El Viejo Almacen -Bs.As.

Surplus Approach

“Es necesario volver a la economía política de los Fisiócratas, Smith, Ricardo y Marx. Y uno debe proceder en dos direcciones: i) purgar la teoría de todas las dificultades e incongruencias que los economistas clásicos (y Marx) no fueron capaces de superar, y, ii) seguir y desarrollar la relevante y verdadera teoría económica como se vino desarrollando desde “Petty, Cantillón, los Fisiócratas, Smith, Ricardo, Marx”. Este natural y consistente flujo de ideas ha sido repentinamente interrumpido y enterrado debajo de todo, invadido, sumergido y arrasado con la fuerza de una ola marina de economía marginal. Debe ser rescatada."
Luigi Pasinetti


ISSN 1853-0419

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22 sept. 2013

Neomalthusianismo





Por Eduardo Crespo
Profesor de la UFRJ


Las hipótesis neomaltusianas reiteradamente alertan sobre el desbalance planetario generado por una explosión demográfica incompatible con las capacidades regenerativas de la tierra. En 1972, el célebre informe Meadows, del Club de Roma, alertaba sobre los “límites del crecimiento” y auguraba un escenario de crisis en base a la premisa de que se estaban extinguiendo las materias primas y fuentes de energía. La única salida para el planeta, argumentaban, consistía en crear una economía de crecimiento nulo organizada en base a energías renovables. El informe fue sumamente afortunado. Un año después, a causa de la guerra de Yom Kippur, sobrevino el primer gran shock petrolero, lo que contribuyó a darle una formidable difusión. Desde entonces, el “fin del petróleo” y el “agotamiento de las materias primas” se tornaron lugares comunes. Toda vez que suben los precios internacionales de los alimentos, como sucedió en la última década, reaparecen los argumentos y vaticinios neomaltusianos de entonces.

En la tradición de la economía política clásica, esta posibilidad fue contemplada, entre otros, por David Ricardo. Si las condiciones técnicas están dadas, la mayor demanda de alimentos resultante, por ejemplo, del crecimiento demográfico, sólo podría ser satisfecha apelando a tierras de menor fertilidad, lo que terminaría por elevar los precios. En estas condiciones, existiría una tendencia al encarecimiento de todos aquellos productos cuya elaboración depende especialmente de la utilización de recursos naturales, como los alimentos y el petróleo. Pero ésta no fue la tendencia observada en la historia del capitalismo, como lo apuntaron Raúl Prebisch y Hans Singer. Los términos de intercambio de los bienes primarios tendieron a declinar en relación con los manufacturados. Desde mediados del siglo XIX, con la consolidación de un mercado mundial de alimentos básicos y la incorporación de países de reciente colonización, como Estados Unidos, Canadá, Australia o la propia Argentina, la miseria mundial estuvo asociada con la comida barata y no con su persistente encarecimiento. La mayor parte de los seres humanos que sufren hambre se desempeñan como productores de alimentos, es decir, campesinos que operan en territorios marginales utilizando técnicas agrícolas rudimentarias y que están condenados a tareas de subsistencia al no poder competir con los precios que se fijan en base a las condiciones de producción de las zonas y productores más aventajados (Mazoyer y Roudart, A History of World Agriculture).


