426.

Mongiovi, G. (1990). “Notes on say's law, classical economics and the theory of effective demand”, Contributions to Political Economy (1990) 9,69-32.

13 jul 2011

Hacia una Política de Crecimiento Dirigido por el Estado















Ocampo, J.A.(2008): El auge económico Latinoamericano, Rev.de Cs.Politica, 28, 7-33




por Fabian Amico y Alejandro Fiorito*



El crecimiento de las economías modernas puede semejarse a un recipiente que varía de tamaño (capacidad productiva) con un flujo (demanda efectiva) que también se altera
con el paso del tiempo. Normalmente, en todas las economías el nivel del flujo se encuentra oscilando entre un 70 u 80% del volumen del recipiente, con ambas dimensiones moviéndose. La relación de causalidad es aquí central: ¿crece primero el recipiente (la capacidad) y el contenido debe adaptarse, o crece primero el contenido (la demanda) y luego la capacidad se adapta?

Buena parte de los economistas argentinos vio con pesimismo el proceso de crecimiento en Argentina desde 2003, partiendo del supuesto que el recipiente (el producto potencial) no sólo era independiente del contenido (la demanda), sino que debía crecer antes de ser colmado. El gobierno desoyó esas recomendaciones y, paradójicamente, la etapa 2003-2010 resultó, en términos de crecimiento, una de las más exitosas de la historia nacional.

¿Cómo ocurrió esto? Pese a que muchos dijeron que el crecimiento argentino no podía durar más que unos pocos años de recuperación, la persistencia de altas tasas de crecimiento –incluso pese a la crisis de 2009- obligó a corregir año a año las predicciones de agotamiento. Pero el proceso se prolongó demasiado para ser considerado “artificial” y mientras Argentina crece a tasas altas los pronósticos siguen fallando.

El recurso predilecto de muchos economistas convencionales fue responsabilizar a factores externos (“el viento de cola”) por el crecimiento sostenido y minimizar a cualquier factor doméstico de la política económica. Es cierto que en los últimos años hubo un desplazamiento de la restricción externa gracias a factores internacionales (aunque también por el tipo de cambio competitivo). Pero, frente al viento de cola se podían arriar las velas o desplegarlas a pleno. A diferencia de sus vecinos, Argentina hizo lo segundo. Sin restricción de divisas, la economía creció siguiendo los estímulos de la demanda efectiva.

Así, Argentina hizo un uso altamente eficiente del “viento de cola”: el producto potencial (se lo mida como se lo mida) creció vertiginosamente, el desempleo cayó, aumentaron la productividad y la inversión. Todo esto no hubiera existido si se “moderaban” las tasas de crecimiento.

Más allá del motivo político que pondera a estos pronósticos (hay quien quiere que las cosas vayan mal), esta “falla masiva” de previsión se explica también por los modelos teóricos con que estos economistas piensan y comparten ciertas verdades indiscutibles: la ineficacia de las políticas expansivas fiscales o monetarias, la crítica de la pretensión de crecer “por encima del producto potencial”, el irresponsable (inflacionario) elevado uso de la capacidad instalada, el inadecuado (escaso) monto de la inversión, y en general una invalidación de cualquier intento “discrecional” de instigar el crecimiento. Este intento fútil estaría promoviendo una desigualdad creciente entre el ritmo de expansión de la demanda y la velocidad a la que se mueve la oferta global de la economía. Esto explicaría luego la alta inflación y el crecimiento de las importaciones.

Para la visión tradicional en el corto plazo la demanda mueve el producto efectivo en torno al potencial; en el largo, los efectos de la demanda se diluyen y el PIB efectivo converge a su nivel “natural” o potencial. Pero empíricamente se ve otra cosa. Los estudios recientes sobre las series de tiempo revelaron que las perturbaciones económicas de corto plazo tienen efectos persistentes en el largo plazo, y que la misma cosa que causa los ciclos es lo que explica la tendencia.

