El viejo Almacén. BsAs

Surplus Approach

“Es necesario volver a la economía política de los Fisiócratas, Smith, Ricardo y Marx. Y uno debe proceder en dos direcciones: i) purgar la teoría de todas las dificultades e incongruencias que los economistas clásicos (y Marx) no fueron capaces de superar, y, ii) seguir y desarrollar la relevante y verdadera teoría económica como se vino desarrollando desde “Petty, Cantillón, los Fisiócratas, Smith, Ricardo, Marx”. Este natural y consistente flujo de ideas ha sido repentinamente interrumpido y enterrado debajo de todo, invadido, sumergido y arrasado con la fuerza de una ola marina de economía marginal. Debe ser rescatada."
Luigi Pasinetti


ISSN 1853-0419

Entrada destacada

Presentación en Feria del Libro: Piero Sraffa - Los Fundamentos de la Teoria Clásica del Excedente

Posteamos la presentación en la Feria del Libro de "Piero Sraffa-Los Fundamentos de la Teoria Clásica del Excedente, de Alejandro...

8 may 2021

Los problemas del medioambiente y las concepciones liberales ¿pueden resolverse sin un Estado fuerte e interventor?

 



 

Por Eduardo Crespo* y Alejandro Fiorito **

 

Los desafíos medioambientales serán quizás el tema de mayor relevancia para la humanidad durante lo que resta del siglo XXI. Las posibilidades de que los problemas ambientales se agraven son significativas y no se visualizan condiciones políticas y medios institucionales adecuados para revertir la tendencia al deterioro. La creciente polarización ideológica y religiosa en Occidente, así como la naturalización de políticas consistentes en instalar la desconfianza contra toda intervención gubernamental apelando a técnicas de manipulación de masas y campañas moralizadoras, nos permite imaginar que será sumamente difícil adoptar las medidas de acción colectiva que la hora demanda.

Cuando se instala la sospecha hacia la ciencia, como lo hizo el trumpismo en EEUU, se puede desconfiar también del ‘presunto’ cambio climático, del derretimiento de los polos, de la reducción de la biodiversidad. Al fin al cabo, como ya la señalaba Adam Smith en el siglo XVIII, cuando la especialización extrema que nos impone la división del trabajo no es compensada con cierto universalismo enciclopédico por el sistema educativo, podemos ser completamente ignorantes en todo, exceptuando nuestra especialidad. En nuestra vida cotidiana nos topamos con pocas prevenciones intelectuales contra el terraplanismo, el creacionismo y el fanatismo ideológico y religioso. 

La política de la desconfianza se puso en evidencia, una vez más, durante la pandemia. En Argentina la oposición militó contra la “vacuna rusa”, en otras latitudes la sospecha recayó en la ‘vacuna china’, el bolsonarismo en Brasil hizo lo propio contra todas las vacunas. Los  mismos economistas y analistas políticos que erraron todos sus diagnósticos (y políticas) durante los últimos años, abusando de gráficos y estadísticas se abocaron a combatir las  previsiones de ANMAT y la mayoría de los epidemiólogos. En todo Occidente observamos resistencias enormes contra las imprescindibles medidas de aislamiento social. Los resultados están a la vista cuando comparamos el número de muertos y afectados con lo ocurrido en sociedades sometidas a presión (y disciplina) de guerra como Israel y los países de Asia Oriental. En este cuadro, ¿podemos esperanzarnos de que gobiernos y organizaciones internacionales podrán sobreponerse a intereses particulares para impulsar agendas ambientales de carácter global?

En América Latina, y en Argentina en particular, es cuadro es paradójico. Por un lado, quienes se oponen a los diagnósticos científicos y las medidas para preservar el medioambiente pertenecen, como ocurre en todas partes, a la derecha tradicional y cuentan con el apoyo de aquellos que se apropian de tierras a través de la deforestación, como en Brasil, o de quienes ven reducida su rentabilidad ante eventuales medidas ambientales. Por otro lado, los grupos ambientalistas de la región, integrados mayoritariamente por militantes progresistas y de izquierda, no contraponen a estas tendencias una visión fundada en la ciencia que busque fortalecer las imprescindibles capacidades estatales para enfrentar estos problemas. Desde que la URSS y varias otras tentativas de transformación revolucionaria comenzaron a mostrar síntomas de decaimiento, en la década de 1970, una parte significativa de la izquierda mundial abrazó concepciones románticas que desconfían del cambio técnico y desdeñan resultados científicos. La vieja concepción marxista de que la emancipación social debe buscarse en el desarrollo de las fuerzas productivas fue reemplazada por un hippismo emocional que se desentiende de la viabilidad política y menosprecia la consistencia económica. Representan una rémora que se remite una y otra vez a la posición decimonónica a la Mary Shelley sobre la pretensión prometeica del científico.

Entre quienes se movilizan por causas ambientalistas en Argentina abundan los militantes del decrecimiento (¡en un país que se cuenta entre los que menos crecieron en el mundo en décadas!), post-colonialistas que desdeñan el desarrollo económico como un ‘mito’ europeo, expertos en respiración y astrólogos. Lo que tienen en común es desconocer que la peor política ambiental es aquella que conduce al subdesarrollo. Compare el lector los efectos de cualquier catástrofe natural, por ejemplo, un terremoto en Haiti, India o Paquistán, con el mismo fenómeno en Chile, Italia o Japón. ¿Donde mueren decenas de miles de personas y se desmoronan infraestructuras que demoran décadas en repararse?

Parte del ambientalismo argentino se opone con irracionalidad a los transgénicos, cuando desde el neolítico venimos modificando plantas y animales, rechazan los agroquímicos cuando la mayor parte de la humanidad se alimenta gracias a ellos, se oponen a la minería cuando debería ser evidente que sin minería no habría industria y sin industria sería  imposible el desarrollo económico moderno y todas las mejoras experimentadas por la humanidad en los últimos 200 años, en términos de pobreza, esperanza de vida, salud, alfabetización, saneamiento, etcétera. Por un conservadurismo tecnológico espontáneo adoptan un “principio de precaución” radical en clave siempre ideológica: “por las dudas que no se haga” dicen… total ellos ya integran la clase media y no tienen que batallar por empleos, lugares donde vivir, condiciones dignas para sustentar a sus hijos. A modo de ejemplo, Argentina está en condiciones de auto-abastecerse de uranio. Ver Luis Lopez de CNEA https://www.youtube.com/watch?v=yAbkb-5gbQ8 Sin embargo, lo estamos importando porque grupos ecologistas y algunos medios de comunicación, sin siquiera mediar un estudio de impacto ambiental, frenaron la explotación. Interrumpieron, por ejemplo, operaciones en la mina Amarillo Grande, Rio Negro, una explotación pequeña de una profundidad máxima de 30 metros que proveía nada menos que al mayor orgullo tecnológico de nuestros abortados esfuerzos desarrollistas de antaño: el INVAP.

