El Viejo Almacen -Bs.As.

Surplus Approach

“Es necesario volver a la economía política de los Fisiócratas, Smith, Ricardo y Marx. Y uno debe proceder en dos direcciones: i) purgar la teoría de todas las dificultades e incongruencias que los economistas clásicos (y Marx) no fueron capaces de superar, y, ii) seguir y desarrollar la relevante y verdadera teoría económica como se vino desarrollando desde “Petty, Cantillón, los Fisiócratas, Smith, Ricardo, Marx”. Este natural y consistente flujo de ideas ha sido repentinamente interrumpido y enterrado debajo de todo, invadido, sumergido y arrasado con la fuerza de una ola marina de economía marginal. Debe ser rescatada."
Luigi Pasinetti


ISSN 1853-0419

Entrada destacada

Cuando pase el temblor

Por Fabián Amico y Mariano de Miguel    Economistas Existe la hipótesis generalizada de que la reciente corrida cambi...

13 may. 2018

Discusiones sobre el Tipo de Cambio en la Feria del Libro.


Posteamos la presentación del libro "Discusiones sobre el tipo de cambio. El eterno retorno de lo mismo", en la Feria del Libro ayer sabado 12, con la participación de Emmanuel Agis, Tomas Lukin, Alejandro Robba y Pablo Tavilla.














3 may. 2018

Sobre la inconsistencia de los modelos Neo-Kaleckianos

 
 
 
El Centro Sraffa ha publicado el working paper numero 31 (CSWP) sobre la discusion sobre causalidad con respecto a la tasa de utilizacion de la capacidad productiva.

 A(nother) Note on the Inconsistency of Neo-Kaleckian Growth Models CSWP 31 (May 2018)

Autores :  Riccardo Pariboni and Daniele Girardi

As a matter of common knowledge, the canonical Neo-Kaleckian growth model is not able to reconcile the actual and normal rates of utilization in equilibrium. Dávila-Fernández et al. (2017) revive an old proposal for solving this problem – making the rate of normal utilization an endogenous variable that converges to the actual utilization rate – justifying it with new premises, based on a recent contribution to production theory (Nikiforos 2013). In this note, we argue that their proposed adjustment mechanism is based on restrictive assumptions, some of which have little economic justification. Moreover, we show that also if one puts aside for the sake of argument the perplexities regarding the ‘endogenization’ of the normal rate of utilization, the existence of autonomous components of demand is sufficient to invalidate their results.
 
 
Como una cuestión de conocimiento común, el modelo de crecimiento canónico Neo-Kaleckiano no es capaz de conciliar las tasas de utilización real y normal en equilibrio. Dávila-Fernández et al. (2017) revive una vieja propuesta para resolver este problema, convirtiendo la tasa de utilización normal en una variable endógena que converge a la tasa de utilización real, justificándola con nuevas premisas, basadas en una contribución reciente a la teoría de la producción (Nikiforos 2013). En esta nota, argumentamos que su mecanismo de ajuste propuesto se basa en supuestos restrictivos, algunos de las cuales tienen poca justificación económica. Además, demostramos que también si se dejan de lado las argumentaciones sobre la "endogenización" de la tasa normal de utilización, la existencia de componentes autónomos de la demanda es suficiente para invalidar sus resultados.
 
Puede bajarse el trabajo en el siguiente  link
 
Centro Sraffa Working Papers, as well as rules for submission and authors' guidelines, on the Centro Sraffa website

Cuando pase el temblor


Por Fabián Amico y Mariano de Miguel 
 Economistas



Existe la hipótesis generalizada de que la reciente corrida cambiaria en Argentina fue ocasionada por factores externos, particularmente la suba de la tasa de interés norteamericana para los bonos a diez años.

Sin embargo, si se observan sus efectos en otros países de la región se puede comprobar que el shock externo no tuvo efectos muy significativos. En Chile, por ejemplo, el ajuste cambiario fue muy moderado y no requirió ninguna intervención especial del BCC. Es verdad que en Brasil hubo un ajuste del tipo de cambio del 4% en veinte días, pero sin intervenciones de reservas ni otras medidas específicas. En Uruguay, el tipo de cambio nominal venía en caída persistente desde mediados del año pasado y cuando se anunció la suba de tasas en Estados Unidos, el BCU decidió comprar dólares para estimular su suba. Nada parecido a las turbulencias que se desataron en Argentina. Parece más razonable pensar que hay una dominancia de factores internos y, en particular, asociados con la política monetaria y cambiara del Gobierno.

Esos factores internos tienen relación con el funcionamiento del sistema de metas en Argentina y con los vaivenes y torpezas del propio Gobierno (y del BCRA) en la política monetaria y cambiaria.

Existe consenso en la literatura acerca de que no es el impacto de la tasa de interés sobre la demanda agregada lo que permitió controlar la inflación en los países de la región que practicaron el inflation targeting. Ese consenso observa que fue la apreciación del tipo de cambio –el mecanismo de pass-through– el factor principal de desinflación. Los bancos centrales influyen en los diferenciales de tasas de interés (interna-externa netas de riesgo país y de la devaluación esperada) y éstos impactan sobre la dinámica del tipo de cambio (TC) nominal. Así, un diferencial positivo induce el ingreso neto de capitales y lleva a una tendencia a la apreciación de la moneda doméstica.

Este mecanismo tiene dos requisitos fundamentales. Uno, que el flujo de capitales sea elástico al diferencial de rendimientos y, dos, que no existan obstáculos políticos para inducir la suficiente apreciación del tipo de cambio nominal (la primera condición puede estar muy condicionada por la segunda).

Una diferencia crucial de la inflación en Argentina respecto de Chile, Colombia, Perú, México y Brasil es que aquí la incidencia del conflicto distributivo es la más alta en la comparación regional [1]. Por eso, el canal cambiario en Argentina solo afecta una parte de la inflación y eso explica, también, el éxito desinflacionario en los otros países (Chile, Colombia, Perú, México y Brasil). La frase usual (“las metas funcionan cuando la inflación es baja”) podría leerse como: “Las metas funcionan cuando no hay conflicto distributivo”.

