El viejo Almacén. BsAs

Surplus Approach

“Es necesario volver a la economía política de los Fisiócratas, Smith, Ricardo y Marx. Y uno debe proceder en dos direcciones: i) purgar la teoría de todas las dificultades e incongruencias que los economistas clásicos (y Marx) no fueron capaces de superar, y, ii) seguir y desarrollar la relevante y verdadera teoría económica como se vino desarrollando desde “Petty, Cantillón, los Fisiócratas, Smith, Ricardo, Marx”. Este natural y consistente flujo de ideas ha sido repentinamente interrumpido y enterrado debajo de todo, invadido, sumergido y arrasado con la fuerza de una ola marina de economía marginal. Debe ser rescatada."
Luigi Pasinetti


ISSN 1853-0419

Entrada destacada

Presentación en Feria del Libro: Piero Sraffa - Los Fundamentos de la Teoria Clásica del Excedente

Posteamos la presentación en la Feria del Libro de "Piero Sraffa-Los Fundamentos de la Teoria Clásica del Excedente, de Alejandro...

1 may. 2020

Reportaje a Eduardo Crespo sobre la Pandemia



En este programa de la serie Crise, Carlos Pinkusfeld entrevista a Eduardo Crespo, quien analiza la compleja situación argentina e intenta esbozar algunos escenarios para el futuro cercano; destacando las diferencias entre Argentina y Brasil para enfrentar la pandemia; la difícil situación económica en el país y los cambios en la política comercial / industrial probados por el gobierno de Fernandez. 

Eduardo es profesor en el Instituto de Relaciones Internacionales y Defensa (IRID) y en el Programa de Posgrado en Economía Política Internacional (PEPI) en IE / UFRJ. 

Carlos es profesor en el Instituto de Economía de la UFRJ.



15 abr. 2020

Ciclos de crecimiento y dependencia tecnológico-financiera: tras la huella de Prebisch




por Fabián Amico*


HISTORIA Y DOCTRINA DE LA UCR: Raúl Prebisch: "Funcionario del ...



El presente texto realiza una relectura de la contribución de Prebisch en la era de los flujos financieros desregulados, interpretada en un contexto más general de crecimiento liderado por la demanda, con la incorporación de flujos de capitales como componentes significativos de la dinámica externa. Dado que las economías de mayor tamaño de América Latina no pueden crecer impulsadas solo por las exportaciones, entonces el crecimiento de estas economías va a presentar una tendencia al déficit comercial y de cuenta corriente que requerirá un influjo neto de capitales. Bajo ciertas condiciones, esta dinámica puede ser sostenible o no, con diversas implicaciones sobre el crecimiento. El equilibrio de largo plazo entre importaciones y exportaciones seguirá siendo crucial, como en la visión original de Prebisch. Sin embargo, y contrariamente a las visiones convencionales, los efectos del flujo de capitales pueden ser muy importantes para una estrategia de promoción del cambio estructural.

Fue publicado en el  número especial de la Revista de Economía Contemporánea

 1. Introducción
El presente texto es un intento preliminar de realizar una relectura de algunos aspectos del pensamiento de Prebisch en la era de los flujos financieros desregulados bajo la hegemonía del patrón dólar flexible como elementos claves que definen la posición externa actual de la periferia.
En tal contexto, el foco será colocado en identificar algunos de los elementos fundamentales de Prebisch en su fase inicial en torno a los años 40 y su desarrollo en el Manifesto de 1949 respecto de la relación actual entre flujos financieros y especialización en commodities primarias. Se realizará una discusión sobre el papel de los capitales externos y el tipo de cambio, teniendo como telón de fondo los postulados principales mantenidos por Prebisch en el Manisfesto (1949) y en algunos trabajos posteriores.
Como observó Medeiros (2008), el reciente auge latinoamericano estuvo caracterizado no solo por un boom de precios de commodities (mejora de términos de intercambio) y de su demanda internacional, sino también por un fuerte influjo de capitales hacia la periferia. De modo que la integración, de manera similar a la "primera globalización", no es solo primaria, sino primario (exportadora) y financiera. Así, serán discutidas algunas de las implicaciones y posibilidades de esta integración sobre el crecimiento latinoamericano. Este trabajo contiene cinco secciones incluyendo esta introducción. En la sección 2 se identifican algunos de los elementos fundamentales de la concepción de Prebisch sobre el desarrollo de la región y sus principales problemas. La sección 3 analiza algunas extensiones del modelo de crecimiento de Prebisch, incorporando otros gastos autónomos (además de exportaciones) y flujos de capital, y sus posibles efectos sobre el crecimiento de largo plazo.

 La sección siguiente, analiza la conexión entre términos de intercambio y los tipos de cambio de la periferia, considerando la cercana ligazón que existe entre los cambios en los costos de producción y las condiciones distributivas. La sección 5 concluye con un esquemático resumen de las principales conclusiones.

Y aqui el link al trabajo de Amico
 


*Profesor de UMET

7 mar. 2020

Lo que importa no es el tamaño del PIB privado, sino la forma en que se calcula ...

Por Franklin Serrano
Prof. de UFRJ




Supongamos que queremos saber en un año dado cuánto de lo que se produjo en la economía fue demandado por el gobierno y cuánto por el sector privado. Es decir, cuáles fueron las contribuciones relativas del gobierno y el sector privado a la demanda final agregada de lo que se produjo aquí. Visto desde esta perspectiva de demanda, lo que queremos saber es quién compró qué parte del producto de la economía total y no quién lo produjo.