A nuestros problemas ambientales no los van a resolver la magia del mercado ni el emprendedorismo privado. Tampoco podrán hacerlo ONGs financiadas por embajadas o asociaciones de agricultores europeos. En vano podemos esperar soluciones de grupos minoritarios especializados en reclamar subvenciones estatales con grandilocuencia revolucionaria. Sólo un aparato estatal organizado y dotado de fuertes capacidades de intervención, con poderes represivos para punir a quienes lucran destruyendo el medioambiente, e infraestructurales para inducir la cooperación ciudadana, podremos enfrentar los retos ambientales futuros. Para eso es necesario que el Estado pueda cobrar impuestos, disponga de capacidad para financiar infraestructuras, promueva exportaciones, induzca la substitución de importaciones, por ejemplo, explotando nuestro petróleo no-convencional y nuestro uranio, permita e impulse proyectos que generen empleos bien remunerados y oportunidades de movilidad social para la mayoría de la población. Todas estas condiciones requieren un Estado con capacidad de planificación y organismos con personal calificado para evaluar proyectos, especialmente aquellos que tienen daños ambientales potencialmente elevados. El desarrollo de estas actividades debe quedar a cargo de instituciones responsables y dotadas con recursos para realizar estudios fundados en la ciencia. No podemos dejar que nuestras magras posibilidades de desarrollo y nuestro medioambiente queden a merced de campañas de moralización en base a fake news, caranchos y oportunistas políticos. 

 

* Profesor de la Universidad Federal de Rio de Janeiro (UFRJ) y la Universidad Nacional de Moreno (UNM)

** Profesor de la Universidad Nacional de Moreno (UNM) y Universidad de Buenos Aires (UBA)

 original

26 abr 2021

Seis lecciones de economía de Sergio Cesaratto

Ha salido el libro de Sergio Cesaratto en la versión española, de la traducción que originalmente hicieramos desde la Universidad Nacional de Moreno. El libro es un verdadero aporte a la divulgación de la economía política a todo nivel. 
Como en aquella ocasión, reproduzco aca el prólogo de la versión argentina.
 
 "La llegada de un libro de economía inicial que no provenga de la ortodoxia marginalista es siempre un gran motivo de celebración académica y científica. Que además se haya traducido al español, es doblemente feliz dado que para la región, aún hoy el idioma es un filtro importante. Permite ampliar su llegada al mundo hispanoparlante para comenzar a difundir una visión alternativa en un mundo con presencia omnímoda de los manuales de economía marginalista. En definitiva permite posicionarse mejor para disputar los contenidos convencionales curriculares desde los conceptos básicos y desde el inicio de la carrera de economía… “antes que se vuelvan profesores” como sentenciaba sabiamente Joan Robinson en 1953. Y hay que remarcar la importancia de que sea un libro inicial de economía anclado en la visión clásica del excedente. Es al día de hoy y sin exagerar, tanto o más importante que uno destinado a temas avanzados: marca una diferencia profunda en la posibilidad de formar un núcleo crítico de economistas que puedan pensar la sociedad desde otra visión económica y política. Que logren instalar problemas ignorados en la corriente principal económica. Que puedan, en definitiva, argumentar y dar diagnósticos desde la teoría económica sin que “los manden a estudiar economía” o que meramente se descarten con el mote de “populista”. El libro de Cesaratto parte de una visión clásica del excedente (surplus approach) que es el otro filón teórico troncal frente al otro marginalista. Cronológicamente anterior al marginalismo (1870) la teoría clásica de los precios fue convertida y confundida por la literatura económica vulgar de esa época, a partir de autores que sin solución de continuidad cambiaron los modelos originales de Ricardo con tierra y trabajo por otros de capital y trabajo. Tan es así que se terminó asignando tanto a Smith como a Ricardo planteos impropios y causalidades teóricas marginalistas sin evidencia textual. El resultado de esta mistificación teórica “neoclásica” la descubre Piero Sraffa no sin sorpresa. De hecho en 1927 comienza un giro teórico hacia la reivindicación de la teoría del excedente que culminará luego de casi 30 años de profundos y esforzados estudios en 1960, con su obra principal “Producción de mercancías por medio de Mercancías”. En todos esos años las únicas personas de consulta fueron dos matemáticos[1]. Su evolución intelectual lo terminó llevando a la reivindicación de Marx dentro de esa teoría del excedente con la resolución del problema de los precios de producción resueltos simultáneamente con la tasa de ganancia. Dicha obra repercutió en un doble movimiento: por el lado crítico finalizar un debate con la visión marginalista, mostrando que no puede hablarse de una “cantidad de capital” sin conocer exógenamente la distribución del ingreso Garegnani (1987). Por el otro lado, demostrar que existe otra teoría para la deducción de los precios relativos y la tasa de ganancia y así habilitar un desarrollo propositivo de lógica coherente que continúe con los autores clásicos del siglo XIX para explicar la economía política con pertinencia empírica. Al ser la clásica, una teoría general (deductiva) de los precios, sirve de fundamento alternativo al marginalismo. Otros posibles cierres teóricos compatibles como el principio de la demanda efectiva en el largo plazo con base en la obra de Keynes y Kalecki forman ya parte de su teoría de la acumulación de los economistas clásicos contemporáneos. Garegnani (1962). O bien la monetaria con base en el cartalismo de Abba Lerner, etc. Al ser un sistema abierto puede incorporar “hechos estilizados” que suelen ser ignorados o mistificados causalmente por un ecuménico principio de sustitución factorial convencional. Fuera de esto se encuentra la visión convencional con el principio de sustitución factorial que es la columna vertebral del pensamiento marginalista dominante. La teoría del excedente en que se basa la explicación de los precios y la distribución clásica (y no por “oferta y demanda”), junto al principio de la demanda efectiva conforman una explicación coherente y abierta de la macroeconomía a la determinación histórica y social de la distribución del ingreso. El enfoque clásico-keynesiano adquiere relevancia al ser un cierre del sistema clásico que de esa manera destierra la ley de Say presente los marginalistas hasta la actualidad.[2] En suma este es un valioso libro de divulgación de fácil lectura que ayuda al debate de ideas en economía desde los hombros de gigantes del pensamiento económico como Piero Sraffa y Pierangelo Garegnani, y que se abre ahora para estudiantes y profesores de economía como también para legos en la materia con la traducción al español". 
 
