El Viejo Almacen -Bs.As.

Surplus Approach

“Es necesario volver a la economía política de los Fisiócratas, Smith, Ricardo y Marx. Y uno debe proceder en dos direcciones: i) purgar la teoría de todas las dificultades e incongruencias que los economistas clásicos (y Marx) no fueron capaces de superar, y, ii) seguir y desarrollar la relevante y verdadera teoría económica como se vino desarrollando desde “Petty, Cantillón, los Fisiócratas, Smith, Ricardo, Marx”. Este natural y consistente flujo de ideas ha sido repentinamente interrumpido y enterrado debajo de todo, invadido, sumergido y arrasado con la fuerza de una ola marina de economía marginal. Debe ser rescatada."
Luigi Pasinetti


ISSN 1853-0419

Entrada destacada

OBSERVACIONES SOBRE LA INTERPRETACION SRAFFIANA DE LA TEORÍA DEL VALOR DE MARX

Posteamos un muy interesante trabajo del Profesor Franklin Serrano, presentada en Buenos Aires en una de sus visitas, sobre la inte...

31 dic. 2015

As finanças públicas e o impacto fiscal entre 2003 e 2012: 10 anos de governo do Partido dos Trabalhadores

por  Carlos Pinkusfeld Bastos*, Roberto Rodrigues**, Fernando Maccari Lara***





 
Abstract
Brazilian economy adopted a set of economic policies known as “the macroeconomic tripod” after the foreign crisis at the end of the 1990’s. The main goal set for the fiscal policy in such context was the attainment of primary surplus. Such a guideline remained in use even after the Workers’ Party (PT) took over, despite their criticism to those measures. This article aims at analyzing the fiscal policy during the ten-year period (between 2003 and 2012) of PT’s government, based on the official data on public finances
and on the calculation of fiscal impact indicators. We conclude that the aim for primary surplus became more of a political dogma than a rational instrument of economic policy. As far as the impact of the public sector on the economic growth is concerned, we can not assure it has been contractionary, but in most of the years analyzed it did not contribute to a more robust growth either.


Resumo
Desde a crise externa no final da década de 90, a economia brasileira tem adotado um conjunto de políticas econômicas conhecido como “tripé macroeconômico”. O principal objetivo estabelecido para a política fiscal nesse contexto foi a obtenção de superávits primários. Tal diretriz seguiu sendo utilizada mesmo com a chegada ao poder do Partido dos Trabalhadores (PT), a despeito desse ter criticado essas medidas. Este artigo tem por objetivo analisar a política fiscal durante dez anos do governo do PT (2003 a 2012), baseado nos dados oficiais de finanças públicas e no cálculo de indicadores de impacto fiscal (IF). Concluiu-se que a meta de superávit primário tornou-se mais um dogma do que um instrumento racional de política econômica. No que diz respeito ao impacto do setor público sobre o crescimento econômico, não se pode afirmar que esse tenha sido contracionista, mas, na maioria dos anos, também não contribuiu para um crescimento mais
robusto.

Resumen 
Desde la crisis externa al final de la década del90, la economía brasileña adoptó un conjunto de políticas económicas conocidas como "tripé macroeconómico". El principal objetivo establecido para la política en ese contexto fue la obtención de superávits fiscales primarios. Tal directriz siguió siendo utilizada también con la llegada al poder del Partido de los trabajadores (PT), a pesar de que esas medidas habían sido criticadas. Este artículo tiene por objetivo analizar la política fiscal durante diez años de gobierno del PT (de 2003 a 2012), basado en los datos oficiales de las finanzas públicas y en el cálculo de los indicadores del impacto fiscal (SI). Se concluyó que una meta de superávit fiscal primario se volvió más un dogma que un instrumento racional de Política Económica. Con respecto al impacto del sector público sobre el crecimiento económico, no se puede afirmar que este habría sido contraccionista, pero, en la mayoría de los años no contribuyó para un crecimiento más robusto.