Para interpretar esta evidencia, debe tenerse en cuenta que el “tamaño” de un determinado recurso natural, así como su propia entidad en cuanto “recurso”, no depende de magnitudes exclusivamente físicas, sino también –y especialmente– de condiciones histórico-sociales; en particular de la tecnología vigente así como del modo en que son apropiados los frutos del progreso técnico. Desde inicios de los 2000, cuando los precios del petróleo volvieron a subir, los voceros del neomaltusianismo revivieron la vieja alarma que insistentemente vaticina su (siempre) “inminente” agotamiento y la “catastrófica” crisis alimentaria subyacente a la suba de los precios de los alimentos. Ahora, fracking mediante, se estima que inclusive el principal importador de petróleo del mundo, Estados Unidos, recuperará la autosuficiencia en aproximadamente diez años. Los agoreros de la escasez planetaria volvieron a equivocarse. “La Edad de Piedra no se acabó por falta de piedras ni la era del petróleo se va a terminar porque se acabe el petróleo”, afirmaba un destacado ministro saudita en los años ’70. Tenía razón.
Pero las predicciones equivocadas rara vez modifican creencias arraigadas. Los más conspicuos representantes del anarquismo ambientalista no precisan demostrar la postulada escasez planetaria. Sin mayores evidencias, resisten el fracking, la megaminería, el uso de la biotecnología en la agricultura. Llegan inclusive a renegar del crecimiento económico y hasta defienden la suspensión de las políticas de cuño desarrollista. Se oponen a las hidroeléctricas y al funcionamiento de las centrales nucleares, aunque no suelen cuestionar el uso doméstico de luz eléctrica, al tiempo que utilizan celulares y envían mensajes de texto por correo electrónico. Conjeturan que los métodos de cultivo de los “pueblos originarios” podrían alimentar a los actuales habitantes del planeta sin dañar el medio ambiente. Reclaman por mayores y más sofisticados niveles de participación democrática, y hasta reflotan, aunque bajo formas ambiguas y utópicas, la esperanza “socialista”. Se trata de una nueva izquierda cada vez más apartada de toda raíz marxista y materialista. Imaginan que elevados niveles de civilización ciudadana y sofisticación cultural serían alcanzables sin desarrollar las fuerzas productivas. El problema económico central en nuestros países, para ellos, ya no es el desarrollo. Se trataría de repartir mejor un volumen de riqueza dado.
En la práctica militante suelen actuar por estímulos de visibilidad que les llegan de arriba. En el caso argentino, no se los ve congregados para reclamar que se reviertan los daños ambientales más flagrantes y de más comprobable impacto para la población. No exigen, por caso, se descontamine el Río de la Plata o se limpie el Riachuelo, esa inmensa cloaca a cielo abierto situada en la región de mayor densidad poblacional del país, reclamos que ya estaban presentes, por el contrario, en la heroica Carta Abierta a la Junta Militar redactada por Rodolfo Walsh. Nada de eso. Invocando un insólito “principio precautorio”, se movilizan para reclamar por los potenciales efectos contaminantes en la Loma de... la Lata y se impacientan por la minería a “cielo abierto” en la inhóspita región cordillerana, zonas donde no se cuenta un habitante por km2.
Casualmente, estos reclamos se intensificaron cuando YPF volvió a ser estatal y el Gobierno, por fin, se dispuso a resolver un problema esencial como el déficit energético, que amenaza con paralizar la economía del país


[1] Mazoyer y Roudart “A History of World Agriculture”, 

Original: Cash, Pagina 12

17 comentarios:

Anónimo dijo...

1) Es injusto hablar en nombre de Marx que no puede defenderse por estar muerto hace más de un siglo. Evidentemente en su época la contaminación ambiental no era un tema en boga (si bien algunos autores ya mencionaban el problema). Hoy sí.
2) Si nos vamos a ocupar de los temas más "cercanos" de contaminación, pensemos las consecuencias que tiene aumentar el parque automotor de forma no planificada. Me refiero a contaminación del aire y sonora. Eso sin considerar la rotura constante de las calles y demás.
3) El hecho de que el ser humano encuentre otro recurso natural que explotar cuando otro se agota o su extracción y tratamiento se encarece excesivamente, no indica que el problema se "resuelva" sino más bien que se patea para adelante. Habría que leer los informes sobre el calentamiento global para descubrir como ha aumentado la temperatura promedio de la tierra más allá de los ciclos normales. No puede hablarse de "exageración" en los pronósticos sin mencionar siquiera algún informe que demuestre que no hay cambios negativos significativos en el ambiente. La historia no puede volver para atrás, pero acelerar el crecimiento "a la europea" no necesariamente es la opción más conveniente. Es sabido que los incrementos actuales del consumo son insostenibles. También lo es el crecimiento demográfico, es una simple cuestión matemática.
Después de eso, el artículo me pareció muy bien escrito.
Saludos

Eduardo Crespo dijo...

En la nota no se critica a Marx. Todo lo contrario. Lo que se intenta argumentar es que esta nueva modalidad de la izquierda, desgraciadamente, se distancia cada vez más de las raíces marxistas. Para esta concepción pareciera que nuevas y más avanzadas formas de organización política, como una democracia amplia y participativa, así como innumerables inquietudes humanitarias, serian viables en economías subdesarrolladas. Y para no entrar en debates escolásticos sobre qué cuernos entendemos por ‘desarrollo’ digámoslo en forma cruda y elemental: serían factibles en sociedades con bajos niveles de PBI per cápita. Eso es idealismo pre-marxista. Para esta gente toda la literatura marxista y post-marxista, por lo visto, se escribió al divino botón. Hay que empezar de cero… Volvimos, así, a San Francisco de Asis.

