El Viejo Almacen -Bs.As.

Surplus Approach

“Es necesario volver a la economía política de los Fisiócratas, Smith, Ricardo y Marx. Y uno debe proceder en dos direcciones: i) purgar la teoría de todas las dificultades e incongruencias que los economistas clásicos (y Marx) no fueron capaces de superar, y, ii) seguir y desarrollar la relevante y verdadera teoría económica como se vino desarrollando desde “Petty, Cantillón, los Fisiócratas, Smith, Ricardo, Marx”. Este natural y consistente flujo de ideas ha sido repentinamente interrumpido y enterrado debajo de todo, invadido, sumergido y arrasado con la fuerza de una ola marina de economía marginal. Debe ser rescatada."
Luigi Pasinetti


ISSN 1853-0419

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5 feb. 2018

GRAMSCI Y SRAFFA, LA RELACIÓN ENTRE DOS COMUNISTAS INDISCIPLINADOS

Posteamos un comentario del Profesor Cesaratto traducido por  Enrique y Guido Aschieri.

NOTA BENE de los traductores 


 
Por Sergio Cesaratto*.

Artículo aparecido el 8 de enero de 2018 en el sitio MicroMega, disponible en italiano: ACA



La figura de Piero Sraffa es casi desconocida para el gran público italiano, incluso para los más cultos; apenas más afortunada es la figura de Antonio Gramsci. Sin embargo, son dos de los estudiosos de la sociedad más extraordinarios, los más extraordinarios, sobre los que nuestro país puede presumir en el siglo XX. El volumen de Giancarlo De Vivo [Nella bufera del Novecento – Antonio Gramsci e Piero Sraffa tra lotta politica e teoria critica, Castelvecchi, 2017 (En la tempestad del siglo XX - Antonio Gramsci y Piero Sraffa entre la lucha política y la teoría crítica)] abre una serie de vislumbres sobre la interacción intelectual, política y humana que se estableció entre los dos, en momentos dramáticos del siglo XX, como dice el adecuado título. El libro no es solo para académicos y "especialistas", sino de gran interés para todos los lectores educados.

Gramsci y Sraffa se conocieron, como es sabido, en Turín inmediatamente después de la Primera Guerra Mundial, ambos estudiantes de Umberto Cosmo (como Terracini y Togliatti). Los períodos de la conversación más intensa fueron, por lo tanto, el de Turín (1919-1921) y el romano (1924-1926). Pero nunca rompieron la ilación, ni en el período 1921-24, en que estuvieron ausentes de Italia, primero Sraffa (en Londres) y después Gramsci (en Moscú). Desde Londres, Sraffa continuó colaborando con el Ordine Nuovo. Después del arresto de Gramsci en noviembre de 1926, Sraffa, actuó como enlace con el Partido Comunista en el exilio. Hasta la concesión de la libertad condicional en 1934, desgraciadamente, Sraffa se reunió con Gramsci solo una vez en 1927, mientras que la correspondencia solo podía tener lugar indirectamente a través de la cuñada del preso, Tatiana Schucht. Solo desde enero de 1935, Sraffa pudo volver a ver a su amigo en otras siete reuniones. De la última, a fines de marzo de 1937, Tatiana escribe (página 17, las referencias son al volumen de De Vivo) que "ya es el tercer día que Antonio recibe su visita, mañana y tarde...Su alegría me conmueve infinitamente, y sus pedidos directos para que su amigo escuche todo lo que quiere contar y para escucharse a sí mismo. Estas conversaciones ciertamente lo desgastan mucho, pero para él es más que el aire que respira".

Gramsci, no es el único que recibiera gran satisfacción de las conversaciones con Sraffa; basta recordar aquellas semanales con Wittgenstein en Cambridge, y la afirmación de este último de que de una conversación con Sraffa se sale como un árbol podado. De las conversaciones con Gramsci, cuyo componente humano es palpable en las palabras de Tatiana, De Vivo, nos da algunas intuiciones sobre las que recalaremos más adelante. De Wittgenstein (y de Gramsci), Sraffa debió admirar la búsqueda del rigor llevado al extremo: nada que el economista admiraba más que la honestidad, el rigor y la curiosidad intelectual.

