El Viejo Almacen -Bs.As.

Surplus Approach

“Es necesario volver a la economía política de los Fisiócratas, Smith, Ricardo y Marx. Y uno debe proceder en dos direcciones: i) purgar la teoría de todas las dificultades e incongruencias que los economistas clásicos (y Marx) no fueron capaces de superar, y, ii) seguir y desarrollar la relevante y verdadera teoría económica como se vino desarrollando desde “Petty, Cantillón, los Fisiócratas, Smith, Ricardo, Marx”. Este natural y consistente flujo de ideas ha sido repentinamente interrumpido y enterrado debajo de todo, invadido, sumergido y arrasado con la fuerza de una ola marina de economía marginal. Debe ser rescatada."
Luigi Pasinetti


ISSN 1853-0419

13 de sept. de 2009

Por qué Krugman no me convence

Una respuesta Sraffiana



Por Sergio Cesaratto

Traduccion de Alberto Supelano


Tomado de Blog del Departamento de Economía Política de la Universidad de Siena


En una discusión anterior en este blog, Massimo D’Antoni me pidió que explicara por qué me indignaba tanto con Krugman, Stiglitz y hoc genus omne (y toda esa gente). El hecho de que se haya publicado la referencia al artículo de Krugman en el NYT me da la oportunidad para dar una respuesta.



Mientras tanto, las viñetas adjuntas al artículo eran mejores que el texto, en particular la que se refería a Blanchard, Lucas y Bernanke; además quizá alguien habría debido justificarse en el blog con los estudiantes porque hace años se impuso (sic) también a los docentes que no pertenecían al coro la adopción del texto tóxico de Blanchard en vez de los muchos textos italianos de macro bastante más claros y objetivos.



Me parece, en primer lugar, que la acusación de Krugman a los economistas por “utilizar demasiadas matemáticas” es bastante banal. Me recuerda mucho a aquella salida elusiva que se atribuye a Salieri en Amadeus, la película de Forman sobre Mozart. Salieri, enfrentado al requerimiento del emperador austriaco de que justificara la crítica de una obra de Mozart, respondió: “Demasiadas notas”. Una respuesta banal ¿no es cierto? Recuerdo que, desafortunadamente, un economista por cuyo papel civil e intelectual tengo un enorme respeto, Federico Caffè, también acusó a Sraffa de ser “demasiado abstracto”. ¿Qué significa demasiadas matemáticas o demasiada abstracción? Lo que se debe examinar es la substancia, no la cantidad de matemáticas, la relevancia empírica y la coherencia lógico-económica de las teorías. La relevancia y la coherencia no se miden en hectogramos o kilos de matemáticas. Los problemas importantes de la teoría sraffiana requieren una buena cantidad de matemáticas. Cuando yo era estudiante, el examen de economía matemática era un examen sobre los modelos de Leontief y Sraffa.



El punto es que la economía neoclásica que práctica Krugman es lógicamente incoherente “sea cual sea la cantidad de matemáticas que se utilice”.



Y, además, ¡desde qué púlpito escribe Krugman! No es la Nueva Geografía Económica de Krugman sólo un ejercicio en el que unas pocas ideas triviales se traducen en modelos matemáticos más o menos complejos totalmente inútiles para quien desee entender seriamente los procesos de crecimiento? Pero, de nuevo, no me molesto con las matemáticas, sino con la esencia, poca o ninguna, de esta basura, y me voy a leer a Braudel, a Wallerstein o a los mercantilistas (gente lista ésta) como lo hago ahora. Como también se sabe, Krugman es un firme defensor de los teoremas neoclásicos del comercio internacional (que Steedman y Sergio Parrinello, personas que conocen bien las matemáticas, han demostrado que son falsos).



Pero vamos a Keynes. Tanto los economistas de agua salada como los de agua dulce, para utilizar la clasificación de Krugman, son neoclásicos. Creen que la economía tiende al pleno empleo si no hay rigideces. Los nuevos economistas keynesianos creían explicar el desempleo en términos de rigideces, más o menos plausibles (¿recuerdan los costos del menú?). Keynes rechazó claramente la idea de que el desempleo se debía a las rigideces. El punto central de la Teoría General concierne a la relación entre ahorro e inversión, a la idea de que es la abundancia relativa de ahorro con respecto a las decisiones de inversión de los empresarios la que genera las depresiones. Krugman no hace ninguna referencia en este sentido, como tampoco la ha hecho el resto de toda esa gente en sus escritos de los últimos meses. Ahora sabemos que no hay una curva decreciente de demanda de un “factor de producción” llamado “capital”, ¿no es cierto? Keynes tenía toda la razón.



