El Viejo Almacen -Bs.As.

Surplus Approach

“Es necesario volver a la economía política de los Fisiócratas, Smith, Ricardo y Marx. Y uno debe proceder en dos direcciones: i) purgar la teoría de todas las dificultades e incongruencias que los economistas clásicos (y Marx) no fueron capaces de superar, y, ii) seguir y desarrollar la relevante y verdadera teoría económica como se vino desarrollando desde “Petty, Cantillón, los Fisiócratas, Smith, Ricardo, Marx”. Este natural y consistente flujo de ideas ha sido repentinamente interrumpido y enterrado debajo de todo, invadido, sumergido y arrasado con la fuerza de una ola marina de economía marginal. Debe ser rescatada."
Luigi Pasinetti


ISSN 1853-0419

29 may. 2015

Eduardo Crespo: Perfomance macroeconómica del Brasil




En diálogo con El Economista, Eduardo Crespo, economista e investigador de la Universidad Federal de Río de Janeiro (UFRJ), reseña los desafíos que enfrenta el Gigante Sudamericano y sugiere algunos caminos para que vuelva a crecer.

La última encuesta Focus, realizada semanalmente por el Banco Central de Brasil (BCB), proyecta que el PIB caiga 1,2% este año, con una industria cayendo nada menos que 2,8%. De confirmarse, esta sería la mayor caída de los últimos veinticinco años. ¿A qué se debe esta pobre performance?
En las actuales circunstancias, una caída de 1,2% sería una muy buena noticia. Debe tenerse en cuenta que este año la economía brasileña está recibiendo el shock de una significativa devaluación que se suma a un severo ajuste fiscal. El Gobierno ya dispuso un fuerte tarifazo de los servicios públicos y el Banco Central sigue aumentando la tasa básica de interés. Los bancos estatales como la Caixa Econômica Federal y el BNDES, que otorgan créditos para la vivienda y la inversión, reducirán sus volúmenes de préstamos y restringirán sus condiciones de financiamiento, al tiempo que la mayoría de los salarios y prestaciones sociales no serán ajustados por la inflación, que esté año aumentará bastante por encima de la meta del 6,5%. Este cuadro indica que los salarios van a caer y el desempleo aumentará, como ya lo señalan los últimos informes, con el consiguiente impacto sobre el consumo, que se encuentra estancado por el elevado nivel de endeudamiento familiar. En el frente externo debe agregarse la caída de los términos de intercambio de las exportaciones y un eventual (aunque lejano) aumento de las tasas de interés internacionales. Y por si todo esto fuera poco, la principal empresa del país, y responsable por una porción significativa de las inversiones, Petrobras, se encuentra sumida en un escándalo de corrupción que paralizó buena parte de sus actividades y proyectos de expansión. A todas esta noticias debe agregarse que el Gobierno enfrenta una severa crisis política seria, con rebeliones varias de sus aliados en el Parlamento y amenazas de juicio político a la Presidenta incluidos.

¿El ajuste que realiza Brasil está creando las condiciones para volver a crecer, como sugirió el ex presidente del BCB Henrique Meirelles o está prolongando el estancamiento secular que atraviesa Brasil desde 2011?
Algunos analistas apuntan que en el Gobierno brasileño prevalece la falacia de que volverá a suceder lo ocurrido al inicio del primer gobierno de Lula. En aquel entonces, luego de la leve desaceleración inicial de 2003 (la economía creció 1,2%), producto del severo ajuste fiscal impulsado por el ministro Antonio Palocci, al año siguiente la economía volvió a crecer 5,7%. La interpretación oficial fue que el ajuste generó confianza y credibilidad, impulsando las decisiones de inversión. La verdad es muy distinta. Por un lado, a diferencia de la actualidad, la economía en 2002 estaba experimentando una recuperación que fue apenas interrumpida por el ajuste. Por otro, y principalmente, a partir de esas fechas Brasil, como toda la región sudamericana, fue favorecido por el conocido viento de cola resultante de una espectacular suba de los términos de intercambio y la baja de las tasas de interés internacionales. A eso debe agregarse que a partir de 2004 en Brasil se relajaron las condiciones de crédito para los sectores de bajos ingresos en el marco de una política de elevación del salario mínimo, hecho que se tradujo en un fantástico aumento del consumo.

¿Cuál debería ser la agenda de la política económica para volver a crecer?
Brasil tiene un gran déficit en materia de infraestructura. A los problemas señalados antes debe agregarse que el país se encuentra ante el riesgo crónico de sufrir un apagón energético, que puede ser muy severo si la economía vuelve a crecer a tasas razonables. La escasez de agua en el estado de San Pablo, con cortes diarios y racionamiento, son un testimonio de la situación general. Desgraciadamente las políticas fiscales contractivas casi siempre afectan en primer lugar a la inversión pública, porque es la que tiene menos repercusiones políticas inmediatas. Pero esta situación se torna insustentable cuando durante toda una década el consumo crece en forma ininterrumpida. A modo de ejemplo, en 2003 había en Brasil 23 millones de autos. Hoy hay 46 millones, pero la infraestructura urbana no se modificó. No se construyeron subterráneos ni se ampliaron las líneas de trenes. ¿Consecuencia? Colapso generalizado del tránsito. Brasil necesita impulsar la inversión pública y recuperar sus exitosas políticas industriales de antaño. Otro año complicado en materia económica para Rousseff.

