El Viejo Almacen -Bs.As.

Surplus Approach

“Es necesario volver a la economía política de los Fisiócratas, Smith, Ricardo y Marx. Y uno debe proceder en dos direcciones: i) purgar la teoría de todas las dificultades e incongruencias que los economistas clásicos (y Marx) no fueron capaces de superar, y, ii) seguir y desarrollar la relevante y verdadera teoría económica como se vino desarrollando desde “Petty, Cantillón, los Fisiócratas, Smith, Ricardo, Marx”. Este natural y consistente flujo de ideas ha sido repentinamente interrumpido y enterrado debajo de todo, invadido, sumergido y arrasado con la fuerza de una ola marina de economía marginal. Debe ser rescatada."
Luigi Pasinetti


ISSN 1853-0419

30/3/2014

Italia y la Continuidad de la Ortodoxia Económica


Enrico Letta


Por Roberto Lampa *

En una nota publicada el domingo pasado en el suplemento económico Cash, Bruno Susani informa que Italia habría finalmente abandonado las políticas de austeridad y, simultáneamente, habría vuelto a una política económica más cercana a Keynes. Lamentablemente, poco o nada es cierto.

En primer lugar, hay que hacer algunas correcciones: en 2013 el PIB de Italia cayó un 1,9 por ciento y hubo un gabinete político (y no tecnocrático) liderado por Enrico Letta, del Partido Demócrata (el cual, vale aclarar, no es el nuevo nombre del Partido Comunista Italiano, sino un partido de centro que ha sumado sectores ex comunistas a lo que quedaba de la conservadora Democrazia Cristiana), apoyado por el partido de Berlusconi.

Desde este punto de vista, el nuevo primer ministro Renzi (cuya militancia política previa ha sido en la Democrazia Cristiana) se mantiene en absoluta continuidad con el gobierno de Letta, siendo su gabinete liderado por el Partido Demócrata aunque apoyado por varias fuerzas del centroderecha, incluido el montismo.

Además, el nuevo ministro de Economía es el economista mainstream del OECD Pier Carlo Padoan, que hace pocos meses fue muy duramente atacado por Paul Krugman por haber defendido la austeridad europea afirmando que: “Il risanamento fiscale è efficace, il dolore è efficace” (El ajuste fiscal es eficaz, el dolor es eficaz). Por ende, también la estrategia económica del gobierno de Renzi se puede definir en continuidad con el paradigma dominante en Europa, aunque, como decimos en Italia, intente acompañar “el bastón” del ajuste con unas “zanahorias” que lo endulcen un poco.

Por un lado, es verdad que se propuso una reforma del impuesto a la ganancia que determinaría un aumento de unos 80 euros mensuales para los trabajadores de ingresos medios-bajos. Sin embargo, la misma reforma prevé que se eliminen varias detracciones fiscales por núcleo familiar, lo cual determinaría un aumento del impuesto sobre los ingresos anuales (Irpef) superior a los 80 euros mensuales.
Por otro lado, el gobierno vuelve a intervenir muy duramente en el mercado de trabajo con dos medidas ortodoxas que apuntan a aumentar su flexibilidad para disminuir la tasa de desempleo, la cual, si se consideran los desalentados, supera el 20 por ciento.

La primera es el jobs act, que introduce la completa desregulación de los contratos a tiempo determinado (despido no justificado; feriados; licencia maternal; número máximo de renovaciones) bajo la única condición de que no supe-ren los tres años de duración. La segunda es la eliminación de una crucial medida de protección laboral, llamada cassa integrazione straordinaria, que permite a las empresas en crisis no pagar los salarios a sus empleados por algunos meses, porque aquéllos son pagados por un fondo de garantía financiado con la recaudación fiscal del Estado.

Vale aclarar que en ambos casos el principal sindicato italiano (CGIL) se ha opuesto con firmeza, amenazando con una huelga general.

Además, para que se siga respetando la restricción del 3 por ciento en la relación déficit/PBI y la regla áurea presupuestaria introducida en la Constitución durante el gobierno de Monti, se planean unos 5000 millones de euros de recortes para 2014, previendo 85.000 despidos en el sector público y el bloqueo de las jubilaciones de las mujeres para los próximos doce meses.

Dicho de otra forma, bajo la gestión Renzi, Italia parece reafirmar su obtusa ortodoxia económica, basada en el respeto ciego y acrítico de los vínculos europeos, a diferencia de Francia, Alemania y también España, que en varias ocasiones no han respetado las restricciones de Maastricht, beneficiándose en términos de crecimiento económico. De hecho, las mismas previsiones del FMI sobre el PIB italiano muestran esta tendencia, ya que en 2014 se prevé un modesto crecimiento de 0,6 por ciento y en 2015 hasta Grecia tendrá una performance económica mejor (2,9 por ciento versus 1,1 por ciento). Semejante actitud produjo a partir de 1992 una situación paradójica, en la cual el superávit primario de Italia ha sido siempre positivo (2,2 por ciento PIB en 2013), con la única excepción de 2009, pero las políticas de austeridad implementadas para lograrlo han determinado un crecimiento del PIB casi nulo o negativo, por el cual la relación deuda pública/PIB del país ha aumentado constantemente, llegando al 132,6 por ciento.