Alejandro Fiorito Profesor de Política Económica de la Universidad Nacional de Moreno. 
[1] Frank Ramsey y A.S. Besicovitch 
[2] Si bien en Ricardo también asumió la ley de Say en que la oferta genera su propia demanda, no supone la consideración de la existencia de pleno empleo del trabajo como situación normal. 
 
 
 

20 nov 2020

Leer a Piero Sraffa es necesario para entender la economía # Sraffa60

 por Andrea Galeotti

Doctoranda en Università di Siena. 

 

 



Hace 60 años entró en las librerías "Producción de Merci a Mezzo di Merci", obra fundamental de Piero Sraffa. No nos detendremos en el papel crucial que desempeña Sraffa en la crítica de la teoría marginalista y la controversia sobre el capital, también conocida como la "controversia entre los dos Cambridge".

Este es, con razón, el aspecto por el que es más famoso, a pesar de la damnatio memoriae de la contribución sraffiana a la teoría económica por parte de la llamada teoría dominante (léase, marginalista), como Giorgio Lunghini (quizás también) escribió pesimistamente en "Conflitto Crisi Unertezza" [1]. De hecho, esta es probablemente la razón que nos lleva a cada uno de nosotros a estudiar Sraffa.

Sin embargo, queremos enfatizar aquí otro aspecto de la relevancia inmortal de la contribución de Sraffa. De hecho, nuestra reflexión encaja perfectamente en los debates que, en aras de la brevedad, podemos agrupar en una única gran macrocategoría: definiciones y métodos de la ciencia económica.

En sus "Conferencias avanzadas sobre la teoría del valor" [2], antes de pasar directamente al estudio de la teoría del valor, Sraffa cree oportuno dar a sus alumnos una introducción más genérica. Esto no es más que una premisa metodológica fundamental, al menos según Sraffa, para emprender el estudio de lo que antes, y hoy cada vez menos, se definía generalmente como economía política.

En primer lugar, nos dice Sraffa, “para comprender la teoría moderna del valor es necesario conocer su historia” (D2.4.3.f.1).

Más precisamente, Sraffa sugiere dos razones principales por las que se debería estudiar la historia de la teoría del valor (leyes, historia de la economía política). La primera, que considera obvia, es la necesidad de conocer sus orígenes. El segundo, y más relevante, es que solo un estudio de su historia permite una comprensión consistente y completa del significado de la teoría en sí.

El estudio del origen y evolución de las doctrinas económicas, según Sraffa, no es tarea exclusiva de los historiadores del pensamiento económico. La historia de la economía política no es lo mismo que lidiar con las curiosidades, como a menudo nos hacen comprender la economía dominante. Al contrario, es, o al menos debería ser, un requisito previo esencial de cualquier análisis económico. Como comenta Sraffa, cada teoría está inevitablemente anclada a sus orígenes:

“Las teorías económicas, ya sean antiguas o modernas, no surgen simplemente por mera curiosidad intelectual […]. Se originan en problemas de carácter práctico que afectan a la comunidad y necesitan una solución ". (D2.4.3.F.2)

Al ser concebidos como teorías y no como meras creencias (u opiniones, o conjeturas), entonces, los argumentos que proponen para abordar estos problemas de carácter práctico (y para sugerir soluciones) están respaldados - y protegidos - por una forma de universalidad o, más modestamente, de generalización:

"Los intereses opuestos apoyan una solución u otra y adoptan argumentos teóricos o universales para demostrar que la solución que proponen cumple con las leyes naturales, o que se implementaría en el interés público, o en el interés de la clase dominante o cualquiera que sea la ideología dominante en un momento dado ". (D2.4.3.F.2)

 Sin embargo, si el origen de una teoría tiene sus raíces en preocupaciones de naturaleza práctica, no puede decirse lo mismo de la evolución posterior de la teoría. El economista (o estudiante), que emprende el estudio de una teoría en particular, se encontrará ante algo que ya ha pasado por varias etapas de desarrollo y, especialmente, ha alcanzado algún grado de generalidad (por no decir cientificidad, término que para las ciencias sociales debe usarse con la ponderación adecuada). Desde aquí, continúa Sraffa, se vuelve peligrosamente demasiado fácil ignorar (o simplemente olvidar) el vínculo entre una teoría dada y la praxis de la que se originó históricamente:

“Una vez que se han originado […], las teorías se transforman y se desarrollan de tal manera que se vuelven, en cierta medida, independientes de los intereses prácticos de donde se originaron; […]; en la mayoría de los casos, una teoría que se utilizó inicialmente en apoyo de una política particular adquiere gradualmente un carácter científico, es decir, se desprende del problema práctico del que se originó. Pero precisamente por eso la teoría adquiere mayor autoridad y es considerada como el resultado de una investigación imparcial”. (D2.4.3.F.2)

Es a partir de esta presunta autoridad, consolidada paulatinamente a través de la construcción de un aparato científico-teórico, que se desencadena un círculo vicioso: es precisamente esta "cientificidad" la que, de hecho, se utiliza siempre que se quiere apoyar u oponerse a una determinada política. Se genera en por tanto, una dinámica mediante la cual la teoría vuelve a la praxis pero con una autoridad incrementada que la hace más eficaz en los debates públicos, ya que ahora se presenta como un conjunto imparcial de "leyes naturales" de la economía desprovista de juicios de valor. Por supuesto, esta dinámica en sí misma legitima - y se utiliza a menudo para legitimar - la reducción de la historia de la economía política a un mero "registro de una serie de errores que han sido corregidos con éxito" (D2.4.3.f.1).

