El Viejo Almacen -Bs.As.

Surplus Approach

“Es necesario volver a la economía política de los Fisiócratas, Smith, Ricardo y Marx. Y uno debe proceder en dos direcciones: i) purgar la teoría de todas las dificultades e incongruencias que los economistas clásicos (y Marx) no fueron capaces de superar, y, ii) seguir y desarrollar la relevante y verdadera teoría económica como se vino desarrollando desde “Petty, Cantillón, los Fisiócratas, Smith, Ricardo, Marx”. Este natural y consistente flujo de ideas ha sido repentinamente interrumpido y enterrado debajo de todo, invadido, sumergido y arrasado con la fuerza de una ola marina de economía marginal. Debe ser rescatada."
Luigi Pasinetti


ISSN 1853-0419

28/7/2014

La visión "Gary Lineker" de la crisis europea


Por Pablo Bortz *

Así como la predominancia de Alemania en el mundo del fútbol ha alcanzado su pico con la conquista de la Copa del Mundo en Brasil, los designios del país germano han marcado el derrotero en los últimos años de la economía de la Eurozona, inmersa en una situación deplorable.

Para empezar, cabe remarcar que la crisis europea no fue causada por el (inexistente) descontrol fiscal de los países de la “periferia”, ni por un excesivo crecimiento salarial que redujo la competitividad de las economías como España, Italia, Irlanda y Grecia, entre otras. Si bien hay matices en cada país, el origen de los problemas económicos está en la desregulación financiera y el flujo de capitales financieros (principalmente bancos y fondos de pensiones) desde Alemania, Holanda y otros, hacia la periferia europea, para financiar burbujas inmobiliarias (tanto de casas como desarrollos comerciales privados), causando graves déficit comerciales en la Eurozona y dejando endeudadas a las familias, empresas y bancos.

Cuando la crisis estalló, primero en Irlanda, luego en Grecia y en otros países, los bancos alemanes estaban muy expuestos ante posibles incumplimientos del sector privado, y dado el hartazgo del público alemán por los rescates bancarios, impulsaron (exitosamente) una estrategia ya adoptada en la crisis de la deuda latinoamericana: hacer que los estados nacionales asuman la deuda del sector privado (incluyendo el salvataje a bancos), financiados eventualmente con “planes de rescate” por parte del FMI y la Unión Europea (en definitiva, los contribuyentes alemanes, holandeses y demás), e imponiendo inmediatamente los archiconocidos planes de ajuste y austeridad, con sus consabidos efectos de desempleo, pobreza y empeoramiento en las condiciones de vida (y el auge de la extrema derecha). Lógicamente, el tamaño de la deuda asumido por países como Grecia las tornaban incobrables, pero las ineludibles reestructuraciones de deuda (y las correspondientes pérdidas para los acreedores) fueron demoradas hasta tanto los bancos alemanes (y los franceses también) se deshicieran de los bonos griegos, chipriotas, españoles, italianos y portugueses.La periferia, entonces, entró en una depresión económica.

 ¿Qué ha pasado con Alemania?
Por un lado, los grandes bancos, protegidos contra los dramas de la periferia, se desentendieron de ella y se dedican a financiar un boom de la construcción en Alemania y a especular (muy riesgosamente) en el mercado financiero estadounidense. Asimismo, el sector manufacturero alemán, mucho más tecnificado, diverso y sólido, consiguió diversificar su clientela, exportando bienes de capital y bienes de consumo de lujo no sólo a los deprimidos mercados europeos, sino también a los crecientes mercados chinos, rusos, indios y coreanos, entre otros, lo que le permitió crecer aun en un contexto europeo recesivo, tanto a las grandes como a las pequeñas y medianas empresas. Pero como siguieron teniendo una importante clientela en el sur de Europa, surgieron conflictos entre las posturas de las grandes compañías y los bancos, que eventualmente se saldaron a favor de los primeros, quienes todavía defienden al euro.

