El Viejo Almacen -Bs.As.

Surplus Approach

“Es necesario volver a la economía política de los Fisiócratas, Smith, Ricardo y Marx. Y uno debe proceder en dos direcciones: i) purgar la teoría de todas las dificultades e incongruencias que los economistas clásicos (y Marx) no fueron capaces de superar, y, ii) seguir y desarrollar la relevante y verdadera teoría económica como se vino desarrollando desde “Petty, Cantillón, los Fisiócratas, Smith, Ricardo, Marx”. Este natural y consistente flujo de ideas ha sido repentinamente interrumpido y enterrado debajo de todo, invadido, sumergido y arrasado con la fuerza de una ola marina de economía marginal. Debe ser rescatada."
Luigi Pasinetti


ISSN 1853-0419

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OBSERVACIONES SOBRE LA INTERPRETACION SRAFFIANA DE LA TEORÍA DEL VALOR DE MARX

Posteamos un muy interesante trabajo del Profesor Franklin Serrano, presentada en Buenos Aires en una de sus visitas, sobre la inte...

19 jun. 2017

Sobre (varios) déficits y deudas



por Fabián Amico





Parece existir un cierto consenso entre los economistas argentinos. Del extremo más conservador / fundamentalista ("no-gradualista") emerge la sentencia cada vez más repetida de que la falta de decisión del gobierno en cerrar la brecha fiscal haría posible que "todo podría irse a la m..." (Melconian dixit). De lado de los economistas opositores, entre ellos, muchos heterodoxos, los  déficits (externos y fiscales) estaría llevando a una crisis inevitable, particularmente por el curso "explosivo" de las Lebac que emite el BCRA. De una forma u otra, el diagnóstico compartido es que se estaría incubando una crisis potencialmente explosiva por el lado de los déficits y las deudas, lo que llevaría (por un mecanismo u otro, dependiendo del punto de vista del analista) inevitablemente a una crisis.

Del lado más ortodoxo, el problema radica como siempre en el déficit fiscal. Si se financia vía BCRA, eso alimentaría la inflación. Pese a que esto ya no resiste ningún análisis serio, el fantasma de la emisión inflacionaria lleva al gobierno a tomar deuda externa para no presionar las tasas internas y "desplazar" la inversión privada. Pero la tasa de interés interna no baja y la inversión no aparece. Y la inversión no revive porque el mercado doméstico sigue débil (con una utilización promedio de la capacidad industrial del 64,5% en abril). Aunque la tasa de interés bajara, ¿quién podría invertir en ese escenario?

En esta visión, la toma de deuda externa es un problema porque el nivel de "emisión" no se reduce, sea para financiar al Tesoro vía utilidades o adelantos del BCRA, o simplemente para comprar los dólares que el gobierno tomó prestado. Luego, hay necesidad de "esterilizar" los crecientes intereses de las Lebac (además del creciente flujo de capitales ingresando del exterior). Claro que el BCRA no puede bajar demasiado la tasa de interés porque eso alienta la dolarización y engendra una tendencia a la devaluación de la moneda, con consecuencias inflacionarias inmediatas.



La aceleración inflacionaria causada por una devaluación rápida lleva a la reducción del salario real y tiene un impacto obviamente negativo tanto en el humor social como en el nivel de actividad. Puesto al revés: la tasas más altas parecen una condición necesaria para el aumento del salario real. El costo en términos de actividad, vía el impacto negativo de las tasas altas en el crédito, parece ser menor que el inducido por la caída del salario real y el empleo.

Así las cosas, según este enfoque, habría que lograr una especie de milagro para evitar la explosión: que aumente el PIB (y por ende la demanda de dinero transaccional) con ajuste del gasto público, que disminuya la entrada de dólares especulativos (para bajar la necesidad de esterilizar), pero con disminución de las expectativas de devaluación para reducir las tasas. Es la cuadratura del círculo, pero varias veces.

Así se llega a un absurdo: el Tesoro consigue dólares para que el BCRA le dé pesos para "moderar" la contracción fiscal. Con esta receta, la actividad no levanta mientras el déficit fiscal no se reduce. La única posibilidad de revertir el déficit fiscal es mediante una fuerte aceleración del crecimiento promovida por el mismo gasto público. Eso pondría en marcha el nivel de actividad, estimulando aún más la (escurridiza) inversión, haciendo que la recaudación crezca rápidamente y mejorando el resultado fiscal. Esto fue lo que ocurrió tanto a comienzos de la convertibilidad como en 2002/2003, dos etapas críticas donde la economía cambió drásticamente su ritmo de crecimiento gracias a una política fiscal expansiva (también al alza de los salarios).

