El Viejo Almacen -Bs.As.

Surplus Approach

“Es necesario volver a la economía política de los Fisiócratas, Smith, Ricardo y Marx. Y uno debe proceder en dos direcciones: i) purgar la teoría de todas las dificultades e incongruencias que los economistas clásicos (y Marx) no fueron capaces de superar, y, ii) seguir y desarrollar la relevante y verdadera teoría económica como se vino desarrollando desde “Petty, Cantillón, los Fisiócratas, Smith, Ricardo, Marx”. Este natural y consistente flujo de ideas ha sido repentinamente interrumpido y enterrado debajo de todo, invadido, sumergido y arrasado con la fuerza de una ola marina de economía marginal. Debe ser rescatada."
Luigi Pasinetti


ISSN 1853-0419

30 de jun. de 2010

La cuadratura del círculo de la Moneda Europea.




JOSÉ LUÍS FIORI

“Germany is the dominant power in Europe, but they don’t want to take responsibility for it. When you are in that position, you must be prepared to spend something. With the euro, Germany wants to have its cake and eat it…The “German question is back, you can’t get away from it”.
J. Pisani-Ferry, “Toward a system to secure the euro”, Financial Times, 22/06/2010


A diferencia de la crisis norteamericana de 2008, la crisis europea de 2010 no es sólo financiera, ni se limita a la insolvencia de algunos estados de escasa importancia económica dentro de la comunidad. Ahora sí, esto es una crisis monetaria, de insolvencia del propio euro, una moneda que es emitida por un Banco Central "metafísico", y que no pertenece a ningún estado ni administra ninguna deuda de ningún Tesoro Central.

El nuevo sistema monetario europeo comenzó a ser construido con el Tratado de Maastricht en 1992 y culminó con la creación del euro en 2002. Partiendo del supuesto de los líderes europeos que esta nueva "moneda global" llevaría a la creación de un gobierno central capaz de gestionarla. A pesar de que la historia europea enseña que siempre han sido sus Estados los que han emitido sus propias monedas soberanas, definiendo y garantizando su valor y su circulación basado en su capacidad de imposición y endeudamiento. Desde este punto de vista, se puede decir que el euro tiene un fallo "de nacimiento", y que funcionó hasta hoy, como una peculiar especie de divisa semi-privada e inconclusa y aceptados en base a la creencia en ciertas organizaciones privadas y certezas públicas de que el BCE, y Alemania cubrirían toda la deuda emitida por los 16 Estados miembros de la "Eurozona". Tal como ocurrió hasta 2008, lo que permite todos estos países practican
las tasas de interés casi iguales a las de Alemania, a pesar de su inmensa desigualdad poder y riqueza.

Esta situación cambió después del colapso Económico de 2008, cuando la canciller alemana, Angela Merkel, estableció un nuevo principio que cada país europeo tendría que ser responsable - a partir de ese momento - por sus propios bancos, y por la cobertura de su propia deuda soberana. La consecuencia inmediata de la posición alemana fue la crisis de insolvencia de algunos gobiernos de Europa Central en 2009, limitada por la intervención del FMI. Sin embargo, a principios de 2010 se denunció que el nuevo gobierno socialista de Grecia, el déficit del presupuesto griego del año anterior fue mayor de lo que se había publicado inicialmente lo que sirvió para disparar una nueva crisis, que fue magnificado por el veto de Alemania - por seis meses - cualquier tipo de ayuda al gobierno griego. Por el momento la situación en Grecia ha amenazado con extenderse a otros países endeudados y termino afectando la propia "credibilidad" del euro, obligando a Alemania a aceptar la adopción precipitada de un Fondo Europeo de Estabilización Financiera, con una capacidad anual de movilizar hasta 750 millones de euros, cantidad suficiente para superar la crisis inmediata, pero que no puede revertir la desmoralización del Sistema Monetario Europeo, que se creó en 2002 bajo la tutela de Alemania. Para corregir este defecto de fabricación "del euro, Francia propuso la creación de un "Gobierno económico europeo", que no fue aceptado por Alemania.