Original: ACA

Escuela de Invierno en Tópicos de Economía Heterodoxa

 Posteamos la inscripción a la segunda edición de la escuela de invierno en Tópicos de Economía Heterodoxa a realizarse a fines de Julio en el marco de las actividades de la Maestría en Desarrollo Económico de la UNSAM.



28 may. 2015

Importancia de los estudios clásicos

Posteamos un trabajo que nos envió el profesor Alfonso Vadillo de la UNAM





...porque la noche es siempre el mar de un sueño antiguo
                                  Xavier Villaurrutia (1953: 41)








Alfonso Vadillo[1]
Febrero de 2015

I Clásicos de la literatura y aportaciones clásicas en las Ciencias Sociales

El gran teatro de la humanidad cuenta la historia de las bellas letras, de la cultura acumulada, donde los clásicos protagonizan un diálogo universal eterno que habita los libros (Gregorian, 2002:1,3). Gaston Bachelard (1972: 33) se preguntó si: “¿el paraíso no es una inmensa biblioteca?” Lo ignoramos; en la Tierra el libro es el fruto de nuestra evolución intelectual desde Egipto, Grecia, China, India y tantas otras geografías. El libro lleva un mensaje, tiene un destino, un más allá, que trasciende a quien lo escribe y su pensamiento vive cuando el autor ha muerto. 

1 Los clásicos

La ligereza en el uso de la noción “clásico” contrasta con la ausencia de un criterio que nos permita hablar con precisión. Se consideran clásicos el Pinocho de Carlo Collodi, las fábulas de Charles Perrault y los cuentos de los hermanos Grimm, pero es difícil aceptar que sean clásicos en el sentido de La Divina Comedia de Dante Alighieri o el Orlando el furioso de Ludovico Ariosto. La incertidumbre consiste en la dificultad de evaluar y catalogar a los clásicos, se desafían como en La batalla de los libros de Jonathan Swift (1979). Con su autoridad literaria, Thomas Stearn Eliot (1994) se preguntó “¿Qué cosa es un clásico?”. En mi opinión su respuesta es inaceptable, parcial, consistió en postular a Virgilio (Publius Vergilius Maro) como el clásico “supremo” y su civilización superior a la antigua Grecia de Homero. Para Eliot (1994:72) solamente la Eneida había dado un sentido de dignidad al mundo y un significado a la historia.
1-1 Mann y Borges

La montaña mágica de Thomas Mann (1973) surgió como un clásico -menos ágil que Los
 Buddenbrook, 1976-, sus novedades tecnológicas, como las de Julio Verne, palidecen ante el chip y al biotecnología. No obstante, pervive Hans Castorp, el joven ingeniero de Hamburgo protagonista de La montaña -que Sergio Pitol (2005) convirtió en Pradera-, y no porque sea la imagen del ni ni ocioso de las élites de otro tiempo sino, tal vez, porque muchos llevamos dentro el contraste entre Nafta el jesuita judío y el humanista Settembrini.
En un reflexivo ensayo, Sergio Carlos Pastormerlo (1997) afirma que Borges no creía en los clásicos. Subraya que en su ensayo “Sobre los clásicos” (Borges, 1941) escribe: No importa el mérito esencial de las obras canonizadas; importan la nobleza y el número de los problemas que suscitan, Borges agrega que este criterio “no resulta adecuado para todos los clásicos”. En sus Obras Completas (1974: 772), en Otras inquisiciones [1952] aparece un apartado con el mismo título, y reitera que “Clásico no es un libro que necesariamente posee tales o cuales méritos”. Según Pastormerlo los escritos difieren pero ambos textos niegan “un valor inmanente en los textos”. La ambigüedad borgiana del término clásico está ya en 1931, cuando escribe que en la lectura de un clásico “la primera vez es ya la segunda, puesto que los emprendemos sabiéndolos. La precavida frase común de releer a los clásicos, resulta de inocente veracidad” (Borges, 1975: 163).
Pese a sus dilemas, Borges es ya un clásico. La “libre elección” moderna sugiere en Los senderos que se bifurcan, que tenemos siempre disyuntivas. Es una idea o sensación que forma parte del pensamiento actual, tan natural que ni nos damos cuenta. También Maquiavelo es un clásico y los políticos que no lo escuchan o no lo han leído terminan en problemas, sobran ejemplos.
Resto del texto: ACA

[1] Profesor Titular de la Facultad de Economía de la Universidad Nacional Autónoma de México

24 may. 2015

“Populismo energético”


