El viejo Almacén. BsAs

Surplus Approach

“Es necesario volver a la economía política de los Fisiócratas, Smith, Ricardo y Marx. Y uno debe proceder en dos direcciones: i) purgar la teoría de todas las dificultades e incongruencias que los economistas clásicos (y Marx) no fueron capaces de superar, y, ii) seguir y desarrollar la relevante y verdadera teoría económica como se vino desarrollando desde “Petty, Cantillón, los Fisiócratas, Smith, Ricardo, Marx”. Este natural y consistente flujo de ideas ha sido repentinamente interrumpido y enterrado debajo de todo, invadido, sumergido y arrasado con la fuerza de una ola marina de economía marginal. Debe ser rescatada."
Luigi Pasinetti


ISSN 1853-0419

Entrada destacada

Teorías del valor y la distribución una comparacion entre clásicos y neoclásicos

Fabio PETRI   Esta obra, traducida por UNM Editora, ha sido originalmente editada en Italia con el título: “Teorie del valore e del...

16 jul 2011

Teorías Sensatas y Predicciones Económicas



por Matías Vernengo


Los economistas son bien conocidos por haber predicho nueve de las últimas cinco recesiones. O al menos eso dice la broma. El hecho de que los economistas no pueden predecir y que los meteorólogos siempre están equivocados, no es nuevo, y yo sugeriría que es menos importante de lo que a menudo se entiende. El problema no es tanto que los economistas no pueden predecir los acontecimientos en particular, sino que la teoría dominante es un instrumento ineficaz para la comprensión de las economías reales. Y eso es cierto tanto para los nuevos clásicos / Ciclo Real de Negocios que creen que los mercados son eficientes inmediatamente, o el imperfeccionismo neokeynesiano, que piensa que también lo son, pero sólo en el largo plazo (este punto de vista debe llevar a creer que la principal solución es la reducción de las imperfecciones). Como resultado, la corriente dominante siempre ofrece predicciones no razonables.

Pero permítanme dar un ejemplo de lo que quiero decir. Rudiger Dornbusch fue un economista muy respetado de la corriente dominante. Dijo en 1999 que el euro:

"reinforce financial deregulation (national and cross border) in Europe to create a broad and deep capital market. Europe comes from a dinky and segmented national, bank-based financial structure. It is on the way to a US-style capital market where households hold funds and companies issue paper and stocks, intermediation margins are small and governance significant. European companies will benefit from the transformation, the most significant supply side influence we will see. … the Euro is a thoroughly modern institution, well-adapted to a highly integrated and trigger-happy international capital market."


No sólo la desregulación era algo bueno para Europa, sino también renunciar a la moneda permitiría tasas de interés más bajas y un mayor crecimiento. Para él:

"Having a national money is expensive … It offers little flexibility and year after year an interest cost is paid for what is the illusion of independence. … Monetary sovereignty nowadays means only the right to bad money. How can the periphery get out of the self-inflicted historical curse of a central bank and a national money. Do what Argentina did ... Give up the national money and create a hard link to a world class currency."


Ni hace falta decir que esto no suena como un buen consejo en estos días. Y antes de decir que siempre es fácil hablar en retrospectiva, quiero recordarles que algunas personas que sì estaban a favor del proyecto europeo realmente vieron las limitaciones del euro. Los economistas que no creen en la eficiencia de los mercados (al menos no para la asignación de recursos, incluido el trabajo) sostuvieron que el abandono de una herramienta (como el tipo de cambio) implicaría la necesidad de otras herramientas. Aquí está Wynne Godley en 1992, sobre el proyecto de una moneda común para Europa:

"It needs to be emphasised at the start that the establishment of a single currency in the EC would indeed bring to an end the sovereignty of its component nations and their power to take independent action on major issues. … the power to issue its own money, to make drafts on its own central bank, is the main thing which defines national independence. If a country gives up or loses this power, it acquires the status of a local authority or colony. Local authorities and regions obviously cannot devalue. But they also lose the power to finance deficits through money creation while other methods of raising finance are subject to central regulation. Nor can they change interest rates. As local authorities possess none of the instruments of macro-economic policy, their political choice is confined to relatively minor matters of emphasis – a bit more education here, a bit less infrastructure there."



