El Viejo Almacen -Bs.As.

Surplus Approach

“Es necesario volver a la economía política de los Fisiócratas, Smith, Ricardo y Marx. Y uno debe proceder en dos direcciones: i) purgar la teoría de todas las dificultades e incongruencias que los economistas clásicos (y Marx) no fueron capaces de superar, y, ii) seguir y desarrollar la relevante y verdadera teoría económica como se vino desarrollando desde “Petty, Cantillón, los Fisiócratas, Smith, Ricardo, Marx”. Este natural y consistente flujo de ideas ha sido repentinamente interrumpido y enterrado debajo de todo, invadido, sumergido y arrasado con la fuerza de una ola marina de economía marginal. Debe ser rescatada."
Luigi Pasinetti


ISSN 1853-0419

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15 ago. 2011

La fortaleza de EE.UU.




Por Eduardo Crespo *

En las últimas semanas han resurgido viejos debates sobre la crisis de la hegemonía norteamericana que se remontan a la década del ’70. En aquel entonces se asistía a la derrota norteamericana en Vietnam, el abandono unilateral de la paridad del dólar oro establecida en Bretton Woods y el creciente desafío comercial de Alemania y Japón. Hoy el lugar de Vietnam es ocupado por Afganistán; como entonces, EE.UU. vive una seria crisis económica y ahora el papel de contrincante comercial e industrial es ocupado por China, un país que, se argumenta, puede pulverizar al dólar si decide vender los títulos públicos norteamericanos que tiene en su poder. A esto se agregan algunos episodios coyunturales, como la reciente reducción de la nota de su deuda pública decidida por la calificadora Standard & Poors.

Más allá de las similitudes superficiales, debe recordarse que la presente “crisis de la deuda” no ha sido el resultado de una corrida contra los títulos públicos de ese país. Las causas tampoco han sido económicas, sino políticas. Los republicanos de la Cámara de Diputados, junto con los conservadores ultramontanos del Tea Party, intentaron imponer, mediante argumentos económicos extravagantes, un techo arbitrario a los niveles de endeudamiento público, no dejando al gobierno de Obama otra opción más que realizar un ajuste fiscal o suspender el pago de intereses. Finalmente, dicho techo fue levantado, pero al precio de contraer el gasto público para achicar el déficit fiscal, el cual, debe recordarse, es una consecuencia de la crisis y no su causa.

En EE.UU. no existe ningún problema de endeudamiento público. Allí, como ocurre hoy en Argentina con los títulos que posee la Anses, un 42 por ciento de la deuda también es intra Estado, con títulos en manos de organismos públicos, como la seguridad social y la FED (banca central); la deuda en manos extranjeras apenas supera el 30 por ciento del total (los temibles chinos poseen sólo un 8 por ciento), al tiempo que la integridad de dicha deuda está nominada en dólares estadounidenses. Y en este caso, como el propio Alan Greenspan explicó sin eufemismos: “Nosotros siempre podemos imprimir más dinero para pagar nuestras deudas”. Para el Estado norteamericano, el pago de la deuda se reduce al simple acto de cambiar dos papeles de su propio sello.

Quienes hablan del fin de la hegemonía del dólar suelen decir que “los norteamericanos consumen gracias al financiamiento chino”. Es la falacia que ve en los “desbalances globales” (déficit comercial norteamericano) un problema que colocaría en peligro la estabilidad mundial. En realidad, son los chinos quienes venden gracias al financiamiento estadounidense al aceptar dólares a cambio de sus mercancías. Si no los aceptasen no podrían venderlas. En toda relación comprador-vendedor, quien decide y tiene el poder de realizar la transacción es quien posee dinero. Quiérase o no, hoy el dólar es el dinero mundial y no tendrá contrincantes a la brevedad. El euro no tiene el respaldo de un Estado nacional y China aún no dispone de un sistema financiero alternativo (por no hablar de un poder naval alternativo) al norteamericano. Por otro lado, la mayor parte de los activos financieros y de las materias primas estratégicas siguen nominados en dólares. China los necesita para comprar petróleo, soja, minerales y bienes de capital. El dólar no depende de los chinos; son los chinos los que dependen del dólar (y por ello lo acumulan con recelo).

Los “desbalances globales”, como decía Robert Triffin en los ’60, no son un problema para la economía mundial. Son una bendición. El déficit comercial norteamericano inyecta liquidez al resto del mundo y permite que los demás países acumulen reservas y ganen autonomía al relajar sus restricciones de divisas. Y son precisamente éstas las condiciones que facilitan las recientes rebeldías contra los mandatos imperiales de Estados Unidos, como las que hemos observado, complacidos, en los últimos años.

El riesgo de la actual crisis política norteamericana es que sumerja a Estados Unidos en una recesión autoinflingida que puede arrastrar a buena parte del planeta. En este caso, el papel de China sí se torna absolutamente relevante, no como rival militar o monetario de EE.UU., sino como una nueva locomotora del crecimiento, al menos para buena parte de Asia, América del Sur y Africa.

* Economista.

original: Pagina 12

2 comentarios:

marcelo dijo...

esta nota.es en serio??????

Nahu dijo...

Cuál es tu objeción?...