*PhD em Economia pela New School for Social Research, Professor do Instituto de Economia (IE) da Universidade Federal do Rio de Janeiro (UFRJ)
**Doutor em Economia pelo IE/UFRJ, Professor do Instituto Multidisciplinar (IM) da Universidade Federal Rural do Rio de Janeiro (UFRRJ)
***Doutor em Economia pelo IE/UFRJ, Professor da Universidade do Vale do Rio dos Sinos (Unisinos) e Pesquisador da Fundação de Economia e Estatística (FEE)


Original

29 dic. 2015

Presentation of the Catalogue of the Library of Piero Sraffa



Centro Sraffa gladly forwards notice of the presentation of THE CATALOGUE OF THE LIBRARY OF PIERO SRAFFA (edited by Giancarlo De Vivo), organized by the Accademia Nazionale dei Lincei, which will take place at the Accademia's seat on Wednesday 13 January, 2016. Further information at:

http://www.lincei.it/files/convegni/1288_invito.pdf




27 dic. 2015

Political Aspects of Unemployment: Brazil’s Neoliberal U-Turn

por Franklin Serrano* y  L.E. Melin**

 





Abstract
 Throughout the world, the reversion of fortune suffered by the Brazilian economy since reaching its zenith as recently as 2010 has confounded shrewd commentators, seasoned analysts and market players alike. As 2015 unfolded, ominous projections (“An Economy on the Brink”, “Brazil’s Economy Falters” “Worse May Be To Come”) were no less widespread than expressions of bewilderment (“Whatever Happened to Brazil”, “Brazilian Waxing and Waning”, “Brazil’s Scandalous Boom to Bust Story”), and, more recently, of alarm (“Goldman Sachs Says Brazil Has Plunged Into ‘An Outright Depression’”) concerning the fate of the South American BRIC country.
Despite profuse official protestations to the contrary, however, Brazil’s afflictions turn out to be of its own making, as it so often proves to be the case. Looking at the set of clearly laid-out policy choices made by the Brazilian government – and the almost as clearly spelled-out political objectives underlying them – should provide enough explanatory evidence to sort out this cautionary tale for developing countries everywhere.

Resumen
En todo el mundo, el cambio de suerte sufrido por la economía brasileña desde que alcanzó su cenit en fecha tan reciente como 2010 ha confundido a comentaristas sagaces, analistas experimentados y agentes del mercado por igual. Como en 2015, las proyecciones ominosas desplegadas ("Una economía al borde del abismo", "La economía tambaleante de Brasil" "Lo peor esta por venir") fueron no menos generalizadas que las expresiones de desconcierto ("¿Qué pasó con Brasil", "Crecimiento y decrecimiento del Brasil" "La escandalosa historia del auge a la quiebra del Brasil"), y, más recientemente, de alarma ("Goldman Sachs dice que Brasil se ha hundido en 'una franca depresión'") en relación con el destino del país BRIC sudamericano.A pesar de las protestas oficiales profusas en sentido contrario, sin embargo, las tribulaciones de Brasil resultan ser de su propia creación, ya que por lo que a menudo resulta ser el caso. Mirando el conjunto de opciones políticas claramente establecidas fueron hechos por el gobierno de Brasil - y por lo menos los objetivos políticos subyacentes fueron claramente definidos- como para proporcionar suficiente evidencia para  resolver este cuento con moraleja para los países en desarrollo de todo el mundo.

*UFRJ
**PUC-Rio


 

13 dic. 2015

El precio de todas las cosas





Por Claudio Scaletta 

El valor del dólar es una variable distributiva porque de él dependen los precios de (casi) todas las cosas. Empezando por buena parte de los componentes de la canasta básica, los alimentos, pero también de todas las canastas de consumo, los servicios, buena parte de los insumos industriales, muchos bienes de capital y la energía. Por esta composición cualquier devaluación es inflacionaria y, por extensión, recesiva.