Y en colonias son exactamente lo que los países de la periferia europea se han convertido. Y las opciones han sido mucho menos educación, jubilación, empleo e infraestructura. Además, Godley estaba preocupado de que el proyecto europeo, que él apoyaba, se basó erróneamente en la idea:

"that economies are self-righting organisms which never under any circumstances need management at all ... It is a crude and extreme version of the view which for some time now has constituted Europe’s conventional wisdom … that governments are unable, and therefore should not try, to achieve any of the traditional goals of economic policy, such as growth and full employment."
.
Por lo tanto, la teoría sensata le permitió, no el saber el momento exacto de la crisis del euro (o no permite saber con exactitud cuándo se va a ir Grecia al default de deuda), pero sí en cambio le sirvió para obtener una comprensión razonable de cómo funcionan las economías, y proporcionar asesoramiento adecuado. Por supuesto, casi nadie entendió el mensaje.

original: Naked Keynesianism

15 jul 2011

Productividad cíclica y estructural: un fenómeno endógeno en Argentina entre 2003-2010

Por Silvio Guaita


La tasa de crecimiento de la productividad del trabajo en el corto y largo plazo
deja de ser un misterio bajo dos regularidades extensamente reconocidas: las
Leyes de Okun y Verdoorn. Las mismas explican según nuestra estimación el
80% del crecimiento de la misma. Bajo nuestro enfoque, componente cíclico y
tendencial respectivamente.
La estructura teórica que fundamenta dicha relación desde una perspectiva
sraffiana, es decir suponiendo una variable de distribución exógenamente
determinada e incorporando al análisis el concepto introducido por Lord Keynes y Kalecki de demanda efectiva, sugiere que ambas deben ser tenidas en cuenta a la hora de la elaboración de políticas tanto fiscales como monetarias.
La relevancia empírica en Argentina a nivel agregado entre 2003 y 2010 no puede ser ignorada.
La Ley de Kaldor-Verdoorn, presentada por J.P. Verdoorn (1949) revela la existencia de una correlación entre el incremento del producto y la productividad del trabajo en el sector industrial. Se fundamenta en los efectos del incremento del volumen de producción sobre la división del trabajo, especialización y maquinización a medida que se expande el mercado.
Este principio, desarrollado por Adam Smith (1776) y posteriormente perfeccionado por Allin Young (1928), permite interpretar los rendimientos crecientes como fenómeno macroeconómico, dinámico y cualitativo además de microeconómico. Es decir abre la posibilidad de ir más allá del análisis de una empresa particular o trabajador individual.
En oposición a enfoques de sustituibilidad y complementariedad de factores
(Verdoorn, 1949; 1956) en este trabajo se trabajará desde una perspectiva keynesiana. La demanda agregada y particularmente sus componentes autónomos (exportaciones, gasto
público, consumo autónomo de los capitalistas, e inversión autónoma, entre otros) serán fundamentales para la exposición. Es decir bajo este enfoque será posible explicar los crecimientos observados de la productividad del trabajo a largo plazo y el progreso técnico no a partir de los incrementos en la oferta como lo hace Verdoorn en su trabajo original, sino a través de los aumentos en los gastos que no están destinados a crear nueva capacidad productiva.

para ver todo el trabajo ACA


Este trabajo obtuvo el 2do premio en el 5° Premio Anual de Investigación Económica “Dr. Raúl Prebisch” - Año 2011 del BCRA


¡¡FELICITACIONES Silvio!!


La convocatoria de la 5° edición obtuvo gran impacto, habiendo tenido un mayor número de inscriptos que en el año anterior y aún más que en las convocatorias previas. Se recibieron trabajos de todo el país. Participaron 20 trabajos para la categoría Estudiantes Universitarios; 15 para la categoría Jóvenes Profesionales y se recibieron 4 tesis de Doctorado.