¿Cuáles son las objeciones de los grandes bancos alemanes?
La clave está en la relación entre los estados nacionales y sus sistemas bancarios. Los estados nacionales, endeudados por la recesión económica, siguen siendo el último soporte de sus frágiles sistemas bancarios, dando lugar a un círculo vicioso entre endeudamiento público y fragilidad financiera, particularmente en la periferia europea. Para romper ese círculo, la Eurozona avanzó en el diseño de una unión bancaria, que implica regulaciones comunes para todos los sistemas bancarios, así como un fondo paneuropeo para eventuales rescates, involucrando a accionistas y acreedores de los bancos, pero sin mayor endeudamiento público. El sistema bancario alemán cuenta actualmente con regulaciones más suaves que las que entrarían a regir con la unión bancaria, tanto en los bancos pequeños o cajas de ahorro (Sparkassen, una elogiable red de bancos chicos ligada a las pequeñas y medianas industrias), como bancos provinciales (gestionados escandalosamente) y bancos de actividad global. Asimismo, ese círculo vicioso entre deuda pública y fragilidad bancaria le ha dado una ventaja competitiva frente a los demás bancos de la Eurozona, que no están dispuestos a perder.

No es que la periferia pueda esperar algún gesto de buena voluntad por parte de Alemania. No hay voluntad política para implementar las políticas que solucionarían la crisis, y las posturas varían entre un sostenido apoyo a los paquetes de ajuste y estancamiento de la periferia y un desinterés total por su destino.

* Doctor en Economía. Universidad Tecnológica de Delft-Holanda.

Original: Pagina 12

27/7/2014

Renegociar con los buitres


 Por Matías Vernengo *

La deuda externa es vista por muchos en la izquierda como un instrumento de control de los países avanzados sobre los países periféricos, o mercados emergentes que es como nos llaman cuando quieren vender los bonos en los mercados internacionales. Y ciertamente hay algo de verdad en eso. Es la necesidad de comprar bienes de capital e intermedios que imponen, frente a los límites del resultado comercial, la necesidad de endeudarse. O sea, para mantener los patrones de consumo y el nivel de la inversión local es necesario endeudarse para pagar por las importaciones, y después para pagar la deuda misma, claro. Los fondos buitres serían, en ese contexto, simplemente un instrumento más del capitalismo salvaje internacional dispuestos a conducirnos a nuevas formas de coloniaje.

Por eso mismo muchos tomaron como lección del último default, que no hay que endeudarse nunca. Vivir con lo nuestro como fundamento de la política económica. Esa visión extremada llevaría a una autarquía completa, una especie de estrategia norcoreana de desarrollo. Es importante desarrollar la capacidad productiva nacional, sin duda, pero es inevitable que la economía nacional se beneficie de algún contacto con los mercados globales. Sin ir más lejos, nuestra restricción externa en el momento es esencialmente energética, lo que quiere decir que la posibilidad de tomar prestado en los mercados internacionales estaría en función de aumentar el potencial energético de la economía nacional.

Por eso mismo, no hay que perder de vista cuáles son las razones por las cuales la deuda externa puede ser tomada, y los usos que se le pueden dar. Es verdad que muchas veces el país se endeudó sin obtener a cambio ningún beneficio palpable. Pero las deudas, como los animales de Orwell, son todas iguales, pero unas más que otras. Sin duda es conveniente evitar endeudarse en moneda extranjera, una vez que para poder hacer frente a los gastos con el servicio de la deuda, la única alternativa segura es obtener fondos con las exportaciones de productos y servicios nacionales. Por eso mismo una deuda externa que ayuda a estimular las exportaciones, o disminuye las necesidades de importaciones futuras, reduce las necesidades de tomar más deuda en el futuro.

Lo que está en juego en las negociaciones con los fondos buitre es la posibilidad de seguir creciendo. En los últimos tres años, después de la recuperación de la crisis global del 2008 y 2009, la economía argentina esencialmente creció menos por la restricción externa. Los superávit de la cuenta corriente disminuyeron hasta desaparecer, más que nada por el déficit energético resultado de treinta años de falta de inversión y del uso mal manejado de las reservas de gas natural con excesivas exportaciones en los años noventa, cuando los precios eran bajos, y sin previsión de las necesidades futuras de la economía. Las reservas internacionales fueron cayendo junto con la disminución de los superávit de cuenta corriente, y al contrario de Brasil –que tiene déficit en cuenta corriente significativos– las tasas de interés negativas no permitieron la entrada de capitales en la Argentina.

