El Viejo Almacen -Bs.As.

Surplus Approach

“Es necesario volver a la economía política de los Fisiócratas, Smith, Ricardo y Marx. Y uno debe proceder en dos direcciones: i) purgar la teoría de todas las dificultades e incongruencias que los economistas clásicos (y Marx) no fueron capaces de superar, y, ii) seguir y desarrollar la relevante y verdadera teoría económica como se vino desarrollando desde “Petty, Cantillón, los Fisiócratas, Smith, Ricardo, Marx”. Este natural y consistente flujo de ideas ha sido repentinamente interrumpido y enterrado debajo de todo, invadido, sumergido y arrasado con la fuerza de una ola marina de economía marginal. Debe ser rescatada."
Luigi Pasinetti


ISSN 1853-0419

28 jun. 2015

El papel de las elites


Por Matías Vernengo *

En el primer cuatrimestre de 2015 la economía estadounidense cayó 0,7 por ciento. El crecimiento en 2014 fue de 2,4, y se espera algo menos para este año. La economía viene creciendo por debajo de su media histórica de más de 3 por ciento, y es evidente que está en una trayectoria de crecimiento más bajo. Tanto Larry Summers, demócrata y ex secretario del Tesoro, como Ben Bernanke, republicano y ex presidente del Banco Central, están de acuerdo sobre el estancamiento secular.

La tasa de desempleo, en una primera mirada, no parece tan mala. El desempleo fue de 5,5 por ciento en mayo, el último mes medido. Pero buena parte de la reducción de la tasa de desempleo después de la crisis estuvo relacionada con la caída de la participación de los trabajadores en la fuerza de trabajo. Cuando el número se ajusta para incluir los que están marginalmente conectados con el mercado de trabajo, y que trabajan menos horas de lo que les gustaría, la tasa de desempleo es de alrededor de 10,8 por ciento.

Frente a esto, la única medida económica propulsada por Obama en el Congreso es el intento de obtener poder para negociar el Tratado de Libre Comercio conocido como el Acuerdo Estratégico del Trans-Pacífico. No sorprendentemente, en este caso su propio partido ha votado en contra, mientras el presidente tiene el apoyo de los republicanos. Y aunque Hillary Clinton ha sido enigmática en sus declaraciones sobre el libre comercio, la creencia general es que ella, como su marido antes, sería favorable a estos tratados que respaldan a las corporaciones contra los intereses de los trabajadores. Lo mismo se podría decir de todos los precandidatos republicanos. La única excepción sería el senador independiente, y abiertamente socialista, Bernie Sanders, pero su victoria sería un batacazo.

Al contrario de lo que se piensa, esto no es resultado de que la mayoría sería contraria a la intervención del Estado, y el aumento de los gastos sociales. Eso no es ni siquiera verdad sobre los blancos de más bajos ingresos. La idea es que supuestamente los blancos más pobres, del sur y del oeste de Estados Unidos, por razones étnicas, raciales y culturales, serían contrarios a la ayuda del Estado, que aunque los favorecería, ayudaría a minorías y los obligaría a votar contra sus propios intereses económicos. La pregunta simbólica sobre esta paradoja sería, ¿cuál es el problema con Kansas? Este fue el nombre de un famoso libro que buscaba entender porque la gente votaba contra sus propios intereses económicos.

En reciente encuesta financiada por la Fundación Russell Sage se ve que, mientras las elites, gente con ingresos superiores al millón de dólares anual, son poco favorables a la intervención del Estado, la mayoría de la gente es favorable a expandir los gastos con educación, salud, pensiones, y además el 78 por ciento cree que el salario mínimo debe permitir vivir de modo decente, con lo que, presumiblemente, debería ser más alto. Más relevante todavía, el 53 por ciento cree que el gobierno tiene la obligación de dar empleo a los que no lo encuentran en el sector privado. Efectivamente todos –o la mayoría– serían keynesianos ahora.
La pregunta es, entonces, si en una sociedad democrática la mayoría es favorable a estos cambios, que ayudarían a una recuperación de la economía en bases más inclusivas, porque los gobiernos, sean republicanos o, más sorprendentemente, los demócratas no expanden el gasto y generan empleos con salarios más altos.

Hay varios mecanismos por los cuales las elites, gente como los notorios hermanos Koch, manejan el sistema político. El cambio de los distritos, para facilitar la elección de sus candidatos, por ejemplo. O el gasto de los grupos de presión, el lobbying, que permite manejar la legislación en el propio Congreso. O finalmente la puerta giratoria, que permite que legisladores y funcionarios que dejan la función pública ganen fortunas en el sector privado. Lo que se ha llamado la coima anticipada, en otras palabras, lo que se espera ganar en el futuro por hacerles el servicio sucio a las elites. Si hay estancamiento, las causas no son, como cree Summers, tecnológicas, sino políticas. Es culpa de las elites, porque les va muy bien con las cosas como están. Una lección negativa para las democracias populares de América latina.

