El Viejo Almacen -Bs.As.

Surplus Approach

“Es necesario volver a la economía política de los Fisiócratas, Smith, Ricardo y Marx. Y uno debe proceder en dos direcciones: i) purgar la teoría de todas las dificultades e incongruencias que los economistas clásicos (y Marx) no fueron capaces de superar, y, ii) seguir y desarrollar la relevante y verdadera teoría económica como se vino desarrollando desde “Petty, Cantillón, los Fisiócratas, Smith, Ricardo, Marx”. Este natural y consistente flujo de ideas ha sido repentinamente interrumpido y enterrado debajo de todo, invadido, sumergido y arrasado con la fuerza de una ola marina de economía marginal. Debe ser rescatada."
Luigi Pasinetti


ISSN 1853-0419

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13 jul. 2015

Eduardo Crespo sobre Brasil: "el PT nunca puso en discusión el modelo macroeconómico heredado de la época de Fernando Henrique Cardoso"

 Reportaje completo realizado por Claudio Scaletta







Eduardo Crespo es un economista y politólogo argentino que reside en Brasil y enseña en la Universidad Federal de Río de Janeiro. Referente de la corriente heterodoxa, fue durante los últimos años un observador privilegiado del proceso brasileño. En diálogo con Cash describe la evolución Lula-Dilma y sostiene que el PT, a pesar de haber realizado importantes mejoras sociales, nunca discutió el modelo macroeconómico neoliberal heredado de la época de Fernando Henrique Cardoso y tampoco recuperó “la agenda del desarrollo”. Afirma que el actual ajuste ortodoxo de Dilma, en un contexto internacional desfavorable, llevará a la economía “al desastre”.

--¿Existe un giro ortodoxo en Brasil?
--No lo plantearía de esa forma. Entre 2003 y 2014 el gobierno del PT se caracterizó por sus rasgos populares en lo que refiere a la distribución del ingreso y a la posición de los trabajadores en el sistema económico y político. De trabajadores y, como dice André Singer, de sectores que están incluso por debajo de los trabajadores, lo que en la literatura brasileña se denomina el subproletariado, que va desde campesinos hasta sectores marginales urbanos. Es decir; no el obrero típico con el overol y la chimenea de la fábrica, sino el vendedor ambulante, el que vive en una favela haciendo changas, al campesino nordestino que vive con una vaca y dos gallinas. Todos ellos mejoraron mucho su posición social desde 2003 en adelante. El contexto internacional fue muy favorable, con mejora de los términos del intercambio, reducción de las tasas de interés, mayor liquidez global, aumento exponencial de los ingresos por exportaciones, es decir; se relajaron mucho las condiciones externas y eso fue aprovechado para aumentar el salario mínimo. Mejoró la distribución del ingreso, el índice de Gini. Se estuvo en la tónica de otros gobiernos de América del Sur durante esos años, como Argentina, Bolivia y Venezuela.

--¿Esto cambió con la llegada de Dilma Rousseff?
--Podemos decir que la tendencia a mejorar los salarios y la distribución del ingreso fue durante el primer gobierno de Lula, mucho más durante el segundo y en alguna medida continuó durante el primer mandato de Dilma. Hubo planes diversos como el “Bolsa familia” o el “Mía Casa, Mía Vida” para acceder a la vivienda y, muy importante, el proceso de formalización en el mercado de trabajo en un país donde la mitad de la población fuera del sistema, lo que permitió el acceso al crédito, al primer electrodoméstico o hasta un autito. Hubo mayor acceso a la educación, incluida la universitaria, mejores condiciones de salud, muchas mejoras sociales importantes. En contrapartida, el PT nunca puso en discusión el modelo macroeconómico heredado de la época de Fernando Henrique Cardoso. Si se observa la evolución de los indicadores sociales durante estos años cualquiera de ellos da una mejora y esto no puede ser cuestionado. Esto es así más o menos como en cualquier otro país de América Latina. 