En realidad se observan múltiples canales a través de los cuales estímulos de la demanda agregada influyen positivamente en el crecimiento. 1- es un hecho que la economía no tiende espontáneamente hacia el pleno empleo potencial. 2- el nivel y la tasa de crecimiento de la demanda efectiva influye en el desarrollo de los recursos productivos (y por ende en el producto potencial de la economía).

No sólo la demanda define la tasa de utilización de los recursos productivos (y por ende, la mayor o menor cercanía entre el ritmo del producto efectivo y el producto potencial), sino que también tiene un impacto significativo sobre la cantidad y productividad de los inputs, y ergo, impacta sobre el sendero mismo del producto potencial.
El estructuralismo latinoamericano ya había descrito bien este hecho, definiendo a la restricción externa como el obstáculo principal al crecimiento y minimizando las restricciones potenciales derivadas de la brecha de ahorro.

Los modelos convencionales sugieren que el flujo de ahorros “financia”, de alguna manera, la inversión. Pero el ahorro es un residuo que no tiene ningún significado causal en el proceso de inversión. Dado el hecho estilizado de que la inversión reacciona positivamente ante la demanda de bienes finales, la prescripción de aumentar el ahorro mediante contracciones del consumo (público y/o privado) sólo lleva a una merma de la inversión y, por ende, a una reducción proporcional del ingreso potencial y del ahorro. En suma, la inversión es el resultado del crecimiento y no su requisito previo, como postulan en la ortodoxia. Desde 2002 se observa en la Argentina que exportaciones y luego demanda doméstica aceleraron la inversión para llevarla a récords históricos sobre el producto (25%). Pero economistas y grandes medios de comunicación insisten en que los empresarios no invierten lo suficiente por la ausencia de un propicio “clima de negocios” (sic).

El hecho de que el crecimiento potencial de la economía dependa del aumento de la capacidad física, los recursos laborales y la productividad es una obviedad que nadie discute. Pero de ello no se concluye que el producto potencial sea independiente del producto efectivo y de la demanda. Más bien, ocurre lo contrario: es el producto efectivo el que determina el sendero de la capacidad productiva potencial de la economía. Cada uno de esos factores es afectado por la tasa efectiva de crecimiento determinada por la demanda.

Si mayor demanda conduce a un mayor monto de inversión, esto tendrá un efecto directo sobre la capacidad productiva y (en la medida en que cada nuevo equipo de capital incorpora un grado de progreso técnico) también sobre la productividad. Además, forzosamente cualquier expansión hoy de la demanda y el producto influirán en los planes de inversión de las firmas y en su capacidad para ejecutar esos planes, como también en una mayor capacidad y productividad en el futuro. El rápido crecimiento del producto tiene una influencia positiva sobre el estado de las expectativas empresarias en el largo plazo, conduciendo a las empresas a adoptar posiciones ilíquidas y a temer menos a pérdidas asociadas con la incertidumbre sobre el futuro.

Este enfoque alternativo necesita de políticas industriales activas, para direccionar la inversión hacia un esfuerzo de sustitución de importaciones que alivie la restricción externa. El tipo de cambio sólo no lo resuelve, y de no hacerse esto se va en camino a repetir otras experiencias involutivas de estos procesos en nuestro país. No hay problemas económicos para que el Estado pueda avanzar sobre múltiples temas de control que el mercado no resuelve para el desarrollo.

El rápido crecimiento, estimulado por la demanda, tiene otro efecto adicional. Existe una probada regularidad empírica (“Ley de Verdoorn”) que destaca que el crecimiento del PIB genera un alza de la productividad que a su vez extiende el espacio para que los salarios reales aumenten sin generar presiones inflacionarias por el lado de los costos. Para profundizar aspectos teóricos como empíricos ver nuestro trabajo mas extenso sobre el caso de la Argentina post crisis.