La única forma de seguir creciendo y, por lo tanto, de seguir importando energía sin tener un superávit en cuenta corriente, es reentrando en los mercados de capitales internacionales. De ahí que el Gobierno haya devaluado el peso –creyendo quizás que estimularía las exportaciones, lo que es poco probable– y aumentado las tasas de interés para por lo menos disminuir la fuga de capitales, además de arreglar con el Club de París, para acceder a los mercados internacionales en mejores condiciones.

El arreglo con los buitres puede tener consecuencias graves, y no sería sin costos. Es bien posible que los costos sean mayores que lo que haya que pagarles directamente a los buitres, una vez que los detentores de los bonos que entraron en el canje pueden también demandar mejores términos. Sin embargo, los costos de la alternativa, no negociar y entrar en default son aún más graves. Solo con la retomada del crecimiento en la última década fue posible elevar el ingreso per cápita, aumentar los salarios, y reducir la desigualdad. La inflación más alta, resultado de presiones salariales, y un tipo de cambio nominal más devaluado, hasta hace unos años no fueron traba para que subieran los salarios reales. Justamente es la falta de crecimiento, causada por la disminución de la demanda, que ha impuesto un límite al modelo redistributivo del kirchnerismo.

Para retomar el crecimiento es necesario renegociar con los buitres y evitar el default. Lejos de representar una ruptura del “modelo”, que presupone que lo esencial de los últimos años fue el desendeudamiento externo (debe notarse que por razones políticas se ha permitido que gobiernos provinciales se endeudaran en dólares y que esos pasivos históricamente terminan en las cuentas del gobierno federal), y no el crecimiento con redistribución de ingresos. Lo esencial es que si se evita el default, y se retoma el crecimiento, con entradas de capital para financiar déficit en cuenta corriente, aumentarán las inversiones para reducir la dependencia energética. Eso mejoraría la capacidad de crecimiento, reduciría las necesidades futuras de endeudamiento, y sería más congruente con lo esencial del modelo nacional y popular de desarrollo.

* Profesor de Economía de la Bucknell University y de la Maestría en Desarrollo Económico de la Unsam.

Original: Cash

25/7/2014

Saverio M. Fratini: A Note on Reswitching and Intertemporal Prices. CSWP 5



Centro Sraffa announces that the Centro Sraffa Working Paper (CSWP) n. 5, A Note on Reswitching and Intertemporal Prices, by Saverio M. Fratini, is now online and available for public access at the following link

 
Bliss (1975) claims that reswitching is nothing but an ‘optical illusion’ due to the exclusion of non‐stationary price sequences from the analysis. The present paper is aimed at developing this point. The standard case for choice of techniques and reswitching is reformulated in terms of Arrow‐Debreu intertemporal prices and the conditions making these prices stationary are highlighted separately. It is then shown that the analysis of the choice of techniques in terms of ‘switch points’ requires the stationary conditions.

The Centro Sraffa Working Papers (CSWP) are aimed at promoting and disseminating economic research based on the revival and development of the classical approach to value and distribution along the lines developed by Piero Sraffa.
Contributions sharing this perspective are welcome in all fields of economic theory, history of economic thought, policy analysis, economic history and methodological debate.
 For full Statement and Author Guidelines please go to Centro Sraffa Working Papers

23/7/2014

Patrones de Desarrollo Económico



Publicação

Padrões de Desenvolvimento Econômico (1950–2008): América Latina, Ásia e Rússia - Volume 1Padrões de Desenvolvimento Econômico (1950–2008): América Latina, Ásia e Rússia - Volume 1