 Por Claudio Scaletta

Los subsidios universales siempre acarrean alguna injusticia. Precisamente por su carácter universal, suelen llegar marginalmente a quienes no deberían recibirlos. Las desviaciones indignan con facilidad y son una excusa para atacar al todo, una treta conocida del neoliberalismo aquí y en el mundo. Ejemplo típico: “Los subsidios permiten que en los countries calefaccionen las piletas”. Sin embargo, los subsidios a la energía, que de ellos se habla, no son una idea siniestra de funcionarios ricos para bajar los costos de los servicios en barrios exclusivos, sino algo muy distinto. Sus efectos económicos son dobles. Para las empresas, la energía barata mejora la ecuación de costos, y por lo tanto la competitividad, y para las familias liberan recursos que, generalmente, retroalimentan el consumo. Los efectos macroeconómicos combinados son evidentes. La contracara es que a partir de determinado nivel, en función del volumen de producción y el nivel de demanda, pueden ser deficitarios para el erario. En tanto el déficit sea en moneda local no es un problema mayor, pues una de las tareas del Estado es inyectar recursos al sistema económico. No cualquier déficit es malo por definición. Las dificultades aparecen cuando, como en el presente, el déficit también se vuelve externo. La decisión política de subsidiar la producción y el consumo de energía apuntaló el crecimiento durante una década, funcionó como mecanismo de redistribución de la renta energética, pero también comenzó a generar “indirectamente” un desbalance en divisas, lo que demandó correcciones; un proceso que ya está en marcha. Vale destacar que este déficit externo no fue una consecuencia directa de la política de subsidios, sino de otras áreas más dudosas de la política energética.

Para el neoliberalismo, en cambio, el problema es siempre contable y pasa en todo contexto por reducir el gasto bajo el objetivo mayor de tener un Estado con menor peso en el PIB y en las decisiones de producción. La demanda perentoria, entonces, es eliminar todos los subsidios, pero la argumentación no es siempre inmediatamente tosca. Si se rompe el corralito y se recorren sus papers, pueden encontrarse algunos razonamientos asombrosos. En su reciente Documento de Trabajo N122: “Subsidios a la energía, devaluación y precios”, la ultraliberal FIEL recopila visiones y realiza algunos cálculos que vale la pena repasar. Allí se lee, por ejemplo, que “en particular en economías en desarrollo” los subsidios a la energía provocan transferencias en favor de “empresas capital intensivas en países desarrollados” a la vez que “afectan negativamente el crecimiento y el empleo, implican transferencias regresivas y retardan el movimiento hacia bajas emisiones de gases de efecto invernadero”. Nótese que la crítica entraña una suerte de neoprogresismo liberal preocupado ahora tanto por las transferencias hacia los países centrales, como por la distribución del ingreso y el daño ambiental.
A la hora de argumentar no parece haber prejuicios. ¿Duran Barba estará asesorando a FIEL? No tanto, los efectos citados serían el resultado de un mal extendido en muchos países latinoamericanos y en Argentina en particular: el “populismo energético”. La idea se basa en una analogía primordial: el consumidor de energía como votante. Las transferencias al consumidor-votante mejoran instantáneamente su bienestar ganando su voluntad, pero son insostenibles en el largo plazo; la raíz misma del populismo. Ello es por una doble razón, porque conducen al déficit presupuestario y porque serían parcialmente pagados por las empresas proveedoras, caso que presupone tarifas por debajo o cercanas a los costos, lo que traslada las inversiones de reposición hacia el futuro y acumula desequilibrios finalmente carísimos. Como en todo proceso de ajuste de mercados particulares, el embate sólo es resistido por las firmas tradicionales y con más espaldas. Las consecuencias macroeconómicas, en tanto, son todas las derivables de los déficit provocados. Se regresa así al mundo conocido y a las bibliotecas separadas.

Superada la argumentación, el trabajo de FIEL avanza con los números, mejor dicho “el número”. En economía hay múltiples situaciones en las que es más fácil entrar que salir. Así como subsidiar bajó costos y aumentó el ingreso disponible, dejar de hacerlo provoca el efecto contrario, tiene costos económicos y sociales en términos de aumentos de precios y caída del consumo energético. Luego de unas 30 páginas de supuestos, parámetros y ecuaciones, el trabajo de FIEL llega finalmente a un número-conclusión, que bien podría ser otro alterando cualquiera de los supuestos empleados, pero un número al fin: ajustar las tarifas para eliminar el déficit generado por los subsidios energéticos en las cuentas públicas provocaría alrededor de 11 puntos de inflación. Aunque esperable, el resultado preocupa al autor: “El argumento de que el efecto de estabilización fiscal de una reducción de subsidios va a dominar en el corto plazo no se verifica”. Pero no es sólo la inflación, sino también la caída del consumo inherente a los mayores precios. En palabras de FIEL: “Este resultado es sensible a algunos efectos, como el tamaño de reducción del consumo luego del aumento de precios”. El escenario podría complicarse todavía más en caso de una (segura) devaluación, caso en que los precios de los servicios deberían subir más que proporcionalmente, y el consecuente ajuste de salarios. La sumatoria podría llevar directamente a “un shock inflacionario” que demandaría “una operación de estabilización fiscal más amplia para controlar la inflación que concentrarse sólo en eliminar los subsidios a la energía”. No se puede negar la honestidad intelectual. Más cuando el autor no es ningún Talibán y sugiere opciones intermedias, como la posibilidad de una reforma gradual que arbitre “mecanismos de ajuste que suavicen los aumentos en el corto plazo hasta tanto se consolide una estabilización más definida”.