Tampoco se trata de negar el daño ambiental. Lo que se cuestiona es la “escasez de recursos”, algo muy diferente. Por otra parte, el daño ambiental no se va a detener ni tampoco revertir promoviendo el subdesarrollo. Ejemplos contemporáneos los hay a montones. Los países más expuestos hoy al deterioro del medio ambiente son los subdesarrollados, como lo confirman muy patentemente varios ejemplos africanos. De igual modo, son las sociedades subdesarrolladas que carecen de estructuras estatales bien estructuradas, las que tienen menos chances de negociar en pie de igualdad -o controlar con un mínimo de éxito- a las multinacionales así como a los otros Estados que presionan sobre sus territorios y recursos naturales (y consecuentemente sobre sus condiciones ambientales). Decir en Noruega que se debe dejar de crecer vaya y pase, pero decirlo en Argentina es un disparate que reniega de toda la experiencia histórica conocida. Si dejamos de crecer nos comen. En el capitalismo, como dice N. Elias, “quien no sube cae”. Saludos

Anónimo dijo...

De acuerdo, el mensaje es "cuidado con el socialismo utópico", lo cual comparto.
Ahora bien, crecer consumiendo a lo pavote autos y electrodomésticos con obsolescencia programada de ninguna manera podría llevarnos al desarrollo. Los países desarrollados contaminan a los países en desarrollo, entonces ¿debemos nosotros hacer lo mismo? En ese caso, dado que contaminar Suecia se nos haría difícil, deberíamos optar por contaminarnos nosotros o algún país vecino menos poderoso aún (o algún africano). Evidentemente fuimos víctimas del primer mundo, pero un crecimiento no sustentable no nos haría recuperar lo perdido sino perder aún más. En estos años se construyeron edificios de todo tipo sin un criterio sustentable, aumentó el parque automotor de cualquier manera, continúa la sojización que quita bosques en el noreste argentino, etc, etc. Podría decirse que en un primer momento era necesario porque prevalece el pleno empleo sobre esos problemas de "más largo plazo". Sin embargo hoy parece realizarse todo de igual manera, sin un plan integral. Eso está creando problemas que no van a ser fáciles de resolver (sería muy costoso revertirlos). En definitiva lo que más importa a cualquier individuo es la calidad de vida presente y futura. Indudablemente la calidad de vida es mejor que en 2001, pero hace rato que debemos aplicar más "sintonía fina" a ese crecimiento. Celebro que existan ambientalistas que si bien no siempre priorizarán de igual manera los pasos a seguir, nos recuerdan constantemente que no debemos distraernos exclusivamente con el corto plazo. No pretendo el estancamiento mientras otros se enriquecen, pero sí resolver cuanto antes las cuestiones que no nos quitarán poder frente al exterior y nos otorgarán mucha mayor calidad de vida. Eso por supuesto tiene un costo, pero sin suficiente información de los daños ambientales que las medidas conllevan (y difusión) y alternativas (como alternativas de ahorro con interés real positivo para evitar consumo innecesario), entonces no podemos pensar que la población "elige" subirse al tren del consumo capitalista. Más bien opta por el mal menor. Saludos

Eduardo Crespo dijo...

Decís “Ahora bien, crecer consumiendo a lo pavote autos y electrodomésticos con obsolescencia programada de ninguna manera podría llevarnos al desarrollo.”
El concepto de desarrollo en la literatura más reciente se volvió un tanto metafísico para mi gusto. En el pasado incluía, sin dudas, la diversificación del patrón de consumo. Cuando en un hogar se incorpora un lavarropas, por ejemplo, se libera tiempo para otras actividades, como las recreativas, la lectura, los viajes, el arte, el entretenimiento. Los electrodomésticos en general reducen el tiempo de vida humana se dedicado a actividades desagradables o monótonas, como lavar platos, planchar, secar el piso del baño, cortar el pasto, etc. En el pasado los estudiosos del desarrollo consideraban que estos ‘avances’ equivalían a mejoras de los niveles de vida y los datos correspondientes se incluían como indicadores de ‘desarrollo’. De hecho, las encuestas de opinión (que separan por estratos sociales) y los estudios sobre desarrollo humano siguen incluyendo numerosos ítems de este tipo.

Bien puede argumentarse que un buen sistema de transporte público, integrado mayormente por trenes de calidad, subterráneos, etc., es preferible a millones de autos particulares atascados en el tránsito. En ese caso las personas (ricas y pobre por igual, aunque las primeras con aire acondicionado y música a elección) pierden muchas horas de su vida para llegar a sus hogares, ámbitos de trabajo, lugares de recreación, etc. El tránsito, además de contaminar, reduce la calidad (y las horas) de vida. Estamos plenamente de acuerdo. Pero la solución a este problema no pasa por abandonar el desarrollo técnico, suspender el crecimiento o reducir el consumo. Se trata de aumentar los niveles de inversión pública. Crecer más. Nunca menos.

