El Viejo Almacen -Bs.As.

Surplus Approach

“Es necesario volver a la economía política de los Fisiócratas, Smith, Ricardo y Marx. Y uno debe proceder en dos direcciones: i) purgar la teoría de todas las dificultades e incongruencias que los economistas clásicos (y Marx) no fueron capaces de superar, y, ii) seguir y desarrollar la relevante y verdadera teoría económica como se vino desarrollando desde “Petty, Cantillón, los Fisiócratas, Smith, Ricardo, Marx”. Este natural y consistente flujo de ideas ha sido repentinamente interrumpido y enterrado debajo de todo, invadido, sumergido y arrasado con la fuerza de una ola marina de economía marginal. Debe ser rescatada."
Luigi Pasinetti


ISSN 1853-0419

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OBSERVACIONES SOBRE LA INTERPRETACION SRAFFIANA DE LA TEORÍA DEL VALOR DE MARX

Posteamos un muy interesante trabajo del Profesor Franklin Serrano, presentada en Buenos Aires en una de sus visitas, sobre la inte...

15 ene. 2018

Las metas de inflación y la discusión del “ancla nominal”

Fabián Amico PhD Candidate in Economics IE/UFRJ 
Alejandro Fiorito Profesor de Política Económica en UNM




Recientemente la Universidad Nacional de Moreno publicó un valioso libro reuniendo diversos trabajos sobre la política cambiaria y sus alcances (“Discusiones sobre el tipo de cambio. El eterno retorno de lo mismo”, F. Médici –Ed-, UNM Editora, 2017), donde hemos contribuido con un capítulo analizando la relaciones del tipo de cambio con el crecimiento, la inflación y el balance de pagos. En esta nota, intentaremos utilizar algo de ese background conceptual para discutir algunos aspectos de la coyuntura.

Cambio de metas

Un tema caliente es el reciente cambio de “metas de inflación” por parte del BCRA. Este cambio fue entendido de manera unánime como un “fracaso” del BCRA y de la estrategia antiinflacionaria del Gobierno. Nos interesa discutir cuál es el sentido de este “fracaso”. Supuestamente la meta de 8-12% era “muy exigente” e impedía bajar la tasa. Una meta menos restrictiva permitiría reducir la tasa de interés e impulsar la economía (sin poner en riesgo el boom de créditos). Se supone así que la reducción de la tasa sería expansiva del nivel de actividad, y que existiría un cierto “intercambio” entre nivel de actividad (mayor) e inflación (mayor) regulado por la tasa de interés. Pero ese trade-off es un espejismo.

La conexión entre la tasa de interés y el nivel de actividad es muy difusa. Como el volumen de crédito no supera el 15% del PIB, el canal de transmisión directo de la política monetaria al nivel de actividad es muy débil. El supuesto “boom” de crédito hipotecario (que, en términos reales, en noviembre está aún por debajo del nivel registrado en 2009 y en 2013) no tiene un gran impacto sobre el nivel de actividad, ya que se trata esencialmente de adquisición de viviendas ya existentes y no de nuevas construcciones. Además, en términos de tasas, el crédito hipotecario fue crecientemente segmentado, con las tasas específicas para hipotecas subiendo menos que la tasa básica de política monetaria. Por ende, no es necesario bajar la tasa básica de política para mantener el “boom”. Finalmente, varios trabajos empíricos muestran inequívocamente que la inversión productiva privada no tiene ninguna relación sistemática con el nivel de las tasas de interés.

¡Es la puja!

Entonces, ¿cuál es el sentido de hacer “menos contractiva” la política monetaria? Aquí se impone una breve digresión sobre el funcionamiento real de las metas de inflación en América Latina para comprender las razones del “fracaso” argentino. Un estudio reciente (Trajtemberg et al.)realizó una descomposición de los factores determinantes de  la inflación para un conjunto de países latinoamericanos.1 En todos los casos, la demanda agregada no mostró impacto alguno sobre la tasa de inflación, pese a que los bancos centrales aseguran que controlan la inflación regulando la demanda agregada mediante el manejo de la tasa de interés. Esto refuerza la idea de que el principal canal de transmisión de la tasa de interés a la inflación es el tipo de cambio nominal y que (excepto quizás Brasil en algunos periodos) la elasticidad de la demanda agregada respecto de la tasa de interés es muy baja o nula.