Ciertamente, los cambios en la tasa de interés y en el tipo de cambio tienen fuertes efectos distributivos. Por ejemplo, dado un nivel de salario nominal y de precios de transables, la apreciación del TC lleva a un mayor salario real (y una disminución de la rentabilidad media). En muchos de esos países los salarios nominales mostraban un bajo crecimiento o simple estancamiento. De modo que se podía sostener un proceso más amplio de apreciación cambiaria sin afectar la rentabilidad de los transables (y de las empresas en general).

En el caso de Brasil, por ejemplo, ese proceso se tornó más complicado a partir de 2010 (cuando hubo evidencia de una intensificación del conflicto distributivo) mientras en Perú, Colombia y México los salarios nominales fueron la verdadera ancla que permitió los procesos de desinflación. En el caso argentino, en presencia de una elevada resistencia salarial, la apreciación nominal del tipo de cambio disminuye sistemáticamente la rentabilidad de los transables (y si se admite su influencia en el resto de la economía, puede disminuir los márgenes generales de beneficio). Esto permitiría explicar por qué, incluso con gobiernos de sesgo muy diferente, Argentina nunca puede dejar de ajustar el tipo de cambio nominal por detrás de la inflación. Luego, esto impacta negativamente en el diferencial de rendimientos (y quizás también en las expectativas sobre el tipo de cambio futuro).

En presencia de alta resistencia salarial, los empresarios de los sectores transables no pueden trasladar a precios esos mayores costos, pero pueden presionar al Gobierno por devaluaciones cambiarias para intentar recuperar su tasa de beneficio. Esto ciertamente va a generar un proceso inflacionario impulsado por los costos. En los otros países, la apreciación cambiaria fue posible porque el bajo (o nulo) crecimiento del salario nominal permitía “acomodar” la menor inflación con la preservación de los márgenes reales de beneficio.

Este mecanismo que liga al tipo de cambio nominal con la inflación no es puramente económico (ni espontáneo). No proviene de ninguna noción de tipo de cambio real “de equilibrio”. Es un mecanismo que actúa sobre las decisiones de política macroeconómica y que pone en evidencia, una vez más, que la distribución del ingreso está esencialmente gobernada por relaciones de poder imperantes en la sociedad las que, tarde o temprano, influyen decisivamente sobre la política económica.

En este contexto se puede entender mejor el cambio de metas decidido en diciembre pasado por el Gobierno y su impacto sobre las turbulencias actuales. Si el BCRA continuaba con una política de altas tasas de interés, buscando apreciar el TC nominal, eso abría paso a la suba de los salarios reales (como ocurrió en 2017). La inflación se desaceleraría, pero las empresas no podrían evitar la erosión de sus márgenes de beneficio. Si el BCRA disminuía las tasas (como exigía una parte del gabinete), eso provocaría un ritmo mayor de devaluación de la moneda, acelerando la inflación (junto con las tarifas) y produciendo la caída del salario real. Con el endeudamiento externo creciendo vertiginosamente y los reclamos persistentes de amplios sectores empresarios y economistas sobre el supuesto “atraso cambiario”, el Gobierno optó por la reducción de tasas.


Esta reducción perseguía el objetivo de producir una devaluación “administrada” del peso, fijando metas para el salario y abriendo la posibilidad a un mayor endeudamiento relativo (y a menor costo) en moneda doméstica, dadas las dificultades observadas en la colocación de deuda en el exterior. De hecho, el volumen de deuda externa acumulado ya representa un problema para la sostenibilidad externa de largo plazo, cuando uno compara la proyección de los pasivos externos netos versus el único ingreso genuino en dólares, es decir: las exportaciones.

Sin embargo, ¿este empeoramiento de la sostenibilidad de largo plazo es la causa central de las turbulencias de corto plazo? No parece así. Hay países de la región (Colombia y Brasil) que tienen peores indicadores pero no sufren ninguna turbulencia externa ni presiones cambiarias. Argentina parece tener dos rasgos diferentes. Primero, su situación de liquidez de corto plazo parece más frágil. Segundo, Argentina parece tener problemas para atraer capitales y, por esa razón recurrió más al endeudamiento externo público. Sobre estos aspectos clave se montan los persistentes vaivenes del BCRA, que terminan fomentando una tendencia a la dolarización.

Hasta hace un mes, el presidente del BCRA defendía la idea de la flotación pura del TC como un amortiguador (“shock absorber”). Así, cuando “hay ya un shock externo o se reduzca el déficit de cuenta corriente el propio tipo de cambio genera su ajuste y que la economía siga creciendo” (Federico Sturzeneger, 18/3/2018). Pero paralelamente cuando era consultado sobre la popular “bicicleta financiera”, su sostenía que “acá no hay ninguna vaca atada”, argumentando que el retorno en dólares, para un inversor externo, “no lo puede calcular nadie”. Y respecto del “furor” de las Lebac, subrayaba que “los que invirtieron en busca de dólares perdieron, al menos en los últimos meses, significativamente”.

Obviamente, si el retorno en dólares es incierto, eso fomenta la tendencia a la dolarización y hace que se fortalezca la presión cambiaria. Además, existe un trade-off entre “bicicleta financiera” e inflación/nivel de actividad. Es decir: la reducción de la “bicicleta” lleva a más devaluación con caída de los salarios. Si esta tendencia no es compensada, la baja de la tasa de interés lleva a más inflación y menor crecimiento (estanflación).