Si el precio del dólar aumenta inmediatamente lo hacen todos los productos con componentes importados y todos los exportables, desde la harina a las carnes, dato fuertemente percibido por los consumidores en las últimas semanas. Existen mecanismos económicos para morigerar estos traslados a precios, el más conocido son las retenciones a las exportaciones, las que adicionalmente permiten que el fisco capture parte de los beneficios de una devaluación. Otro mecanismo son los subsidios. Pero la nueva administración anunció que las retenciones serían eliminadas para todos los productos agropecuarios, salvo para el único que no tiene incidencia en el consumo interno: la soja. También anunció que eliminaría más o menos rápidamente los subsidios. En suma, las expectativas que se generaron no fueron sólo de devaluación, sino de una devaluación sin barreras de contención.

Durante la campaña electoral, sin embargo, los economistas de la Alianza PRO se mostraron confiados en que un fuerte shock devaluatorio, el “sinceramiento” prometido, podría tener un bajo traslado a precios. Las argumentaciones fueron exóticas, desde que los traslados ya se habían producido, al renacer de la confianza generada por el nuevo gobierno. Los hechos transcurridos entre el 23 de noviembre y el 10 de diciembre fueron un baño de realidad: los aumentos comenzaron frente a la sola expectativa de un dólar más alto, lo que demostró la limitación de las explicaciones.
El primer resultado de las fuertes remarcaciones fue inesperado: calmar el animal spirit liberalizador de la troupe de economistas ortodoxos de la nueva Alianza gobernante. El ecuatoriano Jaime Durán Barba fue el primero en advertir las consecuencias de un shock inicial destacando lo presuntamente evidente: en una reunión de la Fundación Pensar alertó que “el que ajusta al principio no se saca la etiqueta de hijo de puta de la frente”.

Como lo grafica su éxito electoral, el macrismo demostró ser una fuerza muy organizada y con una conducción centralizada, casi el espejo virtuoso del comportamiento del FpV durante la última campaña, lo que se tradujo en el acatamiento de sus economistas a la señal del máximo gurú. La palabra shock desapareció del discurso junto con la súper devaluación instantánea implícita en el inmediato levantamiento de las restricciones cambiarias. Según detalló el nuevo ministro de Hacienda y Finanzas, Alfonso Prat Gay, el llamado “cepo” sólo se levantará cuando “estén dadas las condiciones”, es decir cuando se consigan reforzar las Reservas del BCRA mediante créditos internacionales, extensión del swap con China, liquidación de divisas de exportadores de granos y nuevos incentivos para el blanqueo de capitales. Se trata exactamente de la misma sumatoria de medidas de las que habló, por ejemplo, Miguel Bein, el principal asesor económico de Daniel Scioli. Una retracción similar se produjo respecto del tema tarifas. Ya no se habla de una eliminación indiscriminada de subsidios sino, otra vez, de un ajuste más equilibrado tratando de evitar el impacto sobre los sectores de menores recursos. Algo parecido a lo que señalaban los economistas del sciolismo.


Estos reacomodamientos en el discurso ya casi de estilo no quieren decir que, efectivamente, la Alianza PRO no planee provocar una fuerte devaluación, con un dólar en torno a los 15 pesos, sino solamente que intentará evitar el shock, pero sobre todo, que entendió el riesgo de una eventual espiralización inflacionaria y el consecuente etiquetado en la frente.

Volviendo al carácter “distributivo” del precio del dólar, un dólar barato induce una distribución que favorece a los asalariados. Que los trabajadores consuman más es bueno para la economía, porque aumenta la demanda. Si la demanda crece, también lo hace el Producto. El problema es que cada punto de crecimiento del PIB demanda una masa determinada de dólares para financiar la importación asociada de insumos y bienes. Si no hay sustitución de importaciones o aumento de las exportaciones aparece la escasez relativa de dólares, lo que presiona al alza su precio. Mantener un dólar barato supone tener respaldo para la cotización: no hay continuidad en la redistribución progresiva del ingreso sin desarrollo.