Una diferencia crucial de la inflación argentina con Chile, Colombia, Perú, México y Brasil (donde los sistemas de metas lograron controlar la inflación y mantenerla en niveles bajos), es la mayor incidencia de la puja distributiva medida, por ejemplo, por los costos laborales unitarios ajustados por productividad. Asimismo, los autores del estudio eliminaron la parte de la variación de los costos laborales unitarios originada en la inflación previa, de modo que estos captan solo el efecto de un cambio “autónomo” de esos costos sobre la inflación. El estudio reveló que en Argentina la incidencia del conflicto distributivo es la más alta en la comparación regional y que la inercia inflacionaria nunca es la parte más importante de la inflación.

Este resultado tiene varias implicaciones importantes. Primero, caracterizar a la inflación argentina como “inercial” es un error porque el conflicto distributivo sigue siendo el factor decisivo que gobierna la tasa de inflación incluso cuando ésta es más o menos constante. Así, “romper la inercia” supone intervenir en el conflicto distributivo y alterar la distribu
ción. Segundo, si el principal canal de transmisión de la tasa de interés sobre la inflación es la apreciación cambiaria, resulta claro ahora por qué la inflación argentina se revela tan resistente: simplemente, el canal cambiario en Argentina solo afecta una parte de la inflación. A su vez, esto explica por qué sí funciona en los otros países (Chile, Colombia, Perú, México y Brasil) donde la puja distributiva tiene una significación considerablemente menor o es directamente un factor desinflacionario.

Como la tasa de interés opera vía el canal cambiario, entonces, una reducción de la tasa, si es persistente, lleva a un aumento de la tasa de devaluación. A su vez, una devaluación mayor está asociada con una aceleración de la inflación y una disminución del salario real en el corto plazo. Por ende, la baja de la tasa de interés resultaría no solo en más inflación sino en caída del nivel de actividad.

El objetivo

¿Cuál podría ser la justificación de una alternativa de política así? Evidentemente solo podría ser explicado por el hecho de que los objetivos de inflación y crecimiento en el corto plazo han quedado subordinados a otro objetivo de política, básicamente el tipo de cambio y la rentabilidad. De facto, un consenso creciente alerta de la “gravedad” del “atraso” del tipo de cambio real. Se considera que la reforma laboral (más “flexibilidad” en el mercado) no alcanza para aclarar “la gramática de los precios relativos de la economía” (Fernando Navajas). Y el “atraso” cambiario sería parte esencial de esa “gramática”.

La política monetaria debería orientarse, según este consenso, hacia un tipo de cambio real más alto o “competitivo” y una tasa de interés más baja, con una disminución de los salarios reales en el corto plazo y una forzosa desaceleración del crecimiento en el año que comienza. Para que eso sea posible, el BCRA debe convalidar la política indicada por el Gobierno y digerir en silencio el “costo reputacional”.

Existe un problema adicional. Si el rendimiento de los activos domésticos es superior al externo, eso causa un flujo neto dirigido hacia los activos domésticos que comporta una tendencia a la apreciación (o una disminución de la tasa de devaluación). Basta que el tamaño de ese diferencial sea positivo para que induzca esa tendencia. En este marco, la reducción de tasas del BCRA fue tan “testimonial” que no alteró substancialmente el diferencial de rendimientos. De hecho, tras el anuncio, los analistas volvieron a darle aire al carry trade (sea con Lebac o bonos) y la expectativa de devaluación cayó fuerte en el Rofex. En suma, el objetivo de recuperar rentabilidad/competitividad cambiaria no estaría siendo exitoso con esta tímida baja de tasas del BCRA.

Los temores del BCRA para bajar la tasa no serían infundados. En verdad, una devaluación a secas ya no es requerida por nadie. La experiencia del rápido repase de la devaluación a precios puso un signo de cautela sobre la política monetaria.
Si se va a intentar una suba del TC real, la devaluación nominal no puede ser una medida aislada. El objetivo de una devaluación real requiere que el Gobierno utilice a los salarios como “ancla nominal” de la economía. Y, como se sabe, el ancla debe crecer menos que las otras variables. Esto pone en duda la vigencia de la cláusula gatillo.

