El Viejo Almacen -Bs.As.

Surplus Approach

“Es necesario volver a la economía política de los Fisiócratas, Smith, Ricardo y Marx. Y uno debe proceder en dos direcciones: i) purgar la teoría de todas las dificultades e incongruencias que los economistas clásicos (y Marx) no fueron capaces de superar, y, ii) seguir y desarrollar la relevante y verdadera teoría económica como se vino desarrollando desde “Petty, Cantillón, los Fisiócratas, Smith, Ricardo, Marx”. Este natural y consistente flujo de ideas ha sido repentinamente interrumpido y enterrado debajo de todo, invadido, sumergido y arrasado con la fuerza de una ola marina de economía marginal. Debe ser rescatada."
Luigi Pasinetti


ISSN 1853-0419

Entrada destacada

OBSERVACIONES SOBRE LA INTERPRETACION SRAFFIANA DE LA TEORÍA DEL VALOR DE MARX

Posteamos un muy interesante trabajo del Profesor Franklin Serrano, presentada en Buenos Aires en una de sus visitas, sobre la inte...

30 abr. 2013

A Neokaleckian Analysis of the Stability of the Sraffian Supermultiplier

We received a very interesting reference from Prof. Franklin Serrano, about a Prof. Allain ´s paper, (2013) Tackling the Instability of Growth: A Kaleckian Model with Autonomous Demand Expenditures, where it shows the dynamic stability of the sraffian supermultiplier Franklin Serrano (1995).

Dear friends:

Here is Prof. Allain´s most welcome contribution on the dynamic stability of the sraffian supermultiplier.

Note that  his stability condition ,  given in equation c5
(p.13) of this version, is:

                                            
     

Prof. Allain unfortunately follows the bad  Lance Taylor habit of implicitly assuming the normal capital output to be equal to one (his equation (1) p.4). Once we realize this and changing to our more familiar symbols we get:
 

                            vx < s − vz
                            z+x < s/v

and it means in plain english that the marginal propensity to spend in the vicinity of the fully adjusted position  must be below one during the adjustment.

This  is exactly the same condition Prof Fabio  Freitas found in the early 2000s and is reported (with no formal proof)  in our joint 2007 Revista Circus paper (here);  and found  also (with the formal proofs) on Margarita Olivera´s  book (here)




27 abr. 2013

Franklin Serrano: El supermultiplicador Sraffiano y el crecimiento dirigido por la demanda




Posteamos aquí un tema fundamental para la explicación del crecimiento conforme a la no tendencia de las economías capitalistas al pleno empleo de recursos, en donde el producto potencial es endógeno o modificado por la demanda autónoma (gasto e inversión pública, exportaciones y consumo autónomo en base a crédito y consumo no asalariado) con distribución del ingreso exógena.

  

El jueves 25 de abril el profesor Franklin Serrano ofreció una clase explicando su tesis de doctorado y desarrollos posteriores desde 1995 a la fecha, del modelo de crecimiento dirigido por la demanda, del Supermultiplicador con distribución de precios clásica. Ver ACA, ACA.

Brevemente, de la condición necesaria de la existencia de una demanda autónoma del producto  y de la condición suficiente de una propensión a gastar menor a uno, el modelo del supermultiplicador puede explicar el crecimiento, sin los problemas de la inestabilidad fundamental de Harrod,  tanto del producto como de la inversión de capital, que convergen a la tasa de crecimiento del gasto autónomo.

Este modelo muestra la posibilidad de explicar el crecimiento sin un cambio necesario en la distribución del ingreso, y convergiendo a una utilización normal de la capacidad.

Por medio de un multiplicador del ingreso y un acelerador de la inversión privada, totalmente inducida, el modelo puede crecer liderado por la demanda si la tasa de crecimiento a gastar es menor a 1, en un entorno de la posición de la economía donde el grado de utilización de la capacidad productiva es la planeada o normal.



















26 abr. 2013

Franklin Serrano: “Brasil debe ser la locomotora”

ENTREVISTA A FRANKLIN SERRANO, ECONOMISTA DE LA UNIVERSIDAD DE RIO DE JANEIRO

A diferencia de algunos analistas locales que no hacen sino destacar las bondades del “modelo” brasileño, Serrano resalta que una de las principales causas del bajo crecimiento de Brasil es la política fiscal restrictiva.