Una primera dificultad conceptual aquí sería dónde ubicar las empresas estatales que, por un lado, están controladas por el gobierno (accionista único o mayoritario), por otro, producen bienes y servicios que son pagados por la población. Para algunos propósitos, puede ser útil agregar compañías estatales al resto del sector público para otros, sería mejor mantenerlas en el "sector privado" en el sentido del sector que no produce bienes públicos.
Si no incluimos las empresas estatales en el "gobierno", el conjunto de la inversión pública, que representa la compra de nuevos bienes de capital del gobierno, se referiría solo a la administración pública, el gobierno propiamente dicho. Si incluimos las empresas estatales, también debemos incluir en las estimaciones de inversión (formación bruta de capital fijo) algún indicador de las inversiones de las empresas estatales.

Pero supongamos que se tomó alguna decisión al respecto y se llegó a una estimación de "inversión pública" que puede deducirse de la inversión total (FBKF) de las Cuentas Nacionales. A primera vista, puede parecer que en este caso, desde la perspectiva de la demanda, es suficiente agregar el consumo y la inversión del gobierno para ver qué parte de la demanda final agregada fue "comprada" por el sector público (independientemente de si el gobierno compró bienes privados o públicos). Una vez hecho esto, la demanda final privada parece obtenerse como el PIB agregado total (igual a la demanda final agregada) menos el gasto gubernamental total.

Pero aquí hay un problema conceptual que rara vez se menciona en la literatura. Nuestra pregunta es quién compró cuánto de los bienes y servicios públicos y privados que se produjeron en Brasil en el período, que corresponde al PIB. El problema es que, por un lado, tanto el sector privado como el público también compran productos importados. Por otro lado, el resto del mundo también compra productos producidos aquí, lo que corresponde (al contenido interno de) nuestras exportaciones. Los gastos totales tanto del gobierno como del sector privado (en Brasil, incluidas las empresas extranjeras que operan aquí) y los del resto del mundo (nuestras exportaciones) incluyen la parte importada (ya sea de insumos o bienes finales). Si el SUS (Sistema Único de Salud) importa nuevos medicamentos que no se producen aquí o el gobierno compra un avión militar importado, el gasto del gobierno ha aumentado, pero no las compras del gobierno de productos nacionales. El gasto total del sector público y privado más las exportaciones constituyen la demanda agregada. Y el producto interno más las importaciones totales constituyen la oferta agregada. 

Dado esto, no se recomienda utilizar el concepto de contribución de un determinado tipo de gasto al PIB que es calculado por organismos estadísticos como el BEA estadounidense y el IBGE en Brasil. En estas "contribuciones", por ejemplo, un aumento en el consumo privado, incluso si se gasta por completo en productos importados, aparece como una contribución de la demanda de consumo final al producto (PIB). Obviamente, la cuenta solo se cierra sin error porque al mismo tiempo aparecería una contribución igual y con el signo opuesto de las importaciones para el producto, y, por supuesto, al final no ocurriría nada con la demanda del producto producido en Brasil (el PIB). Entonces, si realmente queremos saber cuánto compró el sector público y privado del producto interno, entonces tenemos que deducir de su gasto público y privado total su contenido importado. Es fácil hacer esto de una manera muy aproximada solo con Cuentas Nacionales suponiendo que el contenido importado o la proporción de todos los gastos son los mismos (ver Serrano (2008) y Summa, Lara y Serrano (2017)). 

Sin embargo, esta estimación, aunque más útil y menos engañosa que el uso de "contribuciones de gasto al PIB", es una aproximación que todavía es bastante grosera, ya que está claro que el gasto público tiende a tener menos contenido importado y que incluso dentro del gasto del sector privado, el contenido interno del gasto es bastante diferente. Por ejemplo, la inversión privada en general tiene un contenido de importación mucho mayor que el consumo. La mejor manera, entonces, de medir correctamente las contribuciones directas del sector público y privado a la demanda del producto producido en el país sería con el uso de matrices de insumo producto que identifiquen correctamente el contenido importado de los diversos tipos de gastos en la demanda final (durante años el profesor Fabio Freitas y su equipo realizan descomposiciones de este tipo en IE-UFRJ). Pero tenga en cuenta que, como estamos hablando de la participación en la demanda del producto y no en la producción, incluso estos cálculos más adecuados (y mucho más complejos) nunca podrían llamarse PIB privado y PIB público porque estamos midiendo lo que compraron estos sectores y no lo que produjeron.
Sin embargo, incluso si obtuviéramos estas estimaciones más completas y precisas y llegamos a la participación de los sectores público y privado en la demanda de lo que se produjo en el país, todavía estaríamos subestimando la influencia de los gastos del sector público en un sentido amplio para la demanda del producto interno del país. Porque estaríamos ignorando dos elementos importantes de la influencia indirecta del sector público en la demanda agregada de la economía.

