El viejo Almacén. BsAs

Surplus Approach

“Es necesario volver a la economía política de los Fisiócratas, Smith, Ricardo y Marx. Y uno debe proceder en dos direcciones: i) purgar la teoría de todas las dificultades e incongruencias que los economistas clásicos (y Marx) no fueron capaces de superar, y, ii) seguir y desarrollar la relevante y verdadera teoría económica como se vino desarrollando desde “Petty, Cantillón, los Fisiócratas, Smith, Ricardo, Marx”. Este natural y consistente flujo de ideas ha sido repentinamente interrumpido y enterrado debajo de todo, invadido, sumergido y arrasado con la fuerza de una ola marina de economía marginal. Debe ser rescatada."
Luigi Pasinetti


ISSN 1853-0419

Entrada destacada

Teorías del valor y la distribución una comparacion entre clásicos y neoclásicos

Fabio PETRI   Esta obra, traducida por UNM Editora, ha sido originalmente editada en Italia con el título: “Teorie del valore e del...

Mostrando entradas con la etiqueta Lerner. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Lerner. Mostrar todas las entradas

10 ago 2016

Abba Lerner: La economía del volante


Abba Lerner1

Traducción: Fabián Amico.


Nuestro sistema económico es frecuentemente humillado al ser expuesto ante la visita de un visitante imaginario de un planeta extraño. Es el momento de invertir el procedimiento. En su lugar, imagínese a sí mismo en una aventura interplanetaria tipo Buck Rogers2, mirando una carretera de una ciudad del futuro. La carretera es amplia y recta, y sus bordes están aumentados de tal manera que es casi imposible que un coche se salga del camino. Lo que parece ser un coche fuera de control está acelerando a lo largo de la carretera y virando hacia un lado. En la medida en que se aproxima al flanco ascendente de la carretera, sus ruedas delanteras giran de modo que regresa a la carretera y se va en ángulo, aunque para el otro lado, donde las ruedas giran de nuevo. Esto ocurre muchas veces; el coche va en zigzag, pero se mantiene en la carretera, hasta que se pierde de vista. Usted se está preguntando cuánto tiempo tomará para que el auto choque, cuando aparece otro auto que se comporta de la misma manera. Cuando se acerca hacia usted, se detiene con una sacudida. Se abre una puerta y un ocupante pregunta si le gustaría subir. Usted mira dentro del auto y antes de que pueda controlarse a sí mismo grita: "No tiene volante!". "Por supuesto que no tenemos volante!" dice uno de los ocupantes un poco de mal humor. "Basta con pensar cómo sería de tensionante ir en el asiento delantero. Es peor que la anticuada y peligrosa palanca de cambio de velocidades. Suponga que tuviéramos un volante y alguien se aferra a él cuando alcanzamos un borde! Eso evitaría el giro mecanizado automático de la rueda, y el coche seguramente volcaría!. Y además, nosotros creemos en la democracia y no podemos a dar a nadie la autoridad extrema sobre la vida y la muerte de todos los ocupantes del automóvil. Eso sería una dictadura. Abajo la dictadura", dicen a coro los otros ocupantes del auto.

"Si usted está preocupado acerca de la forma en que el coche va de lado a lado", continúa el primer orador, "olvídese de él ! Tenemos frenos maravillosos que evitan los choques nueve de cada diez veces. En nuestros caminos, la ruta es tan efectiva que uno puede viajar cientos de millas sin salirse de la pista una sola vez. Tenemos un sistema muy eficiente para llevar a los sobrevivientes de accidentes a hospitales cercanos y para barrer rápidamente los restos de la carretera para depositarlos en campos cercanos como recordatorio para el hombre de la inevitabilidad de la muerte".