Desde esta perspectiva, la entrada en función del Pacto Fiscal Europeo (Fiscal Compact) –un convenio internacional firmado por Mario Monti que obliga a la rápida reducción de la deuda pública y que impone a Italia unos 50 mil millones de euros de recortes sólo en el 2014– podría convertirse en un punto de no retorno, tanto para la economía italiana como para el gobierno de Renzi.

En semejante contexto, las elecciones europeas del próximo 25 de mayo podrían representar un pasaje crucial, sobre todo si se confirman las encuestas que prevén un gran respaldo para aquellas fuerzas políticas que rechazan el ajuste y los tratados económicos europeos. En el caso italiano, no parece irrelevante que a las tradicionales protestas del Movimiento 5 Estrellas y de la lista de izquierda L’Altra Europa con Tsipras se haya sumado la Unión Industrial (Confindustria): teniendo en mente la descripción de Gramsci del “espíritu subversivo de las clases dirigentes italianas”, se puede interpretar este hecho como el indicio de que los próximos meses serán algo complicados en el Bel Paese.

* Investigador Conicet.
Docente UBA

Original: Pagina 12

29/3/2014

OBSERVACIONES SOBRE LA INTERPRETACION SRAFFIANA DE LA TEORÍA DEL VALOR DE MARX




Posteamos un muy interesante trabajo del Profesor Franklin Serrano, presentada en Buenos Aires en una de sus visitas, sobre la interpretacion sraffiana de la Teoría del Valor de Marx.

 

 

Por Franklin Serrano

Profesor del Instituto de economía, UFRJ.


 

I. INTRODUCCIÓN[1]


 Una crítica basada en Sraffa (1960) a la teoría del valor de Marx es razonablemente bien conocida[2]: la llamada teoría del valor trabajo en general no ofrece resultados correctos ni tampoco en rigor es estrictamente necesaria para determinar consistentemente una tasa general de ganancia y los precios de producción a partir de un nivel dado de salario real y los métodos de producción en uso. Mucho menos conocida, en tanto, es la interpretación sraffiana de Marx, esto es, no lo que podría haber de errado (o superado) en su teoría, sino el por qué Marx habría utilizado su teoría del valor de forma que lo hizo. En este trabajo, intentaremos presentar de la forma más simple y resumida posible las líneas generales de esta interpretación (ver especialmente Garegnani & Petri, 1982) y algunas de sus principales implicancias. 

 Tratándose de temas tan complejos y polémicos naturalmente no hay aquí la menor pretensión de agotar o resolver definitivamente el tema. El objetivo es estimular o debatir e inducir a los lectores a investigar los diversos estudios producidos por esta línea de interpretación sraffiana, que no es tan conocida en Argentina.
 Para Sraffa y para sus seguidores más próximos, el papel central de la teoría del valor en Marx es estrictamente analítico y consiste apenas en permitir, a partir del excedente, determinar por un nivel dado de salario real y los métodos de producción en uso y medidos en trabajo abstracto (que Marx llamaba  plusvalía), una determinación coherente de la tasa general de ganancia y, poco después, de los precios de producción.
 Asimismo, la teoría del valor de Marx no postula que los precios de producción, precios que cubren los costos de producción más la tasa de ganancia general (entorno a la cual los precios de mercado oscilan) serían proporcionales a la cantidad de trabajo abstracto directo e indirecto socialmente necesario para la producción. La teoría del valor sirve para calcular la tasa de ganancia general que será incorporada a esos precios de producción antes e independientemente de la determinación de los mismos, de modo de impedir un razonamiento circular y proveer la base para un análisis materialista y objetivo de la generación, distribución y evolución del excedente en el tiempo.
 En la tradición marxista hay, sin embargo, un gran énfasis, raramente acompañado de una base textual sólida, sobre el supuesto papel ético, histórico, filosófico (e incluso “contradictorio) de la teoría del valor de Marx.[3] Por otro lado, muchos autores críticos de Marx hablan también de otros papeles de la teoría, cuando no la consideran inútil, puramente ideológica o “metafísica”.[4]