CGEE | 2013

Confira os temas abordados nessa publicação:
  • Visão de conjunto
    Ricardo Bielschowsky, Carlos Eduardo Schönerwald da Silva e Matias Vernengo
  • Estratégias nacionais de desenvolvimento
    Carlos Aguiar de Medeiros
  • Padrões de investimento, crescimento e produtividade na economia argentina
    Alcino Ferreira Camara Neto e Matias Vernengo
  • Padrões de desenvolvimento na economia brasileira: a era desenvolvimentista (1950-1980) e depois
    Ricardo Bielschowsky e Carlos Mussi
  • Evolução e Transformação Estrutural da Economia Chilena 1950-2009
    Álvaro Diaz
  • In medio virtus? O caso da Colômbia
    Antonio Carlos Macedo e Silva
  • Economia mexicana a partir da substituição de importações: o desenvolvimento e alguns dos seus limites
    João Furtado
  • Venezuela: petróleo abundante, desenvolvimento difícil
    Carlos Eduardo Carvalho
Documento 7MB

Padrões de Desenvolvimento Econômico (1950–2008): América Latina, Ásia e Rússia - Volume 2Padrões de Desenvolvimento Econômico (1950–2008): América Latina, Ásia e Rússia - Volume 2

CGEE | 2013

Confira os temas abordados nessa publicação:
  • Padrões de investimento, mudança institucional e transformação estrutural na economia chinesa
    Carlos Aguiar de Medeiros
  • Padrões de crescimento, investimento e processos inovadores: o caso da Coreia do Sul
    Mariano Francisco Laplane e Adriana Nunes Ferreira
  • Padrões de crescimento e investimento: o caso das Filipinas
    Carlos Schönervald da Silva
  • Investimento e transformação estrutural na economia indiana: dois padrões de crescimento (1950-1979 e 1980-2008)
    Daniela Magalhães Prates
  • O caso da Indonésia
    David Kupfer e Esther Dweck
  • Padrões de crescimento, investimento e inovação – o caso da Tailândia
    Mauro Borges Lemos, Thiago Caliari, Márcia Alves Pereira e Verônica Lazarini Cardoso
  • A potência vulnerável: padrões de investimento e mudança estrutural da União Soviética à Federação Russa
    Franklin Serrano e Numa Mazat
  • A modo de conclusão: Padrões regionais e singularidades nacionais do desenvolvimento econômico latino-americano, asiático e russo (de 1950 a fins dos anos 2000) – síntese comparativa de 13 países
    Ricardo Bielschowsky
  • Documento 11MB

20/7/2014

Planificación y Divisas


 Por Claudio Scaletta


Dejando de lado a quienes creen que todo se reduce a una cuestión de equilibrios presupuestarios, que son los mismos que anhelan que el sector público no intervenga en prácticamente nada, existe un consenso bastante extendido acerca de cuáles son los factores clave para sostener el crecimiento de la economía. La enumeración es breve. Partiendo del efecto principal, y estructural, de los procesos de crecimiento de largo plazo en la economía local, la escasez de divisas, se proponen todos aquellos factores que la contrarresten. La urgencia pasa hoy por recuperar el autoabastecimiento energético y una sustitución de importaciones más efectiva, comenzando por la principal rama de la industria.
En segundo lugar, como el excedente de divisas no es sólo lo que se deja de importar sino el neto del comercio exterior, es igualmente importante aumentar exportaciones. Bajo esta idea-objetivo debería limitarse la falsa dicotomía campo-industria.
 En tercer lugar, las divisas no se van solamente por importaciones. Todos los pagos al exterior restan dólares y, con ello, crecimiento: este es, por ejemplo, el efecto real de un mal arreglo en materia de deuda externa, algo que los buitres internos nunca explicitan en su menú de predicción de desastres.

Lo enumerado trasciende la contabilidad del balance de pagos. Es, simplificado, un enfoque integral que no suele estar en la mente de los hacedores de política, incluso en la de quienes se mostrarían de acuerdo en que alejar la restricción externa es el punto de partida. De ser así no se hubiese demorado tanto en tomar las riendas del problema energético, o no se seguirían importando centrales térmicas llave en mano o vagones de ferrocarril. Tampoco se vería como una panacea la inversión de capitales extranjeros en centrales hidroeléctricas, pues estos capitales traen consigo, como se encargó de demostrar la experiencia de los ‘90, la importación de insumos de proveedores del exterior, por ejemplo las turbinas. Lo que se importa no se produce fronteras adentro, se importa empleo y las empresas locales pierden ganancias y capacidades tecnológicas.