Usted mira alrededor las pilas de los restos de accidentados y automóviles incendiados mientras el hombre continúa: "Impresionante, ¿no? Pero las cosas van a mejorar. Ve esos hombres fotografiando las huellas del auto que nos precedió? Ellos van a tomar esas fotos para ser analizadas en sus laboratorios y también tomarán fotos de nuestras rutas para analizar las características cíclicas de las curvas, su grado de regularidad, la distancia media de un giro a otro, la amplitud de las oscilaciones, y así sucesivamente.
Cuando hayan llegado a un acuerdo sobre su verdadera naturaleza podremos saber si se puede hacer algo al respecto. En la actualidad ellos están discutiendo si este movimiento cíclico se debe al tipo de superficie de la carretera o a su forma, o si es debido a la longitud del auto o al tipo de caucho de los neumáticos o al clima. Algunos de ellos piensan que será imposible evitar los ciclos a menos que regresemos al carro y al caballo, pero no podemos hacer eso porque creemos en el Progreso. OK, quiere un paseo? ".

El dilema entre salvar su pellejo y seguirle la corriente a los lunáticos se resuelve despertando de la pesadilla, y usted se siente contento de que los habitantes de su propio planeta sean un poco más razonables. Pero ¿son tan razonable sobre otras cosas como lo son sobre la conveniencia de que los automóviles tengan volante? ¿Es que no se comportan exactamente igual que los hombres de la pesadilla cuando se trata de conducir su sistema económico? ¿Acaso no están permitiendo que su automóvil económico rebote desde la depresión hasta la inflación en amplios y descontrolados giros? A través de sus fallos para alejarse del desempleo y evitar las fábricas inactivas no son tan culpables de los perjuicios y de la inseguridad públicas como los locos conductores de Marte?

1 Fragmento de Abba Lerner, Economics of Employment, New York: McGraw-Hill, 1951, p.3-4.

 2 Buck Rogers fue un personaje de ciencia ficción creado en 1928 por Philip Francis Nowlan que inspiró novelas, historietas, series de TV y varias películas en el cine.

25 may 2014

Finanzas Funcionales vs Finanzas Sanas y Restricción Externa


Abba Lerner
Por Matias Vernengo

Los manuales de economía tienen deficiencias elementales y omisiones importantes. La discusión de la política fiscal en los textos macroeconómicos es típica de los límites de la sabiduría convencional. Más allá de la noción de las finanzas sanas, que sugieren que los déficit fiscales son en general peligrosos, y la acumulación de deuda es negativa para el crecimiento a largo plazo, los manuales convencionales incluyen, a veces, la discusión de los elementos políticos de los ciclos de negocios. La teoría partidista desarrollada sugiere que los partidos políticos de izquierda tendrían una tendencia a expandir los gastos públicos con el objetivo de reducir el desempleo, mientras partidos conservadores buscarían reducir los gastos y equilibrar los balances públicos para mantener la inflación bajo control.

La Teoría de la Elección Pública argumenta de modo más dramático que los políticos son guiados por un deseo egoísta de ser reelegidos, y que los bajos niveles de desempleo, y alto crecimiento, serían la forma de conseguirlo. Por eso el sistema político tendría un sesgo hacia crecientes déficit y un aumento permanente del tamaño del gobierno. Según los autores de la Teoría de la Elección Pública, las ideas keynesianas habrían desatado al monstruo del Leviatán, y medidas drásticas como las reglas de presupuestos equilibrados deberían ser impuestas para evitar el desenfreno populista gastador del sistema político. No muy diferente de lo que tradicionalmente el Fondo Monetario Internacional en su demanda por superávit primarios permanentes en los países en vías de desarrollo, para evitar los excesos del populismo gastador.

Cuando se analizan los datos para Estados Unidos queda claro que los déficit fiscales se expandieron durante las administraciones republicanas, el partido tenido como conservador. Durante los gobiernos de James Carter (1977-1980), Bill Clinton (1993-2000) y Barack Obama (2009 hasta 2012), los déficit fiscales disminuyeron, mientras que en las gestiones republicanas ocurrió lo opuesto. Con Ronald Reagan (1981-1988) los déficit primero crecieron, como resultado de los recortes de impuestos y mayores gastos, pero se redujeron hacia el final del mandato, después de un aumento de los impuestos, algo que sería anatema para los economistas del lado de la oferta, los abanderados de la Reaganomía.