 Por Javier Lewkowicz
“No hay peor cosa para el proyecto de integración en nuestra región que el crecimiento económico de Brasil sea bajo. Se necesita que su dinamismo sea fuerte porque es el país más grande, el que debería convidar de prosperidad a los vecinos, ser la locomotora de la región. Si no, cada país buscará su locomotora”, explicó a Página/12 Franklin Serrano, economista brasileño, graduado de Cambridge y actualmente profesor de la Universidad Federal de Río de Janeiro (UFRJ). A diferencia de algunos analistas locales que no hacen sino destacar las bondades del “modelo” brasileño, y de los críticos que aseguran que el país vecino tiene un serio problema de apreciación cambiaria, Serrano resalta que una de las principales causas del bajo crecimiento de Brasil es la política fiscal restrictiva.

–¿Cómo describe en materia económica la gestión de gobierno del Partido de los Trabajadores (PT) hasta el estallido de la crisis internacional?
–Desde el inicio del gobierno de Lula, Brasil creció fundamentalmente a partir de la expansión del mercado interno, con una importante mejora de la distribución de la renta, de la participación de los trabajadores en el ingreso total y con una fuerte reducción de la pobreza. Esa dinámica fue importante para estimular la inversión y la propia capacidad productiva de la economía. El proceso fue una decisión de política económica, basada en la idea de retomar la responsabilidad del Estado en el crecimiento, lo que se refleja en la decisión de volver a darle impulso a la inversión pública. Eso fue viable, de todos modos, gracias a condiciones externas muy favorables, que permitieron que no fuera necesario desacelerar la economía ante el riesgo de una crisis cambiaria o por la exacerbación de las conflictos distributivos. En ese período se apreció el tipo de cambio de manera casi continua, hubo crecimiento industrial, suba de salarios en dólares y una reducción de la tasa de interés, que siguió siendo atractiva por el piso de la tasa establecido por la Reserva Federal de los Estados Unidos. A su vez, el Banco Central no se comprometió con un tipo de cambio fijo y pagó la deuda rápidamente al FMI, como también hizo la Argentina.
–¿Cómo explica la desaceleración económica de los últimos años?
–Brasil creció 7,5 por ciento en 2010, 2,4 por ciento en 2011, 0,8 en 2012 y las perspectivas para este año no son demasiado alentadoras. Sucedió que la inflación en el último tiempo se aceleró, algo que se explica por factores externos. Pero hubo una mala lectura del Gobierno, que atribuyó la mayor inflación a tensiones del crecimiento. Entonces subió la tasa de interés y disminuyó el crecimiento del crédito. Sobre esa base, se desplegó una fuerte reducción de la inversión pública. Además, cayeron las exportaciones por el impacto de la crisis internacional. El Gobierno luego intentó revertir la situación pero no lo hizo estimulando directamente la demanda a través de la inversión pública, sino que devaluó un poco la moneda, bajó las tasas de interés y aplicó desgravaciones impositivas, estímulos indirectos sobre la operatoria de las empresas. Y frente a la caída de la inversión pública, operó en los empresarios un cambio negativo en las expectativas.

–¿A qué atribuye esa reticencia a estimular en forma decidida la demanda?
–Hay varios puntos para analizar. Por un lado, está la corriente de los economistas del “nuevo desarrollismo”, que dicen que con devaluar se solucionan los problemas de empleo y crecen las exportaciones. Son los “optimistas de las elasticidades”, porque piensan que con precios relativos se soluciona todo. Pero eso no es así: Brasil no sabe hacer químicos como Alemania y no vamos a aprender con un tipo de cambio alto. Los precios no hacen milagros, por algo existe una escuela llamada estructuralismo, que apunta al rol de la inversión pública. Otros economistas dicen que el problema es que casi toda la inversión es financiada por el BNDS. En Brasil está la idea de que un capitalismo dinámico debería ser privado, incluso entre los economistas de izquierda, y ni hablar entre los empresarios. Es un extraño consenso que dice que no se precisa mucho del Estado. Por otro lado, se habla de un supuesto “pleno empleo” en Brasil, algo muy discutible en un país con condiciones laborales tan precarias. Hay un sector de la clase media brasileña que está cada vez más molesta, indignada. Una columnista de O Globo se preguntó recientemente: “¿Cuál es la gracia de ir a París si me puedo llegar a encontrar a mi portero allá? Eso es malestar de clase, y contribuye al consenso de que el crecimiento de Brasil no debe ser radical. Hay muchos economistas, sin embargo, que están comenzando a pedir estímulos directos.

