El viejo Almacén. BsAs

Surplus Approach

“Es necesario volver a la economía política de los Fisiócratas, Smith, Ricardo y Marx. Y uno debe proceder en dos direcciones: i) purgar la teoría de todas las dificultades e incongruencias que los economistas clásicos (y Marx) no fueron capaces de superar, y, ii) seguir y desarrollar la relevante y verdadera teoría económica como se vino desarrollando desde “Petty, Cantillón, los Fisiócratas, Smith, Ricardo, Marx”. Este natural y consistente flujo de ideas ha sido repentinamente interrumpido y enterrado debajo de todo, invadido, sumergido y arrasado con la fuerza de una ola marina de economía marginal. Debe ser rescatada."
Luigi Pasinetti


ISSN 1853-0419

Entrada destacada

Presentación en Feria del Libro: Piero Sraffa - Los Fundamentos de la Teoria Clásica del Excedente

Posteamos la presentación en la Feria del Libro de "Piero Sraffa-Los Fundamentos de la Teoria Clásica del Excedente, de Alejandro...

20 nov 2020

Leer a Piero Sraffa es necesario para entender la economía # Sraffa60

 por Andrea Galeotti

Doctoranda en Università di Siena. 

 

 



Hace 60 años entró en las librerías "Producción de Merci a Mezzo di Merci", obra fundamental de Piero Sraffa. No nos detendremos en el papel crucial que desempeña Sraffa en la crítica de la teoría marginalista y la controversia sobre el capital, también conocida como la "controversia entre los dos Cambridge".

Este es, con razón, el aspecto por el que es más famoso, a pesar de la damnatio memoriae de la contribución sraffiana a la teoría económica por parte de la llamada teoría dominante (léase, marginalista), como Giorgio Lunghini (quizás también) escribió pesimistamente en "Conflitto Crisi Unertezza" [1]. De hecho, esta es probablemente la razón que nos lleva a cada uno de nosotros a estudiar Sraffa.

Sin embargo, queremos enfatizar aquí otro aspecto de la relevancia inmortal de la contribución de Sraffa. De hecho, nuestra reflexión encaja perfectamente en los debates que, en aras de la brevedad, podemos agrupar en una única gran macrocategoría: definiciones y métodos de la ciencia económica.

En sus "Conferencias avanzadas sobre la teoría del valor" [2], antes de pasar directamente al estudio de la teoría del valor, Sraffa cree oportuno dar a sus alumnos una introducción más genérica. Esto no es más que una premisa metodológica fundamental, al menos según Sraffa, para emprender el estudio de lo que antes, y hoy cada vez menos, se definía generalmente como economía política.

En primer lugar, nos dice Sraffa, “para comprender la teoría moderna del valor es necesario conocer su historia” (D2.4.3.f.1).

Más precisamente, Sraffa sugiere dos razones principales por las que se debería estudiar la historia de la teoría del valor (leyes, historia de la economía política). La primera, que considera obvia, es la necesidad de conocer sus orígenes. El segundo, y más relevante, es que solo un estudio de su historia permite una comprensión consistente y completa del significado de la teoría en sí.

El estudio del origen y evolución de las doctrinas económicas, según Sraffa, no es tarea exclusiva de los historiadores del pensamiento económico. La historia de la economía política no es lo mismo que lidiar con las curiosidades, como a menudo nos hacen comprender la economía dominante. Al contrario, es, o al menos debería ser, un requisito previo esencial de cualquier análisis económico. Como comenta Sraffa, cada teoría está inevitablemente anclada a sus orígenes:

“Las teorías económicas, ya sean antiguas o modernas, no surgen simplemente por mera curiosidad intelectual […]. Se originan en problemas de carácter práctico que afectan a la comunidad y necesitan una solución ". (D2.4.3.F.2)

Al ser concebidos como teorías y no como meras creencias (u opiniones, o conjeturas), entonces, los argumentos que proponen para abordar estos problemas de carácter práctico (y para sugerir soluciones) están respaldados - y protegidos - por una forma de universalidad o, más modestamente, de generalización:

"Los intereses opuestos apoyan una solución u otra y adoptan argumentos teóricos o universales para demostrar que la solución que proponen cumple con las leyes naturales, o que se implementaría en el interés público, o en el interés de la clase dominante o cualquiera que sea la ideología dominante en un momento dado ". (D2.4.3.F.2)

 Sin embargo, si el origen de una teoría tiene sus raíces en preocupaciones de naturaleza práctica, no puede decirse lo mismo de la evolución posterior de la teoría. El economista (o estudiante), que emprende el estudio de una teoría en particular, se encontrará ante algo que ya ha pasado por varias etapas de desarrollo y, especialmente, ha alcanzado algún grado de generalidad (por no decir cientificidad, término que para las ciencias sociales debe usarse con la ponderación adecuada). Desde aquí, continúa Sraffa, se vuelve peligrosamente demasiado fácil ignorar (o simplemente olvidar) el vínculo entre una teoría dada y la praxis de la que se originó históricamente:

“Una vez que se han originado […], las teorías se transforman y se desarrollan de tal manera que se vuelven, en cierta medida, independientes de los intereses prácticos de donde se originaron; […]; en la mayoría de los casos, una teoría que se utilizó inicialmente en apoyo de una política particular adquiere gradualmente un carácter científico, es decir, se desprende del problema práctico del que se originó. Pero precisamente por eso la teoría adquiere mayor autoridad y es considerada como el resultado de una investigación imparcial”. (D2.4.3.F.2)

Es a partir de esta presunta autoridad, consolidada paulatinamente a través de la construcción de un aparato científico-teórico, que se desencadena un círculo vicioso: es precisamente esta "cientificidad" la que, de hecho, se utiliza siempre que se quiere apoyar u oponerse a una determinada política. Se genera en por tanto, una dinámica mediante la cual la teoría vuelve a la praxis pero con una autoridad incrementada que la hace más eficaz en los debates públicos, ya que ahora se presenta como un conjunto imparcial de "leyes naturales" de la economía desprovista de juicios de valor. Por supuesto, esta dinámica en sí misma legitima - y se utiliza a menudo para legitimar - la reducción de la historia de la economía política a un mero "registro de una serie de errores que han sido corregidos con éxito" (D2.4.3.f.1).

Por el contrario, con esta introducción a la teoría del valor, Sraffa pretende enfatizar que la ciencia económica es una ciencia social. La consolidación de la teoría marginalista como teoría dominante desde la segunda mitad del siglo XIX no debe entenderse, por tanto, como la solución a "una serie de errores" presentes en un Quesnay, un Smith o un Ricardo.

 En realidad, es la afirmación de otra teoría económica, una teoría del valor diferente que se funda y desarrolla lakatosianamente alrededor de un núcleo alternativo [3]. A pesar de su denominación común como teoría neoclásica, que implícitamente sugiere una cierta continuidad y desarrollo acumulativo de la teoría económica a la par de las ciencias naturales, la teoría marginalista, como preferimos llamarla, no hace superfluo el estudio de la economía política clásica. o irrelevante. Y esto nos lo recuerda precisamente Sraffa, quien con su crítica [4] fue el primero en poder demostrar rigurosamente que el núcleo de la teoría marginalista es teóricamente infundado.

Notas:

[1] Lunghini, G. (2012) Conflitto Crisi Incertezza. La teoria dominante e le teorie alternative. Torino: Bollati Boringhieri. (pag. 86).

[2] Lectures on advanced theory of value given to students undertaking the economics tripos. Disponible en https://mss-cat.trin.cam.ac.uk/manuscripts/uv/view.php?n=Sraffa.D2.4#?c=0&m=0&s=0&cv=0&xywh=-937%2C-138%2C5381%2C2755 . . Las citas que se indican a continuación están traducidas del inglés personalmente por la autora, quien se declara la única responsable de los errores. El lector interesado puede consultar directamente el original.

