El Viejo Almacen -Bs.As.

Surplus Approach

“Es necesario volver a la economía política de los Fisiócratas, Smith, Ricardo y Marx. Y uno debe proceder en dos direcciones: i) purgar la teoría de todas las dificultades e incongruencias que los economistas clásicos (y Marx) no fueron capaces de superar, y, ii) seguir y desarrollar la relevante y verdadera teoría económica como se vino desarrollando desde “Petty, Cantillón, los Fisiócratas, Smith, Ricardo, Marx”. Este natural y consistente flujo de ideas ha sido repentinamente interrumpido y enterrado debajo de todo, invadido, sumergido y arrasado con la fuerza de una ola marina de economía marginal. Debe ser rescatada."
Luigi Pasinetti


ISSN 1853-0419

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1 feb. 2011

Dilma y sus dilemas

Eduardo Crespo*

A finales del primer mandato de Lula, con la entrada de Guido Mantega al Ministerio de Hacienda, quien reemplazaba a Antonio Palocci, hombre ligado al poder económico, la política económica del gobierno brasileño comenzó a cambiar hacia una orientación más heterodoxa y amigable con el crecimiento. Pero el régimen de metas de inflación de cuño ortodoxo que implementa el Banco Central no fue modificado. Dicho régimen es el núcleo de la política monetaria brasileña y constituye uno de los pilares centrales a modificar para toda política que apunte al crecimiento.

Con la llegada de Dilma Rousseff al poder, Palocci volvió al gobierno pero ahora como ministro jefe de la Casa Civil –cargo que ocupaba Dilma desde 2005– y las primeras medidas no parecen muy alentadoras para el crecimiento. El Banco Central subió la tasa de interés Selic de 10,75 a 11,25 puntos básicos en respuesta a la suba del 5,9 por ciento en 2010 del índice que registra la inflación, el cual superó la meta del 4,5 por ciento, al tiempo que pareció acelerarse en los últimos meses impulsado por los precios de las commodities. Esta tasa regula la tendencia de las tasas de largo plazo y no es un dato menor el hecho de que hoy Brasil está pagando la mayor tasa básica del mundo. Esta circunstancia ha impulsado la apreciación del real frente al dólar porque los capitales ingresan a Brasil arbitrando entre tasas. Cuando Lula llegó al poder, en enero de 2003, se cambiaban 3,5 reales por dólar. Hoy la cotización del dólar ronda 1,7 real.

La elevada tasa básica de Brasil tiene impactos en dos frentes. Por un lado, la apreciación del real disminuye la competitividad de la producción, especialmente de las manufacturas y servicios de mayor valor agregado, afectando a las cuentas externas, que ya presentan un déficit de cuenta corriente pese a que Brasil fue favorecido por términos de intercambio extraordinariamente favorables y ha crecido a tasas moderadas en comparación con otros países de la región. Por otro, como la mayor parte de la deuda pública brasileña está vinculada con la tasa básica, su suba conlleva un aumento del gasto público con efectos multiplicadores casi nulos sobre el resto de la economía. Así, la suba de la tasa obliga a contener gastos sociales y de infraestructura para mantener la meta de superávit primario destinada a pagar intereses. En este marco, la presidenta anunció un ajuste fiscal de proporciones considerables. Se está evaluando la posibilidad de impulsar una reducción del gasto público de entre 30 y 40 mil millones de reales. Se ha anunciado que el salario mínimo, de enorme impacto sobre el conjunto de la economía brasileña, no deberá subir en 2011 por encima de los 540 reales.

Mantega llegó a barajar la posibilidad de excluir del índice que el Banco Central toma como base para la fijación de las metas inflacionarias los alimentos, cuyos precios dependen de la cotización de commodities internacionales. El motivo, se argumenta, es que la demanda local, y consecuentemente las tasas de interés que se cobran en Brasil, no tienen ninguna influencia directa sobre dichos precios. Así, la suba de la tasa de interés tiene efectos negativos sobre la demanda interna, el gasto público y el tipo de cambio aun cuando la suba de precios no es un resultado de condiciones internas.

Sin embargo, más allá de las verdaderas causas de la inflación brasileña, se debe reconocer que el régimen de metas ha tenido bastante éxito a la hora de controlar la inflación. ¿Cuál ha sido su secreto? Entendemos que el impacto que las elevadas tasas brasileñas tienen sobre la apreciación cambiaria ha sido el factor principal que mantuvo a raya la inflación. El dólar barato influye favorablemente sobre tarifas indexadas y precios de transables, al tiempo que tiene un efecto benéfico sobre los salarios amortiguando los conflictos distributivos. Se da la “paradoja” de que aumentan la rentabilidad del sector financiero y los salarios al mismo tiempo. El dólar barato no es un efecto colateral indeseado de una política destinada a controlar la demanda. Al contrario, en Brasil es mucho más clara la correlación entre el tipo de cambio y la inflación que entre esta última y la demanda agregada.

Hoy la región parece enfrentarse a un dilema. Algunos países, como Argentina, presentan tasas básicas bajas, con tipos de cambio altos pero con tendencia a la apreciación porque experimentan niveles de inflación altos. En cambio otros, como Brasil, imponen tasas básicas de interés altas, con tipos de cambio apreciados y menores niveles de inflación. De cualquier forma, la reputación desarrollista de los principales miembros del gabinete de Dilma no permite augurar un completo cambio en el rumbo incipientemente heterodoxo que insinuaba el segundo mandato de Lula. Las reservas brasileñas rondan los 300 mil millones de dólares y permitirían que se siga estimulando la demanda interna sin que existan graves riesgos de devaluación e inflación descontroladas.

* Profesor de la Universidad Federal de Río de Janeiro, Brasil.

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