–¿Por qué plantea que Brasil se está “argentinizando”?
–Porque Brasil está comenzando a depender más que en el pasado de las exportaciones de materias primas. En paralelo, ha mejorado la distribución del ingreso, con lo que aparece en primer plano el conflicto distributivo de un modo similar al caso argentino. Tal como sucede en la historia económica argentina, en Brasil está emergiendo una disputa política sobre el tipo de cambio. Esa variable empieza a tener un papel en la pelea por el excedente económico, porque modifica los términos de apropiación de la renta de los recursos naturales, sobre todo.

–¿Qué consecuencias puede traer el hecho de que Brasil tenga déficit comercial financiado por endeudamiento e inversión extranjera directa?
–Pienso que a largo plazo no es un buen esquema, pero la realidad es que las condiciones actuales dan un margen muy grande para evitar una crisis. Esto no va a derivar en una crisis espectacular, pero sí puede llevar a intentar atraer capitales a cualquier precio, puede haber ausencia de desarrollo en sectores de alta tecnología y bajo crecimiento de la productividad. Es decir, puede provocar una desaceleración no deseable, pero sin que explote. En parte, esto es así porque muchos capitales adquieren deuda en reales, es decir que asumen el riesgo cambiario.

–¿Qué consecuencias tiene para la Argentina y la región un crecimiento más que moderado de parte de Brasil?
–El rol de Brasil en el crecimiento argentino está algo sobredimensionado, porque tienen un mercado interno bastante grande que explica la mayor parte del comportamiento macroeconómico. Sin embargo, creo que a nivel regional, para el proyecto de integración a nivel industrial y financiero, pero también político, social, educativo y cultural, no hay peor cosa que el crecimiento económico de Brasil sea bajo. Incluso los pequeños problemas sectoriales quedarían diluidos si Brasil creciera fuertemente, porque habría estrategias ofensivas de parte de los empresarios, y no defensivas. Se necesita que el dinamismo de Brasil sea fuerte porque es el país más grande, el que debería convidar de prosperidad a los vecinos, ser la locomotora de la región. Si no, cada país buscará su locomotora.

Original: Pagina 12

23 abr. 2013

La Flexibilidad del Trabajo y La Crisis de la Economía Italiana


por Pasquale Tridico -

El objetivo de este artículo [1] es demostrar que la actual crisis económica mundial, en la que Italia ha caído en picada en 2008, es para nuestro país, sólo la última etapa de un largo declive que comenzó en los años 90, o para ser más precisos, en el bienio 1992/1993. En particular, sostienen que las razones de la declinación italiana, y en parte también de la recesión de hoy en día, así como la falta de recuperación de la crisis, que se pueden encontrar en las reformas del mercado de trabajo. En particular, la flexibilidad del trabajo introducida en los últimos 15 años, junto con otras políticas aplicadas en paralelo a partir de 1992/93, han tenido un impacto negativo acumulado en la desigualdad, el consumo, la demanda agregada, la productividad laboral y el crecimiento del PIB .




De la flexibilidad del trabajo al declive 

Durante los últimos quince años, el mercado de trabajo italiano ha sufrido un profundo cambio desde el punto de vista legislativo, estructural y social. El origen de este cambio se remonta a 1993, desde que el país, después de la recesión económica de 1992 y la firma del Tratado de Maastricht decide entrar inmediatamente en la Unión Económica y Monetaria. Esto significa, ante todo, respetar los criterios de Maastricht, en primer lugar, la reducción de la tasa de inflación, que en Italia era particularmente problemática. El acuerdo de julio 1993 buscado principalmente por Carlo Azeglio Ciampi, el entonces presidente del Consejo, se había destinado explícitamente a la reducción de la espiral inflacionaria a través de la moderación salarial y otras intervenciones, como la política de ingresos, el crecimiento de las inversiones innovadoras, y el aumento la productividad. Sin embargo, como muchos economistas han demostrado, este acuerdo fue ampliamente rechazado. Por el contrario, la moderación salarial y por lo tanto la deflación han triunfado.
 
Finalizando el proceso de cambio se introduce en el mercado de trabajo italiano una mayor flexibilidad del trabajo a través, primero del "paquete Treu" de 1997 y la Ley 30 de 2003 (conocida como Ley Biagi) que introdujo innovaciones radicales en las formas contractuales en el mercado de trabajo en general (ver Figuras 1 y 2). Estas reformas surgieron en el contexto de la Estrategia Europea de Empleo en 1997, que ha derivado en una más compleja Estrategia de Lisboa de marzo de 2000, que estableció en el ámbito comunitario, las directrices y objetivos para la reforma del mercado de trabajo a fin de hacer Europa "la economía más competitiva y dinámica del mundo, basada en el conocimiento." Esta estrategia se la repite la "Estrategia Europa 2020". Sin embargo, en Europa, la tendencia es llegar a un equilibrio a través de un modelo social que se llama comúnmente la flexiguridad en condiciones de garantizar los elementos de seguridad con las exigencias de flexibilidad.