Luego está la economía política, las clases sociales que se benefician o perjudican con los distintos niveles de la cotización del dólar. Un dólar barato equivale a salarios altos, más aun en un contexto de bajo desempleo. Subir el dólar significa bajar salarios. Efectivamente los exportadores ganan más cuando hay una devaluación, pero no porque vendan más, sino porque bajan sus costos. No existe información estadística que relacione mejora del tipo de cambio con aumento de las cantidades exportadas. En consecuencia, la devaluación no resuelve los problemas de balanza de pagos ni de provisión de divisas para crecer. Sólo frena las importaciones, pero no por su encarecimiento, sino porque la demanda interna se contrae debido a la caída del salario real.

Devaluar sin reservas suficientes puede provocar una disparada de precios que la neutralice dando lugar a nuevas devaluaciones. Tener reservas suficientes significa en cambio que el Banco Central puede sostener la cotización que decida “políticamente”. Es en el nivel de esta cotización donde reside la principal diferencia entre las visiones del gobierno saliente y el entrante.

Original: Cash

8 dic. 2015

¿Qué economía deja el Kirchnerismo?


Un mercado potente, pero con iliquidez

Por Daniel Schteingart *

¿Qué situación socioeconómica dejan doce años de kirchnerismo al entrante gobierno de Mauricio Macri? 

En primer lugar, hoy existe un mercado interno potente, gracias a la combinación de varios factores, entre los que podemos destacar: a) fuerte aumento del empleo, con 5,8 millones de puestos de trabajo generados desde 2002 y 4,8 millones respecto a 1998, pico de PBI de la convertibilidad; b) importante aumento del salario real, que hoy es 80 por ciento mayor al de 2002 y 47 por ciento superior al de 1998, y c) el aumento de los ingresos reales de los hogares de menores ingresos, por medio no sólo del aumento del empleo y del crecimiento del poder adquisitivo del salario, sino también por medio de políticas como la inclusión jubilatoria y la AUH, entre otras. Todo ello ha redundado en que el poder adquisitivo del 40 por ciento de menores ingresos sea hoy 176 por ciento más alto que en 2002 y 55 por ciento más elevado que en 1998. El correlato de ello es una baja importante (aunque a todas luces insuficiente) de la pobreza. En 1998, el 26 por ciento de los argentinos era pobre y en 2002 el 58 por ciento. Según el último informe de Cifra-CTA, en el primer semestre de 2015 la pobreza fue del 19,7 por ciento.

Esta gran mejora del poder adquisitivo de los sectores más vulnerables (que permitió ensanchar enormemente el mercado interno) comenzó a desinflarse a partir de 2011 y, sobre todo, desde 2013. A pesar de que en 2015 ha habido una mejora de los ingresos reales de buena parte de la población, la importante caída de 2014 (en la cual la devaluación de enero de dicho año mucho tuvo que ver) ha hecho que hoy el poder adquisitivo del 40 por ciento de menores ingresos sea levemente inferior al de 2013 y que la pobreza sea 1,7 punto más elevada.

La principal razón de este amesetamiento del bienestar de los sectores más postergados obedece al resurgimiento de la restricción externa desde 2011, que ha frenado la economía. Según el Indec, la economía creció apenas 4 por ciento entre 2011 y 2015, lo que en términos per cápita implica un 0 por ciento; estimaciones privadas marcan incluso una caída per cápita del 4 por ciento. Sin crecimiento es difícil que el salario real y el empleo privado crezcan.