El gobierno Alemán, a su vez, sugiere - sin el apoyo de Francia - la creación de un Fondo Monetario Europeo, para ejercer un control estricto de la disciplina fiscal en la zona del euro, con el poder de la expulsión de los que no cumplan. El impasse se mantiene, pero también incluso en el corto plazo, se ha impuesto a la posición de Alemania en favor de un ajuste fiscal draconiano de todos los países incorporados en la zona del euro.
Como el ajuste está siendo llevado a cabo en economías que están estancadas y tienen altas tasas de desempleo, es como poner gasolina al fuego y apostar a una profunda y prolongada recesión, como hicieran los EUA en el inicio de la crisis en la década de 1930. Pero atención que en este caso, la recesión y la desvalorización del euro, a pesar de todo, acabaran beneficiando a Alemania, como principal economía exportadora del viejo continente, y acabaran transfiriendo para las economías más débiles, la carga de la recesión, el desempleo, pérdida de salario y la protección social, y el aumento de la lucha de clases, la xenofobia y el nacionalismo de la derecha.
Lo que es peor, sin embargo, es que nada de esto resolverá el problema de insolvencia del euro porque la moneda única europea tendrá un valor efectivo sólo cuando este respaldada por un poder y un Tesoro Central capaces de asumir la responsabilidad permanente para su sustentación, en base a su capacidad de tributación y endeudamiento. Si esto no sucede, y si los pequeños Estados europeos no aceptaran la condición de provincias fiscales de Alemania, el sistema monetario europeo, y el propio Euro, están con sus días contados. ¿por cuánto tiempo? Tal vez el tiempo que dure el actual armisticio europeo, después de la Segunda Guerra mundial, que esta vez, se llamo de Unión Europea.

15 de jun. de 2010

Letter from the Italian Economists

Nos llega una carta firmada por Economistas Italianos sobre las desastrosas medidas de contracción de la demanda impulsadas por Alemania. Ver sobre el tema


To the kind attention of the European colleagues
(In order to organize a European network, please contact us: info@letteradeglieconomisti.it)

A RESTRICTIVE POLICY WORSENS THE CRISIS,
ADDS FUEL TO SPECULATION AND CAN BRING TO THE
DISINTEGRATION OF THE EURO ZONE. THE DIRECTION OF
ECONOMIC POLICY NEEDS TO BE CHANGED TO PREVENT
ANOTHER BREAKDOWN OF INCOMES AND EMPLOYMENT


To the Members of Italian Government and Parliament
To the Italian representatives in the European Union Institutions
To the representatives of the political parties and the trade unions
To the Italian representatives in the European Union Institutions and the ESCB
To the President of the Republic


The extremely serious global economic crisis, and the related crisis in the euro zone, will not be solved either by cutting wages, pensions, social services, education, research, culture and essential public services, or by directly or indirectly increasing taxes on employment and on the weaker social classes.

In fact, there is the grave danger that the introduction in Italy and Europe of so-called “austerity” measures will further accentuate the features of the crisis, making insolvency, business failure and unemployment grow faster, and in all likelihood forcing some member states at some point to withdraw from European monetary union.

The fundamental point that must be understood is that the current instability of the monetary Union is not merely the result of slick accounting or easy spending. It is actually the outcome of a far deeper interweaving between the global financial crisis and a series of imbalances in the euro zone, deriving mainly from the unsustainable economic liberalist nature of the Treaty of Union and from the restrictive economic policy of the member states which systematically show a surplus in their balance of payments.

≈≈≈

The world crisis that exploded in 2007-2008 is still underway. Since no intervention was made on its structural causes, we have never actually emerged from it. As has been acknowledged from many quarters, one of the main explanations for this crisis is the The world crisis that exploded in 2007-2008 is still underway. Since no intervention was made on its structural causes, we have never actually emerged from it. As has been acknowledged from many quarters, one of the main explanations for this crisis is the For many years this gap was compensated by an exceptional escalation in financial speculation and in private debt, which, starting from the United States, acted as a stimulus for global demand.

Today there are some who are counting on a return to world growth based on a new financial boom in the United States. By unloading a huge quantity of unrecoverable private debts on the state balance sheets, it is hoped to give a new boost to finance and to the related mechanism of accumulation. We believe that a credible world recovery on this basis is highly unlikely. In any case, it would be tenuous and short-lived. At the same time we find it illusory to hope that without a profound reform of the international monetary system China would be willing to give up its commercial profits and act as the driving force for world demand.

In short, we are facing the dramatic situation of a world economic system that lacks a primary source of demand that, is, a “sponge” that can absorb the production.

The unsolved global crisis has been particularly felt in the European monetary Union. The evident vulnerability of the euro zone derives from profound internal structural imbalances, whose main cause lies in the economic liberalist design of the Maastricht Treaty, in the expectation that the various areas of the Union can be rebalanced purely through market mechanisms, and in the restrictive deflationary economic policy of countries with a systematic balance of payments surplus. Particularly important among these is Germany, which for some time has been oriented towards keeping wages down compared to productivity, demand and imports, and towards the penetration of foreign markets in order to increase German firms’ share of the European market. With such policies the ‘surplus’ countries do not contribute to the development of the euro area but paradoxically are pulled ahead by the weaker countries. More specifically, Germany accumulates a considerable surplus in its balance of trade, while Greece, Portugal, Spain and even France tend to get into debt. Even Italy, despite the very low growth of its national income, finds itself buying more from Germany than it sells, thus accumulating growing debts.

