El viejo Almacén. BsAs

Surplus Approach

“Es necesario volver a la economía política de los Fisiócratas, Smith, Ricardo y Marx. Y uno debe proceder en dos direcciones: i) purgar la teoría de todas las dificultades e incongruencias que los economistas clásicos (y Marx) no fueron capaces de superar, y, ii) seguir y desarrollar la relevante y verdadera teoría económica como se vino desarrollando desde “Petty, Cantillón, los Fisiócratas, Smith, Ricardo, Marx”. Este natural y consistente flujo de ideas ha sido repentinamente interrumpido y enterrado debajo de todo, invadido, sumergido y arrasado con la fuerza de una ola marina de economía marginal. Debe ser rescatada."
Luigi Pasinetti


ISSN 1853-0419

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7 oct. 2020

¿Por qué para los economistas locales todo es inflacionario? Parte I

 


Joaquín Sostoa y Rubén Alderete profundizan en el fenómeno inflacionario. En esta primera entrega, analizan las causas de la inflación desde el llamado «Nuevo Consenso Macroeconómico», que resume las posiciones de las escuelas más ortodoxas, mayoritaria entre los economistas paraguayos.

Por: Joaquín Sostoa y Rubén Alderete, miembros de @elexcedente

Para muchos economistas locales todo es susceptible de ser inflacionario. Hoy día, el fenómeno inflacionario se ha convertido en el gran cuco que sueltan muchos analistas para justificar distintas medidas de política económica, principalmente ajustes fiscales o la venta de activos públicos. Podemos ejemplificar esto de la siguiente manera. En algunas entrevistas de meses anteriores (Ver Aquí y Aquí) el economista y ex Ministro de Hacienda Manuel Ferreira había afirmado que financiar el déficit público con emisión monetaria podría ser inflacionario, por lo que dio a entender que la única opción económicamente viable era la deuda externa. En una opinión reciente , difundida en un editorial del diario ABC, éste da a entender que, debido al crecimiento de la deuda, si el gobierno no realiza un ajuste fiscal la consecuencia inexorable será el aumento inflacionario.

Aunque una gran cantidad de economistas pueda caer en contradicciones al señalar en diferentes ocasiones que la causa de la inflación “es la emisión”, “la deuda” o “el déficit fiscal”, lo cierto es que el único mecanismo de transmisión consistente con la propia teoría del grueso de los economistas es el exceso de demanda agregada, más allá de si éste haya sido generado vía emisión, deuda externa o solo el aumento del gasto público como proporción del PIB, sin ningún tipo de “desequilibrio fiscal”. Es por dicho mecanismo de transmisión que cualquier posible aumento de la demanda en general, casi sin importar el contexto u otras variables, suele ser utilizado como argumento para justificar distintas medidas de política económica.

En este artículo veremos cómo la teoría neoclásica o marginalista, adoptada por la mayoría de los economistas locales puede explicar la inflación. También, mostraremos algunas condiciones o supuestos sumamente restringidos que deben cumplirse para aceptar sus explicaciones como válidas. Finalmente, brindaremos una breve explicación alternativa del fenómeno inflacionario, teniendo en cuenta las críticas y las complicaciones de la teoría neoclásica.

La inflación y las explicaciones ortodoxas

Aunque los economistas caigan en una especie de multicausalidad y sobredeterminación de un fenómeno, haremos el esfuerzo en aclarar cómo desde la teoría neoclásica o corriente principal (seguida por la mayoría de los economistas locales) se logra explicar la inflación. Para empezar, una teoría debe establecer mecanismos de transmisión. Cómo es que una variable (o varias) puede impactar en el comportamiento de las decisiones de fijación de precios de manera general de las empresas de una economía. El único mecanismo completamente consistente con la teoría neoclásica es el exceso de demanda agregada sobre la oferta agregada.

La corriente principal posee diversas ramificaciones, la tradición explicativa contemporánea de la inflación se remonta a lo que conocemos como “monetarismo”. El monetarismo, cuyo mayor exponente es Milton Friedman, surgió en reacción al neokeynesianismo (síntesis neoclásica-keynesiana) tras segunda Guerra Mundial. La síntesis neokeynesiana gozó de gran influencia política y popularidad hasta mediados de la década de 1970.