Después decís: “los países desarrollados contaminan a los países en desarrollo, entonces ¿debemos nosotros hacer lo mismo? En ese caso, dado que contaminar Suecia se nos haría difícil, deberíamos optar por contaminarnos nosotros o algún país vecino menos poderoso aún (o algún africano). Evidentemente fuimos víctimas del primer mundo, pero un crecimiento no sustentable no nos haría recuperar lo perdido sino perder aún más.”

¿En qué sentido decís que los países desarrollados contaminan a los otros? ¿La idea sería que en el marco de la división internacional del trabajo los segundos exportan recursos naturales a los primeros? No veo otra solución a ese problema más que la propia industrialización.

Finalmente, no entiendo muy bien lo que querés decir cuando hablás de “alternativas de ahorro con interés real positivo para evitar consumo innecesario”. ¿La idea sería subir la tasa para que ello reduzca el crecimiento y así el consumo? ¿Entendí bien? ¿El problema ambiental se lo vamos a dejar a los neoclásicos? ¿La solución pasa por aplicar un inflation targeting ‘verde’?

Anónimo dijo...

Respuestas por partes.
En relación al primer párrafo, creo sí que el uso de la tecnología puede aumentar el nivel de vida, siempre y cuando los beneficios sean aprovechados por la población entera. El problema no sería la "incorporación" de un electrodoméstico a la vida de una persona, sino la producción en cantidades insostenibles de electrodomésticos que dañan el medio ambiente, y que están programados para durar poco y acortar los plazos de reposición. Si tengo que elegir entre tecnología que me de tiempo libre pero a cambio ponga en peligro la vida de las futuras generaciones, entonces prefiero lavar platos. Estimo que acá hay un problema de coordinación, creo firmemente que la población preferiría menos consumo a cambio de mejor ambiente y sostenibilidad, el problema es que cada uno sigue su interés personal: "compro porque el hecho de que yo consuma menos pavadas no va a generar un cambio macro". Convengamos que ya no vivimos en la época vicoriana que retrata J.S.Mill, el progreso y la producción desenfrenada no planificada ya no parece ser tan beneficiosa como se creía.
Respecto al segundo punto no hay mucho que agregar, dado que yo dije antes que en absoluto abandonaría el progreso técnico. Sí creo que estamos enamorados del consumo y lo usamos como medida del nivel de vida cuando le corresponde un papel mucho menor y seguramente tendríamos mejor calidad de vida con menos consumo y a la vez menos horas del día perdidas entre trabajo alienante y estresantes viajes al microcentro. ¿Es una discusión metafísica? Seguramente, al menos con un contenido subjetivo muy fuerte. Pero no se puede negar que las grandes corporaciones presionan fuertemente para que nos acostumbremos a esa concepción de calidad de vida. Y el materialismo histórico no puede ser confundido con el concepto de "materialismo" que se usa hoy día, principalmente porque el materialismo en Marx hace referencia a la estructura que versa en la propiedad de los medios de producción, dándole importancia al origen "material" de la desigualdad. El consumismo moderno convierte a las mercancías en fetiches y no hace más que aumentar la brecha entre los propietarios y los consumidores de pavadas. Me cuesta creer que un consumo desenfrenado sea el camino hacia la abolición de la propiedad privada (o al menos hacia una distribución más equitativa).
Respecto a lo tercero, sólo dejé abierta la posibilidad de que si la contaminación no se siente tanto en Europa, quizá sea porque se encargan de generarla en otros lados. Esto puede estar cambiando en algunos países que producen reduciendo la huella de carbono y demás, entonces lo que creo que debemos hacer es ir hacia la industrialización pero anteponiendo siempre el cuidado de nuestro medio ambiente. En ese sentido, los autos pueden ayudarte a reducir el desempleo en un primer momento, pero ya está jugando un rol muy dañino. ¿Será muy rebuscado pensar que la gente se acuerda más del nivel de sus ingresos y del consumo pero no del malestar que le generan los embotellamientos constantes, quizá por la imposibilidad de cuantificarlo y hacer comparaciones una década después? Entonces creo que no es un tema para despreciar.
Lo último sinceramente no lo entiendo. El problema ambiental es de todos: Neoclásicos, marginalistas, keynesianos, Austríacos y Mapuches. Que los neoclásicos traigan sus propuestas, si me gustan voy a apoyarlas, y no me importa si lo dice Friedman. Nada que ver. Pero ya que lo mencionas, preferiría un poco menos de spread bancario y permitir un ahorro que no se licúe. Decir menos consumo suena políticamente incorrecto, pero sí. Si el consumo es sólo porque no sé que hacer con lo que me sobra del sueldo, y sólo sirve para aumentar las utilidades de las grandes cadenas de electrodomésticos, automotrices, primeras marcas de ropa que explotan a los trabajadores, etc. Entonces soy un "enfriador" de la economía.
Espero no haber dejado nada en el aire, un placer tener estas discusiones.