Por el contrario, con esta introducción a la teoría del valor, Sraffa pretende enfatizar que la ciencia económica es una ciencia social. La consolidación de la teoría marginalista como teoría dominante desde la segunda mitad del siglo XIX no debe entenderse, por tanto, como la solución a "una serie de errores" presentes en un Quesnay, un Smith o un Ricardo.

 En realidad, es la afirmación de otra teoría económica, una teoría del valor diferente que se funda y desarrolla lakatosianamente alrededor de un núcleo alternativo [3]. A pesar de su denominación común como teoría neoclásica, que implícitamente sugiere una cierta continuidad y desarrollo acumulativo de la teoría económica a la par de las ciencias naturales, la teoría marginalista, como preferimos llamarla, no hace superfluo el estudio de la economía política clásica o irrelevante. Y esto nos lo recuerda precisamente Sraffa, quien con su crítica [4] fue el primero en poder demostrar rigurosamente que el núcleo de la teoría marginalista es teóricamente infundado.

Notas:

[1] Lunghini, G. (2012) Conflitto Crisi Incertezza. La teoria dominante e le teorie alternative. Torino: Bollati Boringhieri. (pag. 86).

[2] Lectures on advanced theory of value given to students undertaking the economics tripos. Disponible en https://mss-cat.trin.cam.ac.uk/manuscripts/uv/view.php?n=Sraffa.D2.4#?c=0&m=0&s=0&cv=0&xywh=-937%2C-138%2C5381%2C2755 . . Las citas que se indican a continuación están traducidas del inglés personalmente por la autora, quien se declara la única responsable de los errores. El lector interesado puede consultar directamente el original.

[3] Para una breve introducción a las premisas teóricas que subyacen al enfoque marginalista, ver https://www.kriticaeconomica.com/alle-radici-della-teoria-marginalista-una-nota-teorica-parte-1/.

[4] Las dos principales críticas a la teoría marginalista son il Reverse capital deepening e il re-switching of technique que encontramos en Sraffa, P. (1960) “Production of commodities by means of commodities”.

 original


15 nov 2020

Pateando la escalera hacia el desarrollo

 



 

Por Eugenio Heinze, Fernando Córdoba, Hernán Cahais y Lucas Benitez


El ambientalismo chic desde hace unos años presenta una nueva narrativa que permitió una amalgama perfecta con algunas facciones de las nuevas izquierdas latinoamericanas del siglo XXI. Estas adoptan y llevan como estandarte, durante los últimos meses, una agenda abiertamente apocalíptica en torno a dos hechos que consideramos importantes para el desarrollo del país:

1. El acuerdo firmado con la República Popular China, que permitirá aumentar considerablemente la producción y exportación de carne porcina.

2. La autorización por parte del gobierno nacional a la producción y comercialización del trigo transgénico HB4 desarrollado por Bioceres, CONICET y Florimond Desprez.

En este marco, analizaremos lo que consideramos como el falso dilema entre ambientalismo - desarrollo, promovido por ciertos sectores que, en su afán verde, olvidan los condicionantes de la estructura social, económica y política de los países periféricos. Esto no quita que la cuestión ambiental no sea un tema importante que debe ser abordado por el conjunto de la sociedad, o que el desarrollo económico no tenga impactos en el ambiente. Simplemente, creemos fervientemente que no se puede caer en métodos de análisis ajenos a nuestra realidad.


Argentina-China: Acuerdo de producción de carne porcina

Según datos realizados por el Ministerio de Relaciones Exteriores, Comercio Internacional y Culto, el acuerdo prevé una inversión de US $3.800 millones que posibilitará un incremento del stock de madres de 300.000 cabezas en un plazo de 4 años y la creación de 9.500 nuevos puestos de trabajo directos -y otros tantos indirectos-.

El nuevo esquema de producción radica en el desarrollo de 25 granjas porcinas de 12.000 madres cada una. Estas serán unidades cerradas y autosustentables que deberán tener incluído plantas de elaboración de alimento balanceado, biodigestores (generación de energía y bio fertilizantes), criadero ciclo completo, frigorífico exportador, proceso sin laguna de efluentes, oficinas del Senasa y una Aduana en puerta.

De esta manera, se estima producir 882.000 toneladas de carne adicionales que tendrán como destino el mercado chino por un monto de US $2.500 millones anuales. Actualmente, la producción nacional de carne de cerdo ronda las 700.000 toneladas, un 250% superior al volumen producido en 2009, sin haberse registrado ningún desastre ambiental, sino más bien un ciclo virtuoso de inversión - consumo - empleo.

Un claro ejemplo de ello, son los datos suministrados por el Departamento de Agricultura de los Estados Unidos respecto al ranking de países productores de carne porcina, que por cierto, no presentan registros de problemas ambientales por dicha actividad. Por ejemplo, Daniel Schteingart (1) remarca el caso de Dinamarca, país cuya superficie es un séptimo de la provincia de Buenos Aires y en donde la faena anual de chanchos es de 18 millones, contra 6 millones que tiene hoy nuestro país. Y es el caso de Alemania, cuya superficie es similar a la de la provincia de Buenos Aires y en donde la faena anual de cerdos es 55 millones. En ninguno de estos casos, los países registraron problemas ambientales ni sanitarios.



Para concluir, surgen los siguientes interrogantes: ¿Sabrá el ambientalismo chic que la actividad porcina se triplicó desde el 2003 sin generar ningún problema ambiental?; ¿Sabrán que los países mencionados en el cuadro son de los principales productores de carne porcina?; ¿Por qué nosotros deberíamos dejar pasar esta oportunidad?; ¿Que es una falsa solución? Tal vez desde la comodidad de sus ONG`S sea fácil twittear, pero hay millones de personas que no cuentan con la misma suerte y continúan esperando su oportunidad.


Trigo Transgénico HB4, ¿Qué sucede con los agroquímicos?



En octubre pasado, el gobierno nacional publicó en el Boletín Oficial la Resolución N° 41/20, que aprueba la producción y comercialización del trigo transgénico HB4 tolerante a la sequía, desarrollado de manera tripartita entre el CONICET y las empresas Bioceres y Florimond Desprez.