Si se conversa aisladamente con los funcionarios involucrados en estas decisiones, negativas para el problema principal, es probable que tengan un discurso desarrollista. La pregunta es: ¿qué falla para que elijan opciones que no disminuyen los efectos del problema principal? Una posible respuesta inmediata es que no existe “planificación para el largo plazo” (tranquilos, se evitará aquí la cita de Keynes). Las decisiones de gestión se encuentran permanentemente sumergidas en la urgencia. Por ejemplo: las tendencias de crecimiento de la demanda y disminución de la oferta de hidrocarburos se conocían desde mucho antes que las curvas se crucen. Los problemas de oferta eléctrica también eran sabidos desde bastante antes que se decida importar usinas térmicas que, de paso, siguen demandando hidrocarburos. Enarsa serviría para la exploración offshore, no para importar gas. Los problemas de infraestructura en el transporte público también son anteriores a las primeras señales de colapso y a la decisión de importar material rodante. En el país existen empresas con capacidad de producir turbinas hidroeléctricas desde antes de que se imagine cualquier “alianza estratégica” con China. El componente importado de la producción automotriz, un problema que se discute desde la hora cero del Mercosur, no sólo se mantuvo sino que se agravó notablemente.

Lo que falla, entonces, es la visión integral. En ningún tablero de comando se encienden luces de alarma cuando los sectores avanzan aisladamente en la dirección equivocada. Las soluciones de apuro se muestran como buenas noticias y se legitiman, precisamente, por la urgencia de la hora.

El debate por el desarrollo sigue impregnado por dicotomías falsas, como la citada campo-industria. A pesar de la existencia de un ministerio que lleva el nombre “de Planificación”, todavía hay poco en materia de planificación integral y de largo plazo. Aun considerando las especificidades de cada economía, existe una experiencia internacional relativamente homogénea que debería considerarse. Todos los países que cerraron o están en vías de cerrar la brecha del desarrollo siguen una receta similar: eligen sectores para que se vuelvan dinámicos a partir de su integración en la economía mundial y movilizan todos los recursos del Estado, no sólo materiales, para impulsar estos sectores en el tiempo.

La propia selección de sectores es parte del plan de desarrollo. Parece claro que la selección de Argentina debe incluir la potencia de su complejo agropecuario y sus abundantes recursos naturales, con eje en los energéticos. Pero ambos sectores son la parte de un todo que también debe incluir una mayor agregación de valor en origen. Las alternativas industriales ensayadas hasta ahora, salvo en el caso de algunas industrias metálicas básicas productoras de commodities, y con una alta concentración orgánica del capital, no fueron exitosas en su integración dinámica al mercado mundial. La selección de ramas y su sostenimiento todavía está pendiente. La misma selección es sumamente compleja en tanto supone definir también la alianza de clases que le dará sustento en un marco de estabilidad política.

El desarrollo económico no es un proceso lineal. Las políticas necesarias para el desarrollo no son las mismas en cada momento del tiempo. No alcanza con que cada decisión vaya en la dirección ideológica correcta. La actual administración siempre hizo un culto de las decisiones inmediatas, ignorando de hecho la planificación de largo plazo. Es comprensible cuando se recuerda que asumió en la urgencia, pero después de más de una década ya no debería funcionar bajo la urgencia permanente. No si la meta es el desarrollo como posibilidad de dar continuidad y consolidar las transformaciones iniciadas en 2003.