Las reformas del mercado laboral, se han visto acompañadas, en los años 90, de la liberalización incompleta y de un  proceso de privatización que ha favorecido el aumento de los ingresos y una redistribución general a expensas de los salarios (Figuras 3 y 4). De hecho, las privatizaciones se llevaron a cabo sin una liberalización completa de los mercados de bienes. Así, en los sectores ex-públicos (tales como las telecomunicaciones, la energía, la infraestructura, los servicios públicos, los ferrocarriles, etc) los márgenes de beneficio se han incrementado y se han creado monopolios privados. Estas reformas han dado lugar, por un lado, una gran cantidad de presión sobre los salarios y el empleo, y por otro lado, un menor perfomance en la productividad laboral.



 En cuanto al primer aspecto, la presión sobre los salarios y el trabajo, se puede decir que el acuerdo en julio de 1993 consigue su objetivo principal, que fue la moderación salarial, lo que contribuyó al estancamiento de los salarios a nivel nacional (Figura 5). Más tarde, bajo la presión de la nueva legislación introducida en el mercado de trabajo, la flexibilidad laboral, en particular a la "entrada", se incrementa sustancialmente: el trabajo realizado, el trabajo sobre proyecto y todas las formas atípicas de trabajo se han explotado. El proceso se completó recientemente con una ley en junio de 2012, que introdujo algunas formas de flexibilidad laboral "saliente". Sin embargo, la flexibilidad del mercado de trabajo no ha ido acompañada de un mayor nivel de gasto público en el ámbito social, el empleo y, en general a las políticas del mercado de trabajo (como suele ser el caso en los países que han introducido el llamado modelo de "flexiguridad", como Dinamarca o Suecia). De hecho, todo lo contrario ha ocurrido, ya que incluso los salarios indirectos (es decir, el gasto público en los sectores sociales) disminuyeron. La desigualdad de ingresos ha aumentado y el poder adquisitivo de los trabajadores ha disminuido. La participación de los salarios en el PIB se ha reducido drásticamente, lo que resulta en un impacto negativo en el nivel de consumo que se redujo drásticamente, así como la demanda agregada (Figura 6).




 El examen comparativo de los datos de la economía italiana y de los principales Estados miembros de la zona euro, como Francia y Alemania (y, a veces OCDE) confirma la estrecha correlación entre las variables correspondientes antes mencionados. Ejercicios econométricos simples demuestran la validez de la dirección de la hipótesis de la causalidad. En particular, parece evidente una fuerte disminución en el nivel de la demanda agregada italiana causada por un brusco descenso del consumo que a su vez es generado por la reducción significativa de la proporción de los salarios en el PIB, de la marcada disminución de los salarios indirectos, es decir, el gasto público, sobre todo en los aspectos sociales, el aumento de la desigualdad y la presión sobre el trabajo y los salarios causados por una fuerte flexibilidad laboral y la consiguiente creación de puestos de trabajo precarios. La disminución de la demanda agregada es la principal causa de la caída del PIB y, en general, de la recesión.

La falta de competencia y la falta de inversión

El otro problema que surge en Italia es la presencia de una fuerte rigidez, falta de competencia y de protección en el mercado inmobiliario. Estos aspectos, junto con la escasa expansión de la demanda agregada que se discutió anteriormente, parecen ser la causa de la baja dinámica de la productividad que caracteriza a la economía italiana desde hace más de una década. Las empresas, debido a los relativamente bajos costos de mano de obra (de hecho garantizada por las presiones de la flexibilidad), y las protecciones que se pueden disfrutar en el mercado inmobiliario, prefieren una estrategia de inversión de mano de obra intensiva en lugar de una estrategia de innovación tecnológica (en contradicción con las disposiciones de los acuerdos de julio de 1993). También en este caso, los datos sobre la inversión, la investigación y el desarrollo, la productividad, la contribución al crecimiento, confirman nuestra hipótesis.