En conclusión, si bien la suba de la tasa norteamericana puede tener un efecto sobre el diferencial de rendimientos e incluso sobre las expectativas, no parece ser la causa principal de la reciente corrida cambiaria. La fuerte turbulencia tiene razones esencialmente locales. Al conflicto distributivo persistente que influye en la política cambiaria (y que determinó en parte sus vaivenes), se suman las torpezas de la política oficial, como la introducción del impuesto a las tenencias de Lebac para no residentes que disminuyó aún más el diferencial de rendimientos y terminó por detonar la corrida. Así, la política del BCRA termina introduciendo una mayor incertidumbre sobre el diferencial de rendimientos y fortalece la tendencia a la dolarización. Esto implica que, muy probablemente, la presión cambiaria persistirá aún cuando pase el temblor externo.



5 feb. 2018

GRAMSCI Y SRAFFA, LA RELACIÓN ENTRE DOS COMUNISTAS INDISCIPLINADOS

Posteamos un comentario del Profesor Cesaratto traducido por  Enrique y Guido Aschieri.

NOTA BENE de los traductores 


 
Por Sergio Cesaratto*.

Artículo aparecido el 8 de enero de 2018 en el sitio MicroMega, disponible en italiano: ACA



La figura de Piero Sraffa es casi desconocida para el gran público italiano, incluso para los más cultos; apenas más afortunada es la figura de Antonio Gramsci. Sin embargo, son dos de los estudiosos de la sociedad más extraordinarios, los más extraordinarios, sobre los que nuestro país puede presumir en el siglo XX. El volumen de Giancarlo De Vivo [Nella bufera del Novecento – Antonio Gramsci e Piero Sraffa tra lotta politica e teoria critica, Castelvecchi, 2017 (En la tempestad del siglo XX - Antonio Gramsci y Piero Sraffa entre la lucha política y la teoría crítica)] abre una serie de vislumbres sobre la interacción intelectual, política y humana que se estableció entre los dos, en momentos dramáticos del siglo XX, como dice el adecuado título. El libro no es solo para académicos y "especialistas", sino de gran interés para todos los lectores educados.

Gramsci y Sraffa se conocieron, como es sabido, en Turín inmediatamente después de la Primera Guerra Mundial, ambos estudiantes de Umberto Cosmo (como Terracini y Togliatti). Los períodos de la conversación más intensa fueron, por lo tanto, el de Turín (1919-1921) y el romano (1924-1926). Pero nunca rompieron la ilación, ni en el período 1921-24, en que estuvieron ausentes de Italia, primero Sraffa (en Londres) y después Gramsci (en Moscú). Desde Londres, Sraffa continuó colaborando con el Ordine Nuovo. Después del arresto de Gramsci en noviembre de 1926, Sraffa, actuó como enlace con el Partido Comunista en el exilio. Hasta la concesión de la libertad condicional en 1934, desgraciadamente, Sraffa se reunió con Gramsci solo una vez en 1927, mientras que la correspondencia solo podía tener lugar indirectamente a través de la cuñada del preso, Tatiana Schucht. Solo desde enero de 1935, Sraffa pudo volver a ver a su amigo en otras siete reuniones. De la última, a fines de marzo de 1937, Tatiana escribe (página 17, las referencias son al volumen de De Vivo) que "ya es el tercer día que Antonio recibe su visita, mañana y tarde...Su alegría me conmueve infinitamente, y sus pedidos directos para que su amigo escuche todo lo que quiere contar y para escucharse a sí mismo. Estas conversaciones ciertamente lo desgastan mucho, pero para él es más que el aire que respira".

Gramsci, no es el único que recibiera gran satisfacción de las conversaciones con Sraffa; basta recordar aquellas semanales con Wittgenstein en Cambridge, y la afirmación de este último de que de una conversación con Sraffa se sale como un árbol podado. De las conversaciones con Gramsci, cuyo componente humano es palpable en las palabras de Tatiana, De Vivo, nos da algunas intuiciones sobre las que recalaremos más adelante. De Wittgenstein (y de Gramsci), Sraffa debió admirar la búsqueda del rigor llevado al extremo: nada que el economista admiraba más que la honestidad, el rigor y la curiosidad intelectual.

Las cartas (primer capítulo)

La correspondencia entre Sraffa y Tatiana es el medio con que el economista (desde 1927 en Cambridge) se comunica con Gramsci. Él recibe de la cuñada de Gramsci las copias de las cartas del prisionero y las envía a la sede extranjera del Partido Comunista en París. Sraffa, sigue en persona el proceso legal para la liberación de Gramsci (tanto como para merecer el mote de abogado en alguna carta), aunque a través del conocimiento de su padre, antifascista y ex rector de la Bocconi, que (opinaba) era ilegal. A la luz de los profundos lazos entre Gramsci y Sraffa, parece, por lo tanto, sorprendente que el papel del economista italiano fuera, recuerda De Vivo, poco conocido durante mucho tiempo, casi oculto, y es sólo desde mediados de los años sesenta que comienza a emerger. Y, desafortunadamente, con este surgimiento, las inferencias más variadas, con frecuencia indocumentadas, han comenzado a florecer sobre el papel de Sraffa como vínculo entre Gramsci y el Partido. En resumen, la acusación es que Sraffa actuó como agente del Partido e incluso del Komintern en estrecho contacto con Togliatti y Stalin. Desafortunadamente, los estudiosos afianzados como, Luciano Canfora, se habían prestado a este juego. El cuadro que emerge de la reconstrucción documental que hace De Vivo, en el primer capítulo del libro, es más bien el de un comportamiento extremadamente correcto de Sraffa, tanto sea con el Partido como, sobre todo, con su amigo en la cárcel, sin escatimar ninguno de todos los esfuerzos posibles para su liberación y, en todo caso, para aliviar sus sufrimientos materiales e intelectuales.