Original: Cash

14/7/2014

Tres diagnósticos


Por Eduardo Crespo *
 
Las últimas publicaciones del nuevo índice de precios del Indec, así como la mayoría de las estimaciones privadas, indican que la inflación está comenzando a ceder. Algunos analistas apuntan que la reducción del nivel de actividad económica, al contraer los niveles de demanda, sería la principal causante de esta desaceleración. Por su parte, desde ámbitos allegados al Gobierno se pondera que la estrategia gubernamental centrada en el programa Precios Cuidados estaría dando sus frutos.
Antes de sacar conclusiones es conveniente revisar los fundamentos de cada posición. En la Argentina se pueden identificar tres diagnósticos sobre la cuestión inflacionaria. El primero y mayoritario la visualiza como el resultado de un exceso de demanda. El principal (si no único) causante de la inflación es el Gobierno. Un abultado gasto público, sustentado por la siempre denostada “emisión”, colocaría una presión excesiva sobre los precios de bienes escasos. El diagnóstico es simple y popular: muchos billetes con relación a la cantidad disponible de bienes.
La segunda interpretación presenta a la inflación como el reverso de aquella lectura: ésta no sería una consecuencia de la política gubernamental sino el resultado de los “abusos” del sector privado. Empresarios inescrupulosos, en lugar de invertir y aumentar la oferta cuando la demanda crece, abusan de sus posiciones “monopólicas” para subir precios.
Aunque estas visiones parezcan opuestas, comparten ciertos rasgos comunes. La inflación sería consecuencia de un exceso de demanda. Para unos la oferta es fija porque la economía habría llegado a su “máximo potencial”, para otros porque los empresarios serían “renuentes a invertir”. Ambas lecturas comparten la premisa de que la inflación es consecuencia de la idiosincrasia argentina. O sufrimos inflación porque el gobierno “populista” pretende imponer la felicidad imprimiendo billetes, o porque nuestra “burguesía” en lugar de invertir y producir –como se presume que ocurre en otras latitudes– se contenta con aumentar sus ganancias subiendo precios. Ambas interpretaciones también coinciden en sus dificultades para explicar evidencias muy sencillas: ¿por qué la inflación sigue siendo elevada cuando la demanda agregada crece poco o se reduce como ocurre en la actualidad?
Pero existe una tercera interpretación, que escapa de este maniqueísmo de contrastes aparentes. Para ésta, la dinámica inflacionaria es el resultado de la puja distributiva y de todos aquellos elementos que la impulsan o sostienen en el tiempo. A una suba inicial de precios, que reduce salarios reales, normalmente le sigue una recomposición de los salarios nominales que vuelve a impactar sobre los precios a través de los costos, en una espiral que no se detiene fácilmente. La inversa también es cierta: a una suba de los salarios nominales le sigue una recomposición de los precios, y así sucesivamente. En este marco, varios elementos suelen alimentar la dinámica. Eventuales shocks de costos, como una suba de precios internacionales o la devaluación del tipo de cambio, pueden acentuar el conflicto distributivo. Lo mismo puede decirse de los excesos temporarios de demanda que puedan surgir en algunos mercados.
Un elemento relevante para comprender esta posición es entender que la puja distributiva no necesariamente surge cuando la economía está en pleno empleo. Aunque la reducción del desempleo a veces mejora la posición negociadora de los trabajadores, acentuando la puja distributiva y la inflación, no se trata de una ley de hierro, ya que la dinámica depende de elementos institucionales e históricos que suelen modificarse incluso con celeridad, factores tales como el grado de combatividad de los trabajadores, el nivel de sindicalización o las reglas que rigen las negociaciones paritarias.
Entendemos que la desaceleración inflacionaria reciente responde a varios motivos: el tipo de cambio dejó de devaluarse como ocurrió durante 2013 y se registra un menor nivel de actividad. Ambas circunstancias amortiguan la puja distributiva. El programa Precios Cuidados y los acuerdos sectoriales pueden ser herramientas adecuadas si se realizan en forma sincronizada con las negociaciones salariales, el control del tipo de cambio y la fijación de precios administrados como los servicios. Caso contrario, podrán tener cierto impacto sobre la distribución del ingreso al corregir eventuales “abusos”, pero influirán sobre la dinámica inflacionaria.
* Licenciado en Ciencia Política y en Economía de la UBA, y profesor de la Universidad Federal Fluminense de Río de Janeiro, Brasil.
Original: Pagina 12

11/7/2014

Desendeudamiento y reservas



 Por Juan Matias De Lucchi *

En el transcurso del alargue, el juez cobró penal para el conjunto de los buitres y el problema de la “deuda externa” ha vuelto a colocarse entre los temas más relevantes de la agenda económica nacional. Aunque esta vez el poderoso complejo judicialfinanciero que enfrenta la Argentina pareciera manifestarse por estos días con mayor nitidez que en el pasado, el tema no deja de ser un problema de balanza de pagos en el plano económico.