Del lado más heterodoxo, el cóctel explosivo estaría servido por la tendencia de las Lebac. Pero  ocurre que no hay ningún caso de quiebra o default de un país en pasivos denominados en su propia moneda. En el caso de las Lebac, como es una deuda en moneda doméstica, todo el mundo sabe que ese pasivo no tienen ningún riesgo (y el mercado también lo sabe).

En verdad, estrictamente hablando, las Lebac no son "deuda", del mismo modo que cuando crecen los depósitos de un banco privado o público nadie dice que creció la "deuda" del banco. El pasivo del banco aumenta, pero tiene como contraparte el aumento de un activo. Lo mismo ocurre con el BCRA. Lo que cambia es la composición de su patrimonio. Cambia el pasivo, la base monetaria, por otro, digamos Lebac (o lo que fuere). Cada una de esas intervenciones, generan resultados que se van acumulando. En el extremo, supongamos que el resultado global de las operaciones del BCRA fuera negativo. ¿Qué ocurriría? Nada.

¿Por qué? Porque el punto crucial es la solvencia en dólares. Si el BCRA y el gobierno logran mantener la solvencia externa, nada extraordinario ocurrirá. De modo análogo, cuando aumenta la base monetaria a nadie (excepto a algún monetarista fundamentalista) se le ocurría decir que "la deuda del BCRA crece explosivamente".

En verdad, la crítica a las altas tasas de interés y a la "bicicleta financiera" pierde de vista que la reducción de las tasas tiene un efecto inmediato en la dolarización de las carteras y la devaluación del peso. El sector privado en su conjunto, después de tomar sus decisiones de consumo e inversión, tiene excedentes financieros netos. Debe decidir en qué forma va a ahorrar ese excedente. Esto supone siempre la existencia de alguna "bicicleta". El gobierno (el BCRA) puede decidir, al menos en parte, si esa bicicleta se hace con dólares o pesos, porque lo que decide su asignación es el retorno nominal
relativo.

Conviene aclarar que ese excedente financiero no es sustraído de la inversión, sino que es un residuo que emerge después de que las decisiones sobre el volumen de inversión han sido tomadas, las que a su vez están determinadas por la dinámica del mercado y la demanda. La confusión sobre las Lebac deviene mayúscula cuando algunos economistas toman el monto de vencimientos de Lebac, lo transforman en dólares, ¡y lo suman a la deuda externa!

Sin embargo, una diferencia crucial con los años 90 (y que torna menos vulnerable al régimen actual) es el régimen cambiario. En un régimen de tipo de cambio flotante es una diferencia fundamental si las entradas de capital están denominadas (y por ende deberán pagarse) en su totalidad en moneda extranjera (es decir, si es típicamente una deuda) o no (como ocurre con los flujos de cartera). En este último caso, el inversor especulativo debe asumir el riesgo cambiario, ya que el valor en dólares de esos pasivos siempre puede ser licuado con una devaluación del tipo de cambio.

Asimismo, habitualmente se piensa que el stock de Lebac es un indicador de la masa de pesos que (inevitablemente) se dolarizará y, por lo tanto, es un indicador de fragilidad financiera externa. Pero ese stock de pasivos no es un buen indicador de cuánto dinero podría potencialmente sacarse del país y presionar sobre el tipo de cambio (y sobre las reservas), ya que en el escenario actual los bancos y agentes locales pueden crear dinero fácilmente (si es necesario) y enviarlo al exterior siempre que resulte rentable hacerlo (es decir, si las condiciones de la “bicicleta” cambian). Ciertamente, la menor vulnerabilidad de este proceso se ve muy favorecida por el bajo endeudamiento en dólares legado por el Gobierno anterior.

En suma, el BCRA no es un banco privado, no es un quiosco ni es una familia. Su pasivo nunca quiebra (excepto si es en dólares). La sustentabilidad externa de este esquema es el inconveniente real (y no el déficit fiscal o "cuasifiscal"). De modo que quizás el verdadero problema no sea el estallido de una crisis inminente, sino la posibilidad de este esquema de política de persistir un tiempo relativamente prolongado, en base a un endeudamiento externo creciente, generando una profunda involución en el proceso de desarrollo, junto con una innecesaria y dolorosa regresión social y distributiva.

