El Viejo Almacen -Bs.As.

Surplus Approach

“Es necesario volver a la economía política de los Fisiócratas, Smith, Ricardo y Marx. Y uno debe proceder en dos direcciones: i) purgar la teoría de todas las dificultades e incongruencias que los economistas clásicos (y Marx) no fueron capaces de superar, y, ii) seguir y desarrollar la relevante y verdadera teoría económica como se vino desarrollando desde “Petty, Cantillón, los Fisiócratas, Smith, Ricardo, Marx”. Este natural y consistente flujo de ideas ha sido repentinamente interrumpido y enterrado debajo de todo, invadido, sumergido y arrasado con la fuerza de una ola marina de economía marginal. Debe ser rescatada."
Luigi Pasinetti


ISSN 1853-0419

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Cuando pase el temblor

Por Fabián Amico y Mariano de Miguel    Economistas Existe la hipótesis generalizada de que la reciente corrida cambi...

25 oct. 2017

“América Latina necesita un Estado desarrollista eficiente”






Matías Vernengo, en conjunto con Esteban Pérez Caldentey, acaban de editar un libro interesante sobre un tema que  suscita creciente atención: la incapacidad de América Latina de pegar ese ansiado brinco hacia el desarrollo y lograr estándares de vida más altos e inclusivos de manera sustentable.  En diálogo con El Economista, Vernengo (Bucknell University) comenta algunos pormenores del trabajo, señala algunas respuestas a la pregunta que titula el libro y sugiere algunos tips para los policy makers latinoamericanos a la hora de delinear una estrategia exitosa hacia el desarrollo. En una época de vacas menos gordas que en la primera década de los 2000 y con (todavía) enormes déficit sociales, es un libro más que necesario para reflexionar sobre los desafíos de América Latina y su necesidad de batallar contra su crónica inestabilidad e incapacidad para subirse, como un pasajero más, en el tren del desarrollo, y no quedarse más en la estación.


Para arrancar, ¿qué los llevó a escribir el libro, por qué eligieron este momento y qué vacío intentan ocupar?

El fracaso del llamado Consenso de Washington y la reacción política que permitió la elección de gobiernos de izquierda en la región hace más de una década ahora, creó la posibilidad de una nueva estrategia de desarrollo. Sin embargo, la crisis global que empezó con el fin de la burbuja del mercado inmobiliario de EE.UU. y la crisis europea dejó en claro los límites del experimento nacional y popular en la región. El agotamiento del ciclo de las commodities, en particular, demuestra que los viejos problemas de la especialización productiva de la región son difíciles de superar. El libro es una respuesta a eso en el contexto de un resurgimiento de las ideas nuevo institucionalistas sobre el papel de las instituciones, y el riesgo de un nuevo Consenso de Washington aggiornado.


Ciertamente, es natural aspirar a mejorar, tanto a nivel individual como colectivo y pretender que la gente viva sustancialmente mejor. En breve, desarrollarse. Pero, en América Latina, ¿es posible y hasta qué punto?

No sugiero “tirar la toalla”, como se dice en Argentina, ¿pero no es muy difícil ese camino y acaso no fue recorrido solo por unos pocos en las últimas décadas? En otras palabras, ¿a qué puede, verosímilmente, aspirar la región? Y uno no espera la próxima potencia hegemónica global. Tampoco se espera que reinventemos la rueda. Pero es posible eliminar los peores problemas del subdesarrollo. Por ejemplo, cuestiones básicas, como la seguridad alimentaria, son relativamente fáciles de resolver. Una combinación de sustitución de importaciones, promoción de exportaciones, con las requeridas políticas industriales, y políticas de estímulo del mercado interno, lo que demanda políticas sociales redistributivas, permitirían mantener tasas de crecimiento razonables, evitando los problemas externos que normalmente ponen un freno al crecimiento en la periferia. No sé si puede romper lo que ahora los autores neoclásicos llaman la trampa de los ingresos medios porque, finalmente, apenas dos o tres países lo han hecho fuera del círculo de los países centrales.