Vale la pena aclarar, que una semilla transgénica es aquella que es producto de una modificación genética en su ADN al incorporarle génes de otro ser vivo. Como resultado, se obtiene una semilla que al ser sembrada y germinada permite obtener un mayor rinde por hectárea, siendo resistente a las inclemencias climáticas como la escasez de agua ó el aumento de la salinidad de los suelos.

Mientras tanto, cientos de intelectuales nacionales se manifestaron abiertamente en contra del uso del HB4 en Argentina. En una carta abierta le solicitaron al gobierno nacional que dé marcha atrás con la aprobación del trigo transgénico porque entienden que es un negocio para las corporaciones al mismo tiempo que transmite sustancias cancerígenas a los consumidores mediante el uso de agroquímicos.

En línea con lo expuesto en el párrafo anterior, muchas veces hemos escuchado hablar de la potencial capacidad tóxica del glifosato sobre el ser humano y el ambiente. Estos argumentos, que circulan en la opinión pública, se tornan caricaturescos cuando se los contrasta con los estudios científicos que demuestran la baja toxicidad del glifosato. Incluso, como señala José Miguel Mulet (2), esta es menor que la de una aspirina y sólo podría ser cancerígeno al ser utilizado en dosis muy altas, ya que pertenece a la categoría 2A del Centro Internacional de Investigaciones sobre el Cáncer (IARC). Esta categoría, por ejemplo, es la misma a la que se exponen los trabajadores de una peluquería o los tomadores de mate. Asimismo, el CONICET en un informe vinculado a la incidencia del glifosato en la salud humana y el ambiente realizado en el año 2009 señala: “cabe concluir que bajo condiciones de uso responsable (entendiendo por ello la aplicación de dosis recomendadas y de acuerdo con buenas prácticas agrícolas) el glifosato y sus formulados implican un bajo riesgo para la salud humana o el ambiente.” De esta manera, insistimos en que no hay problemas de toxicidad con el glifosato mientras se utilice correctamente.  


A modo de comentario final, los ambientalistas chic no deberían olvidar que el discurso del desarrollo sustentable es difundido por organismos internacionales que responden a potencias geopolíticas. Al respecto, realizamos una analogía entre el debate que plantea la nota con el trabajo del economista coreano Ha-Jon Chang “Patada a la escalera: la estrategia del desarrollo en perspectiva histórica”. En su análisis, el autor sostiene que el discurso del libre mercado responde a intereses de países que en sus orígenes fueron proteccionistas, y una vez logrado el desarrollo, pregonaron por el liberalismo, obturando el desarrollo productivo de países periféricos. En este sentido, entendemos que lo mismo sucede con el discurso del ecologismo quien intenta remitirnos a un modelo de producción orgánico- medieval.


Notas

(1) Director del Centro de Estudios para la Producción (CEP-XXI) en el Ministerio de Desarrollo Productivo de la República Argentina.

(2) Profesor titular de biotecnología (área de bioquímica y biología molecular) en la Universidad Politécnica de Valencia, Director del Máster de Biotecnología Molecular y Celular de Plantas (CSIC-UPV) e investigador en el Instituto de Biología Molecular y Celular de Plantas (IBMCP) un instituto mixto que depende del CSIC y de la UPV. Divulgador de temas relacionados con la biotecnología y la alimentación. Autor de "Comer sin Miedo" y "Medicina sin Engaños" (Destino) y de "Los productos naturales ¡vaya timo!" (Laetoli).


Sobre los autores

Estudiantes avanzados de la Licenciatura en Economía Política de la Universidad Nacional de General Sarmiento y miembros fundadores de El Multiplicador.

 

original : ACA

9 nov 2020

El Acelerador de la Inversión en Paraguay

 

 

 

Por: @elExcedente

Ante la estrepitosa caída de la actividad económica mundial debido a la pandemia, y la recesión que acusa al país, se utiliza una retórica en la que el sector privado debe ser “el motor” de la recuperación de la senda de crecimiento económico posterior. Con este discurso rimbombante, lo que se quiere decir realmente es que el Estado debe dar un paso al costado para generar una recuperación en la confianza y en las expectativas del sector privado. Es decir, debemos dejar al sector privado tranquilo y sin obstáculos para que “se anime” a invertir de nuevo. Este relato está muy bien representado en la opinión del ex Ministro de Industria y Comercio, Gustavo Leite, que enfatizó que se debe reducir el Estado y dar prioridad al sector privado en una reciente entrevista.

Esta frase se utiliza con más vehemencia cuando se critica a algunos sectores políticos que proponen subas impositivas progresivas para hacer frente a los gastos públicos de la crisis. La crítica argumenta que un aumento en los tributos será una barrera para que los privados inviertan, obstaculizando así la actividad económica y una recuperación. La solución para estos últimos pasa por mejorar “el clima de negocios”, mantener los impuestos bajos o inclusive reducirlos, disminuir la tasa de interés, simplificar trámites, etc. En otras palabras, que el Estado, directa o indirectamente, se encargue de aumentar la rentabilidad del sector privado a través de la disminución de sus costos, asumiendo que esto devendrá inevitablemente en más inversiones y así en la recuperación.

Otras visiones dentro de la misma línea también piensan que un programa de austeridad o, específicamente, de recorte de gastos “superfluos” del Estado, generará un choque de confianza en el sector privado, animándolo e incentivándolo a invertir. Por lo tanto, una política fiscal “responsable y prudente” de corte ortodoxo se vuelve también un determinante de la inversión privada. A esta política se la denomina comúnmente “austeridad expansiva”.

Si bien es cierto que el sector privado juega un papel fundamental en economías mixtas de mercado, no pretendemos discutir si el sector privado deberá actuar o no, porque la respuesta nos parece una obviedad. Lo que queremos discutir aquí es cómo actúa el sector privado, es decir, bajo qué incentivos se moviliza y específicamente cuáles son los determinantes para que invierta.  Afirmar que la inversión privada es determinada por la confianza y un mejor clima de negocios o, por otro lado, por el aumento de la demanda final, nos lleva a conclusiones diferentes, y por lo tanto, caminos distintos a la recuperación económica.

Demanda e inversión

Primero que nada, hay que definir a la inversión. Para eso es útil pensar en la “dualidad” de la inversión. La inversión es un gasto que moviliza la actividad en el corto plazo, pero también es un gasto que “crea capacidad”, es decir, genera bienes que son capaces de reproducir otros bienes, como una fábrica, una planta, una carretera, etc. En otras palabras, la inversión aumenta el PIB potencial, la capacidad máxima de bienes que puede producir nuestra economía.