Desgraciadamente para esta visión, como se muestra en el libro, la rentabilidad no tiene ningún efecto predeterminado sobre las exportaciones ni sobre el nivel de producción e inversión domésticas. Las exportaciones dependen del nivel de actividad de los socios comerciales y de un conjunto de factores tecnológicos y estructurales sin relación con los precios relativos. De manera análoga, el nivel de inversión depende de la expansión del nivel de actividad y del tamaño del mercado. Por ende, no es una función del nivel de rentabilidad. La rentabilidad puede implicar una restricción para el flujo de nuevas inversiones si cae por debajo de un cierto umbral mínimo o si se extingue. Pero estamos lejos de ese caso.

La devaluación tampoco es un buen mecanismo de ajuste del balance de pagos: de hecho, el nivel de TCRM en promedio anual en 2016 es 14% más alto y en 2017 es 6,7% mayor en relación a 2015 y el déficit de cuenta corriente es significativamente mayor. Aunque no resuelve ninguno de esos problemas, como entre nuestros transables se encuentran los bienes-salario, sin dudas un tipo de cambio real más alto aumenta la rentabilidad (en dólares) de todos los sectores (y no sólo de los exportadores). Eso parece ser, pese a todo, un motivo de consuelo para mucha gente. Sin embargo, no está para nada claro que el Gobierno pueda imponer a los salarios el rol de ancla nominal. En la experiencia argentina, eso se consiguió solo bajo la Convertibilidad, con un grado extremo de flexibilidad laboral, sin paritarias y con desempleo de dos dígitos. Es altamente probable, por tanto, que la inflación siga entre nosotros por mucho tiempo.

Lea ACA

24 nov. 2017

Céfiro: Dossier a 150 años de la publicación del primer tomo de “El Capital”

Posteamos el tercer número del cuarto año de la revista de la Universidad Nacional de Moreno, Céfiro, que contiene un dossier (págs. 35-108) sobre El Capital de Marx a los 150 años de su publicación.





Como afirman  los profesores de la UNM,  Florencia Médici y Pablo A. Tavilla al comienzo del dossier:

"Tomamos como excusa la conmemoración de los 150 años de la publicación del primer tomo de “Das Kapital. Kritik der politischen Oekonomie” en 1867 para destacar, valorizar y considerar como pensamiento vivo gran parte de la gigantesca obra de Karl Marx.
Ni muerto ni mineralizado, ni tampoco convertido en suma teológica; siempre mejorable y superable críticamente, pero sabiendo que encontramos ahí, frecuentemente, un punto de partida, un disparador, un marco ordenador e inspirador. Constituyó un salto histórico inmenso, el arribo a una cumbre en materia de condensación lúcida de progresos en el conocimiento humano crítico.
Con la obra de Marx se dio una particularidad, fue prácticamente imposible serle indiferente. Por odio o por alta valoración, por él o contra él, ya sea en economía política, en filosofía, en política, en cultura, en sociología o en cualquier otro campo de las ciencias sociales, es mucho lo que inspiró y motivó a producir.
Ya sabemos que las ideas y la construcción de conceptos se refieren a un contexto temporal y espacial, sin embargo también aprendimos que algunas pueden servir para iluminar otras indagaciones sobre realidades diferentes, como marco o como guía o pistas para plantear nuevas preguntas o como invitación a superar críticamente un buen punto de partida. Cuando no, fundar toda una tradición, una corriente".
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"Basta con decir que la misión de una Casa de Altos Estudios Universitarios es formar en pensamiento crítico, en comprender para transformar. Cuánto Marx está en el aire mismo que respiramos! Ni hablar de quienes nos formamos en ciencias económicas. ¿Cuántos, acaso, no estudiamos economía arrastrados por el hechizo de esos textos tan poderosos y polémicos?
Nos tentamos de parafrasear a alguien muy relevante en la historia política nacional y adaptarlo para sostener que, más allá de las opciones ideológicas, disciplinares y hasta políticas, todos somos al menos un poco marxistas, aún cuando no siempre tengamos conciencia plena, mal que pueda pesarnos. Esto suele pasar con esos pocos casos de mentes brillantes que condensaron pensamientos y espíritus de épocas y las trascendieron dando su impronta y testimonio, influyendo, motivando corrientes de pensamiento y hasta desatando tormentas.
Para ir terminando, un poco más atrevidos pero con la mejor intención de motivar lecturas: cuántas veces, en relación a algún análisis no muy convincente en el amplio campo de las ciencias sociales, y más allá de posicionamientos ideológicos, políticos y religiosos, pensamos: “a este muchacho se le nota mucho no haber pasado por Marx”.