 
El análisis de los datos revela que el ritmo de crecimiento de los principales componentes del PIB se sitúa sistemáticamente por debajo de los principales socios comerciales (Francia y Alemania). En particular, la contribución al crecimiento del consumo - un elemento crucial de la demanda agregada - es igual a sólo el 0,3% en la última década, el valor más bajo de los registrados en países de la OCDE y uno de los peores resultados desde la Segunda Guerra Mundial en adelante . Una dinámica similar se refiere a la contribución de la inversión al crecimiento y la contribución al crecimiento del gasto público. La falta de ritmo de crecimiento de los principales componentes del PIB puede confirmar nuestra hipótesis: la caída de la demanda es el resultado de una disminución en el consumo y la inversión. La dinámica de las exportaciones registró un crecimiento acumulado en el período 1990-2011 que es superior a otros componentes, pero sigue siendo inferior a la de Francia y Alemania. La política económica en los últimos 15 a 20 años no ha sustentado la demanda interna y la competitividad internacional se ha dirigido sólo para reducir los costos laborales a través de la flexibilidad laboral y la presión sobre los salarios, lo que llevó a su estancamiento. Eventualmente, sin embargo, las exportaciones ya no son suficientes para sostener la demanda agregada y mantener una dinámica positiva del PIB, la productividad laboral no ha crecido debido a que no se invierte.

En la Unión Europea, incluida Italia, hasta antes de la crisis de 2007-08, se ha producido un aumento del empleo en el sector terciario, fragmentado, desorganizado, poco motivado y mal pago. La consecuencia ha sido la baja productividad de la economía europea, e italiana en particular. Al final, lo único que fue en parte positivo, es decir, el aumento relativo del empleo se vio agravado por la productividad negativa, mediante la reducción de la proporción de los salarios en el PIB, la reducción del poder adquisitivo de los trabajadores y la mala dinámica PIB. La falta de crecimiento económico y de la actual crisis del empleo ha informado sobre los niveles iniciales bajos, especialmente en Italia.


Los menores salarios reales, condujeron a un aumento en las ganancias, que no se han traducido en una mayor inversión. El sistema económico no ha logrado efectos positivos en términos de productividad y el crecimiento económico (Figuras 7 y 8).








 
La crisis tras la caída


La crisis actual (Figura 9), ha empeorado la situación del mercado de trabajo y es el lugar de resultado final de una declinación económica que tiene su origen en un intento de introducir, a principios de los años noventa, un nuevo modelo económico y social que iba a cambiar las relaciones industriales, la disminución de los mecanismos virtuosos de la distribución del ingreso, la compresión de los salarios, y un incentivo para que las empresas obtengan ingresos en lugar de invertir en innovación. Con este intento, por otra parte, el Estado asume la carga de pagar el costo de la flexibilidad, teniendo que compensar la libertad de cualquier despido por parte de las empresas. Por supuesto, esto se traducirá en una carga adicional para el presupuesto del Estado. Con la actual recesión, los primeros trabajos en saltar, fueron los flexibles, es decir, los que llegaron al vencimiento del contrato o proyecto no se han renovado, con daños tanto en el empleo (el desempleo está de vuelta en niveles de principios de los noventa, es decir alrededor del 12% y una redundancia que alcanza mil millones horas perdidas al final de 2012), como en los ingresos, donde los niveles de consumo se redujeron a los de hace 30 años.




En conclusión, el país parece hoy plagado por una triple combinación negativa: baja productividad, baja el empleo, y baja la dinámica del PIB. Que la flexibilidad no es la manera correcta para aumentar la productividad y el ingreso ya lo han repetido muchas veces muchos economistas keynesianos y no solamente keynesianos. Sin embargo, el aumento inicial en el empleo, trampa para alondras, había hecho esperar a sus fervientes seguidores, a pesar de la baja dinámica de la productividad laboral y el estancamiento del PIB. Hoy las alondras se han volado, y con ellas también los modestos aumentos en el empleo. Queda un sabor amargo por haber sacrificado aproximadamente quince años de políticas de desarrollo del mercado de trabajo. Las empresas con la crisis no tienen ni siquiera la ventaja de tener bajos salarios, ya que aun están agobiadas por una relativamente alta tributación, y una continua disminución en las ventas. Nos quedamos entonces con salarios bajos (los más bajos de la UE-15), y con pocas innovaciones e inversiones en tecnología: la peor de todas las combinaciones posibles, como ya había observado Sylos Labini.

Original


[1] Este artículo se basa en mi ensayo "Italia: Del Declive a la crisis económica actual", Documento de trabajo 173/2013, del Departamento de Economía de la Universidad Roma Tre). El autor desea agradecer a Antonella Stirati sugerencias útiles.