Una vez dicho esto nos podemos encontrar a grandes rasgos con dos visiones de los determinantes de la inversión privada. Una de ellas, relacionada más al neoclasicismo o algunas corrientes keynesianas, sugiere causales de índole más “subjetivistas” que están dadas o son “exógenas”, dicho de otro modo, no depende de la actividad económica per se, sino que es algo externo a ella; aquí pueden entrar la confianza, las expectativas, el clima político, los animals spirits keynesianos, etc.

Por lo tanto, desde esta óptica la inversión es autónoma, depende de factores fuera de la actividad económica. Es muy importante aclarar que si la inversión tiene este comportamiento, es la demanda la que se ajusta a la capacidad creada por la inversión inicialmente, lo que quiere decir que la inversión determina una capacidad máxima de la economía y su utilización está dada por la misma capacidad o por la “oferta”. Aquí la inversión causa el nivel de actividad. También es importante aclarar que desde esta visión son posibles los “excesos de demanda” o cuellos de botella inflacionarios de pleno empleo.

Por otro lado, tenemos una segunda concepción del fenómeno, en la que la inversión no es exógena o autónoma, sino endógena. Se concibe a la inversión como inducida por la actividad económica o, mejor dicho, por el nivel de demanda efectiva: se invierte donde se espera vender mayores cantidades. Aquí, al contrario de la visión anterior, es la capacidad la que se ajusta a la demanda. En suma, se invierte cuando el producto crece, es decir, el PIB potencial se amplía cuando crece la economía o el PIB efectivo. Por lo tanto, el nivel de actividad es el que causa la inversión. De alguna forma, lo que quiere decir esta última explicación es que las economías que crecen, invierten, y no que las economías que invierten, crecen. Para este principio entonces, hay que crecer para invertir.

Para ponerlo en términos más simples, si comparamos el crecimiento de las economías al de un recipiente con agua que varía de tamaño (capacidad productiva) con un flujo (demanda efectiva) que también se altera, ¿crece primero el recipiente (la capacidad) y el contenido debe adaptarse, o crece primero el contenido (la demanda) y luego la capacidad se adapta? Si partimos de la primera visión de corte neoclásico, crece primero el recipiente (a través de la inversión autónoma, por la confianza o algo parecido) y luego se adapta el flujo de agua en él, dando lugar a la posibilidad del que recipiente se llene (ejemplo original aquí). Si partimos de la segunda visión, primero crece el flujo, que genera la inversión y posteriormente el recipiente se amplía.

A nuestro parecer, es la segunda visión, llamada “principio del acelerador de la inversión”, la que puede explicar de manera más robusta teórica y empíricamente la determinación de la inversión en economías de mercado. Una explicación más certera de la inversión nos ayudará a encontrar un camino o una política económica adecuada a la recuperación y a definir qué roles pueden jugar los distintos sectores e instituciones.

¿Cómo es que la inversión se ajusta a la variación del producto o a la demanda? Básicamente se puede explicar por el principio de ajuste del stock de capital, a través del cual la inversión va ajustando la capacidad productiva de la economía a la evolución de la demanda efectiva.  En base a este principio es que, dada la tecnología, las empresas desean instalar un stock de capital que provea una capacidad productiva que les permita atender los niveles esperados normales de demanda efectiva a lo largo de la vida útil del equipamiento con una cierta holgura de capacidad ociosa planeada, que sirve para atender los picos transitorios de demanda y/o aumentos inesperados en la tendencia de la demanda efectiva (Serrano).

En conclusión, la inversión puede ser explicada como un residuo de un factor acelerante, es decir, como consecuencia del crecimiento del producto, que a la vez está determinado por el crecimiento de la porción de demanda autónoma que no crea capacidad.

Por lo tanto, es la demanda efectiva la que genera el crecimiento de la capacidad productiva, es decir, el crecimiento de largo plazo a través del acelerador de la inversión. Se invierte donde hay demanda, y no por otro tipo de explicación como la confianza o las expectativas. Un “buen clima de negocios” es generado por coyunturas de rápido crecimiento de los gastos autónomos.

¿Cuáles son estos gastos autónomos que aceleran la inversión? Son los gastos que no dependen del ingreso corriente o no son inducidos por otro tipo de gasto. En este caso, podemos citar al gasto público, las exportaciones y el consumo autónomo (determinado principalmente por el crédito). En lo que respecta al gasto público, esto significa y abre la posibilidad de sostener procesos de crecimiento guiados por el Estado, con sus respectivas restricciones.

Inversión y producto en Paraguay

Si nos fijamos en los datos de Paraguay para probar parcialmente dicha teoría, es decir, si la inversión se mueve cuando se mueve el producto, una primera mirada al comportamiento de los datos de la inversión y el producto parecen indicar que las tasas de crecimiento de ambas variables se mueven de manera conjunta en el largo plazo. En el gráfico se observa el comportamiento de las series anuales de inversión en capital físico (serie en azul) y el producto (serie en rojo) para el periodo 1962-2018 de Paraguay. Un simple análisis econométrico nos muestra que ambas series están cointegradas. Puede afirmarse, de esta manera, que existe una relación de largo plazo entre la inversión y el producto, tal como se espera que ocurra por los efectos del acelerador de la inversión. (Puede consultar el desarrollo de la econometría aquí).

Gráfico 1. Evolución de las tasas de crecimiento de la inversión y el producto. Serie 1962-2018 (Fuente: elaboración propia a partir de datos del BCP).

Si, como se vio a lo largo de este artículo, la inversión dependiera de las variaciones esperadas de la demanda efectiva, y estas últimas, a su vez, dependieran de los cambios en los gastos autónomos que no generan capacidad, podemos plantear la siguiente interrogante: ¿Cómo se originará la demanda efectiva que justifique el aumento de la inversión en los periodos siguientes? Surgen aquí dos escenarios posibles. Uno de esos escenarios es el de esperar mayor demanda externa. Es decir, esperar que aumenten las exportaciones. Esta opción queda supeditada al crecimiento de los principales socios comerciales del país y la demanda que estos tengan por los productos locales.