[3] Para una breve introducción a las premisas teóricas que subyacen al enfoque marginalista, ver https://www.kriticaeconomica.com/alle-radici-della-teoria-marginalista-una-nota-teorica-parte-1/.

[4] Las dos principales críticas a la teoría marginalista son il Reverse capital deepening e il re-switching of technique que encontramos en Sraffa, P. (1960) “Production of commodities by means of commodities”.

 original


15 nov 2020

Pateando la escalera hacia el desarrollo

 



 

Por Eugenio Heinze, Fernando Córdoba, Hernán Cahais y Lucas Benitez


El ambientalismo chic desde hace unos años presenta una nueva narrativa que permitió una amalgama perfecta con algunas facciones de las nuevas izquierdas latinoamericanas del siglo XXI. Estas adoptan y llevan como estandarte, durante los últimos meses, una agenda abiertamente apocalíptica en torno a dos hechos que consideramos importantes para el desarrollo del país:

1. El acuerdo firmado con la República Popular China, que permitirá aumentar considerablemente la producción y exportación de carne porcina.

2. La autorización por parte del gobierno nacional a la producción y comercialización del trigo transgénico HB4 desarrollado por Bioceres, CONICET y Florimond Desprez.

En este marco, analizaremos lo que consideramos como el falso dilema entre ambientalismo - desarrollo, promovido por ciertos sectores que, en su afán verde, olvidan los condicionantes de la estructura social, económica y política de los países periféricos. Esto no quita que la cuestión ambiental no sea un tema importante que debe ser abordado por el conjunto de la sociedad, o que el desarrollo económico no tenga impactos en el ambiente. Simplemente, creemos fervientemente que no se puede caer en métodos de análisis ajenos a nuestra realidad.


Argentina-China: Acuerdo de producción de carne porcina

Según datos realizados por el Ministerio de Relaciones Exteriores, Comercio Internacional y Culto, el acuerdo prevé una inversión de US $3.800 millones que posibilitará un incremento del stock de madres de 300.000 cabezas en un plazo de 4 años y la creación de 9.500 nuevos puestos de trabajo directos -y otros tantos indirectos-.

El nuevo esquema de producción radica en el desarrollo de 25 granjas porcinas de 12.000 madres cada una. Estas serán unidades cerradas y autosustentables que deberán tener incluído plantas de elaboración de alimento balanceado, biodigestores (generación de energía y bio fertilizantes), criadero ciclo completo, frigorífico exportador, proceso sin laguna de efluentes, oficinas del Senasa y una Aduana en puerta.

De esta manera, se estima producir 882.000 toneladas de carne adicionales que tendrán como destino el mercado chino por un monto de US $2.500 millones anuales. Actualmente, la producción nacional de carne de cerdo ronda las 700.000 toneladas, un 250% superior al volumen producido en 2009, sin haberse registrado ningún desastre ambiental, sino más bien un ciclo virtuoso de inversión - consumo - empleo.

Un claro ejemplo de ello, son los datos suministrados por el Departamento de Agricultura de los Estados Unidos respecto al ranking de países productores de carne porcina, que por cierto, no presentan registros de problemas ambientales por dicha actividad. Por ejemplo, Daniel Schteingart (1) remarca el caso de Dinamarca, país cuya superficie es un séptimo de la provincia de Buenos Aires y en donde la faena anual de chanchos es de 18 millones, contra 6 millones que tiene hoy nuestro país. Y es el caso de Alemania, cuya superficie es similar a la de la provincia de Buenos Aires y en donde la faena anual de cerdos es 55 millones. En ninguno de estos casos, los países registraron problemas ambientales ni sanitarios.



Para concluir, surgen los siguientes interrogantes: ¿Sabrá el ambientalismo chic que la actividad porcina se triplicó desde el 2003 sin generar ningún problema ambiental?; ¿Sabrán que los países mencionados en el cuadro son de los principales productores de carne porcina?; ¿Por qué nosotros deberíamos dejar pasar esta oportunidad?; ¿Que es una falsa solución? Tal vez desde la comodidad de sus ONG`S sea fácil twittear, pero hay millones de personas que no cuentan con la misma suerte y continúan esperando su oportunidad.


Trigo Transgénico HB4, ¿Qué sucede con los agroquímicos?



En octubre pasado, el gobierno nacional publicó en el Boletín Oficial la Resolución N° 41/20, que aprueba la producción y comercialización del trigo transgénico HB4 tolerante a la sequía, desarrollado de manera tripartita entre el CONICET y las empresas Bioceres y Florimond Desprez.

Vale la pena aclarar, que una semilla transgénica es aquella que es producto de una modificación genética en su ADN al incorporarle génes de otro ser vivo. Como resultado, se obtiene una semilla que al ser sembrada y germinada permite obtener un mayor rinde por hectárea, siendo resistente a las inclemencias climáticas como la escasez de agua ó el aumento de la salinidad de los suelos.

Mientras tanto, cientos de intelectuales nacionales se manifestaron abiertamente en contra del uso del HB4 en Argentina. En una carta abierta le solicitaron al gobierno nacional que dé marcha atrás con la aprobación del trigo transgénico porque entienden que es un negocio para las corporaciones al mismo tiempo que transmite sustancias cancerígenas a los consumidores mediante el uso de agroquímicos.

En línea con lo expuesto en el párrafo anterior, muchas veces hemos escuchado hablar de la potencial capacidad tóxica del glifosato sobre el ser humano y el ambiente. Estos argumentos, que circulan en la opinión pública, se tornan caricaturescos cuando se los contrasta con los estudios científicos que demuestran la baja toxicidad del glifosato. Incluso, como señala José Miguel Mulet (2), esta es menor que la de una aspirina y sólo podría ser cancerígeno al ser utilizado en dosis muy altas, ya que pertenece a la categoría 2A del Centro Internacional de Investigaciones sobre el Cáncer (IARC). Esta categoría, por ejemplo, es la misma a la que se exponen los trabajadores de una peluquería o los tomadores de mate. Asimismo, el CONICET en un informe vinculado a la incidencia del glifosato en la salud humana y el ambiente realizado en el año 2009 señala: “cabe concluir que bajo condiciones de uso responsable (entendiendo por ello la aplicación de dosis recomendadas y de acuerdo con buenas prácticas agrícolas) el glifosato y sus formulados implican un bajo riesgo para la salud humana o el ambiente.” De esta manera, insistimos en que no hay problemas de toxicidad con el glifosato mientras se utilice correctamente.  


A modo de comentario final, los ambientalistas chic no deberían olvidar que el discurso del desarrollo sustentable es difundido por organismos internacionales que responden a potencias geopolíticas. Al respecto, realizamos una analogía entre el debate que plantea la nota con el trabajo del economista coreano Ha-Jon Chang “Patada a la escalera: la estrategia del desarrollo en perspectiva histórica”. En su análisis, el autor sostiene que el discurso del libre mercado responde a intereses de países que en sus orígenes fueron proteccionistas, y una vez logrado el desarrollo, pregonaron por el liberalismo, obturando el desarrollo productivo de países periféricos. En este sentido, entendemos que lo mismo sucede con el discurso del ecologismo quien intenta remitirnos a un modelo de producción orgánico- medieval.


Notas

(1) Director del Centro de Estudios para la Producción (CEP-XXI) en el Ministerio de Desarrollo Productivo de la República Argentina.

(2) Profesor titular de biotecnología (área de bioquímica y biología molecular) en la Universidad Politécnica de Valencia, Director del Máster de Biotecnología Molecular y Celular de Plantas (CSIC-UPV) e investigador en el Instituto de Biología Molecular y Celular de Plantas (IBMCP) un instituto mixto que depende del CSIC y de la UPV. Divulgador de temas relacionados con la biotecnología y la alimentación. Autor de "Comer sin Miedo" y "Medicina sin Engaños" (Destino) y de "Los productos naturales ¡vaya timo!" (Laetoli).


