El Viejo Almacen -Bs.As.

Surplus Approach

“Es necesario volver a la economía política de los Fisiócratas, Smith, Ricardo y Marx. Y uno debe proceder en dos direcciones: i) purgar la teoría de todas las dificultades e incongruencias que los economistas clásicos (y Marx) no fueron capaces de superar, y, ii) seguir y desarrollar la relevante y verdadera teoría económica como se vino desarrollando desde “Petty, Cantillón, los Fisiócratas, Smith, Ricardo, Marx”. Este natural y consistente flujo de ideas ha sido repentinamente interrumpido y enterrado debajo de todo, invadido, sumergido y arrasado con la fuerza de una ola marina de economía marginal. Debe ser rescatada."
Luigi Pasinetti


ISSN 1853-0419

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24 ago. 2013

Un keynesismo forte fa respirare l'Argentina



 

Muy difundido como espantapájaros por los partidarios de la amarga austeridad o como licencia de indignado en la UE y paradigma a imitar por grillismo más radical, Argentina ocupa ahora un espacio indiscutible en el debate político italiano: "Vamos a terminar como Argentina" o " Usted tiene que hacer, como Argentina "se han convertido en lo que dos aforismos, recurrentes e incluso despectivos, en el debate sobre la crisis económica actual. Hasta el momento evaluaciones similares se han mantenido en un nivel muy superficial de análisis, muy afín a las lentes de distorsión "del  primer mundo" con el que se intenta observar la complejidad, y al a veces contradictorio  continente sudamericano, y que repite estrictamente nuestra prensa local. Sin embargo, una vez enmarcado en su especificidad, el caso argentino puede llegar a contener información crucial para el debate sobre el estado (estado de coma), de la realidad italiana y europea. Lo recomendamos a partir de los números fríos. 

 Entre 2003 y 2011, el PIB de Argentina creció en promedio un 7,6% anual, se ha ralentizado en 2012 hasta situarse en el 1,9% (gracias al repentino crecimiento de cero "locomotora regional" Brasil, sino también un fuerte freno fiscal) y, finalmente, este año puede terminar en un 6%. Vale la pena señalar que, como ha señalado Mark Weisbrot y otros, el crecimiento de Argentina hasta el 2011 fue el más rápido y fornido en el mundo occidental de hoy. Un crecimiento económico similar, impetuoso, evidentemente, ha supuesto una fuerte generación de puestos de trabajo y una reducción drástica del desempleo, que pasó del 25% al 7,3% durante el período (con los últimos indicadores trimestrales que apuntan a una mayor contracción). Pero algo mucho más interesante, fue acompañado por una mejora constante de la distribución del ingreso: el índice de Gini (el valor más alto indica una alta desigualdad) de hecho ha reducido gradualmente hasta su valor corriente 0.372. Un logro increíble en comparación con el resto de la región de América Latina: en Brasil, el coeficiente de Gini es aún igual a 0,52. 

  Resultados similares fueron esencialmente el resultado de una política económica intervencionista y fuertemente orientada a la expansión de la demanda interna, cuyas claves fueron la política fiscal (acompañado de una política monetaria acomodaticia, ejecutado por un banco central no más independiente) y las muchas transferencias siempre en beneficio de las clases media y baja. Además, la cercanía tradicional de los sindicatos de los gobiernos peronistas argentinos comerciales centrales ha producido una política salarial que les permite a los trabajadores seguir el ritmo de la inflación, aunque este último se estima entre el 20 y el 25%, en la actualidad el crecimiento de los salarios de los 2013 se espera que sea aproximadamente el 25,3% (con un máximo del 31,2% en el sector privado), que no afecta el poder adquisitivo de los sectores populares. Es esta lógica ha inspirado la obstinada negativa de los gobiernos de Kirchner a devaluar el peso argentino. No hay que olvidar que en los países en desarrollo a los efectos de una devaluación son altamente regresivos en términos de distribución del ingreso, ya que, por un lado, mayor es la cantidad de bienes de consumo y de inversión importado y, en segundo lugar, es más fuerte el riesgo de un efecto de arrastre de los precios internacionales en los precios internos. Para disipar cualquier duda, siempre hay que recordar que la propia imprevisión de la devaluación del bolívar a dos meses de las elecciones ha sido la fuente de la hemorragia de votos en los sectores populares que casi le costó la victoria en Venezuela a Nicolás Maduro, aunque este detalle parece haber escapado a muchos observadores del primer mundo.  