El otro camino posible es que el Estado lidere el proceso de crecimiento impulsando el gasto público en los periodos siguientes. Esto requiere adoptar un enfoque de finanzas funcionales, en el que el objetivo principal sea el crecimiento económico. En este sentido, el gasto público, más que un elemento estabilizador en periodos recesivos, puede ser el principal motor de crecimiento. Este proceso puede inducir cambios en la inversión privada de manera a que se ajuste la capacidad productiva al nivel de utilización normal.

Conclusión: la demanda impulsa la inversión

En conclusión, una futura recuperación de la inversión debe entenderse como una recuperación del crecimiento de la demanda. No hay posibilidad de que un “aumento de la confianza” implique sistemáticamente un aumento de los gastos de inversión, a menos que exista un aumento de la demanda final que lo justifique (Braga & Lara, 2019). Por lo tanto, cualquier discurso que afirme que los impuestos frenarán la inversión privada, no tiene en cuenta que lo que realmente frena la inversión privada es la insuficiencia de demanda. Más allá de una rentabilidad positiva, la demanda impulsa la inversión.

Como dijimos, Paraguay tiene dos opciones para la recuperación de la inversión. O se aumenta el gasto público o aumentan las exportaciones, que no dependen de nosotros, sino del crecimiento del mundo. Lo más probable es que si el crecimiento de las exportaciones resulta insuficiente o mediocre, los gastos públicos tendrán que hacer mucho más que limitarse a “generar confianza”, y así fungir de “motor” de la recuperación.

Original: ACA

 

Trabajos citados

Braga, J., & Lara, F. (abril de 2019). ¿De dónde vendrá la demanda que justifique
 la recuperación de la inversión?

Serrano, F. (s.f.). Notas sobre el Ciclo, la Tendencia y el Supermultiplicador.

 

1 nov 2020

Cesaratto y Di Bucchianico: Del núcleo a los núcleos: enfoque del excedente, instituciones y sistemas económicos

 


Posteamos el ultimo trabajo de Sergio Cesaratto y Stefano Di Bucchianico, traducido por el Dr. Juan Enrique Giusti, Jujuy

El artículo pasa del "núcleo" de la teoría clásica de la distribución del ingreso de Garegnani a proponer una integración más profunda del concepto de excedente social y de las instituciones. Nuestra principal idea es que el excedente social no existe independientemente de las instituciones (u orden social) que supervisan su producción y distribución, a partir de las que prevalecen en la esfera de producción. En este sentido complementamos el enfoque del excedente con importantes ideas del enfoque polanyiano, de la arqueología económica y la antropología, pero también de autores sraffianos y de manuscritos de Sraffa. Inspirándonos en núcleo de Garegnani, consideramos también sus especificidades, este trabajo es una premisa para el diseño de diferentes “núcleos” económicos para diferentes sistemas económicos estilizados. 


1. Introducción (1)
Como es sabido, Sraffa (1951) y Garegnani (1960) revivieron el enfoque del excedente clásico que estaba “sumergido y olvidado desde el advenimiento del método 'marginal'" (Sraffa 1960, pág. v; Cesaratto 2019a). Desde el pensamiento preclásico temprano sobre las sociedades primitivas (Meek 1976), una aplicación generalizada del concepto de excedente económico también es apreciable en la antropología económica y arqueología. Muchos eruditos en estos campos también han sido muy influenciados por Karl Polanyi quien, sin embargo, era escéptico del enfoque clásico del excedente y concedió una importancia predominante a las instituciones frente a los mecanismos económicos que regulan la distribución del ingreso.

Tanto las instituciones como el enfoque del excedente tiene un papel principal en autores como Melville Herskovits (1895-1963) y Gordon Childe (1892-1957) entre los fundadores, respectivamente, de las disciplinas modernas de la antropología económica y la arqueología (por una breve reseña de su trabajo ver Cesaratto 2019b). Al explicar el consenso social en torno a la distribución del excedente social, Herskovits (1952) incorporó ideas del institucionalismo de Veblen, como el prestigio que reciben las clases dominantes de su riqueza. Childe (1936) puso en práctica el diseño de Marx de desarrollar una historia y ciencia comparada de las sociedades humanas y de su cambio (Earle 2015, p. 320; Testart 1988, págs. 3-4).2 Los economistas sraffianos también han atribuido gran relevancia a las circunstancias institucionales históricamente determinadas que regulan la producción y distribución del excedente social, aunque en la práctica este aspecto ha sido hasta ahora más bien pasado por alto por esta escuela.


Creemos que una integración más completa del enfoque del excedente clásico con una perspectiva institucional no solo es posible, sino también deseable para el progreso de la teoría económica crítica, y de la arqueología y antropología económicas (Cesaratto y Di Bucchianico 2020). El estímulo a esta integración data de hace algún tiempo del antropólogo Stephen Gudeman (1978, págs. 349, 365):
En resumen, Sraffa presenta a los antropólogos lo que les falta: una forma de conceptualizar y calcular la producción y la distribución, pero lo que pueden aceptar sólo con la condición de colocarlo dentro de un conjunto histórico y cultural determinado por las relaciones sociales. Parafraseando al filósofo, este es un método de búsqueda de una sociedad.


La investigación de sistemas económicos pasados y presentes es el campo de prueba práctica de esta integración, como lo demuestran muchos estudios en arqueología económica y antropología que utilizan ampliamente el concepto del excedente económico. Esta integración también estuvo muy presente en Marx, quien mostró un interés constante y no dogmático por la variedad histórica de sistemas económicos en las que las instituciones y la producción y la distribución del excedente social se combinó.
En el artículo, partimos de la representación de Garegnani de la estructura analítica de la enfoque del excedente, que definió el "núcleo" del análisis clásico. El núcleo de Garegnani solo se aplica a una economía capitalista en la que las relaciones económicas son predominantemente de relaciones de intercambio, y que están reguladas por los precios y la competencia. Este contexto institucional específico, en el que las interacciones socioeconómicas son principalmente de naturaleza impersonal, permite la identificaciones de relaciones económicas analíticamente bien definidas entre precios y distribución. En sistemas económicos antiguos, las interacciones socioeconómicas eran reguladas de forma limitada por los intercambios de mercado, más bien asumían la forma de relaciones personales (digamos entre el señor feudal y los siervos). Al respecto, Polanyi sostuvo que las relaciones económicas están desarraigadas en el capitalismo pero insertas en sistemas económicos anteriores. Cuando afirmamos que nuestro trabajo es una premisa para el diseño de diferentes “núcleos” económicos para diferentes sistemas económicos estilizados, somos muy conscientes de utilizar lo que un colaborador llamó una noción "extendida" o vaga del núcleo de Garegnani, mediante el cual destaca la estructura económica e institucional estilizada de sistemas antiguos. Lo predominantemente personal (y no de mercado) en las relaciones socioeconómicas en esos sistemas pueden complicar, pero deben no impedir tal intento.