Sobre los autores

Estudiantes avanzados de la Licenciatura en Economía Política de la Universidad Nacional de General Sarmiento y miembros fundadores de El Multiplicador.

 

original : ACA

9 nov 2020

El Acelerador de la Inversión en Paraguay

 

 

 

Por: @elExcedente

Ante la estrepitosa caída de la actividad económica mundial debido a la pandemia, y la recesión que acusa al país, se utiliza una retórica en la que el sector privado debe ser “el motor” de la recuperación de la senda de crecimiento económico posterior. Con este discurso rimbombante, lo que se quiere decir realmente es que el Estado debe dar un paso al costado para generar una recuperación en la confianza y en las expectativas del sector privado. Es decir, debemos dejar al sector privado tranquilo y sin obstáculos para que “se anime” a invertir de nuevo. Este relato está muy bien representado en la opinión del ex Ministro de Industria y Comercio, Gustavo Leite, que enfatizó que se debe reducir el Estado y dar prioridad al sector privado en una reciente entrevista.

Esta frase se utiliza con más vehemencia cuando se critica a algunos sectores políticos que proponen subas impositivas progresivas para hacer frente a los gastos públicos de la crisis. La crítica argumenta que un aumento en los tributos será una barrera para que los privados inviertan, obstaculizando así la actividad económica y una recuperación. La solución para estos últimos pasa por mejorar “el clima de negocios”, mantener los impuestos bajos o inclusive reducirlos, disminuir la tasa de interés, simplificar trámites, etc. En otras palabras, que el Estado, directa o indirectamente, se encargue de aumentar la rentabilidad del sector privado a través de la disminución de sus costos, asumiendo que esto devendrá inevitablemente en más inversiones y así en la recuperación.

Otras visiones dentro de la misma línea también piensan que un programa de austeridad o, específicamente, de recorte de gastos “superfluos” del Estado, generará un choque de confianza en el sector privado, animándolo e incentivándolo a invertir. Por lo tanto, una política fiscal “responsable y prudente” de corte ortodoxo se vuelve también un determinante de la inversión privada. A esta política se la denomina comúnmente “austeridad expansiva”.

Si bien es cierto que el sector privado juega un papel fundamental en economías mixtas de mercado, no pretendemos discutir si el sector privado deberá actuar o no, porque la respuesta nos parece una obviedad. Lo que queremos discutir aquí es cómo actúa el sector privado, es decir, bajo qué incentivos se moviliza y específicamente cuáles son los determinantes para que invierta.  Afirmar que la inversión privada es determinada por la confianza y un mejor clima de negocios o, por otro lado, por el aumento de la demanda final, nos lleva a conclusiones diferentes, y por lo tanto, caminos distintos a la recuperación económica.

Demanda e inversión

Primero que nada, hay que definir a la inversión. Para eso es útil pensar en la “dualidad” de la inversión. La inversión es un gasto que moviliza la actividad en el corto plazo, pero también es un gasto que “crea capacidad”, es decir, genera bienes que son capaces de reproducir otros bienes, como una fábrica, una planta, una carretera, etc. En otras palabras, la inversión aumenta el PIB potencial, la capacidad máxima de bienes que puede producir nuestra economía.

Una vez dicho esto nos podemos encontrar a grandes rasgos con dos visiones de los determinantes de la inversión privada. Una de ellas, relacionada más al neoclasicismo o algunas corrientes keynesianas, sugiere causales de índole más “subjetivistas” que están dadas o son “exógenas”, dicho de otro modo, no depende de la actividad económica per se, sino que es algo externo a ella; aquí pueden entrar la confianza, las expectativas, el clima político, los animals spirits keynesianos, etc.

Por lo tanto, desde esta óptica la inversión es autónoma, depende de factores fuera de la actividad económica. Es muy importante aclarar que si la inversión tiene este comportamiento, es la demanda la que se ajusta a la capacidad creada por la inversión inicialmente, lo que quiere decir que la inversión determina una capacidad máxima de la economía y su utilización está dada por la misma capacidad o por la “oferta”. Aquí la inversión causa el nivel de actividad. También es importante aclarar que desde esta visión son posibles los “excesos de demanda” o cuellos de botella inflacionarios de pleno empleo.

Por otro lado, tenemos una segunda concepción del fenómeno, en la que la inversión no es exógena o autónoma, sino endógena. Se concibe a la inversión como inducida por la actividad económica o, mejor dicho, por el nivel de demanda efectiva: se invierte donde se espera vender mayores cantidades. Aquí, al contrario de la visión anterior, es la capacidad la que se ajusta a la demanda. En suma, se invierte cuando el producto crece, es decir, el PIB potencial se amplía cuando crece la economía o el PIB efectivo. Por lo tanto, el nivel de actividad es el que causa la inversión. De alguna forma, lo que quiere decir esta última explicación es que las economías que crecen, invierten, y no que las economías que invierten, crecen. Para este principio entonces, hay que crecer para invertir.

Para ponerlo en términos más simples, si comparamos el crecimiento de las economías al de un recipiente con agua que varía de tamaño (capacidad productiva) con un flujo (demanda efectiva) que también se altera, ¿crece primero el recipiente (la capacidad) y el contenido debe adaptarse, o crece primero el contenido (la demanda) y luego la capacidad se adapta? Si partimos de la primera visión de corte neoclásico, crece primero el recipiente (a través de la inversión autónoma, por la confianza o algo parecido) y luego se adapta el flujo de agua en él, dando lugar a la posibilidad del que recipiente se llene (ejemplo original aquí). Si partimos de la segunda visión, primero crece el flujo, que genera la inversión y posteriormente el recipiente se amplía.

A nuestro parecer, es la segunda visión, llamada “principio del acelerador de la inversión”, la que puede explicar de manera más robusta teórica y empíricamente la determinación de la inversión en economías de mercado. Una explicación más certera de la inversión nos ayudará a encontrar un camino o una política económica adecuada a la recuperación y a definir qué roles pueden jugar los distintos sectores e instituciones.

¿Cómo es que la inversión se ajusta a la variación del producto o a la demanda? Básicamente se puede explicar por el principio de ajuste del stock de capital, a través del cual la inversión va ajustando la capacidad productiva de la economía a la evolución de la demanda efectiva.  En base a este principio es que, dada la tecnología, las empresas desean instalar un stock de capital que provea una capacidad productiva que les permita atender los niveles esperados normales de demanda efectiva a lo largo de la vida útil del equipamiento con una cierta holgura de capacidad ociosa planeada, que sirve para atender los picos transitorios de demanda y/o aumentos inesperados en la tendencia de la demanda efectiva (Serrano).

En conclusión, la inversión puede ser explicada como un residuo de un factor acelerante, es decir, como consecuencia del crecimiento del producto, que a la vez está determinado por el crecimiento de la porción de demanda autónoma que no crea capacidad.

Por lo tanto, es la demanda efectiva la que genera el crecimiento de la capacidad productiva, es decir, el crecimiento de largo plazo a través del acelerador de la inversión. Se invierte donde hay demanda, y no por otro tipo de explicación como la confianza o las expectativas. Un “buen clima de negocios” es generado por coyunturas de rápido crecimiento de los gastos autónomos.

¿Cuáles son estos gastos autónomos que aceleran la inversión? Son los gastos que no dependen del ingreso corriente o no son inducidos por otro tipo de gasto. En este caso, podemos citar al gasto público, las exportaciones y el consumo autónomo (determinado principalmente por el crédito). En lo que respecta al gasto público, esto significa y abre la posibilidad de sostener procesos de crecimiento guiados por el Estado, con sus respectivas restricciones.