13 jul 2011

Hacia una Política de Crecimiento Dirigido por el Estado















Ocampo, J.A.(2008): El auge económico Latinoamericano, Rev.de Cs.Politica, 28, 7-33




por Fabian Amico y Alejandro Fiorito*



El crecimiento de las economías modernas puede semejarse a un recipiente que varía de tamaño (capacidad productiva) con un flujo (demanda efectiva) que también se altera
con el paso del tiempo. Normalmente, en todas las economías el nivel del flujo se encuentra oscilando entre un 70 u 80% del volumen del recipiente, con ambas dimensiones moviéndose. La relación de causalidad es aquí central: ¿crece primero el recipiente (la capacidad) y el contenido debe adaptarse, o crece primero el contenido (la demanda) y luego la capacidad se adapta?

Buena parte de los economistas argentinos vio con pesimismo el proceso de crecimiento en Argentina desde 2003, partiendo del supuesto que el recipiente (el producto potencial) no sólo era independiente del contenido (la demanda), sino que debía crecer antes de ser colmado. El gobierno desoyó esas recomendaciones y, paradójicamente, la etapa 2003-2010 resultó, en términos de crecimiento, una de las más exitosas de la historia nacional.

¿Cómo ocurrió esto? Pese a que muchos dijeron que el crecimiento argentino no podía durar más que unos pocos años de recuperación, la persistencia de altas tasas de crecimiento –incluso pese a la crisis de 2009- obligó a corregir año a año las predicciones de agotamiento. Pero el proceso se prolongó demasiado para ser considerado “artificial” y mientras Argentina crece a tasas altas los pronósticos siguen fallando.

El recurso predilecto de muchos economistas convencionales fue responsabilizar a factores externos (“el viento de cola”) por el crecimiento sostenido y minimizar a cualquier factor doméstico de la política económica. Es cierto que en los últimos años hubo un desplazamiento de la restricción externa gracias a factores internacionales (aunque también por el tipo de cambio competitivo). Pero, frente al viento de cola se podían arriar las velas o desplegarlas a pleno. A diferencia de sus vecinos, Argentina hizo lo segundo. Sin restricción de divisas, la economía creció siguiendo los estímulos de la demanda efectiva.

Así, Argentina hizo un uso altamente eficiente del “viento de cola”: el producto potencial (se lo mida como se lo mida) creció vertiginosamente, el desempleo cayó, aumentaron la productividad y la inversión. Todo esto no hubiera existido si se “moderaban” las tasas de crecimiento.

Más allá del motivo político que pondera a estos pronósticos (hay quien quiere que las cosas vayan mal), esta “falla masiva” de previsión se explica también por los modelos teóricos con que estos economistas piensan y comparten ciertas verdades indiscutibles: la ineficacia de las políticas expansivas fiscales o monetarias, la crítica de la pretensión de crecer “por encima del producto potencial”, el irresponsable (inflacionario) elevado uso de la capacidad instalada, el inadecuado (escaso) monto de la inversión, y en general una invalidación de cualquier intento “discrecional” de instigar el crecimiento. Este intento fútil estaría promoviendo una desigualdad creciente entre el ritmo de expansión de la demanda y la velocidad a la que se mueve la oferta global de la economía. Esto explicaría luego la alta inflación y el crecimiento de las importaciones.

Para la visión tradicional en el corto plazo la demanda mueve el producto efectivo en torno al potencial; en el largo, los efectos de la demanda se diluyen y el PIB efectivo converge a su nivel “natural” o potencial. Pero empíricamente se ve otra cosa. Los estudios recientes sobre las series de tiempo revelaron que las perturbaciones económicas de corto plazo tienen efectos persistentes en el largo plazo, y que la misma cosa que causa los ciclos es lo que explica la tendencia.

En realidad se observan múltiples canales a través de los cuales estímulos de la demanda agregada influyen positivamente en el crecimiento. 1- es un hecho que la economía no tiende espontáneamente hacia el pleno empleo potencial. 2- el nivel y la tasa de crecimiento de la demanda efectiva influye en el desarrollo de los recursos productivos (y por ende en el producto potencial de la economía).