Original: El Economista

19 may. 2017

Reportaje a Eduardo Crespo sobre crisis en Brasil

Aca

https://radiocut.fm/audiocut/yafue-el-politologo-eduardo-crespo-ecres70-desde-brasil-hablo-con-leoricciardino/#.WR91263BpAE.facebook

11 may. 2017

Inflación por Exceso de Demanda por el lado del capital: el caso argentino reciente

 Por Santiago Gahn*
Publicado en Realidad Económica Nº306

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El autor afirma que el análisis marginalista tradicional, en sus diferentes vertientes, da por sentado que la inflación se produce por exceso de demanda. La escasez de capital es la que daría inicio al aumento sostenido del nivel de precios aunque ciertas relaciones empíricas para el caso argentino reciente permiten echar un manto de duda sobre los argumentos convencionales. También indica que se piensa que apenas las tasas de utilización de la capacidad instalada se aproximan a la capacidad disponible el capital pasa a ser una restricción para el crecimiento económico. El trabajo intenta refutar algunas hipótesis que el articulista -como se señaló- atribuye a la corriente marginalista sobre las causa de la inflación en la Argentina, dejando la explicación del fenómeno en sí parafuturas investigaciones.
La descripción teórica que aquí se formula puede estimular un interesante debate acerca de la vigencia del planteo efectuado.

The author affirms that traditional marginalist analysis, in its different approaches, takes for granted that inflation is produced by excess of demand. Capital scarcity would be the one to begin the sustained rise of prices although certain empirical relations for the recent Argentine case allow to cast a doubt over conventional arguments. It also signals the thought that as soon as utilization rates of installed capacity approach available capacity, capital goes on to be a restriction to economic growth. The article aims to refute certain hypotheses which the author -as it was pointed out- attributes to the marginalist movement about the causes of inflation in Argentina, leaving the explaination of the phenomenon itself for future research.
The theoretical description here formulated can promote an interesting debate about the validity of the presented ideas.



1. Inflación por exceso de demanda en la Argentina

En los últimos años, desde 2007, en la Argentina se ha observado un proceso inflacionario crónico. Si bien se suele argumentar que este fenómeno es “multicausal”, en general, las explicaciones que priman son por el lado de la demanda frente a una oferta rígida (marginalistas), es decir, que el proceso se debe a un exceso de demanda. Esta explicación, enmarcada en una perspectiva de economía cerrada, se puede dividir en tres variantes:

1. Un exceso de gasto público y/o de consumo.
2. La emisión monetaria que financia el déficit fiscal.
3. La inflación oligopólica.

Las tres se podrían reducir a la inflación por exceso de demanda. El mecanismo a través del cual se desata el fenómeno inflacionario se podría entender de la siguiente manera: el consumo o gasto público en exceso, financiado o no con emisión1, repercute en el sector productor de bienes por lo que los empresarios no logran responder con aumento de la producción (oferta rígida), y por lo tanto deciden subir los precios. Las variantes pueden ser tanto en el corto como en el largo plazo2.

Para el caso de la inflación oligopólica, las empresas, cada vez más concentradas y centralizadas, motivadas por aumentar su rentabilidad, eligen subir precios aumentando los márgenes de rentabilidad unitarios. La  reticencia inversora, proceso por el cual las firmas invierten menos de lo esperado de acuerdo con su rentabilidad, es una de las principales explicaciones a este tipo de inflación. Bajo este punto de vista, los componentes monopólicos de la industria local serían muy relevantes, tanto que los empresarios, frente a aumentos de la demanda, no aumentarían su producción (no utilizarían nuevos turnos, ni se invertiría en nuevo stock de capital físico), como sería esperable si se cumpliera el principio del acelerador.

Estas explicaciones son coherentes bajo un marco teórico en el cual la demanda agregada es la que se adapta a la capacidad productiva (Serrano, 1995) por lo que el crecimiento económico es sólo explicado por el lado de la oferta. Al considerar el capital como un factor escaso y al tener la posibilidad de producir con infinitas técnicas, la flexibilidad que le da la sustitución factorial, esta teoría puede asegurar en el largo plazo un equilibrio con plena utilización del capital instalado (Milgate, 1982). En este caso, obviamente, hay ausencia de problemas keynesianos, es decir, no hay insuficiencia de demanda efectiva (Garegnani, 1978; Petri, 2004), en otros términos, se cumple la versión robusta de la ley de Say (Snowdon & Vane, 2005).

* Mg en Instituto de Altos Estudios Sociales IdAES – UNSAM;
 Centro de Investigación en Economía Política y Comunicación CIEPyC – UNLP.

Para leer el resto del texto: aca

 Apéndices I y II ACA

8 may. 2017

¿Y SI EL MUNDO FUNCIONA DE OTRA MANERA?