Inversión y producto en Paraguay

Si nos fijamos en los datos de Paraguay para probar parcialmente dicha teoría, es decir, si la inversión se mueve cuando se mueve el producto, una primera mirada al comportamiento de los datos de la inversión y el producto parecen indicar que las tasas de crecimiento de ambas variables se mueven de manera conjunta en el largo plazo. En el gráfico se observa el comportamiento de las series anuales de inversión en capital físico (serie en azul) y el producto (serie en rojo) para el periodo 1962-2018 de Paraguay. Un simple análisis econométrico nos muestra que ambas series están cointegradas. Puede afirmarse, de esta manera, que existe una relación de largo plazo entre la inversión y el producto, tal como se espera que ocurra por los efectos del acelerador de la inversión. (Puede consultar el desarrollo de la econometría aquí).

Gráfico 1. Evolución de las tasas de crecimiento de la inversión y el producto. Serie 1962-2018 (Fuente: elaboración propia a partir de datos del BCP).

Si, como se vio a lo largo de este artículo, la inversión dependiera de las variaciones esperadas de la demanda efectiva, y estas últimas, a su vez, dependieran de los cambios en los gastos autónomos que no generan capacidad, podemos plantear la siguiente interrogante: ¿Cómo se originará la demanda efectiva que justifique el aumento de la inversión en los periodos siguientes? Surgen aquí dos escenarios posibles. Uno de esos escenarios es el de esperar mayor demanda externa. Es decir, esperar que aumenten las exportaciones. Esta opción queda supeditada al crecimiento de los principales socios comerciales del país y la demanda que estos tengan por los productos locales.

El otro camino posible es que el Estado lidere el proceso de crecimiento impulsando el gasto público en los periodos siguientes. Esto requiere adoptar un enfoque de finanzas funcionales, en el que el objetivo principal sea el crecimiento económico. En este sentido, el gasto público, más que un elemento estabilizador en periodos recesivos, puede ser el principal motor de crecimiento. Este proceso puede inducir cambios en la inversión privada de manera a que se ajuste la capacidad productiva al nivel de utilización normal.

Conclusión: la demanda impulsa la inversión

En conclusión, una futura recuperación de la inversión debe entenderse como una recuperación del crecimiento de la demanda. No hay posibilidad de que un “aumento de la confianza” implique sistemáticamente un aumento de los gastos de inversión, a menos que exista un aumento de la demanda final que lo justifique (Braga & Lara, 2019). Por lo tanto, cualquier discurso que afirme que los impuestos frenarán la inversión privada, no tiene en cuenta que lo que realmente frena la inversión privada es la insuficiencia de demanda. Más allá de una rentabilidad positiva, la demanda impulsa la inversión.

Como dijimos, Paraguay tiene dos opciones para la recuperación de la inversión. O se aumenta el gasto público o aumentan las exportaciones, que no dependen de nosotros, sino del crecimiento del mundo. Lo más probable es que si el crecimiento de las exportaciones resulta insuficiente o mediocre, los gastos públicos tendrán que hacer mucho más que limitarse a “generar confianza”, y así fungir de “motor” de la recuperación.

Original: ACA

 

Trabajos citados

Braga, J., & Lara, F. (abril de 2019). ¿De dónde vendrá la demanda que justifique
 la recuperación de la inversión?

Serrano, F. (s.f.). Notas sobre el Ciclo, la Tendencia y el Supermultiplicador.

 

1 nov 2020

Cesaratto y Di Bucchianico: Del núcleo a los núcleos: enfoque del excedente, instituciones y sistemas económicos

 


Posteamos el ultimo trabajo de Sergio Cesaratto y Stefano Di Bucchianico, traducido por el Dr. Juan Enrique Giusti, Jujuy

El artículo pasa del "núcleo" de la teoría clásica de la distribución del ingreso de Garegnani a proponer una integración más profunda del concepto de excedente social y de las instituciones. Nuestra principal idea es que el excedente social no existe independientemente de las instituciones (u orden social) que supervisan su producción y distribución, a partir de las que prevalecen en la esfera de producción. En este sentido complementamos el enfoque del excedente con importantes ideas del enfoque polanyiano, de la arqueología económica y la antropología, pero también de autores sraffianos y de manuscritos de Sraffa. Inspirándonos en núcleo de Garegnani, consideramos también sus especificidades, este trabajo es una premisa para el diseño de diferentes “núcleos” económicos para diferentes sistemas económicos estilizados. 


1. Introducción (1)
Como es sabido, Sraffa (1951) y Garegnani (1960) revivieron el enfoque del excedente clásico que estaba “sumergido y olvidado desde el advenimiento del método 'marginal'" (Sraffa 1960, pág. v; Cesaratto 2019a). Desde el pensamiento preclásico temprano sobre las sociedades primitivas (Meek 1976), una aplicación generalizada del concepto de excedente económico también es apreciable en la antropología económica y arqueología. Muchos eruditos en estos campos también han sido muy influenciados por Karl Polanyi quien, sin embargo, era escéptico del enfoque clásico del excedente y concedió una importancia predominante a las instituciones frente a los mecanismos económicos que regulan la distribución del ingreso.

Tanto las instituciones como el enfoque del excedente tiene un papel principal en autores como Melville Herskovits (1895-1963) y Gordon Childe (1892-1957) entre los fundadores, respectivamente, de las disciplinas modernas de la antropología económica y la arqueología (por una breve reseña de su trabajo ver Cesaratto 2019b). Al explicar el consenso social en torno a la distribución del excedente social, Herskovits (1952) incorporó ideas del institucionalismo de Veblen, como el prestigio que reciben las clases dominantes de su riqueza. Childe (1936) puso en práctica el diseño de Marx de desarrollar una historia y ciencia comparada de las sociedades humanas y de su cambio (Earle 2015, p. 320; Testart 1988, págs. 3-4).2 Los economistas sraffianos también han atribuido gran relevancia a las circunstancias institucionales históricamente determinadas que regulan la producción y distribución del excedente social, aunque en la práctica este aspecto ha sido hasta ahora más bien pasado por alto por esta escuela.


Creemos que una integración más completa del enfoque del excedente clásico con una perspectiva institucional no solo es posible, sino también deseable para el progreso de la teoría económica crítica, y de la arqueología y antropología económicas (Cesaratto y Di Bucchianico 2020). El estímulo a esta integración data de hace algún tiempo del antropólogo Stephen Gudeman (1978, págs. 349, 365):
En resumen, Sraffa presenta a los antropólogos lo que les falta: una forma de conceptualizar y calcular la producción y la distribución, pero lo que pueden aceptar sólo con la condición de colocarlo dentro de un conjunto histórico y cultural determinado por las relaciones sociales. Parafraseando al filósofo, este es un método de búsqueda de una sociedad.


La investigación de sistemas económicos pasados y presentes es el campo de prueba práctica de esta integración, como lo demuestran muchos estudios en arqueología económica y antropología que utilizan ampliamente el concepto del excedente económico. Esta integración también estuvo muy presente en Marx, quien mostró un interés constante y no dogmático por la variedad histórica de sistemas económicos en las que las instituciones y la producción y la distribución del excedente social se combinó.
En el artículo, partimos de la representación de Garegnani de la estructura analítica de la enfoque del excedente, que definió el "núcleo" del análisis clásico. El núcleo de Garegnani solo se aplica a una economía capitalista en la que las relaciones económicas son predominantemente de relaciones de intercambio, y que están reguladas por los precios y la competencia. Este contexto institucional específico, en el que las interacciones socioeconómicas son principalmente de naturaleza impersonal, permite la identificaciones de relaciones económicas analíticamente bien definidas entre precios y distribución. En sistemas económicos antiguos, las interacciones socioeconómicas eran reguladas de forma limitada por los intercambios de mercado, más bien asumían la forma de relaciones personales (digamos entre el señor feudal y los siervos). Al respecto, Polanyi sostuvo que las relaciones económicas están desarraigadas en el capitalismo pero insertas en sistemas económicos anteriores. Cuando afirmamos que nuestro trabajo es una premisa para el diseño de diferentes “núcleos” económicos para diferentes sistemas económicos estilizados, somos muy conscientes de utilizar lo que un colaborador llamó una noción "extendida" o vaga del núcleo de Garegnani, mediante el cual destaca la estructura económica e institucional estilizada de sistemas antiguos. Lo predominantemente personal (y no de mercado) en las relaciones socioeconómicas en esos sistemas pueden complicar, pero deben no impedir tal intento.