No sólo la demanda define la tasa de utilización de los recursos productivos (y por ende, la mayor o menor cercanía entre el ritmo del producto efectivo y el producto potencial), sino que también tiene un impacto significativo sobre la cantidad y productividad de los inputs, y ergo, impacta sobre el sendero mismo del producto potencial.
El estructuralismo latinoamericano ya había descrito bien este hecho, definiendo a la restricción externa como el obstáculo principal al crecimiento y minimizando las restricciones potenciales derivadas de la brecha de ahorro.

Los modelos convencionales sugieren que el flujo de ahorros “financia”, de alguna manera, la inversión. Pero el ahorro es un residuo que no tiene ningún significado causal en el proceso de inversión. Dado el hecho estilizado de que la inversión reacciona positivamente ante la demanda de bienes finales, la prescripción de aumentar el ahorro mediante contracciones del consumo (público y/o privado) sólo lleva a una merma de la inversión y, por ende, a una reducción proporcional del ingreso potencial y del ahorro. En suma, la inversión es el resultado del crecimiento y no su requisito previo, como postulan en la ortodoxia. Desde 2002 se observa en la Argentina que exportaciones y luego demanda doméstica aceleraron la inversión para llevarla a récords históricos sobre el producto (25%). Pero economistas y grandes medios de comunicación insisten en que los empresarios no invierten lo suficiente por la ausencia de un propicio “clima de negocios” (sic).

El hecho de que el crecimiento potencial de la economía dependa del aumento de la capacidad física, los recursos laborales y la productividad es una obviedad que nadie discute. Pero de ello no se concluye que el producto potencial sea independiente del producto efectivo y de la demanda. Más bien, ocurre lo contrario: es el producto efectivo el que determina el sendero de la capacidad productiva potencial de la economía. Cada uno de esos factores es afectado por la tasa efectiva de crecimiento determinada por la demanda.

Si mayor demanda conduce a un mayor monto de inversión, esto tendrá un efecto directo sobre la capacidad productiva y (en la medida en que cada nuevo equipo de capital incorpora un grado de progreso técnico) también sobre la productividad. Además, forzosamente cualquier expansión hoy de la demanda y el producto influirán en los planes de inversión de las firmas y en su capacidad para ejecutar esos planes, como también en una mayor capacidad y productividad en el futuro. El rápido crecimiento del producto tiene una influencia positiva sobre el estado de las expectativas empresarias en el largo plazo, conduciendo a las empresas a adoptar posiciones ilíquidas y a temer menos a pérdidas asociadas con la incertidumbre sobre el futuro.

Este enfoque alternativo necesita de políticas industriales activas, para direccionar la inversión hacia un esfuerzo de sustitución de importaciones que alivie la restricción externa. El tipo de cambio sólo no lo resuelve, y de no hacerse esto se va en camino a repetir otras experiencias involutivas de estos procesos en nuestro país. No hay problemas económicos para que el Estado pueda avanzar sobre múltiples temas de control que el mercado no resuelve para el desarrollo.

El rápido crecimiento, estimulado por la demanda, tiene otro efecto adicional. Existe una probada regularidad empírica (“Ley de Verdoorn”) que destaca que el crecimiento del PIB genera un alza de la productividad que a su vez extiende el espacio para que los salarios reales aumenten sin generar presiones inflacionarias por el lado de los costos. Para profundizar aspectos teóricos como empíricos ver nuestro trabajo mas extenso sobre el caso de la Argentina post crisis.

Este enfoque contrasta con los economistas tradicionales, quienes apenas observan inflación, recomiendan ser “austeros” o “enfriar la economía” suponiendo, sin ningún análisis, que la economía se encuentra en su nivel potencial o pleno. Un ejemplo reciente desmiente esta idea: con la crisis mundial de 2009 hubo un ajuste contractivo brutal de la demanda agregada y la inflación cedió muy poco. En suma, la prescripción de “moderar” el crecimiento hacia tasas “normales” con pretensiones antinflacionarias, solo condenan al país a persistir en la senda del subdesarrollo.