La síntesis del trabajo de FIEL oscila así entre la esterilidad epistemológica y el rocanrol de fogón: 30 páginas de ecuaciones para decir cualitativamente lo que cabe en media carilla y cantar una que ya sabían todos.

original: Cash

19 may. 2015

COMPORTAMIENTOS ESPECULATIVOS, AUTORIDAD MONETARIA Y DEMANDA EFECTIVA

La crisis global y la política monetaria norteamericana





Por Matías De Lucchi

Índice
1. Introducción ............................................................................................................................. 4
2. ¿Mercados Eficientes? .......................................................................................................... 6
3. Finanzas Comportamentales ............................................................................................. 10
4. Soros: “It is our style of making money” .......................................................................... 13
5. La Hipótesis de la Inestabilidad Financiera ..................................................................... 16
6. Crecimiento, distribución y crisis financiera en Estados Unidos .................................. 22
6.1. Política monetaria no convencional: ¿Trampa de la liquidez? .................................. 30
7. Conclusiones ........................................................................................................................ 36
Bibliografía ................................................................................................................................ 37

1. Introducción
A partir de la llamada globalización financiera a finales de los años setenta, las investigaciones acerca del comportamiento de los mercados financieros comenzaron a ganar terreno dentro de la literatura económica. Desde la crisis global de 2008, el tema recobró un renovado interés no solo desde sectores académicos, sino también financieros, periodísticos y políticos. La entrega de los premios Nobel 2013 a los economistas Eugene F. Fama, Lars Peter Hansen y Robert J. Shiller, un reconocimiento de cierto eclecticismo a la Hipótesis de los Mercados Eficientes (HME) y a las Finanzas Comportamentales (FC), bien podría enmarcarse en esta renovada inquietud por la compresión de las crisis financieras aunque, paradójicamente, bajo el prisma de los abordajes tradicionalmente aceptados. Probablemente, la caracterización algo espontanea de “Momento Minsky” a la quiebra del banco de inversión Lehman Brothers en septiembre de 2008 ha sido una de las expresiones más emblemáticas de las limitaciones del saber convencional para dar cuenta del fenómeno en curso.
De todas maneras, al cabo de seis años de crisis global, el pensamiento tradicional no parece haber retrocedido lo suficiente como para permitir el surgimiento de un nuevo paradigma. Tal vez, aquellas referencias a Hyman Minsky, un economista post-keynesiano que realizó grandes aportes a la compresión de la dinámica de los mercados financieros, estuvieron más motivadas por el desconcierto que por la reflexión.
Si bien la reciente crisis global proveyó una robusta evidencia empírica acerca de la incapacidad de autorregulación de los mercados financieros, la misma simplemente ha reforzado las regularidades del pasado. Una de las primeras conclusiones que se pueden abordar de la extensa recopilación estadística de Reinhart y Rogoff (2011) es que los períodos posteriores a la crisis de 1929 y a la segunda guerra mundial, que han sido caracterizados por una gran estabilidad financiera, se han desarrollado sobre la base de fuertes esquemas de regulación macro-prudencial (Figuras 1 y 2). En el caso del sistema bancario, la evidencia es notable. Con el surgimiento de la globalización financiera y la desregulación neoliberal, la cantidad de crisis bancarias y financieras se extendieron considerablemente. Asimismo, la dinámica es similar a la que se observa en el período previo a la crisis de los años treinta, mostrando así que los mercados financieros desregulados pueden por sí mismos recrear condiciones de inestabilidad independientemente de su profundidad y complejidad en lo que respecta a su diversificación de instrumentos. Aunque, por supuesto, la innovación financiera tiende a amplificar la inestabilidad en mercados desregulados.



Figuras 1 y 2: Número total de crisis bancarias y bursátiles en los países miembros del G201
Fuente: Elaboración propia en base a datos de Reinhart y Rogoff2
(www.reinhartandrogoff.com)

La globalización financiera y el surgimiento del neoliberalismo, lejos de haber sido una suerte de reversión natural a supuestas condiciones de desregulación de los mercados financieros, ha sido el resultado de una ardua reconfiguración política y normativa. No solo se ha retrocedido en lo que respecta a la regulación sino que se han instaurado nuevos patrones de acción en la política monetaria (Wierzba et al, 2008). El concepto de banco central “independiente” y el énfasis en el control de la inflación como único objetivo han marcado una ruptura con las funciones históricas de las autoridades monetarias (Goodhart, 2010).

