El Viejo Almacen -Bs.As.

Surplus Approach

“Es necesario volver a la economía política de los Fisiócratas, Smith, Ricardo y Marx. Y uno debe proceder en dos direcciones: i) purgar la teoría de todas las dificultades e incongruencias que los economistas clásicos (y Marx) no fueron capaces de superar, y, ii) seguir y desarrollar la relevante y verdadera teoría económica como se vino desarrollando desde “Petty, Cantillón, los Fisiócratas, Smith, Ricardo, Marx”. Este natural y consistente flujo de ideas ha sido repentinamente interrumpido y enterrado debajo de todo, invadido, sumergido y arrasado con la fuerza de una ola marina de economía marginal. Debe ser rescatada."
Luigi Pasinetti


ISSN 1853-0419

Entrada destacada

OBSERVACIONES SOBRE LA INTERPRETACION SRAFFIANA DE LA TEORÍA DEL VALOR DE MARX

Posteamos un muy interesante trabajo del Profesor Franklin Serrano, presentada en Buenos Aires en una de sus visitas, sobre la inte...

29 sept. 2013

Desarrollo Económico vs Antidesarrollo Sustentable





Por Alejandro Fiorito*


Desde los años ‘70, el discurso ético y políticamente correcto de la ecología recorre el mundo. Su línea de largada fue el informe realizado por un grupo de científicos, políticos y empresarios a instancias del Club de Roma, en el que se anunciaba una gradual debacle humana en el lapso de cien años. Se concluía allí que el nivel de recursos remanentes del planeta era incompatible con el crecimiento económico mundial. El modelo presentado no consideraba, por ejemplo, la posibilidad futura de saltos tecnológicos. Tampoco la enorme capacidad adaptativa de la sociedad humana. El debate resultante posterior configuró un verdadero decálogo del antidesarrollismo para los países periféricos. No sorprende por ello la rápida acusación de “economicismo” a todo quien hable de crecimiento económico, aún en una discusión que tiene como centro evitar la restricción estructural de divisas de un país, una de las condiciones necesarias para el desarrollo.

  En el peculiar universo ecologista se argumentan escenarios futuros de catástrofes hollywoodenses, se reproduce con nostalgia la idea de que “todo tiempo pasado fue mejor” y se exaltan las civilizaciones antiguas como poseedoras de saberes ambientales inmanentes. Figuras públicas, académicos y ONGs reproducen un sentido común de ser “ciudadanos del mundo”. Pero tan noble preocupación por el planeta suele no ser retribuida cuando una crisis económica jaquea al espacio nacional en el que viven. El ecologismo parece habitar un mundo donde no existe la cuestión nacional, donde no hay Estados en competencia. 

 Esta ideología es rescatada tanto por la izquierda; para quien los límites de la naturaleza parecen haber reemplazado en el relato de la barbarie capitalista al embate revolucionario de los trabajadores, como por la derecha; a través paradigma neoliberal de la escasez. Desde allí se exageran, sin pruebas científicas definitivas o sin datos específicos, los perjuicios que ocasionaría el crecimiento económico nacional, al que se prefiere sacrificar en beneficio tácito de los países centrales ya desarrollados. Paradójicamente es la pobreza por no desarrollo la que representa el peor riesgo contaminante del ambiente.

  En el caso de la explotación de hidrocarburos por medio de la tecnología del fracking, no se dice que su riesgo ambiental es similar al de un pozo convencional. En formaciones como Vaca Muerta o Los Molles, en la provincia de Neuquén, la roca madre sobre la que se provocarán las fracturas masivas cuando lleguen las inversión es se encuentran a profundidades de entre 2000 y 3000 metros y en capas de entre 100 y 300 metros de espesor. Nunca se detalla, por ejemplo, que los acuíferos a más de 1000 metros no son potables por su altísima salinidad, de hasta diez veces el promedio marino. Por lo general, los pozos de agua dulce no superan los 100 metros. En consecuencia, no es factible conectar por fracking los dos niveles subterráneos y contaminar el agua, más si se considera que las fracturas hidráulicas alcanzan alrededor de 50 metros. 

  Seguramente la económica no es la única perspectiva para la compleja relación entre desarrollo económico y tecnologías aplicadas. Pero cualquiera sea el plano de análisis, debería existir alguna recomendación, un curso de acción preciso para solucionar el problema específico. Sin embargo, es sintomático que ante la falta de ideas claras para el desarrollo se apele a cualquier argumento sin que aparezca ninguna alternativa. Por ejemplo, se proponen opciones tecnológicas “no neutrales” que muestren lo complejo del tema acometido, dando un curso de acción hacia una discusión “sin incongruencias epistemológicas” y “hacia un sistema de organización política, social y económica diferente”. La tarea, por supuesto, escapa a cualquier cronograma gubernamental.