Veamos al respecto la cuestión de la famosa carta de Ruggero Grieco. Como tal vez sepan los lectores, en 1928 la policía secreta fascista interceptó una carta de ese líder comunista exiliado, remitida a tres dirigentes encarcelados, Terracini, Scoccimarro y Gramsci. Como mostraba a los tres como miembros aún activos en las elecciones del Partido, esta carta podría ser un elemento agravante de su posición en el juicio inminente ante el Tribunal Especial. Gramsci, quedó inmediatamente azorado y sospechó de este movimiento repentino del Partido, volviendo al tema cinco años más tarde en dos cartas a Tatiana, en las que expresó su tormento de que la carta había sido enviada deliberadamente para agravar su posición. ¿Y de quién, si no de Togliatti? Tal es la confianza de Gramsci hacia Sraffa, que le pide a Tatiana que sus dos cartas se transmitan únicamente al "abogado" (y por lo tanto, no al Partido). Determinar si Sraffa hubo de respetar o no la voluntad de su amigo es por lo tanto decisivo, tanto más desde que los buitres habituales se han enardecido sosteniendo que este deseo no fue respetado. La reconstrucción de De Vivo, que sobre este punto es apasionante (en verdad, el libro en su conjunto lo es), documenta paso a paso, y de una manera que me parece muy incontrovertible, como Sraffa ciertamente había honrado esa voluntad. En particular, Sraffa, a comienzos de los años setenta todavía estaba en posesión de las dos cartas de las que hablamos (las copias que le envió Tatiana) junto con una veintena de cartas sucesivas que, evidentemente, Sraffa había dejado de remitir al Partido. Estos son materiales que el Partido recibió por otras vías, sustancialmente de las autoridades soviéticas que heredaron los originales custodiados por Tatiana. 

¿Por qué, uno se pregunta, Sraffa no solo respeta la voluntad de, Gramsci, de no entregar las dos cartas, sino que ni siquiera remite las siguientes? De Vivo, avanza con la hipótesis de que después del tejemaneje Grieco (y otras "ligerezas" subsiguientes), Sraffa también había levantado una creciente sospecha del Partido, una hipótesis corroborada en 1983 por Giorgio Napolitano, quien en el período de la posguerra intermediaba entre el Partido y Sraffa. Este último, especifica De Vivo, nunca rompió con el Partido (del cual no era miembro). Por su parte, Togliatti mantuvo deliberadamente la figura de Sraffa, en la sombra durante más de treinta años, y hasta manipuló una carta importante de Tatiana a Sraffa, en la que se le contaba el final de Gramsci, presentándola como dirigida "a su esposa y sus acompañantes". Hubo un punto de inflexión en la actitud de Togliatti, en la proximidad de su muerte, de modo que a mediados de los sesenta se publican finalmente las dos cartas de Gramsci, en las que surgió el tejemaneje Grieco (como ya dijimos, no de Sraffa), para debatir junto con el tema de la posible ruptura de Gramsci con el Partido Comunista tanto con respecto a los acontecimientos de la dirigencia soviética, como, y posteriormente, con relación a la propuesta de la constitución democrática apoyada por Gramsci contra la línea del Partido (en este sentido, un artículo de Leonardo Paggi de 1966 suscitó los dardos de Amendola). En ese punto, la dirigencia comunista comenzó a sospechar que Sraffa poseía documentos gramscianos ulteriores, dando paso a una exquisita caza de ratones en la que solo después de mucha insistencia en 1974, Sraffa (que mientras tanto comenzaba a perder la memoria) les contó cuánto todavía poseía. Pero fueron, como se hizo mención más arriba, materiales que ya estaban en posesión del Partido e incluso ya publicados. En un apéndice del capítulo, De Vivo demuele acusaciones posteriores de Canfora a Sraffa con respecto a la infame carta de Grieco. Uno solamente se pregunta por qué, incluso intelectuales respetables, soltarían a los buitres sino hubiera en Italia un interés en ensuciar la figura cristalina de Sraffa. ¿Qué cosa molesta de Sraffa?


El materialismo de la idea (segundo capítulo)

Sraffa, tuvo un profundo intercambio intelectual con algunos de los pensadores más brillantes de Cambridge, entre ellos el genio matemático Frank Ramsey que murió prematuramente a la edad de 26 años, y por supuesto Wittgenstein y Keynes. Desafortunadamente, quedan pocas huellas de las largas conversaciones en las que sometieron sus teorías a la navaja de Sraffa (probablemente más que viceversa). Las conversaciones con Wittgenstein, según el relato de Amartya Sen que De Vivo refiere, tuvieron en algún momento que aburrir a Sraffa por su abstracción en comparación con las más concretas con Keynes. La distancia entre los dos economistas fue naturalmente notable, tanto en política como en economía, tanto que en 1951 Sraffa le escribió a Dobb de Keynes como un "reaccionario". De hecho, precisa De Vivo, Sraffa estaba muy conmovido por la desaparición del gran economista en 1946. El genio de Sraffa se puede ver en el hecho de que, por un lado si bien Keynes consideró una prueba la crítica "extenuante" de Sraffa a los borradores de la Teoría General, por el otro, Dennis Robertson, un antiguo alumno de Keynes, más luego un cardenal de la ortodoxia y un recensor muy crítico de la Teoría General, le agradece a Sraffa, por sus sugerencias; en efecto, le atribuye la paternidad de una buena parte de la crítica. Sraffa, "el enigma absoluto" como lo define Richard Kahn, (p.82), Zelig de la inteligencia, capaz de ayudar a aclarar puntos de vista opuestos, el de Keynes y el de sus críticos, en el anhelo del extremo rigor.

También sabemos poco sobre las conversaciones con Gramsci. Según el juicio sobre Benedetto Croce, probablemente haya una distancia entre los dos: Sraffa está definitivamente a favor y tiene curiosidad por la ciencia moderna y considera que el idealismo crociano es dañino.
"Es un hecho curioso que en la cultura de todos los italianos que tienen una cultura haya un gran vacío: la ignorancia de las ciencias naturales. Croce es un caso extremo pero típico. Los filósofos creen que cuando demostraron que los científicos serían dignos de ser vergonzosamente rechazados en filosofía, su tarea está terminada" [carta a Tania, 23 de agosto de 1931, citada en la página 96).