El objetivo del presente trabajo es, en una primera parte, realizar una breve y, sin duda, arbitraria reseña sobre algunos planteos críticos y debates en torno a la HME. Es importante destacar que la literatura dedicada a la investigación de los comportamientos financieros es extensa y diversificada. La selección de tópicos y enfoques presentada aquí responde a los objetivos de este trabajo, lo que no necesariamente significa que aquellos conceptos que puedan estar faltando sean irrelevantes no solo para la literatura en general sino también para este trabajo en particular. Se trata simplemente de una simplificación analítica que a grandes rasgos cumple con el objetivo de este trabajo. Luego, a partir de estos conceptos, se intentará repensar nuevamente las causas y, sobre todo, los desafíos que ha planteado la crisis global en materia de política económica.

En la sección 2 se presentará brevemente la HME y sus problemas empíricos. En la sección 3 introduciremos las respuestas de las FC ante la evidencia empírica. En la sección 4 se mencionarán algunos conceptos que se derivan de la llamada “teoría de la reflexividad” de George Soros que, aun arriesgándonos a sobreestimar su relevancia en la literatura financiera, no deja de plantear aspectos interesantes. En la sección 5 presentamos las características más relevantes de acuerdo a nuestros objetivos de la Hipótesis de la Inestabilidad Financiera (HIF) de Hyman Minsky. Finalmente, en la sección 6 reintroduciremos el debate de la crisis global de 2008 y los desafíos de la política económica de los Estados Unidos y los países desarrollados.


Para leer mas: ACA

7 may. 2015

Brasil 2015: un nuevo 2003?




 Por Carlos Pinkusfeld Bastos & Fernando Maccari Lara




La "hipótesis" de la contracción fiscal expansiva ha visto días mejores. Atrás han quedado los años 1990, cuando el ajuste fiscal de Estados Unidos parecía para los despistados, fortalecer el mito neoliberal (ver Serrano y Braga 2006). Hoy en día las desastrosas consecuencias del ajuste aplicado por la Unión Europea para países como Grecia, España, Portugal parecen mostrar el impacto contractivo de ... políticas contractivas fiscales.
 
Aun suponiendo que en el corto plazo estas políticas "pueden" ser contractivas, los economistas ortodoxos se aferran a la receta como la única alternativa para obtener mejores resultados en el mediano y largo plazo. Después de todo, sin distorsiones creadas a través de la acción política, habría una tendencia automática al pleno empleo, con interés y salarios tendiendo a sus honorarios "naturales" .. ".

Economistas heterodoxos, ya que utilizan el principio de la demanda efectiva para la determinación de la producción en el corto y largo plazo, tienen la oportunidad de conocer en el ejercicio de las políticas contractivas la confirmación de sus teorías: reducen el crecimiento y podrían conducir a la recesión. Curiosamente, este punto de vista es en gran parte inexplorado en el debate brasileño. Las políticas de ajuste ortodoxo encuentran apoyo incluso en los sectores gubernamentales supuestamente más heterodoxos / desarrollistas, y entre los comentaristas 'críticos' (ver Zero, 2015) amigables con el gobierno. Al parecer, lo que apoya la necesidad de ajuste para ellos es el supuesto éxito de esta estrategia cuando fuera  adoptada en 2003 por el presidente Lula.

Para comprobar si no están incurriendo en una ilusión óptica, es necesario, a continuación: (a) recordar las condiciones que prevalecieron en el año 2003 y analizar si la situación es similar en el 2015; (B) verificar que la recuperación a partir de 2004 tenía algo que ver con el ajuste fiscal; (C) para investigar si las condiciones para una recuperación se colocan en el horizonte cercano. 

Sobre el primer punto, se plantea la cuestión de si las condiciones previas para el ajuste de 2015 son similares a las condiciones de 2003. Esta similitud no existe, cuando se considera el crecimiento del producto, ya que, en 2002, la economía brasileña creció un 2,66% mientras que el crecimiento en 2014 fue prácticamente nulo. El siguiente gráfico se muestra una diferencia importante también con respecto a la sincronización del ciclo económico en cada caso.

Gráfico 1 - Tasa anual de crecimiento del PIB (periodicidad trimestral)



El ajuste de 2003 se hizo después de dos trimestres de clara recuperación del crecimiento en el segundo semestre de 2002. El ajuste de 2015 se produce en secuencia a un proceso de rápida desaceleración del crecimiento. Así, mientras que la política contractiva en 2003 enfría un proceso de recuperación en curso, una política similar adoptada hoy tiende a intensificar la desaceleración, resultando muy probablemente en una caída del PIB en los próximos
 trimestres.
Acerca de este impacto, que quede claro: las políticas monetarias y fiscales contractivas adoptadas en 2003 eran muy eficientes, es decir, muy contractivas. La tasa de crecimiento del PIB en 2003 fue inferior a la mitad del registrado en el año anterior. Hubo una reducción en el gasto de los consumidores en casi un 1% y la inversión reducida en aproximadamente un 4,5%, lo que resulta en una contribución negativa de la demanda interna al crecimiento. Luego se pregunta cómo, antes de la retracción del consumo y la inversión, que era posible lograr un modesto crecimiento del 1,16% en el año 2003? El siguiente cuadro es bastante esclarecedor.