Esta escuela promulgaba el manejo de la demanda agregada principalmente a través de herramientas fiscales, con el objetivo de mantener el pleno empleo de la capacidad productiva y la fuerza de trabajo, al menos en teoría a corto plazo. Dichas conclusiones tuvieron cabida debido al principio de demanda efectiva, que planteaba, entre otras cosas, que no existía ninguna tendencia natural del sistema hacia el pleno empleo, es decir, no porque dejemos a las fuerzas del mercado actuar libremente éstas ajustarán los factores vía el sistema de precios hasta que todos estén empleados. El problema del empleo se vuelve un problema de insuficiencia de demanda efectiva, no de imperfecciones en el mercado de trabajo. En suma, existía el consenso de que el Estado poseía la capacidad para aumentar la producción y, por consiguiente, el empleo de la economía. El aumento del gasto podría generar “efectos reales” en la economía.

Intentando debatir con estas ideas, Milton Friedman trató de neutralizar teóricamente dicho “efecto real”, utilizando para tal fin modelos “pre-keynesianos”. Estas concepciones retomaban en la teoría neoclásica inicial de finales del siglo XIX, donde la oferta vuelve a cumplir el papel preponderante, y el sistema solo debe ser dejado a su libre albedrío para generar el máximo empleo posible. Dentro de este marco teórico, la única causa del desempleo solo se encuentra en la presencia de “rigideces” u obstáculos en el sistema de precios, como impuestos, regulaciones o legislación laboral, como así también la presencia de sindicatos. Para el monetarismo, entonces, eliminando este tipo de “imperfecciones artificiales” lograríamos vivir en el mejor de los mundos posibles.

También, el pensamiento de Friedman poseía una gran influencia de Knut Wicksell (economista sueco neoclásico de finales del siglo XIX). Wicksell postulaba la existencia de una “tasa natural de interés”, es decir, una tasa de interés que equilibraba la oferta y la demanda de ahorro o capitales, y que era consistente con el pleno empleo de la economía. Si el Banco Central estipulaba una tasa de interés efectiva por debajo de esta tasa de interés natural, el gasto aumentaría debido a que un precio más bajo del capital generaría un exceso de “préstamos” (por ejemplificarlo de alguna manera) en relación al ahorro acumulado en la economía. Como para los neoclásicos la economía se encuentra normalmente en pleno empleo, el exceso de créditos aumentaría la demanda agregada, pero esta última solo aumentaría los precios debido a que, en una situación de capacidad completamente utilizada, es imposible aumentar la producción. Por lo tanto, en pleno empleo la respuesta a un aumento de la demanda global es más inflación, no más crecimiento.

El lector atento se percatará que en todas estas teorías neoclásicas existe la tendencia natural al pleno empleo. Friedman, entre otros, realiza una pequeña variante y teoriza lo que podemos llamar “el gemelo malvado” de la tasa natural de interés, es decir, la “tasa natural de desempleo” (Tasa de desempleo no aceleradora de la inflación o NAIRU por sus siglas en inglés). Utilizando la misma lógica, en este modelo existe una tasa de desempleo natural en el sistema hacia la cual la economía tiende por sí sola. Dichos desempleados naturales no son más que “desempleados voluntarios”. Cualquier nivel de desempleo menor a la tasa de desempleo natural solo aumentaría la inflación. Por lo tanto, debe existir un nivel de gasto consistente con dicha tasa natural.

Dicho esto, podemos entender a qué se debe la creencia de que todo aumento del gasto o de la “oferta monetaria” genere un aumento generalizado en el nivel de precios. Si tomamos la versión estándar y popular de la teoría cuantitativa del dinero de Friedman en la que solo las variaciones en la masa monetaria (M) modifican la variación del nivel de precios (P) es decir, la inflación (La  identidad contable de la teoría cuantitativa puede describirse como: Masa Monetaria (M) x Velocidad del dinero (V) = Nivel de Precios (P) x Producción(Y)), podemos dar cuenta de que un aumento en M (masa monetaria) siempre aumentará P (nivel de precios), porque suponemos que Y (la producción) siempre es de pleno empleo y V (la velocidad del dinero) es una constante. Por lo tanto, en la identidad contable encontrada entre paréntesis la inflación solo se modificará ante cambios en la masa monetaria, debido a que la producción es de pleno empleo y la velocidad del dinero es constante.