--¿Es acompañamiento de una tendencia o más intervención pública? ¿El caso argentino no tiene diferencias?
--Se puede decir que Argentina mejoró más, pero es porque se compara contra la debacle de 2002. Brasil no se derrumba en 2000. Hablo de una mejora en relación al promedio de la década del 90. Y el gobierno también hizo lo suyo. Hubo políticas concretas como las que mencioné, la decisión de aumentar el salario mínimo, la reapertura para concursos públicos en el Estado, los planes sociales, de vivienda, de salud, de educación. Se aprovecharon las mejoras de los indicadores macroeconómicos para hacer mejoras sociales. Es en este sentido que Brasil fue parte de la tónica general. Ahora, desde el punto de vista macroeconómico, en Brasil nunca se cuestionó el combo tradicional de metas de inflación (que consiste en subir tasas, apreciar el tipo de cambio por entrada de capitales y por la vía de costos contener la inflación) y la ley que establece una meta de superávit primario como una cuestión religiosa. En Estados Unidos, por ejemplo, existen metas de inflación, pero también metas de empleo.

--Una digresión ¿está mal proponerse metas de superávit fiscal?
--Está pésimo, fundamentalmente porque el superávit fiscal tiene mucho de endógeno. Usted puede tratar de regularlo con los impuestos y con el gasto, pero nunca puede regular exactamente cuánto recauda. En una economía en recesión se recauda menos, en una en expansión más, independientemente de cuál sea su política fiscal.

--¿Es imposible proponerse una meta de gasto, con prescindencia de los ingresos?
--Esa sería otra discusión mucho más general. Me está preguntando cuáles serían los límites de la política fiscal. Si es en su propia moneda, como sería el caso de Brasil, el déficit no acarrea endeudamiento externo ni nada por el estilo, con lo que los límites no son muy precisos. Si hablamos concretamente del caso brasileño no hubo en absoluto una trayectoria de deuda insustentable. Menos aun cuando la economía crecía. Pero además de no cuestionar el paquete macroeconómico tradicional, hay un tercer punto aún más importante, no hubo ningún intento por retomar el paquete del desarrollo. 

--¿En qué consiste ese paquete desarrollista?
--Lo que Brasil tuvo desde los años 30 hasta por lo menos los 80, cuando fue uno de los países que más creció en el mundo junto a Japón. Las políticas concretas de desarrollo cuando aparecen cuellos de botella o cuando se desea sustituir algo o cuando se quiere promover algún sector, la creación de empresas públicas, la inversión pública, los subsidios. Todo lo que fue el período Getúlio Vargas o de Juscelino Kubitschek o incluso de la dictadura. Cuando se enfocaban en algún sector y se creaba una empresa pública, se ponía dinero, se ponían los mejores técnicos y una década después se tenían varios éxitos. No hay ningún sector productivo brasileño relevante que no haya surgido de la iniciativa estatal. Petrobrás es una empresa pública, el mineral de hierro, Vale, era una empresa pública, Electrobrás era una empresa pública, también la banca de desarrollo que permitió todo eso. Hasta el boom de la agricultura está relacionado con una empresa pública, Embrapa, que fue la que convirtió una agricultura tropical en otra altamente competitiva por primera vez en la historia. Todo eso fue impulsado por el Estado, se interrumpe en los 80 y nunca fue retomado, tampoco en los 2000. Las claves entonces son que no se cuestiona la agenda macroeconómica hacia una más heterodoxa y no se produce “la retomada” de la agenda desarrollista. Y una política redistributiva sin desarrollo tiene un límite. En esto digo que fue similar al conjunto de América Latina, donde no existió un salto cualitativo en la producción. Hubo crecimientos cuantitativos y mejoras distributivas, pero no cambios en la matriz productiva. Y no está claro tampoco que se lo haya promovió en ningún lado. En este sentido Brasil no se sale mucho del denominador común.

--¿Tampoco Argentina?
--Tampoco. ¿Qué se generó de nuevo en materia de desarrollo en Argentina? Quizá podríamos decir YPF desde su reestatización parcial, pero no mucho más. No hay una política general, no hay nada como un plan quinquenal. Por otro lado el PT, su ideología, sus intelectuales, no van mucho más allá de esa cuestión distributiva en la medida que se sustente.