En este sentido, no es una explicación convincente de los economistas (por ejemplo, Frenkel y Bagnai) que identifican el tipo de cambio competitivo clave de crecimiento de Argentina, aceptando la tesis ortodoxa de Rodrik sobre la existencia de una correlación positiva entre la tasa de los precios y el crecimiento económico. En los años más oscuros de la actual crisis global, por ejemplo. 2010-11, el peso argentino, de hecho, volvió a niveles similares a los de la apreciación de los años de la convertibilidad del dólar, sin embargo, el PIB de Argentina llegó a las cumbres más altas de crecimiento (9,2% en 2010 y 8,9% en 2011) y el producto industrial creció aún más (9,8% en 2010 y 11,0% en 2011). En todo caso, lo contrario parece plausible: los datos parecen indicar que la clave de la expansión económica argentina reside en un fuerte keynesianismo que ha inspirado a las acciones de sus gobiernos, acompañados de un cierto grado de proteccionismo y el creciente esfuerzo para crear un espacio de maniobra suficiente para que la política económica, que comenzó con el proceso crucial de desendeudamiento y desacoplamiento de los préstamos del FMI, que imponen políticas de austeridad draconianas. En este contexto, la devaluación tendría sin duda efectos regresivos y opuestos a los deseados por las autoridades económicas. Ni tampoco se puede descartar su escasos efectos sobre el volumen de comercio exterior, como está ampliamente documentado en la literatura económica argentina (por ejemplo Berrettoni y Castresana, 2008). Por supuesto, no es hacer caso omiso de los problemas de este país y los retos que se enfrentará en el futuro. En particular, cabe señalar que al menos parte de la desastrosa herencia neoliberal de los años 90 aún está presente, en forma de una excesiva dependencia de las importaciones y de la economía nacional por el capital transnacional, especialmente en las áreas clave de bienes y equipo durable de 'la energía: entre 2003 y 2011, las importaciones aumentaron en un promedio de 16,6% anual, mientras que las exportaciones sólo el 6,3% anual. 
Esto dio lugar a un déficit en la cuenta corriente, pero acompañado de una balanza de bienes ampliamente positiva. En lugar de poner de relieve un problema de competitividad, es en realidad potencialmente capaz de reproducir una paradoja, anteriormente conocida como ciclo de stop and go: el fuerte crecimiento del PIB provoca aumento de las importaciones (mayor crecimiento que las exportaciones), que genera un creciente desequilibrio en la cuenta corriente de la balanza de pagos. Para detener este fenómeno se producen las devaluaciones, que, dado el contexto de crecimiento genera una inflación fuera de control, empeorando la distribución, mientras la economía se enfría y se neutralizan los efectos del crecimiento económico anterior, condenando asi al país a un subdesarrollo perpetuo.  Para no olvidar la ausencia de estadísticas fiables sobre la inflación y una cierta timidez del gobierno nacional a tomar nota de los orígenes de la naturaleza distributiva de este fenómeno (que se manifestó con fuerza desde 2009, año en el que el salario real ha vuelto a los niveles anteriores a la crisis y no en cambio debido al exceso de gasto público, como argumentan Frenkel y Bagnai) e intervenir con una política de ingresos adecuada y controles de capital.


Sin embargo, lo que creemos que merece ser destacado es que en contraste, mientras en la UE domina el pensamiento económico ortodoxo y las recetas neoliberales propugnadas por instituciones internacionales, el Keynes menos domesticado y el estructuralismo económico heterodoxo ha encontrado hospitalidad en el palacio de gobierno de la economía argentina. Basta recordar, a modo de ejemplo, el requisito reciente a los bancos y compañías de seguros para destinar el 5% de los depósitos a la inversión productiva en sectores estratégicos establecidos por la Subsecretaría de Planificación (!): Lo que en Italia haría gritar al régimen de bolchevique, parece que todavía será capaz de garantizar el crecimiento económico de Argentina, a pesar de la situación internacional en general y algunas cuestiones no resueltas. ¿Tomarán nota el gobierno y sus adeptos italianos?


*Roberto Lampa (Universidad de Buenos Aires) e Alejandro Fiorito (Universidad Nacional de Lujan)

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