 Sin embargo, para su correcto entendimiento, la teoría del valor de Marx debe, en la visión Sraffiana, ser pensada en términos de su papel en una estructura analítica basada en la idea de excedente que Marx compartía con los economistas clásicos como Smith y Ricardo (el tema de la sección II). En estos términos, como veremos en la sección III, los conceptos económicos utilizados por Marx son razonablemente simples y en general consistentes con la “contabilidad social” típica de este abordaje. Y el carácter analítico (y no filosófico ni mucho menos ético) del concepto de valor de Marx, como única fuente o sustancia de valor, debe ser entendido (como veremos en la sección IV) a partir de la idea central de que el sistema de precios relativos solamente redistribuido entre los sectores en valor de cambio, de acuerdo con las normas de la competencia, un excedente generado en la producción a partir del trabajo asalariado. En el caso más general, este excedente se distribuye no solo como ganancia entre los diversos sectores, sino también como ganancia comercial, renta de la tierra e intereses del dinero.

 Además, para los sraffianos, el problema de la teoría del valor de Marx no es que esta teoría sea “metafísica” o cosa parecida y sí que, ya sea midiendo el salario real y las condiciones técnicas de producción en trabajo o de otras unidades técnicas, hoy sabemos que el uso de la determinación simultánea y no secuencial de la tasa de ganancia y de precios de producción permite una solución más exacta y válida sobre condiciones mucho más generales de las que alcanzó Marx en su época (como veremos en la sección IV). [5]

 Una interpretación sraffiana de Marx también nos permite analizar críticamente la idea, común a la mayoría de los autores de tradición Marxista, de que la teoría del valor trabajo no puede ser abandonada o superada, pues implicaría el abandono de otras ideas importantes de Marx sobre temas como la “ley de tendencia decreciente de la tasa de ganancia” (discutida en la sección V) o del fetichismo de la mercancía y la explotación de la fuerza de trabajo (tratados en la sección VI). A partir de ahí presentamos un breve comentario sobre la posición del propio Sraffa respecto de la teoría de Marx evolucionando a través del tiempo (sección VII). Se sigue una corta sección de observaciones finales (sección VIII). 

Un apéndice intenta mostrar cómo los conceptos económicos utilizados por Marx son razonablemente simples y en general consistentes con una “contabilidad social” típica de este abordaje. 


Para continuar leyendo  ACA
en portugues: ACA

[1] Traducción Fabian Amico y Gustavo Murga.
[2] Ver Steedman (1977), Garegnani (1974), Garegnani (1959). Esta crítica consiste en la generalización y el perfeccionamiento técnico de puntos que surgieron poco después de la publicación del volumen III de El Capital (en 1894) por economistas matemáticos rusos comenzando por Dmitriev en 1898 (Gherke (1998), seguidos de Borktievcz en 1905 (Howard & King (1998)) y por Von Charasoff en 1910 (ver Kurz y Salvadori (1995, cap. 13)).
[3] Actualmente ha ido creciendo la influencia de nuevas tentativas de resolver las cuestiones de la teoría de Marx en términos estrictamente analíticos como, por ejemplo, el abordaje del “sistema único temporal”, que no será discutido aquí. Críticas sraffianas a esta solución pueden ser encontradas en Mongiovi (2002).
[4] Como, por ejemplo, Joan Robinson (1979).
[5] Sobre esto ver Garegnani (1991).


  

19/3/2014

“La presencia de China no puede substituir nuestra obligación de industrializarnos.


 Reportaje a Eduardo Crespo, Profesor de la Universidad Federal de Rio de Janeiro



-Revista: ¿Cómo analiza la relación de la Argentina y Brasil en materia económica y política en la última década? ¿Qué cambios sustantivos se han producido?

-Eduardo Crespo: Entiendo que la integración regional avanzó más en términos políticos, con la creación de la UNASUR, que en materia estrictamente económica. No se visualizan, por ejemplo, infraestructuras comunes significativas, ni grandes avances en materia comercial. Tampoco existe una política industrial común, en parte como reflejo de la ausencia de políticas industriales agresivas también a nivel nacional. Incluso el Banco del Sur sigue siendo más una promesa que una realidad concreta.

-R: ¿Cómo evaluó el panorama económico argentino y regional frente a la crisis internacional que se desató hacia finales del año 2008? ¿Qué efectos quedan remanentes aún de la crisis global en los países de la región?