Lo que sigue son los seis artículos integrantes de este Dossier, escritos por Enrique Aschieri, José Castillo, Eduardo Crespo, Nicolás Dvoskin, Alejandro Fiorito y Alejandro Naclerio, docentes de universidades públicas argentinas que ponen lúcido foco en algunos aspectos de esa obra cumbre de la economía política clásica, para algunos y crítica superadora de los clásicos, para muchos otros. En esta oportunidad, artículos
más cercanos al análisis experto. Un lujo.
En definitiva, siempre nos movemos con el afán de contagiar ganas y pasión por saber, por comprender el mundo y por no cesar en el deseo de mejorarlo. Como decía Marx, a seguir haciendo historia en el marco de las circunstancias que nos tocaron, aún cuando, en principio, no las hayamos elegido tan conscientemente."

Indice del Dossier:
• A 150 años de la publicación primer tomo de “El Capital” Presentación,
por Florencia Médici y Pablo A. Tavilla

• “Usar” El Capital. Un ensayo sobre sus dimensiones “cualitativas”,
 por José E. Castillo

• El Sistema Marx. Anatomía y dinámica del capitalismo: La vigencia del debate en el siglo XXI, 
por Alejandro Naclerio.

• La teoría del valor trabajo después de Hilferding,
 por Alejandro Fiorito.

• El tratamiento de la tasa de ganancia en Ricardo y Dmitriev. Una breve comparación con Marx, 
por Eduardo A. Crespo y Marcus Cardoso Santiago

• Los robots en el sesquicentenario de Das Kapital, 
por N. Enrique Aschieri

• Das Kapital y la sociedad disciplinaria: Una lectura posmoderna de las relaciones de poder en la obra de Marx, 
por Nicolás Dvoskin

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15 nov. 2017

El eterno retorno de lo mismo: Discusiones sobre el tipo de Cambio



En la Argentina, el debate sobre el nivel y variación del tipo de cambio nominal y real parece obsesionar y dominar las preocupaciones de economistas y políticos, quienes le asignan múltiples vínculos económicos, sobre los precios, la producción y el balance de pagos. A resultas de esto, el tipo de cambio representa una suerte de elixir mágico el cual es presentado por economistas de varias orientaciones para cumplir múltiples objetivos: impulsar exportaciones, evitar importaciones e inducir sustitución, diversificar la estructura productiva, estimular el desarrollo tecnológico y fomentar el empleo, limitar el turismo o lograr frenar una creciente formación de activos externos, entre otras, en la convicción nunca fundamentada de que se tiene una llave que abre conjuntamente múltiples puertas de la macroeconomía.
En efecto, ante cada coyuntura de la economía nacional, diversos especialistas muestran nuevos canales de transmisión que normalmente trasuntan algún tipo de principio de sustitución doméstico o internacional a corto y a largo plazo. Y como si esta variable tuviese propiedades especiales puede además de modificar la distribución del ingreso por su efecto sobre los salarios y precios, efectivizar impulsos positivos sobre el crecimiento del nivel de actividad, o bien por efecto sobre el comercio y los flujos financieros, mejorar el balance de pagos. Tal es la tarea de Sísifo en que los economistas argentinos se embarcan con sus recomendaciones de política económica: como nunca se consiguen los objetivos prometidos por esta vía y el fracaso es reiterado, toda la empresa de manejo del tipo de cambio se torna un eterno retorno de lo igual de la política económica.



