El Viejo Almacen -Bs.As.

Surplus Approach

“Es necesario volver a la economía política de los Fisiócratas, Smith, Ricardo y Marx. Y uno debe proceder en dos direcciones: i) purgar la teoría de todas las dificultades e incongruencias que los economistas clásicos (y Marx) no fueron capaces de superar, y, ii) seguir y desarrollar la relevante y verdadera teoría económica como se vino desarrollando desde “Petty, Cantillón, los Fisiócratas, Smith, Ricardo, Marx”. Este natural y consistente flujo de ideas ha sido repentinamente interrumpido y enterrado debajo de todo, invadido, sumergido y arrasado con la fuerza de una ola marina de economía marginal. Debe ser rescatada."
Luigi Pasinetti


ISSN 1853-0419

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25 feb. 2014

¿Es la economía, estúpido?


El 5 de octubre de este año, Dilma Rousseff irá por la reelección en Brasil con una alta intención de voto. La baja tasa de desempleo aparece como uno de sus principales activos y compensa las críticas por el bajo crecimiento de los últimos años.

 Por Carlos Pinkusfeld Bastos *

En 1991, el presidente George Bush, con la operación Tormenta del Desierto, obtuvo la primera victoria militar de Estados Unidos después de la dolorosa derrota de Vietnam. Un año después perdió la elección frente al poco conocido gobernador del estado de Arkansas, Bill Clinton, electo con el slogan de campaña: “Es la economía, estúpido”. En 1992, la tasa de desempleo había subido hasta 7,5 por ciento, contra el 6,9 por ciento del año anterior. Ese ejemplo histórico no justifica una tesis general que el desempeño económico es la variable que define el resultado electoral, pero tampoco debe ignorarse su importancia.

La lectura de los favorables resultados recientes de intención de voto de la candidata Dilma Rousseff debe hacerse con cautela: está claro que el cuadro político no está definido, los candidatos de la oposición por ahora sólo tienen exposición regional y tampoco comenzaron las campañas televisivas. Sin embargo, la población parece tener una percepción positiva del de-sempeño económico. Por eso, es interesante preguntarse ¿hasta qué punto esa percepción se condice con la realidad? Tomando como indicador el crecimiento del PIB, el desempeño durante el gobierno de Dilma está lejos de ser brillante. Después de 2010, cuando en el último año de Lula se registró un crecimiento de 7,5 por ciento, el nivel de actividad fue de 2,7 y 1 por ciento en 2011 y 2012 respectivamente. Para 2013, se espera una tasa de 2,5 por ciento. Esos datos parecen apuntar un divorcio entre la percepción y la realidad.

El indicador de desempleo apunta en otra dirección. En Brasil, la desocupación cayó en forma persistente desde finales de 2003, llegando al 4,3 por ciento, el valor más bajo de la historia para las regiones metropolitanas. Así, el misterio político parece resuelto; sin duda, el empleo es más relevante para la población que el desempeño del PIB.
La diferencia entre el desempeño del empleo y el PIB está explicada por la caída de la Población Económicamente Activa. Entre diciembre de 2012 y 2013 hubo una reducción de las personas ocupadas (23,3 millones contra 23,5 millones) y la PEA se redujo en una proporción todavía mayor. Hay menos personas buscando empleo y eso se observa con más fuerza entre las franjas etarias más jóvenes. Ese fenómeno reciente no tiene una explicación sólida, sino que oscilan entre el optimismo de una mayor escolarización y el retraso del ingreso al mercado de trabajo con la falta de una calificación adecuada de quienes demoran su ingreso al mundo laboral.

El salario real también creció moderadamente. El aumento fue de 1,8 por ciento, mientras que entre los trabajadores no registrados, el grupo socialmente más vulnerable, los aumentos fueron de 5,6 por ciento. Otro factor relevante es el aumento del salario mínimo real de 2,5 por ciento, la política de reajustes reales durante el gobierno del PT es reconocida como el instrumento más importante para la reducción de la desigualdad durante los últimos diez años.

Otra variable relevante para la evaluación del gobierno por parte de la población es la inflación. Su valor, 5,9 por ciento, se situó dentro de los márgenes de variación del sistema de metas adoptado por el Banco Central, pero lo más importante es que no fue capaz de corroer el salario real de los trabajadores. Por el contrario, hubo una modesta ganancia real. Ese resultado depende mucho del comportamiento de los precios administrados, los precios definidos por el gobierno, como la energía eléctrica, combustibles y boletos de colectivo. En los servicios, el ítem que más presión presentó sobre la inflación reflejó un incremento de los costos salariales, que en realidad es positivo desde el punto de vista de los trabajadores. Es importante señalar que la inflación se mantiene dentro de los márgenes de las metas, a pesar de la existencia de una devaluación promedio de 10,5 por ciento en 2013.

Así se configura un cuadro que no parece particularmente excitante en términos de desempeño económico y, aunque si bien no impulsa el avance de la región, al menos parece generar una situación políticamente estable. A los indicadores de salario y empleo se le deben añadir algunos programas de corte social como Mi casa, mi vida (construcción de viviendas populares) y el Bolsa Familia para explicar el sustento popular de las políticas calificadas genéricamente como crecimiento, ahora pequeño, con inclusión social.
¿Hasta qué punto el modelo actual puede mantenerse? El desempeño industrial viene ubicándose sistemáticamente por debajo del conjunto de la economía. En 2013, por ejemplo, la industria creció cerca del uno por ciento, contra un avance del PIB que duplicó ese registro. Las exportaciones de bienes de la industria manufacturera crecen a una tasa semejante y las importaciones aumentan en mayor medida generando un déficit comercial industrial de cerca de 60 mil millones de dólares. Si bien las exportaciones más tradicionales fueron suficientes para apenas equilibrar el balance comercial brasileño, se incrementó el déficit en cuenta corriente, al pasar de 2,4 a 3,6 por ciento del PIB, entre 2012 y 2013.

En el corto plazo, no parecen existir dificultades para financiar ese déficit, no se vislumbra un horizonte de crisis cambiaria, pero la exacerbación de la restricción externa pone en jaque incluso al limitado crecimiento económico registrado en los últimos años. En este momento, el margen de maniobra del gobierno no es grande. Atendiendo el clamor de los que defienden la devaluación, el dólar ya registró un alza nominal de 52 por ciento, desde su punto más apreciado en julio de 2011, lo que representa una devaluación real de más del 30 por ciento en términos reales. Pero el impacto de una devaluación sostenida sobre los precios y las dudas sobre el impacto de la misma, tanto sobre las exportaciones como sobre la desaceleración del crecimiento del PIB a través de una reducción del salario real en un año electoral, parecen señalar que no debe repetirse esa trayectoria.

Así, para que el país pueda sostener su modelo de crecimiento moderado con inclusión deberá enfrentar sus cuellos de botella en forma directa con políticas industriales y comerciales específicas, enfrentando la cuestión de la modernización productiva y una inserción internacional dinámica. En juego está la capacidad de preservación de un modelo alternativo no liberal en el futuro próximo.

* Profesor del Instituto de Economía Universidad Federal de Río de Janeiro (UFRJ). Doctor en Economía por la New School for Social Research de Nueva York y trabajó en el Instituto Levy.

Original: Pagina 12