Gráfico 2 Comportamiento de las Exportaciones 2003 - 2014


El valor de exportación llega a  disminuir en algunos meses de 2002, pero, a partir de mediados de este año, ya tiene una tendencia de recuperación. El movimiento se acelera durante el 2003 y el crecimiento medio anual alcanza un impresionante 25%, estabilizándose en torno al 20% anual. En 2004 hubo una mayor aceleración del crecimiento de las exportaciones y de las tasas de crecimiento fueron, en promedio, alrededor del 30% por año.

En resumen, esta perfomance bastante positiva de las exportaciones logró contrarrestar, al menos en parte, el impacto de las medidas contractivas en la demanda interna en 2003. Esta historia es bien conocida, pero parece haber sido olvidada por los que abogan por el ajuste fiscal en 2015. El pequeño, el crecimiento positivo del PIB en el año 2003 se logró a pesar de las medidas contractivas, debido a la contribución positiva del sector exterior.

Mediante el análisis de los años subsiguientes que se configuran con una duración del ciclo expansivo y una intensidad que no habían sido registrados en Brasil por lo menos desde la década de 1980, ya no se puede dar protagonismo al sector externo. La recuperación de la demanda interna durante el año 2004 es el factor más importante para explicar el crecimiento de 5,7%. A pesar del excelente desempeño continuado de las exportaciones, la contribución del sector exterior es cada vez más pequeña, convirtiéndose en negativa desde mediados de 2006, debido al aumento significativo en el coeficiente de importaciones lo largo de dicho ciclo de expansión. Así que dar pabulo al buen desempeño de los años 2004 a 2010 exclusivamente a la situación externa es tan erróneo como argumentar que la contracción fiscal 2003 tuvo un impacto en la aceleración de un mayor crecimiento.

Antes de proceder a la identificación de los elementos de la demanda interna que determinó este comportamiento del crecimiento, parece importante para derribar unos malentendidos sobre el alcance y la duración del "ajuste fiscal" de 2003. Al asumir el cargo de ese año, el presidente Lula se comprometió a elevar el superávit primario y de hecho cumplió su compromiso. El instrumento para lograr este resultado fue el recorte del gasto público que, ese año se retrae en 3,75%. De los componentes del gasto, la más sacrificada fue la inversión pública, que era aproximadamente un 60% inferior al del año anterior (véase Bastos et al, 2015).

En 2004, el superávit primario se elevó de nuevo, pero esta vez el crecimiento de la demanda interna llevó a un aumento significativo en el PIB del 5,7%. Tendrían razón entonces los partidarios de la contracción fiscal expansiva? La recuperación de la demanda interna en 2004 sería una consecuencia del aumento de la "confianza" en que el gobierno sería responsable de las cuentas públicas? No, de ninguna manera. De hecho, esta combinación de  resultados sólo demuestra, una vez más, que el resultado fiscal ex post es un mal indicador del impacto de las acciones de política fiscal sobre el nivel de actividad.

Resulta que la evolución de los ingresos del sector público depende del desempeño de la economía, es decir, los ingresos crecen con el aumento de la producción. Esto es clave para entender cómo el superávit primario puede haber crecido en 2004, aunque el gasto directo del gobierno ha crecido en términos reales, un 6,6%!%! En resumen, incluso con un gasto mucho mayor respecto al año anterior, el sector público podría alcanzar un superávit primario también más alto, debido al crecimiento más que proporcional en los ingresos.
 Además de la política fiscal, aunque no ha sido espectacularmente expansiva, ha proporcionado a la economía en general un impulso no sólo positivo y creciente entre 2004 y 2009, y sigue siendo positivo en 2010. En otras palabras, a pesar del mantenimiento de superávits primarios significativos, la demanda agregada fue estimulada, positiva y cada vez más, por la política fiscal en este período. Es cierto que el superavit era incluso varias veces mayor que el necesario para estabilizar la deuda con el PIB, supuestamente la razón de su existencia (ver Bastos et al, 2015). Por lo tanto, aunque la contribución expansiva del sector público puede haber sido menos de lo que hubiera sido permitido por los parámetros muy conservadores del trípode macroeconómico, la señal era positiva a lo largo del período 2004-2010.

Aclarado este punto, podemos volver a examinar los elementos de la demanda agregada interna para explicar la aceleración del crecimiento en el período comprendido entre 2004 y 2010. El consumo fue uno de los componentes de la demanda interna que él llevó a cabo la aportación más estable después de una recuperación bastante rápida 2004. Con el fin de analizar su comportamiento, hay que considerar que hay una parte inducida por el crecimiento de los ingresos, especialmente los salarios, y otra parte autónoma, fuertemente influenciados por las condiciones de crédito.