Doce años de kirchnerismo dejan también 228.000 empresas nuevas en diversos sectores productivos respecto a 2002, y 180.000 si comparamos contra 1998. La fuerte generación de puestos de trabajo obedece en buena medida a ello. Vale apuntar que el momento de mayor dinamismo empresarial fue entre 2003 y 2008, y que desde 2011 la creación de empresas ha sido virtualmente nula.
Así como doce años de kirchnerismo dejan a Macri la sociedad menos segmentada socioeconómicamente de los últimos 20 años, también existen problemas por resolver. El principal de ellos es la escasez de dólares del BCRA, cuyas reservas líquidas son prácticamente nulas. Aquí existe margen para la recomposición, por la repatriación de capitales fugados (que se estiman en más de 200.000 millones de dólares) o por el acceso al financiamiento externo. Respecto a esto último, vale mencionar que la deuda pública nominada en dólares y en manos del sector privado es del 7,2 por ciento del PBI, de las más bajas del mundo, por lo que la situación argentina actual es de fuerte solvencia, pero de gran iliquidez. No sólo el Estado tiene bajos ratios de deuda: también ocurre lo mismo en las familias, las empresas y los bancos, lo cual contrasta con la situación de fines de la convertibilidad.

Otras cuestiones que deja el gobierno saliente tienen que ver con tensiones en los precios relativos, un déficit fiscal de más del 4 por ciento del PBI y una apreciación del tipo de cambio real que está en niveles similares a los de los 90 (aunque, dada la existencia de las trabas a la importación, a una mayor fortaleza del mercado interno y al bajo endeudamiento de las empresas, ello no implica la quiebra de empresas como sí ocurría hace quince años). Habrá que esperar para ver si las respuestas del próximo gobierno a estas cuestiones terminan generando daños significativos en la solidez del mercado interno. No es lo mismo tomar deuda para ampliar la plataforma productiva que para financiar fuga de capitales o una apertura a las importaciones que desplacen la oferta local. Tampoco es lo mismo devaluar drásticamente la moneda para recomponer competitividad que no hacerlo o hacerlo gradualmente (y compensando a los sectores más afectados por la apreciación cambiaria por medio de incentivos fiscales). No es indistinto corregir ciertos desajustes de precios relativos de un plumazo (sobre todo, los que tienen que ver con la energía residencial) y con ajuste devaluatorio que hacerlo de a poco. Por último, si hoy existe déficit fiscal, ello se debe en parte a que la economía prácticamente no ha crecido en los últimos cuatro años (afectando la recaudación). Para que las cuentas públicas mejoren es necesario volver a crecer más que hacer un ajuste que deprima la economía (y la recaudación).

* Magister en Sociología Económica (Idaes-Unsam).

original: pagina 12.

1 dic. 2015

La política exterior del futuro gobierno argentino: Cambiemos… ¿para quién?




Por Margarita Olivera*

Horas después ser elegido presidente de la Argentina (habiendo superado por escasos 3 puntos en el ballotage al candidato oficialista, Daniel Scioli), Mauricio Macri hizo sus primeros anuncios sobre la orientación de política exterior y regional que tendrá su futuro gobierno. Con ideas que van en línea con el nombre de la coalición que lo llevaría a la victoria, “Cambiemos”, su estrategia externa significa un claro viraje respecto a la política regional y de integración que se ha seguido en los últimos años. Pero un cambio, no necesariamente es algo “bueno” y la política económica no puede ser caracterizada como “buena” o “mala”. La política económica es funcional a intereses y, según la naturaleza de esos intereses, beneficia a algunos y perjudica a otros (grupos, clases sociales, conjunto de individuos que comparten algunas características comunes, o como prefieran llamarles). La cuestión es, entonces, cual va a ser el objetivo de la política económica del futuro gobierno y a quien va a beneficiar y a quien perjudicar.