El mismo patrón se confirma cuando se miran el gasto público en lugar de los déficit. Los gastos caen con los tres gobiernos demócratas y aumentan durante los cuatro republicanos (Ford, Reagan, Bush I y II). El trastrueco entre demócratas y republicanos es sorprendentemente poco conocido. Antes de seguir debe quedar claro que hay diferencias fundamentales entre los viejos demócratas, los del New Deal, hasta el gobierno Kennedy/Johnson, para los cuales el propósito de la expansión de los gastos era la inclusión social, y los nuevos republicanos, de Reagan en adelante básicamente, que buscan aumentar el bienestar corporativo y menores impuestos para los ricos.

Parece claro además que las razones por detrás del cambio entre demócratas y republicanos tienen poco y nada que ver con las teorías discutidas, sino con lo que se ha llamado la estrategia de “matar de hambre a la bestia”, según la cual si se cortaran los fondos, el gobierno eventualmente se vería obligado a cortar los gastos, principalmente los gastos sociales.

Finanzas funcionales

Los autores de las llamadas finanzas funcionales, que son una extensión de las ideas de Keynes hacia la política fiscal, objetan que déficit y gastos sean siempre negativos y políticamente motivados, y sugieren que los déficit fiscales deben ser juzgados por su función en la economía. Gastos y déficit que sirven para aumentar el crecimiento económico en un escenario de tasas de interés bajas no sólo serían sostenibles sino que también serían esenciales para lograr ese objetivo. La relación deuda-producto neta (los pasivos que no están en manos del sector público) en Estados Unidos es de alrededor a 70 por ciento del PIB. Esa cifra no es demasiado elevada, ni comparativamente con otros países ni en términos históricos (el pico se observó a fines de la Segunda Guerra Mundial).

En el caso norteamericano, la deuda como proporción del PIB creció debido a mayores déficit desde los años ’80 (sea por la estrategia de “matar de hambre a la bestia”, sea por las recesiones), con la excepción del gobierno de Clinton. Pero también creció porque hasta antes del colapso de la burbuja de las puntocom, las tasas de interés eran más elevadas que la tasa de crecimiento de la economía. Hay que notar que el período histórico en que las tasas de interés fueron más bajas que las tasas de crecimiento, la llamada Era Dorada del Capitalismo, más o menos de finales de los años ’40 a principios de los ’70, fue una anormalidad. Sin embargo, los gobiernos todavía tienen una gran ventaja sobre los agentes privados en relación con gastar y endeudarse; los gastos del gobierno son suficientemente grandes para aumentar el nivel de ingresos generales, elevar la carga tributaria y así afectar positivamente sus propios ingresos.

Además, es importante notar que, para los que tienen miedo sobre el tamaño de la deuda pública en el crecimiento (como el ahora desacreditado trabajo de Carmen Reinhart y Kenneth Rogoff, de Harvard, que decía que una deuda-producto de más de 90 por ciento tendría un efecto negativo sobre el crecimiento), que el colapso de la burbuja inmobiliaria y la recuperación lenta han creado una situación donde las tasas de interés de la Fed van a permanecer en niveles bajos por un buen tiempo. Eso abre espacio para los gastos fiscales, no sólo en el centro, sino en la periferia, donde tasas de interés bajas en el centro crean condiciones financieras favorables.

Gasto público

Para los países latinoamericanos, la lección no es solamente que más que el tamaño del gasto o de los déficit lo que importa es cómo se gasta y para qué se acumula deuda (y no su tamaño), sino también, una vez que nuestros problemas están siempre relacionados con las cuentas externas, qué gastos que permiten crecer sin afectar demasiado, o incluso reduciendo las necesidades de importaciones, son sostenibles y esenciales para construir sociedades más justas y civilizadas.

En ese sentido, el “problema fiscal” que tanto preocupa a los economistas conservadores es menos una cuestión estrictamente fiscal, de la sostenibilidad de deuda, particularmente porque deuda denominada en moneda nacional no es particularmente riesgosa, sino los efectos externos de los gastos del gobierno.