The complete mobility of capital in the euro zone has hugely favoured the creation of credit-debit imbalances between countries. For a long time, relying on the idea of the efficiency of the market, it was believed that rising debt ratios between member states should be considered the postive sign of greater financial integration in the euro zone. But today it is quite clear that the supposed efficiency of the financial markets finds no confirmation in practice and the imbalances accumulated prove to be unsustainable.

It is for these reasons that operators on the financial markets are betting on the disintegration of the euro zone. They foresee that owing to the continuation of the crisis the revenue of the member states will decline and the earnings of a great many businesses and banks will be further reduced. In this way it will be increasingly difficult to guarantee the repayment of debts, both public and private. Various countries could therefore be progressively pushed out of the euro zone, or they themselves might decide to leave in order to escape from the deflationary spiral. The risk of generalised insolvency and of debts being reconverted into the national currency is therefore the real issue motivating the speculators. So the turbulence of the financial markets rests on a series of real contradictions. However, it is equally true that the speculators’ expectations add fuel to the lack of confidence and therefore tend to be fulfilled. In fact, bearish operations on the markets push up the difference between interest rates and income growth rates, and can mean that debtors who were previously able to repay their debts are suddenly made insolvent. Financial operators, who often act in conditions that are non-competitive and anything but symmetrical in terms of information and market power, are therefore able not only to foresee the future but also to help determine it, following a pattern that has nothing to do with the so-called “fundamentals” of orthodox economic theory and the presumed criteria of efficiency described in its basic versions.

≈≈≈

In such a scenario we think it is pointless trying to oppose speculation with mere loan agreements in exchange for support for restrictive policies on the part of the indebted countries. The loans will in fact simply postpone the problems without solving them. And policies of “austerity” lower the demand even more, bringing wages down and therefore further lessening the ability to repay loans on the part of debtors, both public and private. Though significant, the change in monetary policy by the ECB, which says it is ready to buy government bonds on the secondary market, is given a new perspective by the announcement that the central bank wants to “sterilise” these operations with manoeuvres on currencies or within the banking system which would have the opposite effect.

The errors committed are undoubtedly due to the recessive remedies of economic liberalism suggested by economists tied to the schemes of analysis in vogue in past years, but that do not seem capable in the slightest of grasping the salient aspects of the workings of the economic system.

It is quite clear that the stubbornness with which such depressive policies are pursued is not simply the result of misunderstandings generated by economic models whose logical coherence and empirical relevance has now been strongly challenged within the academic community itself.

The fondness for so-called “austerity” is actually the expression of consolidated social interests. There are in fact some people who see the current crisis as a chance to accelerate the processes of dismantling social services, fragmenting employment and restructuring and centralising European capital. The underlying idea is that the capital that emerges victorious from the crisis will be able to trigger rapid accumulation, moreover exploiting the lower competitivity on the markets and a further weakening of employment.

It must however be understood that if such interests are backed up, not only is one acting against the workers’s interests, but the conditions are also being created for an uncontrolled centralisation of capital, the productive desertification of Southern Italy and of whole macroregions in Europe, migratory processes that are increasingly hard to control, and ultimately for gigantic debt-driven deflation, comparable only to that of the Thirties.

≈≈≈

The Italian government has so far put in place a policy designed to foster this dangerous deflationary spiral. And the further budget belt-tightening announced, together with the persistent tendency to reduce the defence of employment, can only cause further cuts to income, after the plunge already recorded in Italy in 2009. Keep it clearly in mind that the scientific assumptions underlying the belief that such policies can improve the economic situation and the balance sheet and therefore safeguard the country from an attack of speculation are highly questionable. Instead, in taking this road there is the risk of aggravating the crisis, multiplying insolvencies and therefore speculation.

Nor can the opposition forces be said to have so far put forward a clear programme of alternative economic policy. Greater awareness is spreading about the seriousness of the crisis and the mistakes of the past, but voices have been raised from some sectors of the opposition suggesting contradictory or second-rate stances, like the proposals designed to introduce further short-term work contracts or to carry out the massive privatization of public services. Even the frequent calls for so-called “structural reforms” are counterproductive, when instead of being characterised by measures designed to oppose waste and the privilege of the few, they are translated into further proposals for the downsizing of social and employment rights.

As a warning for the future, it is best to remember that in 1992 Italy was subjected to a speculative attack similar to those currently underway in Europe. At the time, the Italian workers accepted an irksome programme of “austerity”, based above all on the compression of the cost of labour and social security spending. At the time, like today, it was said that the sacrifices were necessary to defend the lira and the national economy from speculation. However, shortly after the programme was passed, shares in the national currency suffered fresh attacks. In the end Italy left the European Monetary System anyway, and the lira was sharply devalued. Workers and much of the community therefore paid twice: because of the policy of “austerity” and because of the increase in the cost of imported goods.