Las cartas (primer capítulo)

La correspondencia entre Sraffa y Tatiana es el medio con que el economista (desde 1927 en Cambridge) se comunica con Gramsci. Él recibe de la cuñada de Gramsci las copias de las cartas del prisionero y las envía a la sede extranjera del Partido Comunista en París. Sraffa, sigue en persona el proceso legal para la liberación de Gramsci (tanto como para merecer el mote de abogado en alguna carta), aunque a través del conocimiento de su padre, antifascista y ex rector de la Bocconi, que (opinaba) era ilegal. A la luz de los profundos lazos entre Gramsci y Sraffa, parece, por lo tanto, sorprendente que el papel del economista italiano fuera, recuerda De Vivo, poco conocido durante mucho tiempo, casi oculto, y es sólo desde mediados de los años sesenta que comienza a emerger. Y, desafortunadamente, con este surgimiento, las inferencias más variadas, con frecuencia indocumentadas, han comenzado a florecer sobre el papel de Sraffa como vínculo entre Gramsci y el Partido. En resumen, la acusación es que Sraffa actuó como agente del Partido e incluso del Komintern en estrecho contacto con Togliatti y Stalin. Desafortunadamente, los estudiosos afianzados como, Luciano Canfora, se habían prestado a este juego. El cuadro que emerge de la reconstrucción documental que hace De Vivo, en el primer capítulo del libro, es más bien el de un comportamiento extremadamente correcto de Sraffa, tanto sea con el Partido como, sobre todo, con su amigo en la cárcel, sin escatimar ninguno de todos los esfuerzos posibles para su liberación y, en todo caso, para aliviar sus sufrimientos materiales e intelectuales.

Veamos al respecto la cuestión de la famosa carta de Ruggero Grieco. Como tal vez sepan los lectores, en 1928 la policía secreta fascista interceptó una carta de ese líder comunista exiliado, remitida a tres dirigentes encarcelados, Terracini, Scoccimarro y Gramsci. Como mostraba a los tres como miembros aún activos en las elecciones del Partido, esta carta podría ser un elemento agravante de su posición en el juicio inminente ante el Tribunal Especial. Gramsci, quedó inmediatamente azorado y sospechó de este movimiento repentino del Partido, volviendo al tema cinco años más tarde en dos cartas a Tatiana, en las que expresó su tormento de que la carta había sido enviada deliberadamente para agravar su posición. ¿Y de quién, si no de Togliatti? Tal es la confianza de Gramsci hacia Sraffa, que le pide a Tatiana que sus dos cartas se transmitan únicamente al "abogado" (y por lo tanto, no al Partido). Determinar si Sraffa hubo de respetar o no la voluntad de su amigo es por lo tanto decisivo, tanto más desde que los buitres habituales se han enardecido sosteniendo que este deseo no fue respetado. La reconstrucción de De Vivo, que sobre este punto es apasionante (en verdad, el libro en su conjunto lo es), documenta paso a paso, y de una manera que me parece muy incontrovertible, como Sraffa ciertamente había honrado esa voluntad. En particular, Sraffa, a comienzos de los años setenta todavía estaba en posesión de las dos cartas de las que hablamos (las copias que le envió Tatiana) junto con una veintena de cartas sucesivas que, evidentemente, Sraffa había dejado de remitir al Partido. Estos son materiales que el Partido recibió por otras vías, sustancialmente de las autoridades soviéticas que heredaron los originales custodiados por Tatiana. 

¿Por qué, uno se pregunta, Sraffa no solo respeta la voluntad de, Gramsci, de no entregar las dos cartas, sino que ni siquiera remite las siguientes? De Vivo, avanza con la hipótesis de que después del tejemaneje Grieco (y otras "ligerezas" subsiguientes), Sraffa también había levantado una creciente sospecha del Partido, una hipótesis corroborada en 1983 por Giorgio Napolitano, quien en el período de la posguerra intermediaba entre el Partido y Sraffa. Este último, especifica De Vivo, nunca rompió con el Partido (del cual no era miembro). Por su parte, Togliatti mantuvo deliberadamente la figura de Sraffa, en la sombra durante más de treinta años, y hasta manipuló una carta importante de Tatiana a Sraffa, en la que se le contaba el final de Gramsci, presentándola como dirigida "a su esposa y sus acompañantes". Hubo un punto de inflexión en la actitud de Togliatti, en la proximidad de su muerte, de modo que a mediados de los sesenta se publican finalmente las dos cartas de Gramsci, en las que surgió el tejemaneje Grieco (como ya dijimos, no de Sraffa), para debatir junto con el tema de la posible ruptura de Gramsci con el Partido Comunista tanto con respecto a los acontecimientos de la dirigencia soviética, como, y posteriormente, con relación a la propuesta de la constitución democrática apoyada por Gramsci contra la línea del Partido (en este sentido, un artículo de Leonardo Paggi de 1966 suscitó los dardos de Amendola). En ese punto, la dirigencia comunista comenzó a sospechar que Sraffa poseía documentos gramscianos ulteriores, dando paso a una exquisita caza de ratones en la que solo después de mucha insistencia en 1974, Sraffa (que mientras tanto comenzaba a perder la memoria) les contó cuánto todavía poseía. Pero fueron, como se hizo mención más arriba, materiales que ya estaban en posesión del Partido e incluso ya publicados. En un apéndice del capítulo, De Vivo demuele acusaciones posteriores de Canfora a Sraffa con respecto a la infame carta de Grieco. Uno solamente se pregunta por qué, incluso intelectuales respetables, soltarían a los buitres sino hubiera en Italia un interés en ensuciar la figura cristalina de Sraffa. ¿Qué cosa molesta de Sraffa?