Transferencias fiscales para los grupos más necesitados, y gastos en infraestructura, Investigación y Desarrollo (I+D), sabidamente promueven el crecimiento. El peligro no está en la acumulación de deuda, una vez que el crecimiento genera un aumento de los ingresos tributarios, sino en el posible cambio del patrón de consumo de las clases con menores ingresos y el aumento de las importaciones. Aquí esta el viejo dilema de los países latinoamericanos, cómo crecer incluyendo a las clases trabajadoras sin rebasar la restricción externa. La suerte es que las condiciones externas, en términos de liquidez internacional, por la recesión en el centro, y de espacio para políticas industriales, por cuestiones geopolíticas, son favorables.

 Si América latina las aprovechará, por cierto, es otra historia. Ojalá, como dice Lula, que la esperanza venza al miedo

* Profesor de Bucknell University y de la maestría en Desarrollo Económico de la Unsam.

Original: Cash

5 mar 2009

La obsesion por el déficit fiscal



¿Somos todos keynesianos?







Por Fabian Amico *

¿Somos todos keynesianos? ¿Vuelve Keynes? Parece evidente en estos tiempos de crisis doméstica e internacional. Cuando en 1971 Nixon dijo: “Ahora somos todos keynesianos”, la frase tenía un cierto sentido. Hoy es dudosa y ambigua. Stiglitz repitió hace poco que “ahora somos todos keynesianos, incluso la derecha en Estados Unidos se sumó al bando keynesiano con un entusiasmo desenfrenado”. Pero el propio Stiglitz sucumbe a la tradición keynesiana “bastarda” cuando se preocupa por el déficit fiscal. Propone: “Bajarles los impuestos a los pobres y aumentar los beneficios de desempleo, al mismo tiempo que se aumentan los impuestos a los ricos puede estimular la economía, reducir el déficit y disminuir la desigualdad”. Siempre la preocupación por el déficit. ¿Será keynesiana tal preocupación?
Esto forma parte de una tendencia más reciente, donde Keynes y Friedman ya no se oponen sino que “interactúan”: el Estado interviene en el plano fiscal (Keynes dixit) y la política monetaria se encuentra en manos “independientes” (Friedman dixit). Por caso, Nixon tenía a Friedman como asesor, y el mismo Milton llegó a decir: “Ahora somos todos keynesianos”, aunque más tarde aclaró: “En un sentido, ahora somos todos keynesianos; en otro, ya nadie es keynesiano”. Digamos: keynesianos retóricos, aunque no keynesianos sustanciales.
Entonces, ¿”somos todos keynesianos”? Para ver nota completa clickear aca


1 mar 2009

Crítica a la ortodoxia


La teoría económica dominante es impotente como paradigma explicativo de la realidad del capitalismo actual. La revista científica Nature postuló la necesidad de una “revolución científica” en la economía.



Por El Grupo Lujan

La revista Nature destacó la incapacidad de los economistas en “prever y evitar las crisis”.
La crisis sistémica mundial dio lugar para que se cuestionara el saber económico, por décadas incuestionado, al punto de tener durante los ‘90 y redivivos aún gurúes neoclásicos de distinta orientación, pero coincidiendo en un núcleo neoclásico devenido políticamente en “neoliberal”. Recientemente, la revista científica Nature Nº 455 (octubre/2008) postuló la necesidad de una “revolución científica” en la economía, reconociendo la incapacidad de los economistas en “prever y evitar las crisis”, en haber asumido al mercado como ídolo, y acusándolos de hacer propaganda en vez de ciencia.
La importancia de la crítica teórica en la economía suele ser ignorada en el plano de la aplicación política, ya no por economistas ortodoxos sino por la mayoría de los considerados heterodoxos. Lo que es permitido cuestionarse –limitadamente– en la academia, es olímpicamente ignorado a la hora de tomar medidas de política económica.
Un punteo de temas muy cuestionados en la teoría económica actual y que son ignorados: ¿qué posibilidades hay de que la economía deje de mostrar un supuesto pensamiento de “expectativas racionales” siempre frustradas por la realidad? Veremos rápidamente que, durante el siglo XX, distintos problemas (puzzles) para la teoría ortodoxa fueron respondidos por economistas heterodoxos, que fueron olvidados o desplazados de los manuales (de)formadores de economistas.
Para analizarlo, partiremos de un economista de perfil bajo, Piero Sraffa (1898-1983)

Para ver todo el texto, clickear aca, o aca