It should also be remembered that, with the prevailing justification of lowering public debt in relation to GDP, in past years our country has carried out a massive programme of privatisations. Now, the programme’s effects on public debt, which were slight anyway, have largely vanished in the wake of the crisis, and the implications in terms of the country’s positioning in the international division of employment, economic growth and social well-being are today considered highly questionable by the most reputable scientific literature.

≈≈≈

We therefore believe that the approach adopted up to now needs to be abandoned before it is too late.

It must be taken into account that for a long time it is likely that there will not be a driving force that can ensure a strong stable recovery for business and for world development. To prevent the crisis from getting worse and to avoid the collapse of the project of a unified Europe, what is needed therefore is a new vision and a change in the general directions of economic policy. In other words, Europe must take an independent path to develop its forces of production, increase its well-being, safeguard the environment and the region, and guarantee social equity.

First of all, for a debate of such importance to mature in the various countries involved and in the political institutions, space must be given to the democratic process. In other words, there must be time available. That is why as a preliminary step, we propose the immediate introduction of a check on speculation. To this end, initiatives at a national but also at a coordinated European level are underway, but the measures being introduced still seem weak and inadequate. Putting an end to speculation is undoubtedly possible, but uncertainty and political ambiguity need to be got rid of. The ECB must therefore commit itself fully to buying the stocks under attack, and stop “sterilising” its interventions. Adequate taxes need to be imposed designed to discourage short term financial transactions, along with effective administrative controls on the movement of capital. If the conditions for taking concerted action were not found, it would be far better to intervene at once on a national level, with the methods available, than to delay acting or to do nothing at all. It is only through such initiatives that decisions can be taken in the time required by democratic institutions, without the latter being subjected to the constant threat of a speculative attack.

The experience of the past teaches us that to effectively counteract deflation a wage floor needs to be imposed, through minimum wages, constraints on firing and new general rules to protect employment and unionising processes. Above all at the present stage, the idea of entrusting the process of destruction and creation of jobs to market forces alone is analytically senseless, as well as politically irresponsible.

In coordination with monetary policy, we need to encourage the countries with a balance of payments surplus, especially Germany, to take appropriate measures to expand the demand so as to trigger a process of virtuous rebalancing of European Monentary Union member states’ balance of payments. The leading ‘surplus’ countries have a great responsibility, on this point. The rescue or the destruction of the Union will depend largely on their decisions.

We need a system of progressive taxation coordinated at a European level, which can help to reverse the trend towards income disparity that contributed to the outbreak of the crisis. We need a shift of the fiscal load from employment to capital profits and to rents, from incomes to wealth, from PAYE taxpayers to tax evaders, from the poor areas of the Union to the rich ones.

There should be a significant expansion of the Union’s federal budget and the possibility of issuing European bonds. There should be the attempt to coordinate fiscal policy and European monetary policy for the purpose of drawing up a development plan designed to achieve full employment and the regional rebalancing not only of buying power but also of the productive capacities in Europe. The plan should follow a different logic from the often inefficient and aid-oriented mentality that governed the European development funds. It should be based first of all on the public production of collective goods ranging from the funding of state research facilities to fight the monopoly on intellectual property, to the safeguarding of the environment, to regional planning, to sustainable labour mobility, to the care of individuals. These are goods that inevitably generate market failures and are not understood by the limited logic of the private capitalistic firm, but at the same time are indispensable in strengthening the forces of production and in guaranteeing equity and social and civil progress.

We need to regulate and restrict the access of small savers and pension funds to the financial market. We need to restore the principle of separation between banks offering ordinary short-term credit, and finance companies that work on the medium to long term.

To counter any strategies of dumping and of “exporting the recession” by non-EMU countries, we should consider a system of conditional opening of markets, of capital and goods. This opening can be complete only if coordinated wage and development policies are put in place.

≈≈≈

We are well aware of the distance existing between our recommendations and the current fearful decline in the state of European economic policy.

We believe however that the present direction of economic policy may soon prove to be unsustainable. If the conditions do not exist for the realisation of a development plan based on the objectives outlined, there will be an extemely high risk of debt-driven deflation and the consequent disintegration of the euro zone. This is because some countries could be sucked into a vicious spiral, caused by short-sighted national “austerity” policies and the resulting pressure of speculation. At a certain point these countries could be forced out of the monetary union or could deliberately decide to leave it in order to try to create their own economic policies in defence of internal markets, incomes and employment. If things actually went in that direction, it is obvious they would not necessarily be seen as the main culprits for the crisis of the European union.