Inicialmente, sobre todo interesado en cuestiones económicas y financieras aplicadas (este último lo hizo personalmente malquisto para Mussolini, no menos de como lo era Gramsci), hacia mediados de los veinte, Sraffa comienza a interesarse en la teoría económica y se vuelca a la carrera académica, lo que se convertirá en la aventura intelectual de su vida y el desafío teórico más importante para el marginalismo del siglo pasado, junto con el de Keynes. Esto no evitó que Sraffa continuara manteniendo contactos políticos, no solo con el Partido Comunista, sino también a mediados de los años veinte con la izquierda reformista, desde Turati hasta Kuliscioff, desde Rosselli hasta Gobetti. Por otra parte, Sraffa recibió los severos reproches de Gramsci y Togliatti, por haber apoyado una línea de fuerzas antifascistas en el sentido opuesto del sectarismo comunista, sin que esto mellara la confianza de los primeros en él.

¿Qué discutieron Gramsci y Sraffa en Roma durante el período 1924-26 hasta "tarde en la noche"? Tal vez, el estado insatisfactorio de los estudios económicos marxistas, sobre los cuales Gramsci dio un juicio severo en los Quaderni, compartido por Sraffa (página 119). Debe tenerse en cuenta que solo unos pocos años después, en 1928, Sraffa comenzó a tener una idea suficientemente clara de la reanudación del enfoque de los economistas clásicos y de Marx, el que lo ocupó en las décadas siguientes. El propio Sraffa todavía vivía esa condición común a muchos marxistas (pp. 104-107) del vasallaje intelectual hacia el marginalismo, representado en particular por la figura de Alfred Marshall, pese a haberlo criticado severamente en dos artículos memorables de 1925 y 1926. Las solicitudes de Sraffa a su amigo en prisión con respecto a los estudios económicos no tuvieron grandes efectos (página 115). Hubiera sido quizás útil aquí que De Vivo, hubiera profundizado para el lector las señales que se derivan de las cartas y de los Quaderni, tal vez enfrentando interpretaciones previas como la de Giorgio Lunghini (1994). Es sobre la interpretación del materialismo histórico en la cual quizás, según De Vivo, los dos estudiosos encuentran un terreno de elaboración común. En particular, el autor cita un texto de 1932 de Maurice Dobb, pero inspirado por Sraffa, en el que en un punto clave habla de la "idea" que en tanto "parte de la historia, son 'hechos' de la experiencia histórica no menos que las invenciones mecánicas o [sic] las relaciones de propiedad, e ingresan al proceso histórico de la misma manera que los otros 'hechos' ". Este "marxismo indisciplinado" de Sraffa (e indirectamente de Gramsci) fue objeto de acusaciones de "perversión idealista" por parte de la célula del Partido Comunista de Cambridge, acusaciones a las que Dobb respondió, irritado, que el punto estaba inspirado por un camarada extranjero mucho más erudito del marxismo y mucho más involucrado en actividades revolucionarias (incluso ilegales) que los miembros de la célula de salón (página 126).


El redescubrimiento de Marx

Como se ha dicho, De Vivo describe muy bien la situación intelectual del marxismo en los años veinte: una suerte de división del trabajo para la cual se aceptaba el análisis económico burgués como un análisis científico respetable de problemas económicos concretos, relegando el marxismo a las grandes "leyes de movimiento" del capitalismo. Esta división del trabajo continuó en el Partido Comunista Italiano (PCI) (y en otras partes del marxismo internacional) mucho más allá de los años veinte, al menos hasta la austeridad berlingueriana cuando se abandonó la prédica del marxismo, dejando solo lo otro, lo de la teoría económica burguesa. La economía crítica no fue materia prima del PCI, como tampoco lo es hoy en sus farsescas reelaboraciones electorales. Esto dice que el camino que Sraffa recorrió antes de 1928 para liberarse del marginalismo y recuperar el punto de vista de los economistas clásicos y de Marx, o sea: la teoría del excedente (ver Cesaratto, 2016) es una cuestión controvertida. En resumen, ¿Sraffa fue inspirado y guiado por Marx o recorrió un sendero más complicado que culminó en una suerte de redescubrimiento de Marx? La pregunta es delicada en los dos aspectos. En el primer análisis, en el sentido de que, como escribió el economista de Turín, el camino para alcanzar un objetivo es, a menudo, más importante que el objetivo mismo. Reconstruir y rehacer ese camino no es un mero ejercicio de historia del pensamiento, sino que quiere significar el proceso de purgado de las ideas equivocadas que se ramifican en cada rincón de nuestra mente (de acuerdo con la famosa expresión de Keynes) y aquello igualmente fatigoso de vislumbrar un nuevo punto de vista. El segundo aspecto es más político, en el sentido de que una directa derivación marxista de la reanudación del enfoque clásico, expone a Sraffa a la sutil acusación, por ejemplo, esgrimida por Paul Samuelson, de ser un gran economista, pero lamentablemente impulsado por el deseo de validar a Marx a toda costa.

