El Viejo Almacen -Bs.As.

Surplus Approach

“Es necesario volver a la economía política de los Fisiócratas, Smith, Ricardo y Marx. Y uno debe proceder en dos direcciones: i) purgar la teoría de todas las dificultades e incongruencias que los economistas clásicos (y Marx) no fueron capaces de superar, y, ii) seguir y desarrollar la relevante y verdadera teoría económica como se vino desarrollando desde “Petty, Cantillón, los Fisiócratas, Smith, Ricardo, Marx”. Este natural y consistente flujo de ideas ha sido repentinamente interrumpido y enterrado debajo de todo, invadido, sumergido y arrasado con la fuerza de una ola marina de economía marginal. Debe ser rescatada."
Luigi Pasinetti


ISSN 1853-0419

24 may. 2016

Lecciones del pasado

por Juan Matías De Lucchi (*)

La política monetaria está atravesando el problema inverso al de los últimos años, esto es, presiones bajistas en el mercado de cambios. Luego de la reunificación cambiaria, la combinación de tasas de interés atractivas y estabilización de las expectativas de devaluación, aumento de las liquidaciones de granos e importaciones planchadas (ahora más por actividad que por controles), el dólar se hunde.

Cuando las presiones son bajistas el Banco Central siempre puede estabilizarlas comprando dólares spot. Diferente es el caso inverso. Allí el límite son las disponibilidades de divisas. En el primer caso, la intervención cambiaria aumenta la solvencia externa y, en el segundo, la disminuye.

Sin embargo, todavía se sigue pensando que acumular reservas es un problema. Paradójicamente, las mismas preocupaciones de la gestión económica de Lavagna-Redrado parecerían repetirse por estos días. En aquel entonces, la consistencia macro parecía orientarse en torno a un tipo de cambio real competitivo. Para ello, se trataba de minimizar la posición comprada en el spot estimulando la salida de capitales a través de bajas o negativas tasas de retornos financieras medidas en dólares y restringiendo las entradas de capitales de corto y mediano plazo (recuérdese el depósito compulsivo de 365 días). Dicho en términos del balance de la entidad monetaria, se preferían sacrificar activos en dólares antes que emitir como contrapartida pasivos en pesos, primero emitiendo reservas bancarias (base monetaria) para luego esterilizarlas emitiendo letras y notas. Se prefería el equilibrio fiscal y/o cuasi fiscal en detrimento de la solidez externa del país.

Esos dólares comerciales y financieros que se fueron o que nunca ingresaron son los que después Argentina necesitó tanto. Contrariamente, luego de la crisis global de 2008, Brasil y la mayoría de las economías emergentes aprovecharon la “política monetaria no convencional” de los países centrales y acumularon reservas internacionales sin precedentes. Paradójicamente, por otro lado, Argentina no pudo evitar la tendencia a la apreciación cambiaria real al igual que el resto, pero encima en un contexto de dolarización de las carteras del sector privado.

Ya adentrados en el contexto actual, se insinúa nuevamente que la acumulación de reservas sería inflacionaria. En la visión anterior, el efecto monetario del balance de pagos interfería sobre las metas cambiarias, en la visión actual, sobre las metas de inflación. En realidad, el efecto monetario no son pesos que se “imprimen”, sino acreditaciones contables en las cuentas corrientes que los bancos tienen en el BCRA. Dado que, a su vez, los bancos no prestan en función de dichas disponibilidades sino en función de la demanda crediticia, la calificación de sus clientes y sus modelos de negocios, la posibilidad de un exceso de demanda agregada como consecuencia del efecto monetario del sector externo es como mínimo operativamente inconsistente (y siquiera mencionamos el bajísimo ratio crédito/PIB de Argentina)

Acumular reservas internacionales como contrapartida de la emisión de papeles denominados en moneda propia es saludable. Brasil hoy puede estar experimentando toda clase de conflictos, menos externos. En cambio, durante los últimos años, Argentina se ha visto limitada por los tradicionales estrangulamientos externos y la fiebre verde. El Gobierno y el BCRA deberían aprovechar la oferta de divisas para ampliar y fortalecer su balance, comprándolas y contribuyendo a la diversificación de instrumentos denominados en pesos. ¿Cuál es la consistencia de emitir bonos y letras en dólares si, por la otra ventanilla, se estimula la fuga de capitales? Aprendamos la lección del pasado.