* Profesor, Bucknell University y visitante del MDE/Unsam.

Original: Pagina 12

15 jun. 2015

Superar el estancamiento



Por Diego Coatz * y Fernando Grasso **

La economía argentina transita un camino de relativa estabilidad. Esto reviste dos activos valiosos respecto de procesos anteriores: el país no vivirá ninguna situación de crisis política y, al haberse contenido las tensiones “explosivas” que se avizoraban en diversos planos, tampoco económica. Sin embargo, en sus fundamentos, el esquema macro y la economía en general aún conservan profundos desafíos que deberán atenderse de manera integral en el futuro más próximo.

La agenda del desarrollo es más compleja, requerirá definiciones estratégicas y esfuerzos de envergadura, entre ellos, cómo seguir industrializando la economía de un modo competitivo e insertado internacionalmente. Esto implica avanzar contundentemente sobre las brechas de productividad y, también, las vinculadas a los factores que determinan las relaciones de precio-calidad. Cualquier proyecto que no incorpore un plan en este sentido podrá mostrar algunos resultados positivos por un tiempo, pero nunca nos conducirá al desarrollo. La industria argentina, que recién en 2011 había recuperado el nivel de producción per cápita del año 1974 a partir de incrementos formidables en el nivel producción, productividad, inversión, salario real y empleo entre el año 2002-2011, ingresó a un terreno de menor desempeño en los últimos años. Desde entonces, los resultados fueron discretos. Aun cuando se observa cierta estabilización en los últimos meses, la actividad describe actualmente una trayectoria de relativo estancamiento. En estos últimos años, el producto industrial se retrajo en algo más de un 1 por ciento, lo que equivale a una caída superior al 4 por ciento medido per cápita.

Producto de la aparición de la restricción externa (escasez de divisas), existen mayores dificultades para expandir la demanda interna a partir de mejoras sustanciales en el poder adquisitivo de los salarios y/o la ampliación de las escalas de consumo que derivan de mayores niveles de empleo, la inclusión social de sectores marginados, la extensión de coberturas previsionales, etc. Por su parte, el menor desempeño de Brasil y la región, especialmente en países que son destino mayoritario de nuestras exportaciones industriales, impacta negativamente sobre la demanda externa y, en algunos casos, se agrava por problemas asociados a la competitividad-precio de nuestra producción. Este escenario se agudiza con la caída en el precio internacional de varios commodities que exportamos, especialmente los del complejo oleaginoso, pero también de productos vinculados a las economías regionales.

En un libro que hemos lanzado recientemente junto a Bernardo Kosacoff (La Argentina estructural) se abordan estas cuestiones con el objetivo de aportar al debate sobre el desarrollo económico y social. Lo que ocurra a partir del año próximo dependerá en gran medida de la capacidad de generación de divisas de un modo genuino, compatible con el sendero de expansión de nuestras capacidades productivas y sin acudir al endeudamiento externo cómo único instrumento. El desarrollo es una experiencia nacional, única e irrepetible. Cada país debe seguir su propio camino según su derrotero histórico y sus posibilidades. Un país como la Argentina debería buscar su especificidad productiva y socioeconómica entre las experiencias de Corea del Sur, algunos países europeos y las transitadas por países abundantes en recursos naturales como Australia, Noruega o Nueva Zelanda (que lo son más que la Argentina en términos relativos). La articulación profunda de los sectores intensivos en recursos naturales y los de mayor valor agregado, intensivos en mano de obra y tecnología, constituye un camino posible. Construir capacidades tecnológicas en sectores industriales pero también en aquellos que no lo son tradicionalmente (biotecnología, servicios como el software y desarrollos vinculados a la electrónica) nos ayudaría a apuntalar el crecimiento de largo plazo.

Pensar una estrategia de este tipo requiere de fuertes consensos internos para dar la discusión en el plano internacional, donde nadie regala espacios para el desarrollo. El rol de las compras públicas, una política comercial activa, inteligente y sofisticada de largo plazo, la creación de una banca de desarrollo y el diseño e implementación de un programa coordinado que articule políticas de infraestructura, industrial, tecnológica y comercial deben ser un punto de partida de esta nueva etapa. Argentina sigue teniendo un conjunto de fortalezas que la ponen un paso adelante en la región: tecnología de punta en diversas ramas industriales, capacidad empresaria y mano de obra calificada, instituciones y empresas públicas capaces de potenciar la actividad y la inversión productiva (YPF, Invap, Arsat, Conea, CNEA, entre otras) y recursos naturales estratégicos que constituyen pilares sobre los cuales trazar un horizonte con más desarrollo.