El primer componente indirecto que estaríamos descuidando son las grandes transferencias gubernamentales en los programas sociales y de pensiones (y también los pagos financieros de los pagos de intereses de la deuda pública, aunque estos se evitan en gran medida teniendo poco impacto en la demanda de los hogares) que proporcionan ingresos disponibles para que quienes los reciben y, en la medida en que se gastan, aumenten lo que se considera consumo por parte del sector "privado".
Además, existe una demanda privada inducida por el gasto público en ambos consumos, porque si el gobierno compra bienes producidos por el sector privado, sus productores pagan salarios para producirlos y el consumo adicional derivado de esta nómina tiene el efecto multiplicador tradicional keynesiano-kaleckiano. Además, existe una fuerte evidencia de que cualquier expansión más sistemática de los componentes de la demanda final al menos hace que la inversión de las empresas privadas crezca en conjunto para ajustar el crecimiento de la capacidad productiva a la expansión de la demanda. La suma del efecto de consumo inducido y la inversión inducida se conoce como el efecto supermultiplicador. 

Aquí, el simple hecho de que el contenido importado es diferente entre los diferentes tipos de agregados de gasto y, en general, el gasto público en general, que tiene un contenido interno más grande, también muestra que, con respecto a este segundo tipo de efectos indirectos, los gastos del sector público en la demanda del producto de la economía tiene un mayor impacto que los gastos autónomos del sector privado, como el consumo financiado con crédito y la inversión residencial (sin mencionar el efecto del crédito de los bancos públicos en el gasto privado).

Por lo tanto, observando el lado de la demanda, podemos concluir que: 1) la separación adecuada de las contribuciones del gasto del sector público y privado en las compras del producto interno de la economía está lejos de ser trivial; 2) el gasto, las transferencias y el crédito del sector público tienen muchos efectos indirectos sobre el gasto del sector privado y, por lo tanto, estas contribuciones no son realmente independientes (un buen ejemplo es un aumento en el consumo de bienes y servicios nacionales que se produce cuando el gobierno libera parte del FGTS para familias, que es un tipo de transferencia del sector público al privado) debido a los efectos indirectos enumerados anteriormente 3) en cualquier caso, no tendría sentido llamar a estas contribuciones a la demanda "PIB público" y " PIB privado ”, porque en el lado de la producción (PIB) lo que importa es quién lo produjo y no quién compró lo que se produjo.

Pero supongamos que, dado que el objetivo sería discutir las contribuciones al PIB de los sectores público y privado, nos preocupa una pregunta completamente diferente, pensando en el lado de la oferta. Supongamos que queremos saber cuánto fue producido por el sector privado y cuánto por el sector público, en otras palabras, cuánto de lo que se produjo fue un aumento en la oferta de bienes privados y cuánto fue de bienes públicos proporcionados por el gobierno a la población.

Suponiendo para simplificar, que elegimos, de la misma manera que antes para el análisis del lado de la demanda, separar la oferta de bienes públicos propiamente dicha de todos los demás bienes y servicios "privados", entonces es muy fácil calcular, desde esta perspectiva de oferta, lo que sería el "PIB privado". Basta deducir del PIB total el valor agregado del sector gubernamental (excluyendo las empresas estatales). Este valor agregado del sector gubernamental sería el "PIB del sector público" y se calcula utilizando el consumo agregado del gobierno menos el denominado consumo intermedio del gobierno. Este consumo intermedio mide los bienes y servicios que el Gobierno utiliza como "insumos" para "producir" el flujo de nuevos suministros de "bienes públicos", que son principalmente servicios (educación, salud, seguridad pública, etc.) que, Como no se venden al público, son financiados convencionalmente por la nómina del sector público. En otras palabras, este es un sector cuyo valor agregado solo tiene salarios y no tiene un excedente de ganancias, ingresos, etc.
En este caso, si el "PIB del sector privado" creció y el "PIB del sector público" disminuyó en este sentido de la oferta en un cierto período, entonces lo que está sucediendo es una reducción no solo relativa, sino también en la oferta de bienes públicos como educación, salud y seguridad.

Se obtienen los cálculos recientes del gobierno de lo que sería la evolución de lo que ellos llaman "PIB público y privado" simplemente deduciendo los gastos de consumo y la inversión del sector público del PIB total (excluyendo las empresas estatales) y llamándolo PIB privado. No está ni cerca de ser una estimación correcta de cuál sería la participación del sector público en la oferta interna de bienes y servicios totales. Incluye inversión pública y consumo intermedio del gobierno, que son compras (demanda) de bienes del sector privado nacional e importaciones. Al mismo tiempo, está lejos de ser una medida adecuada de la participación del sector público en la generación de demanda del producto interno de la economía. Es una mezcla incoherente de elementos desde la perspectiva de la demanda con una interpretación de los resultados como si se hiciera en el lado de la oferta. Tampoco es necesario criticar la supuesta teoría de la contracción fiscal expansiva que el gobierno dice que cree que podría ser por estos números sin mucho sentido. 

Si las estimaciones fueran más consistentes desde la perspectiva de la oferta, excluyendo lo que el gobierno compra al sector privado o las importaciones, el nivel del "PIB del sector público" ciertamente sería mucho más bajo de lo que el gobierno estimó y también del "PIB privado" bastante mayor, para alegría del gobierno. Pero, por otro lado, la tasa de crecimiento de estos agregados también sería muy diferente de lo que piensa el gobierno porque la inversión pública es muy volátil. Pero supongamos que el gobierno corrige sus cálculos y considera que, aun así, a pesar del bajo crecimiento del “Pibinho” total, el "PIB privado" creció más y el "PIB público" cayó.

El gobierno podría anunciar triunfalmente, sin la vergüenza de presentar al público estimaciones que no significan nada, que de hecho está reduciendo la oferta de servicios públicos a nuestros ciudadanos y contribuyentes, ya que esta es su propuesta. Durante la campaña electoral prometieron destruir nuestro estado y todo indica que están cumpliendo, incluso con sus cuentas equivocadas, que confunden la oferta con la demanda. Así que felicitaciones al gobierno y a todos aquellos que por sus acciones u omisiones lo ayudaron a ser elegido.