(*) Profesor de Moneda, Desarrollo Financiero y Crisis en UNSAM

Original: El Economista

22 may. 2016

LOS RIESGOS DEL CAMINO DEL NUEVO GOBIERNO

Por Eduardo Crespo (*)
Brasil se encuentra en uno de los momentos más complicados de su Historia moderna. Pasados apenas un año y medio de las elecciones nacionales que consagraron la reelección de Dilma Rousseff, la mayoría de los diputados y senadores votaron a favor del juicio político que derivó en su destitución. Aunque aún subsista una remota posibilidad de que retorne a sus funciones, en los hechos Brasil tiene un nuevo presidente, Michel Temer, que encabeza un nuevo gabinete que se dispone a realizar una modificación radical del rumbo seguido en los últimos años.
No nos detendremos en el interminable debate sobre la legitimidad de esta medida. En términos económicos, Brasil atraviesa una recesión que se profundiza desde el año pasado y que promete convertirse en una depresión sin parangón en su historia moderna. En 2015, el PIB se contrajo 3,8% y se augura otro tanto en 2016. El nuevo Gobierno, al menos según sus portavoces, promete ir más a fondo con el ajuste fiscal, dispuso la eliminación de algunos ministerios y se dispone a encarar reformas estructurales de orientación neoliberal, como la reforma del Sistema de Previdencia, la flexibilización del mercado de trabajo y hasta la firma de acuerdos de libre comercio con Europa y Estados Unidos.
La incógnita es si, realmente y al menos en el corto plazo, Michel Temer insistirá en las mismas recetas que pulverizaron la popularidad de Rousseff y contribuyeron a sepultar su Gobierno. Más allá de las declaraciones, debe recordarse que en octubre de este año habrá elecciones y que la nueva coalición gobernante controla varias gobernaciones y municipios en serios apuros para pagar sueldos y continuar con sus actividades esenciales. Si bien la mayoría de los brasileños siempre fue pobre, nunca se empobrecieron.
Durante el Siglo XX, en Brasil, a diferencia de Argentina, fueron infrecuentes los largos períodos de recesión y aumento del desempleo. Ahora, por primera vez desde 1980, el país enfrenta una recesión que se prolongará más de un año y que ya disparó la tasa de desempleo abierto a 10,9%, más de once millones de personas. Una parte significativa de los hogares está endeudada a tasas elevadísimas –hecho que contrae el consumo- y no se avizoran mejoras en las exportaciones por el estancamiento del comercio global.
Si el Gobierno insiste en golpear la tecla de la austeridad, no es imposible que una población históricamente mansa y despolitizada como la brasileña comience a protagonizar estallidos sociales de imprevisibles consecuencias políticas.

17 may. 2016

Massimo Pivetti: ¿Por qué el Euro en realidad es un éxito?



Massimo Pivetti explica a qué se debe el éxito de la aplicación del Euro como emblema de la plena realización de sus objetivos de una constitucion europea, una banca central independiente, y resalta un objetivo primario logrado concientemente: la baja del poder de los trabajadores para pujar por sus salarios. Basado también en un "sueño europeo" que le permite un éxito inesperado e inaudito, para enfrentar al trabajo dependiente y por lo tanto limitar las subas del salario real ayudado ulteriormente por las privatizaciones realizadas en aspectos de empresas públicas.
Las fuerzas de la izquierda y de los gremios con cuarenta millones de desocupados, estos son muy débiles y luego de Maastricht, con la lucha de la inflación, implica altos niveles de desocupación y precariedad laboral.






16 may. 2016

Massimo Pivetti: Las implicancias de la renuncia a la soberanía monetaria y fiscal


Posteamos un pequeño video sumamente interesante del Profesor Pivetti, sobre los efectos de la adopción del Euro por los países de Europa.  Es totalmente extrapolable a otras economías con la adopción de políticas que cedan soberanía democrática de cada país en la determinación de cómo y cuanto recaudar y gastar, como así también el hacer depender de flujos externos de divisas a la política monetaria, y finalmente el funcionamiento básico de la actividad económica, de la inclusión laboral y el crecimiento de la economía.