* Economista jefe - CEU - UIA. Vicepresidente SIDbaires.
** Presidente de SIDbaires.


Original: Página 12

5 jun. 2015

Mark Lavoie at the BCRA's Conference in Buenos Aires

Rethinking Macroeconomics Theory in Light of the Crisis


To see presentation here



Aggregate demand and the slowdown of Brazilian economic growth in 2011 - 2014


We posted a preliminary work from our colleagues  Franklin Serrano and Ricardo Summa about the recessionary conditions in the Brazilian economy. The work is a continuation of one published in the Revista Circus 5 (Spanish)
La Desaceleración Rudimentaria de la Economía Brasileña. 
Ricardo Summa also exhibited in Buenos Aires on the same subject in 2012. Here







1. Introduction

The Brazilian economy experienced a period of faster growth from mid-2000s to 2010, after nearly a quarter-century with very little growth in GDP per capita, due both to a major change in external conditions combined with a smaller but very important change in the orientation of domestic macroeconomic policy. The average growth of GDP in the period 2004-2010 was 4.4%, slightly more than twice that observed in period 1995-2003 (Serrano & Summa, 2012)1. However, the average growth rate of the period 2011-2014 drop considerably to 2,1% and in 2014 the economy grew close to zero (0,1%). 

The purpose of this paper is to argue that this sharp slowdown in the growth rate of the Brazilian economy since 2011 can be explained predominantly as due to changes in the orientation of domestic macroeconomic policy, rather than to changes in the external conditions of trade and finance. Moreover, we shall argue that, as the economy was neither constrained by foreign exchange nor by the general scarcity of labor or capital, these changes in macroeconomic policy led to a substantial decrease in the rate of growth of aggregate demand and are chiefly responsible for the lower growth of both output and business investment.

In the period 2004-2010, after the marked improvements in external trade and financial conditions since 2003, the government gradually (and initially with some hesitation) took responsibility for directly generating growth through the expansion the domestic market. This was done through a series of policy measures boosting aggregate demand in order to promote economic growth, measures which were quite successful in attaining it. However, since 2011, despite the continuity of the ease in financing the large current account deficits, the government changed the orientation of macroeconomic policy. The new strategy was first to make space and then provide macroeconomic incentives for the private sector to lead the growth of investment and of the economy. This was done in two phases. The first was through a strong and deliberate contraction in aggregate demand growth rates in 2011 (whose effects lasted until 2012), including a very large reduction in public investment, to open space for the presumed private investment and export boom that was expected to come with lower interest rates and an exchange rate devaluation. As investment and exports did not respond to these interest and exchange rate changes and the exchange rate devaluation began to accelerate inflation, interest rates were increased again. After that the government tried to revive private sector investment mainly through large tax breaks to firms, hoping for the private sector to respond by expanding investment and aggregate demand. As the measures taken since mid-2012 did not significantly increase final aggregate demand (increasing neither the internal nor the external market), private investors naturally found no reason to expand investment and in the end the new strategy reduced considerably the growth trend of the economy. 

The contraction of the Brazilian GDP growth rates since 2011 was sudden and considerable. After growing 7.6% in 2010, the Brazilian economy grew 3.9% in 2011 and only 1.8% in 2012. Growth increased modestly to 2.7% in 2013, but the economy entered in technical recession (two consecutive quarters of negative growth) in 2014 and grew only 0.1% in this year. In addition, manufacturing industry exhibited the same pattern: average growth rates of 3,6% in 2004-2010 and -0,9% in 2011-2014. Finally, formal employment creation was on average 1,46 million jobs a year in 2004-2010, which was reduced to 829 thousand 2011-2014 and only 152 thousands in 20142. 

Our argument will proceed as follows. Section 2 and 3 discuss, respectively, the possible role of external and internal causes of this marked reduction in growth rates. Section 4 critically evaluates both the initial policy decisions made to supposedly make space for growth in 2011-12 and the phase of stimulus through incentives to investors since 2012. Brief final remarks will be made in section 5.



 1 This happened with inflation near the target and with improvements in income distribution (personal and later also functional) and a large reduction in poverty rates (see also Barbosa-Filho and Souza (2010), Vernengo (2011), Hallack Neto and Saboia (2014)). See also Weisbrot et alli (2014) for an overview of the recent Brazilian economic and social performance.  