De esta manera, pretendemos responder (eventualmente) a lo anteriormente mencionado por el antropólogo Stephen Gudeman para proporcionar lo que los antropólogos "carecen: una forma de conceptualizar y calcular la producción y distribución”, con la condición de “colocar dentro de un conjunto de relaciones sociales determinadas histórica y culturalmente”.

El artículo está estructurado de la siguiente manera: 

La sección 2 evoca la interpretación de Garegnani de la estructura conceptual del enfoque del excedente clásico en torno a lo que llamó el "núcleo" de la teoría. El enfoque de Garegnani está extremadamente abierto a la consideración de las instituciones, pero todavía subdesarrollado a este respecto, sobre todo porque está restringido al núcleo de algunas relaciones analíticas básicas relativas a una economía capitalista. 

En este sentido, la sección 3 contiene algunas ideas de reconocidos autores sraffianos, incluidos Richard Arena y Jean Cartelier, quienes señalan una extensión del enfoque del excedente a una variedad de formas. 

La sección 4 informa algunas críticas al enfoque del excedente de Polanyi y autores institucionalistas. Si bien agradecemos esta crítica, también destacaremos algunas de las limitaciones del enfoque polanyiano, en particular el privilegio deliberado de que este le asigna a la tradición, en la terminología de Marx, a la esfera de la circulación de mercancías en lugar de la producción. 

La sección 5 analiza lo que Wittgenstein llamó el "camino antropológico" de Piero Sraffa, la conexión necesaria que vio entre el excedente social y las circunstancias histórico-institucionales que rodean su origen - lo que Marx definió como el método de "abstracciones específicas" en contraposición al de “abstracciones genéricas”. La sección también informa sobre algunos de los comentarios críticos de Sraffa sobre Bronisław Malinowski. 

La sección 6 concluye comparando las explicaciones del origen concurrente del excedente y de la estratificación social proporcionada, respectivamente, por los arqueólogos económicos y economistas “mainstream”, y delinea algunas tareas de investigación futuras.


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CSWP 45 (October 2020)
    From the Core to the Cores: Surplus Approach, Institutions and Economic Formations
 

 1 Agradecemos a Tony Aspromourgos, Giancarlo Bergamini, Saverio Fratini, Gary Mongiovi y Massimo Pivetti por sus comentarios, consejos y críticas francas. Un agradecimiento especial a un colaborador anónimo quien se dirigió a nosotros para recalibrar (aunque no para cambiar) el argumento principal.

2 Si bien la preocupación social de la antropología es evidente, los arqueólogos también se preocupan por la organización social y económica de las sociedades antiguas. Como escribió Childe: “la arqueología tiene un contribución importante para hacer al estudio científico de las instituciones humanas” (Childe 2004 [1947], p. 90). El concepto de excedente es ampliamente utilizado por esta literatura. Particularmente cercano a la tradición clásica del excedente es el enfoque de "economía política" según el cual "los excedentes se produjeron por diversas razones y propósitos, y fueron utilizados de diferentes maneras en diferentes tipos de sociedades, dependiendo también de la política y el papel económico asumido por las élites” (Frangipane 2018, p. 677).

14 oct 2020

El virus de los “ecolochantas”

 


 por Claudio Scaletta

 

La información del avance de un acuerdo con China para aumentar las exportaciones de carne porcina fue tomada como bandera por la rama sectaria de las corrientes ecologistas. Frente a la esterilidad del debate generado resulta de vital importancia romper la construcción de la falsa dicotomía entre desarrollo y cuidado ambiental. Estar a favor del desarrollo no significa estar en contra del cuidado del medio ambiente, y estar a favor del cuidado del medio ambiente no debería ser la negación del desarrollo. Semejante contradicción no es una creación del ecologismo, sino de su rama sectaria, una corriente de banderas brumosas con profusa difusión gracias al potente respaldo de la “geopolítica”, palabra que refiere a las relaciones del poder internacional real y que suele utilizarse para evitar el uso de la más estigmatizada “imperialismo”. La hipótesis de este artículo, que intentará ser demostrada, es que bajo la apariencia de una buena causa las sectas ecologistas son una corriente de pensamiento reaccionario funcional al imperialismo. Se trata de un debate cuya magnitud excede largamente a lo que puede desarrollarse en un breve artículo, por lo que se propone un esfuerzo de síntesis.

  En una economía como la argentina existe un dato básico no incorporado al sentido común de la población: aumentar salarios, o pensando en el conjunto de la economía: aumentar la masa salarial, demanda dólares. Si se quiere avanzar en la inclusión social se necesita aumentar la provisión de divisas. La razón es que, dada la estructura productiva local, cuando aumenta el consumo aumenta la demanda de bienes y servicios que, o bien tienen una alta composición de insumos importados o son directamente importados, por ejemplo vehículos, electrodomésticos, electrónicos, viajes al exterior, etc. Sin embargo, mientras el nivel de importaciones depende del ciclo interno, es decir de la evolución del PIB, el nivel de exportaciones depende de la demanda del resto del mundo. Dada la estructura productiva local, cuando la economía crece, a partir de cierto punto las importaciones crecen mucho más rápido que las exportaciones lo que conduce a la escasez de divisas y, en consecuencia, a la inestabilidad macroeconómica. Por ello, los economistas de distintas corrientes suelen coincidir en la necesidad de aumentar las exportaciones, aunque no lo hagan en el para qué y cómo lograrlo. Sin meterse en esta discusión existe un consenso en que para crecer y desarrollarse se necesitan divisas y que para hacerse de divisas una de las vías más genuinas es aumentar las exportaciones y/o sustituir importaciones.

Original: ACA

9 oct 2020

¿Por qué para los economistas locales todo es inflacionario? Parte II

 


Continuando la PARTE 1 Joaquín Sostoa y Rubén Alderete siguen analizando el fenómeno inflacionario. En esta segunda parte, presentan algunas críticas que los economistas heterodoxos hicieron a la teoría neoclásica y proponen una visión alternativa.
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Por: Joaquín Sostoa y Rubén Alderete, miembros de @elexcedente

Durante la primera parte, describíamos la explicación de la escuela neoclásica, y en específico del «Nuevo Consenso Macroeconómico» (NCM), para el fenómeno de la inflación. Básicamente, decíamos que para los economistas la inflación es producto de un exceso de demanda agregada sobre la oferta agregada, y que uno de los supuestos más fuertes para validar dicha explicación es la tendencia natural del mercado al pleno empleo, lo que, en última instancia, requiere del principio de sustitución factorial.

En esta segunda y última parte, nos enfocaremos en la crítica a esta teoría, principalmente por parte de los economistas clásicos. También plantearemos una hipótesis alternativa para entender la estabilidad de precios en Paraguay, es decir, desde una óptica no neoclásica.

La crítica sraffiana.

El principio de sustitución factorial que se describió en la primera parte fue (y sigue siendo) objeto de críticas por parte de economistas heterodoxos inspirados en la obra de Piero Sraffa. Los sraffianos dilucidaron serios problemas teóricos sobre las nociones de sustitución entre el capital y otros factores de producción. Incluso ponen en duda la existencia del efecto sustitución entre factores productivos cuando el capital es uno de ellos.

Para que la sustitución entre factores productivos funcione, debe poder especificarse de manera precisa las dotaciones de los mismos. Además, debe poder demostrarse que si el precio de un factor (por ejemplo, el trabajo) cae en relación con otro factor (por ejemplo, el capital), habrá una tendencia a utilizar aquel factor cuyo precio ha disminuido (en este caso, el trabajo), manteniendo el otro factor constante (en este caso, el capital). Dicho mecanismo funciona correctamente para los factores primarios (tierra y trabajo), pero al introducir el capital al análisis como factor productivo, aparecen los problemas.