--Sin embargo recuerdo que en la última campaña electoral había un spot publicitario en contra de la independencia del Banco Central.
--Lo de la campaña se puede tomar como algo de color, como algo folclórico. El PT se izquierdiza en las campañas. Pero nunca se cuestionó la independencia del Central. Con sus más y sus menos aquí nunca hubo una Marcó del Pont, ni nadie que proponga una reforma de la Carta Orgánica. La planta del Banco Central o son tecnócratas de carrera o son gente del poder financiero. Para traducirlo a términos argentinos, hubo una continuidad de los Redrado o de los Prat Gay.

--¿Entonces el ajuste no es estrictamente atribuible a Dilma?
--En realidad Lula ya hace un fuerte ajuste ortodoxo en el primer año de su gobierno, en 2003. De alguna manera eso sirve de justificación para el ajuste actual porque al año siguiente la economía creció fuerte. Lo que no se aclara es que aquel despegue coincidió con el viento de cola, con mejora en los términos del intercambio y en las condiciones financieras internacionales. Hoy ese viento de cola no existe y el ajuste será un desastre. Desde el punto de vista macroeconómico el PT nunca abandonó una posición claramente neoliberal. Nunca fue otra cosa, lo mismo que desde el punto de vista del desarrollo.

--¿Es incorrecta la analogía entre la ideología del PT y la del peronismo?
--Yo no soy un especialista en el PT, lo que le diría es que intelectualmente, socialmente, por las figuras que lo componen, por el hecho de tener su matriz en San Pablo, el PT tiene muchas menos probabilidades de retomar la agenda desarrollista que el FpV. Para decirlo crudamente, veo mucho más probable el desarrollismo en Scioli que en Lula. Pero además el PT es un partido mucho más débil que el PJ, que es un partido dominante en Argentina desde hace muchos años, domina la mayoría de las provincias, las legislaturas, tiene figuras en todo el territorio. El PT en cambio tiene pocas figuras y tiene que recurrir a una estructura de alianzas tan heterogénea que va desde la ultraderecha hasta sectores de la teología de la liberación. El gobierno del PT es una alianza compleja y uno de los grandes problemas actuales es que esa alianza se rompió.

--¿Por qué Lula termina con niveles de popularidad tan altos?
--Recapitulo. En 2003 se hace un ajuste, pero después la economía creció un poco, menos que el resto de América latina, pero creció. Luego, en el medio de una crisis política importante derivada del escándalo del mensalão, Lula resulta reelecto y su segundo gobierno, precisamente por ese proceso de corrupción que alcanzó a parte de la alianza, le permitió ganar cierta autonomía e impulsar una macroeconomía un poco más heterodoxa con el PAC, el Programa de Aceleración del Crecimiento, que fue un programa de obra pública en infraestructura, en mejoras urbanas en barrios, en autopistas. Y hubo un impulso más sostenido a la inversión estatal vía empresas públicas, como Petrobras. Su segundo período fue bastante más exitoso, en todos los planos, se creció bastante, continuó mejorando la distribución del ingreso y todo indicaba que se iba en la dirección de recuperar la agenda desarrollista, aunque sin cuestionar el esquema macroeconómico neoliberal. Esto fue además favorecido por la crisis internacional. En el momento que se produce Brasil sufre el shock, entra en recesión en 2009, pero en 2010 hay una decisión de salir de la crisis con medidas contracíclicas generosas. Ese año la economía crece el 7,5 por ciento, la inversión en torno al 10 y la industria también crecía más del 10. En 2010, cuando se sale de la crisis, se tenía la sensación de que era la hora de Brasil. Que se estaba al borde de un salto, que había llegado el momento brasileño. The Economist mostraba en tapa al Cristo despegando, se instalaba la idea de los BRICS y de que el país iba camino a convertirse en uno de los grandes protagonistas de la economía mundial. Todo eso coincidió con la nominación como sede de la copa del mundo primero y después de los juegos olímpicos. Brasil era una fiesta, con todos los indicadores mejorando, entrada de capitales, inversiones, la agenda desarrollista, la integración latinoamericana. Era su momento. 