El materialismo de la idea (segundo capítulo)

Sraffa, tuvo un profundo intercambio intelectual con algunos de los pensadores más brillantes de Cambridge, entre ellos el genio matemático Frank Ramsey que murió prematuramente a la edad de 26 años, y por supuesto Wittgenstein y Keynes. Desafortunadamente, quedan pocas huellas de las largas conversaciones en las que sometieron sus teorías a la navaja de Sraffa (probablemente más que viceversa). Las conversaciones con Wittgenstein, según el relato de Amartya Sen que De Vivo refiere, tuvieron en algún momento que aburrir a Sraffa por su abstracción en comparación con las más concretas con Keynes. La distancia entre los dos economistas fue naturalmente notable, tanto en política como en economía, tanto que en 1951 Sraffa le escribió a Dobb de Keynes como un "reaccionario". De hecho, precisa De Vivo, Sraffa estaba muy conmovido por la desaparición del gran economista en 1946. El genio de Sraffa se puede ver en el hecho de que, por un lado si bien Keynes consideró una prueba la crítica "extenuante" de Sraffa a los borradores de la Teoría General, por el otro, Dennis Robertson, un antiguo alumno de Keynes, más luego un cardenal de la ortodoxia y un recensor muy crítico de la Teoría General, le agradece a Sraffa, por sus sugerencias; en efecto, le atribuye la paternidad de una buena parte de la crítica. Sraffa, "el enigma absoluto" como lo define Richard Kahn, (p.82), Zelig de la inteligencia, capaz de ayudar a aclarar puntos de vista opuestos, el de Keynes y el de sus críticos, en el anhelo del extremo rigor.

También sabemos poco sobre las conversaciones con Gramsci. Según el juicio sobre Benedetto Croce, probablemente haya una distancia entre los dos: Sraffa está definitivamente a favor y tiene curiosidad por la ciencia moderna y considera que el idealismo crociano es dañino.
"Es un hecho curioso que en la cultura de todos los italianos que tienen una cultura haya un gran vacío: la ignorancia de las ciencias naturales. Croce es un caso extremo pero típico. Los filósofos creen que cuando demostraron que los científicos serían dignos de ser vergonzosamente rechazados en filosofía, su tarea está terminada" [carta a Tania, 23 de agosto de 1931, citada en la página 96).

Inicialmente, sobre todo interesado en cuestiones económicas y financieras aplicadas (este último lo hizo personalmente malquisto para Mussolini, no menos de como lo era Gramsci), hacia mediados de los veinte, Sraffa comienza a interesarse en la teoría económica y se vuelca a la carrera académica, lo que se convertirá en la aventura intelectual de su vida y el desafío teórico más importante para el marginalismo del siglo pasado, junto con el de Keynes. Esto no evitó que Sraffa continuara manteniendo contactos políticos, no solo con el Partido Comunista, sino también a mediados de los años veinte con la izquierda reformista, desde Turati hasta Kuliscioff, desde Rosselli hasta Gobetti. Por otra parte, Sraffa recibió los severos reproches de Gramsci y Togliatti, por haber apoyado una línea de fuerzas antifascistas en el sentido opuesto del sectarismo comunista, sin que esto mellara la confianza de los primeros en él.