14 may. 2016

A 80 años de la "Teoría General" de Keynes ¿El ahorro se puede "canalizar" hacia la inversión?



 por Alejandro Fiorito*

Hace unos dias el presidente del BCRA, Adolfo  Sturzenegger afirmó:Sustituimos consumo por ahorro”. 
en relación las medidas impulsadas en los últimos meses cuyos resultados macroeconómicos fueron reducir la actividad económica a partir de una devaluación, suba de tarifas y suba de tasas de interés que reduce la capacidad de consumo real de los asalariados y que viven del mercado interno dentro de un programa de metas de inflación. ver ACA La caída en el consumo fue óbice para que el funcionario planteara esta dualidad de pretender "generar ahorro" como lo haría una economía doméstica familiar,  "ajustándose el cinturón" y como si  pudiese tener validez a nivel macroeconómico.  (aditividad). Ya anteriormente nos sorprendió con un discurso sobre  "pensar en equilibrio general" con una fuerte dosis de ingenuidad y dogmatismo . Ver Crespo ACA.

Un buen texto para explicar de manera sencilla y clara la causalidad de inversión a ahorro y no al revés, como pretende la frase de marras, es el paper de Franklin Serrano, "¿La suma de los ahorros determina la inversión?" donde se demuestra en su primera parte, como cualquier intento de modificar el ahorro privado,  el ahorro público o bien el mal llamado "ahorro externo" no modifican a la inversión, cerrando en  un sistema de suma cero entre ahorros sectoriales en un lado de la identidad contable.

La causalidad de oferta del core marginalista, postula que con ajustes de consumo privado o público, por ejemplo, se generará un mayor ahorro, lo cual por identidad de las cuentas nacionales se obtendrían mayores inversiones, por ser contablemente iguales ex post . Sin embargo, lejos de esto, economicamente   dicha caída del consumo simplemente hace caer el ingreso en igual monto, por lo que no se convierte en ahorro y por lo tanto no tendrá ningún efecto sobre la inversión. 
Afirmaciones como las de Sturzenegger, obligan a reflexionar sobre el  retraso del conocimiento de la causalidad macroeconómica en por lo menos en 80 años desde la publicación de la Teoría General de Keynes y sobretodo la falta de comprensión del funcionamiento de la demanda efectiva tanto para el ciclo como para el crecimiento económico. En cambio, redundan en las versiones convencionales, los supuestos de pleno empleo de recursos como también un amplio juego del "principio de sustitución factorial" tanto para el trabajo (discusion de costos de echar empleados actual como determinante de la generación de empleos) como para la inversión de capital. Es tal el dominio en la currícula, como en lo editorial ("manualistica") alrededor de este tipo de planteos, que no pocos economistas opuestos a los planteos del neoliberalismo llegan a abonar tambien la idea de "canalizar" ahorro hacia la inversión. Ver una explicacion de las hipotesis keyenesianas en Garegnani ACA


Es precisamente al revés que la causalidad funciona, por supuesto sin la tendencia al pleno empleo de recursos (y sin supuesto alguno de rigidez de precios). Sólo la variación de la inversión pública y privada es la que puede incrementar la capacidad productiva via el acelerador de la inversion. Ver ACA.  En efecto, la inversión se acelera con el impulso de la demanda autónoma: (consumo autonomo basado en transferencias sociales y gasto no asalariado), consumo e inversión pública y exportaciones y no por cambios de la tasa de interés. La razón  principal de esto, es la inexistencia de curvas de demanda "factoriales" de pendiente negativa para capitales heterogéneos (distinta composición orgánica). Ver por ej. Lazzarini  ACA

Docente de UNM





4 may. 2016

El neoliberalismo como regreso de la economía vulgar

  
Posteamos un texto muy interesante y esclarecedor respecto al regreso de la economía vulgar en la academia y que permite una hegemonía que se está haciendo efectiva en la región en estos momentos. El autor es el profesor Franklin Serrano de la Universidad Federal de Rio de Janeiro. El texto fue publicado en Revista Circus Nº 6.
  

Franklin Serrano

UFRJ - IE




Resumen:
Se me ha pedido que realice aquí una reflexión acerca de las razones teóricas y estructurales de la hegemonía cultural del neoliberalismo en las últimas décadas. Lo que sigue no es más que un esbozo en el que ofrezco notas preliminares con la esperanza de que el esquema de interpretación propuesto pueda ser de utilidad para separar los elementos teóricos de aquellos estructurales (o históricos) que integran el complejo tema en cuestión.