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4 jun. 2015

Prof. Carlos Medeiros: Crisis Económica Brasileña, Causas y Perspectivas





Posteamos la exposición del Profesor Carlos Medeiros de la Universidad Federal de Rio de Janeiro en portugués, sobre las causas de la crisis económica que desde el 2011 afecta al Brasil, y que este año se han acentuado, en base a políticas de ajuste del gasto público y del cambio de idea desde un  crecimiento inducido por el gasto e inversión pública, para dejarlo en manos del sector privado. Mas abajo el video a partir del minuto 34:30




29 may. 2015

Eduardo Crespo: Perfomance macroeconómica del Brasil




En diálogo con El Economista, Eduardo Crespo, economista e investigador de la Universidad Federal de Río de Janeiro (UFRJ), reseña los desafíos que enfrenta el Gigante Sudamericano y sugiere algunos caminos para que vuelva a crecer.

La última encuesta Focus, realizada semanalmente por el Banco Central de Brasil (BCB), proyecta que el PIB caiga 1,2% este año, con una industria cayendo nada menos que 2,8%. De confirmarse, esta sería la mayor caída de los últimos veinticinco años. ¿A qué se debe esta pobre performance?
En las actuales circunstancias, una caída de 1,2% sería una muy buena noticia. Debe tenerse en cuenta que este año la economía brasileña está recibiendo el shock de una significativa devaluación que se suma a un severo ajuste fiscal. El Gobierno ya dispuso un fuerte tarifazo de los servicios públicos y el Banco Central sigue aumentando la tasa básica de interés. Los bancos estatales como la Caixa Econômica Federal y el BNDES, que otorgan créditos para la vivienda y la inversión, reducirán sus volúmenes de préstamos y restringirán sus condiciones de financiamiento, al tiempo que la mayoría de los salarios y prestaciones sociales no serán ajustados por la inflación, que esté año aumentará bastante por encima de la meta del 6,5%. Este cuadro indica que los salarios van a caer y el desempleo aumentará, como ya lo señalan los últimos informes, con el consiguiente impacto sobre el consumo, que se encuentra estancado por el elevado nivel de endeudamiento familiar. En el frente externo debe agregarse la caída de los términos de intercambio de las exportaciones y un eventual (aunque lejano) aumento de las tasas de interés internacionales. Y por si todo esto fuera poco, la principal empresa del país, y responsable por una porción significativa de las inversiones, Petrobras, se encuentra sumida en un escándalo de corrupción que paralizó buena parte de sus actividades y proyectos de expansión. A todas esta noticias debe agregarse que el Gobierno enfrenta una severa crisis política seria, con rebeliones varias de sus aliados en el Parlamento y amenazas de juicio político a la Presidenta incluidos.

¿El ajuste que realiza Brasil está creando las condiciones para volver a crecer, como sugirió el ex presidente del BCB Henrique Meirelles o está prolongando el estancamiento secular que atraviesa Brasil desde 2011?
Algunos analistas apuntan que en el Gobierno brasileño prevalece la falacia de que volverá a suceder lo ocurrido al inicio del primer gobierno de Lula. En aquel entonces, luego de la leve desaceleración inicial de 2003 (la economía creció 1,2%), producto del severo ajuste fiscal impulsado por el ministro Antonio Palocci, al año siguiente la economía volvió a crecer 5,7%. La interpretación oficial fue que el ajuste generó confianza y credibilidad, impulsando las decisiones de inversión. La verdad es muy distinta. Por un lado, a diferencia de la actualidad, la economía en 2002 estaba experimentando una recuperación que fue apenas interrumpida por el ajuste. Por otro, y principalmente, a partir de esas fechas Brasil, como toda la región sudamericana, fue favorecido por el conocido viento de cola resultante de una espectacular suba de los términos de intercambio y la baja de las tasas de interés internacionales. A eso debe agregarse que a partir de 2004 en Brasil se relajaron las condiciones de crédito para los sectores de bajos ingresos en el marco de una política de elevación del salario mínimo, hecho que se tradujo en un fantástico aumento del consumo.

¿Cuál debería ser la agenda de la política económica para volver a crecer?
Brasil tiene un gran déficit en materia de infraestructura. A los problemas señalados antes debe agregarse que el país se encuentra ante el riesgo crónico de sufrir un apagón energético, que puede ser muy severo si la economía vuelve a crecer a tasas razonables. La escasez de agua en el estado de San Pablo, con cortes diarios y racionamiento, son un testimonio de la situación general. Desgraciadamente las políticas fiscales contractivas casi siempre afectan en primer lugar a la inversión pública, porque es la que tiene menos repercusiones políticas inmediatas. Pero esta situación se torna insustentable cuando durante toda una década el consumo crece en forma ininterrumpida. A modo de ejemplo, en 2003 había en Brasil 23 millones de autos. Hoy hay 46 millones, pero la infraestructura urbana no se modificó. No se construyeron subterráneos ni se ampliaron las líneas de trenes. ¿Consecuencia? Colapso generalizado del tránsito. Brasil necesita impulsar la inversión pública y recuperar sus exitosas políticas industriales de antaño. Otro año complicado en materia económica para Rousseff.

Original: ACA