Índice

1. Introducción.

Florencia MEDICI
2. La declinación del estructuralismo latinoamericano
Eduardo A. CRESPO
3. Inflación, crecimiento y balanza de pagos: el rol del tipo de cambio real
Fabian AMICO y Alejandro FIORITO
4. La limitación al crecimiento de los países latinoamericanos a partir de sus elasticidades de comercio exterior: ¿mito o realidad?
Guido ZACK y Florencia M. FARES
5. Interacciones en el pass-through. Un análisis de las relaciones de mediación entre el efecto transferencia de tipo de cambio a precios y terceras variables
Sergio A. ROSANOVICH
6. Tipo de cambio y distribución del ingreso. Un modelo clásico para economías pequeñas y abiertas
Fernando M. GARCIA DIAZ
7. Inestabilidad financiera como problema de desarrollo en economías con restricción
externa: Un enfoque minskiano
Florencia MEDICI
8. El rol financiero del tipo de cambio en las economías periféricas
Genaro GRASSO, Estanislao MALIC y Leandro ZICCARELLI 
9. Control de cambios en perspectiva histórica: El caso argentino luego de Bretton Woods
Santiago GAHN
10. El rol de la política fiscal en episodios de crisis de cambiarias. Un estudio para los países emergentes
Pablo G. BORTZ y Nicolas H. ZEOLLA

version preliminar


en la libreria universitaria de la calle  Montevideo y Lavalle


y en la libreria Antigona de la calle corrientes
  • Av. Corrientes 1583  54 11 4372-8342
 

25 oct. 2017

“América Latina necesita un Estado desarrollista eficiente”






Matías Vernengo, en conjunto con Esteban Pérez Caldentey, acaban de editar un libro interesante sobre un tema que  suscita creciente atención: la incapacidad de América Latina de pegar ese ansiado brinco hacia el desarrollo y lograr estándares de vida más altos e inclusivos de manera sustentable.  En diálogo con El Economista, Vernengo (Bucknell University) comenta algunos pormenores del trabajo, señala algunas respuestas a la pregunta que titula el libro y sugiere algunos tips para los policy makers latinoamericanos a la hora de delinear una estrategia exitosa hacia el desarrollo. En una época de vacas menos gordas que en la primera década de los 2000 y con (todavía) enormes déficit sociales, es un libro más que necesario para reflexionar sobre los desafíos de América Latina y su necesidad de batallar contra su crónica inestabilidad e incapacidad para subirse, como un pasajero más, en el tren del desarrollo, y no quedarse más en la estación.


Para arrancar, ¿qué los llevó a escribir el libro, por qué eligieron este momento y qué vacío intentan ocupar?

El fracaso del llamado Consenso de Washington y la reacción política que permitió la elección de gobiernos de izquierda en la región hace más de una década ahora, creó la posibilidad de una nueva estrategia de desarrollo. Sin embargo, la crisis global que empezó con el fin de la burbuja del mercado inmobiliario de EE.UU. y la crisis europea dejó en claro los límites del experimento nacional y popular en la región. El agotamiento del ciclo de las commodities, en particular, demuestra que los viejos problemas de la especialización productiva de la región son difíciles de superar. El libro es una respuesta a eso en el contexto de un resurgimiento de las ideas nuevo institucionalistas sobre el papel de las instituciones, y el riesgo de un nuevo Consenso de Washington aggiornado.


Ciertamente, es natural aspirar a mejorar, tanto a nivel individual como colectivo y pretender que la gente viva sustancialmente mejor. En breve, desarrollarse. Pero, en América Latina, ¿es posible y hasta qué punto?

No sugiero “tirar la toalla”, como se dice en Argentina, ¿pero no es muy difícil ese camino y acaso no fue recorrido solo por unos pocos en las últimas décadas? En otras palabras, ¿a qué puede, verosímilmente, aspirar la región? Y uno no espera la próxima potencia hegemónica global. Tampoco se espera que reinventemos la rueda. Pero es posible eliminar los peores problemas del subdesarrollo. Por ejemplo, cuestiones básicas, como la seguridad alimentaria, son relativamente fáciles de resolver. Una combinación de sustitución de importaciones, promoción de exportaciones, con las requeridas políticas industriales, y políticas de estímulo del mercado interno, lo que demanda políticas sociales redistributivas, permitirían mantener tasas de crecimiento razonables, evitando los problemas externos que normalmente ponen un freno al crecimiento en la periferia. No sé si puede romper lo que ahora los autores neoclásicos llaman la trampa de los ingresos medios porque, finalmente, apenas dos o tres países lo han hecho fuera del círculo de los países centrales.