Alejandro Fiorito dijo...

decis: " Si el consumo es sólo porque no sé que hacer con lo que me sobra del sueldo, y sólo sirve para aumentar las utilidades de las grandes cadenas de electrodomésticos, automotrices, primeras marcas de ropa que explotan a los trabajadores, etc. Entonces soy un "enfriador" de la economía."

alli hay un supuesto marginalista, que es el de pleno empleo de recursos. Si "enfrias" la economia tendras desempleo por un lado y no solo menor consumo. El acelerador de la inversion, desacelera con la caida del consumo, y por lo tanto la productividad. Se crece por demanda. Sin crecimietno, sin demanda no hay posibilidad de desarrollo. Y la posicion antidesarrollista apunta tambien desde una vision ofertista de la mano con un supuesto catastrofismo ecologico que nunca llega. Se obvia el avance tecnologico en relacion con la contaminacion y de la enorme adaptacion de las sociedades humanas. Lamentablemente muchas ong, y medios trabajan para los estados desarrollados de centro con hermosas ideas de un mundo sin Estados, ciudadanos del mundo que en nuestros paises hablan de no crecer. ejemplos sobran: http://www.losproductosnaturales.com/2013/09/el-cambalache-ecologista-frances.html

Eduardo Crespo dijo...

Realizás varias afirmaciones con las que deberíamos tener mucho cuidado: ‘prefiero lavar platos’, ‘consumidores de pavadas’, etc. Son pavadas porque ya las tenemos… Todo esto remite a la segunda guerra mundial y sus consecuencias sociales a veces olvidadas. En aquel momento regía el pleno empleo de verdad y las mujeres fueron incorporadas masivamente al mercado formal de trabajo para reemplazar en las fábricas a los hombres que estaban en los frentes de batalla o en otras actividades relacionadas con la guerra. Desde entonces se viene produciendo una revolución social silenciosa: la mayoría de las mujeres de las sociedades industriales –y luego en el resto del mundo- empezaron a dejar de ser ‘amas de casa’… Así, paulatinamente fue apareciendo un mercado apropiado para maquinizar las actividades domésticas… aquello que Ruth Cowan llama ‘revolución industrial en el hogar’. A muchos seguramente les provocará nostalgia recordar a sus madres con delantal, esperando, a la tarde, la llegada del ‘jefe’ al hogar… Pero la historia, por suerte, no es estática y esas ‘pavadas’ hicieron una flor de contribución para liberar a la mujer del yugo masculino. Como diría Maria Elena Walsh:

“Quien no fue mujer
ni trabajador
piensa que el de ayer
fue un tiempo mejor.
Y al compás de la nostalgia
hoy bailamos por error.”

Otro dato que viene al caso. En general la oferta de electrodomésticos es mucho más variadas en las sociedades igualitarias. ¿Por qué? Pues, porque en las sociedades desiguales esas tareas tan bucólicas y dignificantes son realizadas por un ejército de mucamas, jardineros y demás empleados domésticos… Y más allá de la mecanización del hogar, hablando de otros electrodomésticos, ¿en serio te parecen ‘pavadas’ las computadoras, los equipos reproductores de música, los ventiladores?

Después decís: “Decir menos consumo suena políticamente incorrecto, pero sí. Si el consumo es sólo porque no sé que hacer con lo que me sobra del sueldo, y sólo sirve para aumentar las utilidades de las grandes cadenas de electrodomésticos, automotrices, primeras marcas de ropa que explotan a los trabajadores, etc. Entonces soy un "enfriador" de la economía.”