¿Qué discutieron Gramsci y Sraffa en Roma durante el período 1924-26 hasta "tarde en la noche"? Tal vez, el estado insatisfactorio de los estudios económicos marxistas, sobre los cuales Gramsci dio un juicio severo en los Quaderni, compartido por Sraffa (página 119). Debe tenerse en cuenta que solo unos pocos años después, en 1928, Sraffa comenzó a tener una idea suficientemente clara de la reanudación del enfoque de los economistas clásicos y de Marx, el que lo ocupó en las décadas siguientes. El propio Sraffa todavía vivía esa condición común a muchos marxistas (pp. 104-107) del vasallaje intelectual hacia el marginalismo, representado en particular por la figura de Alfred Marshall, pese a haberlo criticado severamente en dos artículos memorables de 1925 y 1926. Las solicitudes de Sraffa a su amigo en prisión con respecto a los estudios económicos no tuvieron grandes efectos (página 115). Hubiera sido quizás útil aquí que De Vivo, hubiera profundizado para el lector las señales que se derivan de las cartas y de los Quaderni, tal vez enfrentando interpretaciones previas como la de Giorgio Lunghini (1994). Es sobre la interpretación del materialismo histórico en la cual quizás, según De Vivo, los dos estudiosos encuentran un terreno de elaboración común. En particular, el autor cita un texto de 1932 de Maurice Dobb, pero inspirado por Sraffa, en el que en un punto clave habla de la "idea" que en tanto "parte de la historia, son 'hechos' de la experiencia histórica no menos que las invenciones mecánicas o [sic] las relaciones de propiedad, e ingresan al proceso histórico de la misma manera que los otros 'hechos' ". Este "marxismo indisciplinado" de Sraffa (e indirectamente de Gramsci) fue objeto de acusaciones de "perversión idealista" por parte de la célula del Partido Comunista de Cambridge, acusaciones a las que Dobb respondió, irritado, que el punto estaba inspirado por un camarada extranjero mucho más erudito del marxismo y mucho más involucrado en actividades revolucionarias (incluso ilegales) que los miembros de la célula de salón (página 126).


El redescubrimiento de Marx

Como se ha dicho, De Vivo describe muy bien la situación intelectual del marxismo en los años veinte: una suerte de división del trabajo para la cual se aceptaba el análisis económico burgués como un análisis científico respetable de problemas económicos concretos, relegando el marxismo a las grandes "leyes de movimiento" del capitalismo. Esta división del trabajo continuó en el Partido Comunista Italiano (PCI) (y en otras partes del marxismo internacional) mucho más allá de los años veinte, al menos hasta la austeridad berlingueriana cuando se abandonó la prédica del marxismo, dejando solo lo otro, lo de la teoría económica burguesa. La economía crítica no fue materia prima del PCI, como tampoco lo es hoy en sus farsescas reelaboraciones electorales. Esto dice que el camino que Sraffa recorrió antes de 1928 para liberarse del marginalismo y recuperar el punto de vista de los economistas clásicos y de Marx, o sea: la teoría del excedente (ver Cesaratto, 2016) es una cuestión controvertida. En resumen, ¿Sraffa fue inspirado y guiado por Marx o recorrió un sendero más complicado que culminó en una suerte de redescubrimiento de Marx? La pregunta es delicada en los dos aspectos. En el primer análisis, en el sentido de que, como escribió el economista de Turín, el camino para alcanzar un objetivo es, a menudo, más importante que el objetivo mismo. Reconstruir y rehacer ese camino no es un mero ejercicio de historia del pensamiento, sino que quiere significar el proceso de purgado de las ideas equivocadas que se ramifican en cada rincón de nuestra mente (de acuerdo con la famosa expresión de Keynes) y aquello igualmente fatigoso de vislumbrar un nuevo punto de vista. El segundo aspecto es más político, en el sentido de que una directa derivación marxista de la reanudación del enfoque clásico, expone a Sraffa a la sutil acusación, por ejemplo, esgrimida por Paul Samuelson, de ser un gran economista, pero lamentablemente impulsado por el deseo de validar a Marx a toda costa.