Original

29 ene. 2020

La bancarrota intelectual del monetarismo




“Nosotros no abandonamos las metas monetarias: ellas nos abandonaron a nosotros”. (Gerald Bouey [1983], presidente del Banco Central de Canadá, 1973-1987)


En los últimos cuatro años, todos los diagnósticos de inflación dados por el gobierno fallaron persistentemente: desde las metas de inflación postuladas en cada año hasta el fútil intento de controlar los agregados monetarios del final junto al FMI. La combinación de expectativas iniciales de la élite gobernante sobre la “sencillez” de bajar la inflación permitieron la existencia de algo muy parecido a un “experimento crucial” para el cuantitativismo monetario argentino. La oscilación entre un cuantitativismo exógeno y otro endógeno, por ejemplo, monetarismo y metas de inflación respectivamente, mostró la incapacidad de dar con las variables causales que efectivamente generan inflación. El resultado inflacionario del “mejor equipo económico de los últimos 50 años” no puede ser más explícito en su fracaso tanto teórico como político: una tasa más que duplicada del nivel de inflación (53%) respecto a la inicial en solo cuatro años, aplicando medidas de política monetaria cuantitativista.

Todo este derrotero inflacionario tuvo un conspicuo protagonismo de la Universidad Di Tella al aportar sus elementos más destacados como Marcos Peña, Lucas Llach, Enrique Avogrado y Marina Carvajal, Jorge Triaca, Francisco Gismondi, Mariano Flores Vidal y Sebastián Scheimberg, Federico Sturzenegger y Guido Sandleris, entre otros. Con la banalidad del mal económico que caracteriza a estos personajes ungidos de teoría económica vulgar enseñada en estos centros de excelencia y mas allá de toda duda empírica, el gobierno drásticamente comenzó a “financiar” con divisas los gastos por los que solo hacían falta pesos. Usando el mercado de deuda hasta literalmente “agotarlo” a fines de 2017 y con la friolera de más de 100.000 millones de dólares de nueva deuda, dejó al país con una relación de deuda externa sobre exportaciones mayor a 250% que deja al país en un default de explosión lenta.

La divulgación en los medios de una mayoría de economistas que esgrime un monetarismo atávico -explícito o implícito- y sin que haya siquiera alguna objeción teórica y/o empírica de dicha antigualla teórica es notable. Más aún, dado que fundamentalmente en todo el mundo el monetarismo fue prácticamente descartado de los bancos centrales y del convencionalismo internacional con el nuevo consenso neoclásico. Ante la falta de una teoría coherente y pertinente empírica que explique los canales lógicos por los cuales se produce la suba de precios, es lógico entonces que se asuma a la “emisión” monetaria o la “falta de demanda de dinero” como una causa de la suba de precios en nuestro país. En realidad, es imposible distinguir macroeconómicamente la demanda de dinero y la oferta de dinero. Proponer modelos con una demanda real con una oferta nominal de dinero no supera el problema de que solo es un único agregado monetario que no es producido “en espera de ser comprado” con curvas independientes de oferta y demanda.

Inflación por exceso de demanda
La explicación convencional de la inflación se puede caracterizar en la existencia de un exceso de demanda o diferencia positiva entre el producto efectivo y el potencial (este último no es observable). Sus explicaciones más utilizadas son por vía de la existencia de déficit públicos, o la monetización del déficit público, o por la “proporción del gasto en el producto” u otras variantes de la misma idea. La visión cuantitativista participa de ese exceso de demanda y lo explica por un exceso neto de oferta monetaria. Tiene a su vez dos versiones: una del nuevo consenso neoclásico o de dinero endógeno (con metas de tasa de interés) y otra monetarista o de tasa de interés endógena (con metas de agregados monetarios). La primera versión hoy es mundialmente dominante, mientras que la segunda versión, el exceso de demanda, se supone que puede ser controlado por metas de agregados monetarios. El monetarismo postula un multiplicador monetario estable. Sin embargo, muchos trabajos empíricos muestran que existe endogeneidad del multiplicador monetario, lo que elimina la estabilidad que es necesaria para controlar los agregados monetarios en el corto plazo. Estos resultados de inestabilidad del multiplicador monetario son conocidos ya desde los 70 para los EE. UU., donde se sabe que no hay posibilidad de controles de agregados, y que convencieron a los economistas que sostenían estas hipótesis de descartarlas definitivamente.

Revisando en el FMI, muy pocos países del mundo usan los controles de agregados monetarios, sin embargo, la Argentina desde el 2018, comenzó a contarse entre un selecto grupo de países que poseen políticas monetarias con metas de agregados monetarios, como por ejemplo: Afganistán, Angola, Bangladesh, Burundi, Rep. de Congo, Etiopia, Gambia, Guinea, Madagascar, Malawi, Myanmar, Nigeria, Ruanda, Seychelles, Sierra Leona, Surinam, Tanzania, y Yemen, entre otros. ¡Milton Friedman quizá vive en Africa! (FMI Annual Report on Exchange Arrangements and Exchange Restrictions [2018:6-7]).