Uno de los temas que recorre el libro es el rol de las instituciones, que no se desmerece y los autores dialogan críticamente con la visión institucionalista. ¿Cuál es el problema de las instituciones latinoamericanas, hechas a imagen y semejanza de las que existen en otros países de Occidente que tienen PIB per capita sustancialmente mayores?

No es una cuestión de copiar instituciones. No es por tener un banco central independiente, por ejemplo, que bajás la inflación. El problema central en términos institucionales es la ausencia de un Estado desarrollista eficiente. Los viejos estructuralistas te dirían que es la incapacidad de generar las instituciones que producen progreso tecnológico. Algo así como recrear un Sillicon Valley nacional. Sin duda, eso es parte del problema. Pero también hay problemas financieros. Los problemas institucionales del manejo de la demanda, a mi ver son por lo general poco entendidos. El manejo del endeudamiento externo, y de la persistente dificultad de financiar los problemas de la cuenta corriente, están en el centro de los límites al desarrollo. Las instituciones que necesitan los países periféricos no son necesariamente las mismas de los países desarrollados. Por lo menos lo las de ahora. Innovaciones institucionales, como el Banco de Desarrollo de los Brics, por ejemplo, son relevantes en este contexto.


La comparación con Asia emergente es otro espejo recurrente del libro. ¿Se puede aprender y copiar algo de ellos o, como dicen algunos, es un camino impracticable para América Latina dadas las diferencias societales entre ambas regiones?

En realidad, esta ha sido una comparación permanente en las discusiones sobre desarrollo. En particular, porque después de la crisis de la deuda de los años ‘80 los países asiáticos siguieron creciendo, pero América Latina básicamente quedó estancada. Pero creo que la lección simplista según la cual a ellos les fue bien porque tenían un tipo de cambio real más devaluado, y eso permitió mayores exportaciones, es una simplificación burda. Hay que entender no solo las instituciones que permitieron el desarrollo industrial en Asia, relacionadas con el Estado desarrollista, pero también la reorganización de las cadenas productivas globales, que privilegiaron la expansión manufacturera allá.


Por último, me gustaría que sugiera algunas ideas fuerza para los policy makers en la región, máxime en este nuevo contexto de vacas no tan gordas como en la primera década de los 2000. Además de reglas claras y una macro ordenada, que son prerrequisitos para el desarrollo, ¿qué deben hacer en el desafiante y competitivo Siglo 21?

Depende de que quiere decir una macro ordenada. Fijáte que la Revolución Industrial fue hecha en un periodo en el cual la economía inglesa acumulo una deuda pública de más de 260% del PIB. O sea, tenían un gran desequilibrio macroeconómico. Es más, fue un periodo de inflación elevada, que dio lugar al llamado debate bullionista y los principios de la teoría monetaria. Por otro lado, no es fácil decir qué hay que hacer. No hay una fórmula mágica. Pero retomar políticas de estímulo al desarrollo industrial nacional, que permitan insertarse en las cadenas productivas globales produciendo bienes con mayor valor adicionado y minimizando la necesidad de endeudamiento externo, son normas de conducta que apuntan a reducir las posibilidades de crisis externas. Sería un buen principio.