En un apéndice del segundo capítulo, De Vivo retoma lo que ya ha sostenido en algunas intervenciones científicas, notablemente que, guste o no, estaba en el Capital de Marx la orientación de Sraffa (en particular, el segundo volumen y el llamado cuarto volumen dedicado a la historia de las teorías del excedente). Evocando implícitamente el contexto esquizofrénico descrito por De Vivo, que en los años veinte se podía ser tanto marxista como considerar válido el aparato marginalista de determinación de precios a través de las curvas de demanda y oferta, más compleja resulta la posición de aquellos que creen que hay una continuidad entre los famosos artículos de Sraffa de 1925 y 1926 sobre la teoría de los precios en Alfred Marshall (el más influyente de los marginalistas) y los progresos sucesivos. En particular, Sraffa rastrea en Alfred Marshall la idea por la cual, con rendimientos constantes a escala, hay un único costo que determina el precio de los bienes. A partir de este indicio, Sraffa, llega sucesivamente a anclar la determinación de los precios y la distribución a los elementos materiales (objetivos), localizados en las teorías del excedente del mercantilista tardío William Petty y de los fisiócratas franceses, más que en los conceptos subjetivos de "esfuerzos y sacrificios" de los marginalistas o en la teoría del valor-trabajo de Ricardo y Marx (esto último considerado casi una corrupción del enfoque material para el cálculo del excedente de los autores precedentes, a favor de una noción semi-ética del valor de los bienes; véase el hermoso ensayo de Saverio Fratini de 2016). Una vez vuelto a descubrir este punto de vista material, empleado para sus ecuaciones, más tarde Sraffa retornó a Marx, más amablemente mirando a la teoría del valor trabajo como intentos propios de Ricardo y Marx para desarrollar el enfoque del excedente de manera original y fructífera, aunque dentro de los límites de esa teoría. El hecho de que, no obstante, el valor-trabajo era una base endeble como, por otra parte, era sabido por Ricardo y Marx, fue utilizado por uno de los fundadores del marginalismo, Böhm-Bawerk, para atacar al Capital, predisponiendo a la sujeción del marxismo al "más científico" marginalismo que, De Vivo evoca oportunamente en el libro. El legado teórico más importante de Sraffa al pensamiento marxista y democrático es, por lo tanto, el haber roto esta sujeción y la esquizofrenia entre el marxismo y el marginalismo, ilustrada por De Vivo. La cuestión del camino tomado por Sraffa en esos años decisivos sigue estando naturalmente abierta. En este sentido, habría sido enriquecedor que De Vivo hubiera mencionado la existencia de otras interpretaciones autorizadas.

Una figura fastidiosa

La historia de Sraffa es, por lo tanto, intelectualmente fascinante y profundamente inmersa en la historia del siglo corto, y en la del marxismo y la economía política. El libro de De Vivo es una lectura rigurosa pero absolutamente convincente al respecto. Una reflexión concluyente del autor sobre el impacto lamentablemente marginal de Sraffa sobre la cultura italiana hubiera sido interesante para el lector. En los estudios económicos, el legado de Sraffa está muy vivo, y su escuela se encuentra entre las más vibrantes en el campo heterodoxo; aunque ahí, sin embargo, frecuentemente se enfrenta a impostaciones muy entusiastas. Sin embargo, los espacios para el pensamiento crítico en economía se han restringido drásticamente, domina todo tipo de calaña reaccionaria, a pesar de que la crisis ha demostrado rotundamente su inconsistencia científica. En este sentido, el volumen de De Vivo es importante para sensibilizar a toda la cultura italiana sobre la oportunidad de proteger espacios para la libre investigación económica, no solo para defender un patrimonio científico que es todo italiano, interdisciplinario, democrático y antifascista, sino porque solo a partir de allí y del legado de Keynes puede surgir una ciencia económica nueva y más fructífera que supere el penoso aislamiento de la teoría dominante. En un momento de desconcierto de nuestro país, es hora de que Italia redescubra el temperamento humano e intelectual de Gramsci y Sraffa.

Referencias
Cesaratto, S. (2016) Sei lezioni di Economia, Imprimatur, Reggio Emilia.
Fratini, S.M. (2016) Sraffa on the Degeneration of the Notion of Cost, Centro Sraffa Working Papers, n.21.
Lunghini, G. (1994) Gramsci critico dell'economia politica, introduzione a: Antonio Gramsci, Scritti di economia politica, Bollati Boringhieri, Torino.
Robertson, Dennis H. (1936) Some Notes on Mr, Keynes' General Theory of Employment, Quarterly Journal of Economics 51, pp. 168-91.

*Economista. Profesor titular, Università degli Studi di Siena, Dipartimento di Economia Politica e statistica


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