La afirmación de que la inflación es solamente un problema monetario y confunde “causalidad” con necesidad de existencia de una variable como el dinero. Va de suyo que los ejemplos contraesgrimidos de economías de trueque sin inflación tienen dos problemas: 1- nunca hubo economías persistentes sin dinero, por lo tanto restringen el ejemplo a una impertinencia empírica de inexistencia histórica y antropológica imposible de poner como ejemplo; y 2- desde la lógica solo hace falta que una mercancía se tome como numerario para que el resto exprese sus aumentos de valor. Pero aun así, no se niega aquí la necesidad del dinero como un medio en el proceso mercantil, lo que se critica es la causalidad monetaria (emisión) para la variación de precios y su exogeneidad en situaciones normales. Sería algo así como acusar a la fuerza de gravedad terrestre de ser causa del suicidio del que se lanzó desde un balcón. La gravedad, siendo necesaria para la caída, es solo un medio y no una causa. Más bien las subas de precios a partir de costos y puja inducen endógenamente a la cantidad de dinero.

Inflación por puja distributiva y costos
Esta nota se basa en un trabajo más extenso, que parte de la teoría clásica del excedente de los precios y la distribución, de la cual se deriva que el motor principal y necesario que determina y propaga la inflación es la presencia de un conflicto distributivo entre trabajadores asalariados y dueños del capital. Si las demandas de mayores ingresos no son complementarias sino inconsistentes entre sí respecto al crecimiento del excedente, esta puja distributiva impactará en variaciones de salarios nominales y precios y cuyos resultados reales se terminarán definiendo ex post. El disparador por lo general puede ser un shock de costos (como devaluación, suba de tarifas, precios internacionales) que modifica los ingresos reales relativos (distribución) y se propaga directamente proporcional a la persistencia y grado de conflictividad. Pero sin puja distributiva no puede haber inflación, puesto que se necesita una oposición en la apropiación del excedente.

Con este punto de partida analítico, puede darse cuenta que en la Argentina se mantiene un esquema de conflicto distributivo persistente no resuelto, como también los niveles de inflación más altos alcanzados vis a vis con la región en los últimos 50 años, que solo se controlaron a costa de desocupación de dos dígitos. Entonces, la inflación es un efecto inducido de un esquema político y social donde los trabajadores tienen una “posición negociadora” más sólida, a diferencia del resto de los países de la región.

Una elevada tasa inflacionaria en la Argentina puede deducirse por una mayor “densidad sindical” que presenta su mercado laboral respecto a otros países, pero esto no significa que los costos y la puja distributiva no actúen en otros países de la región que presentan una menor inflación. Por el contrario, una menor suba del nivel de precios en otros países puede expresar el resultado de una puja distributiva “resuelta”, o contenida (ver Chile y Ecuador hoy), que conlleva ajustes salariales (a la baja) mayores y más adaptables (menos conflicto) a las diversas coyunturas devaluatorias.

Soporte empírico de puja distributiva y costos para la Argentina y América Latina
En efecto, en Trajtemberg, Valdecantos y Vega (2015), Los determinantes de la inflación en América Latina: un estudio empírico del período 1990-2013, se presenta un trabajo econométrico que abarca a 11 países de Latinoamérica, donde queda evidenciado que muestra que el coeficiente que acompaña a la brecha de producto es muy pequeña (0.147); o sea que el exceso de demanda no se manifiesta como una posible causa aceptable de la variación de precios persistente ni explica la inflación núcleo en oposición al convencionalismo económico. Además, que el tipo de cambio nominal (0.326) afecta a productos importados y exportados que forman parte de la canasta del consumidor y por lo tanto afectan los precios; y que los costos laborales unitarios autónomos (0.762) sobresalen en su contribución a la inflación, teniendo en cuenta que son netos de la variación de precios pasada, y que abarcan todos los factores institucionales y de puja por el ingreso.

Fuente: Trajtemberg et al (2015)

Por lo que cualquier explicación que deje de lado las variables de “costo macroeconómico”, como el tipo de cambio, los salarios, las tasas de interés, markups, no puede dar cuenta del núcleo de conflicto distributivo que existe en toda sociedad, ora mayor ora menor y cuyas demandas inconsistentes en el crecimiento del producto propagan y/o disparan un proceso de suba persistente de precios.

La inflación “Pancho Ibañez”: todo tiene que ver con todo

El otro giro convencional es el de afirmar confusamente que la inflación es un fenómeno “complejo y multicausal” en general para oponerse a la explicación monetarista, y que encubre una confusión ecléctica en la teoría. Finalmente termina formándose un coctel abstruso de inercia inflacionaria, “tirones de demanda”, “empuje de costos”, “inflación oligopólica”, “emisión exógena”, “monetización del déficit”, etc., entre otras variantes ad-hoc. Este uso de la multicausalidad se explica por la necesidad de aparecer omnicomprensivo y puede evadir una respuesta que necesita de canales teóricos precisos para ser respondida sin ambages.
La Argentina del gobierno de Macri representó un extraordinario campo de “experimentación” que permite testear estas explicaciones convencionales de la economía y, en particular de la inflación. Con su adopción final por el monetarismo, se degradó su política monetaria al retomarse una doctrina que no logra tener el control efectivo de los agregados y que no es usado mundialmente. De presentarse como los más serios economistas a terminar duplicando el nivel de inflación con el que habían entrado, en solo cuatro años el gobierno de Macri representó un velocísimo y enorme fracaso intelectual del cuantitativismo monetario en la Argentina.