Los inconvenientes surgen de considerar dos características que diferencian al capital de otros factores productivos. La primera diferencia radica en que los bienes de capital son producidos. La segunda diferencia se encuentra en la remuneración de este factor. El trabajo y la tierra son factores cuyas remuneraciones pueden mantenerse diferentes por largos periodos de tiempo. Sin embargo, en lo que respecta al capital, hay que considerar que las tasas de retorno de los diferentes bienes de capital utilizados en los diversos sectores económicos tenderán a ser uniformes. Esto se debe a las modificaciones en la composición del capital realizada por los inversores en busca de mayor rentabilidad.

Estas diferencias implican que las dotaciones de capital estarían variando en el corto plazo. Surgen así dos problemas teóricos para el principio de sustitución factorial. En primer lugar, se vuelve difícil especificar la dotación de capital de forma coherente. Los bienes de capital físicos existentes varían tan frecuentemente que sus tasas de retorno (que indican la escasez relativa de los mismos) no son persistentes en el tiempo, en especial por el efecto de la competencia y la tendencia a la igualación de las diferentes tasas de retorno.

Con relación al punto anterior, esa falta de persistencia implica que, en los mercados de los demás factores productivos, los bienes de capital utilizados para producir junto con un tipo particular de trabajo también cambiarían rápidamente. Esto lleva al segundo problema: dado que la escasez relativa de un factor solo se determina en relación con la escasez relativa de otro factor, la escasez relativa de los factores de producción (no sólo del capital) deviene indeterminada. Las soluciones propuestas por el marginalismo a este problema no resultaron eficaces. Wicksell y Walras trataron de especificar, cada uno de manera distinta, a la dotación de capital. Sin embargo, sus esfuerzos se vieron frustrados por contradicciones lógicas (Fabio Petri escribió una crítica a estas visiones que recomendamos consultar).

Una alternativa: los costos y la inflación.

La obra de Sraffa cuestiona profundamente el análisis marginalista de la distribución del ingreso. Los salarios reales no pueden determinarse por la intersección o el equilibrio de una curva de oferta y demanda de trabajo. En otras palabras, el discurso de “a cada cual lo suyo” queda sin bases teóricas sólidas. Esta última teoría requiere, para su determinación, la especificación de la dotación de capital, asunto que no puede resolverse sin contradecir los postulados de la misma teoría neoclásica. Los salarios más bien se fijan teniendo en cuenta un salario de subsistencia determinado por un conjunto de factores históricos e institucionales. Estos factores también determinan el poder de negociación relativo de la clase trabajadora para poder conseguir aumentos en sus salarios reales. No existe, de esta manera, un salario “natural” o una jerarquía “natural” de salarios.

Si la distribución del ingreso es resultante de un conflicto por la apropiación una mayor parte del excedente, tal como lo postulaban los economistas clásicos, puede considerarse a la inflación la mayor parte del tiempo como un fenómeno ligado a los costos debido a una puja distributiva no resuelta. Tal es el caso de países como Argentina y Brasil, por ejemplo. La inflación, en este sentido, debe ser considerada un asunto en gran parte de carácter político.

Esta visión alternativa de la inflación, que desafía las concepciones más tradicionales del marginalismo, encuentra respaldo empírico en una investigación publicada en la CEPAL sobre los determinantes de la inflación en América Latina. En dicho trabajo se detallan importantes resultados para el manejo de la inflación en los países de la región. El principal de estos resultados es que en la mayoría de los países la brecha del producto (inflación por exceso de demanda) no resulta significativa para explicar la inflación. Dichas explicaciones, más bien, deben buscarse por el lado de los costos.

En este sentido, en el caso de Paraguay, los principales factores que propician la inflación son el tipo de cambio y las variaciones de precios de las materias primas, tal como se observa en el gráfico. Los precios de las materias explican un porcentaje sustancial de los movimientos en los precios internos a través del Índice de Precios al Consumidor (IPC) y su componente alimenticio. Por lo tanto, los shocks de costos no pueden ser considerados aleatorios, más bien deben ser considerados persistentes, dado que son los factores que aceleran el proceso inflacionario.

El tipo de cambio, por su parte, tiene efectos en el nivel de precios a través del conocido efecto traspaso (pass-through). Este efecto hace que los costos de una devaluación sean traspasados, de manera completa o incompleta, al índice de precios. Es también por estas razones que las devaluaciones resultan contractivas para economías en las que el tipo de cambio tenga un efecto de traspaso importante. La subida generalizada de los precios que sigue a la depreciación del tipo de cambio tiene efectos perversos sobre los salarios reales y, por ende, sobre el nivel de la demanda agregada.

En lo que respecta a la puja distributiva, captada por los costos laborales unitarios, se observa que en nuestro país es un factor que no incide en la aceleración de la inflación. Esto se explica en gran medida por la escasa formación sindical, la alta informalidad laboral y la precariedad del trabajo. La ausencia de conflicto distributivo resulta ser un factor clave para explicar las bajas tasas de inflación experimentadas en los últimos años, dado que, al estar mermado el poder de negociación relativo de la clase trabajadora, las variaciones salariales no tienen mayor influencia en los costos. En este sentido, debe considerarse que Paraguay es uno de los países con menor porcentaje de densidad sindical y de negociaciones salariales de América Latina. Estos resultados pueden indicarnos que la reducción de la dinámica inflacionaria está asociada en gran medida al debilitamiento de la institucionalidad laboral y la retracción de la participación asalariada en el ingreso.

Por su parte, también cabe considerar al componente inercial de la inflación. La inflación inercial es aquella que está explicada simplemente por la inflación pasada. Por ejemplo, si este año la inflación fuera de un 2%, el año siguiente se esperaría como mínimo un 2% de inflación, y se modificarían los precios en esa dirección.  Pese a esta lógica, los resultados obtenidos en el estudio de Trajtenberg, Valdecantos & al.(2015) indican la poca relevancia de la inercia como factor que influya en la inflación. En efecto, en ausencia de una puja distributiva es razonable esperar que los factores que hacen que la inercia inflacionaria sea relevante (como las indexaciones salariales) se encuentren ausentes.

La adopción de las política anti-inflacionarias, en síntesis, deben estar alejadas de las visiones convencionales, pues estas no explican realmente el origen de la inflación. Si se quiere controlar la inflación, debe analizarse la manera en que las políticas de gasto público y de variaciones de las tasas de interés afectan a los costos. Reducir las explicaciones inflacionarias a cualquier exceso de gasto es evitar discutir quién carga realmente con los costos de la inflación, y es una manera de justificar ajustes fiscales que no hacen más que reducir el crecimiento económico y, por ende, el bienestar general.

 Original

 

Enlaces a trabajos referidos en el artículo:


https://circusrevista.com.ar/wp-content/uploads/petri.74-105.pdf

https://circusrevista.com.ar/wp-content/uploads/03-Fiorito.-La-inflaci%C3%B3n-en-tiempos-macristas-22-51b.pdf

http://www.centrosraffa.org/public/eb7f3d34-b65c-467c-b22b-4a0e0275a81d.pdf

https://repositorio.cepal.org/handle/11362/39990

https://repositorio.cepal.org/bitstream/handle/11362/39990/S1500839_es.pdf?sequence=1&isAllowed=y

https://i2.wp.com/centraldeideas.blog/wp-content/uploads/2020/09/Diapositiva2-2.png?ssl=1

http://www.relats.org/documentos/ORGOrsattiDensidadesALC.pdf

7 oct 2020

¿Por qué para los economistas locales todo es inflacionario? Parte I

 


Joaquín Sostoa y Rubén Alderete profundizan en el fenómeno inflacionario. En esta primera entrega, analizan las causas de la inflación desde el llamado «Nuevo Consenso Macroeconómico», que resume las posiciones de las escuelas más ortodoxas, mayoritaria entre los economistas paraguayos.