Por Fabián Amico Coeditor de Revista “Circus”

“Los teóricos clásicos se parecen a los geómetras euclidianos en un mundo
no euclidiano, quienes al descubrir que en realidad líneas aparentemente
pararelas a menudo se cortan, las critican por no mantenerse derechas”
-John M. Keynes en “Teoría General”


Cuenta Joan Robinson que en medio de la crisis del ‘30 y de los debates sobre el impacto del gasto en obras públicas, F. Von Hayek llegó a Cambridge con el cometido de contrarrestar la influencia de John M. Keynes. Después de llenar el pizarrón de triángulos, Hayek responsabilizó al “consumo” por la crisis. En algún momento fue interrumpido por Richard Kahn (que estaba trabajando en ese asunto del multiplicador) quien le preguntó con aire sorprendido:

– ¿Cree usted que si mañana me compro un abrigo, haré aumentar el desempleo?
–  Sí -respondió Hayek- pero sería preciso un largo razonamiento matemático para explicarlo.

Esa cíclica discusión histórica reaparece con toda claridad en la reciente entrevista realizada en El Economista a Sebastián Galiani, quien brinda una idea precisa de cómo entiende el Gobierno la macroeconomía argentina actual. Galiani dice, por ejemplo, que el “tipo de cambio real varía considerablemente con el nivel interno de demanda”, es decir, el elevado nivel de gasto público (ceteris paribus) empuja al tipo de cambio real hacia un “valor de equilibrio bajo”. Luego argumenta que hay que aumentar significativamente la inversión y que la inversión en infraestructura tiene un rol muy importante. Pero el financiamiento de la inversión requiere una cantidad considerable de ahorro externo. Para lo cual, hay que aumentar el ahorro doméstico y, para ello, “la reducción del déficit fiscal tiene un papel muy importante”.

Un análisis profundo

¿Por qué los déficit fiscales deben evitarse según esta visión? Por la vieja idea del crowding out: si el Gobierno toma deuda para financiar el déficit “compite” con el sector privado en el mercado de fondos y lo “desplaza”. La tasa de interés subirá, con la ulterior reducción de la inversión y de la tasa de crecimiento. Poco antes de ser ministro, Nicolás Dujovne explicó las complicaciones políticas de esta relación en Argentina. “En materia fiscal, se reemplazó el financiamiento monetario con deuda” ya que la reducción del déficit sería gradual por cuestiones de realismo político (minoría del en el congreso). “El crowding-out no se legisla”, explicó Dujovne. Por otro lado, la “monetización” de la deuda pública produciría inflación.

En una economía abierta, la consecuencia del aumento del déficit público sería, en este contexto, una disminución de la competitividad y una reducción de las exportaciones netas (exportaciones menos importaciones). Esto tiene como derivación los “déficit gemelos”. El núcleo de esta hipótesis es que el gasto (público o privado) solo puede ser “financiado” por el stock existente de ahorro. El enfoque tiene dos supuestos fundamentales. Uno: si los políticos la dejan funcionar libremente, la economía tenderá espontáneamente hacia el pleno empleo. Dos: la tasa de interés real es la variable que equilibra la oferta y demanda de ahorro.

Con estos supuestos, el aumento del déficit fiscal lleva a una mayor demanda por fondos, lo que aumenta la tasa de interés, y luego hay menos inversión y crecimiento. Por tanto, la disminución del déficit fiscal lleva a una baja de la tasa de interés real, un aumento de la inversión y, desde allí, hacia el aumento de la producción y el consumo (como dice Galiani, “el consumo nunca es la base del crecimiento”).

En una economía abierta, la suma del ahorro privado y del ahorro público (netos) debe ser igual al balance comercial. Luego, si el ahorro privado es igual a la inversión, un aumento del déficit fiscal lleva a un aumento del déficit comercial. Así, el déficit fiscal lleva al desplazamiento (crowding out) de las exportaciones netas. Conclusión: el aumento del déficit fiscal desplaza a la inversión privada o a las exportaciones netas (o a ambas).

El desplazamiento de las exportaciones ocurre por dos mecanismos. Si el Gobierno aumenta su endeudamiento en el mercado doméstico, sube la tasa de interés y esto estimula la entrada de capitales del exterior, lo que reduce el nivel del tipo de cambio real y finalmente disminuye las exportaciones netas.  El otro mecanismo sería cuando el Gobierno (o el BCRA) “emite” moneda, lo que produce más inflación y pérdida de competitividad (apreciación del tipo de cambio real), con caída de las exportaciones netas. Por esto, “el tipo de cambio real está complicado por el gradualismo fiscal” (Dujovne).