  Tampoco queda claro cuáles serían esas opciones económicas, sociales y políticas de un sistema de organización diferente, literalmente ideal. En la economía capitalista (hoy sin rupturas y tendencias observables a formaciones socialistas) existen procesos de histéresis tecnológica, es decir; de continuidad y complementariedad de la estructura productiva en el tiempo. Son los Estados quienes al impulsar el desarrollo modifican las condiciones productivas, aunque no por ello sin ninguna estimación de costo ambiental. En la tarea deben considerar la base tecnológica real sobre la que se asienta su economía junto a los costos de oportunidad de las modificaciones técnicas a incorporar. Una visión pro desarrollo está obligada a pararse en la realidad efectiva desde el Estado Nacional de acuerdo con parámetros internacionales de menor contaminación relativa, dadas las tecnologías a emplear y los costos de oportunidad. ¿No crecer es una alternativa? Sería bueno que los ecologistas lo digan claramente. También deberían ser más claros a que se refieren cuando demandan una tecnología “no colonial”. Parece difícil operar coyunturalmente con recomendaciones tan genéricas.

  Creer en “otros mundos” no produce daño alguno, siempre que el creyente se fije atentamente en la vida… y ésta, en sociedades tecnológicas y de hábitos, es regulada normalmente por la persistencia y complementariedad de los procesos. 
El capitalismo sigue siendo el que era: una creación estatal de disputa sin tregua y que no da muchas opciones para los más débiles. Y  la ecología como discurso “ético” es otro campo de batalla interestatal en contra del desarrollo periférico.

*Profesor de UNLU

Original: Cash Pagina 12

27 sept. 2013

VI Congreso Internacional de Economía Ética- Universidad Santo Tomás

Honrados con la invitación, del 9 al 11 de Octubre participaremos junto a Fabian Amico en el VI Congreso Internacional de Economía Ética. Comunidad de Estados Latinoamericanos

Universidad Santo Tomás

 
CONFERENCIA INTERNACIONAL

(2:00 PM - 3:00 PM)
Del “Mercado Común Latinoamericano” al “Regionalismo desarticulado”
Alejandro Fiorito Msc
Asesor Económico en la Secretaría de Comercio del Ministerio de Economía de la Argentina. Unidad Asia, África y Oceanía y MERCOSUR, Argentina

CONFERENCIA INTERNACIONAL
(7:30 PM– 8:30 PM)
La desaceleración del motor del crecimiento, la hipótesis de decoupling y la integración Sur-Sur: un enfoque alternativo.
Fabián Leonardo Amico Ms.C
Investigador permanente en el Cl CEFID-AR
(Centro de Economía y Finanzas para el Desarrollo de la Argentina)

22 sept. 2013

Neomalthusianismo





Por Eduardo Crespo
Profesor de la UFRJ


Las hipótesis neomaltusianas reiteradamente alertan sobre el desbalance planetario generado por una explosión demográfica incompatible con las capacidades regenerativas de la tierra. En 1972, el célebre informe Meadows, del Club de Roma, alertaba sobre los “límites del crecimiento” y auguraba un escenario de crisis en base a la premisa de que se estaban extinguiendo las materias primas y fuentes de energía. La única salida para el planeta, argumentaban, consistía en crear una economía de crecimiento nulo organizada en base a energías renovables. El informe fue sumamente afortunado. Un año después, a causa de la guerra de Yom Kippur, sobrevino el primer gran shock petrolero, lo que contribuyó a darle una formidable difusión. Desde entonces, el “fin del petróleo” y el “agotamiento de las materias primas” se tornaron lugares comunes. Toda vez que suben los precios internacionales de los alimentos, como sucedió en la última década, reaparecen los argumentos y vaticinios neomaltusianos de entonces.

En la tradición de la economía política clásica, esta posibilidad fue contemplada, entre otros, por David Ricardo. Si las condiciones técnicas están dadas, la mayor demanda de alimentos resultante, por ejemplo, del crecimiento demográfico, sólo podría ser satisfecha apelando a tierras de menor fertilidad, lo que terminaría por elevar los precios. En estas condiciones, existiría una tendencia al encarecimiento de todos aquellos productos cuya elaboración depende especialmente de la utilización de recursos naturales, como los alimentos y el petróleo. Pero ésta no fue la tendencia observada en la historia del capitalismo, como lo apuntaron Raúl Prebisch y Hans Singer. Los términos de intercambio de los bienes primarios tendieron a declinar en relación con los manufacturados. Desde mediados del siglo XIX, con la consolidación de un mercado mundial de alimentos básicos y la incorporación de países de reciente colonización, como Estados Unidos, Canadá, Australia o la propia Argentina, la miseria mundial estuvo asociada con la comida barata y no con su persistente encarecimiento. La mayor parte de los seres humanos que sufren hambre se desempeñan como productores de alimentos, es decir, campesinos que operan en territorios marginales utilizando técnicas agrícolas rudimentarias y que están condenados a tareas de subsistencia al no poder competir con los precios que se fijan en base a las condiciones de producción de las zonas y productores más aventajados (Mazoyer y Roudart, A History of World Agriculture).