La economía es una ciencia empírica

La economía o economía política, como solía llamarse esta disciplina antes de la revolución marginalista de la década de 1870 (que diera luego origen a lo que hoy se conoce como economía “neoclásica”), es una ciencia empírica. Naturalmente, uno puede sentirse tentado a pensar lo contrario, dado el gran esfuerzo e importancia que la profesión le dispensa actualmente a ciertas ramas de la teoría matemática de la economía, que aparentemente tienen poca o ninguna relación –por no decir utilidad– con los análisis empíricos e incluso teóricos de los sistemas económicos reales que existen en la actualidad (o quizá hayan existido en el pasado). 

En la profesión hay un número considerable de nihilistas especialistas en teoría de los juegos que disfrutan con sus artilugios matemáticos. También hay teóricos del equilibrio general moderno –neoclásico– que suelen defenderse cuando se señala la esterilidad de sus trabajos, con cierto tipo de retórica relativista (con niveles variables de sofisticación). Con frecuencia, estos teóricos comparan el estudio de la economía con la matemática pura o la filosofía. Además, este tipo de trabajo ha ganado mucho prestigio en la profesión. Pero muchos de estos teóricos que parecen rechazar la dimensión empírica de la economía sólo están siendo cínicos 1.

Es muy difícil negar que la economía tiene un objeto empírico y que hay ciertas regularidades empíricas en el sistema económico que intentamos comprender. En este sentido, la economía tiene algo en común con ciencias como la meteorología o la sismología, que abordan sistemas muy complejos, por lo que es muy difícil que puedan realizar predicciones muy precisas. Sin embargo, estas ciencias son, en muchos casos, como la economía: herramientas útiles para comprender cómo funciona el mundo.

Economía científica versus economía vulgar
A pesar de la naturaleza empírica del objeto o tema de estudio, en los países capitalistas algunas teorías económicas son argumentos puramente ideológicos, cuya función es defender ciertos intereses materiales. Con frecuencia, sólo son una ‟teología‟ de las clases privilegiadas propietarias.

Podemos hacer referencia a la observación de Marx, abordada en profundidad en su teoría del excedente, según la cual mientras David Ricardo hizo “economía política científica” (basada de manera sistemática en el principio materialista clásico del excedente), otros economistas como Thomas Malthus y Jean Baptiste Say se dedicaron, fundamentalmente, a lo que Marx llamó “economía vulgar”. Es decir, una economía puramente ideológica; que carecía de solidez teórica y relevancia empírica. 

En economía siempre se debe hacer una cuidadosa distinción entre la evolución de los resultados de la labor científica y la sociología del conocimiento. Ciertas teorías y opiniones de calidad muy modesta pueden, con frecuencia, prevalecer por sobre otras teorías y opiniones que son más ricas y precisas, por razones ajenas a la ciencia, de carácter social o político. 

Esto no debería resultar sorprendente ya que la historia nos ha dado muchos ejemplos de cómo la difusión de ciertas ideas está determinada por fuerzas sociales. Todos conocen los problemas que Galileo tuvo con el Papa y los comprensibles temores que Darwin tuvo sobre el impacto que su teoría de la evolución tendría en la sociedad. Por supuesto, sería extremadamente difícil sostener que la reciente y continua controversia acerca de las posibles causas humanas del cambio climático –y sobre qué hacer al respecto– haya sido inmune a la existencia de estas fuerzas sociales. La ciencia, tanto en su vertiente social como en la exacta, es producto de un hombre que vive inmerso en la sociedad. No debería entonces sorprendernos que la difusión de ciertas teorías económicas no haya podido escapar a estas poderosas fuerzas sociales.




Leer todo el trabajo ACA

2 may. 2016

El derrumbe


Por Eduardo Crespo *

Desde enero de 2015, cuando Dilma Rousseff inició su segundo mandato, la situación política y económica brasileña se fue tornando caótica. El año 2014 se había cerrado con una combinación explosiva de estancamiento económico y creciente polarización política. Frente a este escenario el gobierno del PT optó por la “austeridad”, consistente en una oleada interminable de aumentos de tarifas públicas y recortes del gasto estatal, especialmente de las erogaciones sociales y la inversión pública. El objetivo declarado era reducir el déficit fiscal y preservar las notas de calificación de riesgo de las agencias internacionales.