De esta manera, pretendemos responder (eventualmente) a lo anteriormente mencionado por el antropólogo Stephen Gudeman para proporcionar lo que los antropólogos "carecen: una forma de conceptualizar y calcular la producción y distribución”, con la condición de “colocar dentro de un conjunto de relaciones sociales determinadas histórica y culturalmente”.

El artículo está estructurado de la siguiente manera: 

La sección 2 evoca la interpretación de Garegnani de la estructura conceptual del enfoque del excedente clásico en torno a lo que llamó el "núcleo" de la teoría. El enfoque de Garegnani está extremadamente abierto a la consideración de las instituciones, pero todavía subdesarrollado a este respecto, sobre todo porque está restringido al núcleo de algunas relaciones analíticas básicas relativas a una economía capitalista. 

En este sentido, la sección 3 contiene algunas ideas de reconocidos autores sraffianos, incluidos Richard Arena y Jean Cartelier, quienes señalan una extensión del enfoque del excedente a una variedad de formas. 

La sección 4 informa algunas críticas al enfoque del excedente de Polanyi y autores institucionalistas. Si bien agradecemos esta crítica, también destacaremos algunas de las limitaciones del enfoque polanyiano, en particular el privilegio deliberado de que este le asigna a la tradición, en la terminología de Marx, a la esfera de la circulación de mercancías en lugar de la producción. 

La sección 5 analiza lo que Wittgenstein llamó el "camino antropológico" de Piero Sraffa, la conexión necesaria que vio entre el excedente social y las circunstancias histórico-institucionales que rodean su origen - lo que Marx definió como el método de "abstracciones específicas" en contraposición al de “abstracciones genéricas”. La sección también informa sobre algunos de los comentarios críticos de Sraffa sobre Bronisław Malinowski. 

La sección 6 concluye comparando las explicaciones del origen concurrente del excedente y de la estratificación social proporcionada, respectivamente, por los arqueólogos económicos y economistas “mainstream”, y delinea algunas tareas de investigación futuras.


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CSWP 45 (October 2020)
    From the Core to the Cores: Surplus Approach, Institutions and Economic Formations
 

 1 Agradecemos a Tony Aspromourgos, Giancarlo Bergamini, Saverio Fratini, Gary Mongiovi y Massimo Pivetti por sus comentarios, consejos y críticas francas. Un agradecimiento especial a un colaborador anónimo quien se dirigió a nosotros para recalibrar (aunque no para cambiar) el argumento principal.

2 Si bien la preocupación social de la antropología es evidente, los arqueólogos también se preocupan por la organización social y económica de las sociedades antiguas. Como escribió Childe: “la arqueología tiene un contribución importante para hacer al estudio científico de las instituciones humanas” (Childe 2004 [1947], p. 90). El concepto de excedente es ampliamente utilizado por esta literatura. Particularmente cercano a la tradición clásica del excedente es el enfoque de "economía política" según el cual "los excedentes se produjeron por diversas razones y propósitos, y fueron utilizados de diferentes maneras en diferentes tipos de sociedades, dependiendo también de la política y el papel económico asumido por las élites” (Frangipane 2018, p. 677).

14 oct 2020

El virus de los “ecolochantas”

 


 por Claudio Scaletta

 

La información del avance de un acuerdo con China para aumentar las exportaciones de carne porcina fue tomada como bandera por la rama sectaria de las corrientes ecologistas. Frente a la esterilidad del debate generado resulta de vital importancia romper la construcción de la falsa dicotomía entre desarrollo y cuidado ambiental. Estar a favor del desarrollo no significa estar en contra del cuidado del medio ambiente, y estar a favor del cuidado del medio ambiente no debería ser la negación del desarrollo. Semejante contradicción no es una creación del ecologismo, sino de su rama sectaria, una corriente de banderas brumosas con profusa difusión gracias al potente respaldo de la “geopolítica”, palabra que refiere a las relaciones del poder internacional real y que suele utilizarse para evitar el uso de la más estigmatizada “imperialismo”. La hipótesis de este artículo, que intentará ser demostrada, es que bajo la apariencia de una buena causa las sectas ecologistas son una corriente de pensamiento reaccionario funcional al imperialismo. Se trata de un debate cuya magnitud excede largamente a lo que puede desarrollarse en un breve artículo, por lo que se propone un esfuerzo de síntesis.

  En una economía como la argentina existe un dato básico no incorporado al sentido común de la población: aumentar salarios, o pensando en el conjunto de la economía: aumentar la masa salarial, demanda dólares. Si se quiere avanzar en la inclusión social se necesita aumentar la provisión de divisas. La razón es que, dada la estructura productiva local, cuando aumenta el consumo aumenta la demanda de bienes y servicios que, o bien tienen una alta composición de insumos importados o son directamente importados, por ejemplo vehículos, electrodomésticos, electrónicos, viajes al exterior, etc. Sin embargo, mientras el nivel de importaciones depende del ciclo interno, es decir de la evolución del PIB, el nivel de exportaciones depende de la demanda del resto del mundo. Dada la estructura productiva local, cuando la economía crece, a partir de cierto punto las importaciones crecen mucho más rápido que las exportaciones lo que conduce a la escasez de divisas y, en consecuencia, a la inestabilidad macroeconómica. Por ello, los economistas de distintas corrientes suelen coincidir en la necesidad de aumentar las exportaciones, aunque no lo hagan en el para qué y cómo lograrlo. Sin meterse en esta discusión existe un consenso en que para crecer y desarrollarse se necesitan divisas y que para hacerse de divisas una de las vías más genuinas es aumentar las exportaciones y/o sustituir importaciones.

Original: ACA