En ese sentido, los anuncios de inminentes tratados de libre comercio con la Unión Europea (tratado y negociaciones que llevan postergados ya dos décadas) y con la Alianza del Pacífico, dan indicios de hacia adonde nos dirigiríamos en términos de integración. En particular, el tratado de libre comercio con la Unión Europea (UE) ha suscitado a lo largo de los años diferentes posiciones, opiniones y estudios al respecto. Es innegable que la UE es uno de los principales socios comerciales del Mercosur, al cual destinamos alrededor del 20 por ciento de nuestras exportaciones; sin embargo, profundizar dicha relación comercial podría generar efectos que parecerían ser, al menos, controversiales y que van más allá del hecho coyuntural de que la región europea se encuentre en recesión hace más de 5 años.

Sin entrar en la discusión sobre los tamaños de cada bloque, dado que la Unión Europea supera ampliamente al Mercosur en términos de producción (su PBI PPA fue 5 veces mayor en 2011 que el de Argentina y Brasil juntos), de exportaciones (que en 2011 fueron 15 veces las exportaciones del bloque latinoamericano), de niveles de desarrollo y de tecnología, la cuestión central es la especialización productiva y comercial que cada uno tiene dentro de la relación bilateral y el peso de cada socio comercial. Para comenzar, mientras que el Mercosur destinó en 2011 el 19 por ciento de sus exportaciones a la UE (según los datos de comercio exterior de Naciones Unidas, COMTRADE), Europa sólo nos destinó el 1.3 por ciento de sus exportaciones totales. Dicha relación asimétrica entre ambos socios generaría importantes ventajas para la región europea, sobre todo a la hora de las negociaciones, dado que la amenaza de perdernos como destino de sus ventas es claramente inferior a la que nosotros sufriríamos.

Por otra parte, las exportaciones del Mercosur hacia Europa se encuentran menos diversificadas que las de la UE hacia el Mercosur. Los 10 principales productos (desagregado a 3 dígitos) de exportación de Argentina y Brasil hacia la UE concentran el 54 por ciento de las exportaciones totales hacia ese destino, mientras que los 10 principales productos de exportación europeos representan el 35 por ciento de sus exportaciones hacia el Mercosur. Pero, la cuestión central es qué tipo de especialización comercial cada uno muestra en la relación bilateral, o sea, a qué ramas productivas pertenecen esos 10 productos en cada bloque. Como señala el trabajo de Olivera y Villani (2014)[1], el Mercosur exporta hacia la UE esencialmente productos primarios y manufacturas basadas en recursos naturales (productos alimentarios y mineral-energéticos) mientras que Europa nos exporta manufacturas con tecnología media y alta (esencialmente del complejo automotor, del sector farmacéutico y de maquinarias). Esto resulta problemático por diferentes motivos. En primer lugar, los productos que el Mercosur exporta hacia UE ya cuentan con aranceles bajos o nulos, el promedio ponderado arancelario de los diez productos mayormente exportados por Mercosur a la UE es de 3.3 por ciento (la mayoría de los productos tiene arancel cero, salvo el café, 9.8 por ciento, y los jugos de fruta, 18.4 por ciento), mientras que el promedio arancelario, ponderado por el peso de las exportaciones sectoriales en el total, para los productos que exporta Europa hacia el Mercosur es 9.8 por ciento (con algunos productos, como los del complejo automotor, con un arancel externo común de 35% para productos terminados). De este modo, la reducción o eliminación de aranceles beneficiaría esencialmente al socio europeo.