Convengamos que a muchísima gente, la mayoría, no es mucho lo que le “sobra del sueldo”. Esas víctimas que no saben qué hacer con sus ingresos y por ello están forzados a comprar ‘pavadas’ para engrosar los balances de las empresas representan a una pequeña minoría de privilegiados. El resto tiene muchas necesidades que de pavadas no tienen nada. Además, la mayoría de las necesidades humadas tienen una naturaleza histórico-social. No se trata únicamente de las necesidades biológicas. Esta es una de las tantas características que a los humanos nos distingue de los animales. Yo, por ejemplo, hoy no podría vivir con dignidad sin tener internet y no me parece que ello me convierta en un alienado.

Eduardo Crespo dijo...

Finalmente hay un tema crucial relacionado con la técnica y la forma como efectivamente funciona el sistema capitalista. Una parte no despreciable de la R&D en los países centrales, especialmente en EEUU, hoy está dirigida a generar nuevas fuentes de energía junto a productos y tecnologías ‘Environmentally friendly’. Muy probablemente en unas pocas décadas, o años, esos productos empezarán a comercializarse masivamente y estaremos obligados a comprarlos para adaptarnos a los nuevos parámetros internacionales. En la medida en que esos nuevos desarrollos sean capitalizados por empresas privadas, no sería nada improbable que la OTAN comience a promover una nueva forma de imperialismo basada en la ecología… Así como hoy utilizan como excusa la ‘democracia’, los ‘derechos humanos’, el combate a las ‘armas de destrucción masiva’ y la lucha contra el ‘terrorismo’, seguramente la legítimas aspiraciones ambientales también ingresarán en la agenda del imperio. No se sorprendan si en unos años un Cowboy ‘verde’, alguna nueva y macabra versión del increíble Hulk, convoca a invadir a un país en nombre de los derechos ambientales de la humanidad.

En ese contexto, ¿qué proponen nuestros ambientalistas por estas latitudes? ¿Entrar en la carrera científica para desarrollar también nosotros esas tecnologías o al menos no llegar demasiado tarde a sus desarrollos secundarios? No. La idea es dejar de crecer, ‘cerrar el INVAP’ (como proponía Greenpeace hace unos años), rediscutir regresivamente el ‘concepto’ de desarrollo y volver al modo de producción mapuche. En la práctica, me parece, esa nueva izquierda actúa como agente activo del imperio.

Anónimo dijo...

Ayer contesté el comentario de Alejandro Fiorito, no se si tarda en aparecer o al final no se envió y se perdió. Espero un tiempo más, mientras tanto contesto a los últimos comentarios de Eduardo Crespo.
Bienvenido el verso de M.E.Walsh, muy cierto es: "Todo tiempo pasado fue mejor" es de un conservadurismo extremo. Creo sin embargo que hay que tener cuidado con esa visión de liberalización de la mujer, al fin y al cabo la inversa del poema de Walsh no tiene por que ser cierta no? "Todo cambio nos lleva a una situación mejor". Detrás de la liberalización femenina y la posibilidad que le dió el mercado laboral de independizarse económicamente, y con ello muchas ventajas de todo tipo, hay multinacionales que están encantadas: más empleo significa más ingresos y mas ventas. ¿De cosas útiles? ahí ya no lo creo.
Y esto no depende del nivel socioeconómico.
Me preguntás si me parece una "pavada" las computadoras o celulares? Claro que no. Ahora bien, si me preguntas si tiene sentido ir corriendo atrás de cada nueva tecnología, cambiando el celular cada seis meses diría que tampoco. Al menos no hasta que exista un modo de producción de celulares que supongamos sostenible. Hoy aceptamos pasivamente que se fabriquen "descartables" muchos aparatos (que podrían durar muchísimo tiempo más) para aumentar las ventas.
En ese sentido creo que las sociedades vivimos alienadas, nos levantamos temprano, vamos a trabajar viajando dos horas al microcentro, trabajamos generalmente en tareas que no nos "dignifican" sino más bien nos frustran y volvemos a casa otra vez perdiendo hora y media de vida para poder ir a cenar afuera de vez en cuando y comprar pavadas que a cambio de una "utilidad" dan mucha mayor utilidad a las empresas que lo fabrican y muchísima desutilidad a las generaciones futuras y a parte de la población actual. Pero nosotros solo medimos la utilidad del celular nuevo. Las mujeres que decís que dejaron de realizar tareas domésticas, hoy realizan tareas administrativas monótonas. Se liberaron del yugo de su marído para caer en el yugo del consumismo.
Podría decirse que cada uno elige su destino, pero cuando tenés incentivos constantemente hacia un lado, tu elección no es tan libre. Personalmente preferiría una sociedad donde los ingresos, sean del hombre o la mujer, se compartan absolutamente, que los padres tengan tiempo para educar a sus hijos, pero que la producción global solo se acepte hasta el límite de sostenibilidad.
¿Es esto volver para atrás? En absoluto. Los electrodomésticos pueden existir y cada persona tiene derecho a elegir si lo quiere así como no hay razón para que las mujeres no tengan los mismos derechos que los hombres.
No se trata de negar la historia. La posguerra fue una etapa que, con una base material, permitió avances en todo sentido. Pero hoy existen otras preocupaciones que debemos atender también.