Para interpretar esta evidencia, debe tenerse en cuenta que el “tamaño” de un determinado recurso natural, así como su propia entidad en cuanto “recurso”, no depende de magnitudes exclusivamente físicas, sino también –y especialmente– de condiciones histórico-sociales; en particular de la tecnología vigente así como del modo en que son apropiados los frutos del progreso técnico. Desde inicios de los 2000, cuando los precios del petróleo volvieron a subir, los voceros del neomaltusianismo revivieron la vieja alarma que insistentemente vaticina su (siempre) “inminente” agotamiento y la “catastrófica” crisis alimentaria subyacente a la suba de los precios de los alimentos. Ahora, fracking mediante, se estima que inclusive el principal importador de petróleo del mundo, Estados Unidos, recuperará la autosuficiencia en aproximadamente diez años. Los agoreros de la escasez planetaria volvieron a equivocarse. “La Edad de Piedra no se acabó por falta de piedras ni la era del petróleo se va a terminar porque se acabe el petróleo”, afirmaba un destacado ministro saudita en los años ’70. Tenía razón.
Pero las predicciones equivocadas rara vez modifican creencias arraigadas. Los más conspicuos representantes del anarquismo ambientalista no precisan demostrar la postulada escasez planetaria. Sin mayores evidencias, resisten el fracking, la megaminería, el uso de la biotecnología en la agricultura. Llegan inclusive a renegar del crecimiento económico y hasta defienden la suspensión de las políticas de cuño desarrollista. Se oponen a las hidroeléctricas y al funcionamiento de las centrales nucleares, aunque no suelen cuestionar el uso doméstico de luz eléctrica, al tiempo que utilizan celulares y envían mensajes de texto por correo electrónico. Conjeturan que los métodos de cultivo de los “pueblos originarios” podrían alimentar a los actuales habitantes del planeta sin dañar el medio ambiente. Reclaman por mayores y más sofisticados niveles de participación democrática, y hasta reflotan, aunque bajo formas ambiguas y utópicas, la esperanza “socialista”. Se trata de una nueva izquierda cada vez más apartada de toda raíz marxista y materialista. Imaginan que elevados niveles de civilización ciudadana y sofisticación cultural serían alcanzables sin desarrollar las fuerzas productivas. El problema económico central en nuestros países, para ellos, ya no es el desarrollo. Se trataría de repartir mejor un volumen de riqueza dado.
En la práctica militante suelen actuar por estímulos de visibilidad que les llegan de arriba. En el caso argentino, no se los ve congregados para reclamar que se reviertan los daños ambientales más flagrantes y de más comprobable impacto para la población. No exigen, por caso, se descontamine el Río de la Plata o se limpie el Riachuelo, esa inmensa cloaca a cielo abierto situada en la región de mayor densidad poblacional del país, reclamos que ya estaban presentes, por el contrario, en la heroica Carta Abierta a la Junta Militar redactada por Rodolfo Walsh. Nada de eso. Invocando un insólito “principio precautorio”, se movilizan para reclamar por los potenciales efectos contaminantes en la Loma de... la Lata y se impacientan por la minería a “cielo abierto” en la inhóspita región cordillerana, zonas donde no se cuenta un habitante por km2.
Casualmente, estos reclamos se intensificaron cuando YPF volvió a ser estatal y el Gobierno, por fin, se dispuso a resolver un problema esencial como el déficit energético, que amenaza con paralizar la economía del país


[1] Mazoyer y Roudart “A History of World Agriculture”, 

Original: Cash, Pagina 12

19 sept. 2013

La matriz de Insumo-Producto y la Sustitución de Importaciones




Posteamos la presentación de un trabajo de Nahuel Guaita y Silvio Guaita, presentado en Aeda 2013, sobre la sustitución de importaciones en base al uso de una matriz de insumo producto. En el mismo se resalta los efectos indirectos de nuevos gastos en dólares que devienen de cada sustitución emprendida. Para evitar los "callejones sin salida" a que se refería Diamand, y continuar una politica permanente de sustitucion programada de importaciones.