* Economistas investigadores de UNLU

9 jul 2011

Izquierda y Economía Vulgar: Marx no tiene la culpa.


Por Fabián Amico*

“…el economista vulgar cree que hace un gran descubrimiento cuando contra la revelación de la conexión interna proclama orgullosamente que las cosas tienen una apariencia completamente distinta” (Carta de Marx a Ludwig Kugelman, julio de 1868).

Este texto responde a algunas de las críticas realizadas por Rolando Astarita en seis extensas notas en su blog (sucesivamente, RA1, RA2, RA3, RA4, RA5 y RA6, ver referencias). Astarita no se priva de realizar acusaciones morales, ni de desplegar una cadena de variados calificativos (“reformista armonicista” y otros) hasta la propuesta –no se sabe bien a quién dirigida- de que “tenemos que desterrarlo de las filas de la izquierda” y que por eso él ha dedicado su tiempo a “desnudar” mi lógica.
Sin embargo, los airados textos de Astarita presentan serios errores conceptuales (tanto en su análisis de los precios como de las cantidades o crecimiento) que condicionan todo su enfoque. No vamos a discutir aquí la extensa serie de non sequitur en que incurre Astarita. Por ejemplo, al sugerir que si el capitalismo funcionara realmente como dicen los economistas de inspiración keynesiana y/o sraffiana, entonces eso sería equivalente a afirmar que podrían “suprimirse todas las calamidades del capitalismo”, por caso, “emitiendo mucho papel el Estado puede curar crisis, desocupación y todas las demás miserias generadas por el capitalismo” (sic). O analogamente cuando sugiere que “el economista que tiene mal digeridas algunas vagas ideas sobre dinero exógeno y helicópteros, exclama indignado “Marx anticipaba a Friedman…!!!”. También recurre a falacias ad hominem, sugiriendo que si uno sostiene una hipótesis keynesiana-sraffiana, entonces uno sería “reformista” o cosas quizás peores.
Es difícil prejuzgar sobre la medida en que los lectores se podrían dejar impresionar por tales acusaciones, o que si éstas podrían obturar las posibilidades del pensamiento crítico. Por caso, incluso si quienes defienden una visión inspirada en Sraffa, Kalecki o Keynes fueran merecedores de graves acusaciones morales o políticas -como Astarita sugiere-, desde el punto del vista del argumento eso importa un comino: si el argumento es válido, es válido independientemente de quién lo sostiene, y sigue siendo válido por más que él desacredite a quien lo sostiene. Un lector atento sabrá leer los razonamientos que subyacen a la larga serie de non sequitur y de falacias ad hominen que prodigan los textos de Astarita. Por ende, este texto se focalizará en algunas ideas sobre el dinero y crecimiento que subyacen a los calificativos morales y a las extensas citas de Marx.

Por lo expuesto en este texto, llegamos a la principal conclusión: la economía marxista, tal como es entendida por Astarita, no es más que una variedad extrema de lo que Marx llamó economía vulgar. La interpretación formulada por Astarita, a pesar de la profusión de citas, refleja una concepción estrecha de los logros analíticos de Marx. De hecho, las principales ideas esbozadas por Astarita sobre dinero, tasa de interés, deuda pública y crecimiento tienen una base lógica y empírica extremadamente débil, y lejos de brindar una renovación y recreación de las ideas centrales de Marx, equivalen a un ejercicio de pura economía vulgar.
Marx entendía que en la economía vulgar las apariencias superficiales son confundidas con la subyacente realidad social. En la confusión de estas apariencias, además, el marco teórico básico (subyacente) de Marx se pierde de vista. Dicho marco teórico, por ejemplo, concibe los precios como centros de gravitación de largo plazo regulados, junto con la tasa de ganancia, por las condiciones técnicas de producción y por el salario real. Las ganancias emergen como un residuo, o excedente, cuya magnitud depende del grado en el cual los trabajadores generan más producto del que ellos y el proceso de producción consumen. Este enfoque del excedente puede ser desarrollado sin referencia a las problemáticas categorías de valor presentes en Marx, como lo hace Sraffa, sin socavar su explicación básica de cómo funciona el capitalismo.