Uno de los temas que recorre el libro es el rol de las instituciones, que no se desmerece y los autores dialogan críticamente con la visión institucionalista. ¿Cuál es el problema de las instituciones latinoamericanas, hechas a imagen y semejanza de las que existen en otros países de Occidente que tienen PIB per capita sustancialmente mayores?

No es una cuestión de copiar instituciones. No es por tener un banco central independiente, por ejemplo, que bajás la inflación. El problema central en términos institucionales es la ausencia de un Estado desarrollista eficiente. Los viejos estructuralistas te dirían que es la incapacidad de generar las instituciones que producen progreso tecnológico. Algo así como recrear un Sillicon Valley nacional. Sin duda, eso es parte del problema. Pero también hay problemas financieros. Los problemas institucionales del manejo de la demanda, a mi ver son por lo general poco entendidos. El manejo del endeudamiento externo, y de la persistente dificultad de financiar los problemas de la cuenta corriente, están en el centro de los límites al desarrollo. Las instituciones que necesitan los países periféricos no son necesariamente las mismas de los países desarrollados. Por lo menos lo las de ahora. Innovaciones institucionales, como el Banco de Desarrollo de los Brics, por ejemplo, son relevantes en este contexto.


La comparación con Asia emergente es otro espejo recurrente del libro. ¿Se puede aprender y copiar algo de ellos o, como dicen algunos, es un camino impracticable para América Latina dadas las diferencias societales entre ambas regiones?

En realidad, esta ha sido una comparación permanente en las discusiones sobre desarrollo. En particular, porque después de la crisis de la deuda de los años ‘80 los países asiáticos siguieron creciendo, pero América Latina básicamente quedó estancada. Pero creo que la lección simplista según la cual a ellos les fue bien porque tenían un tipo de cambio real más devaluado, y eso permitió mayores exportaciones, es una simplificación burda. Hay que entender no solo las instituciones que permitieron el desarrollo industrial en Asia, relacionadas con el Estado desarrollista, pero también la reorganización de las cadenas productivas globales, que privilegiaron la expansión manufacturera allá.


Por último, me gustaría que sugiera algunas ideas fuerza para los policy makers en la región, máxime en este nuevo contexto de vacas no tan gordas como en la primera década de los 2000. Además de reglas claras y una macro ordenada, que son prerrequisitos para el desarrollo, ¿qué deben hacer en el desafiante y competitivo Siglo 21?

Depende de que quiere decir una macro ordenada. Fijáte que la Revolución Industrial fue hecha en un periodo en el cual la economía inglesa acumulo una deuda pública de más de 260% del PIB. O sea, tenían un gran desequilibrio macroeconómico. Es más, fue un periodo de inflación elevada, que dio lugar al llamado debate bullionista y los principios de la teoría monetaria. Por otro lado, no es fácil decir qué hay que hacer. No hay una fórmula mágica. Pero retomar políticas de estímulo al desarrollo industrial nacional, que permitan insertarse en las cadenas productivas globales produciendo bienes con mayor valor adicionado y minimizando la necesidad de endeudamiento externo, son normas de conducta que apuntan a reducir las posibilidades de crisis externas. Sería un buen principio.