Such eventualities make us think that the conditions no longer exist for reviving the European spirit by appealing only to our shared ideals. The truth is that what is underway is the most violent and determined attack on Europe as a political player and on the last bastions of social security in Europe. Now more than ever, then, in order to survive and be revitalised, Europeanism needs to embody a meaning and real opportunities for coordinated economic, social and civil development.

Essentially what is needed is to start a broad and open debate on the reasons and responsibilities for the dire mistakes being made in economic policy, on the consequent risks of a worsening of the crisis and of a disintegration of the euro zone, on the urgent need for a change in the direction of European economic policy.

If the hoped for change in European economic policy should not eventuate, unemployment will increase and the crisis of the euro zone will worsen. In this case, national authorities could be forced to take autonomous economic policy decisions in order to sustain internal markets, incomes and employment.

SIGNATURES

Nicola Acocella (Università di Roma ‘La Sapienza’), Roberto Artoni (Università Bocconi), Aldo Barba (Università di Napoli ‘Federico II’), Enrico Bellino (Università Cattolica di Milano), Sergio Beraldo (Università di Napoli ‘Federico II’), Paola Bertolini (Università di Modena e Reggio Emilia), Mario Biagioli (Università di Parma), Salvatore Biasco (Università di Roma ‘La Sapienza’), Adriano Birolo (Università di Padova), Giovanni Bonifati (Università di Modena e Reggio Emilia), Bruno Bosco (Università di Milano Bicocca), Paolo Bosi (Università di Modena e Reggio Emilia), Emiliano Brancaccio (Università del Sannio), Katia Caldari (Università di Padova), Rosaria Rita Canale (Università Parthenope di Napoli), Francesco Carlucci (Università di Roma ‘La Sapienza’), Maurizio Caserta (Università di Catania), Lucilla Castellucci (Università di Roma ‘La Sapienza’), Duccio Cavalieri (Università di Firenze), Sergio Cesaratto (Università di Siena), Laura Chies (Università di Trieste), Guglielmo Chiodi (Università di Roma ‘La Sapienza’), Roberto Ciccone (Università Roma Tre), Giorgio Colacchio (Università del Salento), Lilia Costabile (Università di Napoli ‘Federico II’), Francesco Crespi (Università Roma Tre), Carlo Devillanova (Università Bocconi), Carmela D’Apice (Università Roma Tre), Marcello De Cecco (Scuola Normale Superiore di Pisa), Pasquale De Muro (Università Roma Tre), Elina De Simone (Università Orientale di Napoli), Giancarlo De Vivo (Università di Napoli ‘Federico II’), Davide Di Laurea (ISTAT), Amedeo Di Maio (Università Orientale di Napoli), Antonio Di Majo (Università Roma Tre), Fernando Di Nicola (ISAE), Giuseppe Di Vita (Università di Catania), Leonardo Ditta (Università di Perugia), Sebastiano Fadda (Università Roma Tre), Riccardo Faucci (Università di Pisa), Alberto Feduzi (Università Roma Tre), Stefano Figuera (Università di Catania), Massimo Florio (Università di Milano), Giuseppe Fontana (Università del Sannio), Guglielmo Forges Davanzati (Università del Salento), Saverio Fratini (Università Roma Tre), Lia Fubini (Università di Torino), Stefania Gabriele (ISAE), Pierangelo Garegnani (Università Roma Tre), Andrea Ginzburg (Università di Modena e Reggio Emilia), Enrico Giovannetti (Università di Modena e Reggio Emilia), Claudio Gnesutta (Università di Roma ‘La Sapienza’), Augusto Graziani (Università di Roma ‘La Sapienza’), Andrea Imperia (Università di Roma ‘La Sapienza’), Bruno Jossa (Università di Napoli ‘Federico II’), Paolo Leon (Università Roma Tre), Sergio Levrero (Università Roma Tre), Paolo Liberati (Università Roma Tre), Stefano Lucarelli (Università di Bergamo), Giorgio Lunghini (Università di Pavia), Vincenzo Maffeo (Università di Roma ‘La Sapienza’), Ugo Marani (Università di Napoli ‘Federico II’), Maria Cristina Marcuzzo (Università di Roma ‘La Sapienza’), Ferruccio Marzano (Università di Roma ‘La Sapienza’), Fabio Masini (Università Roma Tre), Giovanni Mazzetti (Università della Calabria), Luca Michelini (Università LUM), Salvatore Monni (Università Roma Tre), Mario Morroni (Università di Pisa), Marco Musella (Università di Napoli ‘Federico II’), Oreste Napolitano (Università di Napoli ‘Parthenope’), Sebastiano Nerozzi (Università Cattolica di Milano), Mario Nuti (Università di Roma ‘La Sapienza’), Guido Ortona (Università del Piemonte Orientale), Ugo Pagano (Università di Siena), Daniela Palma (ENEA), Antonella Palumbo (Università Roma Tre), Sergio Parrinello (Università di Roma ‘La Sapienza’), Marco Passarella (Università di Bergamo), Rosario Patalano (Università di Napoli ‘Federico II’), Stefano Perri (Università di Macerata), Cosimo Perrotta (Università del Salento), Fabio Petri (Università di Siena), Antonella Picchio (Università di Modena e Reggio Emilia), Marco Piccioni (Università di Napoli ‘Federico II’), Federico Pirro (Università di Bari), Massimo Pivetti (Università di Roma ‘La Sapienza’), Felice Roberto Pizzuti (Università di Roma ‘La Sapienza’), Elena Podrecca (Università di Trieste), Paolo Ramazzotti (Università di Macerata), Fabio Ravagnani (Università di Roma ‘La Sapienza’), Riccardo Realfonzo (Università del Sannio), Angelo Reati (ISEG), Sergio Rossi (Università di Friburgo), Francesco Scacciati (Università di Torino), Giovanni Scarano (Università Roma Tre), Roberto Schiattarella (Università di Camerino), Ernesto Screpanti (Università di Siena), Annamaria Simonazzi (Università di Roma 'La Sapienza'), Riccardo Soliani (Università di Genova), Luca Spinesi (Università di Macerata), Antonella Stirati (Università Roma Tre), Francesca Stroffolini (Università di Napoli ‘Federico II’), Stefano Sylos Labini (ENEA), Valeria Termini (Università Roma Tre), Mario Tiberi (Università di Roma ‘La Sapienza’), Guido Tortorella Esposito (Università del Sannio), Paolo Trabucchi (Università Roma Tre), Attilio Trezzini (Università Roma Tre), Pasquale Tridico (Università Roma Tre), Domenica Tropeano (Università di Macerata), Vittorio Valli (Università di Torino), Michelangelo Vasta (Università di Siena), Alessandro Vercelli (Università di Siena), Carmen Vita (Università del Sannio), Adelino Zanini (Politecnica delle Marche), Gennaro Zezza (Università di Cassino).