Por: Joaquín Sostoa y Rubén Alderete, miembros de @elexcedente

Para muchos economistas locales todo es susceptible de ser inflacionario. Hoy día, el fenómeno inflacionario se ha convertido en el gran cuco que sueltan muchos analistas para justificar distintas medidas de política económica, principalmente ajustes fiscales o la venta de activos públicos. Podemos ejemplificar esto de la siguiente manera. En algunas entrevistas de meses anteriores (Ver Aquí y Aquí) el economista y ex Ministro de Hacienda Manuel Ferreira había afirmado que financiar el déficit público con emisión monetaria podría ser inflacionario, por lo que dio a entender que la única opción económicamente viable era la deuda externa. En una opinión reciente , difundida en un editorial del diario ABC, éste da a entender que, debido al crecimiento de la deuda, si el gobierno no realiza un ajuste fiscal la consecuencia inexorable será el aumento inflacionario.

Aunque una gran cantidad de economistas pueda caer en contradicciones al señalar en diferentes ocasiones que la causa de la inflación “es la emisión”, “la deuda” o “el déficit fiscal”, lo cierto es que el único mecanismo de transmisión consistente con la propia teoría del grueso de los economistas es el exceso de demanda agregada, más allá de si éste haya sido generado vía emisión, deuda externa o solo el aumento del gasto público como proporción del PIB, sin ningún tipo de “desequilibrio fiscal”. Es por dicho mecanismo de transmisión que cualquier posible aumento de la demanda en general, casi sin importar el contexto u otras variables, suele ser utilizado como argumento para justificar distintas medidas de política económica.

En este artículo veremos cómo la teoría neoclásica o marginalista, adoptada por la mayoría de los economistas locales puede explicar la inflación. También, mostraremos algunas condiciones o supuestos sumamente restringidos que deben cumplirse para aceptar sus explicaciones como válidas. Finalmente, brindaremos una breve explicación alternativa del fenómeno inflacionario, teniendo en cuenta las críticas y las complicaciones de la teoría neoclásica.

La inflación y las explicaciones ortodoxas

Aunque los economistas caigan en una especie de multicausalidad y sobredeterminación de un fenómeno, haremos el esfuerzo en aclarar cómo desde la teoría neoclásica o corriente principal (seguida por la mayoría de los economistas locales) se logra explicar la inflación. Para empezar, una teoría debe establecer mecanismos de transmisión. Cómo es que una variable (o varias) puede impactar en el comportamiento de las decisiones de fijación de precios de manera general de las empresas de una economía. El único mecanismo completamente consistente con la teoría neoclásica es el exceso de demanda agregada sobre la oferta agregada.

La corriente principal posee diversas ramificaciones, la tradición explicativa contemporánea de la inflación se remonta a lo que conocemos como “monetarismo”. El monetarismo, cuyo mayor exponente es Milton Friedman, surgió en reacción al neokeynesianismo (síntesis neoclásica-keynesiana) tras segunda Guerra Mundial. La síntesis neokeynesiana gozó de gran influencia política y popularidad hasta mediados de la década de 1970.

Esta escuela promulgaba el manejo de la demanda agregada principalmente a través de herramientas fiscales, con el objetivo de mantener el pleno empleo de la capacidad productiva y la fuerza de trabajo, al menos en teoría a corto plazo. Dichas conclusiones tuvieron cabida debido al principio de demanda efectiva, que planteaba, entre otras cosas, que no existía ninguna tendencia natural del sistema hacia el pleno empleo, es decir, no porque dejemos a las fuerzas del mercado actuar libremente éstas ajustarán los factores vía el sistema de precios hasta que todos estén empleados. El problema del empleo se vuelve un problema de insuficiencia de demanda efectiva, no de imperfecciones en el mercado de trabajo. En suma, existía el consenso de que el Estado poseía la capacidad para aumentar la producción y, por consiguiente, el empleo de la economía. El aumento del gasto podría generar “efectos reales” en la economía.

Intentando debatir con estas ideas, Milton Friedman trató de neutralizar teóricamente dicho “efecto real”, utilizando para tal fin modelos “pre-keynesianos”. Estas concepciones retomaban en la teoría neoclásica inicial de finales del siglo XIX, donde la oferta vuelve a cumplir el papel preponderante, y el sistema solo debe ser dejado a su libre albedrío para generar el máximo empleo posible. Dentro de este marco teórico, la única causa del desempleo solo se encuentra en la presencia de “rigideces” u obstáculos en el sistema de precios, como impuestos, regulaciones o legislación laboral, como así también la presencia de sindicatos. Para el monetarismo, entonces, eliminando este tipo de “imperfecciones artificiales” lograríamos vivir en el mejor de los mundos posibles.

También, el pensamiento de Friedman poseía una gran influencia de Knut Wicksell (economista sueco neoclásico de finales del siglo XIX). Wicksell postulaba la existencia de una “tasa natural de interés”, es decir, una tasa de interés que equilibraba la oferta y la demanda de ahorro o capitales, y que era consistente con el pleno empleo de la economía. Si el Banco Central estipulaba una tasa de interés efectiva por debajo de esta tasa de interés natural, el gasto aumentaría debido a que un precio más bajo del capital generaría un exceso de “préstamos” (por ejemplificarlo de alguna manera) en relación al ahorro acumulado en la economía. Como para los neoclásicos la economía se encuentra normalmente en pleno empleo, el exceso de créditos aumentaría la demanda agregada, pero esta última solo aumentaría los precios debido a que, en una situación de capacidad completamente utilizada, es imposible aumentar la producción. Por lo tanto, en pleno empleo la respuesta a un aumento de la demanda global es más inflación, no más crecimiento.

El lector atento se percatará que en todas estas teorías neoclásicas existe la tendencia natural al pleno empleo. Friedman, entre otros, realiza una pequeña variante y teoriza lo que podemos llamar “el gemelo malvado” de la tasa natural de interés, es decir, la “tasa natural de desempleo” (Tasa de desempleo no aceleradora de la inflación o NAIRU por sus siglas en inglés). Utilizando la misma lógica, en este modelo existe una tasa de desempleo natural en el sistema hacia la cual la economía tiende por sí sola. Dichos desempleados naturales no son más que “desempleados voluntarios”. Cualquier nivel de desempleo menor a la tasa de desempleo natural solo aumentaría la inflación. Por lo tanto, debe existir un nivel de gasto consistente con dicha tasa natural.

Dicho esto, podemos entender a qué se debe la creencia de que todo aumento del gasto o de la “oferta monetaria” genere un aumento generalizado en el nivel de precios. Si tomamos la versión estándar y popular de la teoría cuantitativa del dinero de Friedman en la que solo las variaciones en la masa monetaria (M) modifican la variación del nivel de precios (P) es decir, la inflación (La  identidad contable de la teoría cuantitativa puede describirse como: Masa Monetaria (M) x Velocidad del dinero (V) = Nivel de Precios (P) x Producción(Y)), podemos dar cuenta de que un aumento en M (masa monetaria) siempre aumentará P (nivel de precios), porque suponemos que Y (la producción) siempre es de pleno empleo y V (la velocidad del dinero) es una constante. Por lo tanto, en la identidad contable encontrada entre paréntesis la inflación solo se modificará ante cambios en la masa monetaria, debido a que la producción es de pleno empleo y la velocidad del dinero es constante.

De todas formas, siendo justos con Friedman, éste no postulaba que en todo momento un aumento del gasto (o de la masa monetaria) podría solo generar inflación. De acuerdo con este economista, existía un “corto plazo” en el que el aumento del gasto podría también aumentar el nivel de empleo. Si, por ejemplo, nos encontramos en una situación en la que el nivel de desempleo es igual a la tasa natural y el gobierno efectúa una política fiscal expansiva para aumentar el empleo, la tasa de desempleo bajaría por debajo de la tasa natural, pero los precios también subirían después de un tiempo, por lo que los nuevos trabajadores empleados se darían cuenta que perdieron poder adquisitivo y dejarían de nuevo sus empleos. Sufrieron una “ilusión monetaria”. Por lo tanto, el desempleo volvería a su nivel natural, pero a diferencia del escenario inicial, nos quedaríamos con un mayor nivel de inflación. En suma, cualquier intervención del Estado para aumentar el empleo, terminaría en lapso de tiempo en un inútil intento cuya consecuencia sería el aumento de la inflación.