De todas formas, siendo justos con Friedman, éste no postulaba que en todo momento un aumento del gasto (o de la masa monetaria) podría solo generar inflación. De acuerdo con este economista, existía un “corto plazo” en el que el aumento del gasto podría también aumentar el nivel de empleo. Si, por ejemplo, nos encontramos en una situación en la que el nivel de desempleo es igual a la tasa natural y el gobierno efectúa una política fiscal expansiva para aumentar el empleo, la tasa de desempleo bajaría por debajo de la tasa natural, pero los precios también subirían después de un tiempo, por lo que los nuevos trabajadores empleados se darían cuenta que perdieron poder adquisitivo y dejarían de nuevo sus empleos. Sufrieron una “ilusión monetaria”. Por lo tanto, el desempleo volvería a su nivel natural, pero a diferencia del escenario inicial, nos quedaríamos con un mayor nivel de inflación. En suma, cualquier intervención del Estado para aumentar el empleo, terminaría en lapso de tiempo en un inútil intento cuya consecuencia sería el aumento de la inflación.

Solo fueron los teóricos, también neoclásicos, de las expectativas racionales (como Robert Lucas, también llamados Nueva Macroeconomía Clásica o Nuevos Clásicos) los que llevaron al extremo las ideas de Friedman y eliminaron ese corto plazo donde la política fiscal podría tener también algún efecto en el empleo. Para esta corriente del marginalismo, cualquier intento del Estado por reducir el desempleo terminaría inexorablemente en un aumento de la inflación, sin ningún corto plazo donde el desempleo disminuya ni por una “ilusión monetaria”. Bajo este engranaje teórico, no hay nada que podamos hacer más que dejar actuar a la oferta y la demanda en el mercado de trabajo libremente. Esto también incluye eliminar las restricciones que molesten a su libre funcionamiento. El remedio se vuelve peor que la enfermedad.

Los Nuevos Keynesianos (como Krugman o Stiglitz) no se quedaron de brazos cruzados y debatieron contra esta vertiente “ultra ortodoxa” de la economía neoclásica. Pero, al fin y al cabo, no supusieron una ruptura con esta corriente y terminaron aceptando varios de sus planteamientos, como la tasa natural de interés o de desempleo. Siguiendo a Matías Vernengo,  la diferencia es que algunos hacen hincapié en los principios neoclásicos a largo plazo (Nuevos Clásicos) y otros en la rigidez (o como vimos, restricciones) a corto plazo (Neokeynesianos). En otras palabras, para ambas escuelas el sistema teórico neoclásico es válido (la tendencia al pleno empleo) solo que los neokeynesianos intentan teorizar fallas de mercado o imperfecciones en el sistema neoclásico, que, en última instancia, justifican intervenciones públicas para corregir dichas fallas en el corto plazo.

Ambas vertientes dentro de la corriente principal terminaron sintetizándose en lo que conocemos como Nuevo Consenso Macroeconómico (NCM), del cual uno de sus máximos exponentes es el francés Olivier Blanchard. La gran propuesta de “metas de Inflación” fruto de este consenso nos es de ayuda para entender cómo actualmente los economistas ortodoxos ven el fenómeno inflacionario. Sin ánimos de ir más lejos de lo ya expuesto, la idea básica detrás de las metas de inflación se encuentra en un modelo que ya vimos: la tasa de interés natural de Wicksell. Pero así también fue reformulada con la teoría de la tasa natural de desempleo.

Un Banco Central (BC) debe ser “independiente” (blindado de presiones políticas), para colocar la tasa de interés efectiva en el nivel de la tasa natural de interés. Este posicionamiento de la tasa de interés generaría el nivel de gasto correspondiente con la tasa de desempleo natural, tasa que no acelera la inflación (NAIRU). A diferencia de la teoría de Friedman, en este modelo la variable a controlar por el BC es la tasa de interés y no la masa monetaria. La cantidad de dinero en la economía se ajusta a dicha tasa de interés. El monetarismo abandonó los controles de masa monetaria porque es imposible controlar dicha variable de manera directa. Como afirmó Gerald Bouey, expresidente del Banco Central de Canadá: “Nosotros no abandonamos a las metas monetarias: ellas nos abandonaron a nosotros”.