En un apéndice del segundo capítulo, De Vivo retoma lo que ya ha sostenido en algunas intervenciones científicas, notablemente que, guste o no, estaba en el Capital de Marx la orientación de Sraffa (en particular, el segundo volumen y el llamado cuarto volumen dedicado a la historia de las teorías del excedente). Evocando implícitamente el contexto esquizofrénico descrito por De Vivo, que en los años veinte se podía ser tanto marxista como considerar válido el aparato marginalista de determinación de precios a través de las curvas de demanda y oferta, más compleja resulta la posición de aquellos que creen que hay una continuidad entre los famosos artículos de Sraffa de 1925 y 1926 sobre la teoría de los precios en Alfred Marshall (el más influyente de los marginalistas) y los progresos sucesivos. En particular, Sraffa rastrea en Alfred Marshall la idea por la cual, con rendimientos constantes a escala, hay un único costo que determina el precio de los bienes. A partir de este indicio, Sraffa, llega sucesivamente a anclar la determinación de los precios y la distribución a los elementos materiales (objetivos), localizados en las teorías del excedente del mercantilista tardío William Petty y de los fisiócratas franceses, más que en los conceptos subjetivos de "esfuerzos y sacrificios" de los marginalistas o en la teoría del valor-trabajo de Ricardo y Marx (esto último considerado casi una corrupción del enfoque material para el cálculo del excedente de los autores precedentes, a favor de una noción semi-ética del valor de los bienes; véase el hermoso ensayo de Saverio Fratini de 2016). Una vez vuelto a descubrir este punto de vista material, empleado para sus ecuaciones, más tarde Sraffa retornó a Marx, más amablemente mirando a la teoría del valor trabajo como intentos propios de Ricardo y Marx para desarrollar el enfoque del excedente de manera original y fructífera, aunque dentro de los límites de esa teoría. El hecho de que, no obstante, el valor-trabajo era una base endeble como, por otra parte, era sabido por Ricardo y Marx, fue utilizado por uno de los fundadores del marginalismo, Böhm-Bawerk, para atacar al Capital, predisponiendo a la sujeción del marxismo al "más científico" marginalismo que, De Vivo evoca oportunamente en el libro. El legado teórico más importante de Sraffa al pensamiento marxista y democrático es, por lo tanto, el haber roto esta sujeción y la esquizofrenia entre el marxismo y el marginalismo, ilustrada por De Vivo. La cuestión del camino tomado por Sraffa en esos años decisivos sigue estando naturalmente abierta. En este sentido, habría sido enriquecedor que De Vivo hubiera mencionado la existencia de otras interpretaciones autorizadas.

Una figura fastidiosa

La historia de Sraffa es, por lo tanto, intelectualmente fascinante y profundamente inmersa en la historia del siglo corto, y en la del marxismo y la economía política. El libro de De Vivo es una lectura rigurosa pero absolutamente convincente al respecto. Una reflexión concluyente del autor sobre el impacto lamentablemente marginal de Sraffa sobre la cultura italiana hubiera sido interesante para el lector. En los estudios económicos, el legado de Sraffa está muy vivo, y su escuela se encuentra entre las más vibrantes en el campo heterodoxo; aunque ahí, sin embargo, frecuentemente se enfrenta a impostaciones muy entusiastas. Sin embargo, los espacios para el pensamiento crítico en economía se han restringido drásticamente, domina todo tipo de calaña reaccionaria, a pesar de que la crisis ha demostrado rotundamente su inconsistencia científica. En este sentido, el volumen de De Vivo es importante para sensibilizar a toda la cultura italiana sobre la oportunidad de proteger espacios para la libre investigación económica, no solo para defender un patrimonio científico que es todo italiano, interdisciplinario, democrático y antifascista, sino porque solo a partir de allí y del legado de Keynes puede surgir una ciencia económica nueva y más fructífera que supere el penoso aislamiento de la teoría dominante. En un momento de desconcierto de nuestro país, es hora de que Italia redescubra el temperamento humano e intelectual de Gramsci y Sraffa.

Referencias
Cesaratto, S. (2016) Sei lezioni di Economia, Imprimatur, Reggio Emilia.
Fratini, S.M. (2016) Sraffa on the Degeneration of the Notion of Cost, Centro Sraffa Working Papers, n.21.
Lunghini, G. (1994) Gramsci critico dell'economia politica, introduzione a: Antonio Gramsci, Scritti di economia politica, Bollati Boringhieri, Torino.
Robertson, Dennis H. (1936) Some Notes on Mr, Keynes' General Theory of Employment, Quarterly Journal of Economics 51, pp. 168-91.

*Economista. Profesor titular, Università degli Studi di Siena, Dipartimento di Economia Politica e statistica


15 ene. 2018

Las metas de inflación y la discusión del “ancla nominal”

Fabián Amico PhD Candidate in Economics IE/UFRJ 
Alejandro Fiorito Profesor de Política Económica en UNM




Recientemente la Universidad Nacional de Moreno publicó un valioso libro reuniendo diversos trabajos sobre la política cambiaria y sus alcances (“Discusiones sobre el tipo de cambio. El eterno retorno de lo mismo”, F. Médici –Ed-, UNM Editora, 2017), donde hemos contribuido con un capítulo analizando la relaciones del tipo de cambio con el crecimiento, la inflación y el balance de pagos. En esta nota, intentaremos utilizar algo de ese background conceptual para discutir algunos aspectos de la coyuntura.

Cambio de metas

Un tema caliente es el reciente cambio de “metas de inflación” por parte del BCRA. Este cambio fue entendido de manera unánime como un “fracaso” del BCRA y de la estrategia antiinflacionaria del Gobierno. Nos interesa discutir cuál es el sentido de este “fracaso”. Supuestamente la meta de 8-12% era “muy exigente” e impedía bajar la tasa. Una meta menos restrictiva permitiría reducir la tasa de interés e impulsar la economía (sin poner en riesgo el boom de créditos). Se supone así que la reducción de la tasa sería expansiva del nivel de actividad, y que existiría un cierto “intercambio” entre nivel de actividad (mayor) e inflación (mayor) regulado por la tasa de interés. Pero ese trade-off es un espejismo.

La conexión entre la tasa de interés y el nivel de actividad es muy difusa. Como el volumen de crédito no supera el 15% del PIB, el canal de transmisión directo de la política monetaria al nivel de actividad es muy débil. El supuesto “boom” de crédito hipotecario (que, en términos reales, en noviembre está aún por debajo del nivel registrado en 2009 y en 2013) no tiene un gran impacto sobre el nivel de actividad, ya que se trata esencialmente de adquisición de viviendas ya existentes y no de nuevas construcciones. Además, en términos de tasas, el crédito hipotecario fue crecientemente segmentado, con las tasas específicas para hipotecas subiendo menos que la tasa básica de política monetaria. Por ende, no es necesario bajar la tasa básica de política para mantener el “boom”. Finalmente, varios trabajos empíricos muestran inequívocamente que la inversión productiva privada no tiene ninguna relación sistemática con el nivel de las tasas de interés.