Solo fueron los teóricos, también neoclásicos, de las expectativas racionales (como Robert Lucas, también llamados Nueva Macroeconomía Clásica o Nuevos Clásicos) los que llevaron al extremo las ideas de Friedman y eliminaron ese corto plazo donde la política fiscal podría tener también algún efecto en el empleo. Para esta corriente del marginalismo, cualquier intento del Estado por reducir el desempleo terminaría inexorablemente en un aumento de la inflación, sin ningún corto plazo donde el desempleo disminuya ni por una “ilusión monetaria”. Bajo este engranaje teórico, no hay nada que podamos hacer más que dejar actuar a la oferta y la demanda en el mercado de trabajo libremente. Esto también incluye eliminar las restricciones que molesten a su libre funcionamiento. El remedio se vuelve peor que la enfermedad.

Los Nuevos Keynesianos (como Krugman o Stiglitz) no se quedaron de brazos cruzados y debatieron contra esta vertiente “ultra ortodoxa” de la economía neoclásica. Pero, al fin y al cabo, no supusieron una ruptura con esta corriente y terminaron aceptando varios de sus planteamientos, como la tasa natural de interés o de desempleo. Siguiendo a Matías Vernengo,  la diferencia es que algunos hacen hincapié en los principios neoclásicos a largo plazo (Nuevos Clásicos) y otros en la rigidez (o como vimos, restricciones) a corto plazo (Neokeynesianos). En otras palabras, para ambas escuelas el sistema teórico neoclásico es válido (la tendencia al pleno empleo) solo que los neokeynesianos intentan teorizar fallas de mercado o imperfecciones en el sistema neoclásico, que, en última instancia, justifican intervenciones públicas para corregir dichas fallas en el corto plazo.

Ambas vertientes dentro de la corriente principal terminaron sintetizándose en lo que conocemos como Nuevo Consenso Macroeconómico (NCM), del cual uno de sus máximos exponentes es el francés Olivier Blanchard. La gran propuesta de “metas de Inflación” fruto de este consenso nos es de ayuda para entender cómo actualmente los economistas ortodoxos ven el fenómeno inflacionario. Sin ánimos de ir más lejos de lo ya expuesto, la idea básica detrás de las metas de inflación se encuentra en un modelo que ya vimos: la tasa de interés natural de Wicksell. Pero así también fue reformulada con la teoría de la tasa natural de desempleo.

Un Banco Central (BC) debe ser “independiente” (blindado de presiones políticas), para colocar la tasa de interés efectiva en el nivel de la tasa natural de interés. Este posicionamiento de la tasa de interés generaría el nivel de gasto correspondiente con la tasa de desempleo natural, tasa que no acelera la inflación (NAIRU). A diferencia de la teoría de Friedman, en este modelo la variable a controlar por el BC es la tasa de interés y no la masa monetaria. La cantidad de dinero en la economía se ajusta a dicha tasa de interés. El monetarismo abandonó los controles de masa monetaria porque es imposible controlar dicha variable de manera directa. Como afirmó Gerald Bouey, expresidente del Banco Central de Canadá: “Nosotros no abandonamos a las metas monetarias: ellas nos abandonaron a nosotros”.

Por lo tanto, la inflación vuelve a ser explicada por el lado de la demanda, en situaciones de tendencia hacia un pleno empleo (o variaciones de este). También la teoría carga con otros supuestos importantes, entre los cuales nos parece categórico citar los siguientes.  El primero: que los shocks de costos (aumentos o disminuciones bruscas en los costos de las empresas) son aleatorios, causados, por ejemplo, por cosechas agrícolas abundantes o excepcionalmente bajas. Por lo tanto, cualquier shock de oferta (salarios, tarifas, tipo de cambio) tiene media cero, lo que significa que en largos periodos los efectos positivos y negativos se cancelan. En caso de un shock de oferta, lo más probable es el BC decida no actuar por considerarlo temporal.

Otro supuesto relevante de este último modelo es la inercia plena o completa. Esto quiere decir que la inflación pasada se incorpora totalmente a los precios actuales. La independencia del producto potencial o no existencia de histéresis en el producto también juega un rol fundamental en dicho modelo, pues si el producto potencial (el nivel de producción de una economía que utiliza toda su capacidad instalada, cosa que no es observable) no se mueve o no crece cuando crece el producto efectivo de la economía (el nivel del producto que podemos observar y nos permite medir el crecimiento económico), la existencia del pleno empleo es mucho más factible. En cambio, si suponemos la existencia de histéresis, y el producto potencial crece cuando crece también el producto efectivo entonces el pleno empleo difícilmente se logre, a causa de que “la brecha del producto” siempre será “holgada”. Como veremos, estos supuestos ad-hoc carecen de fundamentos teóricos y empíricos sólidos.

¿Existe realmente una tendencia hacia el pleno empleo?

Para asumir como válido el supuesto de pleno empleo, uno debería poder demostrar su validez teórica. Para esto, el marginalismo utiliza el principio de sustitución de los factores productivos (tierra, trabajo y capital). Este principio postula que si los precios relativos de los factores de producción son flexibles (se modifican de acuerdo a excesos de oferta o demanda), y existe un efecto de sustitución entre los mismos (es decir, aumenta la demanda relativa por el factor más barato ante un cambio de los precios relativos), una economía de mercado competitiva tenderá al pleno empleo de sus factores productivos.

Este pleno empleo de los factores de producción se llevará a cabo mediante la interacción de dos procesos: en el primero de ellos, la sustitución de capital por mano de obra (o tierra) podría permitir la utilización de cualquier cantidad de trabajo (o tierra) dada una cantidad inicial de capital, siempre que el precio de ese factor, en este caso, el salario real (o la renta de la tierra) haya caído lo suficiente. De esta manera, el uso adicional de trabajo (o tierra) tendría el efecto de incrementar el nivel de producto potencial.

Este proceso implica que no existe desempleo estructural o tecnológico. No se considera, por lo tanto, que el pleno empleo de la dotación de capital dada no pueda emplear completamente al factor trabajo. La permanencia del desempleo cuando la economía opera a plena capacidad se debería, en este caso, a que el salario real no ha caído lo suficiente.

En el segundo proceso, la sustitución de trabajo (o tierra) por capital permitiría que cualquier incremento en el producto potencial que no sea destinado al consumo pudiera ser utilizado para satisfacer una mayor demanda de inversión, siempre que la flexibilidad de la tasa de interés permita que esta caiga a niveles en que los métodos de producción que requieran de mayor capital se vuelvan rentables.

Dicho proceso implica que los recursos productivos (trabajo y capital) no pueden estar subutilizados debido a una falta de demanda monetaria final para los bienes producidos con esos factores. Es decir, todo aquello que se produce se venderá de manera rentable.

 Original

 

Enlaces a los textos mencionados en el artículo:

https://www.abc.com.py/nacionales/2020/05/08/exministro-senala-que-si-se-recortan-
gastos-extraordinarios-el-pais-podra-endeudarse-mas-para-la-recuperacion-de-la-
crisis/

https://www.ultimahora.com/reactivacion-ex-ministros-piden-prudencia-deuda-
n2884101.html

https://www.abc.com.py/edicion-impresa/editorial/2020/08/24/a-no-esperar-la-
inflacion-para-las-medidas-drasticas/

http://grupolujan-circus.blogspot.com/2011/09/lucas-en-contexto-keynes-fuera-de.html