Lo que nos suministra Krugman es sólo una referencia al comportamiento irracional de los mercados financieros: Si sólo hubiese un comportamiento un poco menos estúpido y más “racionalidad” se tendría asegurada la estabilidad del capitalismo. Pero ¿cómo? No hace ninguna mencion al papel de las burbujas en el sostenimiento –de manera estúpida, es cierto– de la demanda agregada en la economía estadounidense (pero aquí remito a mi ensayo Ahora todos somos keynesianos, si parva licet componere magnis, si no les parece desproporcionada la comparación). No hace ninguna mención a la obra de centenares de economistas verdaderamente keynesianos, Minsky a la cabeza, en este sentido. No hace ninguna mención a las consecuencias de los cambios en la distribución del ingreso en detrimento del trabajo sobre la demanda. Estarán de acuerdo conmigo en que para Krugman y compañía éste sería otro planeta. Distribución del ingreso y demanda efectiva: ¿acaso somos comunistas?



Que esta gente, a la que no doy ni siquiera el beneficio de la buena fe, todavía tenga el coraje de presentarse en público es verdaderamente irritante. Por otra parte, se sabe que el Nobel lo otorga el Banco de Suecia y el Sr. Lindbeck, un nuevo keynesiano de los peores, no la Academia Real de Ciencias, y con la oposición de la familia Nobel (los únicos premios nunca dados por la academia a economistas, los asignó a Keynes y luego a Sraffa).



En suma, (a) las matemáticas nada tienen que ver y no quiero convertir mi caso en la venganza de la frustración porque otros saben más matemáticas. El problema es si las matemáticas se aplican o no en análisis relevantes y económicamente coherentes (lamentablemente, muchos heterodoxos también consideran que el asunto es de "demasiadas notas", como los Post-Autistas); (b) el problema de la crisis no es la irracionalidad de los mercados financieros (que Keynes no trajo a colación a este respecto), sino el problema de la demanda efectiva en el capitalismo (Rosa Luxemburgo y Kalecki son más interesantes al respecto, no lo creen?).



¿Por qué no abandonamos todos a la vez la teoría neoclásica en todas sus versiones y comenzamos seriamente a refundar la economía política? Nuestra universidad podría tomar valerosamente esta decisión: enseñarla, pero señalando que no la considera la más relevante. Qué tontería que los heterodoxos de los dos departamentos de economía de Siena se hayan dividido, ¡la línea divisoria debería ser muy diferente, entre los apologistas nutridos por la falsa ciencia y la economía política! Se trataría de enseñar un plan de estudios muy riguroso, con muchas matemáticas, pero también con mucha historia, análisis de políticas, problemas de género, etc. Tiene razón quien de buena fe denuncia que si la economía se convierte sólo en un gimnasio de matemáticas y de modelitos de esoteria econométrica por obra de quienes no saben absolutamente nada de economía se transforma en una ciencia tan árida como lo es en realidad, y esto también es válido para algunos sraffianos. Como dijo Marshall, las matemáticas pueden servir para comprobar la coherencia lógica del razonamiento, pero este nace en términos verbales y al final se debe expresar en términos verbales (de modo que incluso los no matemáticos puedan apreciar la coherencia y la relevancia). El plan de estudios pondría así en los márgenes (sic) a lo que parecería entonces a los estudiantes una teoría extraña totalmente irrelevante para explicar la realidad: la teoría marginalista. Tendríamos que empezar desde el próximo concurso: por ejemplo, pidamos trabajos sobre Kaldor y demos un puntaje igual a cero a las publicaciones que consistan en modelos irrelevantes, independientemente de la revista. ¿Por qué no iniciamos en Siena una reacción más seria y radical que la de Krugman, la cual francamente es deprimente?