Si uno observa los mecanismos de transmisión de la secuencia anterior en términos empíricos para la economía argentina reciente, la cadena causal está muy lejos de ser obvia. El déficit fiscal no tiene ninguna relación con la inflación. La tasa de interés y el tipo de cambio son variables mayormente exógenas, y el efecto del tipo de cambio real sobre las exportaciones netas es muy reducido, entre otros puntos.

Como sea, el argumento supone que para financiar su déficit el Gobierno forzosamente debe tomar deuda en los mercados internacionales y acumular deuda externa. Por eso Galiani dice que hay que aumentar el ahorro doméstico y que, para ello, “la reducción del déficit fiscal tiene un papel muy importante”. Naturalmente, todos estos resultados dependen crucialmente de la validez de los supuestos adoptados, en particular que el ahorro es un prerrequisito de la inversión.

El punto es que, desde Keynes, no hay forma de aumentar el ahorro agregado sin aumentar la inversión. En una economía cerrada, una reducción del consumo destinada a aumentar el ahorro, produce de hecho una disminución de la demanda agregada y del ingreso dejando el ahorro agregado (ingreso menos consumo) en el mismo nivel. Si incorporamos al Gobierno al análisis, el intento de aumentar el ahorro agregado mediante la reducción del déficit fiscal tiene dos vías: aumentar impuestos o bajar el gasto. El primer camino aumenta el ahorro público (impuestos menos consumo público) pero disminuye el ahorro privado en la misma proporción, dejando el agregado sin cambios. El segundo camino incrementa el ahorro público, pero la baja del consumo público disminuye la demanda agregada y reduce el producto, disminuyendo el ahorro privado, con idéntico resultado.

En una economía abierta, el “ahorro externo” viene dado por los pagos de rentas al exterior (pongamos, intereses) más las importaciones menos las exportaciones. Si aumenta el pago de rentas (supongamos, del Gobierno), esto aumenta el ahorro externo, pero disminuye el ahorro público en una proporción equivalente, sin cambios en el ahorro agregado. Extrañamente, el recurso al endeudamiento externo es análogo a una emisión monetaria, ya que la operación resulta en un aumento de las reservas del BCRA y un aumento proporcional del financiamiento de la entidad al Tesoro para financiar el gasto público.

¿Y la inversión?

Pero, entonces, ¿cómo aumentar la inversión privada? Toda la evidencia empírica en Argentina (como en otros países) muestra que la inversión productiva privada depende de la demanda esperada, influida decisivamente por la evolución pasada y presente del mercado, a través de sus efectos sobre el grado de utilización de la capacidad. Por ejemplo, el trabajo econométrico de Coremberg et al (“Inversión privada en Argentina 1950-2000”), muestra que el comportamiento de la inversión privada en Argentina es procíclico, asociado a las variaciones en la demanda agregada, siguiendo un mecanismo de acelerador. El trabajo reveló que las variables proxy del costo de invertir (tasas de interés nominal y real, activa y pasiva, etcétera) “no resultan significativas en una relación de largo plazo con la inversión privada” y el volumen de crédito no resulta significativo para explicar la inversión privada.

Debería ser evidente que si la utilización de la capacidad instalada es la menor de los últimos siete años (60% en la industria en febrero), eso va a desestimular cualquier ampliación de esa capacidad. Así, por más que la tasa de interés baje, ninguna inversión productiva podrá realizarse sin un mercado en expansión que la justifique. En este marco, el consumo (público y privado), las transferencias públicas hacia los sectores de mayor propensión a consumir (programas sociales y jubilaciones) y las exportaciones (exógenas a la política económica) son los factores que definen el horizonte y las posibilidades de la inversión privada.

La conclusión es evidente. Si el Gobierno está acertado en su enfoque básico, entonces es solo cuestión de tiempo para llegar a la tierra prometida del crecimiento y el progreso. Pero si el mundo funciona de otro modo, entonces la política económica está induciendo una trampa recesiva que condena al país al estancamiento y la pobreza crecientes. El ajuste fiscal (y del consumo privado) apuntado a aumentar el ahorro, lo que hace es reducir la demanda y el producto y, por ende, inducir la baja de la inversión privada (¡y del ahorro!). Todo esto con una tasa de interés real básicamente negativa, mientras el déficit fiscal no disminuye (porque los ingresos fiscales caen con el menor nivel de actividad), y con una elevada inflación alimentada cada vez más por el propio ajuste fiscal (alza de tarifas).

Original: el economista.