Promoters of the initiative: Bruno Bosco (Università di Milano Bicocca), Emiliano Brancaccio (Università del Sannio), Roberto Ciccone (Università Roma Tre), Riccardo Realfonzo (Università del Sannio), Antonella Stirati (Università Roma Tre).
Contacts: info@letteradeglieconomisti.it

http://www.letteradeglieconomisti.it/english.htm

13 de jun. de 2010

Frenar al país, o aceptar la devolución de la soberanía



por Sergio Cesaratto

1. La dirección tomada por la política económica europea es alarmante. Las medidas draconianas impuestas a Grecia en una carrera seguido de los recortes presupuestarios decididos en España, Portugal, Italia, Reino Unido y Francia y finalmente Alemania. Esto a pesar (o a causa de ello), los spreads entre tasas de los títulos de los países periféricos incluyendo ahora a los franceses y alemanes siguieron creciendo - en Italia se acerca a dos puntos. Mientras que en las estaciones de televisión de Berlusconi se anuncia con tono triunfal de recuperación económica en el primer trimestre y un salto en la producción industrial en abril, y que se atribuye al descenso del euro. Pero el impacto de los recortes presupuestarios aún está por llegar! El Banco de Italia e incluso el BCE han expresado su preocupación. Los llamados "mercados financieros" no están convencidos por las medidas de "austeridad", por cierto temor a que dan lugar a un ulterior problema de la solvencia de los Estados y los individuos. Por lo tanto, agarrársela con la especulación, mientras que en realidad se la incentiva con otras medidas contraproducentes, es bueno sólo para los tontos que miran el departamento de noticias de Minzolini.
Obama volvió a protestar en el G-20 contra la negativa alemana a contribuir activamente a la recuperación, pero de nuevo sin resultado final. A principios de esta semana, Angela Merkel, ha rechazado una reunión preliminar con Sarkozy previa a la reunión de ministros de Finanzas puesto que sabían que se habría repetido una solicitud de Francia a confiar en el Eurogrupo con una gobernanza europea macroeconómica y abordar la cuestión de los desequilibrios del comercio intraeuropeo causada por la política mercantilista alemana. Alemania parece por ahora que confían su suerte a la caída del euro frente a una masiva reactivación de sus exportaciones (no se hace sin tener que recortar el gasto público con el fin frenar un resurgimiento de la inflación y no perder así el tradicional dumping mercantilista hacia sus socios europeos). No está claro si esto será suficiente para compensar la caída en sus exportaciones a los mercados europeos - se dejó caer en la recesión - y más recientemente para evitar un crack del sistema financiero alemán muy expuesto a la periferia de Europa, donde - como es posible y deseable tal vez –su situación financiera se volviese insostenible. Las tensiones comerciales entre los EE.UU. y China también han exacerbado en los últimos días: la reiteración del diseño alemán de hacerse tirar de los demás de la crisis sería una carga mayor de estas tensiones. Haber obtenido un beneficio antes, y luego contribuir a la condena a los países de la periferia de Europa, Alemania repite su papel como fuente de los desequilibrios mundiales. ¡Este es un país peligroso! Nunca pensé en que iba a estar de acuerdo con Luigi Zingales que en el Sun escribió el 10 de junio cosas sobre Alemania completamente aceptables.
Incluso el observador más cuidadoso se le escapan muchos elementos de la situación: ¿cómo un concierto de potencias económicas mundiales, China y los Estados Unidos, y regionales, Francia, Italia, España, no son capaces de imponer a Alemania un cambio profundo de la política. ¿Cuál es el miedo?