--¿Ahí es cuando sube Dilma?
--Dilma sube en enero de 2011, pero incluso unos meses antes se comenzaron a tomar medidas orientadas a desacelerar, porque se decía que la economía estaba “recalentada”, que las medidas anteriores habían sido contracíclicas y que ya era suficiente. Ahí empezó toda la campaña del recalentamiento y de que eso generaba inflación, etc. Desde entonces, y ya con Dilma, se implementan un conjunto de medidas fiscales, crediticias y monetarias orientadas a enfriar. El gasto no se redujo, pero claramente se produjo una desaceleración, con una caída de la inversión pública vía empresas. Al principio también se usó la tasa de interés, todas esas medidas “macro prudenciales” que apuntaron a frenar la expansión del crédito al consumo. Desde entonces la economía se desaceleró y no volvió a recuperarse nunca más. Del 7,5 de crecimiento del PIB en 2010, ya en 2011 se pasó a poco más de tres, en 2012 al uno y algo, en 2013 algo más de dos y en 2014 cero. No se recuperó más.

--Más que de un giro neoliberal en 2015, lo más claro sería hablar del abandono del paréntesis social.
--Sí, se terminó el paréntesis social y lo que tenemos hoy es una recesión abierta, aumento del desempleo, caída del salario y consumo estancado, con el nivel de endeudamiento de las familias en un techo. No hay viento de cola internacional y el congreso vota una tercerización laboral y la reducción del presupuesto en educación  y en salud. La devaluación, de 2011 a hoy, fue de alrededor del 50 por ciento, y con cero efecto sobre las exportaciones que este año crecen el 0,4 por ciento. Las importaciones están estancadas por la recesión.

--¿Por qué cree que se insiste en recetas que probadamente no funcionan?
--Es un tema de interpretación. Creo que el PT está muy permeado por intereses conservadores, por empresarios, banqueros. También que se asustaron con las movilizaciones de 2013, que estaban vinculadas todavía con la insatisfacción por las mejoras, algo así como reclamos de segunda generación. Hubo mejoras sociales que no fueron acompañadas paralelamente con el desarrollo de servicios o infraestructura adecuada. Por ejemplo, creció mucho la venta de autos pero el tránsito es insoportable, San Pablo tienes problemas de agua. En la elite brasileña hay algo de lo que usted escribió que podríamos llamar “miedo kaleckiano”, en el sentido de “Aspectos políticos del pleno empleo”, decir bueno, tenemos que parar la pelota con la inclusión porque siempre quieren más y se vuelve inmanejable. Ese miedo preventivo se agrava con las movilizaciones de la derecha en la última campaña electoral y las actuales. A eso se suma que se quebró la alianza que sustentaba al gobierno en el Congreso y que Dilma está fuertemente jaqueada por el episodio de corrupción de Petrobras, que alcanza a importantes figuras del gobierno y que podría terminar en un juicio político a la presidenta. Por ponerlo de manera simple. No está garantizado que Dilma termine su mandato. La popularidad del gobierno ya está en apenas un dígito.

--¿Pero por qué es tan fuerte el cuestionamiento de la elite a Rousseff si, después de todo, está llevando adelante el ajuste ortodoxo?
--Eso está en línea con el análisis político equivocado del propio PT, que creyó que si hacía concesiones bajaría la tensión política. Lo que sucedió, en cambio, fue que la derecha olió sangre y se abalanzó sobre esa sangre. Ahora va por todo. No se hará cargo de las consecuencias del ajuste, al contrario, aprovechará para profundizar la crisis y, si es posible, voltear al gobierno o que llegue muy debilitado a las elecciones. El proceso de derechización en Brasil es monumental. No tiene nada que ver con el proceso argentino o con el microclima porteño. La alternativa es este ajuste con Dilma y el poder financiero o algo muchísimo peor con la oposición.

--¿Qué podría ser peor?
--Un neoliberalismo más crudo, del otro lado se tiene a quienes nunca quisieron ninguna reforma social. No sólo el ajuste sino volver para atrás. No se olvide que este es un país con tradición esclavista, con gente que piensa que nunca tendría que haber aumentado el salario mínimo, que el Bolsa Familia es una aberración.

--¿Y las clases medias que rol juegan?
--Son las más reaccionarias. La clase media porteña argentina es progresista al lado de la brasileña. Para un empleado de ingresos medios aquí es absolutamente normal, un derecho humano, tener mucama, niñera, portero, jardinero, una amplia servidumbre. No estoy hablando de gerentes, sino de simples empleados. Esta gente odia al PT. La gran pregunta es qué pasará con los sectores populares que en la última década comenzaron a tener consumos de trabajador normal, se compraron un auto, una casita, un electrodoméstico, o viajaron. Gente que por primera vez se fue de vacaciones a algún lugar de su propio país o incluso llegó a Buenos Aires ¿Y ahora se lo van a quitar? Lo veo difícil, por eso creo que Brasil afronta una próxima década de altísimas tensiones.