Después de una caída significativa en 2003, el saldo de los préstamos a los individuos en proporción del PIB se mantuvo prácticamente al mismo nivel en 2004 y se recupera con fuerza desde 2005. Teniendo en cuenta sólo la parte de crédito para las personas fisicas, existe una clara trayectoria de crecimiento a partir de 2004. Una tendencia similar se observa para los salarios, cuyo valor real cae bruscamente en 2003, creciendo moderadamente en 2004 y con más fuerza a partir de 2005. En este sentido, también se debe destacar la política fuerte aumento del salario mínimo más allá de los efectos directos sobre los trabajadores que la reciben, tiene un efecto muy importante en la estructura salarial actual y el crecimiento de las transferencias de pensiones cuyo valor básico está indexado al mínimo.

 El hallazgo de que el comportamiento del consumo fue fundamental en el ciclo de crecimiento a partir de 2004 a veces eclipsa el hecho, también fundamental, que la inversión privada reaccionó de forma bastante vigorosa. En otras palabras, el llamado proceso de inducción de inversión por el crecimiento de la demanda agregada funcionó como se esperaba, al menos a partir de 2006.

 Retomando las preguntas planteadas al inicio de este texto, creemos ya haber dejado claro que el buen desempeño de la economía desde 2004 no tenía nada que ver con el ajuste fiscal. Más bien, el ajuste de 2003 es altamente perjudicial para el crecimiento y la relajación de la política fiscal a partir de 2004 comenzó a contribuir, aunque no muy intensamente al crecimiento. Ahora vamos a enfatizar porque el escenario de 2015 es peor que el de 2003.

 Contrariamente a lo que algunos defensores de ajuste fiscal general defienden, la alta inflación heredada del gobierno de FHC no fue el resultado de un crecimiento excesivo o exceso de demanda, como lo demuestran los datos sobre el mercado laboral y el desempeño general de la economía en 2002. Como es habitual en el caso de Brasil la devaluación rápida en el segundo semestre de 2002 tuvo un fuerte impacto en la inflación. Por lo tanto, el camino opuesto fue perseguido por el gobierno en el 2003, después de haber tenido  una rápida apreciación del tipo de cambio desde marzo. En términos nominales, el dólar estaba ya en junio de 2003 con un valor de 20% por debajo de los vigentes en marzo y se mantuvo en ese nivel durante toda la segunda mitad. Teniendo en cuenta los valores medios, la segunda mitad de 2003 el tipo de cambio fue de aproximadamente un 15% más valorada en términos nominales y un 17% más valorada en términos reales, en comparación con el segundo semestre de 2002.


Parece, no está en la agenda del actual gobierno una senda de apreciación de la misma intensidad. También hay diferencias importantes con respecto a la situación externa. La trayectoria de la balanza comercial se muestra no favorable y la economía brasileña ha registrado importantes déficits en cuenta corriente, incluso en el contexto de bajo crecimiento. Estos déficits aún deben ir acompañados con una gran cantidad de atención y su persistencia de hecho recomendaría precaución si la intención del gobierno es seguir una política para reanudar el crecimiento. Aún así, los datos positivos como el importante volumen de reservas acumuladas, una gran parte de los pasivos en moneda nacional de las existencias registradas en la posición de inversión internacional y el hecho de que, al menos hasta el final del primer mandato de la presidenta Dilma, no hubo dificultades para financiar el déficit en cuenta corriente con las entradas de capital, tampoco autorizan justificar el ajuste fiscal prometido debido a las dificultades externas (ver Lara, 2014). Pero es muy dudosa la hipótesis de que un ajuste fiscal en sí mismo puede contribuir a mejorar las condiciones de inserción internacional. Poco se discute, por ejemplo, la posibilidad de que mediante la inducción de una recesión, esta política podría terminar siendo un inhibidor del factor de atracción de inversión extranjera directa, lo que dificulta la financiación del déficit en transacciones corrientes. En resumen, si por un lado, no puede ser caracterizada como una crisis monetaria a las condiciones que prevalecen a comienzos de 2015, por otro lado también sería prudente apostar una tendencia significativa apreciación del real frente al dólar. 

Por lo tanto, la opción política dirigida a un tipo de cambio más depreciado y el hecho de que el ajuste fiscal no puede contribuir a controlar la inflación que no es de demanda, posiblemente impliquen probablemente dificultades para contener el aumento de precios, al menos en el corto plazo. Y el probable impacto negativo de la inflación sobre los salarios reales autoriza el proyecto de una actuación más bien débil del consumo privado en el futuro cercano. De hecho, para criticar el intento de devaluación de la moneda en el primer gobierno de Dilma, Bresser Pereira (2015) afirma que el fracaso de esta política fue que no se combinó con el ajuste fiscal, es decir, por no haber sido generada de forma simultánea una tasa de desempleo lo suficientemente alta para evitar la transferencia de descarga del tipo de cambio a los salarios nominales y precios del servicio. Por lo tanto, la reducción de los salarios reales y el consumo en consecuencia inducidos, son elementos centrales de la política que se está implementado a partir de 2015.