2. Pero Alemania debe tener memoria de lo que significa la opresión de los países fuertes a los países débiles, y que esto es irracional hasta incluso desde el punto de vista de los países fuertes. La memoria debería ir a las sanciones impuestas a Alemania por las potencias vencedoras tras la Primera Guerra Mundial, y la denuncia de sus iniquidades económicas y humanas que Keynes hizo en “Las Consecuencias Económicas de la Paz”. Como ha recordado debidamente Cristina Marcuzzo en su contribución al volumen en la memoria de Nando Vianello (que será presentado en Roma el lunes 14 en la Facultad de Economía de la Sapienza) el moralismo en economía, a menudo utilizado para justificar las sanciones (llámese por su nombre) a Grecia lleva a las soluciones más irracionales de política y economía. Pero se trata de un hablar de sabor académico, aunque moralista.
Se sabe muy bien qué se podría hacer, y es bien sabido que Alemania no lo quiere hacer. Inmediatamente, el BCE debe apoyar la deuda pública europea estabilizando las tasas de interés y el signo de las políticas fiscales deben ser revocadas, considerablemente en Alemania. Si esto sucede y no sucederá, - a menos que exista una gran intervención de los EE.UU. - es una agonía más o menos rápida la que nos espera, y una explosión incontrolada de la UEM en el plano financiero y social cuando el punto de la insostenibilidad llegue. Entonces es más bien una explosión controlada.

3. Hablemos con franqueza. El problema la salida de la UME, porque de esto se trata, no es técnico. Sabemos lo que hacemos, incluso como Graziani siempre nos ha recordado, el s-euro (euro emitidos por el Banco de Italia se caracterizan por una "s" antes del número): (i) renominar las deudas, públicas y privadas en el s-euro (ii) utilizar la recuperada soberanía monetaria para absorber todos los títulos públicos no deseados por el mercado y estabilizar la tasa de interés, (iii) introducir el control sobre los movimientos de capital, (iv) sostener la economía con medidas expansión fiscal, (v) introducir medidas selectivas para controlar las importaciones (para evitar que la expansión interna haga explosivo el déficit comercial). Esto es, por supuesto, a continuación, decidir si y cuanto devaluar frente al euro y cómo reiniciar las exportaciones a Alemania. Muchos precios y tarifas públicas serán congelados para evitar la devaluación se traducirá en la caída del salario real. ¿Medidas para Gabinete de Guerra? Claro Que Sí. Que el problema está en la transición política (véase lo que escribe Eichengreen) que debe ser oportuna. Estas son cosas que no hablan antes - si no es entre las 10 personas que en las instituciones, en los partidos y en las fuerzas sociales cuentan, -es imposible de consultar al Parlamento - y que se llevan a cabo desde las 17 del viernes (...en tanto las intercepciones, Berlusconi las ha suprimidoprovidencialmente ).¿Los asusta? Así que mientras se llega, mejor jugar anticipadamente.

4. ¿Y después? Nadie quiere volver a los años de conflicto exacerbado o los gastos clientelares. El país sabe que se debe dar una regulación (alguien había pensado en hacerlo mediante la importación de la normativa alemana sólo en detrimento de los trabajadores). La restauración de la política jurídica plena, en la administración, en la fiscalidad, el comportamiento es restaurado en minutos (o tal vez se afirmará por primera vez). Una señal fuerte se da a la redistribución para el empleado dependiente, para obtener el consenso social y para sostener el consumo. El apoyo a la escuela y las universidades le siguen en el camino. Sin embargo, es mejor una vida un poco temeraria que una muerte lenta. Paradójicamente, sólo Berlusconi tiene la crueldad mental necesaria - ausente en el alma bella y temerosa del intelectual y político de izquierda italiano – en sacar al país del euro. Cinco minutos después se trata de convertirse en un país serio.
original

9 de jun. de 2010

No hagan una caricatura de Keynes



Sergio Cesaratto

Roberto Perotti ha presentado (Cuidado con los nietitos de Keynes "Il Sole-24 Ore, 28/2/2010) Una visión caricaturesca de los “economistas tradicionales keynesianos" ajena a cualquier procedimiento científico, teórico y empírico, riguroso, sólo está interesado en una inútil exégesis de “tesis sagradas”. Me propongo rechazar la acusación desde el punto de vista de la tradición sraffiana (o neoricardiana según lo define Perotti).