Anónimo dijo...

Llamo "pavadas" a toda mercancía que contamina y se pre-supone (por hipótesis) que si es consumida es porque satisface alguna necesidad, sea biológica o "del alma", que el ser humano ya tenía. Esto no considera el rol que juegan las grandes compañías a través de los medios de comunicación indicándonos qué es la buena vida (materialista al mango) y creando necesidades nuevas. Además de enseñarnos cómo una mujer que se queda en la casa cuidando a los hijos es o antigua o fracasada. Ni hablar si lo hace un hombre POR FAVOR! el es quien más debe entrar a la rueda del capitalismo. Como dijiste antes, el que no sube cae. Y no creas que depende exclusivamente del nivel socioeconómico: dejando de lado quien no cubre sus necesidades biológicas que por supuesto no le sobra nada, basta ver los shoppings abarrotados de consumidores en barrios de clase baja para darse cuenta que son víctimas también de esa lógica aún cuando evidentemente los montos gastados sean menores. Puede argumentarse que detrás de eso hay una necesidad no biológica de sentirse clase media, y por supuesto lo que menos pretendo es acusar de nada, pero desde una visión mínimamente abstracta es algo que está funcionando muy mal. Están consumiendo pavadas, haciendo el juego a las grandes corporaciones y creyendo que en ese materialismo va a encontrarse la dignidad humana, dignidad que la clase media alta tampoco encuentra, porque nunca va a estar en el trabajo alienante y el consumo que intente llenar el vacío que nuestros modos de vida nos generan (sumado al que inherentemente tiene el ser humano por su condición de ser consciente de su fugacidad). La sociedad que imagino es participativa, informada, con responsabilidad ciudadana. Difícilmente queden ganas a una persona que su semana completa la ocupa en algo que no le hace feliz y la agota física y psiquicamente. Entonces sí que prefiero menos consumo de muchas pavadas, medio ambiente más sano y más tiempo libre para que TODOS (no sólo una elite) intervengan en las decisiones políticas (ahí queda claro que necesitamos MAS Estado). Precisamente la tecnología hay que aprovecharla, internet es una herramienta fundamental para la participación ciudadana, y seguramente no sea de las que la población en un hipotético "recorte de producción de pavadas" elija. Si creo que en un trabajo coordinado nunca la gente hubiese decidido amontonarse en una ciudad y comprar cada uno un automóvil para asegurarse de perder 3 horas por día. Ahí hay fallas. Contaminación innecesaria.

Anónimo dijo...

Ahora me doy cuenta que no salió la respuesta a Fiorito porque excedí el numero de caracteres... ya escribiré de nuevo

Alejandro Fiorito dijo...

Anonimo, me parece sumamente "normativo" lo que decis, muy ingenuo, en tanto no explica por què no sucede en la mayor parte del planeta no desarrollado, ese orden de sentido comun del que hablàs. Por què no se puede hacer como el Estado Holandes que hasta planifica la cantidad de gente que puede vivir en cada ciudad, (para que soporte una bicisenda...) Y me parece que no das cuenta de la histeresis de los procesos, no sòlo los tecnológicos, sino también la inercia historica que incluye las instituciones y las legislaciones y hasta los habitos que se naturalizan (se puede llegar a extrañar los aglomeramientos! cuando no se tengan). Para salirse de ese circulo se debe industrializar y precisamente el discurso ecologista bancado por EStados desarrollados viene a patear la escalera. Y se parte desde donde se está, no donde deberia estar. Creo que esa es la diferencia. Enorme.

Anónimo dijo...

Esto no es de Anonimo sino de Sachs!!
The western economist’s logic of ever higher GNP is built on a vision of humanity completely at variance
with the wisdom of the sages, the research of psychologists, and the practices of advertisers. The economist
assumes that individuals are rational decision-makers who know what they want and how to get it, or to get
as close to it as possible given their budget. Individuals care largely about themselves and derive pleasure
mainly through their consumption. The individual’s preferences as consumers are a given or change in ways
actually anticipated in advance by the individuals themselves. Some economists even say that drug addicts
have acted “rationally,” consciously trading off the early benefits of drug use with the later high toll of addiction.
These economists may say this, but they don’t dare examine such foolishness too closely!