Este enfoque contrasta con los economistas tradicionales, quienes apenas observan inflación, recomiendan ser “austeros” o “enfriar la economía” suponiendo, sin ningún análisis, que la economía se encuentra en su nivel potencial o pleno. Un ejemplo reciente desmiente esta idea: con la crisis mundial de 2009 hubo un ajuste contractivo brutal de la demanda agregada y la inflación cedió muy poco. En suma, la prescripción de “moderar” el crecimiento hacia tasas “normales” con pretensiones antinflacionarias, solo condenan al país a persistir en la senda del subdesarrollo.

* Economistas investigadores de UNLU

26 abr 2011

Producto Potencial y Demanda en el Largo Plazo: Hechos Estilizados y Reflexiones sobre el caso Argentino Reciente


Por Fabian Amico, Alejandro Fiorito y Guillermo Hang










Los economistas parecen exhibir ciertos argumentos comunes y compartir ciertas ―verdades intuitivas e indiscutibles: la convicción acerca de la ineficacia de las políticas expansivas fiscales o monetarias, la crítica de la fallida pretensión de crecer ―por encima del producto potencial, el irresponsable (inflacionario) elevado uso de la capacidad instalada, el siempre inadecuado (escaso) monto de la inversión, y en general una invalidación de cualquier intento ―discrecional de instigar el crecimiento sin respetar la dinámica autónoma del producto potencial, es decir, un intento que estaría promoviendo una desigualdad creciente entre el ritmo de expansión de la demanda y la velocidad a la que se mueve la oferta global de la economía. Esto explicaría luego la alta inflación y el importante crecimiento de las importaciones.

El presente trabajo intentará mostrar lo que hay de erróneo en estas apreciaciones y en las ―fallas masivas persistentes de pronóstico, y propondrá un marco analítico alternativo dentro del cual el crecimiento argentino reciente pueda explicarse positivamente, sin que resulte necesario considerarlo una ―anomalía o una ―paradoja.

Si los modelos convencionales son los que están básicamente equivocados, eso no es culpa de la realidad. Más bien, ésta requiere otro modelo de interpretación que le resulte consistente. Para ello es inevitable referirse, aunque sea muy brevemente, a la propia teoría establecida del crecimiento. Con la contribución de Solow (1956) comenzó lo que puede describirse como la ―captura neoclásica de la teoría del crecimiento.
Desde entonces se descartó la posibilidad de fallas de demanda efectiva, al tiempo que la teoría prometía que el equilibrio macroeconómico debía coincidir con el output potencial de la economía determinado por la oferta. La emergencia de la teoría neoclásica del crecimiento endógeno a mediados de los 80 continuó ese mismo proceso de ―captura.Sin embargo, la teoría del crecimiento endógeno participa con la de Solow en el hecho de no quitar el foco del lado de la oferta considerada como la fuente del crecimiento.

Como dice Setterfield, ―la teoría de crecimiento endógeno es ciertamente capaz de conectar la demanda con la tasa de crecimiento, pero esta conexión es periférica. El comportamiento de la demanda agregada es generalmente visto como un elemento innecesario y sin importancia del análisis del crecimiento (Setterfield, 2007). No obstante, esta captura eliminó del paisaje todas las corrientes de teoría del crecimiento de inspiración keynesiana.

El resultado final es que el crecimiento es ahora representado como un inequívoco proceso impulsado por el ―lado de la oferta. Es decir, la teoría del crecimiento se define como una teoría sobre la acumulación de capital físico, el progreso de las capacidades y de la población, y la eficiencia con que estos ―factores son empleados. Por ende, el crecimiento es un fenómeno enteramente relacionado con las condiciones de oferta de la economía.

Este trabajo apunta a cuestionar este enfoque general con el objetivo de determinar, especialmente en el caso argentino, un conjunto de regularidades empíricas (o ―hechos estilizados) que solo pueden ser explicados consistentemente desde una hipótesis alternativa, donde la demanda juega un rol clave no solo en las fluctuaciones de corto plazo, sino también en la determinación de la tendencia de crecimiento de largo plazo, fijando el sendero del producto potencial. A la luz de este enfoque, como veremos en este trabajo, el proceso de crecimiento experimentado por Argentina en estos últimos años, emergerá como un proceso enteramente natural, sin ningún rasgo ―paradójico o ―milagroso.
Básicamente, las teorías del crecimiento liderado por la demanda identifican un doble impacto de la demanda sobre las tasas de crecimiento.