-E. C.: Considero que la crisis mundial tuvo un impacto muy menor para la región. Si bien se centralizó en los países más desarrollados e impactó sobre todo el planeta, para la mayor parte del mundo se trató únicamente de un fuerte cimbronazo financiero que se prolongó apenas unos pocos meses. Los primeros indicadores inmediatamente posteriores a la quiebra de Lehman Brothers anunciaban un derrumbe igual o mayor que el observado en la década del 30. Las caídas iniciales de los volúmenes de comercio, el hundimiento de las cotizaciones bursátiles y la interrupción del crédito fueron impresionantes. Sin embargo, las intervenciones públicas para evitar las quiebras bancarias generalizadas fueron sumamente eficaces y la salud del sistema financiero mundial fue reestablecida con bastante celeridad. Más difícil fue retomar el crecimiento y recuperar los niveles de empleo. El modelo de acumulación norteamericano y europeo basado en el endeudamiento familiar, especialmente de los trabajadores, parece haber alcanzado a un límite estructural. Pero para el resto del mundo la ‘crisis’ se expresa apenas como el estancamiento de algunos mercados de exportación, especialmente el europeo que tampoco representa gran cosa porque es cada día más irrelevante en relación al resto del mundo. En términos financieros la continuidad de esta situación nos favorece porque los países afectados están forzados a fijar tasas de interés sumamente bajas. Por otra parte, regiones como América del Sur y África se desendeudaron en dólares durante la última década, hecho que las “inmuniza” significativamente frente a los vaivenes financieros internacionales. Si bien China redujo su tasa de crecimiento anual (entre un 2 y 3%), éstas siguen siendo elevadas. Así, tanto Asia como América del Sur y África volvieron a crecer a partir del año 2010. Algunos intelectuales de izquierda latinoamericanos siguen gastando mucha tinta con augurios y advertencias sobre la temeridad de la crisis económica ‘mundial’, cuando en realidad se trata sólo de un proceso muy localizado en Europa, región cada día más periférica tanto en términos comerciales como estratégicos.

-R: Teniendo en cuenta la situación social y económica actual de Brasil, ¿sigue pensando que “de a poco van a tener que dejar de atacar la inflación con apreciación”?

-E. C.: En las actuales circunstancias difícilmente las autoridades brasileñas puedan atacar con éxito la inflación sin apelar a elevadas tasas de interés y apreciación cambiaria. Las recomendaciones ‘neo-desarrollistas’ de atacar la inflación reemplazando la política monetaria restrictiva del plan de metas por una política fiscal del mismo signo fracasaron rotundamente. Brasil hoy está en el techo de la meta inflacionaria y la economía se encuentra estancada. La política fiscal contractiva demostró ser mucho más perniciosa para el crecimiento que las elevadas tasas de interés. Ahora bien, ¿pueden apreciar ad eternun? Es difícil saberlo, pero en las condiciones presentes me parece que no tienen alternativa, salvo que acepten tener un mayor nivel de inflación. De cualquier forma, la continuidad de esta política depende de que las tasas de interés internacionales sigan siendo muy bajas.

-R: ¿Qué cambios en materia macroeconómica visualiza entre el gobierno de Inácio “Lula” Da Silva y Dilma Rousseff?

-E. C.: Entre otras cosas, el reemplazo de la política monetaria por la fiscal apuntado en la respuesta anterior. Con Dilma el signo de la orientación política fue más conservador a todo nivel, no solamente con relación a la política económica. Hubo una decisión consciente de enfriar la economía. La elite brasileña contemporánea le tiene pánico al crecimiento sostenido. Cuando la economía crecía al 7,5% en el año 2010 inmediatamente se encendió la alarma por el ‘recalentamiento’ macroeconómico y muchos empezaron a decir que la ‘fiesta’ debía terminarse. Con la llegada de Dilma se suspendieron programas y se redujo la inversión pública.

-R: ¿Cómo cree que el vinculo entre el peso argentino en relación al dólar (a los dos tipos de dólares: oficial y paralelo) se verá afectado por las decisiones de Brasil? ¿Qué grado de dependencia tiene la Argentina a las decisiones de Brasil en el contexto de nuestra economía nacional y cuál en el contexto regional? Y, en ese sentido, ¿cómo deberían pensarse los posibles problemas de mediano plazo en la esfera política decisional argentina?

-E. C.: No creo que las decisiones brasileñas tengan una gran repercusión sobre el desdoblamiento cambiario argentino. El mayor impacto de la política económica brasileña se verifica en nuestras exportaciones industriales, especialmente en la industria automotriz, que es la única realmente integrada en términos regionales. Al menos en el corto plazo, una política brasileña conservadora significa para nosotros un menor volumen de exportaciones de autos. Ahora bien, si nos preguntamos por las perspectivas de largo plazo, es claro que sería deseable que Brasil tuviera una genuina vocación desarrollista y un mayor compromiso con el crecimiento.

-R: ¿Qué instrumentos posibles y qué salidas factibles encuentra para el problema actual de tener en la Argentina una inflación que no merma y un tipo de cambio que se aprecia? ¿Cómo se podría mejorar el control a la inflación actual?