En segundo lugar, dadas las características del comercio bilateral y la estructura arancelaria, el acuerdo comercial tendría fuertes efectos sobre la especialización productiva, que terminarían afectando los niveles de empleo y la creación de puestos de trabajo. Las ramas productivas industriales emplean alrededor del 14 por ciento de los ocupados totales y, junto con el sector servicios, son las que mayor número de puestos de trabajo han creado en el periodo 2003-2011, con un incremento promedio de 2.4 por ciento anual en el caso de Argentina y 3.5 en el caso de Brasil. En particular, la rama industrial que agrupa “productos metálicos, maquinarias y equipos” se ha destacado como la principal fuente de creación de puestos de trabajo en Brasil y cuarta en Argentina (sólo debajo de “construcción”, “restaurantes y hoteles” y “sector financiero”), con un promedio de variación anual de 5.6 y 4.5 por ciento, respectivamente. La firma del acuerdo comercial con la UE despojaría a los entramados industriales de Argentina y Brasil de la protección arancelaria con la que hoy cuentan, reduciendo sus posibilidades de enfrentar a la competencia internacional europea (que se caracteriza por tener mayores niveles de productividad y tecnología). Esto impactaría sobre sus niveles de ventas y producción, lo que acabaría afectando negativamente los niveles de empleo industrial y la creación de puestos de trabajo. Por otro lado, los sectores latinoamericanos que podrían beneficiarse del acuerdo comercial, productos primarios y commodities, son los que menor cantidad de puestos de trabajo han creado en el periodo 2003-2011, a pesar del fuerte crecimiento que experimentaron a partir del aumento de la demanda asiática. De hecho, las actividades primarias no han creado, sino destruido puestos de trabajo a una tasa anual promedio de 0.7 por ciento para Argentina y 0.9 para Brasil, y han reducido su participación en el total de empleos. De esta forma, no es esperable que los trabajadores industriales que pierdan sus puestos de trabajo sean absorbidos por el sector primario y productor de commodities, generando consecuencias negativas sobre el número total de ocupados en el Mercosur.

En tercer lugar, la profundización de la especialización comercial y productiva de la región en productos primarios y manufacturas de recursos naturales puede generar efectos adversos sobre las posibilidades de crecimiento en el mediano y largo plazos. En general, la producción de commodities, además de generar pocos puestos de trabajo, se caracteriza por su escaso valor agregado, por tener pocas interconexiones con el resto de la economía y por sus escasas posibilidades de generación de efectos de derrame de tecnología que den lugar a procesos dinámicos en el mediano y largo plazo, dado que estas actividades no son las que muestran los más elevados ritmos de progreso tecnológico a nivel global. A su vez, como han ampliamente estudiado los teóricos estructuralistas, las elasticidades de exportación de los productos primarios son mucho más bajas que las de los productos manufacturados. De esta forma, los niveles de crecimiento económico de nuestros países en el largo plazo (más allá de las coyunturas económicas) tenderían a ser inferiores que el de las economías desarrolladas y diversificadas.

Finalmente, muchos autores han destacado las posibilidades de ampliar los flujos de inversión extranjera directa (IED), cuyo origen es esencialmente la UE, como uno de los beneficios mayores del acuerdo. Sin embargo, hay que tener en cuenta que el destino de la IED no es definido por los países receptores sino por los dueños del capital (dado que no existen controles a los flujos de capitales). En general, los principales destinos son los sectores de servicios, los sectores productores primarios y de manufacturas de recursos naturales. Por este motivo, el aumento de los flujos de IED conllevaría a una ulterior profundización de la especialización productiva y no a su atenuación, con todas las consecuencias ya mencionadas.
En conclusión, la firma de un tratado de libre comercio con la Unión Europea, difícilmente traería beneficios para el Mercosur y la Argentina, más aún si el objetivo es aquel de proteger y estimular el empleo en un esquema de desarrollo económico inclusivo y con una estrategia de crecimiento que sea sostenible en el tiempo.

[1] Olivera, M. y D. Villani (2014). “Tratado de Libre Comercio Mercosur-Unión Europea y sus posibles consecuencias sobre la especialización comercial y la estructura económica”. Presentado en el Congreso de Economía Política Internacional realizado en la Universidad Nacional de Moreno, Argentina. Noviembre de 2014. 
Disponible en:  http://www.unm.edu.ar/congresoeconomiainternacional/ponencias/OLIVERA-VILLANI.pdf

* Doctora en Economía y Profesora de Desarrollo Económico del Instituto de Economía de la Universidad Federal de Río de Janeiro (UFRJ), Brasil.


original: NODAL