Por caso, la economía política clásica y Marx vieron la competencia como el mecanismo central de coordinación dentro del capitalismo. En ausencia de impedimentos a la movilidad de los recursos, los flujos intersectoriales de capitales empujan los precios de mercado y el producto hacia sus niveles normales de largo plazo, tal que la tasa de ganancia “normal” tenderá a igualarse en todas las ramas. El conjunto de precios, producto y salario real consistente con el establecimiento de una tasa uniforme de ganancia refleja así fuerzas sistemáticas y dominantes operando sobre los precios y la distribución.
A su vez, un rasgo distintivo del análisis clásico-marxista de la distribución es el rol central asignado a la oposición de los intereses de clases (en particular entre trabajadores y capitalistas, aunque también, con rentistas terratenientes).

En este contexto, la participación en el ingreso agregado de los propietarios del capital y de la tierra representa un excedente obtenido después de deducir del producto social los bienes de consumo necesarios para el sostenimiento y reproducción de la clase trabajadora, y las mercancías utilizadas en el proceso de producción (incluyendo la depreciación del capital). La tasa de ganancia depende de la magnitud de este excedente (o en todo caso, de la parte de este excedente que va a los capitalistas) en relación a la cantidad de capital utilizada en la producción. Ciertamente, y esto es una diferencia fundamental con la economía convencional, todo este conjunto de variables aparece influenciada decisivamente por factores históricos, políticos e institucionales.

Este aspecto fundamental queda definitivamente perdido en los textos de Astarita, donde parece no existir lugar para las determinaciones políticas (exógenas). Pero como tales aspectos son decisivos en Marx, el enfoque de Astarita refuerza su carácter doctrinario en términos de lo que Marx llamó economía vulgar, es decir, un cuerpo de proposiciones que confunde “las apariencias superficiales con las relaciones sociales fundamentales” que sustentan al capitalismo.

Astarita, ciertamente, ha perdido de vista la “conexión interna” que posibilita el crecimiento de las economías capitalistas (la demanda efectiva) y ha sucumbido de hecho a las posiciones monetaristas, aferrándose a la teoría del dinero-mercancía con la que -se creía- se regía el mundo hace más de 100 años. Nada de esto, por cierto, puede ser culpa de Marx.

Todo el enfoque de Astarita solo pone de relieve que, en los tiempos que corren, el marxismo vulgar se encuentra lamentablemente en una situación particularmente vulgar y que, pese a las crisis de las visiones dominantes en economía, no consigue salir de esa situación de alarmante vulgaridad, que a estas alturas parece irrecuperable. Por esa razón, pese a sus renovadas ínfulas, cada día tiene menos impacto sobre la formación de los economistas más jóvenes y sobre el mundo real.



Ver texto completo aca


Algunas de las citas de la nota en Circus 4



*Director de la Revista Circus e investigador de UNLU.

3 jul 2011

Diamand y la Sustitución de Importaciones

Por Alejandro Fiorito


Luego de 25 años de neoliberalismo el “lavado de cabeza” parece evidente. Apenas se plantea la necesidad de que el Estado realice un esfuerzo en sustituir importaciones, la negativa sale por todos lados. Los expertos dicen que es "difícil" (como lo dicen de cualquier intento de intervenir en economía); porque no se puede, porque la OMC no lo permite, porque a los empresarios no les importa; porque no hay en el Estado personal preparado para la tarea, etc.
Es curioso que durante más de 40 años se vino realizando esta tarea, y hoy sea vista como imposible, y justo en momentos en que lentamente pero sin pausa, se empieza a ir cerrando la brecha positiva de la balanza comercial. Como si la confianza se depositara en nuevos flujos futuros de endeudamiento del exterior.