¡Es la puja!

Entonces, ¿cuál es el sentido de hacer “menos contractiva” la política monetaria? Aquí se impone una breve digresión sobre el funcionamiento real de las metas de inflación en América Latina para comprender las razones del “fracaso” argentino. Un estudio reciente (Trajtemberg et al.)realizó una descomposición de los factores determinantes de  la inflación para un conjunto de países latinoamericanos.1 En todos los casos, la demanda agregada no mostró impacto alguno sobre la tasa de inflación, pese a que los bancos centrales aseguran que controlan la inflación regulando la demanda agregada mediante el manejo de la tasa de interés. Esto refuerza la idea de que el principal canal de transmisión de la tasa de interés a la inflación es el tipo de cambio nominal y que (excepto quizás Brasil en algunos periodos) la elasticidad de la demanda agregada respecto de la tasa de interés es muy baja o nula.

Una diferencia crucial de la inflación argentina con Chile, Colombia, Perú, México y Brasil (donde los sistemas de metas lograron controlar la inflación y mantenerla en niveles bajos), es la mayor incidencia de la puja distributiva medida, por ejemplo, por los costos laborales unitarios ajustados por productividad. Asimismo, los autores del estudio eliminaron la parte de la variación de los costos laborales unitarios originada en la inflación previa, de modo que estos captan solo el efecto de un cambio “autónomo” de esos costos sobre la inflación. El estudio reveló que en Argentina la incidencia del conflicto distributivo es la más alta en la comparación regional y que la inercia inflacionaria nunca es la parte más importante de la inflación.

Este resultado tiene varias implicaciones importantes. Primero, caracterizar a la inflación argentina como “inercial” es un error porque el conflicto distributivo sigue siendo el factor decisivo que gobierna la tasa de inflación incluso cuando ésta es más o menos constante. Así, “romper la inercia” supone intervenir en el conflicto distributivo y alterar la distribu
ción. Segundo, si el principal canal de transmisión de la tasa de interés sobre la inflación es la apreciación cambiaria, resulta claro ahora por qué la inflación argentina se revela tan resistente: simplemente, el canal cambiario en Argentina solo afecta una parte de la inflación. A su vez, esto explica por qué sí funciona en los otros países (Chile, Colombia, Perú, México y Brasil) donde la puja distributiva tiene una significación considerablemente menor o es directamente un factor desinflacionario.

Como la tasa de interés opera vía el canal cambiario, entonces, una reducción de la tasa, si es persistente, lleva a un aumento de la tasa de devaluación. A su vez, una devaluación mayor está asociada con una aceleración de la inflación y una disminución del salario real en el corto plazo. Por ende, la baja de la tasa de interés resultaría no solo en más inflación sino en caída del nivel de actividad.

El objetivo

¿Cuál podría ser la justificación de una alternativa de política así? Evidentemente solo podría ser explicado por el hecho de que los objetivos de inflación y crecimiento en el corto plazo han quedado subordinados a otro objetivo de política, básicamente el tipo de cambio y la rentabilidad. De facto, un consenso creciente alerta de la “gravedad” del “atraso” del tipo de cambio real. Se considera que la reforma laboral (más “flexibilidad” en el mercado) no alcanza para aclarar “la gramática de los precios relativos de la economía” (Fernando Navajas). Y el “atraso” cambiario sería parte esencial de esa “gramática”.

La política monetaria debería orientarse, según este consenso, hacia un tipo de cambio real más alto o “competitivo” y una tasa de interés más baja, con una disminución de los salarios reales en el corto plazo y una forzosa desaceleración del crecimiento en el año que comienza. Para que eso sea posible, el BCRA debe convalidar la política indicada por el Gobierno y digerir en silencio el “costo reputacional”.

Existe un problema adicional. Si el rendimiento de los activos domésticos es superior al externo, eso causa un flujo neto dirigido hacia los activos domésticos que comporta una tendencia a la apreciación (o una disminución de la tasa de devaluación). Basta que el tamaño de ese diferencial sea positivo para que induzca esa tendencia. En este marco, la reducción de tasas del BCRA fue tan “testimonial” que no alteró substancialmente el diferencial de rendimientos. De hecho, tras el anuncio, los analistas volvieron a darle aire al carry trade (sea con Lebac o bonos) y la expectativa de devaluación cayó fuerte en el Rofex. En suma, el objetivo de recuperar rentabilidad/competitividad cambiaria no estaría siendo exitoso con esta tímida baja de tasas del BCRA.

Los temores del BCRA para bajar la tasa no serían infundados. En verdad, una devaluación a secas ya no es requerida por nadie. La experiencia del rápido repase de la devaluación a precios puso un signo de cautela sobre la política monetaria.
Si se va a intentar una suba del TC real, la devaluación nominal no puede ser una medida aislada. El objetivo de una devaluación real requiere que el Gobierno utilice a los salarios como “ancla nominal” de la economía. Y, como se sabe, el ancla debe crecer menos que las otras variables. Esto pone en duda la vigencia de la cláusula gatillo.

Desgraciadamente para esta visión, como se muestra en el libro, la rentabilidad no tiene ningún efecto predeterminado sobre las exportaciones ni sobre el nivel de producción e inversión domésticas. Las exportaciones dependen del nivel de actividad de los socios comerciales y de un conjunto de factores tecnológicos y estructurales sin relación con los precios relativos. De manera análoga, el nivel de inversión depende de la expansión del nivel de actividad y del tamaño del mercado. Por ende, no es una función del nivel de rentabilidad. La rentabilidad puede implicar una restricción para el flujo de nuevas inversiones si cae por debajo de un cierto umbral mínimo o si se extingue. Pero estamos lejos de ese caso.