We increasingly understand that we need a very different model of humanity, one in which we are a
complicated interplay of emotions and rational thought, unconscious and conscious decision-making, “fast”
and “slow” thinking. Many of our decisions are led by emotions and instincts, and only later rationalized by
conscious thought. Our decisions are easily “primed” by associations, imagery, social context, and advertising.
We are inconsistent or “irrational” in sequential choices, failing to meet basic standards of rational consistency.
And we are largely unaware of our own mental apparatus, so we easily fall into traps and mistakes. Addicts
do not anticipate their future pain; we spend now and suffer the consequences of bankruptcy later; we break
our diets now because we aren’t thinking clearly about the consequences.
We also understand (again!) that we are social animals through and through. We learn through imitation,
and gain our happiness through meeting social norms and having a sense of belonging to the community.
We feel the pain of others, and react viscerally when others are sad or injured. We even have a set of “mirror
neurons” that enable us to feel things from the point of view of others. All of this gives us a remarkable
capacity to cooperate even with strangers, and even when there is little chance of reward or reciprocity, and
to punish non-cooperators, even when imposing punishment on others is costly or puts us at risk ourselves.
Of course there are limits to such cooperation and fellow feeling. We also cheat, bluff, deceive, break our
word, and kill members of an out-group. We engage in identity politics, acting as cruel to outsiders as we are
loving to our own group.
All these lessons of human nature matter more than ever, more even than when the Buddha taught humanity
about the illusions of transient pleasures, and the Greeks warned us against the tempting Siren songs that
could pull us off our life’s course. For today we have more choices than ever before. In the ancient world,
the choice facing most of humanity most of the time was little choice indeed: to work hard to secure enough
to eat, and even then to face the risk of famine and death from bad weather or bad luck.

Now we face a set of real choices. Should the world pursue GNP to the point of environmental ruin, even
when incremental gains in GNP are not increasing much (or at all) the happiness of affluent societies?

Should we crave higher personal incomes at the cost of community and social trust? Should our governments spend even a tiny fraction of the $500 billion or so spent on advertising each year to help individuals and
families to understand better their own motivations, wants, and needs as consumers?

Anónimo dijo...

28/09/2013 - El altruismo “es una urgencia para el mundo” y la gran respuesta a la crisis, afirma en su último libro “Plaidoyer pour laltruisme” el monje budista y científico francés Matthieu Ricard, invitado del día de ayer en la emisora France-Info.

El también portavoz e intérprete del Dalai Lama subrayó la importancia de seguir “un modelo” que reúna las tres escalas temporales que afronta la sociedad en la actualidad: “El corto plazo de la economía, el medio plazo con la calidad y satisfacción de la vida, y el largo plazo con el medio ambiente”.

El altruismo, agregó, no es solo un sentimiento generoso, es algo también bastante pragmático: cuando lleguen los 200 millones de refugiados climáticos que prevé el informe Nicholas Stern sobre el coste del cambio climático, “costará 20 veces más de reparar que ahora, solo que ahora se duda en pagar la cuenta”.

Eduardo Crespo dijo...

¿Portavoz e intérprete del Dalai Lama? ¡Lo que nos faltaba! ¡Cartón lleno! Ahora el Foreign Office y la CIA se volvieron verdes, respaldan la ‘economía social’ y hasta defienden la solidaridad como principio… No nos dejemos seducir por el pesimismo porque esto demuestra que el progreso moral existe y que el bien al final siempre gana. El amor es más fuerte.

Anónimo dijo...

Considero de amplio interés la discusión de la teoría neo-maltusiana, en una óptica como la demográfica que va influyendo en pautas de consumo de la población. Tomando como ejemplo la población mexicana, mientras la natalidad por hogar estaba en promedio en 6-7 hijos en 1970, ahora es de 2-3 hijos. El desarrollo tecnológico, explicitado en el consumo, aumenta el bienestar pero hay una tendencia histórica en esta fase del capitalismo, a disminuir gente joven a quien va dirigida la oferta en si disgregada.
Muy buna aproximación, y coincido en que los neo marxistas no actualizan a Marx en esta polémica

Alejandro Fiorito dijo...

lo que dice el texto es que los neo marxistas, han olvidado a Marx, el que establecia un vinculo positivo entre fuerzas productivas y relaciones de produccion.
a.