Primero, se parte de admitir que existen insuficiencias de demanda efectiva, aún en el largo plazo. Es decir, la economía no tiende espontáneamente hacia el pleno empleo potencial (o a sus tasas ―naturales).
Segundo, el nivel y la tasa de crecimiento de la demanda efectiva influye decisivamente en el desarrollo de los recursos productivos (y por ende en el producto potencial de la economía) a través del tiempo. En este contexto, la demanda efectiva es importante no solo debido a su influencia sobre la tasa de utilización de los recursos productivos (y por ende sobre la mayor o menor cercanía entre el ritmo del producto efectivo y el producto potencial de la economía), sino que también tiene un impacto significativo sobre la cantidad y productividad de los inputs, y por ende, impacta sobre el sendero mismo del producto potencial.
..........................

Este trabajo está organizado como sigue. Además de esta introducción, la sección 2 discute y reseña el debate sobre la existencia de raíces unitarias en el PIB y sus implicancias principales. La sección 3 discute los efectos Okun y Verdoorn realizando estimaciones para la economía argentina, al tiempo que hace una reseña crítica del concepto de tasa ―natural de desempleo. La sección 4 discute la relación entre inversión y crecimiento, y la noción de utilización normal de la capacidad instalada. Propone un modelo de acelerador para la inversión reproductiva en Argentina y realiza una estimación econométrica al respecto.
La sección 5 defiende las nociones de no neutralidad del dinero y endogeneidad de la moneda, recurriendo a las visiones de neocartalismo, y rescatando el enfoque postkeynesiano, especialmente en su aplicación a las economías abiertas y sus críticas al famoso trilema monetario. La sección 6 presenta un modelo que articule los hechos estilizados puestos de relieve en las secciones previas. Se presenta un modelo de tipo supermultiplicador para precisar la relación entre producto potencial y demanda en el largo plazo. Finalmente, la sección 7 aporta unas breves reflexiones finales y sobre todo las implicancias de política del trabajo.


Para ver todo el Documento de Trabajo "Producto potencial y demanda en el largo plazo: Hechos estilizados y reflexiones sobre el caso Argentino reciente"

Fuente: Cefid-Ar

16 abr 2010

Sobre el Impacto de los Shocks de Demanda en la Inflación



Por Franklin Serrano

A Joan Robinson (1982) le gustaba contar la historia que Kalecki una vez había definido la economía ortodoxa como “la ciencia de confundir stocks con flujos”. Al día de hoy en las discusiones sobre cómo combatir la inflación, parece que es más la confusión sobre los niveles, las tasas de incremento y la aceleración. Acá nos preocuparemos de una sola pregunta (para ampliar ver en español Serrano, 2006) (english): ¿Cuál es el impacto en los precios de un shock de demanda? ¿Incrementa el nivel de precios, causando una tasa positiva de inflación o acelera permanentemente la tasa de inflación?.

Posteriormente a Friedman y Phelps mucha gente piensa que usualmente un único shock de demanda agregado, que para nuestros propósitos definiremos como algo que genera una brecha de producto positivo (Yef-Y*>0), lleva a una permanente aceleración de la inflación, esto es, un paso incremental en la tasa de inflación.
Formalmente, siendo p la tasa incremental del nivel de precios corriente, y siendo u la razón del producto efectivo sobre el producto potencial (o empleo sobre la capacidad de empleo) y b un parámetro podemos tener:

p-p-1= b(u-1)