Por lo tanto, la inflación vuelve a ser explicada por el lado de la demanda, en situaciones de tendencia hacia un pleno empleo (o variaciones de este). También la teoría carga con otros supuestos importantes, entre los cuales nos parece categórico citar los siguientes.  El primero: que los shocks de costos (aumentos o disminuciones bruscas en los costos de las empresas) son aleatorios, causados, por ejemplo, por cosechas agrícolas abundantes o excepcionalmente bajas. Por lo tanto, cualquier shock de oferta (salarios, tarifas, tipo de cambio) tiene media cero, lo que significa que en largos periodos los efectos positivos y negativos se cancelan. En caso de un shock de oferta, lo más probable es el BC decida no actuar por considerarlo temporal.

Otro supuesto relevante de este último modelo es la inercia plena o completa. Esto quiere decir que la inflación pasada se incorpora totalmente a los precios actuales. La independencia del producto potencial o no existencia de histéresis en el producto también juega un rol fundamental en dicho modelo, pues si el producto potencial (el nivel de producción de una economía que utiliza toda su capacidad instalada, cosa que no es observable) no se mueve o no crece cuando crece el producto efectivo de la economía (el nivel del producto que podemos observar y nos permite medir el crecimiento económico), la existencia del pleno empleo es mucho más factible. En cambio, si suponemos la existencia de histéresis, y el producto potencial crece cuando crece también el producto efectivo entonces el pleno empleo difícilmente se logre, a causa de que “la brecha del producto” siempre será “holgada”. Como veremos, estos supuestos ad-hoc carecen de fundamentos teóricos y empíricos sólidos.

¿Existe realmente una tendencia hacia el pleno empleo?

Para asumir como válido el supuesto de pleno empleo, uno debería poder demostrar su validez teórica. Para esto, el marginalismo utiliza el principio de sustitución de los factores productivos (tierra, trabajo y capital). Este principio postula que si los precios relativos de los factores de producción son flexibles (se modifican de acuerdo a excesos de oferta o demanda), y existe un efecto de sustitución entre los mismos (es decir, aumenta la demanda relativa por el factor más barato ante un cambio de los precios relativos), una economía de mercado competitiva tenderá al pleno empleo de sus factores productivos.

Este pleno empleo de los factores de producción se llevará a cabo mediante la interacción de dos procesos: en el primero de ellos, la sustitución de capital por mano de obra (o tierra) podría permitir la utilización de cualquier cantidad de trabajo (o tierra) dada una cantidad inicial de capital, siempre que el precio de ese factor, en este caso, el salario real (o la renta de la tierra) haya caído lo suficiente. De esta manera, el uso adicional de trabajo (o tierra) tendría el efecto de incrementar el nivel de producto potencial.

Este proceso implica que no existe desempleo estructural o tecnológico. No se considera, por lo tanto, que el pleno empleo de la dotación de capital dada no pueda emplear completamente al factor trabajo. La permanencia del desempleo cuando la economía opera a plena capacidad se debería, en este caso, a que el salario real no ha caído lo suficiente.

En el segundo proceso, la sustitución de trabajo (o tierra) por capital permitiría que cualquier incremento en el producto potencial que no sea destinado al consumo pudiera ser utilizado para satisfacer una mayor demanda de inversión, siempre que la flexibilidad de la tasa de interés permita que esta caiga a niveles en que los métodos de producción que requieran de mayor capital se vuelvan rentables.

Dicho proceso implica que los recursos productivos (trabajo y capital) no pueden estar subutilizados debido a una falta de demanda monetaria final para los bienes producidos con esos factores. Es decir, todo aquello que se produce se venderá de manera rentable.

 Original

 

Enlaces a los textos mencionados en el artículo:

https://www.abc.com.py/nacionales/2020/05/08/exministro-senala-que-si-se-recortan-
gastos-extraordinarios-el-pais-podra-endeudarse-mas-para-la-recuperacion-de-la-
crisis/

https://www.ultimahora.com/reactivacion-ex-ministros-piden-prudencia-deuda-
n2884101.html

https://www.abc.com.py/edicion-impresa/editorial/2020/08/24/a-no-esperar-la-
inflacion-para-las-medidas-drasticas/

http://grupolujan-circus.blogspot.com/2011/09/lucas-en-contexto-keynes-fuera-de.html

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