El economista

16 oct. 2017

No es sustentable



Por Matias de Lucchi


Una de las decisiones de Cambiemos que probablemente mayor impacto negativo podría tener sobre la estabilidad macroeconómica en un plazo no muy lejano tiene que ver con al patrón de financiamiento del déficit fiscal. Al menos durante la última etapa kirchnerista, el objetivo parecía centrarse, por un lado, en mantener estable el nivel de la deuda publica denominada en dólares con privados derivado de la reestructuración del 2005 y; por el otro, en utilizar el financiamiento de agencias publicas (principalmente del BCRA) para cubrir el déficit fiscal. Vale aclarar que en un contexto de bajas tasas de interés en pesos, volatilidad en las brechas cambiarias, resistencia anti-buitre y caída de reserves internacionales no había muchas alternativas. Sin embargo, aunque podrían haberse endeudado en dólares a tasas usurarias como ultimo recurso, eso no sucedió aun en los momentos de mayor estrés cambiario. En síntesis, en este tipo de esquemas “neo-chartalistas” la carga de intereses de la deuda intra-estatal se torna insignificante y los riesgos de default desaparecen por definición. Sin embargo, Cambiemos consideraba que aquel esquema era la principal fuente de la inflación y de todos los problemas macroeconómicos. Por tal motivo, rápidamente concentraron la agenda en el retorno a los mercados de capitales. De todas formas, lo realmente curioso e inexplicable del gobierno no ha sido su esperable orientación market-friendly, sino su irresponsabilidad en el diseño de los términos y condiciones de sus pasivos.

A diferencia de los años 90 en donde las “economías emergentes” podían integrarse a los mercados exclusivamente sobre la base de contratos en dólares, desde hace quince años se han desarrollado grandes mercados de bonos soberanos en moneda local. Por una serie de factores internacionales que no vienen al caso discutir aquí, actualmente casi todos los países tienen margen para emitir bonos en moneda local como contrapartida de la entrada de capitales.

En un reciente informe del Banco de Basilea (Sep-17) se afirma que Argentina es la excepción al patrón de endeudamiento de las economías emergentes porque “ha incrementado la deuda doméstica e internacional denominada en dólares”. Según dicho informe, mientras que en aquellos países la deuda en dólares representa el 14 por ciento del total, en Argentina alcanza el 56 por ciento. Para ser mas precisos, en realidad, según se desprende de datos del propio Ministerio de Finanzas, casi el 70 por ciento de la deuda bruta esta denominada en dólares. Por otro lado, entre 2015 y marzo de 2017 la deuda pública en moneda extranjera con terceros aumentó un 95 por ciento.

La (des)coordinación fiscal-monetaria se ha basado, por un lado, en el endeudamiento en dólares a corto y largo plazo para cubrir gastos corrientes en pesos. Por el otro, en la “monetización” de esos dólares y posterior “esterilización” con letras en pesos del Banco Central. Pareciera que la ventaja del endeudamiento en dólares seria el abaratamiento del costo del endeudamiento. En un contexto en donde el Banco Central ha venido subiendo la tasa de interés en pesos y afuera ha estado cayendo el riesgo país (como en casi todos los países) seria entonces una “genialidad” endeudarse en dólares. Sin embargo, como el tipo de cambio nominal ha sido “rígido” a una baja persistente (probablemente por la alta tasa de inflación) pero bastante flexible al alza frente a shocks internacionales, tal patrón de financiamiento ha estado acrecentando los riesgos de descalce de monedas y, aun así, ha estado aumentando el costo del endeudamiento. Solamente el Tesoro tiene una carga mensual de intereses de 1000 millones de dólares en promedio, el doble con respecto al 2015.

Naturalmente, esta trayectoria no es sustentable y debería ser revisada en forma inmediata. El gobierno tiene margen para poder optar por otras fuentes de financiamiento. De todas maneras, es importante tener presente nuevamente que el problema no es el déficit fiscal sino los términos y condiciones de su financiamiento. Lo que debe preocupar es la “maquinita” que emite títulos en dólares, no la que emite pesos.

* Estudiante PhD in Economics, The New School.

Original. Página 12

4 oct. 2017

MAESTRÍA EN DESARROLLO ECONÓMICO



Se encuentra abierta la inscripción para la cohorte 2018. En esta oportunidad la Maestría ofrece dos becas de estipendios, una para postulantes provenientes de Universidades Nacionales del AMBA y otra para postulantes de Universidades Nacionales del interior del país. Las mismas se otorgarán por orden de mérito de acuerdo a los resultados del examen de nivel que se rinde en febrero y los antecedentes presentados.


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