-E. C.: En la Argentina siempre fue muy difícil parar la inflación con un tipo de cambio muy depreciado. En el año 2002 se pudo lograr ese ‘milagro’ para los capitalistas porque el desempleo abierto rondaba el 25% y otro tanto ocurría con el desempleo. Pero en las actuales circunstancias me parece muy complicado alcanzar el objetivo de un ‘tipo de cambio competitivo y estable’. Seamos realistas: en la Argentina, si el tipo de cambio es competitivo no es estable. Lo que sí me parece viable es buscar diferenciar la situación de cada sector de actividad vía subsidios, políticas impositivas, crediticias y una buena administración de aranceles. Así, por ejemplo, se pueden reducir costos a favor de los sectores más vulnerables frente a la competencia extranjera o se pueden ofrecer tasas de interés bajas y a plazos largos a aquellas actividades no tradicionales que tienen un mayor potencial exportador. Caso contrario, la devaluación únicamente favorece a los sectores agrarios exportadores con efectos nulos o insignificantes sobre los valores totales exportados, ya que toda la información empírica disponible indica que la elasticidad de las exportaciones frente al tipo de cambio es sumamente baja, tanto en la Argentina como en el resto del mundo. No vamos a exportar más soja porque el tipo de cambio, supongamos, se vaya a 20 pesos.

-R: Analizando la actual situación de crisis que atraviesa Europa, usted ha afirmado que “la situación de Portugal tiene correlación con la crisis de la Argentina que explotó en 2001”. ¿En qué sentido identifica variables causales en común? 

-E. C.: Visualizo un elemento común entre ambas situaciones. Dada la actitud del Banco Central Europeo -que en la práctica no funciona como un verdadero Banco Central– ambos países enfrentan sus deudas públicas (y privadas) como deudas externas. No existe un prestador de última instancia y en ese marco se impone el ajuste crónico o el default.

-R: Finalmente, ¿qué potencialidades de la relación económica entre América Latina (especialmente en el caso de Brasil y de la Argentina) y China no se están aprovechando?

-E. C.: China es el principal mercado en crecimiento mundial y ya es el principal socio comercial de la región. Entre América del Sur y China hay una gran complementariedad comercial porque la región dispone de materias primas y alimentos que China necesita en su proceso de industrialización y urbanización. Además, ya se perfila como un gran inversor regional en materia de energía y extracción mineral. El problema principal es que se está configurando un patrón comercial desigual en el cual nosotros nos especializamos en la exportación de materias primas y los chinos de productos industriales. Y la industria, nunca está demás repetirlo, tiene muchos más efectos dinamizadores en el largo plazo. Entiendo que China representa una oportunidad para explotar nuestros recursos naturales en mejores condiciones, pero no puede substituir nuestra obligación de industrializarnos.


9/3/2014

Monetarismo Teórico e Intenciones Heterodoxas

 

  Por Matías De Lucchi

 

 La última devaluación con suba de tasas de interés llama al debate económico sobre los efectos que tiene la alteración de estos instrumentos sobre la distribución del ingreso y el crecimiento.

El debate no es nuevo, y la falta de consenso tampoco. La experiencia local indica que las devaluaciones son contractivas porque afectan el poder adquisitivo de los trabajadores y la demanda. Por ello, más allá que algunos economistas aseguren que en el "largo plazo" se encuentra el cambio estructural, la realidad es que las devaluaciones tienden a efectuar un ajuste de la demanda, y por la vía de una recesión, recomponer el sector externo. 

El panorama se complica más cuando se discuten las implicancias de la tasa. Tanto los economistas ortodoxos, como buena parte del progresismo (heterodoxo en las intenciones pero neoclásico en el razonamiento) no dudan en afirmar que un aumento de la tasa de interés es siempre contractivo. La fundamentación es la siguiente:

Cuando aumenta la tasa, aumenta la "especulación financiera" y cae la inversión productiva. En el mundo real una vez garantizada la rentabilidad normal, la inversión depende del crecimiento del producto y no de los costos. Se invierte porque aumentan las ventas y no porque la nueva maquinaria este barata.  (ver aca y aca)

Otra confusión es  la asociación de un aumento de la tasa con una "reducción de la emisión". En el análisis monetarista, si el gobierno deja de emitir (monetizar el déficit fiscal), entonces aumenta la tasa endógenamente. La variable de control es la cantidad de dinero. Sin embargo, en el "misterioso" mundo real puede ocurrir simultáneamente un aumento del financiamiento al Tesoro con una desaceleración del crecimiento de la base monetaria. Esto ocurre porque la cantidad de dinero es endógena a las decisiones del sector privado.

Un aumento de la tasa puede aumentar las operaciones de absorción monetaria que son independientes de la monetización del déficit fiscal. Es decir, se puede subir la tasa y hacer política fiscal expansiva. En una economía como la Argentina, con escaso crédito al consumo e hipotecario, no hay motivos relevantes como para que el crecimiento sea sensible a la tasa. 