Gráfico 1














Gráfico 2

Como se ve en las gráfica 1 y 2, efectivamente del 2003 hasta hoy, no se ha modificado el patrón de los 90  (y aca) en punto a sustitución de importaciones. En efecto, el crecimiento del producto en estos años permitió dirigido por la demanda, acelerar cointegradamente la inversión en EDP. El crecimiento de esta última, generó un alza de la porción de inversion importada sobre el total de EDP,en similar patrón posterior a 1990 (*Coremberg, p.65) . La inversión llegó a ubicarse en un máximo histórico sobre el producto (25%)confirmando su carácter inducido por la demanda autónoma (gráfico 3).
















Gráfico 3 (Coremberg, 2007)


Abba Lerner decía que "las medidas keynesianas que no se cumplen son las que no se practican". Esto es, existe la teoría, aparece la necesidad y se tiene el instrumento...no hay excusas de no realizar un enorme esfuerzo en gestionar desde el Estado un plan de sustitución de importaciones que relaje la restricción externa y permita extender el período de tiempo de crecimiento elevado en la Argentina:

"El proceso de sustitución es continuo y acompaña a todo proceso de industrialización. El término "crisis de la política sustitutiva" indica que la sustitución ya no basta por sí sola para mantener el crecimiento del país, pero de ninguna manera debe equipararse -como se hace a veces- al agotamiento de las posibilidades de sustitución".Diamand, cap.13


En la última década de duración de la ISI en país (1960-70), se dio un fenómeno importante de exportaciones de manufacturas industriales sin importantes medidas de promoción de exportaciones. Ver gráfico 4. Los efectos de la sustitución no son simplemente el proteccionismo "ineficiente" que la jerigonza convencional repite, sino que permite el accionar del efecto Kaldor-Verdoorn sobre la productividad por doble vía: 1)permite seguir el crecimiento del producto al relajar la restricción externa, y 2) amplía el proceso productivo a nuevos productos y actividades. Ambos puntos refuerzan el acelerador de la inversión.













Gráfico 4 (Ferreres)


Las importaciones como oferta del exterior inducida, han crecido acompañando el alza de las inversiones en bienes de capital y bienes intermedios, y no así con el alza de demanda de bienes de consumo. Por este motivo las primeras conforman el principal núcleo a sustituir. Ver gráficas 5 y 6. Esto implica que la sustitución no se limita, a lo que pueda efectivamente hacerse hoy en el país, sino que es incumbencia del Estado prever y generar también nuevas ramas y actividades para sustituir. Para ello puede realizarse en etapas, por aproximación ir avanzando sostenidamente en el tiempo, y profundizando dichas políticas de sustitución.
















Gráfico 5
















Grafico 6



La desustitución actual


Una rápida mirada sobre los coeficientes de importaciones a tres dígitos del CIIU (cantidades importadas sobre cantidades de producto sectorial), con base en 1997 y ordenados según importación de 2008, permite ver cuáles son los principales rubros donde las importaciones crecieron más que el producto sectorial correspondiente. Tomando promedios para los últimos años (2003-2009) de cada uno, y eligiendo a los que superen el índice (100=1997) pueden luego ser objeto de un trabajo de campo a realizar desde el Estado para coordinar con las cámaras industriales en impulsar su sustitución. Al respecto no importa mucho que los propios industriales no lo hayan considerado, es el Estado el que debe dirigirlos, como bien afirma Diamand.


Una política bien pensada de sustitución de importaciones debe definir algún costo límite por el cual definir de manera general y sustentable cuales son las actividades que deben ser apoyadas para la sustitución. (Ver enlace de Diamand al final)


Se tiene que retomar ese camino que nos describe Diamand, sin prejuicios de época, sorteando los nuevos escollos de instituciones internacionales (OMC) y adecuando con nuevo análisis las posibles vías para volver a esta y otras medidas de intervención, como las políticas de ingreso para el control de la inflación, creación de un banco de desarrollo, promoción y diversificación de exportaciones, etc. que configuran los pilares de un régimen de desarrollo. La sustitución de importaciones es una de esas herramientas.


Ver Diamand sobre Sustitución de Importaciones CAP 13

* Coremberg, Goldszier, Heyman, 2007 Patrones de la inversión y el ahorro en la Argentina, CEPAL, Chile.