El economista

16 oct. 2017

No es sustentable



Por Matias de Lucchi


Una de las decisiones de Cambiemos que probablemente mayor impacto negativo podría tener sobre la estabilidad macroeconómica en un plazo no muy lejano tiene que ver con al patrón de financiamiento del déficit fiscal. Al menos durante la última etapa kirchnerista, el objetivo parecía centrarse, por un lado, en mantener estable el nivel de la deuda publica denominada en dólares con privados derivado de la reestructuración del 2005 y; por el otro, en utilizar el financiamiento de agencias publicas (principalmente del BCRA) para cubrir el déficit fiscal. Vale aclarar que en un contexto de bajas tasas de interés en pesos, volatilidad en las brechas cambiarias, resistencia anti-buitre y caída de reserves internacionales no había muchas alternativas. Sin embargo, aunque podrían haberse endeudado en dólares a tasas usurarias como ultimo recurso, eso no sucedió aun en los momentos de mayor estrés cambiario. En síntesis, en este tipo de esquemas “neo-chartalistas” la carga de intereses de la deuda intra-estatal se torna insignificante y los riesgos de default desaparecen por definición. Sin embargo, Cambiemos consideraba que aquel esquema era la principal fuente de la inflación y de todos los problemas macroeconómicos. Por tal motivo, rápidamente concentraron la agenda en el retorno a los mercados de capitales. De todas formas, lo realmente curioso e inexplicable del gobierno no ha sido su esperable orientación market-friendly, sino su irresponsabilidad en el diseño de los términos y condiciones de sus pasivos.

A diferencia de los años 90 en donde las “economías emergentes” podían integrarse a los mercados exclusivamente sobre la base de contratos en dólares, desde hace quince años se han desarrollado grandes mercados de bonos soberanos en moneda local. Por una serie de factores internacionales que no vienen al caso discutir aquí, actualmente casi todos los países tienen margen para emitir bonos en moneda local como contrapartida de la entrada de capitales.

En un reciente informe del Banco de Basilea (Sep-17) se afirma que Argentina es la excepción al patrón de endeudamiento de las economías emergentes porque “ha incrementado la deuda doméstica e internacional denominada en dólares”. Según dicho informe, mientras que en aquellos países la deuda en dólares representa el 14 por ciento del total, en Argentina alcanza el 56 por ciento. Para ser mas precisos, en realidad, según se desprende de datos del propio Ministerio de Finanzas, casi el 70 por ciento de la deuda bruta esta denominada en dólares. Por otro lado, entre 2015 y marzo de 2017 la deuda pública en moneda extranjera con terceros aumentó un 95 por ciento.

La (des)coordinación fiscal-monetaria se ha basado, por un lado, en el endeudamiento en dólares a corto y largo plazo para cubrir gastos corrientes en pesos. Por el otro, en la “monetización” de esos dólares y posterior “esterilización” con letras en pesos del Banco Central. Pareciera que la ventaja del endeudamiento en dólares seria el abaratamiento del costo del endeudamiento. En un contexto en donde el Banco Central ha venido subiendo la tasa de interés en pesos y afuera ha estado cayendo el riesgo país (como en casi todos los países) seria entonces una “genialidad” endeudarse en dólares. Sin embargo, como el tipo de cambio nominal ha sido “rígido” a una baja persistente (probablemente por la alta tasa de inflación) pero bastante flexible al alza frente a shocks internacionales, tal patrón de financiamiento ha estado acrecentando los riesgos de descalce de monedas y, aun así, ha estado aumentando el costo del endeudamiento. Solamente el Tesoro tiene una carga mensual de intereses de 1000 millones de dólares en promedio, el doble con respecto al 2015.

Naturalmente, esta trayectoria no es sustentable y debería ser revisada en forma inmediata. El gobierno tiene margen para poder optar por otras fuentes de financiamiento. De todas maneras, es importante tener presente nuevamente que el problema no es el déficit fiscal sino los términos y condiciones de su financiamiento. Lo que debe preocupar es la “maquinita” que emite títulos en dólares, no la que emite pesos.

* Estudiante PhD in Economics, The New School.

Original. Página 12

4 oct. 2017

MAESTRÍA EN DESARROLLO ECONÓMICO



Se encuentra abierta la inscripción para la cohorte 2018. En esta oportunidad la Maestría ofrece dos becas de estipendios, una para postulantes provenientes de Universidades Nacionales del AMBA y otra para postulantes de Universidades Nacionales del interior del país. Las mismas se otorgarán por orden de mérito de acuerdo a los resultados del examen de nivel que se rinde en febrero y los antecedentes presentados.


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