*Docente de la Universidad Nacional de Moreno (UNM)

Original: El pais digital

13 ene. 2020

SALIÓ EL NUMERO 7 DE REVISTA CIRCUS




En este nuevo número (re-lanzamiento) de Circus publicamos seis contribuciones muy  ligadas con la interpretación de los problemas actuales de política económica.

Primero, Serrano y Summa discuten las causas de la interrupción desde 2015 del proceso de crecimiento con inclusión social que se venía produciendo en Brasil. En el texto siguiente, Serrano y Garrido aclaran las relaciones teóricas entre inversión, demanda y rentabilidad.

Luego, Fiorito analiza la inflación bajo el gobierno de Macri, revelando el fracaso intelectual del monetarismo en Argentina. 


A continuación, Amico analiza la evolución macroeconómica entre 2015 y 2019 mostrando las razones que llevaron al colapso.

Vernengo y Pérez Caldentey discuten los límites de la Teoría Monetaria Moderna para países periféricos y, finalmente, Pinkusfeld y Aidar señalan los alcances y efectos de la política monetaria en Brasil.

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12 ene. 2020

La hegemonía mundial sigue siendo de Estados Unidos


 Los economistas Matías Vernengo y Eduardo Crespo. "El 60 por ciento de las reservas mundiales están en dólares", indican.


Los economistas Matías Vernengo y Eduardo Crespo son una referencia obligada en la heterodoxia argentina. Crespo es Licenciado en Ciencias Politicas y Economía de la UBA, Master en Economía y doctor en Economía de la Universidad Federal de Rio de Janeiro. Por su parte, Vernengo es doctor en Economía de la New School for Social Research, Profesor en el Departamento de Economía de la Bucknell University (Estados Unidos). Ambos estuvieron en la ciudad de Santa Fe disertando en una Jornadas organizadas por el Instituto de Humanidades y Ciencias Sociales de la UNL-Conicet. Cash aprovechó la ocasión para conversar con ellos de diversas cuestiones económicas y geopolíticas.

Las modificaciones en el mapa de poder mundial (retroceso relativo de Estados Unidos, ascenso chino), ¿supone un riesgo para la supremacía estadounidense? En otras palabras, ¿hay una crisis hegemónica como postulan algunos autores?

- Eduardo Crespo: La hegemonía en sus múltiples dimensiones (financiera, tecnológica, militar) continúa siendo estadounidense. En lo monetario-financiero, su supremacía está años luz de cualquiera: el 60 por ciento de las reservas mundiales están en dólares. En el plano tecnológico, los chinos avanzaron mucho pero están muy lejos de disputar hegemonía. También registraron avance en el terreno militar, por ejemplo instalaron bases en territorio africano. Sin embargo, mientras que Estados Unidos dispone de doce flotas militares distribuidas por todo el mundo, China apenas cuenta con dos. La fuerte inversión china en este terreno hace presuponer que puedan tener siete u ocho de acá a diez años, pero falta mucho para eso. Un aspecto que me parece importante es que estas cuestiones no hay que pensarlas solo en términos nacionales. La mitad de la población estadounidense no registra mejoras en sus ingresos desde hace cuarenta años. Ahora, las multinacionales, firmas tecnológicas de origen estadounidense y Wall Street lideran casi todo. Es decir que la supremacía de Estados Unidos beneficie a sus empresas no implica que lo mismo ocurra con una importante porción de sus ciudadanos.

- Matías Vernengo: Comparto esa mirada. Estados Unidos tiene varios problemas que resolver pero no existe una crisis hegemónica. No hay ningún contendiente suficientemente fuerte en términos militares, monetarios o industriales. La participación estadounidense en el Producto y las exportaciones globales viene cayendo pero continúa siendo el principal mercado mundial. Su participación relativa en el consumo global es aproximadamente del 25 por ciento, con el 4 por ciento de la población mundial. También retiene la moneda global y el liderazgo industrial en sectores de punta, lo cual queda claro si se analiza, por ejemplo, el listado de las empresas tecnológicas más importantes. La conformación de las cadenas globales de valor fue una decisión estadounidense. Fueron sus líderes los que dijeron vamos a producir las computadoras y los celulares en China y Taiwan. Si no hubiera abierto Nixon el mercado chino, Steve Jobs no podría haber relocalizado parte de su producción allí. Allí hubo una decisión de disciplinar a su propia clase trabajadora.

¿El triunfo de Trump supone algún cambio en el orden imperial?

- Matías Vernengo: Las posibilidades de triunfo de Trump crecieron cuando Hillary Clinton se impuso en la interna demócrata. El discurso de campaña de Hillary resaltaba los “logros” económicos obtenidos durante el gobierno de Bill Clinton. El problema es que el crecimiento económico de ese período no benefició a todos por igual. En cambio, Trump sintonizó con dos creencias (una verdadera y otra falsa) de la clase trabajadora local: 1) la idea (a mi criterio correcta) de que los tratados de libre comercio fueron perjudiciales porque incrementaron el desempleo y destruyeron empleos industriales. 2) la identificación de los inmigrantes como principales responsables de todos los problemas económicos (desempleo, reducción salarial). Esa idea es falsa pero está muy extendida. La evidencia empírica desmiente ese prejuicio. Lo que ocurre en realidad es que los inmigrantes terminan trabajando en aquellos ocupaciones que los norteamericanos rechazan. Trump supo aprovechar el malestar que genera el orden neoliberal. En el centro del capitalismo global, la economia estadounidense crece a tasas más bajas, cae el empleo industrial y empeora la distribución del ingreso. La baja movilidad social genera una incongruencia con una sociedad que se vanagloria del famoso “sueño americano”. El neoliberalismo es un proyecto destructivo, es una decisión política que implica la construcción de un Estado “fallido”. Esto no implica que el neoliberalismo haya fracasado. Al contrario, el objetivo fue subvertir las instituciones creadas durante la Era Dorada del capitalismo. Lo cierto es que Trump no implica ninguna resistencia al orden neoliberal (como sí lo podría expresar Bernie Sanders) porque sus políticas no implican una mejora del bienestar popular. Por ejemplo, redujo los impuestos a las corporaciones y a las personas de mayores ingresos, se opuso al aumento del salario minimo.