Tampoco es posible determinar los efectos distributivos dado que la tasa tiene implicancias sobre los flujos de capitales y, por lo tanto, sobre el tipo de cambio. Dicho de otro modo, "altas" tasas de interés pueden inducir ingresos de capitales que aprecian el tipo de cambio nominal; y pueden aumentar el salario en dólares e, incluso, en términos reales.

 Los devaluacioncistas seriales llaman a este efecto "populismo cambiario". Otros lo llamamos mejorarle la calidad de vida de los trabajadores.

 

Original: Tiempo Argentino

1/3/2014

Centro Sraffa: Journal Political Economy-Studies in the Surplus Approach is now available online






Centro Sraffa is proud to announce that, with the kind permission of the publisher Rosenberg & Sellier, the whole collection of the journal Political Economy-Studies in the Surplus Approach is now available online. 
 


The articles may be read and downloaded at the new page "From the Archives", also containing Centro Sraffa's old series Quaderni di ricerca and Materiali di Discussione.


 


The new page Past events has been updated with materials on International Conference Sraffa’s Production of Commodities By Means of Commodities 1960-2010 (Rome, 2-4 December 2010) and  Pierangelo Garegnani Memorial Lecture(Rome, 24 February 2012).
The link for the journal political economy is 

25/2/2014

¿Es la economía, estúpido?


El 5 de octubre de este año, Dilma Rousseff irá por la reelección en Brasil con una alta intención de voto. La baja tasa de desempleo aparece como uno de sus principales activos y compensa las críticas por el bajo crecimiento de los últimos años.

 Por Carlos Pinkusfeld Bastos *

En 1991, el presidente George Bush, con la operación Tormenta del Desierto, obtuvo la primera victoria militar de Estados Unidos después de la dolorosa derrota de Vietnam. Un año después perdió la elección frente al poco conocido gobernador del estado de Arkansas, Bill Clinton, electo con el slogan de campaña: “Es la economía, estúpido”. En 1992, la tasa de desempleo había subido hasta 7,5 por ciento, contra el 6,9 por ciento del año anterior. Ese ejemplo histórico no justifica una tesis general que el desempeño económico es la variable que define el resultado electoral, pero tampoco debe ignorarse su importancia.

La lectura de los favorables resultados recientes de intención de voto de la candidata Dilma Rousseff debe hacerse con cautela: está claro que el cuadro político no está definido, los candidatos de la oposición por ahora sólo tienen exposición regional y tampoco comenzaron las campañas televisivas. Sin embargo, la población parece tener una percepción positiva del de-sempeño económico. Por eso, es interesante preguntarse ¿hasta qué punto esa percepción se condice con la realidad? Tomando como indicador el crecimiento del PIB, el desempeño durante el gobierno de Dilma está lejos de ser brillante. Después de 2010, cuando en el último año de Lula se registró un crecimiento de 7,5 por ciento, el nivel de actividad fue de 2,7 y 1 por ciento en 2011 y 2012 respectivamente. Para 2013, se espera una tasa de 2,5 por ciento. Esos datos parecen apuntar un divorcio entre la percepción y la realidad.

El indicador de desempleo apunta en otra dirección. En Brasil, la desocupación cayó en forma persistente desde finales de 2003, llegando al 4,3 por ciento, el valor más bajo de la historia para las regiones metropolitanas. Así, el misterio político parece resuelto; sin duda, el empleo es más relevante para la población que el desempeño del PIB.
La diferencia entre el desempeño del empleo y el PIB está explicada por la caída de la Población Económicamente Activa. Entre diciembre de 2012 y 2013 hubo una reducción de las personas ocupadas (23,3 millones contra 23,5 millones) y la PEA se redujo en una proporción todavía mayor. Hay menos personas buscando empleo y eso se observa con más fuerza entre las franjas etarias más jóvenes. Ese fenómeno reciente no tiene una explicación sólida, sino que oscilan entre el optimismo de una mayor escolarización y el retraso del ingreso al mercado de trabajo con la falta de una calificación adecuada de quienes demoran su ingreso al mundo laboral.

El salario real también creció moderadamente. El aumento fue de 1,8 por ciento, mientras que entre los trabajadores no registrados, el grupo socialmente más vulnerable, los aumentos fueron de 5,6 por ciento. Otro factor relevante es el aumento del salario mínimo real de 2,5 por ciento, la política de reajustes reales durante el gobierno del PT es reconocida como el instrumento más importante para la reducción de la desigualdad durante los últimos diez años.