Por el lado del consumo autónomo el horizonte de expansión tampoco parece muy prometedor. A diferencia del escenario de 2004, a finales de 2014 el saldo de las operaciones como proporción del PIB representó alrededor del 55% del PIB. Ya no es, por lo tanto, un mercado deprimido en el que las innovaciones financieras inducen con cierta facilidad la entrada en masa de nuevos contratistas, generando un impacto significativo en el consumo de bienes durables. Además, las altas tasas de interés y plazos ajustados constituyen un marco de crédito en Brasil tal que incluso si el volumen de PIB no es el más alto, hay un compromiso de los ingresos de las familias con un mayor servicio de la deuda que en el período de fuerte expansión entre 2005 y 2010. Esto implica una menor disposición o incluso capacidad, para la expansión de la deuda privada.


Gráfico 3 compromiso del ingreso de las Familias con el servicio de la deuda


Como era de esperar, los datos sobre la inversión inicial son los peores posibles, ya que no es racional por parte de los capitalistas que aumentaran su capacidad de producción justamente en un tiempo de retracción de la demanda. A la situación política se suma otro elemento negativo en relación a esta variable. Según el informe de perspectivas de inversión (de referencia), "los sectores de Petróleo y Gas y Logística Infraestructura tendrían [el] importante papel de impulsar las inversiones en la economía... En el primer caso, depende de la exploración de petróleo en el pre -sal. En el segundo, la realización de concesiones y asociaciones público-privadas. "(BNDES 2014 p. 2). Obviamente, ambos objetivos están seriamente en jaque, de acuerdo con los asuntos legales que involucran tanto Petrobras como contratistas.

Para responder a las preguntas planteadas al principio, no parece haber espacio racional para considerar que la consecuencia del ajuste actual no sea la profundización de la recesión y la elevación del desempleo. A diferencia de 2003, cuando las exportaciones se aceleraron y había un amplio espacio para el aumento del consumo a través del crédito y la recuperación salarial, hoy todos los componentes de la demanda apuntan a los malos resultados de crecimiento. La política fiscal, lo que podría, al menos, ser parcialmente compensado, viene a profundizarse en esta tendencia.


La repetición de dicho ajuste aumentaría la confianza de los inversores privados, de hecho, se refiere al argumento de que el gobierno cree en la figura del "hada de la confianza", creada por el economista Paul Krugman. El ejemplo de hadas ilustra la confianza irracional, casi mágica, que el ajuste fiscal, supuestamente debido a la voluntad de los empresarios para invertir en el discurso ortodoxo actual. En lugar de un cuento de hadas, el ajuste fiscal es presentado prácticamente como la única arma política económica, podría llevar al país a un revés que aliena la base electoral del gobierno. En última instancia, este proceso puede comprometer la trayectoria del progreso social y democrático experimentado en la primera década de este siglo.
1. En el caso de Brasil la carga tributaria en el período fue pro cíclico. Es decir, creció como proporción del PIB sin aumentar las tasas de impuestos, pero debido a factores relacionados con el propio crecimiento de la economía en su mayor formalización en el mercado laboral. Ver Santos (2010).

Referencias:
Bastos, C. P, Rodrigues, R, Lara, F.M (2015) “As finanças públicas e o impacto fiscal entre 2003 e 2012: 10 anos de governo do Partido dos Trabalhadores” Ensaios FEE, v. 36, n. 1, 2015 (no prelo).
Bresser-Pereira (2015) “O estranho mas inevitável ajuste” em Valor Econômico 10/04/205
BNDES (2014) Perspectivas do Investimento 2015-2018 e Panoramas Setoriais
Lara, F. As condições externas justificam um ajuste recessivo? Carta de Conjuntura FEE, v. 23, n. 11, novembro de 2014. Disponível em:  http://carta.fee.tche.br/article/as-condicoes-externas-justificam-um-ajuste-recessivo/
Santos, C. Um panorama das finanças públicas brasileiras 1995/2009.In. Castro, J.; Santos, C.; Ribeiro, J. (Orgs.). Tributação e equidade no Brasil: um registro da reflexão do IPEA no biênio 2008-2009. Brasília: IPEA, 2010.
Serrano, F e Braga, J (2006) “O mito da contração fiscal expansionista nos EUA durante o governo Clinton”. Economia e Sociedade, Campinas, v. 15, n. 2 (27), p. 213-239, ago. 2006.
Zero, M (2015) “Os riscos relativos do ajuste e o risco absoluto do golpismo”. Brasil Debate. Disponível em: http://brasildebate.com.br/os-riscos-relativos-do-ajuste-e-o-risco-absoluto-do-golpismo/


Original : Carta Maior