La idea del trabajo fue reforzar con un ejemplo la importancia de este instrumento de análisis  para la planificación del desarrollo en la Argentina, y por ende abonar en el sentido de volver a contar en el país con este tipo de recurso prospectivo para la sustitución coherente de las importaciones el desarrollo, objetivo que desde Inglaterra para aca, es camino obligado para la industrialización nacional y por ende el desarrollo.

ver paper

15 sept. 2013

Sin Elasticidad-Precio de las Importaciones en la Argentina



Por Guaita Nahuel* y Guaita Silvio*



En un trabajo previo (Guaita, N y Guaita, S, 2012) se abordó la temática de la elasticidad producto de las importaciones. Se asumió que estas últimas eran elásticas, o estaban sujetas, solamente a las variaciones de la demanda. Es decir, simplificadamente, la ecuación a estimar propuesta tenía una sola variable independiente (demanda) para explicar las variaciones de las importaciones (oferta extranjera como variable dependiente).

La lógica del planteo de tal ecuación fue (y es) puramente teórica. Más precisamente, se fundamenta en el principio de la demanda efectiva. Dicho principio, extendido al largo plazo por (Garegnani, (1992); Serrano, 1995;  Setterfield (2002), afirma que es la demanda efectiva, particularmente los gastos autónomos no generadores de nueva capacidad, aquella que determina el nivel de oferta (nacional e importada), no solo en el corto plazo sino también en el largo. Es decir, la oferta global (que incluye a las importaciones) está determinada por el nivel de los gastos no dependientes del nivel de ingreso.

En otras palabras, las variaciones de precios relativos producto de una variación en el tipo de cambio real por ejemplo, no tienen porque correlacionarse de forma positiva o negativa con los niveles de importación de un país (cantidades), ya que este último solo se encuentra correlacionado con los niveles de la demanda efectiva[1].

Dada la gran cantidad de artículos periodísticos que se publicaron (y publican) recientemente a favor de una devaluación, principalmente resaltando su efecto expansivo sobre el crecimiento[2], vía un aumento de la producción de bienes transables (una crítica al uso de este instrumento como impulsor de la actividad económica puede encontrarse en Fiorito, Guaita, Nahuel y Guaita Silvio, 2013), en este trabajo se decidió estimar econométricamente una ecuación, que “explique” la tasa de crecimiento de las importaciones (variable dependiente) con dos variables independientes. Por un lado, la demanda efectiva (utilizando como proxy la tasa de crecimiento del PBI) y por otro, la tasa de crecimiento del tipo de cambio real, para el período 1993-2011. El objetivo es estudiar si existe alguna correlación empírica, entre el tipo de cambio real y el nivel de importaciones, lo suficientemente significativa como para que variaciones de la primera vayan acompañadas de aumentos o disminuciones en la segunda.
La importancia de esta posible regularidad empírica radica en que si un aumento/ disminución del tipo de cambio reduce/aumenta de forma significativa las importaciones, entonces es posible equilibrar la balanza comercial de un país no emisor de moneda mundial como Argentina, apelando a este instrumento. En caso contrario, si se encuentra que las variaciones del tipo de cambio no producen alteraciones significativas en las importaciones, entonces una política más compleja y profunda deberá llevarse adelante para lograr una disminución de las compras externas. Particularmente una política de sustitución de importaciones, coordinada por el estado, que estimule la producción interna de todos aquellos bienes que actualmente son adquiridos en el extranjero y que podrían ser fabricados internamente a un costo (en divisas) menor[1].

En resumen, el objetivo final es ayudar a determinar qué tipo de solución debe encararse para resolver la principal restricción al crecimiento que tienen los países no emisores de moneda mundial. Es decir, la forma en que se debe relajar[2] la restricción externa en un país como Argentina, no desarrollado y con una estructura productiva desequilibrada.


[1] Menor, luego de tener en cuenta los costos directos (aumento de las importaciones para fabricar el nuevo bien) y los costos indirectos (aumento de las importaciones necesario para incrementar la producción de los insumos utilizados en la fabricación del bien a sustituir).
[2] No solo se debe comenzar a producir internamente algunos de aquellos bienes que actualmente se importan, sino que además el costo en divisas de iniciar esta nueva producción debe ser inferior al costo en divisas de adquirir dicho bien en el extranjero.
 



[1] Como mucho pueden ejercer alguna pequeña influencia marginal. Para un análisis más detallado ver: “A reinterpretation of the unbalanced productive structures”, Eduardo Crespo y Andrés Lazzarini, ESHET-2012.
[2] Entre muchso otros: http://www.diariobae.com/diario/2013/07/08/30889-tipo-de-cambio-y-crecimiento-algunas-reflexiones-teoricas.html
http://www.diariobae.com/diario/2013/08/19/31932-tipo-de-cambio-y-crecimiento-mas-reflexiones-teoricas.html
 



Para ver todo el trabajo ACA



 *Lic. en Economía UBA; **Lic. en Economía UBA.