Otra variable relevante para la evaluación del gobierno por parte de la población es la inflación. Su valor, 5,9 por ciento, se situó dentro de los márgenes de variación del sistema de metas adoptado por el Banco Central, pero lo más importante es que no fue capaz de corroer el salario real de los trabajadores. Por el contrario, hubo una modesta ganancia real. Ese resultado depende mucho del comportamiento de los precios administrados, los precios definidos por el gobierno, como la energía eléctrica, combustibles y boletos de colectivo. En los servicios, el ítem que más presión presentó sobre la inflación reflejó un incremento de los costos salariales, que en realidad es positivo desde el punto de vista de los trabajadores. Es importante señalar que la inflación se mantiene dentro de los márgenes de las metas, a pesar de la existencia de una devaluación promedio de 10,5 por ciento en 2013.

Así se configura un cuadro que no parece particularmente excitante en términos de desempeño económico y, aunque si bien no impulsa el avance de la región, al menos parece generar una situación políticamente estable. A los indicadores de salario y empleo se le deben añadir algunos programas de corte social como Mi casa, mi vida (construcción de viviendas populares) y el Bolsa Familia para explicar el sustento popular de las políticas calificadas genéricamente como crecimiento, ahora pequeño, con inclusión social.
¿Hasta qué punto el modelo actual puede mantenerse? El desempeño industrial viene ubicándose sistemáticamente por debajo del conjunto de la economía. En 2013, por ejemplo, la industria creció cerca del uno por ciento, contra un avance del PIB que duplicó ese registro. Las exportaciones de bienes de la industria manufacturera crecen a una tasa semejante y las importaciones aumentan en mayor medida generando un déficit comercial industrial de cerca de 60 mil millones de dólares. Si bien las exportaciones más tradicionales fueron suficientes para apenas equilibrar el balance comercial brasileño, se incrementó el déficit en cuenta corriente, al pasar de 2,4 a 3,6 por ciento del PIB, entre 2012 y 2013.

En el corto plazo, no parecen existir dificultades para financiar ese déficit, no se vislumbra un horizonte de crisis cambiaria, pero la exacerbación de la restricción externa pone en jaque incluso al limitado crecimiento económico registrado en los últimos años. En este momento, el margen de maniobra del gobierno no es grande. Atendiendo el clamor de los que defienden la devaluación, el dólar ya registró un alza nominal de 52 por ciento, desde su punto más apreciado en julio de 2011, lo que representa una devaluación real de más del 30 por ciento en términos reales. Pero el impacto de una devaluación sostenida sobre los precios y las dudas sobre el impacto de la misma, tanto sobre las exportaciones como sobre la desaceleración del crecimiento del PIB a través de una reducción del salario real en un año electoral, parecen señalar que no debe repetirse esa trayectoria.

Así, para que el país pueda sostener su modelo de crecimiento moderado con inclusión deberá enfrentar sus cuellos de botella en forma directa con políticas industriales y comerciales específicas, enfrentando la cuestión de la modernización productiva y una inserción internacional dinámica. En juego está la capacidad de preservación de un modelo alternativo no liberal en el futuro próximo.

* Profesor del Instituto de Economía Universidad Federal de Río de Janeiro (UFRJ). Doctor en Economía por la New School for Social Research de Nueva York y trabajó en el Instituto Levy.

Original: Pagina 12

10/2/2014

El peor de todos



 Por Claudio Scaletta

En economía es más fácil prever qué pasará que cuándo pasará exactamente. Frente al evidente desajuste que presentaban algunas variables de la macroeconomía, era muy difícil esperar un verano tranquilo, más si se agrega la memoria histórica local. En diciembre pasado los factores de inquietud eran básicamente dos y muy relacionados. Primero, la constante reducción de las reservas internacionales hacía palpable la amenaza de la escasez relativa de divisas. El fenómeno es muy conocido y fue explicado por los macroeconomistas argentinos al menos desde la década del ’60 del siglo pasado. Su formulación más acabada llegó con el modelo de Stop & Go, el que sin desarrollarlo en detalle explica que tras períodos de crecimiento sostenido las divisas del agro dejan de alcanzar para financiar las importaciones de la industria, dando lugar a la llamada restricción externa. Segundo, precisamente como un intento de combatir la salida de capitales –siempre presente, pero disparada por la percepción de la proximidad de la escasez de divisas– y el desbalance externo, el Gobierno optó a partir de 2011 por las restricciones sobre el mercado cambiario, el llamado cepo, lo que muy previsiblemente dio lugar a un mercado paralelo que maximizó las expectativas de devaluación presionando sobre la cotización oficial de la moneda. En el límite del voluntarismo, no se ofrecieron, a cambio, estímulos a la permanencia de los ahorros en pesos. La tasa de interés real se mantuvo tozudamente negativa, casi una invitación directa a mantener los excedentes de empresas y particulares en divisas. En paralelo, aunque el cepo frenó transitoriamente la salida de capitales, también frenó en seco su ingreso.