China y Rusia

Más allá de la persistencia de la hegemonía de Estados Unidos, el tablero mundial está cambiando de la mano de otros actores que contrapesan ese poderío (China, Rusia) ¿Cuál es el impacto de esas redefiniciones en la periferia?

- Eduardo Crespo: La aparición de nuevos actores amplían el margen de negociación, abre nuevas posibilidades. En la actualidad encontramos, por ejemplo, países africanos que crecen utilizando patentes chinas. Esto siempre fue así en la historia mundial. La competencia interestatal crea oportunidades. Por caso, los estados desarrollistas del sudeste asiático son un subproducto de la revolución china.

- Matías Vernengo: Claro. El desarrollo de esos países fue resultado de que los norteamericanos pierden China, se desesperan y buscan armar un cordón de seguridad para evitar el avance comunista. En otras palabras, es un desarrollo “por invitación” de Estados Unidos. Por ejemplo, el gobierno estadounidense decide comprarle camiones a Toyota (que estaba a punto de quebrar) para trasladarlos a Corea. Le transfiere tecnología, le garantizan la demanda. Además del ascenso de China, el reciente reordenamiento del mapa mundial incluye la reaparición de Rusia (de la mano de Vladimir Putin) como contrapeso de la hegemonía estadounidense. Hasta principios de este siglo, la política rusa había sido funcional al orden neoliberal. Eso implicó, entre otras cuestiones, la destrucción de sus propias capacidades productivas y tecnológicas. El reposicionamiento ruso implica límites concretos a la estrategia estadounidense en, por ejemplo, Venezuela o Siria.

Estado desarrollista

En ese marco ¿cuál es el espacio para un proyecto desarrollista en la periferia, en general, y en la Argentina, en particular?

- Matías Vernengo: El espacio es limitado pero las condiciones geopolíticas (tasas de interés internacionales muy bajas, la irrupción de China y Rusia que ya mencionabamos) aumentan las posibilidades de llevar adelante ciertas políticas de fomento industrial en la periferia. Es posible articular un estado desarrollista que fomente el cierre de algunas brechas tal como lo hicimos en la era dorada del modelo industrial. Es posible avanzar en la producción de satélites, biotecnología, autos eléctricos, baterias de litio. Esto permitiría solucionar algunas cuestiones básicas aunque no se alcancen los niveles de consumo de la clase media de los países desarrollados. El objetivo alcanzable no es ser Japón o Corea del Sur pero, por ejemplo, es un absurdo que en Argentina haya gente que pase hambre. Cuando uno piensa en un Estado desarrollista a veces piensa en grandes temas, pero también implica tener una burocracia eficiente y eficaz que sepa planificar cosas básicas. El problema más complejo es que las elites locales juegan en contra. Ellos quieren disfrutar de patrones de consumo de los países desarrollados, viajar a Miami todos los años y ese tipo de cosas. Ahí la cosa se complica porque esa lucha de clases internas te limita una política de desarrollo. El problema es que el destino de esas elites está disociado de lo que pasa en el territorio.

- Eduardo Crespo: La desconexión de las elites es un problema muy grave. Para dar un ejemplo actual de Brasil. El ministro Guedes está desfinanciando las universidades públicas porque, entre otras cosas, su hermana es una de las dueñas de las universidades privadas más importantes.

- Matías Vernengo: Lula amplió derechos en ese terreno con la creación de nuevas universidades y la asignación de cupos a la población más vulnerable. A partir de allí, la clase media-alta profundizó la tendencia a irse a las universidades privadas y al extranjero, retomando una tradición de larga data porque las elites brasileñas solían ir a estudiar a Portugal. No era un problema para ellas que no existieran casas de altos estudios en Brasil. En realidad, la universidad pública es muy nueva: la primera (la de Rio de Janeiro) es de los años 30 del siglo pasado. En otras palabras, a las elites no le importan que destruyan la universidad pública.
El problema es que actores conformarían, además del Estado, una coalición de poder que sostenga un proyecto desarrollista. Cuando se habla de estos temas surge, por ejemplo, el rol que debería jugar la mítica burguesía nacional.

- Eduardo Crespo: La patria de los sectores capitalistas en América latina es el dólar y Wall Street. Eso dificulta la conformación de una coalición de poder. En la coyuntura argentina, la existencia de una crisis profunda tal vez permita un margen de negociación con algunos sectores. Más allá de eso, el Estado debe liderar esa coalición de poder. Lo poco que hubo de Estado desarrollista en América Latina (Argentina, Brasil, México) nunca tuvo a los capitalistas de tu lado. El desarrollo brasileño fue más producto del Ejército que de la burguesía paulista.