El “austericidio” provocó una caída de 3,8 por ciento del PBI durante el año pasado y se esperan números similares para 2016. El desempleo se disparó a la cifra record de 10,1 por ciento, unos 10,4 millones de trabajadores. La suma de recesión y elevadas tasas de interés (fijadas por el Banco Central) agravó el déficit fiscal. Las tasas elevadas implican mayores gastos del estado para el pago de la deuda pública, en tanto que la recesión reduce la recaudación fiscal, situación a la cual el gobierno responde con renovados recortes del gasto y suspensiones generalizadas de programas y servicios sociales, al tiempo que las agencias calificadoras reducen sus notas crediticias.

Las consecuencias políticas fueron aún peores. La pérdida de popularidad del gobierno del PT fue aprovechada por la oposición, sectores empresariales y medios de comunicación, para promover su caída a través de un absurdo juicio político bajo la acusación de ‘maquillar’ estadísticas fiscales, cosmética que todo gobierno repite desde la sanción de la absurda e incumplible ley de ‘responsabilidad fiscal’.

¿Cómo explicar tanta torpeza? Una posible interpretación es que la cúpula del PT, Luiz Inácio Lula da Silva incluido, haya buscado calmar los ánimos apelando a la formula aplicada durante 2003-2005. En ese entonces “el ajuste funcionó”, al menos como pantalla ideológica. Sorprendentemente los resultados fueron los que siempre se pronostican y nunca se observan: durante 2004 la economía creció a 5,7 por ciento, el desempleo se redujo y la inflación cedió. Los analistas festejaban la recuperación de la inversión por el “shock confianza” y se multiplicaban los panegíricos a la “credibilidad” transmitida a inversores internaciones. En ese contexto el gobierno pudo impulsar políticas sociales de amplio alcance, medidas que redujeron la pobreza y la indigencia, subieron los salarios, redujeron la desigualdad y promovieron un aumento inédito de los niveles de consumo. Lula parecía satisfacer a pobres y ricos por igual. Fue reelecto en 2006 y durante su segundo mandato Brasil superó la crisis internacional de 2008-2009 sin grandes sobresaltos, retirándose con niveles de aceptación cercanos al 80 por ciento.

¿Milagro Neoliberal? Los dos primeros mandatos del PT coincidieron con el fenómeno internacional que suele designarse como ‘viento de cola’. Los términos de intercambio de las exportaciones brasileñas se dispararon a partir de los años 2000, así como las cantidades vendidas al exterior. Las reducidas tasas de interés internacionales facilitaban las operaciones de arbitraje con las elevadas tasas brasileñas, lo que generó una inmensa entrada de capitales que incrementó el volumen de reservas y apreció el tipo de cambio, amortiguando las presiones inflacionarias. No fue milagro. Fue suerte. En 2015, cuando Dilma Rousseff buscó repetir la formula mágica, la situación internacional era completamente diferente, así como lo fueron los resultados.

¿Qué cabe esperar si, como se espera, en las próximas semanas Dilma es reemplazada por su vicepresidente Michel Temer? Algunos analistas vaticinan políticas neoliberales aún más agresivas con calamitosas consecuencias sociales. Antes de aventurar diagnósticos apocalípticos, no obstante, deben tomarse en cuenta algunos rasgos políticos esenciales. El PMDB de donde proviene Temer, no es una agrupación de tecnócratas adoctrinados en la ortodoxia macroeconómica, ni una agrupación de sectores de clase media con prejuicios antipopulares. Nació como el partido de la oposición durante la dictadura militar y formó parte de todos los gobiernos brasileños desde el retorno de la democracia. Es un partido conservador moderado, con una fuerte base territorial, con numerosos gobernadores, intendentes, senadores, diputados y concejales obsesionados por perpetuarse en sus cargos. Es el partido del orden, no el del caos neoliberal de consecuencias imprevisibles. Para situar al lector argentino, Temer y el PMDB se parecen más a Duhalde y los gobernadores e intendentes conservadores del PJ que a la cúpula de extremistas ajustadores que integran el gobierno Macri. Dadas las circunstancias, no es improbable que busquen estabilizar el cuadro institucional con una política macroeconómica más razonable y prudente que la impulsada por el PT desde 2015.

* Licenciado en Ciencia Política y en Economía de la UBA y profesor de la Universidad Nacional de Moreno y  de la Universidad Federal Fluminense de Río de Janeiro, Brasil.