Límites para la integración
--¿Cómo queda en este panorama el futuro del Mercosur?
--La integración bajo pautas neoliberales no va a ningún lado. La prueba es la propia Europa que siempre fue el modelo sin teoría de la integración. El capitalismo tiene pautas muy claras. Por ejemplo hacia la aglomeración; para lo cual tiene que haber alguna contratendencia, porque no es verdad que todas las regiones se desarrollan en paralelo. ¿Quién dijo que si se hace una integración entre países permitiendo “la libre movilidad de los factores”, eso va a generar un desarrollo equilibrado para todas las partes? Todavía recuerdo cuando se hablaba de “la integración de las políticas macroeconómicas”, una pavada ¿Qué macroeconomía se va a integrar hoy entre Argentina y Brasil? ¿La macroeconomía neoliberal? ¿Hoy habría que estar haciendo un ajuste en Argentina? ¿Integración monetaria? No hay ninguna integración macroeconómica posible. No hay ningún plan de desarrollo común. Brasil se opone a eso en este momento. Bajo pautas neoliberales cualquier integración es contraproducente. No es lindo decirlo. Nos gustaría otra cosa. Pero hay que ser realistas.

--¿Cuál sería la integración posible?
--Lo que se hace en Asia sin decirlo. Empezaría por la infraestructura común. Caminos, trenes, puentes, puertos, gasoductos, energía. Todo ello mejora la competitividad común. Y antes que en libre comercio pensaría en compensaciones comercial por los excedentes que favorecen a un lado u otro. El más fuerte tiene que compensar al más débil, sino no es viable, pero no me imagino hoy a Brasil compensando a Uruguay o a Paraguay. Políticas macroeconómicas ciertamente no, porque de pronto un país quiere ir para un lado y otro para otro.

La representación del desarrollo
--¿No hay en Brasil fracciones políticas, o de clase, o partidarias que encarnen la agenda del desarrollo?
--No, no lo hay y ese es el gran problema. Por un lado hay una izquierda que quedó atrapada en la lógica del PT, es decir, que no puede atacarlo sin jugar para la derecha ni puede defenderlo porque las políticas de hoy son indefendibles. Y por otro lado están las propias limitaciones intrínsecas del PT, que remiten a la insostenibilidad de las políticas redistributivas sin el acompañamiento de una agenda desarrollista. Es lo mismo que se dice hoy en Argentina, si no se recupera la agenda del desarrollo llegará un punto en que será imposible seguir aumentando salarios. Esta es una contradicción en general latinoamericana. Hubo muchos gobiernos populistas, izquierdistas, populares, como quiera llamárselos, pero a mi juicio ninguno recuperó la agenda del desarrollo. En el caso brasileño es peor, porque la pregunta es hasta dónde es posible avanzar sin patear la macroeconomía neoliberal. Si existe un potencial hoy para plantear algún tipo de resistencia todavía no se visualiza ningún tipo de organización política que pueda organizarla. El panorama es complicado. En contrapartida hay que decir que no existen casos históricos en los que sea sencillo hacer retroceder a los sectores populares. Algún tipo de resistencia tendrá que aparecer.

--¿Al interior del PT no existe ninguna crítica hacia la macro? Si uno lee a los intelectuales del PT que escriben en los medios internacionales suenan cuasi revolucionarios.
--Los intelectuales tienen un discurso de izquierda muy general, pero cuando se los aprieta un poco hablando de economía tienen razonamientos casi neoliberales. Son capaces de decir que es necesario tener superávit gemelos o cosas por el estilo. Y después son medio caraduras; los problemas de Brasil siempre parecen originarse en alguna conspiración internacional de Estados Unidos o de la derecha, todo muy superficial. Todo esto sin contar que hay figuras que las ponen ellos. Al actual ministro de Economía lo puso Dilma, no la embajada estadounidense.