- Matías Vernengo: El rol estatal es fundamental. Para mencionar un ejemplo concreto. El Estado argentino tiene que fijar las reglas que la acumulación financiera sea en moneda local, tal como fue en el caso brasileño. La dictadura militar brasileña creó un mercado de capitales en moneda doméstica. A pesar de que en algún momento sufrieron un proceso hiperinflacionario, la elite local continúa sin ahorrar en dólares. Eso no fue por una cuestión cultural sino porque hubo políticas de Estado que los obligaron a invertir en moneda doméstica.

La hipocresía de la ortodoxia

A pesar de los problemas teóricos y prácticos, la economía ortodoxa continúa gozando de una fuerte preeminencia académica. ¿Cuál sería la explicación de ese aparente contrasentido?.
- Matías Vernengo: ¿Por que hay un período histórico (entre las décadas del '30 y el '70 del siglo XX) en que se repiensa la economía? Porque aparece una capacidad contestaria que genera un espacio intelectual para repensar cuestiones ligadas a la economía, el desarrollo. El marginalismo perdió el debate económico en las denominadas Controversias del Capital, tal cual lo reconoce el propio Samuelson. Y sin embargo no pasó nada. Eso constituyó un sistema que yo llamo de hipocresía organizada. Hay un texto de Paul Krugman que dice que, en los años ochenta, todos sabían que era necesario escribir las ideas adaptadas al modelo de expectativas racionales. Él reconoce que eso era ridículo, que los resultados eran absurdos, pero que era la única forma de poder publicar. Era la forma de ingresar al sistema. La hipocresía organizada es eso: una teoría económica que saben que no funciona, pero que igual la defienden. La regla vigente es que los premios se los llevan los economistas que te dicen que los mercados funcionan.

- Eduardo Crespo: La teoría del equilibrio general no cierra y ellos lo saben. Suena medio crudo decirlo pero así es. El predominio académico de la ortodoxia no tiene que ver con otra cosa que con relaciones de poder. En los últimos años no hay más debate económico en la academia. Lo único que se plantea son meras cuestiones económetricas. 

Original: Cash

26 dic. 2019

Qué se puede esperar del gobierno que comienza en Argentina





El gobierno en Argentina tiene menos de dos semanas en este momento. Es muy temprano para emitir un juicio. Pero podemos ver el legado de la administración de Macri e indicar algunas cosas sobre la estrategia actual. Un artículo que acabo de recibir de Fabian Amico, que pronto se publicará en Circus, será invaluable para mis breves comentarios aquí (el nuevo número de Circus y el artículo serán publicados próximamente aquí, en español).

Lo primero que debería ser evidente es que los 4 años de la administración de Macri, que supuestamente restablecerían el crecimiento económico, algo que había flaqueado desde 2011, esencialmente como resultado de una restricción externa, fueron un fracaso. Usando datos del FMI, el crecimiento promedio del PIB en el período fue de -0.2 por ciento. Sí, negativo. Amico usa un índice de actividad local y los resultados son visiblemente no muy diferentes (sus números dan una disminución general del 1.7 por ciento para todo el período).
 

La administración de Macri también levantó los controles de capital, pagó a los Fondos Buitres más de US $ 9 mil millones y abrió las puertas a préstamos extranjeros adicionales. El gobierno de Macri había apostado a la idea de que el crecimiento provendría de la inversión privada y las exportaciones, en lugar de la combinación de gasto público y salarios más altos, lo que permite un mayor consumo. A continuación puede ver qué tan bien funcionó para ellos.


Como debe quedar claro, solo crecieron las exportaciones (Amico llama, acertadamente, el período de Macri un estancamiento liderado por las exportaciones), y no como resultado de la devaluación real, ya que crecieron alrededor del 2 por ciento anual, más o menos en conjunto con el crecimiento del PIB mundial. Demasiado para la noción de que la devaluación proporciona espacio para la política, y un mayor crecimiento. El colapso del consumo del gobierno y la caída de los salarios reales fueron cruciales para explicar el pobre desempeño. La inversión siguió al acelerador y colapsó con la caída del PIB.

La depreciación real del tipo de cambio, como es bien sabido, afecta negativamente los salarios reales, que cayeron aproximadamente un 30 por ciento durante su gobierno, y como había señalado en 2015, ese era el objetivo real de su gobierno. En ese sentido, se puede decir que su gobierno logró su objetivo principal. La participación de los salarios en el ingreso total cayó un 8 por ciento, como se muestra a continuación.


El peor error fue el aumento de la deuda externa en moneda extranjera, por supuesto, la crisis monetaria y el retorno del FMI, que ya he discutido (aquí y aquí), por lo que no volveré a profundizar en esto.

La administración Fernández y el nuevo Ministro de Hacienda, Martín Guzmán, están haciendo lo que se esperaba y lo que parece razonable en las circunstancias actuales. El aumento de las retenciones, los impuestos a las exportaciones, principalmente del sector agropecuario, el tributo puesto sobre los activos mantenidos en el extranjero y la eliminación de los impuestos sobre los activos mantenidos en el país en pesos, que son medidas para tratar de aumentar las reservas en dólares. Ciertamente, esto se complementará con medidas para aliviar el hambre y la pobreza, incluidas las jubilaciones  de los ancianos pobres. Esto hace más probable es que en negociaciones con el FMI se evite un default, y es crucial para el éxito del programa económico. Como dijo Fernández, su administración heredó el caos. Pero hay razones para la esperanza en la oscuridad.

original: Naked keynesianism