No es muy claro el por qué la gente piensa en esta vía, en tanto existe una arrasadora evidencia de que por lo menos en cada lugar en el mundo los coeficientes de persistencia de la inflación son menores que uno por lo menos desde la gran moderación de los tempranos 1980 en los países ricos y desde la mitad de 1990 en la mayor parte de la periferia.
Ahora si ellos agregan menos que uno (en Brasil el máximo estimado que he visto es 0.6) el impacto de un único shock de demanda no puede ser totalmente persistente. Entonces el impacto de un shock único de demanda es sobre el nivel de inflación y no sobre su aceleración.
Formalmente, sea a el coeficiente con un retardo de la inflación p-1 (por simplicidad asumimos un solo período sólo) . Tenemos entonces:

p = b(u-1)+ a p-1

que tenderá rápidamente a:

p = b(u-1)/(1- a)

lo cual significa que la inflación tenderá a cero tan rápido como el shock de demanda termine y la brecha de producto este cerrada.
¿Esto significa que entonces que este shock de demanda causa un efecto en el nivel de inflación más que en su aceleración, como en los días de la buena y vieja curva de Phillips?
Bueno, no realmente. Y si esto pasa, es otra cosa. Hay una gran cantidad de evidencia estadística que muestra que la tasa de utilización de la capacidad y la tasa de desempleo tienden a mostrar una reversión a la media (la primera más claro y rápido que la segunda).
Sin embargo y por el contrario, existe una gran cantidad de evidencia estadística de que los niveles de producto y empleo exhiben histéresis fuerte o plena, lo que significa que cualquiera sean las causas de sus ciclos es también lo que causa su tendencia o para ponerlos en palabras de alguien que conoció esto muchas décadas atrás: “De hecho, la tendencia de largo plazo es solamente un cambio lento de los componentes una cadena de situaciones de corto plazo: no tiene una existencia independiente”(Kalecki, 1968, sección I).
Ok, pero ¿entonces qué? La cosa es que esta abrumadora evidencia de fuerte histéresis muestra que cualquier incremento en el producto (o empleo) que es suficientemente persistente llevará con él un incremento endógeno en los niveles de producto potencial o capacidad (y empleo).

Si y cuando esto ocurre la brecha de producto se cierra a sí misma, no por un descenso en el crecimiento de la demanda agregada y sí por un incremento inducido en el crecimiento de la oferta agregada (como es explicado en los modelos de acelerador flexible que induce a la inversión como el "Supermultiplicador Sraffiano", Serrano, 1995)

Nótese que cada modelo econométrico singular que usa el ahora trendy (no pun implied) filtro estadístico para medir la brecha de producto exhibirá estos fuertes efectos de histéresis en el producto potencial.

Pero si tomamos estas dos partes de evidencia estadística juntas (puede verse en Braga, 2006), v.g. la persistencia parcial de la inflación y la fuerte histéresis del producto potencial, el impacto total de largo plazo de un shock de demanda permanente será primero un efecto temporario en el nivel de la tasa de inflación que no perdurará, aún si el crecimiento de la demanda no es cambiado , porque luego el nivel del producto potencial se pondrá al día con los mayores niveles de demanda y la brecha de producto se cerrará. Cuando esto sucede el gap cae y vuelve a cero y no existe más la inflación de demanda. Al final, el impacto permanente del shock de demanda será un incremento permanente en el nivel de precios. Nótese que es el único efecto de largo plazo de la demanda sobre la inflación aún para lugares donde es fácil encontrar un impacto significativo de la variable shock de demanda sobre la curva de Phillips, la cual no es, dicho al pasar, definitivamente el caso de Brasil (Serrano, 2008).

Referencias
Braga, J. “Raiz unitária, inércia y histerese: el debate sobre las mudanças de la NAIRU na economía americana nos años 1990”, IE-UFRJ, Ph.D. dissertation
Kalecki, M. “Trend and Cycle”, Economic Journal, 1968
Robinson, J. “Shedding darkness”, Cambridge. Journal of economics”,1982; 6: 295-296
Serrano, F. (2006). “Mind the gap: hysteresis, inflation dynamics and the sraffian supermultiplier” IE-UFRJ, mimeo
Serrano, F (2006) “Interés , cambio y el sistema de metas de inflación en el Brasil”, IEUFRJ, mimeo