26 jun 2011

Trampa estructural


DIFERENCIAS DE ASIA Y AMERICA LATINA



Por Fabian Amico *


La idea de “estructura desequilibrada” revela una gran diferencia entre Asia y América latina. En Corea o en China, la devaluación fortalece y unifica los intereses productivos en torno a objetivos industriales. Sin embargo, en Argentina o en Brasil las clases sociales se dividen en la fijación del tipo de cambio, y una paridad cambiaria pro industria encuentra oponentes poderosos.

Un tipo de cambio alto, sin retenciones a las exportaciones agrarias, implica un salario real más bajo y crea un conflicto con los trabajadores. Así, dado un nivel de renta, la apreciación cambiaria es funcional al aumento de los salarios reales. Aunque la industria pierda competitividad, es favorecida en el corto plazo por el mayor consumo derivado del alza salarial. De este modo, la alta competitividad “natural” del agro impone un gran obstáculo a la reorientación exportadora de la industria: se requiere un gran sacrificio de ingreso para lograr costos competitivos internacionales con una devaluación, y el “costo de oportunidad” de reorientar la política es mayor en tanto el sector primario sea relativamente más “productivo”.

En Asia, tipo de cambio alto y salario bajo eran una fórmula forzosa para sortear la restricción externa y crecer. No es así en Argentina o Brasil, donde la economía puede tolerar largos períodos con apreciación cambiaria y donde los ciclos de precios internacionales tornan la motivación por el desarrollo industrial aún más débil e inconstante.

Esto conduce a un tipo específico de conflicto distributivo. De un lado, el sector tradicional-financiero aspira a controlar la inflación a toda costa y busca una integración internacional primaria. La industria se beneficia del tipo de cambio “alto” y de altas tasas de crecimiento, pero teme la intervención estatal y la indisciplina de los asalariados. Los trabajadores, finalmente, buscan salarios más altos y expansión del empleo. A nivel agregado, se genera así una fuerte presión hacia la apreciación cambiaria. El legado de Diamand nos advierte que esta “estructura desequilibrada” puede ser una trampa persistente que revierta las fases de auge hacia un modelo de inserción primaria, alternando prosperidad y recesión al ritmo del mercado mundial, y reeditando, bajo nuevas formas, los viejos ciclos de stop and go

* Economista e investigador de la Universidad Nacional de Luján.

Los salarios reales en Argentina

por Matías Vernengo


Dado que ha habido alguna queja acerca de si el default de Argentina era bueno o no para la economía, a causa de un terrible artículo en el New York Times (aquí). Krugman correctamente da cuenta de que esto era una tontería y fue elogiado por Dean Baker. Creo que es importante tener en cuenta el papel de la devaluación (y en comentarios a ambos blogs), pero no estaría en desacuerdo con Krugman sobre que es importante destacar que los incumplimientos no son seguidos por catástrofes y que la Argentina es realmente un ejemplo terrible si se quiere hacer el caso opuesto.

En cualquier caso, un lector argentino (con seudónimo) se enojó mucho conmigo, y dijo algunas cosas obviamente incorrectas de la Argentina (y de Brasil para empezar). Pero uno de sus puntos muestra que es muy importante aclarar por lo menos un hecho. El siguiente gráfico muestra los salarios reales en Argentina, con datos oficiales, y los datos de fuentes alternativas que se pueden obtener en un artículo de Roberto Frenkel y Mario Damill (aquí).




Tengase en cuenta que los salarios reales han crecido en la Argentina, independientemente del índice de inflación que se utilice. Y sí, en Brasil, se estancaron. La recuperación del salario real es fundamental para entender no sólo la evolución de la economía, sino algunos de los acontecimientos políticos que conducen a las personas, como el comentarista de blog anónimo, a estar tan enojados. Pero como le dije, con la máxima fantástica de Moynihan, una persona tiene derecho a su opinión, no a sus hechos.

PS: Los datos de los salarios reales provienen de la CEPAL, el índice alternativo para la Argentina se calcula deflactando la serie con los datos de inflación del paper de Frenkel y Damill.


Original: Naked Keynesianism