La devaluación tampoco es un buen mecanismo de ajuste del balance de pagos: de hecho, el nivel de TCRM en promedio anual en 2016 es 14% más alto y en 2017 es 6,7% mayor en relación a 2015 y el déficit de cuenta corriente es significativamente mayor. Aunque no resuelve ninguno de esos problemas, como entre nuestros transables se encuentran los bienes-salario, sin dudas un tipo de cambio real más alto aumenta la rentabilidad (en dólares) de todos los sectores (y no sólo de los exportadores). Eso parece ser, pese a todo, un motivo de consuelo para mucha gente. Sin embargo, no está para nada claro que el Gobierno pueda imponer a los salarios el rol de ancla nominal. En la experiencia argentina, eso se consiguió solo bajo la Convertibilidad, con un grado extremo de flexibilidad laboral, sin paritarias y con desempleo de dos dígitos. Es altamente probable, por tanto, que la inflación siga entre nosotros por mucho tiempo.

Lea ACA

24 nov. 2017

Céfiro: Dossier a 150 años de la publicación del primer tomo de “El Capital”

Posteamos el tercer número del cuarto año de la revista de la Universidad Nacional de Moreno, Céfiro, que contiene un dossier (págs. 35-108) sobre El Capital de Marx a los 150 años de su publicación.





Como afirman  los profesores de la UNM,  Florencia Médici y Pablo A. Tavilla al comienzo del dossier:

"Tomamos como excusa la conmemoración de los 150 años de la publicación del primer tomo de “Das Kapital. Kritik der politischen Oekonomie” en 1867 para destacar, valorizar y considerar como pensamiento vivo gran parte de la gigantesca obra de Karl Marx.
Ni muerto ni mineralizado, ni tampoco convertido en suma teológica; siempre mejorable y superable críticamente, pero sabiendo que encontramos ahí, frecuentemente, un punto de partida, un disparador, un marco ordenador e inspirador. Constituyó un salto histórico inmenso, el arribo a una cumbre en materia de condensación lúcida de progresos en el conocimiento humano crítico.
Con la obra de Marx se dio una particularidad, fue prácticamente imposible serle indiferente. Por odio o por alta valoración, por él o contra él, ya sea en economía política, en filosofía, en política, en cultura, en sociología o en cualquier otro campo de las ciencias sociales, es mucho lo que inspiró y motivó a producir.
Ya sabemos que las ideas y la construcción de conceptos se refieren a un contexto temporal y espacial, sin embargo también aprendimos que algunas pueden servir para iluminar otras indagaciones sobre realidades diferentes, como marco o como guía o pistas para plantear nuevas preguntas o como invitación a superar críticamente un buen punto de partida. Cuando no, fundar toda una tradición, una corriente".
 ..............................................................
"Basta con decir que la misión de una Casa de Altos Estudios Universitarios es formar en pensamiento crítico, en comprender para transformar. Cuánto Marx está en el aire mismo que respiramos! Ni hablar de quienes nos formamos en ciencias económicas. ¿Cuántos, acaso, no estudiamos economía arrastrados por el hechizo de esos textos tan poderosos y polémicos?
Nos tentamos de parafrasear a alguien muy relevante en la historia política nacional y adaptarlo para sostener que, más allá de las opciones ideológicas, disciplinares y hasta políticas, todos somos al menos un poco marxistas, aún cuando no siempre tengamos conciencia plena, mal que pueda pesarnos. Esto suele pasar con esos pocos casos de mentes brillantes que condensaron pensamientos y espíritus de épocas y las trascendieron dando su impronta y testimonio, influyendo, motivando corrientes de pensamiento y hasta desatando tormentas.
Para ir terminando, un poco más atrevidos pero con la mejor intención de motivar lecturas: cuántas veces, en relación a algún análisis no muy convincente en el amplio campo de las ciencias sociales, y más allá de posicionamientos ideológicos, políticos y religiosos, pensamos: “a este muchacho se le nota mucho no haber pasado por Marx”.

Lo que sigue son los seis artículos integrantes de este Dossier, escritos por Enrique Aschieri, José Castillo, Eduardo Crespo, Nicolás Dvoskin, Alejandro Fiorito y Alejandro Naclerio, docentes de universidades públicas argentinas que ponen lúcido foco en algunos aspectos de esa obra cumbre de la economía política clásica, para algunos y crítica superadora de los clásicos, para muchos otros. En esta oportunidad, artículos
más cercanos al análisis experto. Un lujo.
En definitiva, siempre nos movemos con el afán de contagiar ganas y pasión por saber, por comprender el mundo y por no cesar en el deseo de mejorarlo. Como decía Marx, a seguir haciendo historia en el marco de las circunstancias que nos tocaron, aún cuando, en principio, no las hayamos elegido tan conscientemente."

Indice del Dossier:
• A 150 años de la publicación primer tomo de “El Capital” Presentación,
por Florencia Médici y Pablo A. Tavilla

• “Usar” El Capital. Un ensayo sobre sus dimensiones “cualitativas”,
 por José E. Castillo

• El Sistema Marx. Anatomía y dinámica del capitalismo: La vigencia del debate en el siglo XXI, 
por Alejandro Naclerio.

• La teoría del valor trabajo después de Hilferding,
 por Alejandro Fiorito.

• El tratamiento de la tasa de ganancia en Ricardo y Dmitriev. Una breve comparación con Marx, 
por Eduardo A. Crespo y Marcus Cardoso Santiago

• Los robots en el sesquicentenario de Das Kapital, 
por N. Enrique Aschieri

• Das Kapital y la sociedad disciplinaria: Una lectura posmoderna de las relaciones de poder en la obra de Marx, 
por Nicolás Dvoskin

bajar la revista ACA