Perotti estará de acuerdo en que el rigor y la relevancia de la investigación económica no se pueden medir en kilos de matemáticas. La investigación teórica sraffiana pasaría el examen de matemáticas con gran éxito. Sraffa y su tradición han hecho del rigor teórico su propio sello distintivo, teniendo en cuenta el “vicio ricardiano", el amor por el razonamiento claro y fundamental que Schumpeter atribuye a David Ricardo. El rigor lógico de Piero Sraffa es legendario, aunque dejó a otros traducir con métodos matemáticos más avanzados lo que él demostró en la línea de un razonamiento estrictamente económico, que en su opinión siempre debía prevalecer. Esto ha sucedido `por economistas como Ian Steedman o Schefold Bertrand, y el establecimiento de una posición Sraffiana no falta en los volúmenes llenos de teoremas complejos, corolarios y términos matemáticos. Naturalmente, uno puede asumir que las exploraciones sraffianas de problemas teóricos consisten en la curiosidad, las paradojas, en pocas palabras los aspectos efímeros, o reconocer que se ocupan de muy importantes problemas económicos que pueden invalidar irremediablemente algunas proposiciones centrales sobre el largo plazo (es decir, tendencia económica) compartida por todos los economistas convencionales (utilizo esta palabra en la misma forma general en el que Perotti utiliza el término "tradicional keynesiano"). Entre estas proposiciones están: la ausencia de paro involuntario en ausencia de rigidez, el modelo de crecimiento neoclásico, teoremas neoclásicos del comercio internacional.

Como es sabido, el famoso libro de Sraffa de cuya publicación se cumple ahora el quincuagésimo año que dio el cebo a lo que puede haber sido una de los más furiosas controversias en el ámbito económico, la polémica sobre la teoría del capital, o entre los "dos Cambridge. La American Cambridge estuvo encabezada por el desaparecido Paul Samuelson, la inglesa, por Piero Luigi Pasinetti y Garegnani. Bueno, Samuelson fue al frente a discutir con Garegnani, y sus contribuciones aparecen en el Festschrift para Garegnani y Steedman. Pero la concepción de la ciencia económica Perotti no es el respeto por los profesores, ni Sraffa ni Samuelson para igualar condiciones.

No cabe duda, de hecho, que los economistas •keynesianos tradicionales ", especialmente los que se refieren a la posicion de Ricardo, asignan una gran importancia al estudio de la historia del pensamiento. Sin embargo, la visión de Perotti en la ciencia económica - de manera similar a las ciencias duras - lo que cuenta es "la frontera". Ahora no hay duda de que la ciencia económica debe prosperar, y los nuevos conocimientos teóricos y empíricos. Pero es típico de la ciencia económica que lo que sus cultores se ven obligados a sostener, se ve influida por las circunstancias históricas y políticas, y a veces los intereses materiales de identificación activos que apoyan esta tendencia y que la ciencia - incluso las ciencias exactas no están exentos. Y más que las ciencias duras, la economía sufre de la dificultad de encontrar criterios universalmente compartidos para discriminar la bondad de los resultados teóricos y empíricos. Es tan difícil de creer que la economía progrese por un proceso acumulativo. A menudo vale la pena dar un paso atrás en la historia del pensamiento, no para la ociosa exégesis de los textos, sino para ser capaz de tomar dos hacia adelante.

Perotti finalmente es injusto en el describir a los "keynesianos tradicionales" como personas ajenas con la comparación con datos empíricos. Sin duda hay escepticismo por parte de los keynesianos tradicionales de las técnicas econométricas estadísticas que normalmente se utilizan en la literatura convencional, esto dicho para una lectura del material empírico a veces más fácil, pero enriquecido con factores históricos e institucionales dan una perspectiva a las estadísticas. Perotti acordarà en que a menudo la literatura inteligente de una tabla de datos cuenta mas que la creada con una gran cantidad de esotéricos paquetes estadísticos. Comparto las preocupaciones de Perotti sobre el nivel de la investigación económica italiana. Sólo la calidad distintiva de la tradición clásica-keynesiana en nuestro país puede permitir la coexistencia de escuelas que, si bien diferentes, convergen en la idea de defender el rigor científico y de la tolerancia.
original goodwin