Es verdad que la economía debe estar subordinada a la política, pero lo que está vedado es ir en contra de los comportamientos microeconómicos más elementales. En concreto: los actores no compran divisas por una compulsión psicológica a adquirir el billete verde, sino como estrategia de reserva de valor frente a la incapacidad de la moneda local de cumplir dicha función. Lo mismo corre, por ejemplo, para el productor agropecuario individual; no retiene su cosecha en los campos por pertenecer a la tribu de los malos, sino por simple esperanza de venderla con un tipo de cambio que se espera más alto. Se trata del comportamiento racional de los actores económicos en cualquier mercado, un dato que debería incorporar cualquier hacedor de política. De igual manera, si se cree que la cotización del dólar se dispara por encima de lo esperado debido a la acción coordinada de “especuladores y agiotistas”, la pregunta correcta que debe hacerse cualquier economista no es quiénes son los malos, sino “cuáles son las reglas que permiten que actúen como tales”.

Recapitulando, existieron factores reales y financieros que condujeron a la devaluación oficial de enero. La pregunta clave es cuál fue el factor determinante, si el estructural o el financiero. Si se comparan las variables locales con las del resto de los países de la región, es altamente probable que se opte por el segundo determinante. El peso argentino antes de la devaluación no estaba más sobrevaluado que la moneda de los países vecinos, que hoy resultan carísimos para cualquiera que tenga ingresos fijos en moneda local. Tampoco hay razones para creer que las burguesías de estos países sean más buenas o que existan allí procesos de revolución industrial. Todos los vecinos tienen además algún déficit de cuenta corriente, aunque balanceado con la cuenta capital, es decir, con distintas formas de ingreso de capitales. Es en este último punto, entonces, donde parece estar la diferencia que explica la particularidad local. Suele argumentarse que Argentina tras el default de 2002 tiene vedada la vía del financiamiento externo, lo que puede ser cierto en la lógica de los organismos financieros internacionales. Pero lo que no tiene restringido son los múltiples instrumentos alternativos, desde el manejo de la tasa de interés interna a los convenios bilaterales o el estímulo a la inversión extranjera. Es probable que el Gobierno se haya demorado en exceso en tomar nota de sus problemas principales. No son pocos quienes argumentan que podría haberse ensayado con estos estímulos antes de devaluar, algo que fue advertido mucho antes de contar con la información de los diarios del lunes. Era sabido que del cepo sólo podía salirse con devaluación y mayores tasas. Esta era la ingrata y compleja tarea que debía enfrentar el nuevo equipo económico que asumió el pasado noviembre, al que sin dudas le tocó bailar con la más fea. Desde el principio la nueva conducción dio señales de que avanzaría por este sendero, lo que finalmente hizo, aunque no está muy claro si fue de la mejor manera, una conclusión que sólo podrá sacarse cuando se estabilicen las variables. Por ahora, la continua baja de reservas internacionales y las dudas sobre el superávit comercial oscurecen el horizonte de la estabilidad a corto plazo.

Lo que sí puede afirmarse sin dudar son los efectos de la devaluación. El primero y más importante es que se reducirá inevitablemente el ingreso disponible, situación que, a su vez, genera dos efectos relacionados: caída de la demanda y freno al crecimiento (los componentes que se encuentran del otro lado de la ecuación macroeconómica básica). Y el segundo y directamente relacionado es el aumento de la conflictividad social. Como se comprenderá, estos dos factores son mucho más importantes que los secundarios, como el nivel del traslado de la devaluación a precios, aunque minimizar este traslado sea una de las herramientas para evitar la caída del ingreso real.

Finalmente, es necesario rechazar algunas falacias asociadas a la devaluación. En particular suele argumentarse que la pérdida del valor de la moneda local es buena para las economías regionales. Si bien el argumento de la baja de costos de producción de las exportaciones, fundamentalmente por la caída del nivel de salarios en divisas, es fuerte, no está convalidado por los números. No existe información estadística que relacione, a nivel agregado, la depreciación cambiaria con aumento de las cantidades exportadas. Lo que sí se produce es un potente efecto riqueza que favorece a los exportadores, un dato que sólo entusiasma a quienes militan en la teoría del derrame. Sí es posible esperar, en cambio, una caída de las importaciones por la doble vía del encarecimiento y, sobre todo, de la caída del Producto. No está claro si es una buena noticia, pero será un alivio para las cuentas externas.
El primer balance general es que 2014 será el año más difícil de la actual administración, el de menor crecimiento y el de mayor conflicto social de la última década. Mejor entonces estar preparados y asumir el diagnóstico.

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