Hasta hace algún tiempo, independientemente de los confundidos de siempre que suman peras con manzanas (aquellos analistas que mezclan la denominación monetaria y los acreedores de la deuda pública y no entienden que el Estado no quiebra en su propia moneda) parecía haber cierto consenso entre economistas de que el problema histórico de la deuda había sido superado. A partir de esta premisa, algunos llamaban a la profundización del desendeudamiento y otros al reendeudamiento ya que, según éstos, una vez saneadas las cuentas externas era hora de volver a conversar con los mercados.

Por ello, a la luz de los acontecimientos recientes, cualquier desprevenido podría preguntarse cómo es que pasamos de un plumazo de estar “desendeudados” al riesgo inminente de default.

El desendeudamiento regional de la última década estuvo asociado a una combinación de factores internacionales y de política económica doméstica: a) el fuerte mejoramiento de los términos de intercambio; b) las entradas netas de capitales en busca de rendimientos atractivos (en un contexto internacional de tasas de interés próximas a cero luego de la crisis financiera de 2008); y c) los regímenes cambiarios de flotación administrada contribuyeron a la acumulación de reservas internacionales y desendeudamiento en moneda extranjera. Exceptuando el punto b, por sus persistentes diferenciales de rendimientos negativos, y, por supuesto, exceptuando la particularidad de la restructuración de su deuda, la Argentina ha sido parte del mismo proceso regional, experimentando un marcado desendeudamiento en moneda extranjera.

Según datos oficiales, mientras que en 2003 la deuda pública neta (con privados y organismos multilaterales y bilaterales) en moneda extranjera como porcentaje del PBI ascendía a 105 por ciento, al 30 de septiembre de 2013 (últimos datos disponibles) se redujo al 15,1 por ciento. Pareciera ser cierto entonces que el problema de la deuda habría sido superado. Sin embargo, este indicador tiene problemas conceptuales porque a los acreedores no se les paga con PBI, sino con divisas. Por ello, construyendo un indicador más consistente, aquella deuda como porcentaje de las reservas internacionales que ascendía a 961 por ciento en 2003 se reducía al 233 por ciento (tomando los datos de reservas de mayo de 2014). Como se ve, una “insignificante” deuda del 15,1 por ciento del PBI representa al mismo tiempo el 233 por ciento de las reservas disponibles o de nuestra capacidad inmediata de pago. Asimismo, si incorporamos los cupones PBI en moneda extranjera en manos de privados (13.500 millones de dólares), los acuerdos con Repsol (5000 millones) y el Club de París (10.000 millones) ya tenemos compromisos que ascienden al 334 por ciento de las reservas. Note también que el 25 por ciento de las reservas están conformadas por reservas bancarias, que son un pasivo del BCRA. O sea, debemos más de tres veces y media las reservas del país, sin considerar las consecuencias que implicaría acatar el fallo probuitre de la Justicia norteamericana (que podría derivar en unos 15.000 millones más).

Tal vez poco importe en este momento, pero el punto aquí a destacar es que, a pesar del exitoso proceso de desendeudamiento, la Argentina nunca logró superar completamente el problema de la deuda. Como decía en el documento de trabajo Nº 53 publicado recientemente por el CefidaAr, “Macroeconomía de la deuda pública. El desendeudamiento argentino (20032012)”, “todavía los niveles, y ya no las tasas de decrecimiento de los ratios de deuda pública, continúan siendo significativos”. Ahora, a una situación que nunca dejó de ser comprometida, se suma la amenaza judicial. El año que viene tenemos vencimientos de capital e intereses de aproxidamente 13.000 millones de dólares, en un contexto de precios de default. El resultado es incierto, como toda definición por penales.

* Investigador Cefid-Ar.

Original: Pagina 12